Declaración: Rurouni Kenshin y sus genialísimos personajes que dan para tanto, son propiedad de Watsuki sensei, el ídolo de ídolos, a quien nunca dejaré de agradecer el haber creado a estos seres tan adorables.

Un día dentro de ti.

Acto tres.

Como toda mujer.

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Kenshin tuvo que acostarse en la habitación de Kaoru para no despertar las sospechas de Yahiko y Sanosuke. No estaba seguro de poder afrontar las bromas que le harían al conocer la situación que estaba viviendo o qué tanto intentarían aprovecharse de ella antes de decidirse a ayudarles. Por otra parte, había sido muy divertido ver sus expresiones de extrañeza durante el transcurso de la velada ante el nuevo comportamiento de "Kenshin" y "Kaoru".

Kaoru, por su parte, quitándose la ropa para ponerse una yukata, intentaba, de veras, no mirar demasiado su cuerpo masculino, a pesar de que estaba sola en la habitación de Kenshin. Aunque una miradita... bueno, ella era algo curiosa y... Bueno, él se lo debía por espiarla en el baño, el muy pervertido...

Se apartó un poco la ropa interior del cuerpo y ayudada con una lamparita, observó...

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-¿Qué diablos sucedió durante mi ausencia, mocoso?- Sanosuke permanecería algunos días alojando en la casa de Kaoru y exigía una explicación.

-No lo sé - dijo el más joven, que de momento sería compañero de cuarto de Sanosuke. - Ayer cuando me fui por la mañana estaba todo en orden. No sé qué pudo haber pasado en la noche para que hayan cambiado tanto esos dos. Quizás nos están tomando el pelo.

-De la chiquilla lo creo, pero de Kenshin... él es mucho más serio. Pienso que debemos investigarlos...

-¿Espiarlos? - preguntó Yahiko entusiasmado, con ganas de aventuras.

-No, mocoso. Investigarlos. Suena más bonito. Debes aprender a decir las cosas con estilo, a ver si Tsubame se fija un poco más en ti.

Afortunadamente para Sanosuke, Yahiko era apenas un poco más lento que él, así que pudo esquivar su patada con cierta facilidad.

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Kaoru no podía dormir. Había dado ya la vuelta número veinte dentro de su futón, cuando se levantó de improviso. Algo le faltaba por hacer, así que silenciosamente, salió al pasillo y con mucho cuidado corrió la puerta de su habitación. Ahí estaba "Kaoru", dormida, respirando tranquilamente, inconsciente de que "Kenshin" le observaba. Para Kaoru era extraño contemplarse desde afuera, pero más extraña aún era esa sensación de tranquilidad en el pecho al comprobar que todo estaba bien, en calma, sintiendo que ahora podría dormir. Unos pasos alertaron a Kaoru, quien se volteó. Era Sanosuke que salía al baño.

-Por lo que veo, hay costumbres que no cambian, ¿verdad, Kenshin?. Desde que te conozco que haces esto.

Kaoru se sorprendió ante esta nueva revelación. Ella sabía que Kenshin la quería mucho, pero no sabía que casi desde el comienzo, él... hacía esto.

-Supongo que necesito saber que ella está bien - dijo "Kenshin". Pero Sanosuke se rió.

-Lo que pienso es que necesitas saber que tan bien... que tan buena está la chiquilla, Kenshin. Mírala, ahora se está moviendo... ¿sabes? Creo que en el fondo, mi amigo, eres un hombre que siente como cualquier otro, y tienes esa parte de pervertido...

Kaoru contempló a Kenshin darse la vuelta hacia ellos, entreabriéndose su yukata con el movimiento, dejando ver buena parte de sus pechos. Kaoru no soportó pensar que Sanosuke podía estar mirando su cuerpo así y una parte que ella reconoció como de "Kenshin" se moría también de ganas por asestarle un golpe por mirar a la jovencita. Esa misma parte se contuvo de tal acción, al reconocer que sin su espada, no era contrincante para Sano.

Así que a fin de cuentas, Kaoru cerró la puerta de su habitación para volver a la de Kenshin a descansar.

Ya instalada en el futón de Kenshin, inhaló ese aroma de él impregnado en las mantas, claro que no le sucedió nada especial, como cuando era "Kaoru" y lo encontraba muy masculino... Kaoru contempló la luna menguante desde su ventana, antes de dormir. En eso, se incorporó de un salto.

