Capítulo 4 - ¡Vendida al Señor X!
*******CUIDADO SPOILERS ORDER OF PHOENIX********
CLASIFICACiÖN: PG-13
Entrar al coliseo no fue una tarea fácil, máxime cuando el espacio que quedaba era pequeño, todos los asientos estaban llenos, había mucha gente de pie y apenas se podía caminar por los pasillos. Los Weasleys, Harry y Hermione se fueron empujando entre la multitud hasta llegar a una esquina del coliseo, desde donde podían ver la tarima y participar de la subasta... aunque de pie.
Los asientos más cercanos a la tarima estaban ocupados por magos y brujas vestidos con trajes y túnicas elegantes. Detrás de ellos estaba la muchedumbre, apretujados en un intento por tener el mejor campo visual de la tarima. Y era allí, en el espacio más alto del coliseo, donde se encontraban las genios... en total eran 12 mujeres casi todas mayores de 25 años.
La menor, obviamente, era Ginny que pronto cumpliría sus 15 años. Estaban sentadas en el suelo, o sobre grandes almohadones verdes, rojos y azules. Unas lloraban, otras saludaban, la mayoría esforzaba la mirada quizás en busca de un familiar entre la gente, pero la que Harry quería ver estaba seria aunque serena. Harry pudo notar que ella sólo miraba hacia el suelo, con la mirada triste y perdida. Se veían aún más distinta, y más hermosa, que minutos antes en aquella carpa.
Al costado de la tarima había un grupo de magos sentados. Harry pudo distinguir a Dumbledore que le hacía señas para que se sentara a su lado. La Sra. Weasley obligó a Harry a que fuera hasta el director de Hogwarts, aunque a regañadientas ya que él se quería quedar con los Wesleys y con Hermione, de pie y luchando contra los empujones.
Pero claro, él era un Potter y merecía tratos especiales. Este pensamiento lo hizo enojar. Pasó cerca de la tarima sin despegar sus ojos de Ginny. Ella lo miró y le sonrió. A Harry, aquella tímida sonrisa, le había hecho temblar. Nuevamente el sentimiento de impotencia lo cubrió. Definitivamente la tenía que ayudar.
Un mago vestido de negro comenzó a hablar al público, justo en el momento en que se escuchaba una música árabe y Harry se sentaba al lado de Dumbledore, sin darle un saludo ni darle una simple mirada.
- Sólo quiero estar seguro que no vas a intervenir-
- Si puedo lo haré-
- Lo sé, por eso te quiero aquí, a mi lado. Eso, temo decirte, no te lo puedo permitir-
Harry no entendía por qué Dumbledore estaba tan obstinado en que él no interviniera en la subasta. Ginny era la hermana de su mejor amigo, hija de su familia preferida, y también su amiga... aunque apenas la comenzaba a conocer. ¿ Cómo no iba a ayudarlos?
El moderador leyó las reglas, que prácticamente consistían en ofrecer más dinero que el mago anterior.
Las genios fueron llamadas, se acercaron y bailaron parte de una danza de velos (Belly dancing) frente al grupo de magos pretenciosos. Parecía que habían practicado el baile, ya que lo hacían con sincronía. Una de las que estaban al frente del grupo era nada más y nada menos que Ginny.
- Realmente eres hermosa- pensó Harry mientras su vista se concentraba en los movimientos de cadera de Ginny. - Y eres la mejor que bailas- continuó en una conversación extraña entre él y la pequeña bruja pelirroja. Cuando Ginny daba la vuelta, Harry podía apreciar mejor su silueta, sus curvas.
-Ya no eres una niña- se dijo. - Eres una hermosa mujer...pecosa... pelirroja...hermosa- volvió a pensar sonriendo, sumido en sus pensamientos.
-No las mires mucho, Harry. Te pueden encantar-
-Aja, eso es lo que no quiere que suceda. Que una de ellas me haga un encantamiento y termine comprándola, ¿ no?-
-No Harry, lo que no quiero es que te empieces a babear por la señorita Weasley y luego hagas el tonto queriendo obtener lo que ya es de otro-
- ¿ A qué se refiere?-
-Tengo buenas fuentes que me aseguran que el negocio de la Srta. Weasley hace tiempo fue arreglado-
Harry sintió unos deseos inmensos por matar a Dumbledore. Sí, tal vez de estrangularlo allí mismo.Todos esos días, desde que regresó de la casa de sus tíos, se había preguntado por qué estaba tan molesto con Dumbledore. Hermione se lo había dicho, que él era uno de los pocos que se preocupaban realmente por él. Ahora ya sabía la respuesta. La tranquila frialdad de sus palabras... siempre tan decidido... sin temor a equivocarse... incluso parecía tranquilo ahora, cuando los Weasley iban a perder para siempre a su hija y hermana.
