Capítulo 2:

Los visitantes de Nordaeron.

Link y Zelda velaron el sueño de la niña durante unas tres horas. Para aquel entonces los embajadores de Nordaeron ya habían llegado y ambos pudieron escuchar cierto barullo en el castillo. Ajenos a lo que ocurría en la recepción, Link y Zelda siguieron conversando mientras esperaban a que la niña Onri despertara. Link, que había vuelto a ponerse su ropa, seguía contándole más detalles de su viaje a Términa que se le habían olvidado cuando se lo contó antes. Después de todo, el haber revivido varias veces los mismos tres días no era una experiencia que dejara un recuerdo completamente lineal que después se pudiera contar fácilmente sin olvidar detalles.

Cuando había terminado de contarle a Zelda cómo ayudó a Cremia, la dueña del Rancho Romani, a entregar la leche a tiempo a Ciudad Reloj, la niña comenzó a moverse. Al principio movía la cabeza de derecha a izquierda ligeramente. Poco a poco empezó a ladearse de un lado a otro hasta que finalmente, abrió los ojos.

Link y Zelda observaron sus enormes ojos rojos. Eran amables y profundos, pero en aquel momento se podía observar también confusión e incluso miedo. Cuando la niña volvió su cabeza hacia a ellos y los vio observándola, dio un grito y se alejó de ellos, arrinconándose en la esquina opuesta de la cama como un animal acorralado y asustado, tapándose el cuerpo con las sábanas. Zelda se levantó de la silla muy despacio y se sentó en la cama, con actitud tranquilizadora para no asustarla.

- No te preocupes. Nadie va a hacerte daño. Tuviste suerte de caer en el agua del foso cuando caíste de aquel globo.- Dijo con tono amable.

La niña Onri comenzó a mirar a su alrededor. Aquel lugar le era tan extraño… No tenía ni idea de donde se encontraba y la sensación de desorientación se acentuó aún más.

- Do… ¿Dónde estoy?- Dijo la niña en voz baja, todavía con tono tímido. Ahora que pudieron oír su voz con claridad, ya no había duda alguna de que era una niña.

- Estas en Hyrule, en la enfermería del Castillo Real.- Dijo Zelda con el mismo tono amable- Link, este niño de aquí, te sacó del agua y después te trajimos aquí para que pudieras recuperarte. Yo soy Zelda Nohansen Hyrule, Princesa de Hyrule.

La expresión de la niña cambió de la confusión y el miedo a la relajación y la sorpresa. ¿Estaba realmente hablando con la princesa de Hyrule? Pues no parecía una princesa yendo vestida de un modo tan sencillo.

- E… ¿En serio sois la princesa de Hyrule?.- Preguntó la niña aún con tono tímido. Zelda asintió.- ¡Oh! ¡Lo siento mucho, majestad, por haberos causado tantas molestias…! Yo…

- ¡Tranquila! No tienes que explicar nada. Y no hace falta que me trates de vos ni que te comportes de una manera tan educada. ¡Siéntate como en tu casa!- Le dijo Zelda con una sincera sonrisa de oreja a oreja, intentando calmarla.

La niña finalmente pareció calmarse del todo. Soltó las sábanas y dejó de arrinconarse. Se sentó en el centro de la cama, aunque pasó a mirarse las manos, sin saber qué decir. Link, que todavía no había hablado, rompió el hielo.

- ¿Cómo te llamas?

- ¿Yo?- Dijo la niña.- Medli. Me llamo Medli.

- Encantado Medli. Como te ha dicho Zelda, yo soy Link.- Dijo Link tendiéndole la mano derecha.

Medli dudó un segundo, pero al final se la estrechó. A Link le resultó un poco extraña la sensación de estrecharle la mano a un Onri. Parecían manos Hylianas, pero al igual que el resto de su cuerpo, estaban recubiertas por el mismo fino plumón ocre. Era casi como meter la mano debajo del ala plegada de un Cucco.

Cuando terminaron aquel saludo, el doctor Yenshin se acercó al grupo con aire curioso.

- ¡Vaya! Veo que mi pequeña paciente se ha despertado.- Dijo con tono alegre- ¿Podéis apartaros, alteza? Debo examinarla para comprobar que está bien.

Zelda obedeció y se apartó de la cama. El doctor se acercó a Medli, quien volvió a arrinconarse un poco en la esquina de la cama, aunque con una expresión menos asustada.

- No te preocupes pequeña. Soy el Doctor Yenshin. Tan solo quiero comprobar que no tienes nada grave.- Dijo el doctor con el tono más tranquilizador que pudo.- Has dicho que te llamas Medli, ¿verdad?- Medli asintió.- Bien, Medli. Dime, ¿hay algo que te duela en especial?

- Bueno… me duele el hombro derecho.- Contestó Medli señalándose la zona dolorida.

- Sí, eso ya lo sé. Por lo visto te lo golpeaste contra el fondo del foso al caer. El foso era lo bastante profundo como para evitar que el golpe te matara, pero no para amortiguar el golpe del todo.- Explicó el doctor.- Seguramente te saldrá un buen cardenal, pero nada importante. ¿Algo más?

Medli negó con la cabeza. El doctor entonces comenzó a hacerle un pequeño chequeo. Le tomó el pulso y la presión, volvió a oscultarla y a mirarle las pupilas, le comprobó los reflejos y un par de pruebas más que ni Link ni Zelda sabían para qué servían exactamente.

- Muy bien, Medli. Aparte del golpe en el hombro parece ser que estas bien. Pero me gustaría que te quedaras esta noche aquí para estar seguros. De todas formas creo que podrías pasear por el castillo siempre y cuando no hagas el loco. Sé que los Onri detestáis quedaros encerrados aunque sea para descansar.

Entonces Medli, por primera vez, sonrió. Era una sonrisa muy extraña. La comisura de sus labios, o mejor dicho, de su pico, se torcían hacia arriba provocando unas arrugas muy raras cerca de las fosas nasales. El resto del pico permanecía inmóvil. De todas formas un apéndice como ese no debía de tener demasiada movilidad.

- ¿Quieres que te traigamos algo para comer o beber, Medli?- Dijo Zelda entonces. Imaginó que después de lo que debía de haber pasado debía de querer llenar la barriga.

- Algo de comer no me vendría mal.- Dijo Medli, esta vez con voz más animada. Realmente empezaba a sentirse segura.

- Dejadme esto a mí. Conozco una comida que según tengo entendido vuelve locos a los Onri.- Propuso el doctor Yenshin. Después dio media vuelta y salió de la enfermería.

A Link le entró la curiosidad sobre qué cosas podía comer esa raza. Se acordó especialmente de los extravagantes hábitos alimenticios de la raza Goron, que se alimentaban de rocas. Pudo comprobarlo en sus propias carnes en Términa, cuando se ponía la máscara que hacía que su cuerpo se transformara en el del guerrero Goron Darmani. Le sorprendió lo mucho que le gustó un trozo de granito que comió una vez como curiosidad. Le supo como un pollo de carne muy dura. Cuando se quitó la máscara su estómago le pesaba tanto que pensaba que este se le saldría de la tripa, por lo que tuvo que volver a ponerse rápidamente la máscara y dejársela puesta hasta que digirió el extraño manjar. Esperaba que los Onri no tuvieran unos gustos tan raros en cuanto a comida.

También se moría de ganas por saber qué le pasó para que cayera de aquel globo gigante, pero ya había acordado con Zelda mientras Medli dormía que por el momento no se lo preguntarían. Aquella experiencia no debió de ser agradable después de todo.

- Dime Medli, ¿de donde eres? Es la primera vez que veo a un Onri.- Dijo Link curioso. Aunque no iba a preguntarle sobre el globo, aún habían muchas preguntas que rondaban por su cabeza.

- ¿Yo? De Nordaeron, un país que está al norte de aquí.- Contestó Medli.

Su respuesta chocó a Link y Zelda. ¿No eran los embajadores que habían venido aquel día precisamente de Nordaeron?

- ¿En serio? ¡Vaya! ¡Qué coincidencia! ¡Precisamente hoy han llegado al castillo unos visitantes de tu país!- Dijo Zelda sorprendida.

Sin embargo, al oír aquello los ojos de Medli se abrieron como platos, se quitó las sabanas de encima y se sentó en el borde de la cama. Todo ello en una fracción de segundo. Aquel acto tan brusco sobresaltó a los dos niños Hylianos.

- Que… ¿Qué clase de visitantes? ¿Alguien importante? ¿El Canciller Reindhart? ¿El General Rild?- Preguntó la Medli apresuradamente.

- ¿Eh? Pues… No estoy muy segura… creo que se trata solo de embajadores que vienen en visita de cortesía.- Dijo Zelda todavía sobresaltada.

- ¡Por favor! ¡Tenéis que llevarme hasta ellos! ¡Tengo que decirles lo del zepelín! La máquina voladora de la que me caí.- Añadió Medli al ver la cara de extrañeza de Link y Zelda al decir aquella palabra.- ¡Tengo que avisarles de que…!

- ¡Calma! ¡Calma! ¡Relájate un poco, Medli!- Dijo Link mientras hacía gentilmente que Medli volviera a sentarse. Empezaba a preocuparle este repentino cambio de la sequedad de palabras y la timidez al nerviosismo y el parloteo.- Primero cálmate y dinos que pasa con ese… ¿cómo lo habías llamado? ¿"Nepezín"?

- ¡No! ¡Zepelín!- Replicó Medli.

- Bueno, vale, zepelín.- Corrigió Link.- En cualquier caso ¿Qué ocurre con ese aparato? ¿Y por qué te caíste de él?

Medli se quedó callada por unos momentos, con la vista en el suelo. Su expresión parecía indicar que estaba intentando recapitular todos los acontecimientos para intentar no dejarse ningún detalle. Después levantó la vista, mirando fijamente a Link y Zelda y comenzó su historia.

- Veréis, los Onri somos una raza voladora, como supongo que ya sabréis. La mayoría de nosotros se encarga del trabajo de mensajería, pero también tenemos a muchas personas que son grandes ingenieros e inventores. Hace unos años nuestro patriarca inició un proyecto que le había pedido el canciller de Nordaeron, Reindhart Neiringer. Se trataba de una máquina voladora que nuestra gente empezó a diseñar hace dos generaciones, pero cuyo desarrollo se vio interrumpido por la Gran Guerra Hyiliana de hace doce años. La máquina se llamaba zepelín, y esta compuesto por un enorme globo, una quilla en su parte baja para llevar pasajeros y un motor con hélices y un timón en su parte trasera para impulsarlo y dirigirlo. Hace unos meses terminamos el primer prototipo, que es el que visteis sobrevolando el castillo. Todo iba según lo previsto. Iba a ser una máquina que serviría para transportar personas y cosas a grandes distancias. Teníamos intención de usarlo para abrir comercio con algunos países, entre ellos Hyrule, ya que vuestro país y Nordaeron fueron países aliados durante la Gran Guerra. Sin embargo el día antes del primer viaje de prueba un grupo de unos veinte ladrones entró en la carpa donde guardábamos el zepelín. No fue un robo hecho en plena noche, sino más bien un ataque. Había unos cuantos guardas vigilando el prototipo. Consiguieron resistir durante un buen rato e incluso capturar a algunos de los ladrones, pero unos pocos consiguieron eludirlos y robar el zepelín.

- Pero,  ¿los Onri no podéis volar? Podríais haberles dado alcance en el aire con refuerzos, ¿no?- Preguntó Link.

- La verdad es que lo intentamos, pero no resulta tan sencillo. Los ladrones se trajeron consigo varias armas como arcos con flechas incendiarias e incluso dos cañones.

- ¿"Cañones"?- Preguntó Zelda extrañada.

- Son un tipo de arma que tienen algunos barcos de guerra. Sirven para lanzar bombas a grandes distancias. Como la quilla es como la de un barco ese arma se adapta perfectamente al zepelín.

- ¡¿Lanzar bombas?! ¡Suena horrible!- Exclamó Link tornando su cara en un gesto de preocupación.

- Lo es. ¡Usaron esos cañones para bombardear algunas de nuestras casas! ¡Las dejaron destrozadas!- Dijo Medli apesadumbrada, volviendo a mirar hacia el suelo.- Por fortuna solo hubieron unos cuantos heridos; ninguno grave. Pero ha habido familias que se han quedado sin hogar. Lo que me sorprende es que esos bombardeos fueron muy cortos. De haber sido más largos sin lugar a dudas hubiese habido algún muerto.

