CAPÍTULO 10: LOS PRIMEROS ANTOJOS.
El primer mes da embarazo pasó volando y Hermione sentía al pequeño crecer en su interior, por suerte la barriga aún no le crecía y podía disimular perfectamente el embarazo. No le había dicho nada a nadie y más de una vez tuvo que disculparse con Harry y Ron por no acompañarlos a sus aventurillas. Tenía que cuidarse mucho y no se tenía que estresar demasiado, según le decía la enfermera que le hacía una revisión cada dos semanas, por eso renunció al puesto de prefecta, un hecho que pillo de sorpresa a todos los Gryffindor que sabían perfectamente que eso era algo que siempre había querido la chica. McGonagall aceptó la baja aunque le aseguró que no encontraría a nadie tan buena como ella y de tan gran responsabilidad, pero Hermione recomendó a Ginny porque sabía que a la menor de los Weasley le entusiasmaba ese puesto.
Una noche a la semana iba a dormir con Severus. En toda la semana ansiaba que llegará el viernes para estar a solas con su hombre. No podían estar juntos tanto como deseaban porque la gente sospecharía si notarán tan a menudo la ausencia de la chica además que los EXTASIS se acercaban.
Pero pronto la Navidad llegó y el castillo quedó casi desierto. Ese año había muy pocos alumnos de cada casa, por eso los blancos jardines se llenaban de batallas de nieve entre casas diferentes.
Como en Gryffindor solo quedaba Hermione, Harry, Ron, Ginny y dos alumnos de primero aprovechaban para jugar a snap explosivo en la sala común y Hermione conseguía escabullirse para los encuentros con Severus.
Los tres amigos creían que se iba a ayudar a la jefa de su casa a hacer unos ensayos para los de primero, se lo creían sin problema ya que sabían perfectamente como a Hermione le gustaba todo eso de enseñar y eso era una buena oportunidad para aprender.
La chica también recibía cartas de Sirius que se preocupaba de su salud y siempre le decía que por cualquier cosa él estaría dispuesto a ayudarla.
La noche de Navidad, Hermione habló con Ginny, la nueva prefecta, y le dijo que no dijera nada de que esa noche no dormiría en la torre.
- De acuerdo Herm, no te preocupes, nadie sabrá que te escabulles a ver a tu novio- dijo con una sonrisita.
Por la noche se dirigió al dormitorio de Severus donde la esperaba, entró y vio la habitación llena de velas aromáticas.
- Severus es precioso. He pensado que sería bonito pasar una velada romántica- le susurró antes de besarla.
El hombre la sorprendió al traer una mesa con la cena y un postre de pastelitos de toda clase. Hermione se relamía al ver los dulces, le encantaban. Cenaron tranquilamente, disfrutando del momento. Hablaban de las pocas horas que pasaban juntos.
- Estoy esperando con ansiedad que sea verano. - ¿Para qué Severus? - Bueno por una parte para que tu termines las clases, otra para empezar con las mudanzas y para ver al pequeño. - Tienes razón- dijo Hermione con una sonrisa- por cierto ¿qué mudanza? La tuya- dijo el hombre- este verano te vienes a vivir a mi casa, es bastante grande, te gustará.
Después de los postres, donde Hermione probó todos los pastelitos, se fueron a dar una vuelta por el lago. Aprovecharon el pasillo secreto que iba de las mazmorras a los jardines, así no tenían que pasar por la Entrada donde debía estar la Señora Norris haciendo guardia. A la media hora regresaron por el aire helado que hacía esa noche y porque volvía a nevar. Se despojaron de las gruesas capas y se echaron uno al lado del otro en el sofá delante del fuego.
- Severus. - Mmm- dijo el profesor que besaba su cuello. - Cuando la tripa empiece a notarse ¿qué haremos? - Bueno, Pomfrey te dará unas pociones que hacen reducir el vientre, sin dañar al niño. - De acuerdo- dijo Hermione que bostezó- vamos a dormir que estoy cansada. - Severus... Severus despierta - Mmm. - Despierta cariño. - ¿Qué?, ¿qué pasa?- preguntó Severus despertándose y incorporándose algo asustado- ¿te ocurre algo? - No, solo es que... me apetece mucho un batido de chocolate. - ¿Ahora?, son- miró el reloj- son las dos y media de la madrugada. - Anda Sevie, es un antojito de nada... por faaaaa. - Esta bien- y levantándose de la cama se puso una capa- ahora vuelvo, voy a las cocinas, a esta hora no hay casi elfos. - Gracias, ah, ahora que vas ¿podrías traerme algo más?- y lo miro con cara de suplica. - Pide. Quiero un sándwich de manteca de cacao, mermelada, jamón, sardinas, queso, un pedazo de tarta de calabaza, fresas y... un helado de naranja.
