CAPÍTULO 8: CITA CON ¿UN AMIGO?

Hacía una semana que Hermione había salido de la enfermería y había charlado al lado de Severus con Dumbledore de su decisión de tener al crío pasase lo que pasase. El director les dijo que tenían todo su apoyo, confianza y comprensión, los dos quedaron encantados.

Ahora Hermione se encontraba en clase de Transformaciones donde McGonagall estaba explicando como poder conseguir que un animago se transformase en humano. Los tres amigos se miraron entre ellos al recordar como ese hechizo fue utilizado en manos de Remus y Sirius ante Peter para descubrir que el padrino de Harry era inocente al ver al rata de Peter vivo y sano. Estaban tomando apuntes cuando a Hermione le subió un súbito mareo, se puso una mano en la boca y salió corriendo del aula tras la mirada de sus compañeros.

No os mováis del aula- dijo la jefa de los leones- iré a ver lo que le ocurre a vuestra compañera.

Y salió del aula hacía el baño más cercano, entró y tras la primera puerta oyó a una persona vomitando.

Hermione ¿te encuentras bien? Si profesora- se oyó la voz apagada de la chica que estiró de la cadena y salió, se enjuago la boca y miro a la jefa de su casa- los mareos han empezado profesora McGonagall, estoy fatal. ¿Por qué el profesor Snape no le ha dado una poción contra las nauseas? Es que... no se la he pedido- confesó Hermione- me dijo que le avisase cuando todo empezara para que pudiese prepararme la poción pero... lo veo tan ocupado con las clases, los alumnos y luego conmigo, no quiero llevarle más trabajo. Pequeña no temas en decírselo, él estará encantado en preparártela, además tu eres lo primero en estos momentos, las clases pueden esperar un poco, venga ves a verlo ahora, aún no tiene clases. Pero ¿y la suya?, no puedo ir perdiendo clases profesora- dijo la parte responsable de Hermione. Eres la primera en mi asignatura, si te vas media hora antes que los demás no pasa nada, anda ves, ya haré que Harry te lleve tus cosas. Gracias profesora- dijo Hermione sonriéndole.

Fue hasta las mazmorras que permanecían desiertas y llamó a la puerta del despacho del profesor de pociones.

Adelante.

Hermione abrió la puerta y entró en la habitación mirando a su amado que trabajaba en una poción que hervía en un pequeño fuego.

- Hermione, ¿qué haces aquí?, ¿no te encuentras bien?- preguntó Severus acercándose a la joven. - Si, bueno, ¿estas muy ocupado? - Un poco. - Entonces vendré luego, no es nada importante. Hermione siéntate y cuéntame que te ocurre, el trabajo puede esperar.

Hermione tomó asiento y en la silla de al lado se sentó Severus mirándola.

Es que hoy, en clase de Transformaciones, me ha venido el primer mareo y McGonagall me ha mandado aquí para que te pidiese la poción para las nauseas, yo le he dicho que no hacía falta, que ya te bastaba con tu trabajo y tus preocupaciones pero ha insistido, pero de verdad no importa que me la prepares, ya lo haré yo cuando tenga un poco de tiempo.

Severus la miro y se levantó del asiento, se acercó a la poción que estaba preparando y llenó una copa que había encima de su mesa.

Tómatela.

Hermione lo miro y sin decir nada se la tomó de un trago. De repente la sensación de vértigo y el mal sabor de boca desaparecieron.

- ¿Qué era? - La poción que no querías pedirme- dijo Severus- ¿cómo puedes pensar qué estoy demasiado ocupado para ti?, Hermione siempre te he dicho que tú eres lo primero y lo principal para mí, no te de vergüenza pedirme las cosas, no estoy tan ocupado como parece, incluso a veces me aburro- y le dedicó una sonrisita. - Si por supuesto- dijo Hermione viendo el enorme fajo de trabajos que tenía que corregir- bueno me voy para clase. - Quédate un rato conmigo- dijo Severus que, cogiendola de una mano, la levantó y la abrazó- no hay prisa, hazme un poco de compañía. Deacuerdo- susurró Hermione aferrándose al cuerpo del adulto.

