Estos personajes no son míos y... este no es el final, así que no se
ilusionen. Pero de veritas que ya viene...
Acto Nueve
Complicaciones.
Kaoru se sentía como una niña pequeña realizando una travesura. Porque en este momento se estaba haciendo pasar por Kenshin y aunque se le dificultaba hablar con tantos "sesshas" y "de gozarus", además de otros términos que usan únicamente los hombres al hablar en Japón, nadie aún se daba cuenta que había regresado a su cuerpo.
Kenshin, en tanto, ya había superado la etapa de sonrojarse levemente cada vez que trataba de "tú" a Misao, y se había acostumbrado un poco a no usar sus "términos" de hombre. Estaba seguro que de cometer algún error, Aoshi sería el primero en darse cuenta. O Hiko. Kenshin debía reconocer que la situación era aún más extraña que la anterior, pero ponía a su servicio sus dotes de actor y no salía tan mal...
Aoshi de cuando en cuando se volteaba para mirar a Misao quien, vestida con un abrigador kimono, conversaba animadamente con Hiko y Yahiko. Primero habían ido al Akabeko a desayunar algo delicioso. Pasaron por el mercado y ahora se dirigían al cementerio, donde Kaoru oraría a su padre. Por ello, Kenshin, a quien todos suponen que es Kaoru, portaba una cubeta con flores frescas de la estación y algo de incienso.
Misao guardaba respetuoso silencio mientras "Kaoru" encendía el incienso. Se disculpó y dijo que los esperaría en la salida. Aoshi hizo lo mismo y se detuvo a varios pasos de Misao, quien observaba el cielo despejado con una gran sonrisa.
-Misao... -
-Señor Aoshi, pensé que se quedaría junto a ellos. -
-No me agradan los cementerios. Este en especial, me trae malos recuerdos. Fue aquí donde acabé con la vida de ese tipo que fabricaba marionetas... -
-Y aquí donde todos creíamos que estaba enterrada Kaoru... por eso yo también salí. Ese recuerdo me resulta triste aún. Fue duro perder a mis amigos Onniwabanshuu, y más duro aún pensar que la perdía a ella.
-Lo sé, Misao, lo sé.
Misao llevaba el cabello recogido en una coleta baja, adornada con un hermoso pañuelo. Ya no le dificultaba tanto usar kimono, pues los vestía desde que llegó a Tokio, y todos, incluso Sanosuke, le dijeron que se veía muy bien. Además, Misao misma reconocía que pasaba más desapercibida así, regla fundamental para una ninja, y de todas maneras, llevaba el traje especial debajo de su vestuario.
-Cambia el aspecto, pero no la esencia... -
-¿Perdón señor Aoshi?
-Nada, Misao... ¿sabes? Cuando veníamos noté que están estrenando una obra de teatro. Pienso que podríamos verla. ¿Quieres venir conmigo?... pienso que saliendo juntos a diferentes lugares es una buena manera de cortejarte, mientras llegamos a Kyoto.
Misao sonrió aún más para Aoshi. Aunque se veía enorme, era muy delicado. Después de brindarle un completo repertorio de besos, la mandó a acostar pronto a su habitación. Como novio y tutor, vería que ella se comportara bien hasta el momento de casarse.
-Además, Kaoru y Kenshin necesitan que los dejemos solos por la tarde, para intentar regresar a sus cuerpos. Posiblemente debamos llevar a Yahiko con nosotros.-
La nube rosa en la que flotaba Misao se deshizo cuando imaginó a Yahiko entre ella y su amor.
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En el templo se encontraron con Sanosuke. Éste regresaba de brindar una ofrenda que debía desde hacía mucho tiempo. Claro que Sanosuke no comentó este hecho, porque le debía dinero a buena parte del grupo ante él y no tenía intención de pagarles.
El sacerdote los saludó amistosamente. Aoshi lo observó un momento, reconociéndole de inmediato como un antiguo miembro de los Onniwabanshuu de Kyoto. Este sacerdote hacía espionaje desde Edo (antiguo nombre de Tokio) y se podría decir que aún estaba activo. Así que Aoshi le explicó que sus amigos necesitaban casarse pronto, y aunque no dijo el motivo exacto, dio a entender que se trataba de un maleficio. El bondadoso sacerdote pensó un poco.
-Esta mañana una pareja joven canceló su cita. Como veo que es una emergencia, no me molestaría casarlos a ellos. Los amigos de los Oniwabanshuu siempre tendrán mis bendiciones. Además, se ven muy lindos juntos.
Kaoru se sintió muy bien por que el sacerdote dijo que hacía buena pareja con Kenshin... eso, hasta que notó una venita hinchada en la frente de Hiko Seijuro treceavo.
-Él no es mi prometida... es un hombre que se casará con la chica aquella- dijo Hiko escupiendo las palabras ante el error del viejo sacerdote que para variar, confundió a Kenshin con una mujer. Y a Hiko con el prometido.
Kenshin se ruborizó un poco. No le hacía gracia la idea. Kaoru en tanto, fingió molestarse, pues se supone que ella aún es Kenshin, aunque sentía deseos de reír.
-Por la tarde podré casarlos, así que si tienen algo que arreglar, háganlo ahora.-
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Tae y Tsubame terminaban de adornar el Akabeko para la celebración especial por la noche. Sanosuke corrió hasta la clínica del doctor Gensai para avisarle al médico que acababa de llegar de sus vacaciones y de paso, invitar a zorrita a la boda. Megumi cuando lo supo dio un suspiro de resignación y diciendo algo de que por fin todo acabaría de una buena vez, se fue a preparar para la tarde. El problema es que Saito también se enteró cuando Sanosuke fue a avisarle de la fiesta a Tsunan y se tropezó con el lobo de Mibu, quien amenazó con mandarlo a la cárcel si no le contaba por qué corría de ese modo. En realidad, Saito tenía la secreta esperanza de que hubiera alguna buena pelea, al fin y al cabo, los tiempos de paz comenzaban a aburrirle y una revuelta de vez en cuando él la agradecería. Pero cuando Sanosuke, entre dientes, masculló que Kenshin y Kaoru se casaban, Saito se llegó a doblar de la risa y decidió ir a la ceremonia y comprobarlo con sus propios ojos. De eso él tendría para reírse al menos una semana.
Hiko Seijuro, en tanto, como buen maestro, decidió obsequiar a los novios con sake, y se dispuso a recorrer la ciudad para conseguirlo. Lo bueno de ser guapo y encantador, es que muchas de las señoritas que atendían los locales de bebestibles, le regalaron el sake a Hiko a cambio de una de sus sonrisas...
Yahiko no tenía que obsequiar a Kaoru. Por eso decidió conseguir las flores más bellas para adornar su cabello. Aunque luego recordó que quien habitaba el cuerpo era Kenshin... en fin, daba lo mismo, porque a las mujeres les gustaba adornarse y seguro que Kaoru convencería a Kenshin para que se dejase adornar. (recuerden que Yahiko aún no sabe lo del nuevo cambio)
Kenshin y Kaoru fueron hasta el dojo. Kenshin buscó la mantilla que días atrás le había regalado un vendedor de kimonos en el mercado, y sabía que a Kaoru le gustaría mucho llevarla. Kaoru, en tanto, buscó entre las ropas de su padre, algo que Kenshin pudiera usar, porque uno se casa una sola vez en la vida y al menos, que en esa ocasión, lleve algo decente, no las mismas ropas de todos los días...
Fue así como en medio de todos estos improvisados preparativos, los alcanzó la tarde.
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Tsubame terminaba de acomodar las flores en el peinado que Misao hizo a Kaoru. Kenshin, mientras, notaba con cierta alegría que el señor Kamiya en su juventud había sido tan delgado como él, así que su ropa le quedaba de lo mejor, aunque un poco larga, pero muy poco. Hakama azul, gi blanco, y sandalias azules... si, estaba todo bien...