Medli calló durante un momento con la vista aún baja. Link y Zelda supusieron que aquello que la niña Onri les había descrito lo sabía porque lo había visto con sus propios ojos. Ver como las casas de tu pueblo vuelan por los aires no debía de ser agradable. Finalmente, Medli volvió a levantar la vista y prosiguió.

- Esas armas eran fáciles de evitar mientras les perseguíamos, ya que están pensadas para combates con otros barcos y no para abatir objetivos pequeños. Pero por desgracia eran muy buenos arqueros y no podíamos acercarnos a la nave.

- ¿Entonces cómo acabaste allí? ¿Y más sin saber cómo volar?- Preguntó Link curioso. Sin embargo la respuesta de Medli fue una mirada entre extrañada y enfadada.

- ¿Quién dice que no sepa volar?- Dijo Medli, obviamente molesta.

- Bu… bueno… como te caíste de ese zepelín y no echaste a volar para evitar estrellarte contra el suelo… supusimos que…- Dijo Link con tono de disculpa. No le gustaba nada cómo le miraba Medli. Estaba claro que no debía haber dicho que no sabía volar cuando no estaba del todo seguro.

- Bien, pues sí que sé volar. De hecho recibí mis alas hace seis meses, cuando alcancé la edad adulta.

Link y Zelda se miraron el uno al otro, extrañados. ¿Medli era de verdad adulta? Por su tamaño, por su manera de comportarse y por su voz, a ellos les parecía que era una niña. Quizás los Onri eran considerados adultos a una edad más temprana que los Hylianos, quienes eran considerados adultos a partir de los 18 años.

- ¿Ya eres adulta? ¿Y cuantos años tienes exactamente?- Preguntó Zelda, intentando no parecer que dudara de la madurez de Medli.

- Doce, ¿por?- Contestó Medli.

- No, nada, es que es curioso. Los Onri por lo visto se os considera adultos mucho antes que a nosotros. Si fueses un Hylian, a tu edad todavía serías considerada una niña.- Dijo Zelda.

- Bueno, veréis, es que para los Onri la edad adulta es precisamente la edad en la que recibes tus alas. A partir de entonces podemos empezar a aprender la que será nuestra profesión de adultos. Pero hasta que no terminamos de aprenderla no somos considerados adultos plenos. Durante ese tiempo se nos llama "aprendices". En otras palabras: estar en la edad adulta no es exactamente lo mismo que ser adulto.

- ¡Jo! ¡Qué complicado!- Exclamó Link rascándose la cabeza, un poco confundido.

- En realidad es más sencillo de lo que parece.- Dijo Medli.

- De todas formas, eso no nos termina de explicar cómo acabaste en ese zepelín. Por lo que dices, esos ladrones son muy peligrosos. ¿Cómo es que te pusiste a perseguirlos tu también?- Preguntó Link

- Esa es mi parte en esta historia. Cuando vieron que no podíamos entrar en el zepelín por la fuerza, nuestro Patriarca propuso otra estratagema. Como nos detectaban enseguida si íbamos en grupo, propuso que uno de nosotros fuera en solitario, se colara en el zepelín e intentara sabotearlo para que fuera perdiendo aire y el globo se desinflara poco a poco para así hacerles bajar y facilitar las cosas. Como soy la Onri en edad adulta más joven de nuestra tribu y también la que tiene el cuerpo más pequeño, me presenté voluntaria.

- ¡Caramba! ¡Pues eres muy valiente al aceptar algo así!- Dijo Zelda dedicándole a Medli una sincera sonrisa. Si esa sonrisa hubiese sido dirigida a Link, este hubiera vuelto a sentir de nuevo la habitual punzada en el corazón.

- Gracias… aunque la verdad es que no serví de mucho. Me descubrieron antes de que pudiera hacer el agujero en el globo.- Dijo Medli, un poco avergonzada.- Me distraje porque me puse a escuchar una conversación que mantuvieron los ladrones. Mientras escuchaba, uno de ellos que no estaba con aquel grupo me descubrió y dio la voz de alarma. Consiguió agarrarme por un pie antes de que consiguiera echar a volar. Después me agarró de un ala y me la retorció. No me hizo nada grave, pero tenía el brazo tan dolorido que tuve que guardar el ala y después casi no podía moverlo. De todos modos conseguí zafarme, y después eché a correr hasta que llegué a la popa. No encontré ningún lugar donde esconderme, por lo que me atraparon enseguida. Me acorralaron contra una barandilla y uno de los ladrones, el que parecía ser el jefe, intentó agarrarme. Forcejeamos un rato, haciendo que me doliera aún más el brazo. Finalmente, conseguí quitármelo de encima, pero mientras me alejaba de él iba caminando hacia atrás. Tropecé con una soga enrollada que había en el suelo y acabé cayéndome por la quilla. El resto de la historia ya la conocéis.- Concluyó Medli.

- ¡Menuda historia!- Exclamó Link.- ¿Y de qué estaban hablando exactamente para que te entretuvieras escuchándoles?

- No llegué a entenderles del todo. Comprendí que por lo visto lo de robar el zepelín era para "probar sus capacidades" o algo parecido y de llevarlo a un lugar secreto aquí en Hyrule. No pude entender mucho más de aquella conversación.

Los tres niños se quedaron en silencia de nuevo. Link y Zelda intercambiaron unas cuantas miradas. Resultaba muy extraño todo aquello. A Link le fastidiaba bastante que aquel día que prometía ser la mar de agradable se tornara en lo que parecía el comienzo de otra aventura. Por lo visto el descanso de tener que hacer de héroe que se había propuesto iba a tener que esperar.

En aquel momento, apareció el doctor Yenshin, esta vez seguido por el Rey y dos personas que Link no conocía. Uno era alto, delgado, con una melena plateada atada en una coleta. Sus ojos eran de un azul parecido a los del doctor Yenshin. Su rostro era seco de carnes, con la mandíbula cuadrada y tez muy blanca. Llevaba puesta una extraña toga negra con bordados de hilo plateado. Bajo la toga se podían ver unos sencillo pantalones de color pardo y unas botas negras. Link pensó que ese hombre tenía todo el aspecto de ser un enterrador o algo parecido. Le recordó un poco a Dampé, el guardián del cementerio de Kakariko, solo que este hombre carecía del rostro amable que tenía Dampé, a pesar de su deformada cara.

La otra persona era de estatura media. Pelo negro rizado y brillante. Ojos de color azul marino llenos de vida. Rostro redondeado con prominentes carrillos y un poblado bigote negro. A Link este hombre le recordaba mucho a Talon, el perezoso dueño del Rancho Lon-Lon, solo que era bastante más delgado. Iba vestido con una elegante toga negra similar a la del otro hombre, pero esta tenía muchos más bordados, dándole un aire mucho más alegre y menos siniestro. Destacaba una especie de banda roja y dorada que llevaba bajo la misma, sobre un traje color marrón que también llevaba debajo. Los pantalones eran ligeros y sueltos, de color crema, con unos zapatos negros bastante extraños. La puntera era muy afilada y los tacones muy anchos y gruesos.

            El Rey iba vestido con el mismo manto rojo que llevaba antes, solo que esta vez iba engarzado con muchos más adornos tales como medallas o remaches con la forma de la Trifuerza. Las manos estaban cubiertas por unos finos guantes blancos. No se podía ver en aquel momento qué llevaba debajo del manto, ya que estaba cerrado. Los pantalones parecían sencillos, de color blanco. Link se preguntó si no serían en realidad mallas, recordando las que tuvo que llevar él mismo siendo adulto. Los zapatos eran de color negro, con unas imágenes de la Trifuerza en los empeines, dibujados con un grueso hilo también de color negro.

            En general Link se preguntó cómo es que no se derretían los tres allí mismo con el calor que hacía, llevando unas ropas tan cargadas. Definitivamente, estas visitas entre nobles estaban sujetas a unas reglas de etiqueta que no debían de ser nada agradables.

Los cuatro se acercaron a la cama con paso ligero. El hombre pálido parecía tener una expresión de preocupación, al igual que el hombre del bigote, solo que él tenía además un cierto aire de urgencia. Link esperaba que Medli volviera a asustarse con la entrada de tres personas más, pero al contrario. De hecho, la expresión de su rostro parecía indicar que había pasado algo que ella llevaba esperando.

- ¡Medli! ¡Por todos los dioses del cielo! ¡Así que eras tú!- Exclamó el hombre del bigote.- Cuando el Patriarca nos comunicó que había enviado al adulto más joven pensé que enviarían a Komali, pero después de verle en vuestro refugio temí que hubieses sido tú.

- Estoy bien, señor Mizagi. Tan solo tengo un golpe en el hombro.- Dijo Medli señalándose la zona dolorida.

- ¡Pobre! ¡Lo mal que lo debes de haber pasado!- Respondió el señor Mizagi.- ¿En qué estaría pensando vuestro Patriarca? ¡Por mucho que digáis que habéis alcanzado la edad adulta aún sois muy jóvenes para afrontar este tipo de situaciones!

En aquel momento, el hombre pálido, que se había quedado un poco rezagado, dio un paso al frente, con cierto aire de autoritarismo. La expresión de su cara se mantenía invariable. En algunos momentos daba la impresión de ser la cabeza de una estatua.

- Díganos, señorita Medli. ¿Consiguió su objetivo? ¿Consiguió sabotear el zepelín?- Dijo con voz seca y muy seria. Su voz era inusualmente grave. Medli bajó la ligeramente la vista antes de contestar.

- No, señor Epans. Me descubrieron antes de que pudiera llegar a ningún punto flaco en el escudo del globo.

La mirada del señor Epans se ensombreció, lo que acentuó su aspecto de enterrador. Él también empezó a mirar al suelo, murmurando algo inaudible entre dientes, pero sin embargo se podía distinguir un notorio tono de enfado. A Zelda casi le dio la impresión de que estaba conjurando algún tipo de maldición.

- Tranquilízate Rúsvese. Habrá más oportunidades. Medli hizo todo lo que pudo.- Dijo el señor Mizagi poniéndole una mano en el hombro.

- ¡¿Cómo quieres que me tranquilice, Deoh?!- Replicó Epans sin ocultar su enfado, a pesar de que no lo dijo gritando.- ¡Ya viste lo que esos bribones hicieron en Nordaeron con esos cañones! ¡¿Quién nos asegura no lo están repitiendo ahora mismo en Hyrule?! ¡Eso sin contar con todo el esfuerzo y dinero que se invirtió en ese armatoste, que es como si se hubiese esfumado ahora!

Medli agachó aún más la cabeza, como si las palabras de Epans estuviesen dirigidas directamente contra ella. Link y Zelda supusieron que quizás lo que más atormentaba a Medli era la idea de que podrían estar atacando una ciudad Hyruliana.

- Ahora mismo tengo a mis espías registrando todos los lugares donde podría estar vuestro zepelín. He puesto al mando a la comandante Impa, perteneciente a la raza Sheikah. Es mi oficial de mayor confianza. Estoy seguro de que ella arreglará este asunto.- Dijo el Rey Daphnes con tono tranquilizador.- Además, un artefacto tan grande no podrán esconderlo con facilidad.

- Más nos vale.- Respondió Epans, levantando de nuevo la vista pero sin abandonar la expresión de enfado.

- En cualquier caso, lo importante ahora mismo es que Medli está bien.- Añadió Mizagi.

- Exacto, y además esta niña necesita comer algo.- Dijo el doctor Yenshin entrando por primera vez en la conversación.- Zibahn, si eres tan amable.

La enfermera entonces entró en la sala llevando una bandeja de comida. Los platos estaban tapados, por lo que ni Link ni Zelda pudieron ver qué contenían. Desplegó un par de patas que había en la parta inferior de la bandeja y la colocó sobre las rodillas de Medli, que había vuelto a sentarse en la cama.

- Espero que te guste. Era la primera vez que el cocinero preparaba un plato Onri, pero con lo mañoso que es seguramente sabrá bien.- Dijo Zibanh con voz cariñosa, casi maternal, mientras levantaba la tapa del primer plato.

Zelda estiró un poco el cuello para ver qué contenía; cuando lo hizo, su cara se torció en un gesto de repugnancia, aunque no apartó la mirada.

- ¡Puag! ¡¿De verdad coméis eso?!- Exclamó Zelda sorprendida sin cambiar su expresión.

- ¿Qué es?- Preguntó Link extrañado.

- No sé yo si querrías saberlo.- Contestó la princesa.

