¡Hola
Minna-san! Espero de todo corazón que disfruten este capítulo
y que me dejen sus reviews que siempre sirven para insuflarnos de ánimo,
a los autores, para actualizar.
¡¡¡VAMOS AL FIC!!!
Disclaimer:
RK no me pertenece. Las únicas cosas que realmente me pertenecen son mis CDs de RK, mis videos, mis fics y todo eso
Dedicatoria:
Este fic está dedicado a Alicia-chan, mi amiga de la universidad que tiene el suficiente tino como para gustarle RK. ! ¡¡¡Este va para ti Alicia!!! Pero este capítulo va dedicado especialmente para mi nee-chan Hana Aino. ¡Espero te agrade! ^^
Recuerden esto:
////Recuerdos ////
////Pensamientos////
"No hay que confundir nunca el conocimiento con sabiduría. El primero
nos sirve para ganarnos la vida; la sabiduría nos enseña a vivir"
Sandra Carey.
Falso Olvido
por Shiomei
-Tercer capítulo-
Todo estaba en orden. Por fin se había terminado de remodelar su nueva
casa en Tokio y al menos ya podía sentirse menos foránea en su
país, aunque parezca irónico. Tanto tiempo había pasado
que toda la ciudad estaba casi irreconocible: más tiendas, más
centros industriales, calles con diferentes nombre, etc. En fin, toda una metrópoli
en el sentido correcto de la palabra. Una que había crecido a una velocidad
extrema sin que ella estuviera ahí para admirarlo.
Misao-chan la había ayudado mucho, al igual que Soujiro. Era increíble
cómo ambos seguían casi iguales; sus personalidades se habían
conservado inalterables, aunque ahora con rostros menos infantiles y con conversaciones
que no trataban precisamente de las fiestas a las que irían el fin de
semana ni de campamentos u ocupaciones por el estilo tan típicos de adolescentes,
sino de trabajo y conferencias a las que querían asistir o, como esparcimiento,
la visita a algún nuevo restaurante o bar de la ciudad. No podía
mentir; ella tuvo planeado todo desde el principio; es más, sus planes
aún no se terminaban de concretar. Aún estando lejos todos esos
años el pertenecer a una clase influyente le permitió conocer
y estar al tanto de las actividades de sus seres queridos en su país
natal y fue así que una vez recibida aquella carta de invitación
de la Universidad de Tokio para unirse a la plana docente de ese centro de estudios
y aceptada, no sin antes llevar muchos días de vacilaciones, decidió
reaparecer frente a ellos apelando al factor sorpresa. Y vaya sorpresa que les
dio.
Era indudable que Kaoru Tetsuya era más que conocida por la prensa y
su nombre reverberaba en las pláticas de los clubes culturales más
elevados. Imposible que no se hablara de ella siempre que aquellas tertulias
terminaran en los mejores escritores contemporáneos o en los mejores
críticos de arte. Aún así, poco se sabía de ella
fuera de que era una mujer que no aparentaba más de veinte tres años
y que era hermosa, con talento extraordinario para escribir y departir en las
reuniones, y ojo crítico implacable para las obras de arte. Además
era también sabido que estuvo casada con el importantísimo y millonario
empresario mitad japonés y mitad francés Jules Tetsuya de Gaulle,
fallecido ya, con quien tuvo un hijo llamado Kenji, de quien se sabía
tanto como de su pasado. La prensa nunca pudo sacarle foto alguna y como ella
tenía terminantemente prohibido que los miembros de sus seguridad permitieran
que los periodistas se acercaran a ella era muy difícil que se filtrara
algún paparazzi en su casa; no brindaba entrevistas y es por esto que
era más que difícil preguntarle sobre su vida privada o detalles
sobre su rutina y en, en fin, sobre cualquier cosa. Era muy hermética.
Lo que sí se sabía era que el niño tenía aproximadamente
diez años de edad - ya que en vida su padre comentaba mucho sobre él-
y esto no dejaba de causar asombro y fomentar el encono de las clases altas
al especular que la distinguida señora Tetsuya pudo haberse embarazado
siendo una niña y sin haberse casado antes usando a la criatura para
engatusar al millonario empresario que debía llevarle bastantes años
de edad. Aún así todo era mera especulación. Aquella relación
siempre había permanecido en las sombras. De un día para otro
se supo que Tetsuya estaba casado y que tenía un bebé al que llamó
Kenji. Todo el mundo se preguntaba quién era la esposa, de qué
familia distinguida provenía o qué título nobiliario ostentaba
su padre y esa clase de honores que ciertas personas creen que los hacen no
solo diferentes sino mejores. Al final solo se supo que la mujer no era francesa
y que la había conocido en uno de sus viajes. Nunca se la vio o escuchó
de ella hasta que su nombre brilló por méritos propios. Nunca
nadie supo los detalles de cómo ni cuándo ni dónde se conocieron
con Tetsuya o empezaron la relación tan controvertida. Tanto a él
como a ella le disgustaban las cámaras, es más, no les gustó
nunca la prensa en general y era por eso que ella siempre evitó dar conferencias
televisadas o radiales en todos los países que conocía, invitada
por muchas Universidades que solicitaban sus charlas; esto ciertamente frustraba
a los periodistas y a la vez le otorgaba cada vez más ese toque de misterio
propio de Kaoru Tetsuya. Su llegada a Japón aún causaba gran expectativa.
Se habían enterado que llegaría al país nipón en
cualquier momento. Aún no se enteraban que ella ya estaba alojada en
Japón junto a su hijo desde hace unos días.
La razón de su mudanza de su fastuosa casa "de descanso", como
lo llamaba su fallecido esposo antes de casarse con ella, en Normandía,
una región pacífica y bella al oeste de Francia, a Tokio permanecía
como un enigma. Hay quienes dijeron que era porque publicaría en su lugar
natal su nuevo libro, causando que muchos franceses se indignaran ya que ella
siempre los había publicado en Francia, que después de todo, era
el lugar donde aprendió a escribir, según decían muchos.
Otros, con intenciones protervas, aseguraban que se iba porque se casaría
con un japonés millonario, tal como lo había hecho con su primer
esposo. Las malas lenguas y la prensa amarilla la querían hacer aparecer
como una mujer trepadora, que del anonimato surgió a la fama al casarse
con semejante hombre. Sin embargo, esto último no era lo más generalizado.
La mayoría de gente adoraba sus obras por su calidad y consideraba encomiables
las fundaciones de ayuda a los niños abandonados, a los pobres y también,
con especial interés, a las madres solteras que tenía distribuidas
en casi todo ese país, y aunque pocos la habían visto de cerca
sabían que era una buena mujer que sin hacer mucho aspaviento ayudaba
a quienes la necesitaban sin necesidad de salir en la pantalla y hacer públicos
sus buenos actos.