Permanecieron unos minutos abrazados y Severus le daba pequeños besos en el pelo. Hermione se sentía muy a gusto así pero el timbre de cambio de clase sonó haciendo que se separasen.

- ¿Vendrás esta noche a dormir conmigo?- preguntó Severus. - Haré todo lo posible, hasta luego- y poniéndose de puntillas besó al profesor.

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- ¿Dónde estabas?, ¿qué te ha pasado?- preguntó Ron inmediatamente a Hermione que acababa de juntarse con ellos en la entrada. Me habrá sentado algo mal... gracias Harry- dijo Hermione cogiendo su mochila que le tendía Harry.

Se dirigieron a la cabaña de Hagrid ya que tenían Cuidados. El semigigante los recibió con una gran sonrisa.

- Hola chicos, hoy tengo algo especial para la clase. - ¿El qué?- preguntaron los tres a la vez. - Un unicornio recién nacido. - ¿En serio?, ¿cómo lo has podido coger?- preguntó Hermione- se supone que los padres no se separan de ellos y es imposible acercarse. - Es que lo abandonaron por no ser un unicornio totalmente natural- Hagrid se cayó ya que el resto de clase llegó en ese momento- Buenos días clase, hoy os mandaré una tarea que nos durara todo el curso, esta mañana he encontrado un pequeño unicornio recién nacido abandonado por su manada, desde hoy debemos cuidar de él y prepararle un establo para el frío del invierno, ¿me ayudaréis a cuidarlo? - SIIIII- gritaron los de Gryffindor, los de Slytherin se limitaron a hacer gestos de resignación. Ahora os llevaré hasta él, os pediría que no metáis mucha bulla ya que podría asustarse, seguidme.

Los alumnos siguieron al semigigante que los guió por el sendero de la entrada al bosque prohibido hasta llegar a un lugar tranquilo con mucha hierba, en el suelo, sobre un montón de paja, vieron a un pequeño unicornio pero de color negro con unas diminutas alas y la punta del cuerno en su frente.

- ¡¡Oooohhhh!!- exclamaron las chicas al ver como el pequeño animal las miraba con sus grandes ojos grises. En pequeños grupos podéis acercaros y acariciarlo pero id poquitas personas o se asustara.

Por primera vez los serpientes lo escucharon y de tres en tres iban a acariciar al pequeño que era más bien dócil.

- Hagrid ¿cómo que es negro y dócil?- preguntó Ron. Esa es la razón por la que lo han abandonado, su madre se apareo con un caballo normal por lo tanto el pequeño no es un auténtico unicornio, solo la mitad- explicó Hagrid- al no ser puro y de color negro la manada lo ha abandonado y su madre seguramente lo habrá tenido que abandonar por la influencia de los demás, si no es un unicornio de sangre pura no es aceptado entre ellos, lo de ser dócil es por la parte de caballo, ¿ahora me ayudaréis a cuidarlo y construir un establo?

Todos de acuerdo se pusieron manos a la obra. Los chicos traían los listones de madera y empezaban el establo mientras las chicas recogían paja y hierba para en potrillo y Hagrid se fue a buscar un enorme biberón para el pequeño.

- ¿Se lo quieres dar tu Hermione?- le preguntó Hagrid. Si.

Hermione se acercó al potrillo y se detuvo delante con el biberón. El animalito se fue levantando con dificultad y con las patas temblando se acercó a la joven y pronto empezó a beber. Hermione lo miraba con una sonrisita y no pudo evitar pensar en su pequeño que crecía dentro suya. Vale que no tenía nada que ver con un caballo pero, esa sensación de que el potrillo no podía alimentarse por si solo, sino que la necesitaba a ella, le hizo pensar en lo inofensivo que sería el bebé, en sus llantos avisándole que quería estar entre sus brazos, alimentarse gracias a ella... la sonrisa se hizo más amplia y su mirada se lleno de ternura, solo como pasa a las futuras madres.