Link se acercó a la cama y miró el plato. Al verlo su cara adaptó una expresión similar a la de Zelda. En ese plato había un pescado troceado… ¡rodeado de gusanos aparentemente fritos!

- ¡¿Gusanos?! ¡¿Coméis gusanos?!- Dijo Link, también sin cambiar de cara.

Recordó aquella vez que se vio obligado a comer lombrices de tierra porque se había quedado sin provisiones, poco después de haber roto la maldición que pesaba sobre el Templo de las Sombras. Sabían a pollo (a decir verdad, la mayoría de comidas extrañas le sabían así), pero eran tan pringosos y viscosos que el sabor poco le importó.

- ¿Tanto os sorprende? Supongo que sabréis que hay muchos pájaros que se alimentan de gusanos, sobre todo cuando son polluelos. Los Onri no somos muy diferentes.- Explicó Medli como quien le explica a un niño el resultado de tres más dos.

Entonces Medli cogió el cuchillo y el tenedor y comenzó a devorar su plato con afán. Resultaba curioso el modo en que comía. Más que introducirse el trozo en la boca, lo que hacía era colocárselo en la punta inferior de su pico. Después lo sujetaba con la punta superior y, con ligeros movimientos de cabeza, iba abriendo y cerrando el pico rápidamente, metiendo el trozo más y más adentro poco a poco, hasta que se lo tragaba. Su forma de comer tampoco difería mucho al de un ave cualquiera.

Cuando acabó con el primer plato, Medli levantó la tapa del otro plato que había en la bandeja. Esta vez se trataba simplemente de una manzana también troceada. A Link y a Zelda les alivió ver que los Onri también comían cosas más "normales".

- Zelda, Link, es casi la hora de almorzar. ¿Queréis ir al comedor a qué os preparen algo?- Dijo el Rey amablemente, atrayendo la atención de los dos niños que seguían observando como comía Medli su manzana con unos movimientos similares a los que usó para comerse el pescado.

Link en ese momento se dio cuenta de lo hambriento que estaba y al juzgar por la expresión de Zelda, ella también había notado un pequeño hueco en el estómago.

- ¡Uf! ¡Sí, por favor!- Dijo la Princesa.- Pero… ¿de verdad queréis que comamos en el comedor con vosotros? ¿O es que ya habéis comido?

- No, la verdad es que todavía no hemos comido, pero será agradable que estéis en la mesa. Por supuesto tú también estas invitado, Link. Quizás así pueda conocerte un poco mejor.- Dijo el Rey con sinceridad.

Link no dejaba de asombrarse de la amabilidad del monarca. Él no era más que un pueblerino, y además un niño (al menos en apariencia), pero aún así el Rey le estaba invitando a sentarse en su mesa como a un igual. Él siempre había oído decir que los reyes eran muy reservados y que solo se relacionaban con nobles, haciendo caso omiso de lo que hacía el populacho, muchos incluso despreciándolo. Pero al ver al Rey de Hyrule empezó a preguntarse si todo eso no era más que un montón de injurias.

- Eeeer…. ¡Por supuesto! ¡Será un honor!- Dijo Link lo más educadamente posible.

- ¿Sabéis Alteza? Todavía no nos habéis presentado ni a vuestra hija ni a su acompañante. Por la manera en que le tratáis no debe de ser de vuestra familia.- Dijo Mizagi con tono amigable.

- ¡Oh! ¡Por supuesto! Deoh Mizagi, Rúsvese Epans, embajadores de Nordaeron, esta es mi hija, Zelda Nohansen Hyrule.- Dijo el monarca.

- Encantada de conoceros, maese Mizagi. Es un honor, maese Epans- Dijo Zelda, haciendo una reverencia.

A Link le sorprendió, ya que en aquel gesto Zelda adoptó momentáneamente una actitud muy educada que no le había visto nunca. Supuso que formaba parte de las formalidades que tenía que cumplir una princesa cuando conocía a alguien importante.

- Y su amigo es Link… Eeer… ¡Vaya!… Discúlpame Link, pero Zelda nunca me ha dicho cuál es tu apellido.- Dijo el Rey Daphnes.

- ¿Mi apellido?- Preguntó Link extrañado.

- Sí. Ahora que lo mencionas… la verdad es que yo tampoco sé cual es. Nunca me lo has dicho, Link.- Añadió la princesa.

Link se mantuvo callado durante un momento, poniendo cara de confusión. De hecho, ni él mismo sabía cual era. De todas formas él, aunque fuese un Hylian, había sido criado como un Kokiri, y los Kokiri no tenían apellidos.

- Eeer… Lo siento, pero no tengo apellido.- Dijo Link finalmente. Todos le miraron extrañados.

- ¿Cómo no vas a tener apellido? Todo el mundo lo tiene, más todavía viniendo de una familia de nobles, aunque sea de bajo rango. Imagino que llevarás contigo una réplica del escudo de tu familia, ¿no? Es obligatorio que alguien de posición privilegiada como tú lo lleve cuando está en la residencia de otro noble, más todavía si se trata del Rey.- Dijo Epans con su seca voz. Hablaba casi como si fuera un maestro enseñando a un alumno rebelde a comportarse.

- ¿Qué queréis decir con "alguien de posición privilegiada como yo"?- Preguntó Link extrañado.

- Ya sabes, alguien de familia noble. Porque pertenecerás a una familia noble, ¿no? Después de todo, ¿cómo si no estarías en el castillo del Rey?- Respondió Epans levantando ligeramente una ceja. El tono de su voz tomó un matiz extraño, como de recelo.

- Discúlpeme… pero es que no pertenezco a ninguna familia noble. Provengo del Bosque Kokiri, situado al este de Hyrule.- Contestó Link.

El señor Epans levantó todavía más la ceja, mostrando una mirada extrañada, casi inquisitiva. Link no sabía muy bien qué deducir de esa mirada; cual podría ser su significado. Aquella mirada no le resultaba agradable. Se preguntó si había dicho algo indebido. Volvió su mirada hacia Zelda, buscando ayuda. La princesa comprendió enseguida e intentó arreglar las cosas, ya que ella sí que entendió el significado de la mirada de Epans.

- En realidad Link es un guerrero.- Dijo Zelda, atrayendo la atención tanto de Epans como de Mizagi.- Ha realizado muchos viajes y ha cumplido varias hazañas. Es extraordinariamente diestro con la espada, e incluso ha desafiado y vencido a varias escuadras de nuestro cuerpo de caballeros.

Link miró a Zelda sorprendido. ¡No esperaba que les contara eso! Especialmente lo de los desafíos. Poco antes de partir hacia Términa Link perfeccionó sus habilidades guerreras luchando contra varias de aquellas escuadras, siendo especialmente intensa la escuadra del Comandante Orsun. No resultaba fácil convencer a los miembros de aquellos cuerpos que él era el guerrero que les había desafiado. Todo el mundo se reía de él cuando lo decía. Al final siempre tenía que mostrar la Ocarina del Tiempo, que la llevaba consigo, para que le creyeran. Por supuesto, después dejaba a todo el mundo impresionado con su destreza como espadachín. Derrotaba a todos los que se le ponían por delante y al final todo el mundo (o casi todo el mundo) acababa cogiéndole respeto y deseando poder tomarse la revancha algún día.

- ¿En serio?- Preguntó el señor Mizagi.- ¡Vaya! Si eso es cierto entonces tienes un gran futuro como caballero. ¡Podrías entrar a formar parte de los Caballeros de la Orden de Hylia!

- ¿La orden de qué?- Preguntó Link ante aquella última frase. Observó que Epans había relajado su rostro, pero todavía quedaba mucho recelo en su mirar.

- La Orden de Hylia. ¿No has oído hablar nunca de ella?- Dijo Mizagi. Link negó con la cabeza.

- Mi señor Mizagi, creo que será mejor que dejemos esta conversación para cuando estemos en la mesa. Si seguimos así mucho rato podríamos no acabar hasta el anochecer.- Interrumpió el Rey con tono amigable.- Bien, si estamos todos listos, seguidme.

El Rey salió por la puerta, seguido de Epans y Mizagi. Antes de ir ellos también, Link y Zelda se volvieron hacia Medli.

- Volveremos a verte en cuanto terminemos de comer, Medli.- Dijo la princesa.

- Eso. Aprovecha este rato para descansar un poco más.- Añadió Link.- Hasta luego.

- Hasta luego.- Dijo Medli con una sonrisa. Se la veía mucho más animada después de haber comido.

Link y Zelda, siguiendo al Rey y a los dos embajadores, recorrieron todo el pasillo que llevaba de la enfermería hasta el recibidor. Una vez allí, subieron la gran escalinata y se dirigieron al ala este. Tras atravesar unas enormes puertas de madera de exquisita ornamentación entraron en un enorme pasillo con ventanales a mano derecha que dejaban entrar luz a raudales. El suelo era de mármol. Las paredes de piedra, adornado con varios frescos, algunas lámparas y candelabros e incluso alguna que otra antorcha. A veces se podían encontrar algunos pedestales con jarrones y esculturas de diversas temáticas. El techo estaba formado de varios arcos de media punta que podían verse sobresaliendo, colocados uno detrás de otro.

Tras un pequeño trecho llegaron a una gran puerta doble que era por lo menos dos veces más grandes que un hombre adulto. En cada una de las puestas se encontraba grabado el símbolo de la Familia Real Hylian. Sobre la puerta se encontraba una placa de madera en la que se podía leer, en caracteres Hylianos, "Gran Comedor". Cuando atravesaron la puerta, Link pudo comprobar que el adjetivo "Gran" realmente hacía justicia a aquella sala.

Era incluso más grande que el recibidor del castillo, siendo igual de alta. En el techo se formaba una gran cúpula ocupada en su mayoría por una gran imagen de la Trifuerza, rodeada de otras figuras más pequeñas, la mayoría motivos florales y vegetales que enredaban otros símbolos, como los emblemas de las distintas razas de Hyrule. En la parte alta de las paredes había varias ventanas pequeñas y, bajo estas, unos enormes ventanales que se repartían por prácticamente todas las paredes a excepción de la que estaba enfrente de la puerta. Allí se podía ver una pequeña plataforma con dos grandes sillas que era, obviamente, tronos. Tras los tronos había tres tapices, uno color azul, uno color amarillo y otro color rojo, estando en este orden. El tapiz azul tenía bordado el emblema de la raza Hylian, el amarillo tenía una imagen de la Trifuerza y el rojo el símbolo de la Familia Real Hylian. Sobre los tapices había una gran vidriera cuadrada que mostraba la imagen de las tres diosas de Hyrule partiendo hacia los cielos y dejando tras de sí la Trifuerza.

Había grandes mesas de varias formas y tamaños repartidas por el comedor, todas ellas recogidas. Todas a excepción de una mesa pequeña, para unas seis personas, que se encontraba al lado izquierdo de los tronos. Podía verse claramente que era la mesa que les habían preparado para comer. Pudo ver que había cinco platos. Por lo visto el Rey ya contaba con la afirmativa de Link a su invitación. El suelo era de mármol, aunque de un color distinto al del pasillo de afuera. Este era mármol blanco. Sin embargo hubo una cosa que llamó la atención de Link.

- Zelda, ¿Por qué todo el suelo es de mármol y en ese sitio de ahí es de madera?- Preguntó Link en voz baja, casi en el oído, a la princesa.

- Es la tarima de baile. Después de todo en este comedor se llevan a cabo muchas fiestas. Ese suelo es más apropiado para bailar.- Dijo Zelda en el mismo tono de voz.- ¿Quién sabe? Quizás algún día te invite a comprobarlo.- Añadió guiñándole un ojo. A Link se le hizo un nudo en el estómago.

- Eeeer… Creo que pasaré gracias. Creeme, soy tan mal bailarín que desgastaría la madera entera antes de dar un paso en condiciones.- Dijo Link tímidamente.

Realmente le fastidiaba el hecho de no saber bailar, pero no podía evitarlo. A veces se preguntaba si para tener tal habilidad con la espada no tenía que pagar un precio en otras habilidades y que por eso era tan torpe para cosas cotidianas.  Zelda simplemente sonrió ante la timidez de Link, lo que provocó una nueva punzada en su corazón. ¿Hasta cuando voy a estar sintiendo esto cada vez que me sonríe? Pensó Link para sus adentros.

