Un día dentro de ti.

Acto Cuarto

Escape.

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Sanosuke y Yahiko acompañaban a Megumi hasta la casa tras el consultorio de Gensai, que terminaba de empacar sus cosas para partir al día siguiente a su viaje. Los tres aún no podían creer lo que acababan de oír.

Claro, por ello el cambio de actitud.

Luego de la declaración de Kenshin, Sanosuke sonreía por la situación tan extraña entre Kenshin y Kaoru.

Y Yahiko simplemente no podía hablar entre carcajada y carcajada. Eso hasta que ambos recordaron las diferentes conversaciones que habían tenido con Kenshin y Kaoru pensando que eran el otro...

Diablos.

Eso no les hizo gracia, (ya se imaginaban la escenita que les armaría Kaoru en cuanto estuvieran a solas) así que para salir pronto de allí, decidieron ir a dejar a Megumi a su casa, luego que esta declarara que no los podía ayudar más que investigando si habían casos similares a los de ellos y que la fueran a ver al día siguiente a la consulta. Kaoru simplemente no hablaba, apretando los puños. Kenshin agradecía el interés.

Durante el camino, Megumi tropezó, absorta en sus pensamientos de cómo ayudar a Kenshin y Kaoru salir de ese embrollo. Sanosuke tomó un brazo de ella para evitar que cayera.

Y luego, sin que Yahiko se diera cuenta, deslizó su mano hasta la mano de Megumi, quien no la retiró. Y en medio de la calle, avanzaban así, sin comentarlo.

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Kaoru no le hablaba a Kenshin, demasiado dolida con él, cuando una vez a solas, él se dirigió a ella.

-Si no hubiera hecho eso de abrazar a la señorita Megumi, no habríamos tenido que aclarar las cosas. Pero era necesario para que ella no se sintiera mal.

-¿A qué te refieres?

-A que cuando usted la abrazó con MI cuerpo, ella pudo haber pensado que yo estaba interesado en ella. Y luego usted la bajó a tierra de manera casi cruel. Nunca lo pensé de usted, Kaoru, el poco tacto hacia la señorita Megumi. Usted misma dijo que debíamos comportarnos de manera natural ante los demás y usted comenta y hace cosas que yo nunca haría.

-Quieres decir que tú no lo dirías... aunque lo sintieras...

Kenshin negó con la cabeza.

-Acaso... tú... ¿por qué no me abrazas frente a los demás? ¿o me dices algo lindo de vez en cuando? ¿te da vergüenza?

"Kaoru" bajó la mirada.

-Es usted muy niña, Kaoru. Mírese. Míreme.

-Entonces te avergüenzas de sentir algo por mí, Kenshin... porque me ves como a una niña y tú eres mayor. ¡Maldición! - Kaoru asestó un puñetazo en el suelo, intentando retener las lágrimas y permitiendo que su cabello rojo ocultara su mirada. - Por eso tratas de hacer todo en esta casa, aún a costa de tu propia salud... porque piensas que como soy una niña no puedo hacerlo sola... hablé con Megumi por la tarde. Examinó tu cuerpo y me preguntó que por qué yo no te dejaba descansar si sabía que estabas tan mal... y tú... nunca me lo habías comentado, Kenshin.

-No quería preocuparla. Y quería ayudar.

-Eres un imbécil, Kenshin Himura. Me quedé sola a los quince años y me hice cargo de este dojo y lo hice bien hasta lo de Hiruma. Pero antes no te necesité... a mí no me interesa que seas el mártir lavador de mi ropa, quiero que te recuperes bien de una buena vez, porque eso es lo más importante para mí. Porque a mí no me avergüenza reconocer que te quiero como a nadie en este mundo. Lástima que no sea mutuo, ¿verdad?. Tienes razón, quizá yo soy una niña y por eso no veo las cosas como lo hace un adulto como tu. - Kaoru se levantaba y salía del cuarto. - por lo demás, no te preocupes por lo que siente Megumi. Esta tarde me preguntaba si le podía ayudar con Sano... -

Kaoru se dirigió a la habitación de Kenshin con una furia apenas controlable, sintiendo los pasos de "ella" tras "él", torpes y menudos.

-Señorita Kaoru, escúcheme, yo...

-Déjame sola. He entendido demasiado y necesito tiempo para asimilarlo, Kenshin. A ver si así logro madurar como tú. Y vete a mi cuarto a descansar, porque supongo que aún tienes los dolores y yo sé bien lo que es eso.

