CAPITULO 1: LA VUELTA
El profesor de pociones tomó su lugar de cada año en el Gran Comedor al lado del director y esperó a que los alumnos entraran, tomaran sitio, se celebrara la selección, cenaran y por fin se podría ir a su despacho a hacer mejores cosas que perder el tiempo allí. El primer paso se cumplió y los alumnos mayores de primer año fueron entrando y sentándose entre saludos, charlas y risas. No presto atención, solo miró unos segundos SU mesa y a SUS alumnos y tras asegurarse que su alumno más preciado estaba perfectamente volvió su atención a... nada en particular.
- Oye Severus ¿has dado la poción a Remus?- le pidió amablemente el director con una gran sonrisa.
- Si, se la he dado hace unas dos horas. Debe estar en su despacho...descansando- dijo Severus de mal humor.
- O venga Severus deja esa cara de pocos amigos, Remus te ha pedido una y otra vez que le perdones, además hay que disfrutar de la vida y reír más, ¿sabes qué reír alarga la vida?, solo has de mirarme a mi, me paso todo el día riendo y estoy echo un chaval, más fuerte que un roble y tú...
- ¿Qué pasa conmigo?- pregunto el profesor mirando a Dumbledore. - Nada, nada... solo que estas un poquito amargado.
- Yo no estoy amargado... señor Fetrann cinco puntos menos para Ravenclaw por correr por el Comedor- dijo Severus. Un chico de tercero de la casa mencionada lo miró unos segundos y bajo la vista avergonzado seguramente por ser el primero de su casa en perder puntos ¡por favor, no había ni empezado las clases!, aún con la vista en el suelo se fue a sentar en su mesa a paso lento para que no se imaginase Snape, por casualidad, que estaba corriendo.
El profesor miró al director y vio que lo miraba con una ceja levantada. - ¿Qué? - Nada- dijo Dumbledore [ -¿Y dice qué no esta amargado?- pensó] Aparte del mal humor otorgado solo al profesor más odiado de todos, Severus Snape, algo más le molestaba, irritaba, enfurecía, despreciaba... era que ese año había vuelto como profesor de defensa nada más ni nada menos que el indeseable (para él), Remus Lupin. No sabia como aguantaría estar otro curso entero a su lado y según lo que parecía para muchos, muchísimos cursos... ¿Qué le debía pasar a Dumbledore que no lo ponía a él de profesor si sabía de sobra que era el mejor? Apartó esos pensamientos sobre el director al recordar lo mucho que lo había ayudado siempre y lo hacía siempre que podía, así que lo mínimo que le podía dar era respecto, y se lo daría. En ese momento los de primer año entraron en el Gran Comedor con las bocas abiertas al ver el maravilloso castillo y se pusieron delante del taburete donde el Sombrero Seleccionador canto una nueva canción y esperó a ser colocado en la cabeza de cada uno de ellos. La profesora McGonagall empezó a llamarlos por sus nombres y uno por uno fue colocado en su casa entre aplausos y silbidos. Por fin termino la ceremonia y el director se levantó para hablar, todos callaron y escucharon.
- Bienvenidos a un nuevo año académico, este año será muy importante para muchos de los magos que acabaran Hogwarts ya que serán recordados como grandes héroes por ayudar a derrotar al mago más tenebroso de los tiempos, pero los que debemos llevar en nuestros corazones son aquellos valientes que dieron su vida por intentar salvarnos a todos y perdieron en el intento. Por ellos pido un minuto de silencio. Los alumnos al igual que los profesores permanecieron un minuto en silencio recordando a los difuntos. - Después de este homenaje solo os diré que...A COMER. Las mesas se llenaron de comida y con ello volvieron las charlas y las risas.
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Harry con sus dos mejores amigos, uno a cada lado, estaba más feliz que nunca comiendo la fabulosa comida que habían echo los elfos del castillo. - ¿No os da pena pensar qué este es nuestro último año en Hogwarts?- dijo Hermione - La verdad es que si- dijo Ron que la miraba medio embobado - Hemos vivido momentos muy buenos aquí, además Hogwarts ha sido más mi casa que todo los años que he estado con los Dursleys- dijo Harry apenado- lo echare muchísimo de menos, a todos. - ¿Incluso a Snape?- dijo Ron. - Incluso a él- dijo Harry con una sonrisita. Después de la cena los dos chicos esperaron a que Hermione fuera a pedirle la contraseña a McGonagall como prefecta que era.