Ahora en Tokio, Kaoru Tetsuya, se encontraba haciendo las últimas decoraciones de su casa. Precisamente unas horas antes le habían llegado desde Francia sus cuadros predilectos y ahora se encargaba de colocarlos en los ambientes que Misao misma había decorado con mucho empeño. La casa era espaciosa; no tan grande como las que poseía en Francia ni mucho menos como las que su esposo le había heredado, que eran más edificios enteros y villas inmensas que casas, pero era lo suficientemente amplia como para que siquiera veinte personas vivieran más que felices. Constaba de dos pisos y estaba en una parte alejada de la ciudad. Tenía un gran jardín con rosales y estaba rodeado por rejas. Lo que más le gustaba era la laguna artificial en la parte posterior de la casa, en la que había peces de colores y un pequeño "puente" o, para ser más justos, un paso con barandas a los costados, de techo cubierto de plantas naturales que en su mayoría eran enredaderas, en el que era posible pararse a contemplar en un día soleado a los pececillos moverse de lado a lado del agua y disfrutar del olor a naturaleza y tranquilidad que ahí se respiraba.
Por fuera la casa se veía de un modelo clásico y elegante pero
que a la vez al verla daba la sensación de tener alguna que otra característica
rural que la hacía menos sofisticada y capaz de combinar muy bien con
los alrededores. Si por fuera era una obra de arte de arquitectura, por dentro
era simplemente una belleza. El piso era de parquet, como le gustaba a ella,
las paredes estaban pintadas de acuerdo a los ambientes. La cocina era de color
mostaza con todo los decorados hechos en madera; los electrodomésticos
estaban empotrados en diseños de madera que los hacía parecer
hechos originalmente de ese material. El comedor tenía un color ocre,
pero muy leve; la mesa, y los aparadores de los costados eran de cedro, coloración
que contrastaba con las paredes. El mini-bar, más al fondo, estaba en
un cuarto pequeño, pintado de color vino pero también en una tonalidad
clara. En el estudio estaba, al centro, una pintura en el que aparecían
Akira, como lo llamaba Kaoru, ella y Kenji en sus brazos, aún bebé.
Tenía sillones de cuero marrón y estantes en cedro donde una multitud
de libros se encontraban ordenados. Un escritorio que había pasado por
generaciones en la familia de su esposo y una silla de procedencia inglesa,
regalo de de uno de sus socios más cercanos.
Así, cada uno de los ambientes contaba con cuadros hermosos. En la cocina había bodegones preciosos y, en general, en toda la casa se respiraba arte y buen gusto. Los cuartos eran más simples de lo que cualquiera se pudiera haber esperado pero no por eso faltos de gusto. El cuarto principal, que era el de Kaoru, estaba totalmente alfombrado y tenía un baño propio con mayólicas color crema y dibujos, tenues, de plumas doradas. Las paredes estaban pintadas de crema y habían colgados dos cuadros. Uno era un paisaje bellísimo y otro era un retrato suyo con su hijo que les fue regalado por un pintor afamado de Italia. Lo que hacía realmente encantador el cuarto era la vista que después de cruzar una mampara y lograr salir al balcón se apreciaba. Era más que precioso, espectacular. Todo verde, con árboles de sakura y las rosas en flor y si el cielo estaba despejado no podía pedirse más para ser feliz.
El cuarto del niño era algo extraño. Se combinaba la elegancia de la sobriedad con lo infantil. Adornos de caballos, carros antiguos y nuevos, en madera y en plástico, estaban dispersos en los distintos aparadores. Un escritorio pequeño e informal, una computadora negra en uno de los lados y una gran pila de libros en uno de los estantes de la pared constituían su rincón de estudios. Luego, frente a su cama una ventana grande que ofrecía una vista panorámica en dirección a la laguna que disputaba la belleza de la vista del cuarto de su madre. Un baño pequeño con mayólicas color azul cielo y piso de cerámica azul oscuro. Un armario que no ocupaba espacio por estar empotrado en la pared contenía su ropa ordenada de acuerdo a la ocasión, tal como en el de su madre. Su cama era de dos plazas y, por cortesía de Soujiro y su ingenio siempre vivo, el techo en las noches daba la impresión de estar mirando el cielo, como si no existiese en realidad aquella cubierta. En las mañanas el color permanecía blanco, como si nada hubiese de raro en él. Extraño en verdad pero no menos fascinante.
Misao y Soujiro trabajaban juntos en una empresa que ellos mismo habían emprendido unos años antes y que les daba buenos ingresos. Ella era diseñadora de ambientes y él arquitecto. No era necesario decir que hacían una excelente pareja de negocios y aunque no lo quisieran admitir parecía que algo romántico había entre ellos ya que simplemente parecían ser lo que muchos llaman el uno para el otro. Compartían los mismos gustos, se conocían muy bien y el carácter de ambos era afín, tanto que siempre se les veía con una sonrisa en el rostro mas cuando se molestaban era mejor no acercarse a ellos.
Lo que sucedió después de aquella llamada es digno de relatarlo
aquí. Misao aún no podía creer que Kaoru Tetsuya era la
tanuki con quien había ido al colegio. Bueno, el nombre coincidía,
es cierto, pero nadie se podía imaginar algo así. Desde que ella
había desaparecido de sus vidas no habían llegado a saber absolutamente
nada de ella. Aquella muchacha algo parecida a un marimacho que sin embargo
era bonita y llena de gracia femenina cuando estaba tranquila ahora estaba convertida
en una mujer que aunque joven reflejaba cultura, glamour y experiencia. Le gustaba
escribir, según recordaba, y era buena en ello. Muchos de sus poemas
y sus pequeños relatos habían ganado uno que otro suspiro en las
clases de Literatura y muchas A en talleres de Narrativa y Poesía. Misao
nunca pensó que su amiga se dedicaría a escribir como trabajo,
siempre lo pensó como su pasatiempo. Soujiro, quien siempre fue un amigo
muy cercano a ella, creyó que sería doctora ya que en los últimos
tiempos que la frecuentó se la veía tan emocionada con esa profesión
que ya la imaginaba con una bata blanca y una mascarilla operando en alguna
clínica importante del país. Era muy responsable en sus estudios
y aunque no era de muchos amigos era buena camarada. Tenía un carácter
un poco hermético y su grupo de amistades se reducía a él,
Misao, Tae y Sanosuke. Todos se habían conocido en clase de Literatura
mientras el profesor les encomendó un trabajo grupal. Se hicieron muy
buenos amigos y aunque Sano, como llamaban de cariño a Sanosuke, era
algo distraído y no muy cooperativo que digamos en lo relativo a lo académico
entre todos supieron sobrellevar sus diferencias y trabajar en un ambiente de
tranquilidad. Las usuales "peleas" entre Kaoru y Misao, que mostraron
el lado explosivo de la "tanuki" no se hacían extrañar
por divergencias de opinión pero aún así nunca fueron nada
de importancia, eran como la sal y pimienta en sus nunca aburridas reuniones.
