Genialmente Ginny- Capítulo 4 *******CUIDADO SPOILERS ORDER OF PHOENIX 5to. LIBRO******
*******CUIDADO SPOILERS ORDER OF PHOENIX 5to. LIBRO******
Clasificada PG-13
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La Fiera *******CUIDADO SPOILERS ORDER OF PHOENIX 5to. LIBRO******
Con un translador, Ron, Hermione y Harry llegaron hasta el lugar de la subasta en un enorme coliseo evidentemente mágico, escondido entre infinidad de arbustos... estaban en el interior de un bosque. Los demás Weasleys se aparecieron poco después y corrieron de inmediato hasta la cola de una larga fila, detrás de una carpa color verde.
Un mago alto y de piel oscura controlaba la entrada hacia el interior de la carpa. Todo iba bien hasta que un grupo de magos, que llegaron después que los Weasleys, comenzaron a empujar desesperados por entrar al local. Hablaban una lengua extraña, parecía que árabe. Según Harry dedujo ellos también eran familiares de alguna genio, el dolor en sus ojos los delataban.
Empujaron tan fuertemente que el mago de la puerta, malhumorado, se acercó a ellos y con la varita les dirigió un hechizo dejándolos petrificados. El ambiente se llenó de una tensa calma.
Desde donde estaba parado, Harry podía ver otra fila de magos, más corta, que entraban al coliseo escoltados por personas que parecían del ministerio. De inmediato entendió que en aquel grupo se encontraban, tal vez, los magos poderosos dispuestos a adquirir una genio. La fila en la que él y los Weasleys se encontraban era de madres, padres y hermanos que iban a despedirse. La Sra. Weasley y Hermione iban cargadas de bultos y paquetes. Ron le dijo que le llevaban a Ginny su comida favorita: un guiso de pollo, papas, viandas y zanahorias, jugo de manzana, de acerola y de piña; y otras chucherías. Irónicamente, el Sr. Weasley cargaba los paquetes más pequeños, donde estaba el traje y los zapatos nuevos de su hija. Cada hermano llevaba algo en sus manos, y así Harry se dio cuenta que nadie le había dado algo a él para cargar.
Entraron a la carpa. De inmediato sintió el calor que ahogaba. Los magos y brujas se empujaban en el estrecho local. Al fondo Harry pudo ver una jaula grande rodeada de barrotes, muy similar a la que había visto en sus sueños. Pero desde donde estaban no podían ver a Ginny, en realidad no podían ver a nadie. Los empujones iban aumentando y estaban tan apretados que casi no podía mover sus brazos. Un grupo de magos, a su derecha, comenzó una pelea porque no se podían mover de donde estaban. Harry vio volar ollas, vasos, termos, cajas, carteras y espejuelos. Deseó con todo su corazón que nada de aquello fuera lo que los Weasleys, tan celosamente, le llevaban a Ginny.
El mago que estaba en la puerta apareció frente a la jaula. Comenzó a llamar por los nombres de las genios.
- Gillian Anderson- pronunció. Cuatro brujas que estaban en una esquina, al final de la carpa, se levantaron y entre más empujones se abrieron paso entre la multitud. Harry no podía escuchar nada, pero sabía que las brujas hablaban con alguien entre los barrotes.
- Si es así los Weasley no le podrán dar nada a Ginny- pensó Harry, con temor. Se sentía desfallecer por la calor y la falta de oxígeno. No pudo evitar pensar que si era por orden alfabético, quizás Ginny sería la última que llamarían.
- María Bisbal- gritó nuevamente el mago de tez oscura y otra familia se movió entre la gente.
No estaban mucho tiempo con las genios, quizás unos cinco minutos.
- Shak Chemir-volvió a llamar. Ajá, el temor de Harry era correcto... Ginny sería la última.
Pasó casi una hora y la carpa se había quedado vacía. Poco a poco se habían acercado a la jaula y desde hacía más de quince minutos habían podido divisar una figura pequeña recostada en una esquina, al final de la jaula. Evidentemente era Ginny.
- Ginny Weasley- escucharon decir.