Aunque lo tenía preocupado el que Saito estuviera en su matrimonio... era una situación graciosa... cuando Kenshin se enfrentaba a muerte con Saito en las calles de Kyoto, jamás imaginó que iría a su boda. Megumi en cambio sonreía, a pesar de que su mirada decía que no estaba feliz de estar allí. Ante esto, Kenshin decidió hacerse el tonto como siempre. Nunca le pasaron desapercibidos los sentimientos de Kaoru o de Megumi, pero en ese entonces lo mejor era mantenerse alejado de ellas. Aunque debía reconocer que para el asunto de Kyoto, sin darse cuenta eligió a la más joven, ya que la sola idea de marcharse sin despedirse de ella y comprobar que estaba bien, le causó un enorme desasosiego. En cambio, de Megumi, ni se acordó...
Sanosuke se sobaba las manos de solo pensar en cuanto sake bebería esa noche. Tsunan, a su lado, contemplaba a Megumi disimuladamente. Entonces dio un codazo a su amigo llamando su atención.
-Sanosuke, tu doctora es realmente hermosa... ¿has pensado en qué harás cuando ella regrese a su pueblo? Mañana es el gran día... -
Sanosuke miro con atención a Megumi, quien en ese momento volteó y se encontró con su mirada. Sanosuke sonrió abiertamente. Megumi hizo un gesto extraño y se volvió hacia los novios.
Su corazón.
Por un momento, se había paralizado ante la juvenil sonrisa de Sanosuke.
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El sacerdote finalmente apareció y se sorprendió un tanto al notar la concurrencia a la boda. Saito fumaba tranquilo bajo uno de los árboles del templo, hasta que cierto cosquilleo en la nuca le anunció que algo no andaba bien. Y no se equivocaba.
Cinco espadachines aparecieron de entre las sombras de los árboles.
-Maldito asesino... ¡¡¡este es el día de tu muerte!!!-
Kenshin se volteó y se maldijo a sí mismo por causar tantos problemas... si él no hubiera sido Hitokiri, hacía tiempo que estaría bien casado y feliz junto a Kaoru. Aunque mirando atentamente los rostros de los espadachines, no se acordaba de ninguno de ellos.
¿ Y Kaoru?
La joven le había sacado la espada a Kenshin y se enfrentaba a los sujetos.
-¡Más les vale marcharse de aquí, porque este es el día de mi boda y no quiero interrupciones!
-¿¡Qué no te enseñaron que las mujeres no deben hablar sin permiso de sus hombres!?-
-Pues tú, pedazo de animal, te vas yendo ahora mismo, o la pagarás caro!! ¡¡No permitiré que le hagas daño a KENSHIN!!-
Todos los presentes que sabían lo del cambio de cuerpos se extrañaron primero, ante el modo de hablar de "Kenshin", aunque luego cayeron en cuenta que quien hablaba era Kaoru... condenados jóvenes... aunque gracias a que mantuvieron en secreto lo del regreso a sus cuerpos, estaban intentando casarse ahora. Aoshi sonrió y Misao y Hiko reían abiertamente. Yahiko en tanto decía algo sobre lo pervertida de Kaoru. A Sanosuke le daba lo mismo...
Pero el asunto es que Kaoru estaba aún entre los hombres y su Kenshin... ella no permitiría que él peleara con su cuerpo que no estaba del todo recuperado aún. Kenshin en tanto, intentaba asirla del brazo para alejarla del futuro campo de batalla, pero ella no se dejaba.
-Pues bien poco nos importa si hoy te casas o no, mujer insolente... no nos detendrás.
Saito miraba entretenido la escena. Esa chica Kamiya, se podría decir que tenía más cojones que cualquiera... sin duda tenía que reclutarla...
Uno de los hombres se lanzó contra Kaoru. Sanosuke reaccionó rápidamente tomándola por la cintura para sacarla de allí, pero Kaoru se revolvió de tal manera entre sus brazos que le impidió dar más de dos pasos y cuando el samurai estuvo prácticamente sobre ella, la joven le dio la mejor de sus patadas en plena mandíbula, aun siendo sujetada por Sanosuke. En ese momento otro de los hombres se lanzó contra ellos, pero esta vez Sanosuke se volteó, haciendo que el sujeto pasara por el lado de ellos, entonces Kaoru con la sakabatto le dio un golpe en la cabeza que lo dejó K.O.
Kenshin miraba la escena con una gotita corriéndole por la cabeza.
-Eh, chiquilla, hacemos buen equipo, ¿no?. - Sanosuke depositó a Kaoru en el piso, en tanto ella se levantaba el borde del kimono para pelear con más libertad de movimiento. Juntos defenderían a Kenshin. Yahiko pronto se unió al grupo. Misao y Aoshi los respaldaban.-
-Diablos, y yo que cancelé la boda esta mañana para atacar tranquilamente al viejo y ahora nos sale con que estaba casando a otra parejita... -
Kaoru reaccionó ante las palabras del maleante.
-¿Viejo?... ¿de quién están hablando? ... -
-De ese maldito anciano que acabó con nuestro maestro hace medio año... maldito Oniwabanshuu... queremos venganza...
-Es decir... que no vienen a matar a Kenshin... ¿no quieren saldar cuentas con él?... - preguntó Sanosuke incrédulo.
-¿"Kenshin"? ¿Y ese quién es?... nosotros venimos a por ese condenado sacerdote. Pero ustedes se metieron en la pelea, así que ahora no retrocederán...
Ups... gotita generalizada.
Aparecían nueve hombres más. Saito acababa su cigarro... por fin algo de acción. Pero Misao se adelantó.
-Como Okasshira de los Oniwabanshuu, tomaré cualquier combate que sea en contra de ellos.
-¿Okashira esa enana? Guajjajajajajajajajjajajajaja!!!!!!-
Aoshi dio un paso adelante.
-Como ex líder de los Oniwabansuu, también pelearé en lugar del sacerdote. - Luego Aoshi se dirigió al sacerdote - Y usted, mientras, casará a esa pareja antes que una nueva desgracia les suceda.-
Kenshin miró agradecido a Aoshi, aunque algo ruborizado porque había descubierto su secreto... pero ahora iba a casarse con su Kaoru, ¿no?... mentir de vez en cuando, no es tan malo, después de todo...
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Misao dejó su kimono doblado sobre una roca, antes de saltar entre los hombres propinándoles sus mejores patadas furiosas... en tanto Aoshi, quien no portaba espadas, mostraba lo mejor de su repertorio de kempo. Yahiko fue autorizado por Kaoru en caso de que los Oniwabanshuu necesitaran ayuda, así que cada vez que veía que alguien quería escapar o ir tras el sacerdote que ya estaba casando a Kenshin y Kaoru, Yahiko le asestaba un buen golpe en la cabeza o en le hombro... donde cayera la espada.
Los puños de Aoshi caían como plomo sobre los cuerpos de los pobres samuráis que ya bastante desestabilizados quedaron con los chillidos y patadas de Misao. Un poco más apartados, el resto del grupo, observaba la extraña ceremonia con gritos, crujidos de huesos y ruidos secos de fondo.
Hiko, en tanto, alegaba que esa no era su pelea y que mejor se iba a ver el matrimonio.
Pronto Kenshin y Kaoru estaban muy casados.
Y cuando salieron del templo, en vez de caminar sobre pétalos de rosas, lo hacían sobre los caídos...
En tanto, Saito se entretenía mandando arrestar a los catorce espadachines. El sacerdote comentó que hacía medio año recibió la orden de acabar con los grupos secretos que pusieran en peligro la paz del Japón. Y ese grupo en especial tenía que ver con tráfico de opio. Así que Saito estaba seguro que si interrogaba a esos sujetos, daría con algo grande e interesante para entretenerse. Y tendría bien ocupado a ese Cho que aún hablaba de la chica Kamiya y de cómo destrozó su espada.
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Luego del festejo en Akabeko, que fue bastante animado, y en el cual Misao y Aoshi anunciaron su compromiso, todos los presentes, con excepción de Saito y Megumi, se fueron a seguir la fiesta al dojo Kamiya. Había mucho por qué celebrar... la boda de Kenshin y Kaoru, lo genial que era el grupo de los Oniwabanshuu y lo efectivo de sus integrantes, la excelente participación de Yahiko en el combate y lo mucho que se divirtieron en Akabeko, además de estar todos juntos, sanos y vivos. Y el regreso de Gensai a la capital, la llegada de la primavera en un mes más, la luna que siempre es redonda... en fin... el sake corría y las risas y canciones improvisadas se escuchaban por toda la casa.