Ya la hora de comer fueron al Gran Comedor y todos charlaban animadamente del potrillo. Ginny se sentó con ellos y tras darle un beso en los labios a Harry empezó a hablar de la próxima salida de Hogsmead que sería dentro de una semana.

Hermione terminó de comer la primera y se fue hacía la biblioteca para estudiar un poco. La estancia estaba vacía ya que todos se encontraban en el Comedor. El silencio era lo que más le gustaba a Hermione que se concentró en un libro de Runas Mágicas. Estaba en eso cuando algo húmedo le rozó la mano. Asustada miro debajo la mesa y sonrió al ver a Hocicos.

Hola Sirius, puedes transformarte, no hay nadie.

El perro salió de debajo la mesa y se convirtió en un hombre.

- Hola hermosa ¿qué haces aquí tan sola?- y se sentó a su lado. Estudiando como siempre.

Sirius miro el libro que tenía la chica en las manos y levantó una ceja al ver la grosura.

- Por lo menos debe tener dos mil páginas. - Tres mil para ser más exactos- dijo Hermione. - Uff que ganas de leer, bueno ¿qué te cuentas? - Nada especial, ¿y tú?- preguntó Hemrione. Bueno ya sabes, me paso el día paseando por el castillo, acudo a alguna clase de Remus y me aburro muchísimo, lo normal en un perro.

Los dos se pusieron a reír y Sirius le preguntó si iría a Hogsmeade, Hermione dijo que si y el mayor le preguntó si le gustaría ir con él.

- Claro iré con Ron, Harry y Ginny, nos podemos ver en algún sitio. - No, yo decía ir tú y yo solos- aclaró Sirius. - ¿Tú y yo?, ¿para qué? - No sé, tengo ganas de estar algún día a solas contigo y charlar de todo un poco y esas cosas, hace tiempo que no lo hacemos, pero si no te apetece no pasa nada. - No, no, si que me apetece, por supuesto que iré contigo Sirius. Estupendo pues ya hablaremos de donde nos vemos ¿vale?, pues hasta luego- y guiñándole un ojo se convirtió en perro y se fue.

Hermione se quedó un poco extrañada por la propuesta de Sirius, normalmente no le importaba ir con su ahijado y con los demás, ¿acaso le quería decir algo importante?, dejo todo eso y volvió al libro.

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Después de la cena Hermione se dirigió a la habitación de Severus y tras llamar el adulto la dejó pasar.

- Hola Sev. - Hola cariño- y atrayéndola hacía él la besó con cariño- mmm, tus labios saben a fresa. - Hoy había tarta de fresas- dijo Hermione que se sentó en el sofá y sacó unos pergaminos- ¿te importa si hago algunos trabajos? No tranquila yo tengo que corregir.

Estuvieron una hora y media en silencio, cada uno metido en sus cosas, hasta que Severus se sentó en el sofá al lado de Hermione y miro lo que hacía.

- ¿Te falta mucho? - No, solo un par de runas y ya habré acabado por hoy. Deacuerdo- dijo Severus que se acercó lo suficiente para poder besarle el cuello.

Mientras Hermione intentaba concentrarse en los ejercicios que le quedaban, Severus iba apartándole la túnica para poder besar la piel de la chica. Poco a poco se dejó llevar por los labios del hombre y acabó girándose pidiendo la boca del profesor que no la hizo esperar. Se besaron lentamente al principio pero sus respiraciones se iban acelerando a cada caricia, Severus inclinó a Hermione en el sofá y se colocó sobre ella, sus manos recorrían el cuerpo de su joven amante que se estremecía a cada caricia. Acabaron haciendo el amor con cariño ya que era la primera vez desde la noticia de que iban a ser padres.