Entonces Kaoru corrió la puerta en las narices de Kenshin, quien se fue al cuarto de la joven.

Tonto Kenshin, tonto.

Era tan egoísta, pensando que todo giraba en torno a él. Y siempre se decía que se preocupaba por ella. Pero sólo demostraba su preocupación por los demás.

Realmente él, le hacía mucho daño. Pero no por estar con ella. Si no por callar. Y ahora, demasiado tarde, lo entendía.

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El pelirrojo se levantó de puntillas y al asomarse al cuarto de Kaoru, le encontró en posición fetal abrazándose el vientre. Ella sabía que se encontraría así, por eso llevaba algunas toallas calientes en el hombro y un braserito. Se acercó a la joven acostada frente a sí y le acarició la frente, apartando su flequillo del rostro que hacía una mueca de dolor, atrayendo su atención.

-Toma, colócate esto donde te duele.-

"Kaoru" obedeció. Haría cualquier cosa que le dijeran si así aminoraba las molestias. El dolor se calmaba bastante con el calor de la toalla caliente.

-Gracias, señorita Kaoru.

Kaoru bajó la vista. Esta situación le era tan extraña y natural a la vez... en fin.

-Kenshin, discúlpame por las cosas que te dije. Estaba enfadada y no medí mis palabras. Lo siento. Tienes razón. Soy una niña malcriada, me enfado por todo. Comprendo que no quieras decirme nada. Y que debo madurar más.

Kenshin no dijo nada. Solo contemplaba la mejilla rasgada por la cruz marcada en ella. Kaoru se disculpaba... aunque ella tenía la razón.

-No se preocupe, Kaoru. He sido yo el que no ha comprendido, el que no ha entendido, en ningún momento, cómo se sentía usted verdaderamente. Es usted incluso más valiente que yo al soportar estos dolores mes tras mes y ha tenido que suceder esto para que recién yo lo supiera porque antes no me había dado cuenta. Usted sale a trabajar y llega cansada del trabajo, y nos da todo lo que puede y más. Es usted toda una mujer, Kaoru, una mujer luchadora, incansable... pensé que era bueno que yo ocultara mis emociones ante usted y ahora sé que eso no es así, porque la única retribución que puedo dar a sus sentimientos y hospitalidad, lo único que puede animarla cuando se siente mal, se lo he negado, Kaoru.

-Kenshin... no digas eso...

-Es la verdad ¿no? - Kenshin se colocaba otra toalla caliente - ¿cuantas veces me he acercado a usted para aliviarla como lo hace usted conmigo, como ahora?... siempre le pregunto como está y nada más... o la observo desde lejos, oculto, aunque supongo que eso usted ya lo ha descubierto, en cambio usted, en su espontaneidad, se acerca, no duda en entrar a mi cuarto si presiente que me siento mal, aunque sea de ánimo. He sido yo el niño inmaduro, Kaoru, porque no sé amar. Y quizá ya es para mí demasiado tarde para aprender. Por eso no me he acercado a usted, Kaoru. Porque Kenshin Himura no sabe dar amor. Sólo sabe proteger sin importar quien sea, pero se ha olvidado de expresar el amor.

-Kenshin... tú sabes amar, amaste a Tomoe...

-Pero como a usted, repetía constantemente "te protegeré". No recuerdo haberle dicho que la quería. Yo no sé ser como ella o como usted.

-Kenshin... si me lo permites... si me dejas acercarme... yo te puedo... enseñar.

-Kaoru... nadie puede tener tanta paciencia.

-Yo la tendré, porque te amo.

Kaoru se acercó a Kenshin aún recostado en el futón y lo abrazó tiernamente. Luego se acostó junto a la joven sin soltarla, y poniendo una toalla nuevamente calentada en su vientre, haciendo que Kenshin recostara su cabeza ahora de cabellos negros como la noche, sobre su brazo extendido, le acunó en su pecho.

-Kaoru, siento como si la viera realmente, por primera vez. Debe ser que esta situación de vivir el "periodo" me ha puesto más sensible... no lo sé.

-Es normal, Kenshin. Es normal. Te lo dice una experta en el tema. Pero es sólo por hoy o quizá mañana. No te preocupes.

-Pero es que me gusta verla así, Kaoru. Siento que veo a la Kaoru real y me gusta mucho.