Pero, en algún lugar, Megumi hacía los últimos preparativos para marcharse. Ya estaba todo hecho, ¿no? Kenshin estaba casado. Ahora le pertenecía por completo a Kaoru...
Y se devolvía a Aizú tal como llegó. Sola.
Al día siguiente, cuando abordó el carruaje que la llevaría en el inicio de su viaje, nadie, salvo Gensai, Kenshin y Kaoru estuvieron allí para despedirla. Fingiendo una sonrisa, les deseó lo mejor y Kaoru le dijo que esperaba de todo corazón que las cosas le fueran bien.
El carruaje comenzó a moverse. Megumi se iba, y debía reconocer que estaba algo desilusionada.
El cabeza de gallo no apareció para despedirse.
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En el dojo Kamiya, Misao y Aoshi ordenaban el desorden reinante. Hiko salió por la tarde... y regresó cargado de bebidas... con Sanosuke algo más callado de lo habitual maldiciéndose por quedarse dormido, Tsunan y Yahiko decidieron prolongar la celebración otra noche.
Así cuando llegaron Kenshin y Kaoru de las compras semanales, pensando en irse a dormir y estar tranquilos de una buena vez, pues no habían dormido nada en la noche, se encontraron con todo dispuesto para la nueva celebración.
Kaoru no había tenido tiempo de estar a solas con Kenshin, como buena pareja de recién casados y quería tener espacio y privacidad... se lamentó de no haber preparado todo con más antelación, y Kenshin... bueno, habiendo regresado a su cuerpo, volvía a ser tan reservado... no sentía el impulso femenino de comunicar sus sentimientos, así que a decir verdad, Kaoru no estaba de muy buen humor. Iba a echar a todos de su casa a gritos, cuando la puerta que daba a la calle fue golpeada...
Kaoru, suspirando, fue a ver de quién se trataba. Kenshin, en tanto, metía las compras en la despensa.
-Señor Okina... -
El oído siempre atento de Aoshi captó la sorpresa en la voz de Kaoru y arrastrando a su pequeña tras él, salieron a recibir a los recién llegados.
Okina, en cuanto vio a Misao, vestida de Kimono y como toda una damita, se largó a llorar en tanto la abrazaba por el talle.
-¡Mi pequeña Misao... te extrañé tanto... ¡¡¡BUAAAAAAA!!!-
Mares de lágrimas fluían de los ojos de Okina.
El resto de los Oniwabanshuu que acompañaban a Okina pasaron al interior del dojo y saludaron a todos. Cuando Kaoru vio como su casa se llenaba de gente, dio un suspiro de resignación... otra noche para no dormir...
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Los Oniwabanshuu de Kyoto decidieron invitar al anciano sacerdote para celebrar con el la boda de Kenshin y Kaoru, y pedirles que celebrara en Kyoto la boda entre Aoshi y Misao. Todo el grupo estaba contento por la parejita de ninjas y Aoshi decía que quería ver el tema del matrimonio con tiempo, porque de momento, estaba muy bien cortejando a Misao, después de todo, el tiempo de noviazgo era muy lindo y que él lo quería disfrutar. Misao flotaba constantemente en su nube rosa... Aoshi era considerado y tierno, aunque muy duro cuando ella se comportaba mal... y bastante celoso, pero a Misao esto no le molestaba realmente. Lo mejor era que estaba junto a Kaoru, quien escuchaba pacientemente lo maravilloso que era Aoshi sama y lo genial y guapo y de todo. Había que reconocer que los ninjas eran bastante fiesteros, pues habían llegado hacía una semana y desde entonces, cada noche era una fiesta, cada tarde (cuando recién se levantaban) era ordenar la casa y descubrir que aún quedaba dinero para gastar en comida y sake. Así que pronto salían a la ciudad y por las noches... fiesta nuevamente. En otra situación y momento, a Kaoru no le molestaría tanto ajetreo en su casa, pero no tenía tiempo para ella entre acostarse con su Kenshin, aunque no disfrutaba demasiado este hecho porque enseguida se dormía por el cansancio, levantarse temprano y con falta de sueño ( ya no bebía porque si no le daban unas jaquecas insoportables por la mañana) para ir a trabajar al dojo Maekawa, entrenar a Yahiko y uno que otro alumno a quien daba clases particulares. Kenshin, en tanto, seguía con su rutina pacífica de encargarse de la casa.
En eso estaba Kenshin, preparando algo ligero para que comieran los invitados, cuando Sanosuke entró a la cocina.
-Hola, Kenshin.
-Hola, Sano...
Kenshin notó a Sano algo distraído, mirando por la ventana hacia fuera ¿qué le pasaría?
-¿Crees que Megumi encuentre alguna vez a toda su familia?-
La pregunta sorprendió a Kenshin, quien sumó dos más dos y supo que Sanosuke extrañaba a la doctora.
-Espero que los encuentre. Según recuerdo, uno de sus hermanos estaba en China y regresará a Japón pronto. Quizá ya esté con ella.
-Ah. Vale. Está bien. - Sanosuke se dirigió a la puerta.
Pero Kenshin no iba a dejar a su amigo así como así. Después de estar en el cuerpo de Kaoru, se había desarrollado en él una parte que lograba comprender los sentimientos de los demás.
-Sabes, cuando era Rurouni, pasé por Aizú. Es un lugar muy bonito, ¿sabes? Es el tipo de lugares donde uno desearía hacerse una casita. A pesar de que entonces estaba asolado por la guerra, sus tierras despedían un aura especial. Pienso que deberías visitarlo algún día, cuando decidas partir. Sé que este lugar no te retendrá por mucho tiempo.
-Realmente, Kenshin amigo, estoy algo desorientado con lo que me dices... ¿qué tendría yo que hacer en Aizú?-
-Buscar algo... -
-No sé qué buscar... -
-Yo tampoco sabía qué buscar, y la encontré a ella, a mi esposa, a mi hogar... antes nunca creí que me estableciera en alguna parte y buscaba sin saber qué, realmente.-
Sanosuke entendió la indirecta.
Y sonrió.
-Despídeme de la chiquilla cuando regrese. Y espero venir a visitarte pronto.
-Hasta pronto, Sano.
-Hasta pronto, Kenshin...
Ambos hombres se fundieron en un abrazo. Tantas aventuras pasadas... pero todo camino se separa de otro y se junta con otro en algún momento. Sanosuke se reconocía un hombre valiente... era hora de marchar y buscar hasta encontrar algo que él anhelaba.
Buscar el lugar, el modo de acercarse, el modo de enamorarla y de quedarse con ella.
Buscar, en definitiva, el modo de ser feliz.
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Sanosuke se había marchado hacía dos días y Kaoru sabía que eso no había mermado el ánimo festivo de los habitantes del dojo. Caminaba hacia su casa, algo cansada, pero feliz porque vería a su esposo, y aunque fuera por un momento, se acostaría junto a él para descansar.
Habían intentado en varias ocasiones algún tipo de avance, pero o Misao entraba desorientada al cuarto, o Yahiko se ponía a vomitar cerca... Hiko Seijuro era muy guapo, pero cantaba de modo lamentable. Y ni hablar del escándalo que hacían los del Aoiya...
Sin darse cuanta, tropezó con Saito.
-Disculpe, señor Saito... iba distraída... -
Saito estaba a punto de pedirle a Kamiya que sea su ayudante cuando recordó que era una mujer casada. Para colmo la del ex Battousai y de seguro, éste no querría que ella estuviera en peligro. Decidió preguntarle a Kaoru cómo le iba en su nueva vida. La joven le comentó lo de las continuas fiestas en su casa.
Saito se comenzó a reír para disgusto de Kaoru.
Y luego se puso pálido.
Pobre Kenshin...