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Severus estaba hablando con McGonagall sobre si ese año se llevaría la copa de la casa las serpientes o los leones cuando una chica se les acercó. No la miró pero oyó su dulce voz de mujer. - Disculpe profesora McGonagall ¿me podría decir la contraseña de la torre de Gryffindor?
- Si por supuesto la contraseña es Leyendas de leones... un momento ¿señorita Granger? - Si, ¿qué ocurre?- pregunto la chica extrañada por la pregunta de la profesora - No te había conocido Hermione estas hecha toda una mujer, estas muy bonita. - Gracias profesora-dijo algo avergonzada la chica. Algo interesado por lo que había dicho su compañera, Severus levantó la vista para encontrarse a la chica pero en vez de ver a la niña sabelotodo, la del pelo de fregona, la dientes conejo, la pequeña Granger vio ante si la mujer más bella que había visto nunca. Tenía el pelo ondulado pero totalmente cuidado que le llegaba hasta la cintura, una hermosísima sonrisa con los labios más perfectos que había visto igual que los dientes, había crecido y ahora a través de la capa abierta se le notaba debajo de la ropa un cuerpo con todas sus curvas bien colocadas y los ojos... ¿por qué antes no se había fijado en esos hermosos ojos? Toda ella era hermosura y un escalofrío poco conocido por el profesor de pociones le traspaso todo el cuerpo y el corazón le dio un vuelco al verla que lo miraba. - Buenas noches profesor Snape- dijo con esa dulce voz que parecía la mejor de las melodías. - Buenas noches- fue lo único que pudo decir. La chica se marchó junto a sus dos amigos y se agarro de un brazo de cada uno y estos enrojecieron de inmediato y se fueron para guiar a los de primero. Severus la observó hasta que se fue y fue Flitwich quien lo sacó de su mundo. - Minerva ¿quién era esa mujer tan hermosa? - Esa mujer como tu dices es una alumna tuya, es Hermione Granger. - ¿Esa era Granger?- dijo el pequeño profesor sorprendido. - La juventud cambia mi querido compañero- dijo el director- los jóvenes dejan de ser niños y pasan a ser adultos y por supuesto eso lleva algunos cambios como el de Hermione, aunque hay que admitir que el de la chica le ha sentado estupendamente. Después de aquello por fin llegó la hora de poderse ir, así que, Severus, se dirigió directamente a su dormitorio donde se sentó delante del fuego para disfrutar de una copa de brandy y pensar en sus cosas. Mientras estaba sentado, su vista se paseo por toda la habitación y se fijo en un pergamino que estaba encima de una mesa, se acerco y vio que era su horario de clases, inmediatamente sus ojos buscaron " séptimo Gryffindor " y vio que su primera clase con ellos sería mañana a la tarde, la última que tendría. Ya al día siguiente se centro en sus clases y las procuro hacer lo menos soportable para sus alumnos, le encantaba hacerlas así. Llegó la tarde y con ella la última clase que tendría. Abrió el aula y dejó pasar a sus alumnos que fueron tomando sitio. Y por fin la vio, allí entre sus dos amigos, estaba Hermione más bonita que nunca. Se sentó en una mesa algo alejada a él y sonreía de algo que le había contado su amigo pelirrojo mientras posaba una mano en el hombro de Harry que la miraba algo sonrojado. Respiro hondo y volvió su atención a los demás alumnos pero al hacerlo se fijo en el joven Malfoy y su expresión no le gusto nada ya que miraba a Hermione como si fuera su nueva fantasía sexual y, por supuesto, eso no podía ser. Esté es su último año en Hogwarts por lo tanto mi deber es enseñaros pociones mortales, prohibidas y MUY complicadas- miró a Neville y esté se encogió en su asiento- hoy trabajaremos en parejas de dos y preparareis la poción multijugos, juntaros y empezat. Los alumnos se colocaron con sus parejas pero al final del aula se oyó un poco de jaleo, Severus se acercó y vio que eran Harry y Ron que discutían sobre quien se sentaría con Hermione. La chica, por su parte, los miraba sin entender porque tenían tanto interés en sentarse con ella, al fin y al cabo siempre las pociones en pareja las hacían sus dos amigos juntos.