-Las cosas son como tienen que ser- repitió ante la mirada atónita de Harry quien prefirió permanecer callado, morderse la lengua y apretar sus puños lo más posible. Y fue así como llegaron a la última genio... Ginny Weasley.
-La última es una joven pelirroja, ya saben el poder que poseen, tiene 15 años, hija de una familia de magos puros, virgen y....-
El mago presentador dejó de hablar porque Ginny no dejaba que la sujetaran, se defendía con brazos y piernas y quienes intentaban acercarse a ella terminaban lanzados como proyectiles contra las paredes, -obviamente por los hechizos que ella le lanzaba.
-... y aunque hermosa es un poquito indomable. Claro, que estamos seguros que un mago poderoso la podrá controlar. Así es que comenzamos con 100 galeones, ¿ quién ofrece más?-
Harry observó atónito como unos seis magos comenzaron una batalla casi a muerte ofreciendo cifras altísimas de dinero por Ginny. Cuando ya iban por los 3,000 galeones Harry se levantó y ofreció 3,500 galeones.
- Harry, te dije que no intervinieras- lo regañó Dumbledore agarrándolo de la túnica y obligándolo a permanecer en el asiento. Como de la nada aparecieron Lupin y Moody quienes se unieron al plan de Dumbledore. Entre taparle la boca y los brazos lo inmobilizaron. Una voz fría, conocida, hizo temblar a Harry como no lo había hecho en ese verano.
- Ofrezco 7,800 galeones-
Era Draco Malfoy, vestido con una túnica de verde brillante y una sonrisa maliciosa.
Harry vió cómo la Sra. Weasley se caía desmayada al suelo y varios guardias intervinieron con los hermanos de Ginny que trataron de correr hacia donde Malfoy. El Sr. Weasley, sin embargo, permaneció de pie sin moverse con su mirada dirigida a Ginny que de igual forma tampoco se movió... como si ya lo esperara.
Hubo más ofrecimientos, Harry luchaba contra Moody y Lupin, los guardias sujetaban a los Weasleys, la madre la habían sacado del local acompañada por Hermione y los gritos y aplausos aumentaban según continuaba la subasta.
- 20,000 galeones- gritó finalmente Malfoy. Luego de él, nadie más habló.
-Vendida al señor Malfoy por 20,000 galeones-
Lo último que pudo ver Harry era cómo varios magos rodeaban a Ginny y le lanzaban hechizos para inmobilizarla. Muy cerca, Malfoy pagaba al ministro de magia que le sonrió y le entregó a Ginny. Ésta, luego de mucho luchar, cayó en el suelo sin movimiento. Tal vez estaba cansada o fueron demasiadas maldiciones unidas -pensó Harry mientras Lupin, Moody y Dumbledore lo sacaban a toda prisa del lugar.
- ¿ Qué pasó aquí?- gritó cuando, fuera del coliseo, se pudo desprender de Lupin y Moody. En un arranque de rabia -sin esperar respuesta a su pregunta- se tiró sobre Dumbledore para pegarle en la cara. Pero el viejo mago fue más rápido y así como había acabado Ginny también Harry terminó sin conocimiento ajeno a lo que faltaba por suceder.
*****
Era de madrugada cuando Harry despertó en su cama, en el cuarto de Ron. Su mejor amigo no dormía sino que miraba por la pequeña ventana.
- Por fin despiertas-
-¿ Qué hora es?-
- Son las 3:00 de la mañana-
-¿ Cómo pude dormir tanto?-
- Eso se lo debes a Lupin, un hechizo fuerte. Pero eres privilegiado, hubiera deseado quedar inconciente también-
- ¿ Que ha pasado?-
- A mamá la llevaron a San Mungus, le subió mucho la presión y le dolía el pecho; Hermione está con ella y unas tías que llegaron por la tarde. Papá está en el cuarto como perdido en su mente. Los gemelos se fueron me imagino que a ahogar las penas, al fin y al cabo a papá ya nada le importa. Bill no quiso volver a la casa, creo que se va a quedar con mamá por la mañana y a Charlie el ministerio lo detuvo porque trató de echarle la maldición cruciatus al ministro de magia. No funcionó, porque alguien lanzó un contrahechizo. Pero aún así se lo llevaron... dicen que lo van a llevar a Azkaban mañana... ahora parece que está en un cuartel, no sé. papá hizo lo que pudo... ahora es Dumbledore el que está tratando de ayudarlo...-
- Dumbledore no va a hacer nada, ya viste que no ayudó a Ginny-
- No entiendo Harry. Ni siquiera ofreció un galeón por ella. Y no te dejó intervenir-
- Estoy decepcionado con él-
- Yo no sé qué pensar. Voy a tratar de dormir... ya no hay nada que se pueda hacer... ahora Ginny es la genio de Malfoy. Pero eso no es lo peor, ¿ sabes?, sino sus verdaderos motivos para comprarla. No es para él, Harry... quieren a Ginny para Vol... Volde... Voldemort, el muy desgraciado, patán, inmundo.