Después de casi una hora se abrazaban con los cuerpos desnudos y sudorosos, Hermione le daba suaves besos en la comisura del labio. Severus sonreía encantado y bajó su rostro hasta la tripa de Hermione, la besó y la acarició con cariño.

Pequeño tengo ganas de tenerte entre mis brazos- susurró el profesor refiriéndose al diminuto ser.

Hermione rió ante aquello y lo besó, al final se fueron a la cama y tapados se quedaron dormidos.

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La salida al pueblo de Hogsmeade llegó para alegría de los estudiantes. Todos se apiñaban en la salida del colegio siendo vigilados por Filch que los miraba con malos ojos. Al final ningún alumno mayor de tercero se quedó en el castillo.

- Pienso comprarme montones de caramelos- comentó Ron atándose la bufanda en el cuello ya que el frío empezaba a ser muy fuerte- y algún artículo de broma y... Tranquilo Ron, ya habrá tiempo para todo- dijo Harry que le cogía la mano a Ginny.

En la entrada del pueblo Hermione se despidió de los tres.

- ¿Adonde vas?- quiso saber el pelirrojo. - Es que... he quedado con alguien. Uuuu, Herm ha quedado con el novio misterioso- dijo Ginny sonriendo- adelante, no lo hagas esperar con este frío.

La chica sonrió y se fue hacía el punto donde había quedado con Sirius, en la Casa de los Gritos. Ante ésta se veía un perro negro que al verla empezó a mover la cola alegremente. Hermione se acercó y el "perro", cogiéndola de la capa empezó a tirar de ella llevándola hasta detrás de la casa, lejos de la mirada de todos. El perro se alejo un poco y se convirtió en un hombre.

- Hola Hermione me alegro de verte. - Y yo a ti- la chica se acercó y le dio un cálido beso en la mejilla- ¿qué hacemos ahora? Sígueme- dijo Sirius.

La chica lo miro extrañada pero lo siguió hasta una pared de piedra que era el principio de la montaña de detrás del pueblo, el hombre susurró unas palabras y de repente traspasó la pared. Hermione se quedó con la boca abierta pero una mano la estiró hasta dentro. Ella también paso por la pared "mágicamente" y vio el enorme pasillo de piedra iluminado por la varita del adulto.

- Bonito ¿verdad? - ¿Dónde estamos?- quiso saber la Gryffindor al ver que Sirius empezaba a caminar. En otra entrada secreta para llegar al interior de la casa- aclaró.

Hermione también encendió su varita y admirando el pasadizo llegaron enseguida a la sala polvorienta y llena de muebles viejos donde muchos años atrás se habían encontrado con Peter y habían descubierto toda la verdad sobre la traición de los Potter.

- No sabía que existieran más entradas- dijo Hermione sentándose en una vieja silla. - Solo hay dos- informó el adulto- la del sauce y ésta. - Vale y bueno, ¿qué querías hablar conmigo que era tan secreto? Nada importante.

Pero la chica vio como el adulto no paraba quieto y parecía nervioso, no dejaba de juguetear con la varita entre sus dedos.

- Sirius ¿qué ocurre? Te veo raro. Yo... Herm ¿te has enamorado alguna vez de quién no debías?

La Gryffindor quedó de piedra ante aquello, no se lo esperaba. Tal vez sabía algo de lo suyo con Severus ¿pero cómo?