- Vosotros dos mejor separados-dijo Severus con malicia- señor Weasley con Crabbe, Potter con Goyle. - Profesor ¿ y yo ?- se oyó la voz de Draco. Severus miró a la clase y vio que la única que no tenía pareja era Hermione así que, con pocas ganas, la puso con Draco que la miraba con una sonrisita y con un extraño brillo en los ojos. Ya todos con parejas empezaron a trabajar y el profesor se fue a sentar a su mesa y no supo porque, pero se alegro al tener ahora a Granger más cerca de él. Dos horas más tarde las pociones estaban hirviendo menos la de Neville que se había evaporado sin más, este chico era un caos. Severus les informo que estaría terminada en un mes, así que de momento las parejas debían quedar igual, tocó la campana y todos empezaron a salir. - Tienes suerte Granger- dijo Draco. - ¿ Por ? - Muchas chicas darían lo que fuera por trabajar conmigo y tenerme tan cerca, y tú lo has conseguido gratis. Por favor yo no pagaría ni un sickle por estar a tu lado, al contrario pagaría lo que fuera porque estuvieras lejos de mi, muy lejos- dijo la chica sonriendo. - Un día de estos te arrepentirás de lo que has dicho sangre sucia- le susurro- me pedirás clemencia y te arrodillaras ante mi. - Por favor Malfoy no sigas con tus chistes o me tendré que ir a la enfermería de tanto reír- dijo la chica que se giró y se fue. Draco la miró como se iba y frunció el ceño, hizo una señal a sus dos gorilas y se marcho. Severus sonrió ligeramente al ver esa escena y pensó que le encantaba el carácter de la joven y lo bien que se había desecho de Malfoy, término de recoger sus cosas y se fue ha cenar.
El profesor de pociones tomó su lugar de cada año en el Gran Comedor al lado del director y esperó a que los alumnos entraran, tomaran sitio, se celebrara la selección, cenaran y por fin se podría ir a su despacho a hacer mejores cosas que perder el tiempo allí. El primer paso se cumplió y los alumnos mayores de primer año fueron entrando y sentándose entre saludos, charlas y risas. No presto atención, solo miró unos segundos SU mesa y a SUS alumnos y tras asegurarse que su alumno más preciado estaba perfectamente volvió su atención a... nada en particular.
- Oye Severus ¿has dado la poción a Remus?- le pidió amablemente el director con una gran sonrisa.
- Si, se la he dado hace unas dos horas. Debe estar en su despacho...descansando- dijo Severus de mal humor.
- O venga Severus deja esa cara de pocos amigos, Remus te ha pedido una y otra vez que le perdones, además hay que disfrutar de la vida y reír más, ¿sabes qué reír alarga la vida?, solo has de mirarme a mi, me paso todo el día riendo y estoy echo un chaval, más fuerte que un roble y tú...
- ¿Qué pasa conmigo?- pregunto el profesor mirando a Dumbledore. - Nada, nada... solo que estas un poquito amargado.
- Yo no estoy amargado... señor Fetrann cinco puntos menos para Ravenclaw por correr por el Comedor- dijo Severus. Un chico de tercero de la casa mencionada lo miró unos segundos y bajo la vista avergonzado seguramente por ser el primero de su casa en perder puntos ¡por favor, no había ni empezado las clases!, aún con la vista en el suelo se fue a sentar en su mesa a paso lento para que no se imaginase Snape, por casualidad, que estaba corriendo.