¿Menguante?

Demonios.

Tendría que conversar con Kenshin sobre un asunto delicado... y prepararlo para ello.

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Kenshin preparaba alegremente el desayuno, algo decepcionado por seguir un día más en el cuerpo de Kaoru, pero contento por lo ligero y bien que se sentía. Además, su dedito ya casi ni le dolía.

Era maravilloso tener este cuerpo, aunque fuera femenino. Claro que a Kenshin siempre y le gusta más ser hombre, pero era divertido por ahora, pretender ser otra persona, sin tantas muertes que cargar sobre la conciencia. Y esto hizo reflexionar a Kenshin.

Su mente estaba en otro cuerpo. Y el cuerpo del asesino ya no era de él. ¿Quién era culpable? ¿Mente o cuerpo, de los crímenes? Estaba bien que "mente" trataba de ejecutar la orden, pero "cuerpo" era el que la hacía. Aunque con las habilidades que había descubierto que poseía Kaoru, si su "mente" le ordenaba matar, posiblemente ese cuerpo le obedecería y podría hacerlo

Finalmente, "mente" era la que estaba mal, la culpable. Y sin importar donde estuviera, seguiría siendo Kenshin. En fin... Kenshin apartó estas reflexiones y se dedicó a preparar bolitas de arroz. Entonces, Yahiko entró a la cocina.

-Hey, Kenshin, qué hay para desayunar... ¡¿Kaoru?!

-Je, je... hola, Yahiko.

El chico comenzó a temblar. -¿Pre... pre... paraste el desayuno?

-Sí, puse mi mejor esfuerzo, así que espero que lo disfrutes. Llama a Sano y al " señor Kenshin" para comer.

Yahiko salió apresurado de la cocina, dispuesto a alertar a Sano sobre su futura intoxicación, pero tropezó con "Kenshin", quien portaba algunos extraños paños desde el baño a la habitación de Kaoru.

-¿El desayuno listo? ¡Perfecto! Me muero de hambre. - dijo un animado "Kenshin" mientras corría a la cocina.

Sanosuke se llevó una bolita de arroz a la boca y mordió un pedazo, masticándolo con mucho cuidado para no sentir su sabor. Pero de pronto notó que el sabor estaba bastante decente, y junto a Yahiko y "Kenshin", sacaron otra y otra bolita.

Kenshin miraba comer a esos tres con una sonrisa de satisfacción, pero sintió algo extraño... lamentó no tener alimentos más deliciosos o mejores para ellos y reconoció este pensamiento como uno normal de Kaoru. Pero también se sintió algo triste, no sabía por qué. Recordó que en la mañana, al levantarse, había sentido los senos muy pesados, le habían dolido bastante... de pronto, sintió deseos de que "Kenshin" le dijera que ese día se veía muy bonita, pero...

-Hey, bruja, veo que has mejorado considerablemente tu comida... ¿o pagaste por ella?

-Eh, Yahiko, deja a la chiquilla tranquila - intervino Sano, hablando con la boca llena - este es un milagro de los dioses y ante ello no debemos dudar, para que no desaparezca.

-"Kaoru", te ha quedado delicioso este alimento - habló el pelirrojo. Notó que la joven lo miraba de manera extraña, casi con cierta tristeza... qué le pasaría a Kenshin... quizá estaba decepcionado por seguir en ese cuerpo. Bueno, a Kaoru tampoco le hacía gracia.

-Kaoru- dijo Yahiko - recuerda que hoy por la tarde tienes que dar clases en el dojo Maekawa, así que prepárate temprano, porque me carga tener que esperarte tanto rato para salir... es una vergüenza que una ayudante de maestro se retrase en sus deberes... No puedes darme esos malos ejemplos.

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Kaoru tocó a la puerta de su habitación antes de entrar. Ahí estaba Kenshin, acabando de envolverse el busto de manera lamentable con las vendas. Kaoru miró hacia fuera, asegurándose de no ser vista, y entró a su habitación.

-¿Problemas, "Kaoru"?

-Oh, lo lamento... es que no sé cómo ponerme bien estas tiras... me complica mucho.