-Yo también siento que te veo por primera vez, Kenshin, y que puedo comprenderte y así ayudarte. - Kaoru tomó aire - Soy Kaoru Kamiya. Mucho gusto.

-Soy Kenshin Himura. Es un placer conocerla.

Sus manos se encontraron bajo la manta del futón. Sin importar lo que dijeran al día siguiente Yahiko o Sanosuke, por esa noche ellos dormirían así.

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La carta de Misao había sido enviada esa misma tarde a Tokio. Sin embargo la jovencita estaba demasiado impaciente por irse... no aguantaba más estar con un Aoshi demasiado inexpresivo según ella. Tanto, que a pesar del inmenso amor que Misao sentía por él, estaba a punto de abandonar en su empeño por conquistarlo y lograr de sus ojos la más dulces miradas para ella. Porque tal vez Misao estaba mirando el mundo ya no como una niña, sino como una mujer que quiere experimentar, descubrir... claro que si fuera con Aoshi estaría mejor, pero él no le daba ni se daba la oportunidad de estar juntos, encerrado en sí mismo, reprimiendo cualquier muestra de cariño hacia la jovencita que pronto cumpliría los dieciocho.

Misao no iba a esperar más.

Por lo menos, no aquí, en Kyoto, junto a él.

Ella había hecho todo lo posible por acercarse a él e intentar que su relación se desviara de lo platónico a lo más carnal, a una verdadera relación de pareja. Ahora, Misao dejaría (aunque le disgustaba esperar sin hacer nada mientras) que Aoshi hiciera la parte que le correspondía en este asunto si es que finalmente él la amaba.

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Aoshi subía la escalera hacia su cuarto, silencioso, con lentos y elegantes pasos, moviendo su alto y delgado cuerpo tranquilo después de un agotador día laboral y el baño que se había dado recién. Dormiría deliciosamente... era lo justo.

Misao, en tanto, sacaba algunos kimonos sencillos del armario que doblaba con gran cuidado. La puerta de su habitación estaba entreabierta y Aoshi de pronto sintió deseos de mirar dentro y ver que hacía la pequeña. Y su pequeña parecía preparar un equipaje.

-¿Misao?

La aludida se volvió sorprendida, con una leve sonrisa, pues estaba imaginando las salidas que haría con Kaoru al mercado.

-Señor Aoshi...

-¿qué haces?

-Oh... esto... - Misao extendía el kimono frente a sí para evitar la mirada de ese hombre, no fuera a ser que cambiara de opinión.- me preparo para ir a Tokio a visitar a Kaoru y pasar una temporada con ella.

-Ah.- Aoshi no sabía que más decir. Misao se iba de vacaciones. Bien por ella. ¿pero se iba sola?- ¿y esos kimonos?

-Me los compró Okina hace algunos días, para mi cumpleaños. Piensa que está bien que use alguno de vez en cuando, así que los estrenaré en Tokio.

-Pero no puedes irte, Misao... - Aoshi se sorprendió a sí mismo con esta afirmación. Pero agregó.- Sabes que la joven Kamiya pasa apuros económicos, puedes ser una carga.

Si a Misao la hubieran golpeado en la cara, se habría enfadado menos. De alguna manera sobrenatural controló lo suficiente su voz para no terminar chillando.

-Tengo suficiente dinero mío como para gastarlo en lo que me plazca y como he de vivir con Kaoru, no tendré mayor inconveniente en hacerme cargo de mis gastos y algunos más. No seré molestia. Kaoru ha contestado mi carta y quiere que vaya pronto a reunirme con ella. -qué gran mentirosa eres, Misao, aunque lo del dinero es cierto.- Y me iré mañana. Viajaré en tren. - y espero encontrar boleto. - No es necesario que vaya a la estación conmigo, así que es bueno que haya venido, para despedirnos ahora.

-Olvídalo, Misao. Te iré a dejar a la estación.

A Misao se le subieron los colores al rostro. En verdad, pensaba irse en cuatro días más. Estaba haciendo su maleta porque ella misma se reconocía algo distraída y no quería olvidar nada... ¿y si en la estación no encontraba boletos? Su escenita de la chica autosuficiente se iría al demonio junto con su orgullo.

Que sea lo que Dios quiera.

-Esta bien, señor Aoshi. Mañana a las ocho.