El profesor miró al director y vio que lo miraba con una ceja levantada. - ¿Qué? - Nada- dijo Dumbledore [ -¿Y dice qué no esta amargado?- pensó] Aparte del mal humor otorgado solo al profesor más odiado de todos, Severus Snape, algo más le molestaba, irritaba, enfurecía, despreciaba... era que ese año había vuelto como profesor de defensa nada más ni nada menos que el indeseable (para él), Remus Lupin. No sabia como aguantaría estar otro curso entero a su lado y según lo que parecía para muchos, muchísimos cursos... ¿Qué le debía pasar a Dumbledore que no lo ponía a él de profesor si sabía de sobra que era el mejor? Apartó esos pensamientos sobre el director al recordar lo mucho que lo había ayudado siempre y lo hacía siempre que podía, así que lo mínimo que le podía dar era respecto, y se lo daría. En ese momento los de primer año entraron en el Gran Comedor con las bocas abiertas al ver el maravilloso castillo y se pusieron delante del taburete donde el Sombrero Seleccionador canto una nueva canción y esperó a ser colocado en la cabeza de cada uno de ellos. La profesora McGonagall empezó a llamarlos por sus nombres y uno por uno fue colocado en su casa entre aplausos y silbidos. Por fin termino la ceremonia y el director se levantó para hablar, todos callaron y escucharon.
- Bienvenidos a un nuevo año académico, este año será muy importante para muchos de los magos que acabaran Hogwarts ya que serán recordados como grandes héroes por ayudar a derrotar al mago más tenebroso de los tiempos, pero los que debemos llevar en nuestros corazones son aquellos valientes que dieron su vida por intentar salvarnos a todos y perdieron en el intento. Por ellos pido un minuto de silencio. Los alumnos al igual que los profesores permanecieron un minuto en silencio recordando a los difuntos. - Después de este homenaje solo os diré que...A COMER. Las mesas se llenaron de comida y con ello volvieron las charlas y las risas.
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Harry con sus dos mejores amigos, uno a cada lado, estaba más feliz que nunca comiendo la fabulosa comida que habían echo los elfos del castillo. - ¿No os da pena pensar qué este es nuestro último año en Hogwarts?- dijo Hermione - La verdad es que si- dijo Ron que la miraba medio embobado - Hemos vivido momentos muy buenos aquí, además Hogwarts ha sido más mi casa que todo los años que he estado con los Dursleys- dijo Harry apenado- lo echare muchísimo de menos, a todos. - ¿Incluso a Snape?- dijo Ron. - Incluso a él- dijo Harry con una sonrisita. Después de la cena los dos chicos esperaron a que Hermione fuera a pedirle la contraseña a McGonagall como prefecta que era.
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Severus estaba hablando con McGonagall sobre si ese año se llevaría la copa de la casa las serpientes o los leones cuando una chica se les acercó. No la miró pero oyó su dulce voz de mujer. - Disculpe profesora McGonagall ¿me podría decir la contraseña de la torre de Gryffindor?
- Si por supuesto la contraseña es Leyendas de leones... un momento ¿señorita Granger? - Si, ¿qué ocurre?- pregunto la chica extrañada por la pregunta de la profesora - No te había conocido Hermione estas hecha toda una mujer, estas muy bonita. - Gracias profesora-dijo algo avergonzada la chica. Algo interesado por lo que había dicho su compañera, Severus levantó la vista para encontrarse a la chica pero en vez de ver a la niña sabelotodo, la del pelo de fregona, la dientes conejo, la pequeña Granger vio ante si la mujer más bella que había visto nunca. Tenía el pelo ondulado pero totalmente cuidado que le llegaba hasta la cintura, una hermosísima sonrisa con los labios más perfectos que había visto igual que los dientes, había crecido y ahora a través de la capa abierta se le notaba debajo de la ropa un cuerpo con todas sus curvas bien colocadas y los ojos... ¿por qué antes no se había fijado en esos hermosos ojos? Toda ella era hermosura y un escalofrío poco conocido por el profesor de pociones le traspaso todo el cuerpo y el corazón le dio un vuelco al verla que lo miraba. - Buenas noches profesor Snape- dijo con esa dulce voz que parecía la mejor de las melodías. - Buenas noches- fue lo único que pudo decir. La chica se marchó junto a sus dos amigos y se agarro de un brazo de cada uno y estos enrojecieron de inmediato y se fueron para guiar a los de primero. Severus la observó hasta que se fue y fue Flitwich quien lo sacó de su mundo. - Minerva ¿quién era esa mujer tan hermosa? - Esa mujer como tu dices es una alumna tuya, es Hermione Granger. - ¿Esa era Granger?