- Pero, ¿Por qué ella?... habían otras genios pelirrojas.
- No es por eso. ¿Recuerdas lo de la poción que Hermione mencionó?-
- Ah, sí... pero podían usar la sangre de cualquier otra genio-
- Necesitaban la sangre de una genio virgen, Harry... Y de entre todas aquellas genios Ginny era la única genio virgen-
- ¿ Morirá?-
- Para mí ya murió-
- No digas eso, Ron-
- Es mejor pensar que está muerta, a imaginármela sufriendo...martirizada. No, ya Ginny murió--
Ron se fue a la cama y se cubrió con las sábanas. Harry se quedó callado, sentado sobre la cama por casi una hora. Cuando escuchó los ronquidos de su amiga decidió que no quería pasar ni un segundo más allí.
- Quédate con los Weasleys- le había dicho Dumbledore el otro día. - No te muevas de allí- le recalcó varias veces. Pues bien Harry iba a hacer exactamente todo lo contrario. En una mochila muggle echó dos camisas y dos pantalones, ropa interior, su cepillo de dientes, medias y desodorante. Se vistó con mahones y su túnica del colegio. Se despidió de Hedwing, escribió una corta nota que leía: Siento dejarlos en este momento tan difícil pero no me puedo quedar... Harry. Tomó su escoba, bajó las escaleras, salió afuera y se fue volando. Mientras se alejaba de la casa de los Weasleys sentía el frío que le atravesaba la piel. 'Deseó regresar, pero ya la decisión estaba tomada. No más controles ni reglas absurdas... él era libre y haría lo que quisiera.
*****
Comenzaba a amanecer y el cansancio vencía a Harry. Miró hacia abajo pero sólo podía ver el tope de cientos de árboles... Volaba sobre un bosque, no sabía de dónde. Decidió bajar allí porque tal vez sería un buen escondite. Tras bajarse de su escoba caminó por otra media hora hasta que se topó con una casa en madera, de dos pisos, con una humeante chimenea. Escondió su escoba y la mochila debajo del tronco de un árbol, en el que alguien había escrito: "Tú y yo, amantes por siempre". Tomó el dinero y caminó decidido hasta la cabaña. Al entrar se encontró con las criaturas más extrañas que jamás hubiera visto. Unas hermosas mujeres vestidas con trajes de multicolores, y el cabello brilloso, bailaban con enanos de cabezas puntiagudas y narices alargadas, o con hombres gordos y peludos, con caras de osos, y con semi gigantes flacos y ojos rojos que para nada se parecían al buenachón de Hagrid.
Harry quiso regresar al bosque pero una de las mujeres lo haló hasta la barra. El cantinero le dio una taza de café, huevos y pan. Pagó la comida y al tratar de salir la misma mujer lo sujetó del brazo y lo invitó a subir a la habitación.
- Se nota que nos has dormido nada-
-Estoy bien-
- No, no lo estás... ven conmigo- y se lo llevó por las escaleras hasta el segundo piso de la casa.
Sin saber cómo, Harry terminó en la cama. Una mujer que él no conocía le acariciaba el rostro y el pecho mientras él caía en un profundo sueño.
Ocho horas después, Harry despertó en la misma cama, desnudo. A penas recordaba dónde se encontraba, era de tarde pero hacía mucha calor. La habitación estaba a oscuras, pero se podía ver una luz por una ventana. La cama era grande pero el colchón viejo y sucio. Las sábanas estaban manchadas lo que le produjo a Harry un asco que le hizo vomitar. Sin deseos de permanecer un segundo más en esa habitación, Harry comenzó a buscar su ropa por el suelo, bajo las sábanas pero no había nada. Caminó hasta el baño pero salió casi de inmediato al percatarse que por las paredes y el inodoro corrían decenas de cucarachas.
-¿ Dónde estoy, qué pasó, dónde está mi ropa?... Oh, no- dijo para sí mismo Harry; pero de pronto recordó a la mujer que lo había llevado hasta allí. Y también recordó que no sólo su ropa había desaparecido sino su dinero. Como pudo tomó una toalla, que parecía había sido usada varias veces, y se cubrió desde el abdomen. Bajó las escaleras y sigilosamente se escurrió entre una serie de meses de la cantina. Algunos magos que lo vieron comenzaron a reir, pero el cantinero lo saludó y fue hacia él.
