CAPÍTULO 11: MENSAJES.

Las clases volvieron a su curso y los alumnos regresaron de las vacaciones de Navidad. Los de quinto y séptimo tuvieron unos pequeños exámenes de preparación para los TIMOS y los EXTASIS, en general fueron bastante bien, según los profesores habían aprovechado bien las vacaciones.

Pero no todo iba bien en el castillo.

Los Slytherin cada día tomaban más represalias contra los Gryffindor, sus bromas se volvían bastante pesadas a pesar de las regañinas de la profesora McGonagall e incluso alguna que otra por parte de Snape. Aunque ya no estaba Draco Malfoy los serpientes habían "conseguido" otro líder que según mirabas sus actos era tan frío y calculador como el rubio. Zabini no destacaba en las clases pero era bien sabido de su ingenio e inteligencia para preparar bromas y venganzas, todo un Slytherin puro.

Lo "peor" llegó al mes de comenzar de nuevo las clases. Hermione estaba desayunando tranquilamente en el Gran Comedor junto a sus amigos cuando entraron las lechuzas con el correo. Hedwig, la lechuza de Harry, le trajo al moreno su ejemplar de la revista Quidditch y los nuevos equipos. Ron y el moreno empezaron a ojear la revista encantados admirando los nuevos modelos de escoba cuando una lechuza negra con los ojos del mismo color se posó delante de la chica y la miro fijamente tendiéndole la pata donde llevaba un sobre atado. Hermione, algo insegura, cogió el sobre y la lechuza ululo más parecido a un grito y prendió el vuelo. Algunos del Comedor se giraron para ver marchar a la peculiar lechuza.

- ¿De quién es la carta?- preguntó Ron. - Anda que la lechuza, daba algo de miedo- dijo Ginny- que manera más rara de ulular.

Hermione miro el sobre donde solo se veía su nombre grabado en el papel, con cuidado rasgó el sobre y extrajo un trozo de pergamino con letras negras y elegantes.

Querida sangre sucia, ¿me echas de menos?, yo no, por supuesto, Pero no olvido tu... sacrificio que tuviste que hacer para que me Me echaran de ese maldito castillo, como ves no me afecta Demasiado. Al fin estoy en el colegio donde realmente quería estar En Dumrstram. Aquí se da verdadera importancia a las Artes Oscuras, mi colección de maleficios ha aumentado considerablemente, Tranquila ya tendrás la oportunidad de probarlos, tengo algunos Reservados solo para ti. Solo quería refrescarte la memoria y hacerte entender que aún no he terminado contigo, volveré el día menos pensado y acabaré contigo como tuve que hacer en mi momento, pero esta vez te hará compañía tu "querido" profesor de pociones que tan inconscientemente te protegió sin pensar que es un auténtico serpiente. Su traición la pagará muy cara, demasiado cara. Volveré, de eso puedes estar segura. Muere sangre sucia. D.M.

Hermione acabó de leer la carta y su pulso temblaba cuando el papel se encendió mágicamente y lo tuvo que tirar sobre la mesa. Los leones contemplaron como la carta se prendía fuego y al final quedaba polvo, simple polvo.

- Hermione, ¿qué... era eso?- preguntó Harry. - No lo sé- dijo la chica que miro a la mesa de profesores y vio que todos la miraran, sobre todo Dumbledore y Severus.

El director le hizo una seña y se levantó seguido por el profesor de pociones.

- Ahora vuelvo- y sin dar más explicaciones se levantó y siguió a los dos adultos.

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Los tres se sentaron en las sillas del despacho del director. Hermione miro a Fawkes que entonaba una dulce melodía, su pelaje estaba totalmente rojo, debía haber resucitado hacía poco.

- Bien Hermione ¿nos puedes explicar de quién era esa carta?- preguntó el director- no es normal que los alumnos reciban cartas que se prenden fuego solas. - Era de Malfoy- dijo casi en un suspiro. - ¿Draco Malfoy?- dijo Severus- que quiere ahora esa rata rubia. - Venganza- dijo Hermione- acabar conmigo y... contigo Severus, va por nosotros.

Dicho esto explicó que ponía exactamente el papel, sin interrupciones, los dos adultos la escuchaban atentamente hasta que acabó y agachó la cabeza.