Por fin llegaron a la mesa, la cual era redonda. La vajilla parecía ser de alta calidad, decorados con bordes dorados y el emblema de la Familia Real Hylian. La cubertería parecía ser de plata y todas las piezas tenían el dibujo de la Trifuerza grabada en el mango. Los vasos eran de un cristal sencillo, sin excesivos alardes, tan solo una superficie con grabados geométricos. Los manteles y las servilletas eran de un color blanco puro. Parecían ser completamente nuevos. Finalmente, había un centro de mesa compuesto por una pequeña cesta de mimbre que contenía pequeñas flores y ramilletes.

- ¡Bien! Por favor, poneos cómodos, maeses. El cocinero pronto nos traerá la comida.- Dijo el Rey.

El grupo entero siguió la sugerencia. Link y Zelda se sentaron juntos, quedando Zelda al lado de su padre y Link al lado del señor Mizagi. El señor Epans quedó entre el Rey y Mizagi. Link se relamió al imaginar los ricos manjares que debía de comer la realeza.

- Si no me equivoco, hoy nos traerán crema de cangrejo de primero, lechón con patatas de segundo y para postre, tarta de nata. Espero que tengáis hambre.- Añadió el Rey cuando todos se sentaron.

- Sin duda vuestra hospitalidad es digna de su buena reputación, Majestad.- Dijo Mizagi.- Si exceptuamos el desgraciado incidente de Medli, todo hasta ahora ha sido una estancia exquisitamente placentera. Fuisteis muy amable al acompañarnos vos mismo en la visita al castillo.

- Siempre es un placer acoger a los viejos amigos. Después de todo Hyrule y Nordaeron siempre han sido países aliados y ya iba siendo hora de que reemprendiéramos las relaciones diplomáticas ahora que la posguerra ha terminado. Diez años habrán sido más que suficientes para que Hyrule se recuperara, a pesar del golpe de estado que el líder de las Gerudo, Ganondorf, intentó perpetrar hace unos meses.- Dijo el Rey.

- Hablando de eso. ¿Sabéis ya qué ha sido de Ganondorf?- Preguntó curioso Epans, de nuevo con su voz seca y tajante.

- Todavía nada. Nuestros espías han hecho varias incursiones al Valle Gerudo, pero no han encontrado rastro de él. Las propias ladronas Gerudo parecen estar tan desconcertadas como nosotros. He oído que una de ellas, una tal Nabooru, ha tomado el control de la tribu y las ha disuadido a todas de seguir las prácticas asesinas de su antiguo líder. - Contestó el Rey.

Link y Zelda se miraron el uno al otro al oír aquel último comentario. Efectivamente, ahora que Ganondorf había desaparecido Nabooru se había propuesto llevar a las miembros de su raza del vuelta al buen camino. Si es que de verdad se le podía llamar "buen camino" a robar aunque fuera sin hacer daño a nadie. Nabooru era una mujer de convicciones muy firmes. La simple idea de robar a alguien a quien no le sobrara el dinero le provocaba nauseas. De ahí que nunca aceptara a Ganondorf como su líder y se convirtiera en un lobo solitario a pesar de ser, en teoría, la segunda al mando en la tribu. Sin embargo, tras la Guerra del Encarcelamiento aceptó la responsabilidad de tomar definitivamente el mando y arreglar todo lo que el Rey del Mal había hecho.

- En otras palabras. Ganondorf, simplemente, parece haberse esfumado en el aire. De todas formas aún así mantenemos un ojo abierto por si acaso. Aunque su primer intento fue fallido la victoria no fue clara. Todavía quedaban muchos miembros de su ejército en pie, por lo que podría volver a intentarlo.- Concluyó el Rey.

- Tan solo recemos para que no sea así.- Dijo Epans.

- Disculpad mi curiosidad, maeses.- Dijo Zelda tímidamente. Quería decir algo que le había estado rondando por la cabeza desde hacía rato.- Pero hay algo que me gustaría saber.

- Vos diréis, Princesa.- Dijo Mizagi con una sonrisa.

- ¿De qué conocéis a Medli? Hablasteis con ella como si la conocierais de toda la vida.- Preguntó Zelda.

- ¡Oh! Es sencillo. No hay ningún noble ni caballero en Nordaeron que no sepa quien es ella… ¡Oh! ¡La comida!- Dijo Mizagi. Efectivamente, un sirviente traía el primer plato en un carrito.

El sirviente, alto, de pelo corto y negro y rostro joven, vestido con un traje blanco, sirvió unos pequeños boles que contenían una extraña crema rosada que Link nunca había visto en su vida. Supuso que aquello sería la crema de cangrejo. Ni siquiera sabía lo que podía ser eso de un "cangrejo", por lo que le resultaba difícil imaginarse como debía de saber. Tan solo esperaba que no le supiera a pollo como otras cosas extrañas que había probado antes, como el granito o los gusanos. Sin más dilación, Link se dispuso a tomar la crema. Pero cuando iba a agarrar una de las cucharas, la más grande de las que tenía, Zelda agarró disimuladamente su mano y la desvió a otra más pequeña que había al lado.

- No, Link. Esa cuchara no. Para tomar la crema debes usar esta otra.- Le dijo en voz baja, de manera que solo él pudiera escucharle.

A decir verdad Link no comprendía qué diferencia había entre una y otra a parte del tamaño. Supuso que debía formar parte del protocolo. Tras coger la cuchara, Link la hundió en la crema y se la llevó a la boca. Tenía un sabor ligeramente salado, pero muy suave; además pudo notar que había pequeños tropezones, aunque Link no sabía de qué. De todas formas a Link le encantó el sabor de la crema. Le costó mucho contener el impulso de comer a toda prisa como hacía siempre, pero aún así no pudo evitar comer a un mayor ritmo que los demás miembros de la mesa.

- Señor Mizagi, aún no nos habéis dicho exactamente por qué conocéis a Medli. ¿Es cierto eso que decís que todo el mundo en Nordaeron la conoce? ¿Tan importante es ella?- Preguntó Link, con la intención más que nada de obligarse a sí mismo de no comer a mayor velocidad. Le dio la impresión de que Epans volvía a dirigirle la misma mirada inquisitiva de hace un rato, pero esta vez prefirió ignorarlo.

- ¡Oh! ¡Cierto!.- Dijo Mizagi haciendo una pausa en su propia comida.- Todo el mundo conoce a Medli porque es la aprendiza de paje del Venerable Valú, deidad protectora de los Onri.

- ¿Aprendiza de paje?- Preguntó el Rey con curiosidad, después de tragar una cucharada de crema.- Entonces eso quiere decir que Minali, la madre del Patriarca Onri, se retirará dentro de poco. Ella era el paje del Venerable Valú durante la Gran Guerra, y por lo que sé aún sigue viva.

- Exactamente. Minali está ya muy mayor y por eso ha decidido buscar a su sucesora. Eligió a Medli por su gran corazón y carácter leal y servicial. Ella siempre habla maravillas de Medli. Dice que con el tiempo acabará convirtiéndose en mejor paje de lo que ella misma ha sido.- Dijo Mizagi tras llevarse una nueva cucharada a la boca.- Aunque ni Epans ni yo mismo hemos tenido oportunidad aún de verla actuando como tal. Sin embargo es una chica muy vivaz, aunque por lo visto aún le falta algo de confianza en sí misma. Lo que no se le puede regatear a Medli es valor. El hecho de que se presentara voluntaria para la peligrosa misión de sabotear el zepelín es prueba concluyente de ello.

- Pero… ¿qué es exactamente un paje? No lo entiendo.- Dijo Zelda tras limpiarse una gota de crema que tenía al lado del labio con la servilleta.

- ¡Oh! Creo que eso es mejor que os lo explique ella personalmente. Yo no conozco todos los detalles. Todo lo que puedo deciros es que es una especie de mediadora entre los Onri y el Venerable Valú. Su trabajo es de especial importancia cuando los jóvenes Onri van a visitar al Venerable para que este les dé una de sus escamas, cuyo poder hace que les salgan alas de sus brazos.- Explicó Mizagi antes de tomarse otra cucharada más.

- Si no me equivoco, el Venerable Valú es un dragón, ¿no es cierto?- Dijo el Rey Daphnes mientras se llevaba a la boca una nueva cucharada.

Link levantó una ceja al oír aquello, mientras seguía tomándose su crema. El comentario le recordó a Volvagia, el dragón que destruyó en el Templo del Fuego.

- Así es. Uno de los pocos que quedan en el mundo. Por supuesto, y al contrario que la mayoría de los dragones, él no tiene tendencias destructivas, aunque de vez en cuando lance alguna bocanada de fuego al aire cuando está de mal humor.- Dijo Mizagi mientras acababa su Bol.

- Bueno, si Medli es tiene tan buenas aptitudes como paje como asegura Minali entonces creo que los Onri no tendrán de qué preocuparse.- Dijo el Rey mientras todo el mundo acababa sus platos.

Link consiguió frenarse lo suficiente como para acabar más o menos al mismo tiempo que el resto. Le resultó curioso el que él y Zelda acabaran justo a la vez. Casi enseguida, el mismo sirviente que les sirvió la crema de cangrejo trajo un nuevo carrito, esta vez llevando los platos de lechón con patatas. No era la primera vez que Link comía lechón. Ya lo probó una vez cuando se quedó a comer en el campamento de una de las escuadras que desafío, la escuadra Taburi. Si una escuadra de guerreros preparaba un plato tan exquisito, sus papilas gustativas temblaban al pensar cómo sería uno preparado en las cocinas reales.

Cuando tuvo su plato enfrente de él, prefirió esperar a ver qué cubiertos cogía Zelda para comer este manjar. Vio como la princesa cogía un tenedor de tres puntas y un cuchillo de sierra. Link cogió unos iguales de entre los que él tenía y se dispuso a comer. El lechón tenía un sabor que superaba sus expectativas. ¡Nunca antes había probado algo tan delicioso! Realmente estaba en su punto. La carne estaba increíblemente tierna, de manera que apenas hacía falta mordisquearla. Como Mido solía decir cada vez que probaba un plato preparado por Saria: "Es como si hubiera una fiesta en su boca y todo el mundo estuviera invitado". Era una expresión que él siempre pensó que era pomposa, cuya intención no era otra más que la de adular a Saria para atraer su atención, por supuesto sin ningún éxito, pero le pareció apropiada para describir el excelente sabor de aquel plato.

En esta ocasión tuvo que hacer esfuerzos aún mayores para no empezar a comer como un cerdo. Se le ocurrió volver a hacer una pregunta, pero esta vez vio al Rey y los dos embajadores enfrascados en una complicada conversación que él no llegaba a comprender. Algo sobre "intercambios de comercio" y cosas por el estilo. Por lo que prefirió preguntárselo en voz baja a Zelda.

- Zelda. ¿te puedo preguntar algo?- Dijo finalmente.

- ¿Hmmmm…?.- murmuró la princesa, todavía con comida en la boca. Cuando la tragó, prosiguió.- Sí, dime.

- Es sobre lo que me dijo antes Mizagi. Los Caballeros de la Orden de Hylia. ¿Qué son exactamente?.- Dijo Link antes de meterse en la boca un enorme trozo de lechón.

- ¡Hala! ¡No te metas un trozo tan grande que te vas a atragantar!- Observó Zelda, pero era demasiado tarde. Link ya lo estaba masticando.- Bueno, la Orden de Hylia es la más alta jerarquía de los caballeros de Hyrule. Solo entran en ella los guerreros que han demostrado mayor habilidad y valor en combate. Solo participan en las misiones de mayor riesgo y en las batallas más peligrosas. Su misión básica es la de proteger al Rey y le deben de jurar lealtad eterna.- Zelda se inclinó y le susurró algo al oído.- Si te digo la verdad, yo también creo que podrías entrar en esa orden. De hecho, si mi padre supiera lo de la Guerra del Encarcelamiento, te incluiría en ella en el acto.

Link se sonrojó un poco ante el cumplido de Zelda. A decir verdad solo había dos cosas en las que Link se consideraba bueno. Una era tocar la ocarina. Siempre tocaba la Ocarina de las Hadas que le regaló Saria y después, la Ocarina del Tiempo, siempre que tenía ocasión. Le relajaba mucho escuchar sus notas y con el tiempo se convirtió en todo un experto. La otra era, lógicamente, la esgrima.