El pequeño cuerpo se levantó y caminó hasta tocar con sus manos los barrotes. Los Weasley también se habían acercado. Harry había pensado que vería a la pequeña Ginny que recordaba en su mente. Tuvo que enfocar mejor su vista al ver el cuerpo de aquella pelirroja, con el cabello largo, enrizado al final, que le caía por debajo de la espalda. El cuerpo de Ginny era aún evidentemente pequeño, pero ya no tanto. Había crecido un poco, pero seguía siendo bajita. El crecimiento -observó Harry- se había desarrollado en partes específicas de su cuerpo. Ginny estaba vestida con una blusa diminuta de tela fina, de un verde claro, muy ajustada. Lo demás era un pantalón de la misma tela y color, ajustado en las caderas pero que se ampliaba como una falda según continuaba hasta sus piernas. El abundante cabello de Ginny le cubría parte de su pecho, pero la pequeña blusa dejaba ver un poco de sus abultados senos. Su cintura era fina, con el cuerpo curveado adornado con un brillante al nivel de su ombligo. Harry notó que las caderas de Ginny estaban más anchas que lo usual, pero no mucho. Al compararla con la Ginny de sus recuerdos entendió que en su mente tenía grabada a una Ginny que corría por la madriguera cada vez que lo veía y que metía el codo dentro de la mantequilla. Definitivamente su mente estaba mal - pensó- la Ginny que recordaba era la de hacía cinco años.
- ¡Mamita... papi, qué bueno que vinieron!- dijo Ginny sonriente, sentada sobre sus piernas mientras pegaba su rostro a los barrotes.
- Por nada en el mundo íbamos a dejar de venir a verte, corazón- comentó la madre.
- ¿ Cómo te sientes, mi chiquita? ¿ Te han tratado muy mal?- preguntó el padre.
Ginny puso su rostro muy serio y miró a los dos magos que estaban al fondo, al otro lado de la jaula. Ellos también la miraban serios pero viraron su rostro hacia otro lado, como temerosos de algo.
- No papi. Pero han tratado de amarrarme con cadenas, de azotarme y de tocarme. Juuu... pero yo no soy tonta, les he echado tantos hechizos que ya ni se atreven a acercarse a mí. Ja,ja,ja,ja... ¿ves aquel mago que está al fondo?... ja,ja,ja... al maldito lo dejé sin pelo. Le eché una maldición para que se le incendiara la cabeza... quedó calvito... Ese otro mago negro me trató de tocar por la cintura pero yo no me dejé y a cambio deseé que le salieran cayos rojos y dolorosos en sus manos. ¿ Ves qué feas las tienes?... Aquel otro dijo que como era una genio difícil de controlar me iba a azotar, pero cuando levantó la soga la primera vez se le enredó en el cuello y casi muere estrangulado... yo no sé si tuve algo que ver, pero todas las muchachas piensan que sí... ja,ja,ja...- contó Ginny entre sonrisas y miradas pícaras y maliciosas.
Harry se sorprendió de ver a esa Ginny. Recordó cuando Fred había dicho que ella en vez de un ángel era una diablilla, y tenía razón. Las demás genios, todas, estaban amarradas por cadenas en los pies y las manos. Algunas estaban sucias y con el pelo enmarañado, mientras que otras temblaban de miedo, porque allí no hacía frío. Harry pensó que la que no estaba amarrada era la peor de todas, y no quiso ni imaginar que otras horribles maldiciones Ginny le había echado a aquellos magos. A todas las otras genios las habían empujado por la jaula, les gritaban o simplemente se quedaban parados muy cerca de ellas. Sin embargo, cuando aquel mago dijo el nombre de Ginny todos los demás magos guardianes se alejaron, ella caminó sola y así permaneció todo el tiempo.
- Dumbledore dice que eres muy poderosa y valiente- comentó el Sr. Weasley.
- Naa... lo que pasa es que yo no le temo a la muerte y las demás chicas sí... Tienen tanto miedo que esos tontos, asquerosos, malditos puercos se aprovechan de ellas. .. Ja, a mí no...-
- ME LLAMAN LA FIERA- gritó Ginny en dirección a los magos guardianes, evidentemente para que ellos escucharan- LO QUE NO SABEN ES QUE SOY PEOR QUE UNA FIERA... LOS HE DEJADO VIVOS DE PURA COMPASIÓN-
- Pero hoy están muy contentos porque me van a vender- aclaró Ginny, por primera vez dejando ver una mueca de pena en su brillante rostro, pintado con pequeñas pecas que se dibujaban por sus mejillas y su pequeña nariz.
