CAPITULO 2: LAS CLASES DE DEFENSA Y EL PERRO DEL PROFESOR.

Los chicos esperaban ansiosos su primera clase de Defensa ya que aún no habían podido ver a Remus ya que, por culpa de la luna llena, el profesor había estado descansando en su habitación y no había ido ni siquiera al Comedor.

La espera no se les hizo muy larga ya que su clase era la primera que tenían esa mañana, así que llegaron los primeros al aula y cogieron los asientos de delante de la mesa del profesor. Al poco rato llegó Remus con algunos libros, al mirarlos les dedicó una enorme sonrisa.

Hola chicos- dijo dejando los libros y abriendo los brazos para recibir un fuerte abrazo de los dos chicos.- como has crecido Ron.

El pelirrojo le sonrió y le dio un abrazo. Al separarse Remus miró al lado de Harry y vio a...

- ¿ Hermione ?- pregunto al ver a la chica. - Hola Remus ¿ cómo estas ?- dijo Hermione con una gran sonrisa que provocó que el profesor se sonrojase pero nada comparado cuando ella le dio dos besos en modo de saludo. - Vaya, chiquilla si estas IM-PRE-SI-O-NAN-TE - dijo Remus mirándola bien- estas echa toda una mujer y ¡vaya mujer! Gracias Remus- dijo Hermione sonrojada.

En ese momento los alumnos fueron entrando y quedaron en hablar más tarde, a la hora de patio. Se sentaron y Remus empezó con la clase de Defensa y la explicación sobre los ataques de los Nomstreis, que eran unos animales muy mágicos que, a simple vista, parecían humanos pero cuando eran atacados se transformaban en criaturas horribles con grandiosos poderes. La clase fue estupendamente, como siempre y a la hora sonó el timbre que anunciaba el final de las clases. Los alumnos se dirigieron a su próxima clase que era Transformaciones.

La profesora McGonagall les estuvo explicando un poco sobre el tema de los animagos y sobre que todos ellos debían estar registrados según la ley, al decir eso le echo una miradita a Harry que hizo como una sonrisita inocente. Al terminar la clase fueron a merendar y salieron al jardín donde se sentaron en un banco a esperar a Remus que no tardo mucho en llegar con su gran sonrisa que hacía suspirar a muchas de sus alumnas y compañeras de trabajo. Se sentó al lado de Hermione y empezaron a hablar.

- ¿ Cómo han ido las clases ? De momento bien, aunque no hemos hecho muchas cosas- dijo Hermione- tengo ganas de empezar a estudiar y hacer las prácticas para los EXTASIS.

Harry y Ron pusieron los ojos en blanco y no la escucharon durante los cinco minutos que estuvo hablando con Remus sobre animales mágicos, los dos estaban encantados en su charla hasta que Harry se atrevió a interrumpir.

- Perdón por la interrupción, se que es una charla muy interesante pero yo quería hablar contigo Remus - Tu dirás. - Es que no he recibido ninguna carta de mi padrino y estoy preocupado por él. Normal, pero no te preocupes seguro que esta bien- y Remus se levantó del banco- venid conmigo.

Los chicos algo extrañados lo siguieron hasta el castillo y fueron hasta el despacho del hombre que abrió la puerta y los hizo pasar. Harry iba ha preguntar que qué hacían allí pero se calló al ver un enorme perro negro que se abalanzaba sobre él y lo tiraba al suelo mientras le lamía la cara muy contento.

- Canuto ¿ qué haces aquí ?- pregunto Harry.

- He venido para estar al lado de mi ahijado preferido- dijo Sirius que se convirtió en persona y se levantó del suelo. - Soy tu único ahijado- le recordó Harry mientras cogía la mano que le tendía su padrino y se levantaba. - Lo se niño, aún no tengo la cabeza tan mal De momento- dijo Remus sonriendo.

Sirius hizo una mueca sarcástica y miro a los dos amigos de Harry y les sonrió.

- Hola Ron, hola...- y miro a Hermione de arriba a abajo y los ojos se le abrieron como platos, dio un silbido y la miro mejor- señorita creó que no tengo el gusto de conocer su maravilloso nombre- y le dio un beso en la mano. - Hola Sirius- dijo Hermione sonriendo. Hola preciosa- dijo Sirius con tono seductor.