- dijo el pequeño profesor sorprendido. - La juventud cambia mi querido compañero- dijo el director- los jóvenes dejan de ser niños y pasan a ser adultos y por supuesto eso lleva algunos cambios como el de Hermione, aunque hay que admitir que el de la chica le ha sentado estupendamente. Después de aquello por fin llegó la hora de poderse ir, así que, Severus, se dirigió directamente a su dormitorio donde se sentó delante del fuego para disfrutar de una copa de brandy y pensar en sus cosas. Mientras estaba sentado, su vista se paseo por toda la habitación y se fijo en un pergamino que estaba encima de una mesa, se acerco y vio que era su horario de clases, inmediatamente sus ojos buscaron " séptimo Gryffindor " y vio que su primera clase con ellos sería mañana a la tarde, la última que tendría. Ya al día siguiente se centro en sus clases y las procuro hacer lo menos soportable para sus alumnos, le encantaba hacerlas así. Llegó la tarde y con ella la última clase que tendría. Abrió el aula y dejó pasar a sus alumnos que fueron tomando sitio. Y por fin la vio, allí entre sus dos amigos, estaba Hermione más bonita que nunca. Se sentó en una mesa algo alejada a él y sonreía de algo que le había contado su amigo pelirrojo mientras posaba una mano en el hombro de Harry que la miraba algo sonrojado. Respiro hondo y volvió su atención a los demás alumnos pero al hacerlo se fijo en el joven Malfoy y su expresión no le gusto nada ya que miraba a Hermione como si fuera su nueva fantasía sexual y, por supuesto, eso no podía ser. Esté es su último año en Hogwarts por lo tanto mi deber es enseñaros pociones mortales, prohibidas y MUY complicadas- miró a Neville y esté se encogió en su asiento- hoy trabajaremos en parejas de dos y preparareis la poción multijugos, juntaros y empezat. Los alumnos se colocaron con sus parejas pero al final del aula se oyó un poco de jaleo, Severus se acercó y vio que eran Harry y Ron que discutían sobre quien se sentaría con Hermione. La chica, por su parte, los miraba sin entender porque tenían tanto interés en sentarse con ella, al fin y al cabo siempre las pociones en pareja las hacían sus dos amigos juntos.
- Vosotros dos mejor separados-dijo Severus con malicia- señor Weasley con Crabbe, Potter con Goyle. - Profesor ¿ y yo ?- se oyó la voz de Draco. Severus miró a la clase y vio que la única que no tenía pareja era Hermione así que, con pocas ganas, la puso con Draco que la miraba con una sonrisita y con un extraño brillo en los ojos. Ya todos con parejas empezaron a trabajar y el profesor se fue a sentar a su mesa y no supo porque, pero se alegro al tener ahora a Granger más cerca de él. Dos horas más tarde las pociones estaban hirviendo menos la de Neville que se había evaporado sin más, este chico era un caos. Severus les informo que estaría terminada en un mes, así que de momento las parejas debían quedar igual, tocó la campana y todos empezaron a salir. - Tienes suerte Granger- dijo Draco. - ¿ Por ? - Muchas chicas darían lo que fuera por trabajar conmigo y tenerme tan cerca, y tú lo has conseguido gratis. Por favor yo no pagaría ni un sickle por estar a tu lado, al contrario pagaría lo que fuera porque estuvieras lejos de mi, muy lejos- dijo la chica sonriendo. - Un día de estos te arrepentirás de lo que has dicho sangre sucia- le susurro- me pedirás clemencia y te arrodillaras ante mi. - Por favor Malfoy no sigas con tus chistes o me tendré que ir a la enfermería de tanto reír- dijo la chica que se giró y se fue. Draco la miró como se iba y frunció el ceño, hizo una señal a sus dos gorilas y se marcho. Severus sonrió ligeramente al ver esa escena y pensó que le encantaba el carácter de la joven y lo bien que se había desecho de Malfoy, término de recoger sus cosas y se fue ha cenar.
