CAPÍTULO 13: LA RATA.

Era casi el amanecer cuando Severus volvió al castillo, tuvo que utilizar la puerta secreta del jardín porque no quería entrar por la puerta principal, de seguro Filch estaría por allí y le haría mil preguntas mientras su gata le olisqueara la capa. Llegó directamente a las mazmorras y se fue directo a su dormitorio, ya hablaría con el director en el desayuno, ahora necesitaba dormir, aunque fueran tres horitas. En el dormitorio se quitó la capa dejándole sobre el sofá y una pequeña sonrisa surgió en sus labios al ver a Hermione dormida en su cama sobre las mantas y con la túnica puesta. No hizo ruido para no despertarla y despojándose de su ropaje y quedando con pantalones y camisa se tendió al lado de la joven y abrazándola se durmió.

- Severus... Severus despierta. - Mmmm- farfulló el maestro que abrió un ojo con pereza y vio a otros dos de color avellana que lo miraban- hola Herm, ¿qué hora es? - Las ocho y diez, ¿cuándo has llegado?, ¿por qué no me avisaste? - Era muy tarde y no quería despertarte- se incorporó y estiró los músculus. - Pero, estás bien ¿verdad? - Si, no pasó nada, descubrí lo que tenía que descubrir y punto- se fue al baño a darse una ducha, al salir se vistió bajo la atenta mirada de la chica que lo miraba preocupada- Hermione todo esta bien, ¿de acuerdo?, estoy perfectamente. - Es que me tenías tan preocupada- y lo abrazó- ojalá Dumbledore no te mandé a otro trabajo como espía. - Tranquila- y la besó antes de irse los dos hacía el Gran Comedor.

Mientras tanto una rata salía de su escondite y tomaba forma de un hombre menudo con ojos llorosos y una mano plateada. Una cruel sonrisa surgía en su rostro.

- Vaya, vaya, vaya, mi viejo amigo tiene a esa chiquilla en su mente- se dijo para si mismo- un punto en nuestro favor, verás cuando Lucius se entere.

Volvió a su forma de animago y por una pequeña grieta de la pared salió del castillo en rumbo a la mansión Malfoy, de seguro el rubio le agradecería enormemente la noticia.

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Los de séptimo de Gryffindor y Slytherin se encontraban en los jardines cuidando al potrillo que había recogido Hagrid, prácticamente ya tenía su medida de adulto y se había acostumbrado perfectamente a la presencia de los alumnos. Su pelaje era profundamente negro con unas bonitas alas a cada lado y su blanco cuerno decorando sus ojos grises como el acero. Las clases de Cuidado eran divididas entre lecciones y el cuidado del animal y por eso la mayoría de alumnos lo agradecía porque al tener al animal, Hagrid no había vuelto a traer ningún animal de los suyos: asquerosos y horrendos.

- Este fin de semana hay visita a Hogsmeade- comentó Harry que limpiaba la paja por otra de fresca. - Si- dijo Ron- iré a comprarle algo para el cumpleaños de mi madre, ¿vendrás Hermione? - Por supuesto tengo que... hacer unas compras- dijo la chica poniendo agua limpia. - Esto... Herm, ¿irás con alguien especial?- preguntó el pelirrojo avergonzado. - No, solo con vosotros- sonrió. - ¡Ey! Nosotros somos especiales- dijo el moreno. - Claro que lo sois, solo era una broma, ¿por qué lo preguntas? - Es que... había pensado... si querrías ir conmigo, solos- recalcó la palabra mirando a Harry haciéndole entender que quería una cita- tomaremos algo y podemos ir ha hacer las compras juntos, ¿te apetece? Eeee... vale- dijo la chica haciendo sacar una sonrisa al pelirrojo.

Después de esa clase fueron a Defensa donde Remus les explicó las consecuencias de los gritos de las banshees en los muggles.

- Los muggles, al no tener poderes mágicos, morirían ante el grito de la mujer si se enfureciera al máximo, pero estos casos son muy escasos ya que las damas no suelen rondar por lugares no mágicos a no ser que su amado viviera por ese entorno. - Profesor, ¿es verdad qué son mujeres que al sufrir por la perdida del hombre al que amaban se autodestruyen convirtiéndose en lo que son?- preguntó un chico de Ravenclaw. - Si Roberson, eso es una de las razones- explicó Remus que se paseaba por el aula- en su cuello cuelga un colgante donde permanece gravado el nombre de su hombre y ante el nombramiento de éste pueden desarrollar grandes poderes. - ¿Y a los magos se nos puede matar con su grito?- preguntó Neville. - Puede, pero es más difícil porque al tener magia dentro de nosotros nos ayuda a contrarrestar las consecuencias pero no os recomiendo parar delante de alguna de ellas, aunque son bellas y es difícil no ver su larga cabellera y sus finos rasgos, la verdad, es un desperdicio que se conviertan en seres tan agresivos.