Muchas veces él mismo se sorprendía de lo bien que se le daba manejar la espada y el escudo. Además le gustaba mucho ponerse a prueba y luchar contra otros guerreros para ver hasta donde llegaba su destreza. Todavía no había perdido contra nadie, a excepción de aquella vez que Ganondorf se lo quitó de encima con extrema facilidad la noche que atacó el Castillo de Hyrule. Como mucho, había tenido algunos combates nulos contra los comandantes de algunas escuadras, aunque nunca llegaba a pelear totalmente en serio. Por supuesto también se le daban bien otras artes de lucha, sobre todo el tiro con arco. Link pensó que sería buena idea vivir como un caballero dadas sus habilidades, pero por el momento prefería seguir como estaba y disfrutar de su niñez recuperada. Además todavía no estaba de humor para hacer "cosas de héroe" aunque en el fondo no fuera a actuar como tal.

El resto de la comida se desarrolló con normalidad. El Rey Daphnes y los dos embajadores siguieron con sus conversaciones sobre la relación entre los dos países. Link y Zelda por su parte, hablaron esporádicamente sobre los cocineros. La princesa le explicó como funcionaba el sistema de cocinas. Cómo el cocinero trabajaba en ellas desde unas horas antes de cada comida, ayudado por sus pinches, y cómo los sirvientes lo organizaban todo para tener listas cada comida.

También le explicó que la mesa en la que estaban comiendo ellos era en la que solían comer ella y su padre, incluso durante las fiestas más concurridas. La mesa no tenía nada en especial con respecto a las demás en el comedor. Este era un símbolo más de cómo su padre le gustaba ponerse al mismo nivel que el resto de la gente. Simplemente escogían esa mesa porque era la que estaba más cerca de los tronos, a los cuales debían subir ella y su padre cada vez que la situación lo requería. Zelda incluso bromeó con el tamaño de su trono, que estaba pensado para un adulto. Hasta hace no mucho, sus piernas quedaban colgando desde el asiento.

Tras un delicioso postre, los cinco ocupantes de la mesa se pusieron en pie.

- Bien, Zelda. Nosotros nos vamos a la sala común a seguir conversando. Quizás vosotros prefiráis ir a la enfermería y ver cómo sigue Medli.- Sugirió el Rey.

- Muy bien, iremos para allá.- Dijo Zelda asintiendo. Después se acercó a los embajadores e hizo una reverencia, tomando de nuevo la actitud educada que Link le vio antes.- Ha sido un placer disfrutar de esta comida con vuestras mercedes, mis señores embajadores.

- El placer ha sido nuestro, Alteza. Ha sido realmente agradable compartir mesa con una princesa tan encantadora como vos.- Contestó Mizagi, haciendo una reverencia él también.

- Lo mismo digo, Princesa. Ha sido un placer.- Dijo Epans repitiendo el mismo gesto con una sonrisa en los labios. Aquello le daba un aspecto extraño a su cara, formando unas profundas arrugas alrededor de su boca.

Link también se acercó a los embajadores e imitó la reverencia que ellos mismos habían hecho ante Zelda.

- Yo también me siento honrado de haber comido con vuestras mercedes, mis señores.- Dijo Link intentando ocultar su timidez. La verdad es que se sentía un poco raro al decir aquello. Sin embargo Mizagi le dedicó de nuevo una amplia sonrisa.

- Lo mismo digo, Link. Que sepas que seguiré tu carrera de guerrero con gran interés.- Dijo Mizagi.

- Igualmente.- Dijo brevemente Epans. Él también sonreía, aunque su sonrisa no parecía ni de lejos tan sincera como la de Mizagi. De hecho, parecía forzada.

- ¡Bueno Link! Vamos a ver a Medli.- Dijo Zelda tomándole de la mano y dirigiéndose a la puerta.

Mientras la atravesaban, Link se sonrojó un poco al oír al señor Mizagi hacer un comentario sobre que él y Zelda hacían una muy buena pareja.

Link y Zelda atravesaron todo el camino de vuelta hasta al enfermería cogidos de la mano. Link podía habérsela soltado en cualquier momento, pero prefirió no hacerlo. Le encantaba el tacto de la mano de Zelda. Era tan suave y delicada, y al mismo tiempo segura y firme. Si por él fuera, estaría cogido de su mano todo el día. De este mismo modo entraron en la enfermería y sea acercaron a la cama de Medli. Solo cuando Link se percató de que la niña Onri estaba observando cómo iban cogidos, soltó la mano de Zelda. Sin embargo Medli no dijo nada al respecto.

- ¿Qué tal la comida?- Preguntó la Onri.

- ¡Ah! ¡Muy rica! De hecho, creo que Link la disfrutó todavía más que yo. ¡No te imaginas la carita que ponía cada vez que se llevaba un trozo a la boca!- Dijo Zelda divertida. Link la miró extrañado.

- Qué… ¿Qué quieres decir? ¿Qué cara?- Dijo Link

- No disimules. Te observé mientras comías. Ponías una cara de felicidad tan mona…- Dijo Zelda procurando no reírse de la cara con la que le miraba Link en aquel momento.- Apuesto a que hacía mucho tiempo que no comías nada tan rico.

- Bueno… reconozco que me ha gustado mucho la comida… pero… tanto como para poner caras raras…- Dijo Link a la defensiva, llevándose una mano a la nuca.

- Pues las pusiste, je, je, je… Imagino que lo que pasa es que no sabes controlar bien tus gestos.- Dijo Zelda.

El comentario hizo que Link se ruborizara un poco. No era la primera vez que se lo decían. Sin ir más lejos Saria se había burlado de él algunas veces por aquella misma razón. Link intentó cambiar de tema.

- Eeer… ¿Y tú Medli? ¿Qué tal la tuya?- Preguntó el niño del bosque.

- Estaba bastante bien. Para ser la primera vez que el cocinero hacía comida Onri no estaba nada mal. Lo único los gusanos, que estaban un poco sosos.- Dijo Medli. Link y Zelda hicieron una mueca extraña ante el comentario de los gusanos.- Pero en cuanto os habéis ido… la verdad es que no he podido hacer nada más que estar aquí tumbada.

- Pues mira, tengo una idea. ¿Qué te parece si te enseño el castillo?- Sugirió Zelda.- Así de paso termino de enseñárselo también a Link, que todavía no lo ha visto entero.

- ¡Sí, es una gran idea!- Observó Link.- ¿Qué dices Medli? ¿Vienes?

- Bueno… no veo porque no. Pero ¿os importa esperarme fuera mientras vuelvo a ponerme mi ropa?.- Dijo Medli.

- Sí claro, adelante.- Dijo Zelda. Después ella y Link se dirigieron a la puerta de la enfermería.

Medli no tardó mucho. En menos de tres minutos ya estaba fuera con su ropa, que ahora estaba seca.

- Bueno, creo que el mejor sitio por el que podemos comenzar es el recibidor.- Dijo Zelda.- Síguenos.

Medli caminó junto con Link y Zelda a lo largo del pasillo que llevaba al recibidor. Mientras caminaban, Link reparó en el emblema que Medli llevaba bordado en su peto.

- Medli, solo por casualidad. ¿Qué es ese símbolo que tienes en el pecho? Se parece mucho al emblema de la raza Zora. Una raza compuesta de seres que son medio pez, medio hombres.- Dijo Link curioso.

- Sé qué son los Zoras. De hecho, los Onri fuimos Zoras en otro tiempo.- Dijo Medli. Link y Zelda se quedaron muy sorprendidos al oír aquello.- A lo largo de los siglos fuimos evolucionando hasta convertirnos en los seres alados que somos hoy. Hace unos cuantos cientos de años se descubrió nuestro parentesco. De ahí este símbolo. Es el emblema de la raza Onri, que está hecho inspirado en el de la raza Zora.

- ¿En serio?- Dijo Link sin salir de su asombro.- ¡Caramba! ¡Pues si no me lo dices nunca lo hubiese sospechado!

- Tranquilo, no eres el único. De hecho es algo que muchos Onri ni siquiera saben.- Dijo Medli.

En aquel momento llegaron al recibidor. Los ojos de Medli se abrieron como platos, lo que le dio a su cara una imagen bastante graciosa considerando que ya eran de por sí muy grandes. La niña Onri se quedó maravillada con todo el lujo que se exhibía allí. Caminó hasta el centro del recibidor, donde se encontraba el emblema de la Trifuerza en el suelo y comenzó a girar lentamente sobre sí misma para intentar apreciar toda la instancia. Le llamó mucho la atención los diferentes emblemas que se encontraban en los medallones que colgaban de la parte alta de las paredes, los cuales contenían en su mayoría el emblema de la raza Hylian. Le hizo mucha gracia el ver que estaba compuesto principalmente por la figura de un ave, aunque no adivinó de qué pájaro se trataba.

Link ya conocía esta parte del castillo, pero la verdad es que no se había fijado en todos los detalles que había en ella. En aquella ocasión apreció unos cuantos más, como los mismos medallones que Medli miraba con afán, los cuales descubrió siguiendo la dirección de la mirada de la niña Onri.

- ¡Esto es fantástico!- Admiró Medli.- ¡Nunca llegué a imaginar que alguna vez acabaría en un sitio como este!

- Sí, sin duda es la jaula más bonita del mundo.- Dijo Zelda en voz baja. Creyó que nadie la oiría, pero Link lo hizo.- Bueno, pues esto es solo el principio. Venid los dos conmigo, que os enseñaré la biblioteca. Tú tampoco la has visto todavía, Link.

Los tres subieron por la escalinata y accedieron al ala oeste. Atravesaron una puerta y se encontraron en un pasillo muy parecido al que llevaba al Gran Comedor, solo que los ventanales estaban a mano izquierda en lugar de a la derecha. Tras girar una esquina hacia la izquierda, Link pudo ver a través de los ventanales y hacia abajo el jardín donde él y Zelda se conocieron. Tras recorrer un trecho de unos diez metros llegaron a una puerta doble, situada a mano derecha del pasillo, sobre la que había una placa que ponía, de nuevo en caracteres Hylianos: "Biblioteca". No tenía grandes adornos ni grabados. Resultaba bastante sencilla.

Al atravesar la puerta los tres se encontraron en una gran sala iluminada por unos enormes ventanales de arco ojival que ocupaban casi toda la pared izquierda según se entraba. Al lado derecho había varios grupos de mesas de diversos tamaños, destacando una rectangular que podrían ocupar una veintena de personas. Hacia el fondo de la habitación se encontraban las estanterías, repartidas en dos pisos. El segundo piso no ocupaba todo el techo del primero, sino tan solo la mitad, empezando justo encima de donde estaban colocadas las estanterías del primero, creando una especie de balcón desde el cual se podría ver el piso inferior. Link apenas podía ver la pared del fondo de la habitación entre tantas estanterías, pero era más que suficiente para darse una idea de la enorme cantidad que había de ellas ya que la habitación era muy profunda.  Entre las estanterías había varias columnas de fuste retorcido que sostenían el piso superior. Cerca de los ventanales había una escalera curvada que subía hasta el segundo piso.

Link recordó cuando hace unas horas Zelda le dijo que la biblioteca era lo único que impedía que se muriera del aburrimiento. Tras ver la enorme cantidad de libros que había allí, no le extrañó lo más mínimo. Haría falta por lo menos una decena de vidas para poder leer todos los libros que había ahí.

En la pared donde se encontraba la puerta, a mano izquierda de la misma, había varias vitrinas que Link no pudo ver enseguida, pero sí había una colocada justo en la esquina que mostraba un gran libro forrado en piel verde, con un medallón dorado con la figura de la Trifuerza colocado sobre una placa metálica engarzada en la cubierta. El libro llamó la atención de Link. Parecía especialmente viejo y desgastado. La placa metálica parecía estar ligeramente oxidada, el medallón estaba muy sucio y el forro de piel tenía algún que otro agujero.

- ¡Madre mía! ¿Pero es que no hay ninguna habitación en este castillo que no sea de un tamaño descomunal?- Preguntó Link impresionado. Zelda se rió ligeramente en voz baja.

- ¡Y eso que no la has visto vacía!- Contestó Zelda.- Hace un par de años tuvieron que quitar todas las estanterías para reparar algunas de las columnas que sostienen el piso superior, que se estaban desgastando (la biblioteca es una de las salas más antiguas del Castillo) y así resultaba todavía más impresionante, aunque quizás también más sosa.

- ¿Y donde metisteis todas esas estanterías y libros mientras lo arreglaban? ¿Es que acaso hay otra sala más grande todavía que esta?- Preguntó Link casi abrumado por la idea de tener que mover tal cantidad de muebles. Zelda frunció el ceño de un modo extraño, levantando ligeramente una ceja.

- ¡Mejor no preguntes! La mayoría pudimos meterlas provisionalmente en el Gran Comedor, pero el resto…- Dijo la princesa sacudiendo ligeramente la mano izquierda.