Severus la miraba con cara de asco.
- ¿Todo eso? Si y no te olvides del batido.
El profesor de pociones salió de a las mazmorras y se dirigió a las cocinas. Los pasillos estaban helados. Llegó a las cocinas donde solo se veía a un elfo limpiando las ollas, el pequeño ser se acercó corriendo a Severus y le hizo una inclinación de cabeza.
- Buenas noches profesor Snape, señor, ¿desea algo señor? ¿Me podrías preparar...- y le dijo todo lo que le había pedido Hermione.
El elfo lo miraba extrañado ante el "peculiar" manjar, pero sin decir nada al respecto se fue a preparar el sándwich, los dulces y el batido. A los diez minutos le trajo una bandeja con los alimentos.
- Aquí tiene profesor Snape señor, espero que... todo sea de su gusto señor- dijo el elfo aún mirando el peculiar sándwich. - Supongo que si, buenas noches. Buenas noches señor.
Severus, con la bandeja rebosante de comida, se dirigió a su despacho donde lo esperaba Hermione sentada en la cama. Una sonrisa apareció en el rostro de la chica al ver todo lo que había pedido.
- Gracias cariño- dijo cuando el hombre le puso la bandeja sobre las rodillas Aquí tienes luego no digas que no te hago caso, bueno voy a dormir un poco ¿vale?, buenas noches- y se tapó con las mantas al lado de la chica.
Hermione cogió el sándwich de un par de pisos rellenos de todo aquello que le gustaba, dio un buen mordisco y sonrió.
- Eta wenizimo- dijo con la boca llena sin ver la cara de asco que ponía el jefe de los serpientes al oír como comía.
A la mañana siguiente la pareja se despertó con el sonido de las campanadas del reloj que anunciaba que eran las nueve de la mañana. Se ducharon y fueron al Gran Comedor. En la Entrada se distanciaron un poco y entraron por separado, cada uno se fue a su mesa.
---- ¨ ----
Hermione se sentó al lado de sus amigos que la miraron y la saludaron.
- Buenos días Herm- dijo Ron algo sonrojado- esta mañana te ves... muy bonita. Gracias, ¿me puedes pasar el baicon, las salchichas, las tostadas, la mermelada y el zumo, ¡ah! Y la manteca.
El pelirrojo se lo paso y vio como se lo comía todo, desde luego hacía como un mes que la chica había empezado a comer bastante más que de costumbre.
Un perro negro se acercó a los cuatro chicos trotando y meneando la cola contento, los chicos sonrieron al ver al perro con un lazo rojo por el cuello.
- Feliz Navidad Hocicos- dijo Harry rascando detrás de las orejas al perro. - Feliz Navidad- dijeron Ron y Ginny. Feliz Navidad- dijo Hermione que le dio un abrazo al perro que se quedó quieto para disfrutar la caricia- ¿quieres algo para comer?
El perro le ladró haciendo entender que si, le dieron unas chuletas que se las comió encantando sin dejar de mirar a Hermione.
---- ¨ ----
- Hoy, cuando he ido a las cocinas ha buscar un te, un elfo me ha dicho que ayer por la noche estuviste pidiendo un menú bastante... peculiar. - Es que...- dijo Severus algo sonrojado sin mirar al director que sonreía de oreja a oreja, al final bajó el tono de voz- a Hermione le entró un antojo y tuve que ir. - ¿A las dos de la madrugada?- preguntó Dumbledore. - Si.
El director se puso a reír sin ver la cara de fastidio de su compañero. Al final terminó la risa y lo miro.
- Quien te haya visto y quien te vea pensará que no eres la misma persona Severus, antes eras de todo menos amable- el profesor de pociones frunció el ceño- y ahora, mírate, eres capaz de levantarte a las tantas de la noche para ir a buscar un simple dulce para Hermione... es muy afortunada de tenerte, en serio, nunca se arrepentirá- y le sonrió amablemente con los ojos llenos de orgullo.
Severus miro a Hermione y la vio sonreír mientras jugaba con "el chucho" de Black, era él el afortunado. Era el que daba gracias cada mañana al saber que la tenía a su lado y que la amaba como a nadie antes lo había hecho.