-Te ayudaré. Es cierto que tardo mucho yo también en ponérmelas, por eso Yahiko se molesta conmigo. Si él supiera que no es tan fácil vestir como mujer... - Kaoru tomó las vendas y comenzó a acomodarlas en el cuerpo femenino. Le gustaba mucho ayudarse a vestirse... era divertido, además, sentía que de ese modo, compartía una especie de intimidad muy especial con Kenshin, que era bastante inútil en lo que a vestir de mujer se refiere. En este aspecto Kaoru se había llevado la mejor parte, porque usar el gi y hakama de Kenshin era muy fácil y cómodo.

Además, se acercaba un momento... - "Kaoru", tengo algo que decirte. He venido a hablar contigo sobre algo muy personal... ¿qué te pasa?

Kenshin se había llevado las manos al bajo vientre cerrando los ojos... sentía un dolor muy fuerte... palpó su vientre hinchado y se asustó con esto...

-Señorita Kaoru - ni se acordaba de usar el otro nombre - no sé que me sucede... quizá me cayó mal el desayuno... - Kenshin paró de hablar cuando sintió algo cálido y húmedo deslizarse por entre sus piernas.

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Kaoru salió de su habitación portando una palangana con agua enrojecida que vertió en el baño. Kenshin estaba ya más tranquilo, aunque no por ello menos aliviado. Pero como diríamos nosotras, se sentía limpio y fresco y eso se agradecía. Kaoru pronto volvió a la habitación y lo encontró sentado sobre el futón.

-Lamento no habértelo comentado antes, pero me acordé ayer por la noche. ¿Te asustaste mucho?

Kenshin se ruborizó levemente. Le parecía extraño hablar de ese tema, pero era parte de Kaoru, del cuerpo que él estaba usando. Lo mejor sería saber de una vez de qué se trataba todo esto.

-Me sucede una vez al mes y dura cuatro a cinco días. Debes cambiarte el apósito con cierta frecuencia y lavarlo. Generalmente lo hago a solas, por eso tu nunca viste estos paños ni lavaste nada ensangrentado. Como verás, es algo muy personal, así que te dejé varios pañitos en el armario para que te cambies... sobre el dolor... bueno, te tendrás que aguantar. Lo lamento. Generalmente me ayuda ponerme toallas calientes en el vientre. Es natural también que te sientas hinchado o más sensible... te aseguro que no es agradable.

-Ya veo - suspiró Kenshin, mientras se apretaba el vientre cerrando sus brazos en torno a él. - Debo ir a trabajar de todas maneras, ¿verdad? Usted siempre lo hace... yo nunca la he visto quejarse de dolor, aunque a veces la notaba extraña.

Kaoru miró a Kenshin frente a ella. Vestido ya con sus ropas de entrenamiento y la coleta alta, sin su cinta, se veía tan bonita, como a "él" le gustaba. Pero se preocupó al saber que su pequeña sentía dolor y "él" no podía hacer nada por remediarlo. Sabía de algo que podía ayudar, así que obligó a su cuerpo a moverse hacia "Kaoru". La envolvió en sus brazos y le dijo quedito al oído.

-Te ves muy bien, sabes. Y te aprecio mucho. Nunca me alejaré de ti.

Kenshin sintió cómo su corazón daba un salto de la emoción, y aunque el vientre aún dolía, se sentía muy bien... claro, Kaoru siempre necesitaba escuchar esas palabras para sentirse mejor cuando se sentía triste o más sensible que otras veces. A veces se sentía especialmente sola o extrañaba a su papá. ¿Y qué se encontraba? A gente que la quería pero no se lo demostraba. Yahiko la trataba de fea o de bruja, sin saber que sembraba la duda en Kaoru quien a veces se sentía así de poco atractiva, más si nadie se lo decía. Kenshin decía que la protegería siempre, pero jamás le decía cuanto le importaba y aunque hacía muchas cosas por ella, trataba de que no se enterara y ella, en cambio, siempre estaba al pendiente del chico y del pelirrojo, se preocupaba de que ambos estuvieran bien y se los demostraba constantemente: "Kenshin, me gusta mucho estar contigo", "por favor, no te culpes de lo que pasó" "venga, si puedo apoyarte con mi vida, lo haré aunque digas que no es necesario" "Bienvenido a casa, Kenshin"... "Yahiko, debes alimentarte mejor, come un poco más", y esas cosas.