- No te preocupes muchacho, eso siempre pasa-
- ¿ Pero qué pasó, dónde está mi ropa?... y creo que me han robado-
- Fue la hada del bosque... son hermosas pero malvadas... se llevaron tu ropa y me imagino que tu dinero-
- Pero, ¿ para qué quieren mi ropa?-
- Tú eres Harry Potter, nos dimos cuenta desde que entraste... esa cicatriz te delata. Tu ropa puede ser vendida por mucho dinero a un coleccionista-
- Nadie va a comprar eso... podría ser de cualquiera-
- Tu túnica era de la escuela, de Hogwarts.... y decía Potter-
- Ah, sí...- comentó Harry con resignación.
- Yo soy Dominique, y no te preocupes te prestaré la ropa que era de mi hijo, cuando tenía tu edad y no te cobraré por el tiempo que ocupaste la habitación...-
- Gracias-
Harry se vistió con la ropa que le daba Dominique quien luego lo invitó a cenar, cortesía de la casa. Lo llevó hasta el comedor donde decenas de magos y brujas, comían pero sobretodo bebían. El ambiente era gris, por la cantidad de humo de cigarrillo que inundaba el local. Harry comenzó a sentir un fuerte comezón dentro de su nariz. A eso siguió una ristra de estornudos. Se sintió tan tonto, y se preguntó por qué rayos a él el humo le tenía que causar alergia. Se acordó de Dumbledore... claro, él le debió haber echado algún hechizo para que dejara de fumar... total, no lo había vuelto a hacer.
Dominique le mandó con una bruja un plato lleno de muslos de pollo frito y papitas, además de un refresco grande. Harry se sintió miserable porque no podría pagar por eso y ahora tendría que regresar a la madriguera derrotado y avergonzado. Mientras comía observó cada esquina del negocio y se percató de algo que creyó muy interesante. Las brujas, algunas de ellas hadas, se sentaban en las piernas de los hombres o les servían bebidas vestidas con trajes pequeños y ajustados. A varias el escote dejaba ver un enorme y desconcertante busto. Así fue que vio al hada que lo había llevado hasta la habitación. Harry caminó hasta ella y le reclamó el dinero.
- Cielo, dormiste bien, ¿ no? Tenías que pagarme por mis servicios-
- Me robó usted mi ropa y no sé por qué servicios le tenía que pagar-
- Bueno, amor, no recuerdas que te hiciste hombre conmigo-
- Lo dice sólo para llevarse mi dinero. Yo lo único que hice fue dormir- gritó Harry más fuerte de lo que deseó.
Una docena de magos se pararon y rodearon a Harry, protegiendo al hada.
- Algún problema muchacho- dijo el más alto y fuerte de todos, con un cuchillo en sus manos apuntándole.
- Déjen al chico tranquilo... ven, Harry, come y vete... ya perdiste el dinero y no hay nada más para tí aquí...sólo problemas-
-Pero, pero, pero...- volvió a gritar Harry mientras Dominique lo empoujaba hasta su mesa.
Harry entendió que había perdido ese dinero... pero bueno, al menos le quedaba su otra ropa y su escoba debajo de aquel árbol. Siguió comiendo, luchando con los estornudos y con el coraje de haber sido engañado.
- Hombre ni hombre... yo soy un hombre y no tengo que acostarme con una asquerosa y tramposa hada para demostrarlo-
- Pues definitivamente no dormiste con ella porque las hadas son el sueño de cualquier mago- le comentó sonriente un mago que estaba sentado en la mesa de al lado y que Harry pudo ver ya no le quedaban dientes sanos.
Decidió ignorarlo y comer lo más rápido posible para salir de allí. Se concentró en su comida por unos minutos y al levantar la vista se sorprendió al ver a una joven mujer de pie frente a la cantina hablando con Dominique. El parecía decirle que no sabía la respuesta a lo que ella le preguntaba. El ambiente seguía gris, el humo había aumentado. La joven que llevaba puesta una capa negra hasta la cabeza súbitamente se viró hacia donde estaba Harry. Él creyó reconocer su rostro y mucho más cuando el mago que estaba sentado en la cantida le quitó la parte de la túnica que le cubría la cabeza. Ella se apresuró a cubrirse pero ya Harry sabía quién era, y simplemente no lo podía creer.
- ¡¡¡¡GINNY!!!- gritó Harry
Ella lo miró y casi de inmediato salió corriendo por la puerta hacia el bosque. Él no lo pensó dos veces y la siguió.