La clase terminó con la campana y se fueron a comer aún fascinados por la enorme cantidad de cosas que pueden hacer las damas ante la perdida de un ser querido.

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La rata había conseguido colarse en la mansión y corría por los pasillos que estaban en penumbra hasta una sala donde el fuego estaba prendido y ante él un sillón donde se veía la silueta de un hombre que miraba las brasas.

- ¿Qué quieres Colagusano?- preguntó el rubio que vio de reojo como el animago tomaba forma. - Tengo buenas noticias Lucius, estupendas noticias- dijo mientras se frotaba las manos emocionado. - Cuando quieras hablas- dijo el hombre con poca paciencia- y así te largaras de mi casa cuanto antes apestosa rata. - Se el punto débil de Snape, se como atraerlo a nosotros y poder acabar con él. - Habla- dijo Lucius mirándolo con más interés. - La sangre sucia que consiguió expulsar a tu hijo de ese maldito castillo es la amante de nuestro querido profesor, lo he visto con mis propios ojos y por lo visto se... quieren con locura. - Me decepciona este Severus, cada vez se esta volviendo más blando- el rubio se levantó y paseo delante del fuego- primero nos traiciona, se va del lado oscuro, se junta con Dumbledore, lucha contra nosotros y ahora se lía con una niñata de origen sucio- chascó la lengua- esto podría ser su fin, ¿acaso ya no le quedan suficientes neuronas sanas para darse cuenta de esto? - Así que la información es buena- dijo Peter. - Si- dijo Lucius mirándolo- has hecho buen trabajo pequeña rata, el maestro estaría contento contigo- el hombrecito sonrió- vuelve al castillo y vigila todos sus movimientos. - También se que este fin de semana es la salida al pueblo, es lo que queríais saber. - Colagusano, me sorprendes- dijo Lucius- tanta información... me orgulleces, esto se merece una buena compensación- y de los pliegues de su oscura túnica sacó una bolsita de cuero que lanzó al hombre que la cogió y abrió los ojos al ver una buena cantidad de dinero- esto es un pequeño obsequio, averigua más antes del sábado y será el doble. - Por supuesto Lucius, lo que desees- y hizo una inclinación de cabeza antes de ser de nuevo una rata y regresar al castillo. - Así que una sangre sucia- susurró Lucius- y no una cualquiera sino la amiga de Potter y la enemiga de mi hijo, mmm, será buena su captura- y se fue entre las llamas de la chimenea que se apartaron a su paso para informar a los mortífagos que estaban bajo sus ordenes.

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La semana pasó rápidamente y los alumnos recibieron con entusiasmo el fin de semana donde fueron casi corriendo al pueblo a cargarse de provisiones de dulces y productos de bromas aparte de visitar a la señora Rosmerta en Las Tres Escobas donde había sacado la nueva cerveza de mantequilla con el gusto que uno deseaba.

En la entrada del pueblo Harry y Ginny se despidieron de sus dos amigos y abrazados se fueron hacía Honeydukes. Ron miro de reojo a Hermione y suspirando preguntó a donde le gustaría ir.

- A la librería- dijo la chica en seguida- tengo que comprar unos libros.

Dicho y hecho. Los dos se encaminaron hacía allí hablando de las clases y de quidditch, tema que fascinaba al pelirrojo y por lo tanto no se veía tan avergonzado mientras hablaba de los nuevos modelos de escoba. En la librería Hermione se perdió entre los títulos de los libros, se recorrió cada una de las estanterías hasta encontrar lo que quería, se acercó a la caja y entregó el producto a la dependienta que la miro un poco raro.

- "El primer embarazo: todos los detalles"- leyó Ron en la portada- ¿para qué quieres eso?, tu no estas.... - Noooo- dijo en seguida la chica- es para... una amiga que conocí en Bulgaria cuando fui a visitar a Víctor Krum, la chica espera su primer hijo y quiero regalárselo. - A vale, vaya susto.

Pagó y se fueron hacía una pequeña joyería donde estuvieron mirando algún colgante para la señora Weasley, al final Ron se decidió por una lágrima tallada en un rubí. Con resignación salió del establecimiento con los bolsillos vacíos.