- ¡Es increíble!- Dijo Medli ensimismada. Se había quedado atónita mirando la estancia, sobre todo al piso superior.- ¡Esta biblioteca hace que la de nuestro pueblo parezca una pequeña librería!

- ¿Te gusta, Medli?- Dijo Zelda.

- ¡Ya lo creo! ¿Puedo echar un vistazo?- Dijo Medli con un ligero tono de timidez.

- ¡Adelante! Estas en tu casa.- Dijo Zelda señalando a las estanterías con la palma de la mano abierta.

Medli sonrió y se acercó casi corriendo hacia las estanterías, pero lo que hizo pilló por sorpresa a Link y a Zelda. En lugar de ir a las estanterías del piso inferior, Medli se abrió de brazos y, en un abrir y cerrar de ojos, estos se convirtieron en unas grandes alas con plumas del mismo color ocre que las que recubrían el resto de su cuerpo, volviéndose casi negras en las puntas. Medli batió sus alas con fuerza y en pocos aleteos, se subió al piso de arriba, desapareciendo entre el bosque de estanterías que había allí.

- ¿Has visto lo que yo he visto?- Preguntó Link boquiabierto, todavía mirando al lugar donde había ido Medli.

- Si te refieres a que si he visto a Medli volando, sí, lo visto.- Contestó Zelda con la misma expresión que Link.- Bueno, ahí tenemos la prueba de que no mentía cuando dijo que había recibido sus alas.

Link, saliendo ya de su asombro, se acercó al centro de la sala y empezó a girar sobre si mismo para verla mejor. Pudo observar como en al pared donde estaba la puerta había dos grandes cuadros. Uno parecía ser un mapa de Hyrule, y el otro era de un castillo que él no conocía.

- Bueno, ¿y a ti que te parece, Link? ¿Te gusta?- Preguntó Zelda.

- Nunca en mi vida pensé que vería tantos libros juntos. ¿Cuántos de aquí te has leído?- Dijo Link.

- No estoy segura… me gusta mucho leer y siempre me traigo algo a mi cuarto para leer por las noches. Así que puede que más de una centena.- Contestó la princesa.

- ¡Mi madre! ¡No me extraña que las diosas te eligieran para ser la portadora de la Trifuerza de la Sabiduría!- Dijo Link bajando ligeramente el tono de voz.- Si te soy sincero yo no creo que sería capaz de leerme más de tres o cuatro libros al año.- Añadió llevándose una mano a la nuca, en un gesto de ligera vergüenza.

- Bueno, yo puedo devolverte el cumplido con respecto a la Trifuerza del Valor.- Dijo Zelda mostrando de nuevo la sonrisa que le provocaba a Link sentir de nuevo la punzada en el corazón. La sensación se estaba convirtiendo ya en algo de lo más normal para él.- En cualquier caso te aconsejaría que dieras una oportunidad a la lectura. Podrías aprender cosas interesantes.

Link no supo qué contestar. Él nunca había leído mucho. No es que no le gustara, pero tampoco le apasionaba. Aunque sí recordaba haber leído algunos cuentos de hadas que le habían gustado mucho, en especial uno llamado "Remduck", que contaba la historia de un niño que derrotaba a un gran dragón, cuyo nombre daba título al libro, y que engendraba a todo un ejército de viles criaturas que amenazaban a su pueblo. Aquel libro le gustó tanto a Link que le hizo grabar un dibujo en la corteza del árbol donde se encontraba su casa, en una de sus raíces.

- Por cierto, ¿qué son esos libros que tenéis en esas vitrinas?- Dijo Link mientras se acercaba a ellas.

 Pudo ver que, efectivamente, en dichas vitrinas se encontraban más libros viejos como el que había en la esquina, solo que más pequeños.

- Son las copias originales de algunos libros muy importantes. El más importante de todos es ese que hay en la esquina.- Dijo Zelda señalando el mismo libro que llamó la atención de Link hacía un rato.- Se trata del original del Libro de Mudora. En él se encuentra escrita la historia de la raza Hylian. Cada 29 de Diciembre vienen todos los eruditos hylianos del reino a escribir una crónica del año que acaba. También tiene un tratado sobre nuestra lengua. Es el libro más antiguo de Hyrule. Lo empezaron a escribir cuando los Ancianos Sabios crearon los siete templos que protegen la entrada al Reino Sagrado… o lo que solía ser el Reino Sagrado, ya sabes…

Link comprendía lo que quería decir. Desde que Ganondorf puso sus manos sobre la Trifuerza, el Reino Sagrado pasó a convertirse en el Mundo Oscuro debido al negro corazón del antiguo (o futuro, según se mirara) Rey del Mal. Ahora Ganondorf se encontraba preso en el mismo mundo de maldad que él mismo había engendrado.

Abandonando esos dolorosos recuerdos, Link se paseó al lado de las vitrinas observando los libros. Hubo uno en especial que le llamó la atención. No parecía especialmente viejo. No era muy grande, pero sí bastante voluminoso. Se notaba que tenía muchas páginas. Estaba forrado en cuero teñido de azul. La cubierta tenía un dibujo de la Espada Maestra. El título era: El Arte Supremo de la Espada: Escuela Hylia no Shinken.

- Zelda, ¿y este libro?- Dijo Link señalando el que le había llamado la atención. La palabra "Hylia" le recordaba a la orden de caballeros que Mizagi le había mencionado.

- ¡Ah! El libro de la escuela Hylia no Shinken.- Dijo Zelda mientras se ponía al lado de Link para ver mejor el libro.- Ese libro describe el estilo de lucha con la espada que practicaban los antiguos Caballeros de la Orden de Hylia. Sin embargo desde hace varios siglos ha habido muy pocos que hayan podido dominarlo. En algunas generaciones incluso, solo los comandantes de la Orden lo practicaban siquiera. Por lo visto es un arte de espada muy difícil, reservado solo a los más diestros.

- ¿En serio?- Dijo Link intrigado.- ¿Y queda alguien que la sepa usar ahora mismo?

- ¡Te veo interesado! ¿No será que quieres aprender ese estilo?- Dijo Zelda curiosa. Link se sonrojó un poco.

- Bueno… supongo que no me haría daño mejorar mi técnica.- Dijo Link tímidamente.

- La verdad es que solo queda una persona. Reindhart Neiringer- Dijo Zelda.

- ¿Reindhart Neiringer?- Link recordó que Medli le había mencionado cuando les contó el asunto del zepelín.- ¿El Canciller de Nordaeron?

- Así es. Él fue Caballero de la Orden de Hylia hasta que durante la Gran Guerra Hyliana tuvo que exiliarse en Nordaeron tras ser gravemente herido. Tardó mucho tiempo en recuperarse, y cuando lo hizo, la guerra había terminado. Por lo visto perdió a su familia durante la guerra, a excepción de una hija, y el recuerdo le dolía tanto que decidió no regresar a Hyrule. Al cabo de un tiempo consiguió convertirse en Canciller y hacer algunas visitas a mi padre.- Explicó la princesa.

En aquel momento, Medli se asomó al borde del piso superior mostrando de nuevo su extraña sonrisa picuda. Sus brazos habían vuelto a su forma original.

- ¡Esto es genial! ¡He visto que incluso tenéis algunos libros escritos en la lengua Onri! ¡Además de grande es una biblioteca muy completa!- Admiró Medli.

- ¿Verdad que sí?- Dijo Zelda.- Pues esa parte de ahí contiene solo los libros de ciencias e ingenierías. Seguramente por eso hay libros Onri en esa planta. Abajo están los libros de letras y novelas que son más interesantes.

Medli al oír aquello, volvió a desplegar sus alas y saltó por encima de la barandilla que había en el borde del piso. Batiéndolas ligeramente, se posó suavemente en el suelo donde volvieron a convertirse en brazos.

- ¿Siempre haces eso?- Preguntó Link lleno de curiosidad.

- ¿Hacer el qué?- Contestó Medli

- Lo de sacar tus alas de esa manera para llegar a sitios altos. No sé si habrás visto que hay unas escaleras ahí al lado.- Dijo Link señalando a las susodichas.

- Pues… la verdad es que las había visto pero sí, tienes razón, siempre uso mis alas para llegar a sitios altos como bien dices. Es una costumbre que tenemos los Onri, sobre todo los jóvenes, para mantener nuestras alas en formas. En nuestras casas suelen haber escaleras y rampas, pero apenas las usamos. Están más bien pensadas para los niños que aún no han recibido sus alas y para cuando recibimos visitantes de otras razas.- Explicó la Onri con una sonrisa casi tímida.

- ¡Ja, ja, ja! Bueno, todas las razas tienen sus manías. Supongo que lo vuestro es menos extraño que rodar sobre uno mismo todo el día como hacen los Goron.- Observó Zelda divertida.

- Bueno, ¿os importa que eche un vistazo a los libros de la planta baja también?- Preguntó Medli.

- Mejor que eso. Te lo enseñaré yo misma.- Dijo la princesa.- ¿Vienes Link?

- Eeer… mira, creo que será mejor que vayas tú con ella. Yo simplemente echaré un vistazo a los libros de las estanterías más próximas.- Dijo Link en tono casi de disculpa.

La verdad era que tenía algo en mente y le daba vergüenza hacerlo delante de Zelda. La princesa le miró del mismo modo en que lo hizo hacía unas horas cuando fingió tener gases. Aquella mirada le hacía pensar a Link que Zelda podía ver sus intenciones como si su cabeza fuera de cristal, pudiendo leer su mente con total claridad. Sin embargo, una vez más Zelda relajó el rostro como si nada pasara.

- Bien, como quieras. Vamos, Medli.- Dijo finalmente la princesa.

Link hizo como que se acercaba a las estanterías del lado derecho de la habitación mientras Zelda y Medli iban al lado izquierdo, pero cuando las dos muchachas se perdieron en el bosque de estantes, Link se apartó de los libros y fue a la esquina de la derecha de la habitación, donde estaba un enorme mueble que parecía ser el fichero. Su tamaño era casi tan grande como el del armario ropero de Zelda, solo que bastante más bajo, de manera que Link podía llegar a todos los cajones a pesar de su altura de niño. Allí, Link abrió el cajón de la letra A, en la zona que clasificaba los libros por título. No tardó mucho tiempo hasta que encontró una ficha que ponía "Arte Supremo de la Espada: Escuela Hylia no Shinken, El". Esperaba que hubiera alguna copia del libro original por alguna parte que pudiera al menos ojear. Por fortuna así era, aunque tan solo había una. Por lo que Link leyó en la tarjeta, la copia se encontraba en el piso inferior, hacia la mitad de la sala. No le hizo mucha gracia, ya que tenía que adentrarse bastante entre las estanterías y si Zelda y Medli le encontraban podían pillarle con las manos en la masa.

Sin embargo no tuvo oportunidad siquiera de intentarlo. Justo en ese momento, un guarda entró apresurado en la biblioteca. Llevaba el atuendo normal de la guardia real, pero bajo el casco podía ver como asomaba una espesa melena de pelo castaño que le llegaba casi hasta los hombros. Era de complexión delgada, pero se le notaba en plena forma física, con unos músculos bien formados. Sin embargo, no era especialmente alto. Exploró con la vista toda la sala hasta que se fijó en Link, quien se apartó un poco del fichero.

- Eres Link, el niño del Bosque Kokiri, ¿verdad?- Dijo el guarda entre jadeos de cansancio.

- Sí, soy yo.

- ¿Están por aquí la princesa y la niña Onri? El Rey os reclama.

Link le miró extrañado. ¿Apenas acababan de comer y el Rey quería volver a verles? Resultaba un poco raro.

- Sí, están aquí.- Dijo Link.

Entonces se acercó a las estanterías y se puso a gritar los nombres de las dos niñas a pleno pulmón. Al cabo de unos segundos, las dos emergieron del bosque de libros.

- ¡Link! ¡Esto es una biblioteca! No grites tanto.- Le riñó la princesa, aunque con un tono no demasiado severo.- ¿Qué ocurre?

- El Rey, Alteza.- Dijo el guarda en lugar de Link. Zelda y Medli se percataron entonces de su presencia.- Exige que vayáis los tres a su presencia inmediatamente.

Al igual que Link, Zelda también se extrañó de la llamada del monarca, pero obedeció de todas formas.

- Bien, ahora vamos, pero... ¿Sabes de qué se trata? Acabamos de comer con él. Es un poco raro que quiera vernos así tan pronto.- Dijo la princesa.