Ahora Kaoru era una mujer importante y tenía un hijo de diez años.
Era suficiente como para que incluso una persona como Misao se quedara atónita
y, aún más sorprendente, callada.
El menos observador pudo haber pensado que todo se cortó de pronto con
la desaparición de Kaoru. Pues, por el contrario, la disociación
del grupo se dio paulatinamente. En los últimos tiempos Kaoru ya no salía
mucho con ellos; salía del colegio rápidamente, como si tuviese
mucha prisa; en su casa los fines de semana no se la podía ubicar porque
se supone había salido con sus amigos, cosa rara ya que no le conocían
otros más que ellos. Cuando le preguntaban salía con indirectas
o evasivas y sonreía diciendo "todos tenemos secretos ¿no?".
Así, con el pasar del tiempo las relaciones se habían vuelto rutinarias:
un hola ¿qué tal?, ¿cómo te va?, luego un adiós
y una sonrisa en momentos de aprietos para no revelar aquel "secreto suyo"
eran lo común en su alicaída relación.
****
Qué distinta se veía ahora. Soujiro estaba en el umbral de la
puerta de la casa que había diseñado viéndola admirar uno
de sus cuadros con una copa en una mano y con una servilleta crema en la otra.
Él había llegado de visita trayendo información que le
fue pedida por Kaoru y también, una vez más, impedido de aguantar
la tentación de ver a su creación. Sí. Definitivamente
estaba orgulloso y nunca se cansaría de admirar esta casa. Era su obra
de arte, su "bebé", como le había dicho a Misao cuando
la terminó de hacer en los planos antes de que supieran que Kaoru Tetsuya
era Kaoru-chan y trataban de impresionar con una casa de ensueño a la
viejecita esnob y ricachona que suponían que era la renombrada escritora.
Vaya sorpresa que se dio cuando Misao lo llevó a "conocerla".
Misao sí que sabía cómo actuar. Esa comadreja nunca cambiaría.
Aún le causaba risa el recuerdo. Vaya vergüenza para él.
Se había vestido con su mejor traje, se había echado su mejor
colonia -una Armani que le había regalado su padre y que solo usaba en
ocasiones importantes- y se había peinado lo más decentemente
posible para encajar con los estándares de una mujer del vuelo de la
Tetsuya. Mientras manejaba hacia el lugar donde habían acordado encontrarse
- cosa que no le terminaba de sonar racional ya que se supone que él
debía de llegar con Misao y ella se había negado a ir con él-
se preguntaba cómo era que de todas las empresas dedicadas a su rubro
una mujer como ella había elegido precisamente a la suya, que era una
en ciernes y no muy conocida por la gente común y mucho menos por la
clase alta. Sin pensar demasiado en eso y otorgándole a todo ello la
gran posibilidad de tener muy buena suerte llegó a aquel restaurante.
Era elegante, sí, pero no era el que él se había imaginado.
Preguntó por la reservación y lo llevaron a un compartimiento
privado, al final del pasadizo principal del amplio restaurante que para esa
hora estaba lleno de gente.
Al abrirse la puerta se dio con la sorpresa de ver a un niño frente a
él, mirándolo fijamente como pidiéndolo ayuda. Tenía
ojos violetas oscuros, casi azules pero no exactamente de ese tonalidad, un
color bastante raro, es más, nunca antes lo había visto, cabello
rojo intenso y es posible que quizá hubiese visto mejor sus rasgos si
no era que una mujer en un vestido que se le hacía más que conocido
no lo estuviera abrazando tanto que el color de su rostro le hacía la
competencia a su cabello. Extraño... Volteó el rostro
y se encontró con una vista menos rara, más perfecta a sus ojos.
Una mujer de cabellos muy oscuros recogidos en una cola alta, de ojos grandes
y azules como dos zafiros y de piel muy blanca lo observaba con una sonrisa
en el rostro. Sintió que la conocía, no sabía qué
de ella le hacía sentir que la había visto antes. Pero desechó
esos pensamientos rápidamente. Vamos, Soujiro, se dijo, ¿dónde
podías haber conocido a una mujer así y no reconocerla en el acto?
Cuando se iba a retirar, obviamente pensando que se había equivocado,
oyó que le decían,
- Oh, Sou-chan, que bueno que hayas venido, te estábamos esperando. Cuánto
tiempo ¿verdad?
Volteó rápidamente y entonces la pudo reconocer al fin. Solo tres
personas en esta vida lo llamaban así. Una era Misao, otra Tae y la otra
era Kaoru.
- ¿Kao-chan? ¿En verdad eres tú? ¡Qué alegría
verte! ¿Dónde te habías metido todo este tiempo?- dijo
sentándose junto a ella y abrazándola para luego voltear desconcertado-
Pero Oye Misao ¿qué haces con aquel niño?
- ¿Eh? Ah ¡Hola Sou-chan! No te vi entrar. Bueno, pues, estoy recuperando
el tiempo perdido. Oye, ¿no es adorable?- dijo señalando a Kenji
quien se notaba que quería tirarse por la primera ventana que encontrara.
- Claro, eh pero creo que mejor sería que lo sueltes lo estás
ahogando. ¿No se supone que teníamos una
- Oh, pero si él no dice nada, ¿verdad, Kenji-chan?-interrumpió
la mujer.
- Hai, tía - respondió resignado el niño.
- ¡Ves qué adorable es!
- Perdón, un momento, ¿tía? Y Misao ¿dónde
está Tetsuya-dono? ¿no se supone que
- ¡Oh es cierto!- dijo Kaoru- casi olvidaba el fin de esta reunión.
Bueno, señores, ¿esta lista mi casa? ¿Trajeron los planos?
- ¿Tu casa? ¿Qué casa, Kaoru?
- ¡La que te pasaste días y noches diseñando, baka!- intervino
Misao, quien no soltaba a Kenji un solo segundo.
- ¡No! ¿Tú eres?
- Exactamente. ¿sorprendido? No me digas que tú también
pensabas que era una anciana de noventa años- dijo ella mirándolo
a los ojos y con una media sonrisa en el rostro.