Cuando Saito se casó, tuvo a la mujer de su familia celebrando durante un mes completo en su casa. Él sabía muy bien lo que era eso. Si ni siquiera él se atrevió a echarlos, por causa de la "hospitalidad", ya se imaginaba a Kenshin. Al menos Saito consiguió dinero para escaparse con su mujer e ir a algún hotelito. Pero a Kaoru no le alcanzaba...
-Esta noche iré a darles un regalo de bodas. Buenas tardes, Kamiya.- el lobo de Mibu se despidió tocándose la gorra de oficial de policía. Él pronto se marcharía a otro lugar pues había pedido un traslado dentro de la policía, y quería despedirse adecuadamente de quien fuera su enemigo y después, su compañero de combates...
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Megumi salió a recibir a su nuevo paciente. La vida había seguido su transcurso normal y ella, junto a su abuela, cuidaban de los enfermos de aquel pueblecito.
-¡¿Tú?!-
Sanosuke se afirmaba en el quicio de la puerta con su aire insolente y sus cabellos en constante desorden. En una mano traía su maravilloso bolso de viaje, mientras que cercano a su pecho, en algún bolsillo interior de la chaqueta, la imagen del capitán Sagara le daba ánimos.
-¿Y quién es este joven? ¿Es tu prometido, Megumi?- preguntó la abuela quien miraba curiosamente a Sanosuke.
-Soy un paciente, señora. Un paciente que requiere que urgentemente le curen una herida. Y esta señorita doctora es la única que puede hacerlo.
-Abuela, encárgate de la señora Otonashi que está en ese cuarto, que yo me ocuparé de este hombre. - indicó Megumi. Luego la doctora se volteó para sacar algunas vendas limpias de su despensa. -Ahora me dirás qué te pasó esta vez Sanosuke- debía decir algo, porque los nervios, la sorpresa y otro montón de sentimientos extraños estaban haciéndola perder la cabeza. La alegraba tanto ver a un amigo... cuando uno está lejos, todos son amigos, ¿no?
Sanosuke observaba a la joven moverse sensualmente, aunque inconsciente de ello. Quizá fue eso lo que lo motivó a acercarse y abrazarla por la cintura.
-¿Nadie te ha enseñado a saludar adecuadamente a un visitante?... y luego dices que el gamberro soy yo. Al menos tengo modales.
Megumi se dio la vuelta entre los brazos de Sanosuke. Este aprovechó el movimiento para besarla.
Labios rojos contra labios delgados que sabían besar enloquecedoramente bien. Megumi pensó en golpearlo por su atrevimiento, pero, algo pasó dentro de ella. Algo que le hizo alzar la mano para luego depositarla suavemente sobre el rostro de Sanosuke Sagara y acariciar su mejilla. Deseando probar más de esa boca, la doctora entreabrió los labios para ser invadida por la lengua de Sano.
Pronto Sanosuke se separó de ella un poco. Pero muy poco.
-Hola, Doctora zorrita.-
Megumi lo miraba duramente. Pero su mirada se suavizó.
-Hola, cabeza de gallo. ¿qué te trae por aquí?.-
-Necesito que me curen una herida que tengo... aquí. Pensé que tú podrías hacer algo al respecto... - Sano llevó la mano de Megumi hacia el lado izquierdo de su pecho.-... pensé que necesitarías a alguien que... limpiara tu casa cuando no estés y... te acompañe a las consultas a domicilio. Pensé que necesitabas a alguien que te hiciera olvidar a... -
-No lo menciones - dijo Megumi, colocando un dedo sobre los labios de Sanosuke. - No ahora... no estoy preparada para oírlo... es muy pronto aún... -
-Por el contrario, pienso que este es el momento, señorita Megumi.- musitó Sano, antes de tomar su boca nuevamente.
Estaba tan nervioso cuando tocó la puerta de la consulta... no pensaba besarla tan pronto, pero ella era lo que él estaba buscando y Kenshin tenía razón... Aizú era un lugar muy bonito para vivir y tener una casita.
Sin que ellos se dieran cuenta, la abuelita los miraba sonriendo.
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Fin acto Nueve. Enero 9, 2004.
Notas de la autora.
Bueno, nos acercamos al final, ¿no?. Me pasó que me gustó mucho el romance entre Sanosuke y Megumi, y pienso que quizá me gustaría explotar un poco más los sentimientos de ambos, quizá, en otro fic. No sé si sería una continuación o una historia aparte, pero de momento, quiero sacar adelante los otros proyectos antes de iniciar la universidad y tener menos tiempo que ahora...
Algo similar a lo que ha pasado con Misao y Aoshi, aunque debo reconocer que finalmente me entusiasmé más con quienes mencioné antes. Al fin y al cabo, hay muchos fics de Aoshi Misao, escritos estupendamente.
No sé por qué me tenté de dejar el despelote en casa de Kaoru. Debe ser una especie de venganza, no sé... ahora en vacaciones todo ha conspirado contra mi novio y yo y de ahí saqué la idea, en tanto trato de resolver mis problemas sentimentales... no sé... no es tan fácil llevar una vida de pareja, después de todo. Quizá eso me tiene algo triste, sé que lo resolveré, pero no puedo dejar de sentirme un poquito mal.
Bueno, no les aburro más con los líos de Blankaoru. Por cierto, aquí contesto algunos reviews, así quienes no sean contestados aquí, estarán al final del siguiente capítulo. Los reviews que me lleguen del final, los contestaré en el próximo acto de la historia nueva de la próxima semana.
Misao_HX: Nuestro rurouni no terminó hentai, después de todo... no tuvo mucho tiempo, pobrecito. Aunque todo tiene solución, como verás aquí. Gracias por llegar hasta el final de esta historia. Por cierto... ¿puedo enviarte un dibujito fanart de Kenshin?
Naga XD: En Rancagua vive una de mis compañeras de curso... cuando me juntaba para hacer trabajos con ella debía bajarme en Los Alpes, si no me equivoco... bueno, realmente hay que tener tiempo para escribir en pc y todas esas cosas. Cuando escribas algo de Kenshin, con gusto lo leeré y ya sabes que al final de mis historias, las tuyas tendrán su espacio. Ánimo, y suerte.
Paula: Bueno, luego de leer tu trágica noche de año nuevo... uf... parece que estamos todos muy quemados de este lado de la cordillera... en fin... sin duda seguiré escribiendo fics hasta agotar las ideas. Espero que este final no haya quedado tan flojo, pero sufro de un agotamiento mental que ni te imaginas... como que tengo las ideas, pero no la inspiración para dejarlas más bonitas. Chao. Un besito. Nos leemos a la otra.
Alpha-Jack: Bien, sobre nuestro asunto, tu mail no me molestó en absoluto. De hecho, releí lo escrito después y me dije "definitivamente habla demasiado para ser él". En fin, estoy algo cansada, pero no de escribir. También estoy pendiente de muchas cosas. Sobre este final, me alegra terminar mi primera serie, aunque siento que quizá le falta algo, no sé... es una búsqueda que seguirá n la próxima historia. Espero no haberte decepcionado. Muchos cariños y esas cosas buenas. Gracias por tu confianza.
JLB: El placer de leer tu historia ha sido mío, de verdad que me gustó el estilo y bien, a pesar del tema, quedó bastante alegre. Estoy segura que es el tipo de historia que haría feliz a Watsuki, que también gusta de finales felices e historias más alegres. Ya ves el tipo de vance entre Sano y Megumi. No sé que les depare el destino, pero si hago una continuación, se dirigirá hacia Aizú... te queiro agradecer el que me hayas leído y seguido esta historia, el que hayas dejado reviews... no sé... espero que te vaya bien en todo.
Oriana-dono: Jojojo, bueno, regresaron a sus cuerpos de un modo tan "tranquilo" y me gustó eso de Kenshin impulsivo y mentiroso, aunque en este episodio volvió a ser tan pacífico... ¿cómo te gusta más? Por lo del lemon, no sufras, que el próximo episodio tendrá de eso. Un besote, y como a todos, gracias por llegar hasta aquí.
Aome: Bien, como verás, quiero dejar este tema descansando. Pero la oferta de fics es muy variada y espero que las próximas historias capten tu interés mientras llega la continuación. Un besote enorme, Aome, y te avisaré si hay una continuación.