El primer mes da embarazo pasó volando y Hermione sentía al pequeño crecer en su interior, por suerte la barriga aún no le crecía y podía disimular perfectamente el embarazo. No le había dicho nada a nadie y más de una vez tuvo que disculparse con Harry y Ron por no acompañarlos a sus aventurillas. Tenía que cuidarse mucho y no se tenía que estresar demasiado, según le decía la enfermera que le hacía una revisión cada dos semanas, por eso renunció al puesto de prefecta, un hecho que pillo de sorpresa a todos los Gryffindor que sabían perfectamente que eso era algo que siempre había querido la chica. McGonagall aceptó la baja aunque le aseguró que no encontraría a nadie tan buena como ella y de tan gran responsabilidad, pero Hermione recomendó a Ginny porque sabía que a la menor de los Weasley le entusiasmaba ese puesto.
Una noche a la semana iba a dormir con Severus. En toda la semana ansiaba que llegará el viernes para estar a solas con su hombre. No podían estar juntos tanto como deseaban porque la gente sospecharía si notarán tan a menudo la ausencia de la chica además que los EXTASIS se acercaban.
Pero pronto la Navidad llegó y el castillo quedó casi desierto. Ese año había muy pocos alumnos de cada casa, por eso los blancos jardines se llenaban de batallas de nieve entre casas diferentes.
Como en Gryffindor solo quedaba Hermione, Harry, Ron, Ginny y dos alumnos de primero aprovechaban para jugar a snap explosivo en la sala común y Hermione conseguía escabullirse para los encuentros con Severus.
Los tres amigos creían que se iba a ayudar a la jefa de su casa a hacer unos ensayos para los de primero, se lo creían sin problema ya que sabían perfectamente como a Hermione le gustaba todo eso de enseñar y eso era una buena oportunidad para aprender.
La chica también recibía cartas de Sirius que se preocupaba de su salud y siempre le decía que por cualquier cosa él estaría dispuesto a ayudarla.
La noche de Navidad, Hermione habló con Ginny, la nueva prefecta, y le dijo que no dijera nada de que esa noche no dormiría en la torre.
- De acuerdo Herm, no te preocupes, nadie sabrá que te escabulles a ver a tu novio- dijo con una sonrisita.
Por la noche se dirigió al dormitorio de Severus donde la esperaba, entró y vio la habitación llena de velas aromáticas.
- Severus es precioso. He pensado que sería bonito pasar una velada romántica- le susurró antes de besarla.
El hombre la sorprendió al traer una mesa con la cena y un postre de pastelitos de toda clase. Hermione se relamía al ver los dulces, le encantaban. Cenaron tranquilamente, disfrutando del momento. Hablaban de las pocas horas que pasaban juntos.
- Estoy esperando con ansiedad que sea verano. - ¿Para qué Severus? - Bueno por una parte para que tu termines las clases, otra para empezar con las mudanzas y para ver al pequeño. - Tienes razón- dijo Hermione con una sonrisa- por cierto ¿qué mudanza? La tuya- dijo el hombre- este verano te vienes a vivir a mi casa, es bastante grande, te gustará.
Después de los postres, donde Hermione probó todos los pastelitos, se fueron a dar una vuelta por el lago. Aprovecharon el pasillo secreto que iba de las mazmorras a los jardines, así no tenían que pasar por la Entrada donde debía estar la Señora Norris haciendo guardia. A la media hora regresaron por el aire helado que hacía esa noche y porque volvía a nevar. Se despojaron de las gruesas capas y se echaron uno al lado del otro en el sofá delante del fuego.
- Severus. - Mmm- dijo el profesor que besaba su cuello. - Cuando la tripa empiece a notarse ¿qué haremos? - Bueno, Pomfrey te dará unas pociones que hacen reducir el vientre, sin dañar al niño. - De acuerdo- dijo Hermione que bostezó- vamos a dormir que estoy cansada. - Severus... Severus despierta - Mmm. - Despierta cariño. - ¿Qué?, ¿qué pasa?- preguntó Severus despertándose y incorporándose algo asustado- ¿te ocurre algo? - No, solo es que... me apetece mucho un batido de chocolate. - ¿Ahora?, son- miró el reloj- son las dos y media de la madrugada. - Anda Sevie, es un antojito de nada... por faaaaa. - Esta bien- y levantándose de la cama se puso una capa- ahora vuelvo, voy a las cocinas, a esta hora no hay casi elfos. - Gracias, ah, ahora que vas ¿podrías traerme algo más?- y lo miro con cara de suplica. - Pide. Quiero un sándwich de manteca de cacao, mermelada, jamón, sardinas, queso, un pedazo de tarta de calabaza, fresas y... un helado de naranja.