-Soy muy tonto, ¿verdad, señorita Kaoru? - dijo Kenshin antes de que un nudo en la garganta le impidiera decir algo más y una lágrima solitaria se deslizaba por su mejilla.

Kaoru lo abrazó aún más, sabiendo que Kenshin podía leer en sus recuerdos y experiencias e imaginando lo que estaba descubriendo.

-No tenías cómo saberlo, Kenshin, no tenías... vamos, ya pasará y mañana te sentirás mejor, sí?.

Pero estas palabras hicieron sentir peor a Kenshin, simplemente porque a él, jamás se le pasó por la cabeza decírselas a ella cuando la notaba mal.

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Kenshin notaba con cierto fastidio las miradas de admiración que le dirigían los estudiantes del dojo Maekawa mientras impartía la lección. Claro está que sentía ciertos celos... él generalmente estaba instalado cómodamente sobre un sitial (cojín) mirando el entrenamiento e incluso a veces se quedaba dormido, por lo que no se había dado mucha cuenta del efecto que causaba Kaoru en los estudiantes, aunque el señor Maekawa se lo había comentado en alguna ocasión, mientras bebían algo de té:

-Claro, es una kendoka joven y bonita, además muy fuerte. Gracias a ella el número de estudiantes de mi dojo ha subido de seis a doce y más, aunque es obvio que muchos vienen por ella y no tanto porque les interese el kendo, lo que es lamentable. Pero así puede sobrevivir este dojo y el dojo Kamiya, ¿verdad?

Entonces Kenshin estaba más preocupado de vigilar que todo estaba en orden (después de Raijuta y el Jinchuu temía que alguien quisiera volver a atacar ese dojo) que en prestar demasiada atención a la joven, después de todo podía observarla en casa, en su entorno natural.

Afortunadamente para Kenshin, Kaoru le había comentado en qué parte del entrenamiento iban los alumnos antes de salir y los movimientos que debían ensayar. Yahiko había resultado también un apoyo útil... pronto Yahiko estaría en condiciones de ostentar el título de "ayudante de maestro" (que es el que tiene Kaoru, ya que el padre de ella murió antes de que ella pudiera ascender a "maestra" propiamente tal) y ayudaba mucho en la clase.

En casa, Kaoru se preguntaba cómo le estaría yendo a Kenshin, mientras reparaba el techo en el sector de las habitaciones, cuando una risa que le pareció conocida se hizo escuchar en el patio.

Era Megumi.

-¡Hola, Ken-san!... ¿solito en la casa?... apuesto a que la mocosa ya te abandonó, así que te haré compañía. -

Kaoru acababa de terminar su labor y al mirar a Megumi reconoció que era muy hermosa, pero... a su cuerpo no le causaba reacción alguna... no como lo que le sucedía al mirar a "Kaoru". "Bien, eso me da un punto a favor, zorra" pensó Kaoru bajando las escaleras, sonriendo maliciosamente.

-Qué alegría verte por aquí, Megumi. Dime, ¿cómo te ha ido en Aizú?

Megumi se sorprendió mucho con la forma en que "Kenshin" se dirigía a ella. Incluso su mirada había cambiado... ¿qué había sucedido durante su ausencia con el pelirrojo?

-Algo bien, Ken-san. Encontré a una de mis abuelas y contacté con un hermano que vive en China. Vendrá dentro de un mes a verme.

-Me alegro mucho por ti, Megumi. Me alegro de que puedas reconstruír tu vida.

"Kenshin" sonrió ampliamente, alegre ante la suerte de su amiga, que curiosa preguntó:

-Y... ya te comprometiste con Kaoru o aún estás esperando a que crezca un poco más. Te recuerdo que no te puedes dar el lujo de perder tu tiempo, Ken- san. Puede terminarse. Ya sabes que lo conversamos.

Kaoru sabía que el cuerpo de Kenshin se estaba deteriorando, pero no sabía con exactitud a qué se refería Megumi esta vez.

-¿lo conversamos?

-Claro, vamos, déjame examinarte. - Megumi le bajó el gi y examinó su espalda y las heridas que esta tenía, además del brazo que se rompió durante el jinchuu.- tus heridas tardan más tiempo de lo normal en recuperarse y cicatrizar... este brazo debería estar listo hace semanas, pero aún lo noto algo hinchado. Dime ¿has descansado adecuadamente? Te dije que no lavaras ropa durante un tiempo.