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Lo que comenzó como unas simples gotitas cayendo muy dispersas pronto se convirtió en una torrencial lluvia. Megumi miraba fastidiada hacia fuera, viendo como pronto ríos corrían por el patio. El doctor, junto a ella, bebía algo de té, junto a Sanosuke que la tenía nerviosa mirándola de reojo. Tonta Megumi, ¿en qué momento se le ocurrió dejar su mano atrapada en la de Sano? Ahora no sabía como enfrentarse a ese tipo.

-No pareciera que fuera a parar de llover. No sé si pueda regresar a casa, Megumi. Aunque el agua no me asusta, aún me siento algo incómodo por lo que está pasando con Kenshin y Kaoru- dijo Yahiko, al lado de la doctora en la puerta de la casa. Megumi lo miró con comprensión, ella se sentía igual de extraña, aún no sabía si creer o no en la historia de esos dos.

-Eh, mocoso, deja de fastidiar. Lo mejor será que partamos de una vez al dojo. "Kenshin", digo, la chiquilla, parecía algo enojada. No vaya a ser que asesine a Kenshin.

-Claro, un comentario tan tonto no podía salir de otra persona que no fueras tú. - dijo algo acalorada Megumi, desesperada por demostrar que ese grandísimo animal le interesaba un pepino. - Yahiko, esta noche dormirás aquí y mañana regresarás al dojo Kamiya. Si Sanosuke quiere mojarse y enfermarse, es cosa suya.

-Quédate, Yahiko- dijo Gensai.- es lo mejor para ti. Además, debemos planear una forma de regresar a Kenshin y Kaoru a sus respectivos cuerpos y tres cabezas piensan mejor que dos.

-¡Bah! - bufó molesto Sanosuke. - hagan lo que quieran. Yo me voy. - acto seguido se dirigió hacia la puerta con paso decidido.

Eso, hasta que sonó un trueno.

-Pensándolo bien, me quedo. Debo vigilar que este mocoso no cometa alguna barbaridad.-

A Megumi la tomó por sorpresa la decisión de Sano. Se levantó y fue a buscar los futones. Se acercaba la hora de dormir. Pronto regresó y encontró a los tres hombres charlando animadamente, sobre Kenshin y Kaoru.

-Yo propongo que les demos un golpe en la cabeza al mismo tiempo para que sus mentes vuelvan a cambiar. - dijo Sano.

-Quizá si cambiamos sus cabezas... no, no creo que sea una buena idea - reflexionó Yahiko imaginando la cabeza de Kenshin en el cuerpo de Kaoru y viceversa.

Megumi se preguntó cuanto sake habrían bebido esos sujetos durante su ausencia... había una botella sobre la mesa. Pero nadie se puede emborrachar en cinco minutos. Entonces, estaba decidido: Eran unos tontos rematados.

Megumi suspiró, atrayendo la atención de los hombres sobre ella. En especial de uno que usa una cinta roja en la cabeza.

-No pueden decidirse por un tratamiento si no saben bajo qué circunstancias sucedió el cambio de mentes. Eso cualquiera lo sabe. - dijo la joven doctora con su voz firme y segura. - lo he pensado. Esta situación es demasiado extraña y sólo una persona en este mundo puede pensar en algo tan extraño sin maravillarse y encontrarle solución.

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-Señor Aoshi... - musitó Misao mientras el tren partía hacia la nueva capital del Japón, y veía por la ventanilla al hombre que amaba perderse en la distancia. La joven iba vestida como toda una damita, de kimono y con una bolsita de mano floreada. Misao se preguntaba si no se molestaría Kaoru con su abrupta llegada. ¡Llegaría antes que su carta! La joven de los ojos verde azulados volvía su vista hacia la ventanilla del tren, tratando de adivinar en las pequeñísimas formas de la lejanía, la silueta de Aoshi. Pero nada.

Y sin embargo, aunque ella no tenía modo de saberlo, él seguía allí, con su mano levemente alzada, despidiéndola.

Se veía tan... extraña. No era como su pequeña de todos los días, revoltosa y alocada. Se veía muy propia de sí, muy seriecita. El kimono le daba un aire de adultez que contrastaba con sus expresivos ojos y su rostro algo infantil. Aoshi supo entonces, que la extrañaría.

"Se veía muy bonita."

"Pero es que Misao siempre es bonita."

"Y siempre lo será".

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Fin acto cuarto. Noviembre 12, 2003.