Soujiro solo le quedó mirando como si estuviese viendo a un fantasma. Era demasiada información que tenía que procesar y eran demasiadas preguntas que debían ser absueltas antes de que le diera un solmenage. Justo cuando iba a empezar a preguntar volteó a ver al niño que lo miraba con extrañeza, como preguntándose quién era aquel hombre. Él debía tener la misma expresión ya que inmediatamente Kaoru tomó la palabra.
- Bueno, Kenji-chan, te presento a tu otro tío
- ¿Okaa-san, es él tío Soujiro?- preguntó el niño
a su madre causando que
Soujiro se quedara más perdido que nunca.
- Sí, el mismo.
- Hey, un momento. ¡¿Okaa-san?!
- Aquí vamos otra vez - dijo Misao tapándose la cara con las manos.
- Es que no logro entender.
- Simple, Sou-chan, Tetsuya-dono, que por cierto es la mujer que querías
impresionar hoy - le dijo guiñándole un ojo y causando que este
se sonrojara- es nuestra Kaoru-chan y este es su hijo, Kenji-chan ¿no
es adorable?- para esto el niño ya sabía que lo que venía
era un abrazo de su nueva tía. Vencido dejó que lo hiciera.
- Oh- no pudo decir más. Estaba anonadado. No sabía qué
era lo que más lo sorprendía: el hecho de que su empleadora sea
Kaoru-chan, que ella fuera nada más y nada menos que una de las mujeres
más ricas y reconocidas de las que tenía conocimiento o el hecho
de que un niño de diez años fuera su hijo. Bueno, se quedaba con
la última opción.
Desde ese día los cuatro empezaron a frecuentarse por cuestiones relacionadas
a la casa o simplemente por camaradería. Generalmente en casa de Kaoru
ya que estaba alejada del bullicio de la ciudad y podían así rememorar
viejos tiempos. Especialmente a Soujiro le había tomado un poco de tiempo
acostumbrarse a la idea de que Kaoru era su cliente estrella- como él
la llamaba antes de conocerla-, nada más y nada menos que una mujer reconocida
mundialmente, con dinero de sobra, y sobre todo madre de un hijo de recién
cumplidos diez años de edad. Kenji les había hablado de todo lo
que había oído de su padre, se notaba que el niño estaba
muy orgulloso de él. Bueno, después de todo, las historias de
cómo Akira había hecho su fortuna eran fantásticas. Así
fue que se enteraron de que Kaoru era viuda a sus veinticinco años y
que había conocido a su esposo, quince años mayor, en Japón
y que en cuestión de días habían volado a Francia teniendo
un niño en camino. Se casaron apenas tuvo la mayoría de edad.
La historia era bastante sorprendente y no menos lo era la segunda parte. Después
de que Kenji naciera Kaoru terminó la escuela particularmente, de lo
que se encargó Akira, y fue a la mejor Universidad en Francia y estudió
Literatura. Para eso ya había empezado a escribir y publicó su
primer libro que batió record de ventas en ese país. Ahora la
joven y deslumbrante mujer era toda una profesional reconocida y multimillonaria
a sus casi veintiséis años, edad que no aparentaba para nada.
No se habló más del tema. Él sabía que ese tipo
de situaciones no podían explicarse con una simple cadena de eventos
pero aún así ¿quién era él para preguntar?
A pesar de toda esa explicación él tenía muchas preguntas
que permanecían irresueltas en su cabeza y que no se atrevía a
preguntarle directamente a Kaoru, al menos no por el momento que comenzaba a
conocer más a esta nueva mujer en que se había convertido la tímida
Kao-chan, que él recordaba de su infancia.
Era obvio que aquella joven que los deleitaba con sus cuentos o historias en
el colegio y que siempre andaba al pendiente de los cursos y de tener buenas
calificaciones no era la mujer que ahora admiraba se cuadro con aparente atención.
Aquella pose, la forma en que agarraba la copa, el orden de sus cabellos, su
ropa y hasta la moribunda luz del sol que a esta hora se terminaba de poner
en el cielo y que caía sobre ella y el cuadro, bañándolos
y dándole la apariencia de ser un cuadro en sí mismo hablaban
de una mujer distinta, de una nueva que hacía pensar en lo que pudo haber
vivido como para fomentar un cambio así de diametral. No, no había
que malinterpretarlo. No hacía juicios de valor sobre cuál era
mejor, la que él conoció al principio o esta belleza que tenía
al frente, sino simplemente comparaba. ¿Había cambiado él
también así? Quizá en él se habían producido
cambios que hacían que las personas ponderaran y compararan como él
hacía ahora al observar a su amiga sin que ella se diera cuenta.
- Buenas tardes, Sou-chan, vamos, pasa, no tienes que quedarte ahí viéndome
todo el rato ¿no?- dijo ella sin separar la vista del cuadro.
Ciertamente era una caja de sorpresas. Sabía que la estuvo viendo desde
que llegó.
- Gomenasai, Kaoru-chan, buenas tardes, simplemente me perdí en los recuerdos-
respondió él caminando hacia ella y parándose a su costado.
- ¿Y eran felices? - dijo ella volteando para verlo de frente con una
sonrisa en el rostro.
- ¿Quiénes?
- Los recuerdos de los que me hablas
- Oh. Sí, creo que sí.
- No suenas convencido- agregó dirigiéndose al bar y haciendo
un ademán con la mano para que Soujiro la siguiera.
- Es que simplemente
- ¿Qué te sirvo? - interrumpió ella sacando una copa de
las que tenía colgados en la parte superior del bar.
- Vino estaría bien, gracias, acabo de comer.
- ¿Me decías?- preguntó mientras vertía el licor
en una copa alta y ancha.
- Oh es verdad; no es que carezcan de felicidad los recuerdos, después
de todo son solo eso: recuerdos y así fueran de momentos tristes no creo
que me causarían infelicidad, solo es que pensaba en cómo el tiempo
hace cambiar todo; quizá muchos, como yo, sin darnos cuenta hemos cambiado
bastante
- Ya veo. Sírvete. ¿Nos sentamos?-preguntó entregándole
la copa y señalándole el sillón de cuero color que había
delante del bar.
- Gracias; después de ti.
- ¿Crees realmente que todos los recuerdos sean al final lo mismo, Soujiro?
¿Buenos o malos? ¿No importa la magnitud o la importancia de lo
que aquello significó, la sublimidad o lo terrible de ello, al final
todo aquello terminará siendo lo mismo?