*******CUIDADO SPOILERS ORDER OF PHOENIX********
CLASIFICACiÖN: PG-13
Entrar al coliseo no fue una tarea fácil, máxime cuando el espacio que quedaba era pequeño, todos los asientos estaban llenos, había mucha gente de pie y apenas se podía caminar por los pasillos. Los Weasleys, Harry y Hermione se fueron empujando entre la multitud hasta llegar a una esquina del coliseo, desde donde podían ver la tarima y participar de la subasta... aunque de pie.
Los asientos más cercanos a la tarima estaban ocupados por magos y brujas vestidos con trajes y túnicas elegantes. Detrás de ellos estaba la muchedumbre, apretujados en un intento por tener el mejor campo visual de la tarima. Y era allí, en el espacio más alto del coliseo, donde se encontraban las genios... en total eran 12 mujeres casi todas mayores de 25 años.
La menor, obviamente, era Ginny que pronto cumpliría sus 15 años. Estaban sentadas en el suelo, o sobre grandes almohadones verdes, rojos y azules. Unas lloraban, otras saludaban, la mayoría esforzaba la mirada quizás en busca de un familiar entre la gente, pero la que Harry quería ver estaba seria aunque serena. Harry pudo notar que ella sólo miraba hacia el suelo, con la mirada triste y perdida. Se veían aún más distinta, y más hermosa, que minutos antes en aquella carpa.
Al costado de la tarima había un grupo de magos sentados. Harry pudo distinguir a Dumbledore que le hacía señas para que se sentara a su lado. La Sra. Weasley obligó a Harry a que fuera hasta el director de Hogwarts, aunque a regañadientas ya que él se quería quedar con los Wesleys y con Hermione, de pie y luchando contra los empujones.
Pero claro, él era un Potter y merecía tratos especiales. Este pensamiento lo hizo enojar. Pasó cerca de la tarima sin despegar sus ojos de Ginny. Ella lo miró y le sonrió. A Harry, aquella tímida sonrisa, le había hecho temblar. Nuevamente el sentimiento de impotencia lo cubrió. Definitivamente la tenía que ayudar.
Un mago vestido de negro comenzó a hablar al público, justo en el momento en que se escuchaba una música árabe y Harry se sentaba al lado de Dumbledore, sin darle un saludo ni darle una simple mirada.
- Sólo quiero estar seguro que no vas a intervenir-
- Si puedo lo haré-
- Lo sé, por eso te quiero aquí, a mi lado. Eso, temo decirte, no te lo puedo permitir-
Harry no entendía por qué Dumbledore estaba tan obstinado en que él no interviniera en la subasta. Ginny era la hermana de su mejor amigo, hija de su familia preferida, y también su amiga... aunque apenas la comenzaba a conocer. ¿ Cómo no iba a ayudarlos?
El moderador leyó las reglas, que prácticamente consistían en ofrecer más dinero que el mago anterior.
Las genios fueron llamadas, se acercaron y bailaron parte de una danza de velos (Belly dancing) frente al grupo de magos pretenciosos. Parecía que habían practicado el baile, ya que lo hacían con sincronía. Una de las que estaban al frente del grupo era nada más y nada menos que Ginny.
- Realmente eres hermosa- pensó Harry mientras su vista se concentraba en los movimientos de cadera de Ginny. - Y eres la mejor que bailas- continuó en una conversación extraña entre él y la pequeña bruja pelirroja. Cuando Ginny daba la vuelta, Harry podía apreciar mejor su silueta, sus curvas.
-Ya no eres una niña- se dijo. - Eres una hermosa mujer...pecosa... pelirroja...hermosa- volvió a pensar sonriendo, sumido en sus pensamientos.
-No las mires mucho, Harry. Te pueden encantar-
-Aja, eso es lo que no quiere que suceda. Que una de ellas me haga un encantamiento y termine comprándola, ¿ no?-
-No Harry, lo que no quiero es que te empieces a babear por la señorita Weasley y luego hagas el tonto queriendo obtener lo que ya es de otro-
- ¿ A qué se refiere?-
-Tengo buenas fuentes que me aseguran que el negocio de la Srta. Weasley hace tiempo fue arreglado-
Harry sintió unos deseos inmensos por matar a Dumbledore. Sí, tal vez de estrangularlo allí mismo.Todos esos días, desde que regresó de la casa de sus tíos, se había preguntado por qué estaba tan molesto con Dumbledore. Hermione se lo había dicho, que él era uno de los pocos que se preocupaban realmente por él. Ahora ya sabía la respuesta. La tranquila frialdad de sus palabras... siempre tan decidido... sin temor a equivocarse... incluso parecía tranquilo ahora, cuando los Weasley iban a perder para siempre a su hija y hermana.