Kaoru ni se había imaginado lo que estaba oyendo. El muy cretino de Kenshin no le había comentado nada... ¡¿qué diablos le pasaba?! Sabía que tenía que cuidarse, pero en cambio se cargaba de trabajo. Ya le parecía a Kaoru anormal ese dolor en la espalda... ¿hay algo peor que un hombre con alma de mártir y cuerpo enfermo? Kaoru se estaba enojando mucho con Kenshin por no decirle nada.

-Si quieres, Ken-san, hablaré con Kaoru para que te permita descansar más. Ya está bueno de que te tenga como esclavo.

Kaoru notó que Megumi trataba con cortesía y respeto a Kenshin estando a solas con él. Entonces era cierto lo que le había dicho Sanosuke en cierta ocasión, de que Megumi sólo tonteaba cuando ella estaba cerca para molestarla. Megumi le aplicó un ungüento en las zonas más maltratadas de su cuerpo que le refrescaron bastante y se dirigió a la cocina, con un paquete que contenía deliciosa comida.

-Como sabrás, he venido a reemplazar a Gensai, así que estaré un tiempo por aquí y te examinaré más a menudo. Y me preocuparé de que la mocosa te deje descansar.

-¡¡¡¡HOLA, DOCTORA ZORRITA!!!! Veo que has traído qué comer... - se acercó un increíblemente sonriente Sanosuke, apenas controlando su alegría al ver a la doctora... y es que la había extrañado bastante allá en la China.

Megumi a duras penas podía controlar su enorme sonrisa para mirar con su cara de "hastío" habitual a Sanosuke. Ella no sabía que se lo encontraría aquí.

-Veo que te dejaron regresar, cabeza de gallo.

-Pues ya ves, aquí me tienes.

-No sabes lo mucho que me alegra verte, Sanosuke... - Sanosuke miró sorprendido a Megumi quien le brindaba su sonrisa más seductora, haciendo temblar al joven-... porque te pondrás a ayudar a Ken-san en sus labores, si quieres comer algo.

-Pero... pero...-

-Puedo apostar a que vienes sin dinero porque si lo tuviste en algún momento ya te lo gastaste en las apuestas. También me imagino que vienes exclusivamente a comer y que en cambio no ayudas en nada, así que por hoy justificarás tu alimento ayudando a Ken-san. Ken, dime, ¿qué tienes que hacer ahora?

Kaoru vio la oportunidad de vengarse de Sanosuke por...

- Kaoru me ha encargado arreglar el portón de la entrada que fue destrozado y lavar la ropa para que se seque antes de que vuelva a llover.

-Está decidido. Sanosuke, repara el portón de la entrada y Ken-san lavará. Yo me ocuparé del alimento.

Sanosuke a regañadientes tomó las herramientas que "Kenshin" estaba usando al reparar el techo y se dirigió al portón hecho madero en el suelo. Maldita mujer zorro.

Pero esta, se la iba a pagar.

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Kenshin corrió al baño a cambiarse el apósito sucio y a lavarse para quitarse el sudor de encima, aunque no olía mal, pero sentía que debía asearse. Kaoru le tenía preparada agua caliente. Le había dicho que el agua fría aumentaba el dolor del bajo vientre, así que debía evitarla.

Esto, desde luego, no le gustaba de ser mujer, pero tendría que aguantarse. El dolor, por momentos, le hacía temblar.

A Kenshin le había causado mucha risa y extrañeza ver a Sanosuke reparando el portón y repartiendo maldiciones a cada cosa existente. Yahiko se había burlado hasta el cansancio del cabeza de gallo, quien mascullaba algo sobre la entrometida mujer zorro. Yahiko corrió entonces a saludar a Megumi y Kenshin se escabulló al baño.

Cuando Kenshin se asomó finalmente al comedor, con una yukata puesta, se sonrió ante la escena. Yahiko y Sano, para variar, se pelaban la comida de Megumi, quien abrazaba hasta asfixiar a "Kenshin" cuando "Kaoru" apareció en la puerta, repitiéndole lo comprensiva que era en comparación a la mocosa. Kenshin notó una venita hincharse en la frente de "Kenshin".