- Pues te diré que al menos en mi caso, sí. Supongo que todo es
relativo a las personas ¿verdad? Hay quienes quizá nunca olviden
ciertas cosas y otras las dejen pasar, depende de cuánto haya afectado
lo sucedido a la persona. Yo siempre dejo todo pasar. Ciertamente hay acontecimientos
que nos afectan más que otros, que son ¿cómo decirlo?
más trascendentes en nuestra vida, pero a fin de cuentas quedan todas,
trascendentes o no, como experiencias, todo pertenece al pasado ¿no es
así? o será, quizá, que he vivido una vida muy estable
y por tanto mis recuerdos se uniformizan, no lo sé - una carcajada- creo
que hasta hoy me he dado cuenta que en mi vida no he tenido muchas emociones
extremas. Me falta algo de emoción, creo. -otra carcajada-
Ella le quedó mirando y cuando lo oyó reírse solo sonrió pero a pesar de que su mirada estaba en él su mente estaba lejos, muy lejos perdida entre lo que acababa de escuchar y lo que había vivido.
****
Lo recuerdo bien. Cada instante de ese día vívido en mi mente. El patio del colegio estaba desierto. Yo había salido a hacer un mandado de la profesora, creo, y volvía a clases. Era invierno. Hacía mucho frío, casi gélido, tan solo exhalar causaba que una ligera capa de hielo escarchara mi bufanda roja. Aún así seguí caminando hacia el huerto, ahora recuerdo, era una clase de Biología y había olvidado los instrumentos en el huerto artificial, la profesora me había dado permiso para volver justo regresaba cuando
- ¡Kaoru! ¡Kaoru!
- ¿Kenshin? ¡¿Qué haces aquí?! Es hora de
clases ¿quién te dejó entrar?
- Vine a buscarte y pues yo sé cómo arreglármelas. Hoy
no tuve clases en la Universidad. ¿Nos vamos?
- Pero es que tengo clases, la profesora llamará a-
- Vamos, Kaoru ¿no somos amigos, acaso? sabes muy bien que un día
no te hará mal, quiero que vayamos juntos a un lugar. Hace tiempo que
no nos vemos.
- Bueno, pero espérame, iré a decirle a la profesora que-
- Muy bien, te espero, pero no te demores.
Y no me demoré. Era así, era imposible decirle que no, pero no
era algo en él que te llamaba a hacer lo que quería, era algo
en mí que me llamaba a hacer lo que él quisiera. Me era simplemente
tentador correr riesgos, albures que nunca pensé vivir. ¿Escaparse
del colegio? Pero eso no era nada, ¿él había entrado para
verme no? Éramos amigos y los amigos hacen cosas juntos, se divierten,
transgreden reglas, etc. Cosas de jóvenes. Inventé una excusa
y la profesora me creyó, ya que no tenía motivos para dudar de
la mejor alumna de su clase. Hasta ese día no sabía cuán
bien podía actuar.
Salí del salón rápidamente sin dar explicaciones a nadie,
ni siquiera a Misao. Vi la preocupación en su rostro, le tomé
el hombro y le sonreí. Ella también sonrió. Me fui más
tranquila. Afuera estaba él, apoyado en uno de los árboles. La
casaca de cuero abrochada hasta arriba, le cubría el cuello, la bufanda
azul que le regalé estaba ahí, el solo verla me dio una sensación
de alegría distinta a otra cualquiera que hubiese sentido antes. Su cabello
largo y pelirrojo estaba atado con una coleta y reposaba en su espalda. Su mirada
estaba dirigida hacia el otro lugar, pensativo. Era guapo y conforme pasaba
el tiempo y nuestra amistad crecía me parecía aun más atractivo.
Desde aquella vez en el parque en la que me quedé casi sin palabras al
verlo, al oírlo pedirme que recitara de nuevo aquellos versos y cuando
me dijo que eran buenos sabía que algo había en él que
me llamaba a permanecer junto a él. Conversamos mucho, volví a
casa tarde, Dr. Genzai me recriminó como nunca antes y yo, por mi parte,
nunca antes me sentí más feliz de haberlo preocupado así.
Él era muy interesante, sabía mucho más que yo, era culto,
bien hablado, iba a la Universidad después de todo. También era
divertido, buena compañía, buen consejero, sabía escuchar
con interés mis tonterías de colegial, como si fueran importantes,
él decía que para él yo y todo lo concerniente a mí
éramos importantes. Era todo lo que podía desear. Decía
que era su única amiga y que no le importaba la diferencia de edades,
me encontraba como una buena compañía. El sentimiento era mutuo.
Yo tenía amigos pero a ninguno lo sentí tan cercano como a él,
quizá era injusto con aquellos con que compartí mucho pero lo
sentía así. Inevitablemente empecé a enamorarme de él,
no sé cuándo fue que me di cuenta, ni cómo fue, solo sabía
que estaba enamorada por primera vez y se sentía bien porque él
fue poco a poco convirtiéndose en mi centro. Solo aspiraba a convertirme
en el suyo.
- ¿Desde hace cuánto que estás ahí, chibi, eh?
- ¡Oh, Suminasen!- Qué vergüenza, me había encontrado
observándolo.
- Está bien, no importa. Vamos rápido, Kaoru, que quiero llevarte
a un lugar que te va a gustar.
- Hai - y una vez que subimos a su moto y él la arrancó le pregunté:
¿a dónde me llevas, Kenshin?
- Ya lo verás.
En cuestión de quince minutos él paró y me ayudó
a bajarme de la moto. Hice lo posible porque la falda no se me levantara más
de lo necesario y bajé. Era un lugar que se asemejaba a un parque pero
estaba todo cubierto de gruesas capas de hielo. Caminamos con cuidado sobre
este, él me tomó de la mano previendo un posible resbalón.
Doblamos alrededor de un árbol y encontramos un mirador antiguo, con
el techo lleno de nieve y granizo. Me guió hasta el mirador y nos acercamos
a una de las barandas que daba a muchos árboles reunidos de forma algo
desordenada. El lugar no era nada espectacular, es más, parecía
sombrío y poco cuidado.
- ¿Para qué me trajiste aquí?
- ¿No te gustó?
- ¿Me gustó? ¿A qué te refieres, Ken?
- ¡Oro! ¿Acaso no lo viste?
Volteé una vez más y esta vez su mano estaba sobre la mía
y la alzaba para dirigirla al frente. Ahí, en el tallo de uno de los
árboles que estaban muy cerca de nosotros, estaban mi nombre y el suyo
tallados. Decía claramente: Kenshin y Kaoru. Yo le quedé mirando
sonriente. Era muy dulce de su parte haber hecho eso.
- Está lindo. Arigato.
- Me alegra que te haya gustado pero aún falta algo, Kaoru.
- ¿Otra sorpresa?
- No exactamente. Falta tallar algo que no quise hacer antes porque pensé
que primero debía pedirte permiso.