Acto Nueve
Complicaciones.
Kaoru se sentía como una niña pequeña realizando una travesura. Porque en este momento se estaba haciendo pasar por Kenshin y aunque se le dificultaba hablar con tantos "sesshas" y "de gozarus", además de otros términos que usan únicamente los hombres al hablar en Japón, nadie aún se daba cuenta que había regresado a su cuerpo.
Kenshin, en tanto, ya había superado la etapa de sonrojarse levemente cada vez que trataba de "tú" a Misao, y se había acostumbrado un poco a no usar sus "términos" de hombre. Estaba seguro que de cometer algún error, Aoshi sería el primero en darse cuenta. O Hiko. Kenshin debía reconocer que la situación era aún más extraña que la anterior, pero ponía a su servicio sus dotes de actor y no salía tan mal...
Aoshi de cuando en cuando se volteaba para mirar a Misao quien, vestida con un abrigador kimono, conversaba animadamente con Hiko y Yahiko. Primero habían ido al Akabeko a desayunar algo delicioso. Pasaron por el mercado y ahora se dirigían al cementerio, donde Kaoru oraría a su padre. Por ello, Kenshin, a quien todos suponen que es Kaoru, portaba una cubeta con flores frescas de la estación y algo de incienso.
Misao guardaba respetuoso silencio mientras "Kaoru" encendía el incienso. Se disculpó y dijo que los esperaría en la salida. Aoshi hizo lo mismo y se detuvo a varios pasos de Misao, quien observaba el cielo despejado con una gran sonrisa.
-Misao... -
-Señor Aoshi, pensé que se quedaría junto a ellos. -
-No me agradan los cementerios. Este en especial, me trae malos recuerdos. Fue aquí donde acabé con la vida de ese tipo que fabricaba marionetas... -
-Y aquí donde todos creíamos que estaba enterrada Kaoru... por eso yo también salí. Ese recuerdo me resulta triste aún. Fue duro perder a mis amigos Onniwabanshuu, y más duro aún pensar que la perdía a ella.
-Lo sé, Misao, lo sé.
Misao llevaba el cabello recogido en una coleta baja, adornada con un hermoso pañuelo. Ya no le dificultaba tanto usar kimono, pues los vestía desde que llegó a Tokio, y todos, incluso Sanosuke, le dijeron que se veía muy bien. Además, Misao misma reconocía que pasaba más desapercibida así, regla fundamental para una ninja, y de todas maneras, llevaba el traje especial debajo de su vestuario.
-Cambia el aspecto, pero no la esencia... -
-¿Perdón señor Aoshi?
-Nada, Misao... ¿sabes? Cuando veníamos noté que están estrenando una obra de teatro. Pienso que podríamos verla. ¿Quieres venir conmigo?... pienso que saliendo juntos a diferentes lugares es una buena manera de cortejarte, mientras llegamos a Kyoto.
Misao sonrió aún más para Aoshi. Aunque se veía enorme, era muy delicado. Después de brindarle un completo repertorio de besos, la mandó a acostar pronto a su habitación. Como novio y tutor, vería que ella se comportara bien hasta el momento de casarse.
-Además, Kaoru y Kenshin necesitan que los dejemos solos por la tarde, para intentar regresar a sus cuerpos. Posiblemente debamos llevar a Yahiko con nosotros.-
La nube rosa en la que flotaba Misao se deshizo cuando imaginó a Yahiko entre ella y su amor.
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En el templo se encontraron con Sanosuke. Éste regresaba de brindar una ofrenda que debía desde hacía mucho tiempo. Claro que Sanosuke no comentó este hecho, porque le debía dinero a buena parte del grupo ante él y no tenía intención de pagarles.
El sacerdote los saludó amistosamente. Aoshi lo observó un momento, reconociéndole de inmediato como un antiguo miembro de los Onniwabanshuu de Kyoto. Este sacerdote hacía espionaje desde Edo (antiguo nombre de Tokio) y se podría decir que aún estaba activo. Así que Aoshi le explicó que sus amigos necesitaban casarse pronto, y aunque no dijo el motivo exacto, dio a entender que se trataba de un maleficio. El bondadoso sacerdote pensó un poco.
-Esta mañana una pareja joven canceló su cita. Como veo que es una emergencia, no me molestaría casarlos a ellos. Los amigos de los Oniwabanshuu siempre tendrán mis bendiciones. Además, se ven muy lindos juntos.
Kaoru se sintió muy bien por que el sacerdote dijo que hacía buena pareja con Kenshin... eso, hasta que notó una venita hinchada en la frente de Hiko Seijuro treceavo.
-Él no es mi prometida... es un hombre que se casará con la chica aquella- dijo Hiko escupiendo las palabras ante el error del viejo sacerdote que para variar, confundió a Kenshin con una mujer. Y a Hiko con el prometido.
Kenshin se ruborizó un poco. No le hacía gracia la idea. Kaoru en tanto, fingió molestarse, pues se supone que ella aún es Kenshin, aunque sentía deseos de reír.
-Por la tarde podré casarlos, así que si tienen algo que arreglar, háganlo ahora.-
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Tae y Tsubame terminaban de adornar el Akabeko para la celebración especial por la noche. Sanosuke corrió hasta la clínica del doctor Gensai para avisarle al médico que acababa de llegar de sus vacaciones y de paso, invitar a zorrita a la boda. Megumi cuando lo supo dio un suspiro de resignación y diciendo algo de que por fin todo acabaría de una buena vez, se fue a preparar para la tarde. El problema es que Saito también se enteró cuando Sanosuke fue a avisarle de la fiesta a Tsunan y se tropezó con el lobo de Mibu, quien amenazó con mandarlo a la cárcel si no le contaba por qué corría de ese modo. En realidad, Saito tenía la secreta esperanza de que hubiera alguna buena pelea, al fin y al cabo, los tiempos de paz comenzaban a aburrirle y una revuelta de vez en cuando él la agradecería. Pero cuando Sanosuke, entre dientes, masculló que Kenshin y Kaoru se casaban, Saito se llegó a doblar de la risa y decidió ir a la ceremonia y comprobarlo con sus propios ojos. De eso él tendría para reírse al menos una semana.
Hiko Seijuro, en tanto, como buen maestro, decidió obsequiar a los novios con sake, y se dispuso a recorrer la ciudad para conseguirlo. Lo bueno de ser guapo y encantador, es que muchas de las señoritas que atendían los locales de bebestibles, le regalaron el sake a Hiko a cambio de una de sus sonrisas...
Yahiko no tenía que obsequiar a Kaoru. Por eso decidió conseguir las flores más bellas para adornar su cabello. Aunque luego recordó que quien habitaba el cuerpo era Kenshin... en fin, daba lo mismo, porque a las mujeres les gustaba adornarse y seguro que Kaoru convencería a Kenshin para que se dejase adornar. (recuerden que Yahiko aún no sabe lo del nuevo cambio)
Kenshin y Kaoru fueron hasta el dojo. Kenshin buscó la mantilla que días atrás le había regalado un vendedor de kimonos en el mercado, y sabía que a Kaoru le gustaría mucho llevarla. Kaoru, en tanto, buscó entre las ropas de su padre, algo que Kenshin pudiera usar, porque uno se casa una sola vez en la vida y al menos, que en esa ocasión, lleve algo decente, no las mismas ropas de todos los días...
Fue así como en medio de todos estos improvisados preparativos, los alcanzó la tarde.
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Tsubame terminaba de acomodar las flores en el peinado que Misao hizo a Kaoru. Kenshin, mientras, notaba con cierta alegría que el señor Kamiya en su juventud había sido tan delgado como él, así que su ropa le quedaba de lo mejor, aunque un poco larga, pero muy poco. Hakama azul, gi blanco, y sandalias azules... si, estaba todo bien...