- Cielo, te traímos de comer-
- ¡ Sí, qué rico!-
Un segundo después toda la comida que le habían llevado a Ginny estaba junto a ella, en la jaula. En ese segundo, Harry creyó ver la nariz de Ginny sacudirse rápidamente, más de lo que se consideraría mágicamente normal... El muchacho finalmente pensó que se lo había imaginado. Ginny comenzó a comer con ímpetu mientras los magos guardianes comenzaban a lanzarle miradas furtivas... claramente ya habían pasado los cinco minutos reglamentarios. Mientras comía Ginny empezó a guiñarle el ojo a sus hermanos...
- ¿ Por qué no me hablan, me tienen miedo?-
Cada hermano se fue acercando donde ella y entre las rejas le fueron dando besos en las mejillas y las manos. Hermione estalló en llanto cuando se le acercó y hubo que halar a Ron para que soltara a su hermana. Harry, sin embargo, apenas se movió de donde estaba.
- Hola Harry, ¿ qué haces aquí?-
- Te vine a ver-
- No te metas en problemas-
Harry quiso ir y también besarla, pero cuando por fin él movió sus piernas un mago viejo y bajo entró a la carpa y mandó a salir a todos los Weasleys... y a él.
- La subasta va a comenzar, por favor retírense-
La jaula en la que se encontraban las genios se comenzó a mover, sin que nada la arrastrara. El Sr. y la Sra. Weasley corrieron junto a la jaula, besando a Ginny.
- Nos vemos pronto, amor-
- Estoy muy orgulloso de tí, calabacita-
- ¡Adiós!- se despidió Ginny, mitad riendo y mitad llorando. A Harry le recordó la primera vez que la vió en la estación del tren de Hogwarts, cuando aún era un niño inocente que recién había descubierto que era un mago... con una fama que jamás deseó haber poseído.
(Continúa)
*******CUIDADO SPOILERS ORDER OF PHOENIX 5to. LIBRO******
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La Fiera *******CUIDADO SPOILERS ORDER OF PHOENIX 5to. LIBRO******
Con un translador, Ron, Hermione y Harry llegaron hasta el lugar de la subasta en un enorme coliseo evidentemente mágico, escondido entre infinidad de arbustos... estaban en el interior de un bosque. Los demás Weasleys se aparecieron poco después y corrieron de inmediato hasta la cola de una larga fila, detrás de una carpa color verde.
Un mago alto y de piel oscura controlaba la entrada hacia el interior de la carpa. Todo iba bien hasta que un grupo de magos, que llegaron después que los Weasleys, comenzaron a empujar desesperados por entrar al local. Hablaban una lengua extraña, parecía que árabe. Según Harry dedujo ellos también eran familiares de alguna genio, el dolor en sus ojos los delataban.
Empujaron tan fuertemente que el mago de la puerta, malhumorado, se acercó a ellos y con la varita les dirigió un hechizo dejándolos petrificados. El ambiente se llenó de una tensa calma.
Desde donde estaba parado, Harry podía ver otra fila de magos, más corta, que entraban al coliseo escoltados por personas que parecían del ministerio. De inmediato entendió que en aquel grupo se encontraban, tal vez, los magos poderosos dispuestos a adquirir una genio. La fila en la que él y los Weasleys se encontraban era de madres, padres y hermanos que iban a despedirse. La Sra. Weasley y Hermione iban cargadas de bultos y paquetes. Ron le dijo que le llevaban a Ginny su comida favorita: un guiso de pollo, papas, viandas y zanahorias, jugo de manzana, de acerola y de piña; y otras chucherías. Irónicamente, el Sr. Weasley cargaba los paquetes más pequeños, donde estaba el traje y los zapatos nuevos de su hija. Cada hermano llevaba algo en sus manos, y así Harry se dio cuenta que nadie le había dado algo a él para cargar.