- ¿Permiso? ¿Sobre qué?
- Quería saber si podía agregar ahí que te amo y que lo
haré por siempre. ¿Tú qué dices? - preguntó
mirándome a los ojos fijamente. Tomó una de mis manos, sacó
el guante que la cubría y besó la palma de la misma.
No dije nada creo, no tenía voz ni aliento. Solo moví afirmativamente la cabeza. Él sonrió y tomó mi rostro entre sus manos que ahora estaban sin guantes. Besó mi frente y luego mi nariz y me volvió a sonreír. Me tomó de la mano nuevamente y me dijo,
- Entonces vamos a tallar eso, koishii.
****
Movió la cabeza como para deshacerse del recuerdo. No entendía
por qué dolía si todo era un simple recuerdo, uno malo, uno que
odiaba; algo que había dejado de lado, que supuestamente había
olvidado para dar paso a una nueva vida, nuevas y mejores emociones, nuevos
recuerdos. Ese sentimiento de traición volvía a guarecerse en
su corazón. Traicionaba a su esposo, a su hijo, a todo por lo que había
luchado y, aun peor, se traicionaba a sí misma cada vez que permitía
que aquellos tiempos volvieran a repetirse en su mente, pero era inevitable,
aunque quisiera todo aquello se volvía a reproducir en su mente una y
otra vez con una agudeza terrible, como si inconscientemente estuviese reacia
a olvidar de verdad o al menos dejarlo atrás. ¿Por qué
no le era posible dejar todo como un simple recuerdo más de los tantos?
Uno que ya pasó y que no se repetirá jamás. Quería
que fueran recuerdos que aunque no fueran más que reminiscencias de mentiras
y traiciones se convirtieran en pasajes de su vida como cualquier otro a los
cuales poder referirse sin miedo, sin sentir las emociones y el dolor a flor
de piel. Aún a pesar de todos estos años todo aquello permanecía
fijo en su mente. No había hecho un buen trabajo en ocultar esa época
de su vida, no había sanado aún, sentía todavía
aquel dolor que solo la desilusión causa y también odio, uno profundo
que llamaba a la venganza y que reprimía por vergüenza ya que odiar
significa también sentir con intensidad y ella no debía sentir
nada, no quería sentir nada hacia el pasado; era preciso enterrar todo
pero era tan difícil.
Cada día se le hacía más difícil usar esas máscaras. Sentía una opresión en el pecho cada vez que veía a su hijo crecer lleno de preguntas, temiendo la llegada del día en que él las hiciera y ella no supiera qué responder o, peor aún, que le dijera la verdad, traicionada por los sentimientos encontrados, y él descubriera que todo era una mentira, que ella también era una mentira, que lo que tenían estaba basado en mentiras. No, no lo soportaría una vez más, no podría resistir aquella mirada idéntica a la de él una vez sobre ella diciéndole sin necesidad de palabras que no la quería a su lado. ¿Por qué volvió? Ella estaba bien en Francia, lejos de todo aquello que le recordaba su pasado, no le faltaba nada, le sobraba mucho ¿por qué tuvo que ceder al impulso? Estaba cansada de esa vida, quería sentir que podía ser un poco más real, el niño quería conocer a su familia, quería sentirse parte de un conjunto, era natural, él no era como ella, capaz de disociarse de los suyos por escapar, no tenía motivos para tomar una decisión como esa, no sabía que escapaba con ella. Él no sabía nada, no era el culpable de nada, y ella se vio en la necesidad de no hacerlo pagar más por todo aquello. Él quería conocerlos, quería ver a su familia también, necesitaba sentirse como todos los niños que conocen a sus familiares, que tienen tíos, primos con quienes sentirse bien en el núcleo familiar y además formar parte todos de un hogar que hasta entonces para él solo había significado ella. ¿Quién era ella para negarle eso? Nadie, no privaría a su propio hijo de lo que por derecho le pertenecía, no era quien para aislarlo. Entonces volvieron ambos a Japón. Él a conocer a su familia y ella a tratar de reanudar lazos que sabía que sería muy difícil de unir sin dar explicaciones. Entonces venían las mentiras porque la verdad solo le correspondía a ella saberla, la verdad dolía y no quería compasión, no quería juicios de valor sobre su comportamiento, no quería oír hubieras, al menos a eso tenía derecho o creía tenerlo.
De un día para otro no iba revelar su vida a la gente aun a las personas queridas para ella. Recién habían comenzado a adentrarse al círculo familiar con los amigos que un tiempo fueron como hermanos para ella. Misao y Soujiro, de verdad los había extrañado, ahora los tenía cerca y aunque sabía que ellos estaban felices de verla veía las inquietudes pasar por sus rostros, se daba cuenta que cuando la miraban se preguntaban dónde había quedado la Kaoru que ellos habían conocido porque esta ciertamente cambió exteriormente e interiormente. Pero a pesar de que parecía una mujer segura de sí misma, sin vacilaciones ni quiebres de voz ante cualquier suceso que aconteciese frente a ella, en ella pervivía aquel lado inseguro de la Kaoru anterior. Había enterrado a la Kaoru inocente y esperanzada, soñadora, creyente de utopías para dar paso a una mujer nueva, con los pies sobre la tierra, consciente de sus posibilidades y de lo que valía y representaba; otra mujer segura de sus decisiones y actos, una que no se arrepentía de lo que hacía, una mujer inteligente, ordenada, influyente, poderosa que, sin embargo, guardaba todo el peso de su inseguridad en recuerdos difíciles de olvidar.
- ¿Kaoru?- escuchó a Soujiro llamarla con voz suave. Una de sus
manos estaba sobre su hombro, meciéndola con cuidado- ¿Daijoubu?
- Oh discúlpame, Soujiro, me quedé absorta por un momento. Sí,
si estoy bien- terminó tomándose lo que le quedaba de coñac
en la copa de un solo sorbo.
- Me asustaste, de verdad, te quedaste como muerta mirando hacia el frente ¿estás
segura que te sientes bien?
- Sí. No te preocupes. Dime, ¿qué te trae por aquí?
A no ser que hayas venido solo a visitarme lo cual me alegraría sobremanera.
Kenji quiere preguntarte algo, creo, ayer me estuvo contando todo el día
sobre el techo de su habitación. Me hizo prometerle que hoy iría
a su cuarto en la noche para ver las estrellas que pusiste en el techo- dijo
esbozando una sonrisa. El color volvía a su rostro con el pasar de los
segundos.
- Ah, bueno, sería excelente que fueras, podrás ver muchas de
ellas.
- ¿De qué se trata?
- De una sorpresa, ya verás.