Aunque lo tenía preocupado el que Saito estuviera en su matrimonio... era una situación graciosa... cuando Kenshin se enfrentaba a muerte con Saito en las calles de Kyoto, jamás imaginó que iría a su boda. Megumi en cambio sonreía, a pesar de que su mirada decía que no estaba feliz de estar allí. Ante esto, Kenshin decidió hacerse el tonto como siempre. Nunca le pasaron desapercibidos los sentimientos de Kaoru o de Megumi, pero en ese entonces lo mejor era mantenerse alejado de ellas. Aunque debía reconocer que para el asunto de Kyoto, sin darse cuenta eligió a la más joven, ya que la sola idea de marcharse sin despedirse de ella y comprobar que estaba bien, le causó un enorme desasosiego. En cambio, de Megumi, ni se acordó...
Sanosuke se sobaba las manos de solo pensar en cuanto sake bebería esa noche. Tsunan, a su lado, contemplaba a Megumi disimuladamente. Entonces dio un codazo a su amigo llamando su atención.
-Sanosuke, tu doctora es realmente hermosa... ¿has pensado en qué harás cuando ella regrese a su pueblo? Mañana es el gran día... -
Sanosuke miro con atención a Megumi, quien en ese momento volteó y se encontró con su mirada. Sanosuke sonrió abiertamente. Megumi hizo un gesto extraño y se volvió hacia los novios.
Su corazón.
Por un momento, se había paralizado ante la juvenil sonrisa de Sanosuke.
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El sacerdote finalmente apareció y se sorprendió un tanto al notar la concurrencia a la boda. Saito fumaba tranquilo bajo uno de los árboles del templo, hasta que cierto cosquilleo en la nuca le anunció que algo no andaba bien. Y no se equivocaba.
Cinco espadachines aparecieron de entre las sombras de los árboles.
-Maldito asesino... ¡¡¡este es el día de tu muerte!!!-
Kenshin se volteó y se maldijo a sí mismo por causar tantos problemas... si él no hubiera sido Hitokiri, hacía tiempo que estaría bien casado y feliz junto a Kaoru. Aunque mirando atentamente los rostros de los espadachines, no se acordaba de ninguno de ellos.
¿ Y Kaoru?
La joven le había sacado la espada a Kenshin y se enfrentaba a los sujetos.
-¡Más les vale marcharse de aquí, porque este es el día de mi boda y no quiero interrupciones!
-¿¡Qué no te enseñaron que las mujeres no deben hablar sin permiso de sus hombres!?-
-Pues tú, pedazo de animal, te vas yendo ahora mismo, o la pagarás caro!! ¡¡No permitiré que le hagas daño a KENSHIN!!-
Todos los presentes que sabían lo del cambio de cuerpos se extrañaron primero, ante el modo de hablar de "Kenshin", aunque luego cayeron en cuenta que quien hablaba era Kaoru... condenados jóvenes... aunque gracias a que mantuvieron en secreto lo del regreso a sus cuerpos, estaban intentando casarse ahora. Aoshi sonrió y Misao y Hiko reían abiertamente. Yahiko en tanto decía algo sobre lo pervertida de Kaoru. A Sanosuke le daba lo mismo...
Pero el asunto es que Kaoru estaba aún entre los hombres y su Kenshin... ella no permitiría que él peleara con su cuerpo que no estaba del todo recuperado aún. Kenshin en tanto, intentaba asirla del brazo para alejarla del futuro campo de batalla, pero ella no se dejaba.
-Pues bien poco nos importa si hoy te casas o no, mujer insolente... no nos detendrás.
Saito miraba entretenido la escena. Esa chica Kamiya, se podría decir que tenía más cojones que cualquiera... sin duda tenía que reclutarla...
Uno de los hombres se lanzó contra Kaoru. Sanosuke reaccionó rápidamente tomándola por la cintura para sacarla de allí, pero Kaoru se revolvió de tal manera entre sus brazos que le impidió dar más de dos pasos y cuando el samurai estuvo prácticamente sobre ella, la joven le dio la mejor de sus patadas en plena mandíbula, aun siendo sujetada por Sanosuke. En ese momento otro de los hombres se lanzó contra ellos, pero esta vez Sanosuke se volteó, haciendo que el sujeto pasara por el lado de ellos, entonces Kaoru con la sakabatto le dio un golpe en la cabeza que lo dejó K.O.
Kenshin miraba la escena con una gotita corriéndole por la cabeza.
-Eh, chiquilla, hacemos buen equipo, ¿no?. - Sanosuke depositó a Kaoru en el piso, en tanto ella se levantaba el borde del kimono para pelear con más libertad de movimiento. Juntos defenderían a Kenshin. Yahiko pronto se unió al grupo. Misao y Aoshi los respaldaban.-
-Diablos, y yo que cancelé la boda esta mañana para atacar tranquilamente al viejo y ahora nos sale con que estaba casando a otra parejita... -
Kaoru reaccionó ante las palabras del maleante.
-¿Viejo?... ¿de quién están hablando? ... -
-De ese maldito anciano que acabó con nuestro maestro hace medio año... maldito Oniwabanshuu... queremos venganza...
-Es decir... que no vienen a matar a Kenshin... ¿no quieren saldar cuentas con él?... - preguntó Sanosuke incrédulo.
-¿"Kenshin"? ¿Y ese quién es?... nosotros venimos a por ese condenado sacerdote. Pero ustedes se metieron en la pelea, así que ahora no retrocederán...
Ups... gotita generalizada.
Aparecían nueve hombres más. Saito acababa su cigarro... por fin algo de acción. Pero Misao se adelantó.
-Como Okasshira de los Oniwabanshuu, tomaré cualquier combate que sea en contra de ellos.
-¿Okashira esa enana? Guajjajajajajajajajjajajajaja!!!!!!-
Aoshi dio un paso adelante.
-Como ex líder de los Oniwabansuu, también pelearé en lugar del sacerdote. - Luego Aoshi se dirigió al sacerdote - Y usted, mientras, casará a esa pareja antes que una nueva desgracia les suceda.-
Kenshin miró agradecido a Aoshi, aunque algo ruborizado porque había descubierto su secreto... pero ahora iba a casarse con su Kaoru, ¿no?... mentir de vez en cuando, no es tan malo, después de todo...
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Misao dejó su kimono doblado sobre una roca, antes de saltar entre los hombres propinándoles sus mejores patadas furiosas... en tanto Aoshi, quien no portaba espadas, mostraba lo mejor de su repertorio de kempo. Yahiko fue autorizado por Kaoru en caso de que los Oniwabanshuu necesitaran ayuda, así que cada vez que veía que alguien quería escapar o ir tras el sacerdote que ya estaba casando a Kenshin y Kaoru, Yahiko le asestaba un buen golpe en la cabeza o en le hombro... donde cayera la espada.
Los puños de Aoshi caían como plomo sobre los cuerpos de los pobres samuráis que ya bastante desestabilizados quedaron con los chillidos y patadas de Misao. Un poco más apartados, el resto del grupo, observaba la extraña ceremonia con gritos, crujidos de huesos y ruidos secos de fondo.
Hiko, en tanto, alegaba que esa no era su pelea y que mejor se iba a ver el matrimonio.
Pronto Kenshin y Kaoru estaban muy casados.
Y cuando salieron del templo, en vez de caminar sobre pétalos de rosas, lo hacían sobre los caídos...
En tanto, Saito se entretenía mandando arrestar a los catorce espadachines. El sacerdote comentó que hacía medio año recibió la orden de acabar con los grupos secretos que pusieran en peligro la paz del Japón. Y ese grupo en especial tenía que ver con tráfico de opio. Así que Saito estaba seguro que si interrogaba a esos sujetos, daría con algo grande e interesante para entretenerse. Y tendría bien ocupado a ese Cho que aún hablaba de la chica Kamiya y de cómo destrozó su espada.
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Luego del festejo en Akabeko, que fue bastante animado, y en el cual Misao y Aoshi anunciaron su compromiso, todos los presentes, con excepción de Saito y Megumi, se fueron a seguir la fiesta al dojo Kamiya. Había mucho por qué celebrar... la boda de Kenshin y Kaoru, lo genial que era el grupo de los Oniwabanshuu y lo efectivo de sus integrantes, la excelente participación de Yahiko en el combate y lo mucho que se divirtieron en Akabeko, además de estar todos juntos, sanos y vivos. Y el regreso de Gensai a la capital, la llegada de la primavera en un mes más, la luna que siempre es redonda... en fin... el sake corría y las risas y canciones improvisadas se escuchaban por toda la casa.