- Llevo muchísimo ahorrando para este regalo, como no le guste se la carga. - Claro que le gustará, es muy bonito- dijo Hermione- vamos a tomar algo. - Es que... me he quedado sin nada- dijo Ron con las orejas rojas. - No importa, yo te invito pero no te acostumbres- y le sonrió.

Y se encaminaron al local que estaba rebosando de alumnos disfrutando de unas bebidas antes de regresar a sus compras. Hermione pidió dos cervezas de mantequilla de nuevo sabor y junto al pelirrojo se encaminó a una pequeña mesa del fondo del local. Se sentaron y dieron el primer sorbo para comprobar que sabor tomaba la cerveza.

- Vainilla- dijo Ron lamiéndose los labios y volviendo a dar un sorbo- ¿la tuya? - Canela dulce, buenísima... bueno que te cuentas Ronnie, hace tiempo que no hablamos tranquilamente. - Si, es que, siempre estas tan ocupada estudiando- miro su copa- creo que... nos estamos alejando Herm. - ¿Por qué dices eso?- preguntó la chica. - Desde que empezamos este curso has tenido muchos asuntos que arreglar, no se que te pasa pero cada vez pasas más tiempo alejada de Harry y de mi- el chico la miro con pena- te hecho de menos Hermione incluso nuestras discusiones que luego arreglábamos con un fuerte abrazo, ya no salimos a hacer trastadas, ni paseos nocturnos bajo la capa invisible, hecho de menos tus ordenes de prefecta, de empollona obligándonos a estudiar... ¿por qué has cambiado?, ¿por qué ya no hacemos todo lo que solíamos hacer? - Supongo que ya no somos niños- comentó Hermione- hemos crecido, nuestras responsabilidades cambian... tengo muchas cosas que pensar. - ¿Es tan importante qué incluso olvidas a tus amigos? - Ron, nunca os he olvidado ni nunca lo haré, sois mi familia, mis hermanos pero... - ¿Qué? - Tengo... Ron quiero decirte algo, es muy importante y nadie debe saberlo, no te quería decir nada pero no aguanto tener tantos secretos en mi interior. - Di, yo te escucho. - Aquí no, vayamos afuera.

Los dos se levantaron y salieron a la calle, en silencio pasearon hasta la casa de los gritos que estaba desierta como a sus alrededores, Hermione se sentó en una piedra enorme y Ron hizo lo mismo.

- Tu dirás Hermione. - Ron, no es fácil decirte esto- miro el suelo- tengo a alguien que es muy importante para mi, una persona a la que amo y ella a mi, nuestro futuro es estar juntos y más ahora que tendremos algo en común.

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- Allí esta señor Malfoy, ya tenemos a la chica en mira- dijo un hombre desde la oscuridad del bosque con una bola de vidrio en la mano donde la imagen de la cara de Lucius Malfoy se reflejaba. - ¿Esta sola?- preguntó el rubio. - No, un chico pelirrojo esta con ella, pero no hay nadie más a la vista. - ¿Pelirrojo? Entonces tranquilos, es un Weasley, ese no sabe defenderse ni a él mismo, cogedla y traedla con vida, al otro... podéis hacer lo que queráis. - Si mi señor- y el hombre escondió la bola en su túnica y se cubrió la cabeza con la capa, se giró y vio a tres hombres más- a llegado la hora, Colagusano ve y haz lo que hemos hablado.

El hombrecillo se convirtió en rata y corriendo sobre sus cuatro patitas se fue acercando a los chicos con sigilo.

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- Ron, estoy... esperando un niño- dijo la chica. - ¿U-un niño?- y la miro- ¿De quién? - De...- pero no acabó la frase ya que una rata se poso delante suya tornando por segundos en un hombre que los apuntó con su varita.

Los chicos vieron ante ellos al mismo animago que habían descubierto cuatro años atrás, el que fue la mascota del pelirrojo, el traidor de los Potter y el culpable de la estancia de Sirius en Azkaban durante años. Sin pensarlo sacaron sus varitas levantándose de la roca.

- Yo no haría eso chicos- dijo el hombrecillo. - ¿Por qué no sucia rata?- dijo Ron- somos dos contra uno y apuesto que podemos ganarte. - Puede, todos tienen sus deseos pero ¿podéis ganarme a mi y a tres mortífagos más? - Tirad las varitas.

Los dos jóvenes giraron la cara para toparse con tres magos más, se juntaron más y pensaron lo mismo, eran muchos para los dos, si al menos estuviera Harry tendrían más posibilidades, poco a poco dejaron caer las varitas que fueron recogidas por Colagusano que lucia una enorme sonrisa. Se juntaron todo lo que pudieron y se miraron de reojo, sabían que no sería fácil salir de esa, si es que lo conseguían.