- Está bien, no arruinaré la emoción preguntándote
de que se trata. ¿Averiguaste lo que te pedí de favor?
- Claro, a eso vine, Kaoru. Ya averigüé qué colegios hay
y qué cursos ofrecen, así que te queda solamente elegir. Aquí
está el catálogo. Déjame decirte que Kojimachi* es el mejor
de todos, desde mi punto de vista.
- Bueno, muchas gracias, lo tomaré en cuenta. Revisaré y veré
qué decido. Ahora solo me falta comentarle a Kenji que irá a un
colegio normal como todos los niños.- comentó ella y luego suspiró.
- Tengo entendido que tenía profesores particulares ¿verdad?
- Sí, su padre se crió así también y creía
que es la mejor manera para que un niño tenga una educación integral.
No dudo que él lo aprovechó muy bien pero creo que es necesario
que sociabilice un poco más.
- Yo lo veo como un niño muy sociable, Kaoru.
- Sí, pero ha crecido muy apegado a mí y a la servidumbre de la
casa de Normandía. Cuando nos mudamos quiso traer a todos los sirvientes
y especialmente al chofer, quien es su amigo incondicional.
- ¿Es ese un problema?
- ¿Cuál?
- El que haya crecido muy apegado a la servidumbre.
- Ya veo a qué quieres llegar, Soujiro. No, en lo absoluto. No hay ningún
problema en que el niño se relacione con la servidumbre. Créeme
que me hace muy feliz saber que mi hijo no ha crecido educado con aquellos anti-valores
de la gente aristocrática. Ni su padre que creció en el boato
y lujos era así. Era un hombre libre de prejuicios ya que si los hubiese
tenido simplemente no se hubiese casado conmigo ¿no lo crees? Yo no crecí
en su medio, tú lo sabes, ambos crecimos casi juntos, nunca fui rica
y por tanto no me fueron enseñados comportamientos esnobs o tonterías
por el estilo que algunas personas tienen y que me son realmente desagradables.
A lo que me refería en sí era que Kenji no ha tenido la oportunidad
de tener muchos amigos de su edad y creo que eso no le hace bien. Es mi culpa,
claro
- ¿Culpa? Pero si en la forma como lo educaste está excelentemente
formado. Te diré que pocas veces he visto un niño de su edad hablar
como él. Simplemente es sorprendente ver que no usa jergas y que se expresa
bien, debes estar orgullosa, has hecho una buena labor.
- Gracias. Lo sé y no es orgullo vano, pero sé que mi hijo es
un buen niño. Muy listo, inteligente y educado, pero también creo
que es su derecho vivir ilusiones infantiles, jugar con otros niños que
comparten sus mismos gustos a la hora de divertirse. Él se ha adaptado
a una vida adulta muy pronto. La última vez que me pidió que lo
llevara a una juguetería fue cuando tenía seis años y me
hizo comprarle esos carros a control remoto, no sé cómo se llaman,
pero fueron esos. Luego de un año lo empecé a llevar conmigo a
las exposiciones de arte y creo que sea por un gusto natural o por la costumbre
que empezó a interesarse también por las obras de arte y dejó
los juegos infantiles. - ante esto Soujiro se echó a reír.
- Bueno, Kaoru, quizá tengas razón pero no todos los niños
son iguales ¿verdad? Si no le gustan esos juegos no lo vas a obligar.
- Es que le problema no es que no le guste sino que no tiene a su lado otros
niños con quien compartir ese gusto. Es como jugar ajedrez solo, puede
ser una buena forma de entrenamiento mental pero es aburrido después
de dos partidas imaginarias. Más aún en los niños, ellos
necesitan jugar, gastar energía, saltar, correr, etc.
- Claro, en eso tienes toda la razón, seguro que cuando empiece a hacer
amigos empezará a desarrollar ese tipo de gustos usuales de niños
de su edad. No te preocupes, que encajará muy bien en su clase. Al menos
los profesores lo adorarán, tal como adoraban a su madre. - Kaoru sonrió.
- Ojalá. No sé cómo tomará esto Kenji, yo
- ¿Tomaré qué, okaa-san?
- Oh Kenji, no te sentí entrar. Buenas tardes.
- Gomen. Buenas tardes mamá, tío.
- Hola, Kenji. ¿Cómo estás? Tu mamá me contó
que piensas mostrarle las estrellas del techo de tu habitación esta noche.
- Hai, tío. Ella no me cree aún. Es muy terca, dice que no es
posible.
- ¿Es esa una queja, querido?-preguntó Kaoru sonriéndole
mientras hacía espacio para que el niño se sentara en medio de
ellos dos.
- Solo un comentario, mamá. Ya verás que tengo razón.
- Ver para creer, dijo alguna vez alguien ¿verdad Kaoru?- intervino Soujiro
causando que Kaoru asintiera sonriente.
- Sí y un Dios le demostró que es mejor tener fe. - ante esto
todos se rieron-
- ¿De qué hablaban?- preguntó el niño
- Pues -comenzó Kaoru- de que estoy evaluando a qué colegio enviarte
a estudiar este año.
- ¿Colegio? ¿Pero para qué, kaa-san? Yo siempre
- Lo sé pero creí que sería bueno un cambio, Kenji, es
bueno que conozcas a otros niños.
- No tengo necesidad de ello. Estoy feliz así como estoy -respondió
el niño en un tono cortante- ¿o acaso deseas que me esfuerce más
en los estudios? Bueno, lo haré, no te preocupes, esta vez mi rendimiento
será más que excelente.
- No tengo quejas de tu rendimiento, hijo, solo que tomé la decisión
porque siempre es bueno hacer amigos, la amistad es muy importante.
- Sí, Kenji, solo ve a tu madre, a Misao y a mí. Nos conocimos
en el colegio y seguimos siendo amigos con el tiempo. Siempre es bueno hacer
amistades, muchas de ellas pueden durar toda la vida ¿verdad, Kaoru?
- Muy cierto.
- Pero no es necesario.
- ¿A qué te refieres?- preguntó Soujiro sorprendido.
- Después de todo, ustedes no fueron necesarios para mi madre durante
tanto tiempo, eso quiere decir que los amigos no son tan importantes ¿no
es así mamá? Si ni siquiera los llamaste o contactaste durante
este tiempo quiere decir que no tuviste necesidad de ellos, poco te importó
que fueran tus amigos.
- Kenji, eso no es así.
Kenji le quedo mirando a Kaoru; esta se quedó sin palabras. Nunca la habían avergonzado tanto frente a alguien y mucho menos su hijo. Su hijo la juzgaba. Lo conocía bien, era su forma de obtener respuestas, ponerla en aprietos, en situaciones molestas pero generalmente era cuando estaban a solas y no frente a otras personas.