Pero, en algún lugar, Megumi hacía los últimos preparativos para marcharse. Ya estaba todo hecho, ¿no? Kenshin estaba casado. Ahora le pertenecía por completo a Kaoru...
Y se devolvía a Aizú tal como llegó. Sola.
Al día siguiente, cuando abordó el carruaje que la llevaría en el inicio de su viaje, nadie, salvo Gensai, Kenshin y Kaoru estuvieron allí para despedirla. Fingiendo una sonrisa, les deseó lo mejor y Kaoru le dijo que esperaba de todo corazón que las cosas le fueran bien.
El carruaje comenzó a moverse. Megumi se iba, y debía reconocer que estaba algo desilusionada.
El cabeza de gallo no apareció para despedirse.
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En el dojo Kamiya, Misao y Aoshi ordenaban el desorden reinante. Hiko salió por la tarde... y regresó cargado de bebidas... con Sanosuke algo más callado de lo habitual maldiciéndose por quedarse dormido, Tsunan y Yahiko decidieron prolongar la celebración otra noche.
Así cuando llegaron Kenshin y Kaoru de las compras semanales, pensando en irse a dormir y estar tranquilos de una buena vez, pues no habían dormido nada en la noche, se encontraron con todo dispuesto para la nueva celebración.
Kaoru no había tenido tiempo de estar a solas con Kenshin, como buena pareja de recién casados y quería tener espacio y privacidad... se lamentó de no haber preparado todo con más antelación, y Kenshin... bueno, habiendo regresado a su cuerpo, volvía a ser tan reservado... no sentía el impulso femenino de comunicar sus sentimientos, así que a decir verdad, Kaoru no estaba de muy buen humor. Iba a echar a todos de su casa a gritos, cuando la puerta que daba a la calle fue golpeada...
Kaoru, suspirando, fue a ver de quién se trataba. Kenshin, en tanto, metía las compras en la despensa.
-Señor Okina... -
El oído siempre atento de Aoshi captó la sorpresa en la voz de Kaoru y arrastrando a su pequeña tras él, salieron a recibir a los recién llegados.
Okina, en cuanto vio a Misao, vestida de Kimono y como toda una damita, se largó a llorar en tanto la abrazaba por el talle.
-¡Mi pequeña Misao... te extrañé tanto... ¡¡¡BUAAAAAAA!!!-
Mares de lágrimas fluían de los ojos de Okina.
El resto de los Oniwabanshuu que acompañaban a Okina pasaron al interior del dojo y saludaron a todos. Cuando Kaoru vio como su casa se llenaba de gente, dio un suspiro de resignación... otra noche para no dormir...
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Los Oniwabanshuu de Kyoto decidieron invitar al anciano sacerdote para celebrar con el la boda de Kenshin y Kaoru, y pedirles que celebrara en Kyoto la boda entre Aoshi y Misao. Todo el grupo estaba contento por la parejita de ninjas y Aoshi decía que quería ver el tema del matrimonio con tiempo, porque de momento, estaba muy bien cortejando a Misao, después de todo, el tiempo de noviazgo era muy lindo y que él lo quería disfrutar. Misao flotaba constantemente en su nube rosa... Aoshi era considerado y tierno, aunque muy duro cuando ella se comportaba mal... y bastante celoso, pero a Misao esto no le molestaba realmente. Lo mejor era que estaba junto a Kaoru, quien escuchaba pacientemente lo maravilloso que era Aoshi sama y lo genial y guapo y de todo. Había que reconocer que los ninjas eran bastante fiesteros, pues habían llegado hacía una semana y desde entonces, cada noche era una fiesta, cada tarde (cuando recién se levantaban) era ordenar la casa y descubrir que aún quedaba dinero para gastar en comida y sake. Así que pronto salían a la ciudad y por las noches... fiesta nuevamente. En otra situación y momento, a Kaoru no le molestaría tanto ajetreo en su casa, pero no tenía tiempo para ella entre acostarse con su Kenshin, aunque no disfrutaba demasiado este hecho porque enseguida se dormía por el cansancio, levantarse temprano y con falta de sueño ( ya no bebía porque si no le daban unas jaquecas insoportables por la mañana) para ir a trabajar al dojo Maekawa, entrenar a Yahiko y uno que otro alumno a quien daba clases particulares. Kenshin, en tanto, seguía con su rutina pacífica de encargarse de la casa.
En eso estaba Kenshin, preparando algo ligero para que comieran los invitados, cuando Sanosuke entró a la cocina.
-Hola, Kenshin.
-Hola, Sano...
Kenshin notó a Sano algo distraído, mirando por la ventana hacia fuera ¿qué le pasaría?
-¿Crees que Megumi encuentre alguna vez a toda su familia?-
La pregunta sorprendió a Kenshin, quien sumó dos más dos y supo que Sanosuke extrañaba a la doctora.
-Espero que los encuentre. Según recuerdo, uno de sus hermanos estaba en China y regresará a Japón pronto. Quizá ya esté con ella.
-Ah. Vale. Está bien. - Sanosuke se dirigió a la puerta.
Pero Kenshin no iba a dejar a su amigo así como así. Después de estar en el cuerpo de Kaoru, se había desarrollado en él una parte que lograba comprender los sentimientos de los demás.
-Sabes, cuando era Rurouni, pasé por Aizú. Es un lugar muy bonito, ¿sabes? Es el tipo de lugares donde uno desearía hacerse una casita. A pesar de que entonces estaba asolado por la guerra, sus tierras despedían un aura especial. Pienso que deberías visitarlo algún día, cuando decidas partir. Sé que este lugar no te retendrá por mucho tiempo.
-Realmente, Kenshin amigo, estoy algo desorientado con lo que me dices... ¿qué tendría yo que hacer en Aizú?-
-Buscar algo... -
-No sé qué buscar... -
-Yo tampoco sabía qué buscar, y la encontré a ella, a mi esposa, a mi hogar... antes nunca creí que me estableciera en alguna parte y buscaba sin saber qué, realmente.-
Sanosuke entendió la indirecta.
Y sonrió.
-Despídeme de la chiquilla cuando regrese. Y espero venir a visitarte pronto.
-Hasta pronto, Sano.
-Hasta pronto, Kenshin...
Ambos hombres se fundieron en un abrazo. Tantas aventuras pasadas... pero todo camino se separa de otro y se junta con otro en algún momento. Sanosuke se reconocía un hombre valiente... era hora de marchar y buscar hasta encontrar algo que él anhelaba.
Buscar el lugar, el modo de acercarse, el modo de enamorarla y de quedarse con ella.
Buscar, en definitiva, el modo de ser feliz.
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Sanosuke se había marchado hacía dos días y Kaoru sabía que eso no había mermado el ánimo festivo de los habitantes del dojo. Caminaba hacia su casa, algo cansada, pero feliz porque vería a su esposo, y aunque fuera por un momento, se acostaría junto a él para descansar.
Habían intentado en varias ocasiones algún tipo de avance, pero o Misao entraba desorientada al cuarto, o Yahiko se ponía a vomitar cerca... Hiko Seijuro era muy guapo, pero cantaba de modo lamentable. Y ni hablar del escándalo que hacían los del Aoiya...
Sin darse cuanta, tropezó con Saito.
-Disculpe, señor Saito... iba distraída... -
Saito estaba a punto de pedirle a Kamiya que sea su ayudante cuando recordó que era una mujer casada. Para colmo la del ex Battousai y de seguro, éste no querría que ella estuviera en peligro. Decidió preguntarle a Kaoru cómo le iba en su nueva vida. La joven le comentó lo de las continuas fiestas en su casa.
Saito se comenzó a reír para disgusto de Kaoru.
Y luego se puso pálido.
Pobre Kenshin...