- No conozco los detalles, Alteza, pero al parecer han llegado nuevos e inesperados visitantes, y por lo visto son también Onris.- Contestó el guarda. Los tres niños se miraron unos a otros, sorprendidos por la noticia.

- ¿Dónde está?- Preguntó Zelda.

- Os esperan en el recibidor del castillo.- Dijo el guarda.

- Bien, gracias, Klyne.- Dijo la princesa.

Link volvió a asombrarse. ¡Zelda sabía el nombre del guarda! Parecía que la simpatía de los monarcas por sus sirvientes no conocía límites.

Sin mediar más palabra, los cuatro salieron de la biblioteca, cerrando tras de sí las puertas. Recorrieron el pasillo que llevaba al recibidor y cuando llegaron, pudieron ver al pie de la escalinata al Rey Daphnes, a los señores Mizagi y Epans y seis Onri. Cinco parecían ser totalmente adultos, ya que su altura era similar a la del monarca y los embajadores. Uno de esos Onri parecía ser una mujer, dado que su cabello color castaño grisáceo era igual de largo, de manera relativa, que el de Medli. El sexto parecía ser de la misma edad que Medli. Los Onri eran todos más o menos del mismo aspecto. Todos ellos llevaban un pico, cada uno con una forma diferente. Todos tenían grandes ojos de color escarlata y todos tenían la misma piel plumífera, solo que cada uno tenía unas plumas de diferente color, aunque predominaba el color pardo. Cuando empezaron a bajar la escalinata, todo el grupo dirigió su mirada hacia los tres niños. El Onri más joven se acercó apresurado al primer escalón de la escalinata, mirando fijamente a Medli. Su pico parecía más estrecho que el de ella, semejándose bastante al de un ave rapaz, como un halcón. Sus plumas eran de un color marrón claro y en su cabeza había un extraño cabello corto de color marrón oscuro, con algunas zonas de color blanco. Iba vestido con una túnica de color gris con unos símbolos muy parecidos a los que tenía Medli en su peto.

- ¡Medli!- Exclamó el pequeño Onri.

- ¡Komali!- Contestó Medli

Medli bajó las escaleras más deprisa, separándose de Link, Zelda y Klyne y, cuando llegó hasta donde estaba Komali, los dos se abrazaron. El resto de los Onri se acercaron también, exclamando el nombre de la niña. Medli soltó a Komali y comenzó a dirigirse a todos y cada uno de sus paisanos.

- ¡¿Qué haceis aquí?! ¿Cómo sabíais donde estaba?- Dijo Medli sin salir de su extrañeza.

- Acompañamos a los señores Mizagi y Epans hasta la frontera con Hyrule como parte de su escolta- Dijo un Onri alto, de plumaje blanco, cara alargada y pico similar al de Komali. Llevaba una túnica de mangas anchas y algo que parecía una bolsa en la base de la espalda.- pero después insistieron en que nosotros y parte del resto del grupo nos quedáramos allí hasta que regresaran. Según ellos, no querían llegar a Hyrule con demasiada gente. Normas de protocolo o algo así. Sin embargo, hace una hora llegó a nuestra posada un mensajero del castillo diciéndonos que estabas aquí.

- Así es. Nos contó que te caíste del zepelín y que acabaste en el foso del castillo.- Añadió otro de los Onri, más bajo que el anterior pero más corpulento, con plumaje color ocre oscuro y pico parecido al de un pato. Llevaba una túnica blanca sencilla con el emblema de los Onri grabado en el pecho.- ¿Cómo te pasó algo así? ¿Por qué no echaste a volar para evitar caer?

- Lo siento, Houli.- Dijo Medli bajando la mirada.- No pude volar. Los ladrones me encontraron y me hirieron el ala derecha antes de que pudiera hacer nada. Después, intentando escapar, me caí del zepelín.

- ¡Eh! ¡Levanta esa cabeza, Medli!- Dijo la Onri hembra, levantando gentilmente la barbilla de Medli con su mano. Su voz confirmaba las sospechas que tenían Link y Zelda sobre su sexo. Era más o menos de la misma altura que Houli, su pico era como el de una lechuza y sus plumas de color pardo. Llevaba puesta una larga toga color ocre bajo la cual llevaba una túnica blanca- Ya fue bastante logro por tu parte el acceder al zepelín sin que te descubrieran. No tienes nada que reprocharte, ¿me oyes? Nada.- Medli sonrió ligeramente.

- Gracias Mali.- Respondió la niña Onri.

- Nos llevamos un buen susto.- Dijo otro de los Onri mayores. Este era más bien bajo y bastante rellenito. Su pico era muy pequeño, similar al de un canario. Sus plumas eran de un color pardo como el plumaje de Mali e iba vestido con unas ropas mucho más ajustadas que el resto de los Onri, estas de color marrón rojizo.- Como ha dicho Odli, nos encontrábamos en una posada de la frontera y temíamos que no llegáramos a tiempo para ayudarte. Menos mal que no ha sido nada grave.

- ¡Y qué lo digas, Raneli!- Dijo el último de los Onri adultos. Este era más o menos de la misma estatura de Odli, así como una cara alargada como la suya, pero tenía el pico similar al de un loro y un plumaje amarillento. Iba vestido de una forma un tanto extraña. Llevaba una simple camiseta azulada de manga corta y unos pantalones verdes. Tenía un aspecto bastante pintoresco.- El rey nos acababa de decir que caíste en el foso del castillo. ¡Fue una suerte! ¡Peor hubiera sido caer en estercolero de las cuadras!- Todos le miraron con cara rara tras ese comentario.

- ¡Tú y tu humor negro, Venili!- Dijo Odli con tono sarcástico.- Bueno, lo importante es que estás bien, Medli.-

Medli entonces fue abrazando a sus compañeros uno a uno, mientras estos les susurraban palabras de ánimo al oído. El rey Daphnes y los embajadores se acercaron al grupo.

- ¿Ven como no teníais de qué preocuparos? Vuestra preocupación era injustificada. Por lo que dijo el doctor Mizagi solo se dio un golpe en el hombro.- Dijo el Rey. Entonces dirigió su mirada hacia Link y Zelda, que permanecían en la escalinata.- Zelda, Link, venid aquí un momento. Quiero que conozcáis a nuestros inesperados invitados.

Los dos niños bajaron lo que les restaba de la escalera. Mientras lo hacían, los seis Onris se alinearon, uno al lado del otro, como si fueran a pasar lista.

- Este es Odli, mensajero personal del Patriarca de los Onri y uno de sus diplomáticos de confianza.- Dijo el Rey presentando a Odli.

Odli hizo una reverencia ante Zelda y después, estrechó la mano de Link amistosamente, intercambiando saludos con ambos. Link volvió a sentir aquella extraña sensación de meter la mano bajo el ala plegada de un Cucco que tuvo cuando estrechó la mano de Medli.

- Este es Houli. Comandante de la guarda Onri y uno de los guerreros más respetados de Nordaeron.- Prosiguió el Rey colocándose al lado de Houli. Él, Link y Zelda también intercambiaron saludos.

- Aquí tenéis a Mali. También diplomática de los Onri de Nordaeron, especializada en el trato con reinos extranjeros.- Continuó el Rey mientras se acercaba a la mujer.

Ella y Zelda intercambiaron una reverencia distinta a la que hacían ante un hombre. Fue mucho más breve y apenas inclinaron ligeramente el tronco. Link pensó que debía de tratarse del saludo común entre dos mujeres. Se le ocurrió que él debía de realizar una reverencia como la que Odli y Houli le hicieron a Zelda, por lo que imitó su gesto. Mali por su parte hizo una reverencia casi idéntica a la que Zelda hizo ante los dos Onri varones.

- Os presento a Raneli.- Dijo el rey mientras se acercaba al Onri en cuestión.- También diplomático y además ingeniero. Él fue una de las personas que participaron en el diseño del… ¡Oh! Disculpad mi torpe memoria. ¿Cómo decíais que se llamaba? ¿Zenetín"?- Dijo Daphnes casi avergonzado.

- "Zepelín".- Dijo Raneli.

Link no pudo evitar esbozar una sonrisa, aunque intentó contenerla. Realmente le gustaba el carácter "poco monárquico" y sincero del Rey. Él y Zelda le saludaron del mismo modo que hicieron con Odli y Houli.

- Este es Venili. Capitán de la guarda Onri y famoso por ser uno de los voladores más veloces de la raza en Nordaeron.- Dijo el Rey acercándose al último de los Onri adultos.

- Cosa que atestiguan mis cinco victorias consecutivas en el campeonato de vuelo libre de Nordaeron.- Añadió Venili antes de saludar a Link y a Zelda del mismo modo que los anteriores Onri. El rey acabó acercándose a Komali.

- Y por último, aquí tenéis a Komali.

- Es el hijo de nuestro Patriarca.- Interrumpió Medli.- Se prepara para ser diplomático y mensajero, como Odli. Además se le da muy bien dibujar y escribir. Él y yo somos de la misma edad. De hecho, él consiguió las alas al día siguiente de que yo lo hiciera.

- Bueno, Medli, tampoco hace falta que les hagas una descripción detallada de mí.- Dijo Komali un poco ruborizado.

Su saludo con Link y Zelda fue mucho menos protocolario que el que hicieron los adultos. Simplemente se estrecharon la mano de forma amistosa, e incluso algo inocente.

- Según os he oído decir antes, formabais parte del séquito del Señor Mizagui y el Señor Epans ¿no?- Dijo Zelda con curiosidad.- ¿Por qué no vinisteis con ellos?

- Normas de protocolo, Alteza.- Dijo el Señor Epans en su voz habitual, aunque con una mirada extraña. Era como la mirada que ponía cuando observaba a Link, aunque mucho menos intensa.- En las visitas de cortesía no se debe de llevar un séquito superior a tres personas. Se considera como una insolencia si se supera ese número, ya que es casi como si se invadiera parte de la propiedad del dueño del castillo. Odli y sus compañeros nos acompañaron debido a ciertas informaciones que corroboraban la aparición del zepelín cerca de la frontera con Hyrule.

- ¿En serio?- Dijo Zelda extrañada.- Es la primera vez que lo oigo. Me han enseñado todas las reglas habituales de protocolo, pero nunca me hablaron de esa.

- Porque nunca te ha hecho falta saberlo, hija mía.- Dijo el Rey casi poniéndose entre Zelda y el Señor Epans y dirigiendo su mirada hacia este último.- Hasta ahora casi ninguno de mis invitados han tenido por qué cumplimentar esa regla, ya que les permito traer el séquito que ellos deseen, incluso en las visitas de cortesía. No tendríais porqué haberles dejado en la frontera. Hubieran sido bien recibidos.

- No teníamos constancia de esa preferencia vuestra, Majestad.- Dijo Epans casi en tono de disculpa, aunque se notaba un cierto recelo.- Pero con el debido respeto, debo decir que tenéis un comportamiento hacia las normas de protocolo y etiqueta ciertamente extrañas. Mientras que algunas de las reglas, normalmente las más antiguas, las seguís casi a rajatabla, algunas otras parece que para vos simplemente no existen.

Link se preocupó un poco al oír aquello. No estaba seguro de cómo se tomaría el monarca ese comentario. A él le daba la impresión de que Epans actuaba casi en actitud de reproche. Sin embargo el Rey no se mostró molesto u ofendido. Más bien al contrario. Sonrió ligeramente como respuesta inmediata.

- Bueno, Maese Epans. Como ya os comenté cuando llegasteis, en la dinastía de mi familia nunca hemos seguido aquellas reglas que considerábamos innecesarias. Sobretodo aquellas cuyo único propósito parece ser la de encumbrarnos como un tipo de seres que no somos.

El Rey y Epans se quedaron mirándose a los ojos durante un momento. Finalmente, Odli se acercó a los dos con paso casi prudente.

- En cualquier caso Majestad, si no es demasiado atrevimiento me gustaría poder pediros que nos permitieseis participar en la búsqueda de nuestro zepelín. Como comprenderéis, ese aparato significa mucho para nosotros.

- Por supuesto, Odli.- Dijo Daphnes.- Os pondré en contacto con Impa lo antes posible.

- Hay una cosa que os podemos asegurar, Alteza.- Dijo Raneli.- A estas alturas los ladrones han debido de aterrizar. El motor del zepelín está basado en la presión del vapor producido en una caldera, por lo que es necesario tener un combustible como el carbón. Apuesto a que ya se les habrá acabado el que había para el vuelo experimental. No creo que hayan tenido suficiente como para salir de Hyrule.