Entraron a la carpa. De inmediato sintió el calor que ahogaba. Los magos y brujas se empujaban en el estrecho local. Al fondo Harry pudo ver una jaula grande rodeada de barrotes, muy similar a la que había visto en sus sueños. Pero desde donde estaban no podían ver a Ginny, en realidad no podían ver a nadie. Los empujones iban aumentando y estaban tan apretados que casi no podía mover sus brazos. Un grupo de magos, a su derecha, comenzó una pelea porque no se podían mover de donde estaban. Harry vio volar ollas, vasos, termos, cajas, carteras y espejuelos. Deseó con todo su corazón que nada de aquello fuera lo que los Weasleys, tan celosamente, le llevaban a Ginny.
El mago que estaba en la puerta apareció frente a la jaula. Comenzó a llamar por los nombres de las genios.
- Gillian Anderson- pronunció. Cuatro brujas que estaban en una esquina, al final de la carpa, se levantaron y entre más empujones se abrieron paso entre la multitud. Harry no podía escuchar nada, pero sabía que las brujas hablaban con alguien entre los barrotes.
- Si es así los Weasley no le podrán dar nada a Ginny- pensó Harry, con temor. Se sentía desfallecer por la calor y la falta de oxígeno. No pudo evitar pensar que si era por orden alfabético, quizás Ginny sería la última que llamarían.
- María Bisbal- gritó nuevamente el mago de tez oscura y otra familia se movió entre la gente.
No estaban mucho tiempo con las genios, quizás unos cinco minutos.
- Shak Chemir-volvió a llamar. Ajá, el temor de Harry era correcto... Ginny sería la última.
Pasó casi una hora y la carpa se había quedado vacía. Poco a poco se habían acercado a la jaula y desde hacía más de quince minutos habían podido divisar una figura pequeña recostada en una esquina, al final de la jaula. Evidentemente era Ginny.
- Ginny Weasley- escucharon decir.
El pequeño cuerpo se levantó y caminó hasta tocar con sus manos los barrotes. Los Weasley también se habían acercado. Harry había pensado que vería a la pequeña Ginny que recordaba en su mente. Tuvo que enfocar mejor su vista al ver el cuerpo de aquella pelirroja, con el cabello largo, enrizado al final, que le caía por debajo de la espalda. El cuerpo de Ginny era aún evidentemente pequeño, pero ya no tanto. Había crecido un poco, pero seguía siendo bajita. El crecimiento -observó Harry- se había desarrollado en partes específicas de su cuerpo. Ginny estaba vestida con una blusa diminuta de tela fina, de un verde claro, muy ajustada. Lo demás era un pantalón de la misma tela y color, ajustado en las caderas pero que se ampliaba como una falda según continuaba hasta sus piernas. El abundante cabello de Ginny le cubría parte de su pecho, pero la pequeña blusa dejaba ver un poco de sus abultados senos. Su cintura era fina, con el cuerpo curveado adornado con un brillante al nivel de su ombligo. Harry notó que las caderas de Ginny estaban más anchas que lo usual, pero no mucho. Al compararla con la Ginny de sus recuerdos entendió que en su mente tenía grabada a una Ginny que corría por la madriguera cada vez que lo veía y que metía el codo dentro de la mantequilla. Definitivamente su mente estaba mal - pensó- la Ginny que recordaba era la de hacía cinco años.
- ¡Mamita... papi, qué bueno que vinieron!- dijo Ginny sonriente, sentada sobre sus piernas mientras pegaba su rostro a los barrotes.
- Por nada en el mundo íbamos a dejar de venir a verte, corazón- comentó la madre.
- ¿ Cómo te sientes, mi chiquita? ¿ Te han tratado muy mal?- preguntó el padre.
Ginny puso su rostro muy serio y miró a los dos magos que estaban al fondo, al otro lado de la jaula. Ellos también la miraban serios pero viraron su rostro hacia otro lado, como temerosos de algo.