- Maldito hijo del diablo- gruño Severus dando un puñetazo en la mesa y levantándose. - Cálmate Severus- le aconsejó el director que volvió a mirar a Hermione- de ahora en adelante no abras nada que no sepas realmente de quien es, si recibes otra carta parecida tráemela enseguida, ¿entendido?, no sabemos hasta que punto es capaz de llegar Malfoy. - Si señor. - No te preocupes Hermione, no te hará nada, no entrará en estos terrenos, no si aún estoy yo y Severus para protegerte. - Gracias- dijo la chica más calmada- debo volver al Comedor antes de que empiecen las clases. - No comentes esto con nadie- dijo el anciano- Severus quédate un momento tenemos que hablar de las clases. - Si señor, adiós Hermione. - Hasta luego- y la chica se fue dejándolos solos. - ¿Qué ocurre Albus? - Tengo trabajo para ti. - ¿Trabajo? - Tienes que ir mañana a Escocia. - ¿Por?- se volvió a sentar y miro al director que se pasaba una mano por el rostro cansado. - Nuevos mortífagos se están reuniendo. - Pero si encerramos a los que quedaban con vida- dijo Severus- Voldemort murió al final, acabamos con él. - Voldemort murió pero no su descendiente- vio la cara del profesor- hay una persona que puede despertar de su "sueño" y descubrir quien es y hacer florecer sus poderes, debes ir allí y descubrir todo lo que puedas, no dejes que esto continué o nadie podrá detenerlo. - ¿Quién es el descendiente? - Harry- dijo Dumbledore clavando sus ojos en los de Severus.

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Hermione había sido interrogada por sus amigos al volver con ellos, Ron le preguntaba una y otra vez quien había sido el responsable de aquella carta.

- No lo sé Ronnie, por eso he ido ha hablar con Dumbledore- mintió la chica- habrá sido alguna chalada que aún sigue con el asunto de que salgo con Harry. - Pero si todo eso ocurrió hace tres años- dijo Ginny. - Si pero la gente no deja de molestar- dijo Hermione recordando el asunto con la periodista Rita Skitter.

Y sin preguntar más se fueron a clase de Defensa donde Remus les sorprendió con unas diminutas criaturas llamadas Timmuns que tenían el poder de controlar el tiempo climático.

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Severus se paseaba por su dormitorio de un lado a otro intranquilo, antes esos "trabajos" que le mandaba Dumbledore no le preocupaban tanto pero esa vez tenía un mal presentimiento. Miro de nuevo la capa oscura y la máscara blanca que reposaban sobre su cama y recordó que se había prometido que nunca más las utilizaría pero no podía cumplir su promesa, debía utilizar esa indumentaria para investigar. La razón de su espera llegó y llamó a la puerta.

- Adelante.

Hermione entró en el dormitorio y se acercó a Severus que le dio un beso.

- ¿Qué ocurre Sevie?- preguntó la chica- ¿qué es eso tan importante que me tienes que decir? - Hermione yo... mañana me marcho- dijo con dolor ante las palabras. - ¿Dónde?- y vio que el hombre miraba de reojo la cama, miro hacía allí y...- Severus ¿por qué has vuelto a sacar la indumentaria de mortífago? - Eso es por lo que me marcho, Dumbledore quiere que vaya a investigar una reunión de nuevos mortífagos. - Pero... si todos están muertos o entre rejas- dijo Hermione nerviosa. - No todos... se vuelven a juntar Hermione, hay un nuevo peligro, un nuevo mago que puede destruirnos a todos. - ¿Quién? - Aún no puedo decirlo hasta estar bien informado, no quiero ponerte en peligro. - Esta bien- dijo la chica que se acercó y lo abrazó- por favor prométeme que tendrás mucho cuidado y que no te someterás a más peligro del que ya corres, por favor. - Te lo prometo Herm, pasado mañana estaré de vuelta sano y salvo y hablaré con el director para que nos deje ir todo el fin de semana para nosotros solos, iremos adonde quieras ¿vale? - De acuerdo pero ahora lo más importante eres tú

Severus agachó un poco la cara y besó a la chica mientras la abrazaba con fuerza, estuvieron unos minutos juntos que les parecieron segundos hasta que Hermione se tuvo que ir, muy a pesar suyo se despidió de Severus.

- Adiós Herm - Mejor hasta pronto- dijo la chica antes de irse.

Llegó la hora. Severus se enfrascó en la capa y se echó la capucha sobre su cabeza y empezó a recorrer los oscuros caminos del Bosque prohibido, apretaba la varita en su mano que descansaba en un bolsillo y vigilaba cada ruido de su alrededor. Animales y ruidos extraños se oían por su espalda pero se decía así mismo que no había peligro mientras no se parase, tenía que llegar hasta un trasladador situado en el mismo corazón del bosque, el porque de ese peculiar punto era simplemente el no ser visto. La oscuridad era cada vez más intensa y tuvo que iluminar el camino con su varita, los escasos rayos de sol no atravesaban la espesa hojareda pero al fin lo vio, delante suya se alzaba un viejo roble donde reposaba en sus raíces una botella sucia y resquebrajada. La cogió y en segundos sintió como era succionado por el transladador y volvía a tocar tierra firme. Ante él se extendía un callejón lleno de ratas y basura, había llegado a su destino.