Cuando Saito se casó, tuvo a la mujer de su familia celebrando durante un mes completo en su casa. Él sabía muy bien lo que era eso. Si ni siquiera él se atrevió a echarlos, por causa de la "hospitalidad", ya se imaginaba a Kenshin. Al menos Saito consiguió dinero para escaparse con su mujer e ir a algún hotelito. Pero a Kaoru no le alcanzaba...
-Esta noche iré a darles un regalo de bodas. Buenas tardes, Kamiya.- el lobo de Mibu se despidió tocándose la gorra de oficial de policía. Él pronto se marcharía a otro lugar pues había pedido un traslado dentro de la policía, y quería despedirse adecuadamente de quien fuera su enemigo y después, su compañero de combates...
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Megumi salió a recibir a su nuevo paciente. La vida había seguido su transcurso normal y ella, junto a su abuela, cuidaban de los enfermos de aquel pueblecito.
-¡¿Tú?!-
Sanosuke se afirmaba en el quicio de la puerta con su aire insolente y sus cabellos en constante desorden. En una mano traía su maravilloso bolso de viaje, mientras que cercano a su pecho, en algún bolsillo interior de la chaqueta, la imagen del capitán Sagara le daba ánimos.
-¿Y quién es este joven? ¿Es tu prometido, Megumi?- preguntó la abuela quien miraba curiosamente a Sanosuke.
-Soy un paciente, señora. Un paciente que requiere que urgentemente le curen una herida. Y esta señorita doctora es la única que puede hacerlo.
-Abuela, encárgate de la señora Otonashi que está en ese cuarto, que yo me ocuparé de este hombre. - indicó Megumi. Luego la doctora se volteó para sacar algunas vendas limpias de su despensa. -Ahora me dirás qué te pasó esta vez Sanosuke- debía decir algo, porque los nervios, la sorpresa y otro montón de sentimientos extraños estaban haciéndola perder la cabeza. La alegraba tanto ver a un amigo... cuando uno está lejos, todos son amigos, ¿no?
Sanosuke observaba a la joven moverse sensualmente, aunque inconsciente de ello. Quizá fue eso lo que lo motivó a acercarse y abrazarla por la cintura.
-¿Nadie te ha enseñado a saludar adecuadamente a un visitante?... y luego dices que el gamberro soy yo. Al menos tengo modales.
Megumi se dio la vuelta entre los brazos de Sanosuke. Este aprovechó el movimiento para besarla.
Labios rojos contra labios delgados que sabían besar enloquecedoramente bien. Megumi pensó en golpearlo por su atrevimiento, pero, algo pasó dentro de ella. Algo que le hizo alzar la mano para luego depositarla suavemente sobre el rostro de Sanosuke Sagara y acariciar su mejilla. Deseando probar más de esa boca, la doctora entreabrió los labios para ser invadida por la lengua de Sano.
Pronto Sanosuke se separó de ella un poco. Pero muy poco.
-Hola, Doctora zorrita.-
Megumi lo miraba duramente. Pero su mirada se suavizó.
-Hola, cabeza de gallo. ¿qué te trae por aquí?.-
-Necesito que me curen una herida que tengo... aquí. Pensé que tú podrías hacer algo al respecto... - Sano llevó la mano de Megumi hacia el lado izquierdo de su pecho.-... pensé que necesitarías a alguien que... limpiara tu casa cuando no estés y... te acompañe a las consultas a domicilio. Pensé que necesitabas a alguien que te hiciera olvidar a... -
-No lo menciones - dijo Megumi, colocando un dedo sobre los labios de Sanosuke. - No ahora... no estoy preparada para oírlo... es muy pronto aún... -
-Por el contrario, pienso que este es el momento, señorita Megumi.- musitó Sano, antes de tomar su boca nuevamente.
Estaba tan nervioso cuando tocó la puerta de la consulta... no pensaba besarla tan pronto, pero ella era lo que él estaba buscando y Kenshin tenía razón... Aizú era un lugar muy bonito para vivir y tener una casita.
Sin que ellos se dieran cuenta, la abuelita los miraba sonriendo.
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Fin acto Nueve. Enero 9, 2004.
Notas de la autora.
Bueno, nos acercamos al final, ¿no?. Me pasó que me gustó mucho el romance entre Sanosuke y Megumi, y pienso que quizá me gustaría explotar un poco más los sentimientos de ambos, quizá, en otro fic. No sé si sería una continuación o una historia aparte, pero de momento, quiero sacar adelante los otros proyectos antes de iniciar la universidad y tener menos tiempo que ahora...
Algo similar a lo que ha pasado con Misao y Aoshi, aunque debo reconocer que finalmente me entusiasmé más con quienes mencioné antes. Al fin y al cabo, hay muchos fics de Aoshi Misao, escritos estupendamente.
No sé por qué me tenté de dejar el despelote en casa de Kaoru. Debe ser una especie de venganza, no sé... ahora en vacaciones todo ha conspirado contra mi novio y yo y de ahí saqué la idea, en tanto trato de resolver mis problemas sentimentales... no sé... no es tan fácil llevar una vida de pareja, después de todo. Quizá eso me tiene algo triste, sé que lo resolveré, pero no puedo dejar de sentirme un poquito mal.
Bueno, no les aburro más con los líos de Blankaoru. Por cierto, aquí contesto algunos reviews, así quienes no sean contestados aquí, estarán al final del siguiente capítulo. Los reviews que me lleguen del final, los contestaré en el próximo acto de la historia nueva de la próxima semana.
Misao_HX: Nuestro rurouni no terminó hentai, después de todo... no tuvo mucho tiempo, pobrecito. Aunque todo tiene solución, como verás aquí. Gracias por llegar hasta el final de esta historia. Por cierto... ¿puedo enviarte un dibujito fanart de Kenshin?
Naga XD: En Rancagua vive una de mis compañeras de curso... cuando me juntaba para hacer trabajos con ella debía bajarme en Los Alpes, si no me equivoco... bueno, realmente hay que tener tiempo para escribir en pc y todas esas cosas. Cuando escribas algo de Kenshin, con gusto lo leeré y ya sabes que al final de mis historias, las tuyas tendrán su espacio. Ánimo, y suerte.
Paula: Bueno, luego de leer tu trágica noche de año nuevo... uf... parece que estamos todos muy quemados de este lado de la cordillera... en fin... sin duda seguiré escribiendo fics hasta agotar las ideas. Espero que este final no haya quedado tan flojo, pero sufro de un agotamiento mental que ni te imaginas... como que tengo las ideas, pero no la inspiración para dejarlas más bonitas. Chao. Un besito. Nos leemos a la otra.
Alpha-Jack: Bien, sobre nuestro asunto, tu mail no me molestó en absoluto. De hecho, releí lo escrito después y me dije "definitivamente habla demasiado para ser él". En fin, estoy algo cansada, pero no de escribir. También estoy pendiente de muchas cosas. Sobre este final, me alegra terminar mi primera serie, aunque siento que quizá le falta algo, no sé... es una búsqueda que seguirá n la próxima historia. Espero no haberte decepcionado. Muchos cariños y esas cosas buenas. Gracias por tu confianza.
JLB: El placer de leer tu historia ha sido mío, de verdad que me gustó el estilo y bien, a pesar del tema, quedó bastante alegre. Estoy segura que es el tipo de historia que haría feliz a Watsuki, que también gusta de finales felices e historias más alegres. Ya ves el tipo de vance entre Sano y Megumi. No sé que les depare el destino, pero si hago una continuación, se dirigirá hacia Aizú... te queiro agradecer el que me hayas leído y seguido esta historia, el que hayas dejado reviews... no sé... espero que te vaya bien en todo.
Oriana-dono: Jojojo, bueno, regresaron a sus cuerpos de un modo tan "tranquilo" y me gustó eso de Kenshin impulsivo y mentiroso, aunque en este episodio volvió a ser tan pacífico... ¿cómo te gusta más? Por lo del lemon, no sufras, que el próximo episodio tendrá de eso. Un besote, y como a todos, gracias por llegar hasta aquí.
Aome: Bien, como verás, quiero dejar este tema descansando. Pero la oferta de fics es muy variada y espero que las próximas historias capten tu interés mientras llega la continuación. Un besote enorme, Aome, y te avisaré si hay una continuación.