- No papi. Pero han tratado de amarrarme con cadenas, de azotarme y de tocarme. Juuu... pero yo no soy tonta, les he echado tantos hechizos que ya ni se atreven a acercarse a mí. Ja,ja,ja,ja... ¿ves aquel mago que está al fondo?... ja,ja,ja... al maldito lo dejé sin pelo. Le eché una maldición para que se le incendiara la cabeza... quedó calvito... Ese otro mago negro me trató de tocar por la cintura pero yo no me dejé y a cambio deseé que le salieran cayos rojos y dolorosos en sus manos. ¿ Ves qué feas las tienes?... Aquel otro dijo que como era una genio difícil de controlar me iba a azotar, pero cuando levantó la soga la primera vez se le enredó en el cuello y casi muere estrangulado... yo no sé si tuve algo que ver, pero todas las muchachas piensan que sí... ja,ja,ja...- contó Ginny entre sonrisas y miradas pícaras y maliciosas.
Harry se sorprendió de ver a esa Ginny. Recordó cuando Fred había dicho que ella en vez de un ángel era una diablilla, y tenía razón. Las demás genios, todas, estaban amarradas por cadenas en los pies y las manos. Algunas estaban sucias y con el pelo enmarañado, mientras que otras temblaban de miedo, porque allí no hacía frío. Harry pensó que la que no estaba amarrada era la peor de todas, y no quiso ni imaginar que otras horribles maldiciones Ginny le había echado a aquellos magos. A todas las otras genios las habían empujado por la jaula, les gritaban o simplemente se quedaban parados muy cerca de ellas. Sin embargo, cuando aquel mago dijo el nombre de Ginny todos los demás magos guardianes se alejaron, ella caminó sola y así permaneció todo el tiempo.
- Dumbledore dice que eres muy poderosa y valiente- comentó el Sr. Weasley.
- Naa... lo que pasa es que yo no le temo a la muerte y las demás chicas sí... Tienen tanto miedo que esos tontos, asquerosos, malditos puercos se aprovechan de ellas. .. Ja, a mí no...-
- ME LLAMAN LA FIERA- gritó Ginny en dirección a los magos guardianes, evidentemente para que ellos escucharan- LO QUE NO SABEN ES QUE SOY PEOR QUE UNA FIERA... LOS HE DEJADO VIVOS DE PURA COMPASIÓN-
- Pero hoy están muy contentos porque me van a vender- aclaró Ginny, por primera vez dejando ver una mueca de pena en su brillante rostro, pintado con pequeñas pecas que se dibujaban por sus mejillas y su pequeña nariz.
- Cielo, te traímos de comer-
- ¡ Sí, qué rico!-
Un segundo después toda la comida que le habían llevado a Ginny estaba junto a ella, en la jaula. En ese segundo, Harry creyó ver la nariz de Ginny sacudirse rápidamente, más de lo que se consideraría mágicamente normal... El muchacho finalmente pensó que se lo había imaginado. Ginny comenzó a comer con ímpetu mientras los magos guardianes comenzaban a lanzarle miradas furtivas... claramente ya habían pasado los cinco minutos reglamentarios. Mientras comía Ginny empezó a guiñarle el ojo a sus hermanos...
- ¿ Por qué no me hablan, me tienen miedo?-
Cada hermano se fue acercando donde ella y entre las rejas le fueron dando besos en las mejillas y las manos. Hermione estalló en llanto cuando se le acercó y hubo que halar a Ron para que soltara a su hermana. Harry, sin embargo, apenas se movió de donde estaba.
- Hola Harry, ¿ qué haces aquí?-
- Te vine a ver-
- No te metas en problemas-
Harry quiso ir y también besarla, pero cuando por fin él movió sus piernas un mago viejo y bajo entró a la carpa y mandó a salir a todos los Weasleys... y a él.
- La subasta va a comenzar, por favor retírense-
La jaula en la que se encontraban las genios se comenzó a mover, sin que nada la arrastrara. El Sr. y la Sra. Weasley corrieron junto a la jaula, besando a Ginny.
- Nos vemos pronto, amor-
- Estoy muy orgulloso de tí, calabacita-
- ¡Adiós!- se despidió Ginny, mitad riendo y mitad llorando. A Harry le recordó la primera vez que la vió en la estación del tren de Hogwarts, cuando aún era un niño inocente que recién había descubierto que era un mago... con una fama que jamás deseó haber poseído.
(Continúa)