Qué más les puedo decir... ¡Perdónenme! Blankis ha sido mala, no ha actualizado, no ha cumplido sus promesas... Blankis no podrá actualizar hasta el 8 de diciembre, con suerte... acabo mis clases el 6 y el 7 dedicaré a recuperar el tiempo perdido. De todos modos, si puedo actualizar antes, lo haré. Más tomando en cuenta que algunas parejas están comenzando a formarse. Ahora los saludos y algún día retomaré el comentar otras historias. Onegai... quisiera no dormir más para tener tiempo... g justary :Desgraciadamente a mi hermana no se le antoja hacer una continuación del fic. yo no me atrevo a escribirlo, porque como habrás notado, su estilo es muy diferente del mío. Te agradezco el interés hacia mis demás publicaciones y espero que estos dos nuevos actos te hayan gustado.

Je, je, puse dos actos de una vez porque es mi manera de redimirme por no haber actualizado a tiempo. como verás, los demás personajes se están empezando a meter y bueno, están reclamando su parte en esta historia. Por lo demás, estoy tratando de pensar en una buena manera de regresar a Kenshin y Kaoru a sus respectivos cuerpos.

kirara : Muchas gracias, en especial por tu mensaje a Actuación sin Libreto. Planeo poner otra escena de esas tan románticas aquí también, más adelante. Un besote. Por cierto, Kirara es un nombre muy bonito, en verdad, me gusta mucho.

naoko lizi kinomoto: No pensaba mandar saludos, pero a esta hora estoy en la cola para imprimir mi tarea en la universidad y parece que crea mucha expectación cuando a uno le responden sus mensajes. Espero que te hayan gustado los actos nuevos y blankis no se rendirá. (ahora releo el fanfic y me parece algo melancólico de pronto)

Bunny Saito: Hola, Conejita. espera, ahora que lo recuerdo Misao se ha quejado de bailar desnuda. y yo. snif. creí. que le hacía. snif. un favor. BUAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!.Lo siento, lo siento. yo no quería, pero soy muy libidinosa, creo.me gustaba mucho esa escena y ahora. me siento.MAL!!!!!!!. Bien, pasando a un tema más serio, pienso que Kenshin debiera de tener sus clases de ortografía, caligrafía, lectura y gramática, eso bien daría para otra historia, ¿no? Te envío un abrazo grandote y en cuanto tenga más tiempo, devoraré más y más fics tuyos.

Navi: A mí también me gustan mucho las historias románticas empalagosas, y lo mejor de escribirlas es que las hago a mi gusto. si al resto le parece interesante. ¡MEJOR!! Yo también tengo un hermanito molestoso, tiene siete años y a veces se me arroja encima y medio me asfixia, pero. ¡lo quiero igual! (siempre que esté lejos de mí)

little mary-chan: Espero que este acto te haya sacado más de una sonrisa. Me entretuve haciéndolo, aunque caí sin querer en algo que quedó un poco triste, pero creo que por ser Kenshin como es, no lo puedo evitar. Aunque se enteraron también de varias cosas. Je je je. Ya se me ocurrirá de qué más pueden enterarse.

Misao-19: Hola, compatriota. Como te prometí, finalmente he podido subir la historia y finalmente, me decidí a saludar a quienes emplearon tiempo en escribirme, creo que ahora es bueno que les responda y me he hecho de un tiempo. Gracias por tu review. Es muy agradable conversar contigo por el messenger. Un besote.

-.-.-Aoshi y Misao por siempre.-.-.

chibirin: Aún no han reaccionado adecuadamente. Ya verás qué hacen esos dos en los próximos capítulos.

mer1: Hola, Mer. Lamento no tener más tiempo para revisar los fics de otras persona, así que no he podido ver el tuyo. Espero que te quede bien bueno para que te lluevan los reviews.

Gaby: Ups, Kenshin con la regla ha sufrido bastante... a mí a veces me pasa que me dan unos dolores e igual tengo que salir a estudiar y esas cosas y enfrentar con mi mejor cara al mundo.

Paumaki: lamento no haber actualizado a tiempo, me siento muy mal, de veras. casi como una pequeña ratita, casi como para referirme a mí misma como "Sessha". Espero salir luego de clases.

KaOrA-FGV-16 : Me complico a veces con la trama a seguir, espero no desviarme del camino con esos dos. Un beso enorme para ti y gracias por escribirme.

water-ela : Creo que no te incluí en los saludos la vez anterior. Pero tienes derecho a estar en ellos. Gracias por dedicarme tus cinco minutos, eso me da mucho ánimo para seguir. Espero que te vaya bien en lo que estés haciendo. Un besote para ti.