Oh, no...

De alguna manera "Kenshin" se soltó del abrazo de Megumi y... ¡la abrazó!... de modo bastante sugestivo.

Megumi, enrojecida hasta la raíz del cabello, no sabía, por primera vez en su vida, qué decir.

Yahiko, por su parte, los miraba inmóvil y luego a "Kaoru" esperando su violenta reacción.

Y Sanosuke Sagara, atragantado con su bocadito, perdía el apetito y miraba a "Kenshin" de manera amenazante, casi asesina.

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Misao pensaba una vez más en la carta que había escrito para Kaoru. En ella le avisaba que iría a visitarla. Las cosas estaban muy calmadas en Kyoto, sus amigos Oniwabanshuu habían sido sepultados bajo hermosas tumbas de honor en un lugar de ensueño y parecía que todo marchaba con cierta normalidad. Claro que Aoshi... seguía en su actitud fría de siempre hacia ella y Misao quería distraerse y pasarla bien antes de planificar su estrategia número 50 para acercarse a su adorado cubito de hielo.

Okina se acercó a Misao y le sirvió un plato calientito de sopa.

-Debes tener muchas energías para ir a Tokio a visitar a tu amiga. Así que come adecuadamente, mi pequeña Misao. Ya verás que alejada de él, tendrá que extrañarte y darse cuanta de una vez por todas de lo que siente.-

-Y si no le interesa, abuelito... -

-Vamos, esa no es la actitud que inculqué en ti, Misao. Verás que todo saldrá estupendamente. Te lo dice un viejo soldado que sabe de estas cosas.

-Tienes razón, Jiya. Todo saldrá bien, en cuanto me vaya a Tokio. Y la pasaré super junto a Kaoru.

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Kenshin no sabía qué decir ante la situación. Era consciente de la explosión de ki que se daba en dirección a Sanosuke de manera tan peligrosa. Pero Kaoru soltó a Megumi a tiempo.

-Como sea, yo quiero a Kaoru porque es linda y comprensiva conmigo, y cuando no lo es, ha sido porque yo no le he contado mis asuntos. - Acto seguido Kaoru soltó a Megumi y se dirigió a "Kaoru". - además, Kaoru no es ninguna mocosa. Pienso que es una mujer atractiva.

Ups.

En torno a la mesa no se escuchaba nada. Todos contenían la respiración. Yahiko, asombradísimo a más no poder, era incapaz de cerrar la boca. Sanosuke, en cambio, sonreía con gran satisfacción. Perfecto. Kenshin era su mejor amigo aún. Pero lo que decía de Kaoru... ¡genial! Nunca pensó que se atrevería.

Y Kenshin, sonrojado... rodeado de... bueno, de "Kenshin", estaba algo... enfadado. Kaoru inconsciente, ¿acaso no notaba que a Megumi se le había desencajado el rostro? Era malo dañar a las personas.

"Kaoru" se desembarazó de los brazos de "Kenshin" con cierta impaciencia y habló.

-Señorita Megumi, es muy bueno que esté con nosotros y le pido una disculpa a nombre de Kaoru por esta escena, pero es que tenemos un problema y pienso que sólo usted puede ayudarnos.

Megumi no entendía nada de lo que le decía Kaoru. ¿Por qué hablaba en tercera persona?

"Kenshin", en cambio, se quedó de una pieza, incapaz de moverse ante la actitud de "Kaoru", que siguió hablando.

-Lo que sucede... y comprendo que suene extraño, es que la señorita Kaoru y yo, de alguna manera... hemos cambiado de cuerpos.

Fin acto tres. Noviembre 6, 2003.

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Notas de Blankaoru.

Sólo para que me perdonen el retraso, cuarto acto arriba. Un beso a todas ustedes.

Por otra parte, en la serie no aparece, pero Kaoru trabaja en el dojo Maekawa dando algunas clases de kendo, junto a Yahiko que la acompaña. En este lugar acontece la saga de "Raijuta", y es bastante diferente a la que sale en televisión. Durante el jinchuu, Enishi manda atacar este lugar, después de lo cual, el maestro Maekawa decide dejar el kendo en manos de expertos jóvenes alumnos y retirarse, o sea, no enseñar más (o algo así, no recuerdo mucho).