Link no entendió muy bien lo que quería decir todo eso del "carbón", pero si era verdad entonces el enorme globo no tardaría en aparecer.

- ¡Oh! Por favor, no os preocupéis más de lo necesario.- Dijo el Rey.- Habéis tenido un viaje muy largo, y además recorrido en tiempo récord. Os aconsejo que os toméis un pequeño descanso. Si lo deseáis, puedo hacer que os muestren vuestros aposentos.

- Tiene razón chicos.- Dijo el señor Mizagi en su tono alegre habitual.- Haber venido desde la frontera hasta aquí os ha debido de fatigar. Ya os ocuparéis del zepelín cuando hayáis recuperado fuerzas.

Los seis Onris se miraron unos a otros. No parecían muy cansados, pero de todas formas no tenían pinta de tener intención de rechazar la oferta.

- Bien, Majestad.- Dijo Odli.- Si insistís, mostradnos nuestras estancias.

- Sabia elección.- Contestó el monarca.- Llamaré a un par de sirvientes para que os las muestren.

- Padre.- Interrumpió Zelda.- Por favor, déjame a mí que se las muestre. Conozco la habitación perfecta para que no tengan que dormir separados.

Link notó que Epans volvía a adoptar el mismo gesto inquisitivo ante el comentario de Zelda. Empezaba a encontrarlo molesto, pero no dijo nada. También le llamó la atención el hecho de que Zelda llamara a su progenitor "Padre" en lugar de "Papá" como hizo anteriormente. Quizás lo hizo para guardar las apariencias, o al menos eso pensó. El rey por su parte mantenía el buen humor.

- Como quieras, hija.- Dijo Daphnes.- Maeses Mizagi y Epans, si sois tan amables, volvamos a la sala de reuniones para seguir tratando nuestros asuntos.

Los dos embajadores siguieron al Rey por la escalinata, subiendo en la misma dirección que llevaba al Gran Comedor. Por su parte Zelda guió a Link y al grupo de Onris hacia el lado opuesto mientras que Klyne volvía a su puesto. Link observó curioso a Medli y Komali, que hablaban entre ellos de manera muy animada. Pudo adivinar que se conocían de toda la vida

- Me parece que tendremos que dejar la visita por el castillo para otro día.- Le dijo Zelda mientras pasaban por la puerta que llevaba a los dormitorios.

- Sí, eso parece.- Contestó Link sin ocultar su decepción.- El día se ha ido complicando por momentos.

- Lo malo es que este lío no se solucionará pronto. Seguro que hasta dentro de unos días nada…- Dijo la princesa mientras atravesaban el pasillo de la alfombra azul. Por un momento pareció pensativa.- Sabes, la verdad es que lo he estado pensando y… ¿qué te parece si mañana soy yo la que va a tu casa?- Link miró a Zelda asombrado por un momento.

- ¿Qué?- Fue lo único que se le ocurrió decir.

- Pues eso. ¿Que qué te parece si mañana voy yo a tu casa?

- Pero… ¿cómo vas a hacer eso? Tu padre no te dejará ir, al menos sin escolta, y no creo que a los chicos del Bosque Kokiri les haga mucha gracia la presencia de un adulto que lo único que haga sea vigilarte.

- ¡No te preocupes! Puedo arreglar eso. Si se tratara de ir a algún sitio yo sola seguro que no me dejaría, pero si se trata de ir a visitar a un amigo, la cosa cambia. Lo único que Impa sí que te tendrá que acompañarme.- Zelda se inclinó y empezó a hablarle a Link en el oído.- y como ella sabe que puedo cuidar de mí misma por lo de la Guerra del Encarcelamiento, entonces no nos molestará.

Link pensó por un momento. La verdad es que le agradaba mucho la idea. Sería una buena oportunidad para pasar el tiempo juntos, y de paso podría enseñarle el Bosque Kokiri y ser él el guía. Aunque Zelda ya había estado en el bosque durante la guerra, seguro que había muchos lugares que no conocía. Además que no era lo mismo visitar un lugar en mitad de la guerra que en tiempos de paz.

- ¿De qué habláis?- Dijo Medli que se había adelantado hasta donde estaban los dos niños Hylianos. Ya habían pasado la puerta de la habitación de Zelda.

- Nada, le proponía a Link que sí podía ir mañana a su casa en el Bosque Kokiri.- Dijo la princesa.- ¿Quieres venir? Seguro que el doctor Yenshin te deja marchar mañana y así podrías empezar a conocer nuestro reino.

- ¿En serio?- Dijo Medli entusiasmada.- ¡Gracias! ¡Claro que me gustaría ir! Os importa si Komali nos acompaña. Él también tenía ganas de conocer Hyrule.

- ¡Pues claro! Cuantos más mejor.- Respondió Zelda.

Link volvió a sentirse como si le hubieran tirado un jarro de agua fría en la cabeza. ¡Eso sí que no se lo esperaba! Hubiera preferido que viniera Zelda sola, pero prefirió no decir nada al respecto.

-     ¿Tú qué dices, Link? ¿Podemos ir?- Preguntó la niña Onri.

Link no contestó enseguida, ya que notó que Zelda le miraba de modo extraño. No tardó en darse cuenta de que había vuelto a poner la misma cara de "tener gases" otra vez. Desde luego, a la princesa no se le escapaba una.

- ¡Sí, claro que puedes!- Dijo Link intentando abandonar esa expresión.

- ¡Oh! Ya hemos llegado a la habitación.- Señaló Zelda.

La puerta no tenía grandes ornamentaciones. Tan solo la manilla tenía un aspecto elaborado. No había grabados ni carteles de ninguna clase. Tan solo que al lado de la puerta había un pedestal con un jarrón azul. La princesa abrió la puerta y entraron en una gran habitación con dos literas en el lado izquierdo y tres camas en el lado derecho. Todas las camas estaban provistas de sábanas blancas. En el centro de la habitación había una alfombra redonda blanca. En la pared del fondo había un ventanal cuadrado que iluminaba abundantemente toda la estancia con un armario a la izquierda y una mesa redonda con cuatro sillas a la derecha. Las paredes eran de color salmón y el blanco techo estaba decorado con molduras. A Link le llamó la atención el que no hubiese representaciones de la Trifuerza en esta sala como en el resto del castillo.

- Bueno, pues aquí estamos. ¿Os gusta?.- Preguntó la princesa.

- ¡Me pido la litera de arriba!.- Dijo Komali en voz alta mientras volaba (literalmente) hasta una de las susodichas.

- ¡Yo me pido la otra!.- Dijo Medli casi inmediatamente después mientras volaba (también literalmente) hasta la litera restante.

- ¿Contesta eso a vuestra pregunta, Alteza?- Dijo Odli con voz casi irónica.

- Hmm… ¡Vaya, vaya! Bonita habitación, pero la hubiera decorado con más plumones.- Observó Venili.- Algunas guirnaldas de plumas por las paredes tampoco le hubiera venido mal.

- ¿Qué?- Dijo Link extrañado.

- No hagas mucho caso.- Dijo Mali.-  Venili habla de adornos que solemos usar nosotros en nuestras habitaciones. Le gusta hablar de cosas estéticas, aunque a veces tiene unos gustos bastante estrafalarios. Por ejemplo, ha convertido una de las paredes de su habitación en una vitrina de trofeos.

- ¿Qué quieres que le haga, querida?- Replicó Venili encongiendose de hombros.- Con todos los trofeos que tengo, en algún sitio los tengo que poner.

- Cierto… ¡pero de ahí a tirar todo el tabique para poner una vitrina empotrada que ocupa todo el espacio de la pared hay un mundo!- Dijo Houli.- Con haber puesto estanterías hubiera sido suficiente.

- ¡Esos trofeos son la prueba de mi esfuerzo y de mi dedicación! Lo menos que puedo hacer es que luzcan lo mejor posible.

- ¿Y por eso tienes que poner cordón de terciopelo rojo enfrente de la vitrina para que la gente no se arrime y lámparas que la iluminen por la noche?- Dijo Odli con tono burlón.

- ¡Plebeyos!- Contestó Venili con tono ofendido.

Link y Zelda se miraron el uno al otro, volviendo sus caras para que los Onri no pudieran verles. Y es que estaban haciendo un esfuerzo enorme por contener la risa. Link había cerrado sus ojos y tenía los mofletes hinchados, cerrando la boca con todas sus fuerzas para evitar soltar una sonora carcajada. Zelda por su parte se había puesto las dos manos en la boca con el mismo propósito.

- Por lo que nos ha contado el Rey, fuisteis vosotros quienes rescataron a Medli.- Dijo Mali a Link y Zelda, obligándoles a parar en seco su risas.

Link aún necesitó un par de segundos para calmarse antes de poder hablar, pero Zelda se autocontroló enseguida.

- Más concretamente, fue Link.- Dijo la princesa.- En cuanto vio como Medli caía del Zepelín, salió en su ayuda sin pensarlo.

- Os agradecemos de veras lo que habéis hecho.- Dijo Odli, acercándose a los dos niños hylianos y poniendo una mano sobre el hombro derecho de Link.- Conocemos a Medli desde hace mucho tiempo. Para nosotros es alguien muy querido. Además es muy respetada en nuestro pueblo por sus prometedoras dotes de paje. Gracias de corazón.

- No hay de que.- Dijo Link, empezándose a sentir ligeramente incómodo.

Y es que aunque recibía de buena gana los agradecimientos de la gente a la que ayudaba tampoco se consideraba merecedor de "discursitos". Para él con un simple "gracias", bastaba y sobraba.

- ¿Y ahora que vais a hacer?- Preguntó Link.- Con el Zepelín, me refiero.

- Por el momento mucho me temo que no podemos hacer nada.- Dijo Houli.-  Por lo menos hasta que tengamos noticias de los espías de vuestro padre, Princesa Zelda. Hasta entonces solo nos resta esperar.

- Bueno, os sugiero que os olvidéis del tema por un rato y descanséis.- Concluyó Zelda.

El resto de los Onri empezaron a escoger sus camas. Odli escogió la cama inferior de la litera de Medli, mientras que Raneli escogió la cama inferior de la de Komali. Mali, Houli y Venili cogieron las tres camas restantes.

- ¿Qué vas a hacer tú, Medli? ¿Vas a quedarte con ellos?- Preguntó Link.

- Sí, si no os importa me gustaría hablarles detenidamente de lo que me pasó en el Zepelín.- Contestó la Onri desde lo alto de su litera.

- Como quieras. Os dejamos a solas pues. Tendréis mucho de qué hablar.- Dijo Zelda, tomando a Link de la mano y dirigiéndose a la puerta de la habitación.- ¿Queréis que os avisen en algún momento en especial?

- Bueno, no nos importaría descansar hasta bien entrada la tarde.- Dijo Mali

- Como queráis. Siendo así os avisaremos cuando falte poco para la cena. Así tendréis tiempo de prepararos.- Dijo Zelda.- Que descanséis bien.

Los dos niños hylianos salieron de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Con todas las cosas que habían pasado casi se les había olvidado que iban a pasar el día juntos. Quizás aquella fuera una buena oportunidad para tomarlo donde lo dejaron.

- Bueno ¿Y ahora qué, Zelda?- Dijo Link un poco dubitativo. La verdad es que estaba algo seco de ideas.

- No lo sé. Si quieres puedo seguir enseñándote el castillo a ti, ya que mi padre estará hablando con los embajadores un buen rato. ¿Hasta cuando piensas quedarte?

- Había planeado quedarme hasta la noche. Y sí, me parece bien que sigamos viendo el castillo. Después de todo iba a ser lo primero que íbamos a hacer desde el principio.

- ¡Pues nada, vamos allá!- Dijo Zelda sonriente.- Aún quedan cosas por ver, como las caballerizas, la sala de armas, la sala del trono, etc…

- Tan solo esperemos que no ocurra ninguna sorpresa más. Creo que he tenido bastante por hoy.- Dijo Link llevándose inocentemente la mano derecha a la nuca.

- Bueno, no creo que el zepelín ese vaya a darnos más problemas. En cualquier caso ya se encarga Impa del asunto. Sabrá llevarlo bien.

- Eso espero…- Concluyó Link no demasiado convencido. Aquella sensación de peligro inminente todavía no le había abandonado.

- Bueno… ¿a donde quieres ir primero?

 Bueno, pues aquí acaba mi primera actualización de mi primer Fan Fiction de Zelda :D Espero que os haya gustado hasta ahora. Intentaré poner los siguientes capítulos lo antes posible ;)