-Las cosas son como tienen que ser- repitió ante la mirada atónita de Harry quien prefirió permanecer callado, morderse la lengua y apretar sus puños lo más posible. Y fue así como llegaron a la última genio... Ginny Weasley.
-La última es una joven pelirroja, ya saben el poder que poseen, tiene 15 años, hija de una familia de magos puros, virgen y....-
El mago presentador dejó de hablar porque Ginny no dejaba que la sujetaran, se defendía con brazos y piernas y quienes intentaban acercarse a ella terminaban lanzados como proyectiles contra las paredes, -obviamente por los hechizos que ella le lanzaba.
-... y aunque hermosa es un poquito indomable. Claro, que estamos seguros que un mago poderoso la podrá controlar. Así es que comenzamos con 100 galeones, ¿ quién ofrece más?-
Harry observó atónito como unos seis magos comenzaron una batalla casi a muerte ofreciendo cifras altísimas de dinero por Ginny. Cuando ya iban por los 3,000 galeones Harry se levantó y ofreció 3,500 galeones.
- Harry, te dije que no intervinieras- lo regañó Dumbledore agarrándolo de la túnica y obligándolo a permanecer en el asiento. Como de la nada aparecieron Lupin y Moody quienes se unieron al plan de Dumbledore. Entre taparle la boca y los brazos lo inmobilizaron. Una voz fría, conocida, hizo temblar a Harry como no lo había hecho en ese verano.
- Ofrezco 7,800 galeones-
Era Draco Malfoy, vestido con una túnica de verde brillante y una sonrisa maliciosa.
Harry vió cómo la Sra. Weasley se caía desmayada al suelo y varios guardias intervinieron con los hermanos de Ginny que trataron de correr hacia donde Malfoy. El Sr. Weasley, sin embargo, permaneció de pie sin moverse con su mirada dirigida a Ginny que de igual forma tampoco se movió... como si ya lo esperara.
Hubo más ofrecimientos, Harry luchaba contra Moody y Lupin, los guardias sujetaban a los Weasleys, la madre la habían sacado del local acompañada por Hermione y los gritos y aplausos aumentaban según continuaba la subasta.
- 20,000 galeones- gritó finalmente Malfoy. Luego de él, nadie más habló.
-Vendida al señor Malfoy por 20,000 galeones-
Lo último que pudo ver Harry era cómo varios magos rodeaban a Ginny y le lanzaban hechizos para inmobilizarla. Muy cerca, Malfoy pagaba al ministro de magia que le sonrió y le entregó a Ginny. Ésta, luego de mucho luchar, cayó en el suelo sin movimiento. Tal vez estaba cansada o fueron demasiadas maldiciones unidas -pensó Harry mientras Lupin, Moody y Dumbledore lo sacaban a toda prisa del lugar.
- ¿ Qué pasó aquí?- gritó cuando, fuera del coliseo, se pudo desprender de Lupin y Moody. En un arranque de rabia -sin esperar respuesta a su pregunta- se tiró sobre Dumbledore para pegarle en la cara. Pero el viejo mago fue más rápido y así como había acabado Ginny también Harry terminó sin conocimiento ajeno a lo que faltaba por suceder.
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Era de madrugada cuando Harry despertó en su cama, en el cuarto de Ron. Su mejor amigo no dormía sino que miraba por la pequeña ventana.
- Por fin despiertas-
-¿ Qué hora es?-
- Son las 3:00 de la mañana-
-¿ Cómo pude dormir tanto?-
- Eso se lo debes a Lupin, un hechizo fuerte. Pero eres privilegiado, hubiera deseado quedar inconciente también-
- ¿ Que ha pasado?-
- A mamá la llevaron a San Mungus, le subió mucho la presión y le dolía el pecho; Hermione está con ella y unas tías que llegaron por la tarde. Papá está en el cuarto como perdido en su mente. Los gemelos se fueron me imagino que a ahogar las penas, al fin y al cabo a papá ya nada le importa. Bill no quiso volver a la casa, creo que se va a quedar con mamá por la mañana y a Charlie el ministerio lo detuvo porque trató de echarle la maldición cruciatus al ministro de magia. No funcionó, porque alguien lanzó un contrahechizo. Pero aún así se lo llevaron... dicen que lo van a llevar a Azkaban mañana... ahora parece que está en un cuartel, no sé. papá hizo lo que pudo... ahora es Dumbledore el que está tratando de ayudarlo...-
- Dumbledore no va a hacer nada, ya viste que no ayudó a Ginny-
- No entiendo Harry. Ni siquiera ofreció un galeón por ella. Y no te dejó intervenir-
- Estoy decepcionado con él-
- Yo no sé qué pensar. Voy a tratar de dormir... ya no hay nada que se pueda hacer... ahora Ginny es la genio de Malfoy. Pero eso no es lo peor, ¿ sabes?, sino sus verdaderos motivos para comprarla. No es para él, Harry... quieren a Ginny para Vol... Volde... Voldemort, el muy desgraciado, patán, inmundo.