- ¿Po-por qué preguntas eso? - Solo quiero saberlo. - Si, no se como te habrás enterado pero solo te pediría que no se lo contaras a Harry, no quiero que lo sepa nadie, aún no. Se que lo que estoy haciendo no es del todo correcto pero no puedo remediarlo, no te enfadaras ¿verdad Sirius? - No se de que me estas hablando- dijo sinceramente el hombre. - De lo... estooo, olvídalo. - pero la pregunta a que iba, ¿tu te has enamorado de alguien que no debías? - Si- dijo Sirius que se acercó un poco y la miro fijamente- de ti - soltó de golpe. - ¿Có-cómo dices? - Hermione- cogió otra silla y se sentó a su lado cogiendo sus manos entre las suyas- se que es una locura, nuestra diferencia de edad es mucha, se que soy un fugitivo, el padrino de tu mejor amigo, un completo loco pero no he podido remediar lo ocurrido, te quiero, me he enamorado de ti y no aguantaba más tiempo sin decírtelo y saber que mañana mismo pueden encontrarme y matarme con un maleficio o con el Beso del dementor. - Sirius... - No hables porque se tu respuesta- dijo Sirius con una tristeza palpable- no sientes lo mismo, lo sé, solo soy para ti el adulto divertido que se comporta como un crío cuando no debe escapar de sus perseguidores, el padrino de Harry, el... - Sirius yo no te veo así- dijo la chica haciendo que el adulto la mirase con algo de alegría- te veo como uno de los magos más valientes que conozco, honrado, bueno, divertido, cariñoso, que se preocupa por los demás, que daría la vida por los suyos, eres la mejor persona que he podido encontrarme, te quiero mucho y estaría contigo pero... no puedo. - ¿Por qué?, ¿hay...otro? Si- dijo Hermione levantándose de la silla- hay otro hombre que ocupa mi corazón, el hombre que será el padre de mi hijo... Sirius, estoy embarazada de Snape.

Esta vez fue el adulto que no escondió su sorpresa, si sus oídos no lo engañaban la chica de enfrente suya, la delicada Hermione le estaba diciendo que amaba a otro y que éste la había poseído tanto que la había dejado en estado. Su eternamente enemigo Severus Snape había ganado ante él y había conseguido a lo único que conseguía que cada día no fuera un infierno, a su amada.

Sin decir nada se levantó de la silla y salió por el pasillo de antes. Hermione lo miro y lo siguió.

- Sirius no te enfades por favor, no aguantaría tenerte en mi contra, eres muy importante para mí. - Pues no lo parece- dijo Sirius que salió al exterior por la pared mágica. - Sirius maldita sea, escúchame- dijo la chica que lo cogió por el brazo- no quería hacerte sufrir, no quiero que te amargues por mí, por favor no te enfades por esto, yo te querré siempre, no del modo que tu ahora quisieras pero te querré como mi mejor amigo, en eso ni siquiera Severus te puede superar, eres muy importante en mi vida. - ¿En serio? - Por supuesto, ¿acaso lo dudas?- y le sonrió. - Esta bien no debí reaccionar así- dijo Sirius más tranquilo- me hice una falsa idea, tu no eres culpable de no quererme, perdóname tu a mí. - No es nada. - ¿Así que el ogro de Snape ha conseguido descongelar su corazón y volver a querer a alguien? - Si. - ¿Desde cuando estas con él? - Un poco menos que de principio de curso. - ¿Y... él quiere tener el bebé contigo? Porque si no quiere iré allí y le patearé el culo hasta que cambie de idea. - Tranquilo, no importara hacerlo, lo quiere tener. - Pues solo me falta decir que... enhorabuena- y la abrazó. - Gracias Sirius-y lo apretó con fuerza entre sus brazos. - Supongo que Harry y los demás no lo saben. - No, solo Dumbledore, McGonagall y la enfermera, así que, por favor no se lo digas a nadie. - Tranquila puedes confiar en mí. Gracias de nuevo, eres mi mejor amigo.

Los dos sonrieron y pasaron una bonita mañana paseando por la montaña aunque Hermione había notado en más de una ocasión como Sirius la miraba con algo de pena, debía haber sido un golpe duro para él y se esforzaba para que no se le notase. Hermione sonreía de sus chistes y pensó que nunca se arrepentiría de haberle contado su secreto al adulto y que gracias a dios él siempre estaría a su lado para ayudarla y apoyarla en todo lo que pudiera. Era su Sirius. Su mejor amigo.