La chica se acercó y le dio dos besos en la mejilla de modo de saludo haciendo que ha ciertos chicos le entrara bastante envidia. Después entraron por otra puerta y encontraron una sala de estar con dos sofás, un sillón, una chimenea, algunas estanterías y una mesa que encima había una pecera con unos pececitos muy raros de color verde oscuro. Hermione se sentó en un sofá y a cada lado se sentaron los adultos dejando a Harry y a Ron el otro sofá.

¿ Queréis un té ?- pregunto Remus.

Aceptaron y el mago con un movimiento de varita hizo aparecer una tetera humeante y cinco tazas.

- Yo te sirvo Hermione- dijo educadamente Sirius haciendo que Remus y Harry lo miraran como si hubiera dicho la cosa más rara del mundo. Le sirvió el té a la chica y le tendió la taza. - Gracias- dijo Hermione sonriendo y cogiendo la taza. - Bueno ¿ y qué te trae por aquí padrino, aparte de venirme a ver?- pregunto Harry - He venido para quedarme- dijo el hombre que bebía de su taza- en casa yo solo me aburro así que me quedaré en el castillo y seré el hermosísimo, simpático, cariñoso y juguetón perro del profesor de defensa. - ¿ Por qué como perro?- quiso saber Ron - Bueno porque aún hay gente que me tiene miedo a un sabiendo que soy inocente, y porque en forma canina ligo más- y sonrió otra vez seductoramente a Hermione. Tres personas lo miraron con cara de pocos amigos mientras Hermione le sonreía a Sirius y éste se sonrojaba.

Hablaron un rato más hasta que tocó la campana para anunciar el comienzo de las clases, los tres se despidieron de los dos hombres y se fueron para Cuidados de Animales Mágicos. Al llegar comprobaron con pocas ganas que volvían a compartir clase con los Slytherin, al poco llegó Hagrid y empezó la clase.

Una hora más tarde se dirigían para comer y Ron comentó el porque de tanta miradita de parte de Malfoy hacía Hermione.

- El idiota ese se ha pasado toda la hora mirándote- le dijo Ron a su amiga. - Pues bueno- dijo la joven - Pero Hermione ESÉ tipejo no tiene derecho a mirarte con sus odiosos ojos de serpiente. - ¿ Por qué no?- dijo la chica entrando en el Gran Comedor. - Porque, porque... porque no y punto-dijo el pelirrojo - Ron estas celoso- dijo la chica pasando por la mesa de Huffelpuf y de Ravenclaw haciendo que los chicos se giraran para mirarla. - NO estoy celoso ¿ por qué tendría que estarlo ? - Tu sabrás. Los tres se sentaron y estuvieron un rato más discutiendo pero Harry no les prestaba atención ya que miraba un par de asientos más a su derecha donde estaba sentada Ginny hablando con sus amigas, ese año estaba muy guapa, según pensaba Harry, aunque hacía ya algunos años que el chico la miraba con otros ojos pero nunca se había atrevido a decirle nada sobre lo que sentía. En ese momento la pelirroja se giró un poco y sus miradas se encontraron, los dos se sonrojaron pero se sonrieron.

Oye Harry deja de mirar así a mi hermana o la vas a gastar.

Harry se giro y vio como sus dos amigos lo miraba sonriendo, él bajo la vista y se sirvió un poco de pescado con patatas.

- No se de que hablas Ron - Si claro, y yo me chupo el dedo- dijo sarcásticamente su amigo- pero si se te nota un montón que te gusta mi hermana. - Yo... Harry tendrías que decirle algo- dijo Hermione- la chica hace años que espera que te fijes en ella y ahora que lo haces va y no se lo dices, sabes una cosa, Ginny esta muy guapa así que, si no te espabilas, se te adelantara otro y entonces perderás a la chica que quieres por culpa de la timidez.

Harry no dijo nada pero pensó en las palabras de su amiga y, tenía razón, tenía que hablar con Ginny.

Por esas palabras un pelirrojo empezó también a pensar que él también tendría que confesar su amor a su mejor amiga que le había robado el corazón desde el primer día que la vio. Cada uno con sus pensamientos comió un poco de todo y se fueron hacía sus respectivas clases. Hermione hacía aritmancia y Harry y Ron hacía adivinación.

Las semanas pasaban volando y no se dieron cuenta y ya hacía casi dos meses que estaban en Hogwarts. Las clases iban bastante bien aunque eran difíciles, pero muchas tardes los tres amigos iban al despacho de Remus, donde él y Sirius les explicaban algunas cosas. Así iban pasando los días y para Harry eran los mejores ya que podía pasar mucho tiempo al lado de su padrino y le gustaba su compañía y las anécdotas de su juventud. De momento todo era perfecto.