- Pero, ¿Por qué ella?... habían otras genios pelirrojas.
- No es por eso. ¿Recuerdas lo de la poción que Hermione mencionó?-
- Ah, sí... pero podían usar la sangre de cualquier otra genio-
- Necesitaban la sangre de una genio virgen, Harry... Y de entre todas aquellas genios Ginny era la única genio virgen-
- ¿ Morirá?-
- Para mí ya murió-
- No digas eso, Ron-
- Es mejor pensar que está muerta, a imaginármela sufriendo...martirizada. No, ya Ginny murió--
Ron se fue a la cama y se cubrió con las sábanas. Harry se quedó callado, sentado sobre la cama por casi una hora. Cuando escuchó los ronquidos de su amiga decidió que no quería pasar ni un segundo más allí.
- Quédate con los Weasleys- le había dicho Dumbledore el otro día. - No te muevas de allí- le recalcó varias veces. Pues bien Harry iba a hacer exactamente todo lo contrario. En una mochila muggle echó dos camisas y dos pantalones, ropa interior, su cepillo de dientes, medias y desodorante. Se vistó con mahones y su túnica del colegio. Se despidió de Hedwing, escribió una corta nota que leía: Siento dejarlos en este momento tan difícil pero no me puedo quedar... Harry. Tomó su escoba, bajó las escaleras, salió afuera y se fue volando. Mientras se alejaba de la casa de los Weasleys sentía el frío que le atravesaba la piel. 'Deseó regresar, pero ya la decisión estaba tomada. No más controles ni reglas absurdas... él era libre y haría lo que quisiera.
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Comenzaba a amanecer y el cansancio vencía a Harry. Miró hacia abajo pero sólo podía ver el tope de cientos de árboles... Volaba sobre un bosque, no sabía de dónde. Decidió bajar allí porque tal vez sería un buen escondite. Tras bajarse de su escoba caminó por otra media hora hasta que se topó con una casa en madera, de dos pisos, con una humeante chimenea. Escondió su escoba y la mochila debajo del tronco de un árbol, en el que alguien había escrito: "Tú y yo, amantes por siempre". Tomó el dinero y caminó decidido hasta la cabaña. Al entrar se encontró con las criaturas más extrañas que jamás hubiera visto. Unas hermosas mujeres vestidas con trajes de multicolores, y el cabello brilloso, bailaban con enanos de cabezas puntiagudas y narices alargadas, o con hombres gordos y peludos, con caras de osos, y con semi gigantes flacos y ojos rojos que para nada se parecían al buenachón de Hagrid.
Harry quiso regresar al bosque pero una de las mujeres lo haló hasta la barra. El cantinero le dio una taza de café, huevos y pan. Pagó la comida y al tratar de salir la misma mujer lo sujetó del brazo y lo invitó a subir a la habitación.
- Se nota que nos has dormido nada-
-Estoy bien-
- No, no lo estás... ven conmigo- y se lo llevó por las escaleras hasta el segundo piso de la casa.
Sin saber cómo, Harry terminó en la cama. Una mujer que él no conocía le acariciaba el rostro y el pecho mientras él caía en un profundo sueño.
Ocho horas después, Harry despertó en la misma cama, desnudo. A penas recordaba dónde se encontraba, era de tarde pero hacía mucha calor. La habitación estaba a oscuras, pero se podía ver una luz por una ventana. La cama era grande pero el colchón viejo y sucio. Las sábanas estaban manchadas lo que le produjo a Harry un asco que le hizo vomitar. Sin deseos de permanecer un segundo más en esa habitación, Harry comenzó a buscar su ropa por el suelo, bajo las sábanas pero no había nada. Caminó hasta el baño pero salió casi de inmediato al percatarse que por las paredes y el inodoro corrían decenas de cucarachas.
-¿ Dónde estoy, qué pasó, dónde está mi ropa?... Oh, no- dijo para sí mismo Harry; pero de pronto recordó a la mujer que lo había llevado hasta allí. Y también recordó que no sólo su ropa había desaparecido sino su dinero. Como pudo tomó una toalla, que parecía había sido usada varias veces, y se cubrió desde el abdomen. Bajó las escaleras y sigilosamente se escurrió entre una serie de meses de la cantina. Algunos magos que lo vieron comenzaron a reir, pero el cantinero lo saludó y fue hacia él.