- Ahora, sangre sucia, vendrás con nosotros, alguien quiere verte. - No iré a ningún sitio contigo- dijo Hermione. - ¿A no?, y si te digo que o vienes o tu amigo morirá- dijo Colagusano viendo la cara de la chica. - Mátame si quieres rata de cloaca- dijo Ron posándose delante de la joven para protegerla- acaba conmigo pero no te llevarás a Hermione... mascota maloliente.

Peter, ante las últimas palabras, apretó los puños, odiaba ser recordado como la mascota de un niño. Miro fijamente a un mortífago y éste se acercó por la espalda de los chicos y de un rápido movimiento cogió a Hermione por el brazo atrayéndola hacía él pero no esperaba la repentina patada del pelirrojo en la entrepierna que le obligó a caer de rodillas al suelo. Ante el balbuceó otro motífago lo apuntó con la varita y lanzó un maleficio.

- Ancarem

Un rayo negruzco se dirigió al pelirrojo que se giró lo suficiente para ver un cuerpo cubriendo el suyo. Un grito desgarró el aire y una figura cayó de rodillas al suelo. Ron miro con horror como Hermione se había puesto delante de él haciéndole de escudo parando el maleficio con su cuerpo, su espalda se veía a través de cuatro desgarrones en la tela en forma de garra que había traspasado su carne. Cuatro sangrantes cortes cruzaban de parte a parte la espalda de la chica que reprimía el dolor con respiraciones irregulares.

- Hermione- dijo su nombre arrodillándose a su lado. - Vete- le susurró la chica- vete al castillo y avisa a Dumbledore y a Snape - ¿Qué?, no me marcharé sin ti. - Vete Ron, avísalos- se levantó con decisión y miro a los magos que la miraban fijamente- ¿me queréis? Pues aquí estoy, dejadlo ir y no opondré resistencia.

Los cuatro se miraron pensando que hacer, esa idea era buena, cogerían a la chica que era lo que realmente querían y ya esta. Malfoy ya les había avisado de la incompetencia del chico, no sería peligro para ellos.

- Esta bien- dijo Peter- le damos diez segundos para escapar, si no se aleja lo suficiente lo mataremos igualmente. - De acuerdo- dijo Hermione que miro a Ron- corre, no pares hasta llegar al castillo, ve a hablar con los que te he dicho, no mires a tras, corre todo lo que puedas. - Pero... - Uno...- empezó Colagusano. - CORRE.

El pelirrojo empezó a correr sin mirara atrás, no había podido ayudar a la chica pero haría lo que le había indicado. La voz de Peter sonaba cada vez más lejana, ya no lo alcanzaría, nunca había corrido así, como alma que se salva del diablo. Su vista se enjuagaba por momentos pero ahora no era hora de llorar primero era la vida de su amiga.

A lo lejos vio el imponente castillo, el camino se iba acortando a cada zancada, le dolían los pies, le faltaba el aire y el corazón golpea su pecho con violencia pero no iba a parar, no ahora que entraba ya en los terrenos.

Las escaleras fueron rápidamente subidas y las piernas le flaqueaban pero siguió y siguió hasta el despacho de Dumbledore, no sabía al contraseña pero al llegar vio a un elfo trabajando, limpiaba una armadura cercana.

- ¿Qué hace aquí el señor?, ¿no debería estar en el pueblo señor? - Dime... la contraseña... es urgente- dijo casi sin voz y con prisa.

El elfo lo miro con desconfianza pero en segundos se la dio, sin darle las gracias se la dio a la gárgola que lo miraba.

- Corazón de dragón.

La gárgola le dejó paso y se apresuró a entrar, no llamó a la puerta y entró corriendo haciendo callar a dos hombres, precisamente los que buscaba.

Profesor Dumbledore, profesor Snape, cuatro mortífagos han secuestrado y herido a Hermione.

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Hermione vio alejarse a su amigo en rumbo al colegio, ahora ya estaba sola, sin protección ni compañía que otra que no fuera de los mortífagos que la miraban con sonrisas de triunfo, uno a uno se fue acercando, rodeándola, sin salida. Sus ojos sobre ella, riendo ante la victoria.

Desmaius.

Una infinita oscuridad rodeó a la chica que cayó al suelo sin sentido, sin sentir que la transportaban a otro lugar, a una vieja y enorme mansión.

Muchas gracias a todos los q m dejaron rewies, en el próximo capítulo os contestaré. Para los q quieran os comento q mi fic de "un lobo en mi cama" lo he continuado por si queréis leerlo, ya tengo tres capítulos, besos y.... dejad mensaje.