Al ver incómoda a su madre Kenji se arrepintió en el acto de sus palabras. Había hablado demás, no era la forma pero no pudo evitar la ocasión para recordarle a su madre aquello que aún no podía entender. ¿Por qué no guardó comunicación con ellos sin tan amigos eran? Sea cual fuere la razón, esta vez había ido llegado a extremos en su afán de querer descubrir la verdad. Cuando iba disculparse para retirarse del lugar, Soujiro le dirigió la palabra.
- ¿Sabes, Kenji?- comenzó Soujiro- Hay veces en la vida en la
que los adultos deben tomar decisiones muy importantes que requieren el sacrificio
de ciertas cosas que también son importantes para nosotros. ¿Por
qué? Simplemente porque debemos priorizar. Parte de ser adulto es tener
el valor de hacerlo y pues estoy seguro que tu madre actuó así
porque tuvo que priorizar. Y ¿sabes algo más? El deber de los
hijos es respetar aquellas decisiones. Recibirás respuestas pero todo
a su tiempo. Tú eres todavía un niño y uno muy inteligente,
así que sé que comprenderás esto aunque, quizá,
no lo entiendas a la perfección pero ten en cuenta que Misao y yo lo
entendemos bien ya que somos también adultos y hemos tenido que tomar
también alguna vez decisiones difíciles en nuestra vida. ¡El
que no hayamos visto en tanto tiempo a tu madre no quiere decir que ella no
nos estime y que por eso no la estimemos a ella o, aún peor, que no seamos
importantes para ella o viceversa! La vida no es tan simple, Kenji, te darás
cuenta mientras crezcas. ¿Entendiste lo que te quise decir?
- Hai, arigato, tío. - dijo el niño con la cabeza gacha. Se sentía mal. - Gomen, okaa-san.
- No hay problema, Kenji. ¿No quieres ver los catálogos y decirme
luego qué colegios te llaman más la atención?-preguntó
modelando la voz, cuidando que las emociones que sentía en ese momento
no le jugaran una mala pasada frente a su hijo.
- Sí, kaa-san, con permiso.
- Propio.
Cuando el niño hubo salido del lugar Kaoru se levantó a dejar
su copa en el lavatorio del bar y volvió a sentarse. Tomó una
de las manos de Soujiro y le dijo sinceramente,
- Gracias
- No es nada, Kaoru- respondió colocando su mano sobre la de ella y acariciándola
con ternura- pero debes recordar que está creciendo y muchas preguntas
han de rondar su cabeza.
- Lo sé, Soujiro, y créeme he tratado de responderlas pero no
le parece suficiente. A veces no sé qué espera de mí
- Solo la verdad.
- Yo siempre he
- No me tienes que explicar, Kaoru, no es necesario- dijo él interrumpiéndola.
No soy quien para pedirte explicaciones o averiguar el por qué de tus
actos pasados ni presentes. Lo que quiero decir es que estés prevenida
porque él sí tiene derecho a obtener respuestas, quizá
no ahora, pero algún día tendrás que responder a sus preguntas.
- Sí, gracias de nuevo, Soujiro. Tú también tienes preguntas,
lo puedo ver en sus ojos, todos las tendrán, quizá por eso no
quería volver aquí, para evitar ver en sus rostros las preguntas
y- dijo ella parándose frente a un cuadro y fingiendo observarlo
con interés.
- No puedo negar que tenga preguntas, Kaoru - dijo él acercándose
a ella- pero no seré yo quien pida explicaciones siempre y cuando tú
no seas quien quiera compartir todo ello.
- ¿Me crees?- preguntó ella volteando, lágrimas en los
ojos que amenazaban con resbalar por sus mejillas- Respóndeme sinceramente.
- No. - respondió él abrazándola- No. Es difícil
creer, Kaoru, tu propio hijo parece lleno de preguntas, alguna vez llegará
a dudar si es que ya no lo hace, dime ¿cómo crees que nosotros
no dudaríamos?
- ¿No te molesta pensar que miento? - cuestionó correspondiendo
el abrazo y hundiendo su rostro en el hombro de Soujiro.
- Si sé algo es que no lo harías sin una buena razón y
confío en eso, por eso no me es necesario saber con exactitud los detalles
o la verdadera historia tras todo esto pero, ten presente que estoy aquí
para apoyarte en lo que necesites. Y si en algún momento sientes que
no puedes más estaré a tu lado para escucharte atentamente. ¿Sí,
Kao-chan? ¿Lo tendrás en cuenta? - preguntó separándose
y acariciando su rostro.
- Sí- respondió ella volviendo a abrazarlo con más fuerza
y llorando con más fuerza. Durante mucho tiempo necesitó de un
consuelo, de un amigo que al menos tratase entenderle.
Estuvo sola durante mucho tiempo, aislada pensando que eso era lo mejor. Ahora
comprendía su error, grave error. Tenía amigos, gente que la quería,
personas en quien confiar, no tenía porqué pasar sola por aquellos
momentos difíciles. Los miedos, las inseguridades la habían hecho
ciega a la realidad.
- Todo estará bien, cálmate, Kaoru, Kenji se preocupará
si te ve así. Piensa en él- repetía mientras acariciaba
su espalda.
- ¿Soujiro?- llamó luego de unos minutos.
- ¿Sí?
- No puedo más.
Continuará.
Notas finales:
¿Soy cruel? Je je je ¡Me esforcé mucho en este capítulo!
¡Tengo un bloqueo de inspiración enorme y este es el resultado!
Espero les haya gustado y que haya transmitido bien los sentimientos de los
personajes. Eso quería. ¿Qué creen que pasará? ¿Le
contará Kaoru a Soujiro toda la verdad? ¿Qué creen?
Bueno, espero sus reviews. Les diré que no es tan fácil escribir este fic. Se necesita mucha descripción, es el estilo que uso al menos para esta historia, y aún así me agrada. Créanme que los reviews ayudan mucho para incentivar al autor. Cada comentario de ustedes me da ánimos. No sé por qué este fic no tiene muchos reviews, quizá la trama no les llame la atención o les aburra y por eso no lo lean muchos, solo pido a los pocos que lo leen que me dejen su comentario o crítica, es importante, este es uno de los fics míos que me llama a esforzarme más y con buenas críticas saldría mucho mejor, con más calidad. Espero recuerden esto.
Ja ne!
Shiomei ^-^U
* El nombre del colegio ha sido tomado del fic: WHEN THE WORLD REVOLVES AROUND
YOU. No lo creé yo sino la autora de ese grandioso fic. Lo usé
por falta de ingenio. ~.^