- No te preocupes muchacho, eso siempre pasa-
- ¿ Pero qué pasó, dónde está mi ropa?... y creo que me han robado-
- Fue la hada del bosque... son hermosas pero malvadas... se llevaron tu ropa y me imagino que tu dinero-
- Pero, ¿ para qué quieren mi ropa?-
- Tú eres Harry Potter, nos dimos cuenta desde que entraste... esa cicatriz te delata. Tu ropa puede ser vendida por mucho dinero a un coleccionista-
- Nadie va a comprar eso... podría ser de cualquiera-
- Tu túnica era de la escuela, de Hogwarts.... y decía Potter-
- Ah, sí...- comentó Harry con resignación.
- Yo soy Dominique, y no te preocupes te prestaré la ropa que era de mi hijo, cuando tenía tu edad y no te cobraré por el tiempo que ocupaste la habitación...-
- Gracias-
Harry se vistió con la ropa que le daba Dominique quien luego lo invitó a cenar, cortesía de la casa. Lo llevó hasta el comedor donde decenas de magos y brujas, comían pero sobretodo bebían. El ambiente era gris, por la cantidad de humo de cigarrillo que inundaba el local. Harry comenzó a sentir un fuerte comezón dentro de su nariz. A eso siguió una ristra de estornudos. Se sintió tan tonto, y se preguntó por qué rayos a él el humo le tenía que causar alergia. Se acordó de Dumbledore... claro, él le debió haber echado algún hechizo para que dejara de fumar... total, no lo había vuelto a hacer.
Dominique le mandó con una bruja un plato lleno de muslos de pollo frito y papitas, además de un refresco grande. Harry se sintió miserable porque no podría pagar por eso y ahora tendría que regresar a la madriguera derrotado y avergonzado. Mientras comía observó cada esquina del negocio y se percató de algo que creyó muy interesante. Las brujas, algunas de ellas hadas, se sentaban en las piernas de los hombres o les servían bebidas vestidas con trajes pequeños y ajustados. A varias el escote dejaba ver un enorme y desconcertante busto. Así fue que vio al hada que lo había llevado hasta la habitación. Harry caminó hasta ella y le reclamó el dinero.
- Cielo, dormiste bien, ¿ no? Tenías que pagarme por mis servicios-
- Me robó usted mi ropa y no sé por qué servicios le tenía que pagar-
- Bueno, amor, no recuerdas que te hiciste hombre conmigo-
- Lo dice sólo para llevarse mi dinero. Yo lo único que hice fue dormir- gritó Harry más fuerte de lo que deseó.
Una docena de magos se pararon y rodearon a Harry, protegiendo al hada.
- Algún problema muchacho- dijo el más alto y fuerte de todos, con un cuchillo en sus manos apuntándole.
- Déjen al chico tranquilo... ven, Harry, come y vete... ya perdiste el dinero y no hay nada más para tí aquí...sólo problemas-
-Pero, pero, pero...- volvió a gritar Harry mientras Dominique lo empoujaba hasta su mesa.
Harry entendió que había perdido ese dinero... pero bueno, al menos le quedaba su otra ropa y su escoba debajo de aquel árbol. Siguió comiendo, luchando con los estornudos y con el coraje de haber sido engañado.
- Hombre ni hombre... yo soy un hombre y no tengo que acostarme con una asquerosa y tramposa hada para demostrarlo-
- Pues definitivamente no dormiste con ella porque las hadas son el sueño de cualquier mago- le comentó sonriente un mago que estaba sentado en la mesa de al lado y que Harry pudo ver ya no le quedaban dientes sanos.
Decidió ignorarlo y comer lo más rápido posible para salir de allí. Se concentró en su comida por unos minutos y al levantar la vista se sorprendió al ver a una joven mujer de pie frente a la cantina hablando con Dominique. El parecía decirle que no sabía la respuesta a lo que ella le preguntaba. El ambiente seguía gris, el humo había aumentado. La joven que llevaba puesta una capa negra hasta la cabeza súbitamente se viró hacia donde estaba Harry. Él creyó reconocer su rostro y mucho más cuando el mago que estaba sentado en la cantida le quitó la parte de la túnica que le cubría la cabeza. Ella se apresuró a cubrirse pero ya Harry sabía quién era, y simplemente no lo podía creer.
- ¡¡¡¡GINNY!!!- gritó Harry
Ella lo miró y casi de inmediato salió corriendo por la puerta hacia el bosque. Él no lo pensó dos veces y la siguió.