Severus la miraba con cara de asco.
- ¿Todo eso? Si y no te olvides del batido.
El profesor de pociones salió de a las mazmorras y se dirigió a las cocinas. Los pasillos estaban helados. Llegó a las cocinas donde solo se veía a un elfo limpiando las ollas, el pequeño ser se acercó corriendo a Severus y le hizo una inclinación de cabeza.
- Buenas noches profesor Snape, señor, ¿desea algo señor? ¿Me podrías preparar...- y le dijo todo lo que le había pedido Hermione.
El elfo lo miraba extrañado ante el "peculiar" manjar, pero sin decir nada al respecto se fue a preparar el sándwich, los dulces y el batido. A los diez minutos le trajo una bandeja con los alimentos.
- Aquí tiene profesor Snape señor, espero que... todo sea de su gusto señor- dijo el elfo aún mirando el peculiar sándwich. - Supongo que si, buenas noches. Buenas noches señor.
Severus, con la bandeja rebosante de comida, se dirigió a su despacho donde lo esperaba Hermione sentada en la cama. Una sonrisa apareció en el rostro de la chica al ver todo lo que había pedido.
- Gracias cariño- dijo cuando el hombre le puso la bandeja sobre las rodillas Aquí tienes luego no digas que no te hago caso, bueno voy a dormir un poco ¿vale?, buenas noches- y se tapó con las mantas al lado de la chica.
Hermione cogió el sándwich de un par de pisos rellenos de todo aquello que le gustaba, dio un buen mordisco y sonrió.
- Eta wenizimo- dijo con la boca llena sin ver la cara de asco que ponía el jefe de los serpientes al oír como comía.
A la mañana siguiente la pareja se despertó con el sonido de las campanadas del reloj que anunciaba que eran las nueve de la mañana. Se ducharon y fueron al Gran Comedor. En la Entrada se distanciaron un poco y entraron por separado, cada uno se fue a su mesa.
---- ¨ ----
Hermione se sentó al lado de sus amigos que la miraron y la saludaron.
- Buenos días Herm- dijo Ron algo sonrojado- esta mañana te ves... muy bonita. Gracias, ¿me puedes pasar el baicon, las salchichas, las tostadas, la mermelada y el zumo, ¡ah! Y la manteca.
El pelirrojo se lo paso y vio como se lo comía todo, desde luego hacía como un mes que la chica había empezado a comer bastante más que de costumbre.
Un perro negro se acercó a los cuatro chicos trotando y meneando la cola contento, los chicos sonrieron al ver al perro con un lazo rojo por el cuello.
- Feliz Navidad Hocicos- dijo Harry rascando detrás de las orejas al perro. - Feliz Navidad- dijeron Ron y Ginny. Feliz Navidad- dijo Hermione que le dio un abrazo al perro que se quedó quieto para disfrutar la caricia- ¿quieres algo para comer?
El perro le ladró haciendo entender que si, le dieron unas chuletas que se las comió encantando sin dejar de mirar a Hermione.
---- ¨ ----
- Hoy, cuando he ido a las cocinas ha buscar un te, un elfo me ha dicho que ayer por la noche estuviste pidiendo un menú bastante... peculiar. - Es que...- dijo Severus algo sonrojado sin mirar al director que sonreía de oreja a oreja, al final bajó el tono de voz- a Hermione le entró un antojo y tuve que ir. - ¿A las dos de la madrugada?- preguntó Dumbledore. - Si.
El director se puso a reír sin ver la cara de fastidio de su compañero. Al final terminó la risa y lo miro.
- Quien te haya visto y quien te vea pensará que no eres la misma persona Severus, antes eras de todo menos amable- el profesor de pociones frunció el ceño- y ahora, mírate, eres capaz de levantarte a las tantas de la noche para ir a buscar un simple dulce para Hermione... es muy afortunada de tenerte, en serio, nunca se arrepentirá- y le sonrió amablemente con los ojos llenos de orgullo.
Severus miro a Hermione y la vio sonreír mientras jugaba con "el chucho" de Black, era él el afortunado. Era el que daba gracias cada mañana al saber que la tenía a su lado y que la amaba como a nadie antes lo había hecho.
