Jordan aparcó el coche en el aparcamiento del motel. Según las críticas de google maps que había visto, estaba lo suficientemente bien para pasar la noche allí. Estaban en Acton, Montana. Agradecía que al menos ese era el último estado que tenían que atravesar para dejar el país. Por la mañana harían el resto del camino, ya solo les quedaban ocho horas y media.

Miró a través del retrovisor hacia los asientos traseros, encontrándose con que Sam se había quedado completamente dormido. Tenía la cabeza apoyada contra el respaldo del asiento, con la boca ligeramente entreabierta y los ojos cerrados. Su rostro estaba completamente relajado.

Con una sonrisa en el rostro, Jordan sacó su móvil del bolsillo de su pantalón y encendió la cámara. Estaba muy guapo dormido.

Mientras le sacaba un par de fotos, su teléfono comenzó a vibrarle en la mano y la pantalla se cambió anunciando una llamada entrante. Con mucho cuidado, salió del coche para poder contestar.

"¿Qué quieres, Mick?" Preguntó fastidiado en cuanto estuvo fuera y descolgó la llamada.

Una suave risa se escuchó al otro lado de la línea. "Ya veo que me echas mucho de menos, hermanito."

El rubio rodó los ojos girándose hacia el coche, comprobando que Sam siguiera dormido. "Estoy ocupado ahora mismo."

"Ya... Con los Winchester, lo sé. Mis jefes siguen con un ojo puesto en Estados Unidos." Respondió Mick. "¿Va todo bien por allí? ¿Necesitas ayuda con algo?"

"Yo estoy bien, pero me preocupa Vicky." Bajó la mirada a sus pies sin saber muy bien como explicar de donde venía su preocupación. "Lleva un par de días sin dar señales y lo último que supe de ella era que estaba intentando dar caza a un grupo de brujas."

"Estará liada, ya la conoces. Vicky es así."

"De todos modos, estoy yendo a Canadá para comprobar que esté bien y que no le haya pasado nada." Pasándose una mano por la nuca siguió hablando. "Supongo que ya sabrás que Sam viene conmigo."

Hubo un breve silencio antes de que el hermano mayor de Jordan volviera a echarse a reír. "¿O sea que es por eso? Hermanito, estoy palmando pasta por tu culpa."

El menor frunció el ceño confundido. "¿A qué te refieres?"

"En la central han empezado a hacer apuestas y yo he apostado por que estabais de escapada romántica." No podía verle la cara, pero sabía que estaba sonriendo. Le conocía demasiado bien.

"¡Eres un imbécil, Michael!" Espetó Jordan sintiendo sus mejillas volverse completamente rojas.

"¿Crees que he sido el único? Papá también está metido en la apuesta." Respondió entre risas.

"Oye, te llamo luego." Soltó rápidamente al ver que Sam se había despertado. "Saluda a papá de mi parte."

Colgó la llamada y se acercó de nuevo al coche. El castaño le dedicó una pequeña sonrisa cuando le vio.

"Hola, bello durmiente." Dijo abriendo la puerta del coche. "Ya hemos llegado. Vamos a pasar la noche aquí."

El cazador más alto miró alrededor, percatándose de que estaban en el aparcamiento de un motel. Carraspeando suavemente, se sentó mejor en el asiento. Se sentía algo incómodo.

Era la primera vez que iban a pasar la noche juntos estando él sobrio. Aunque, para ser totalmente sinceros, era la primera vez que iba a pasar la noche con un hombre sin que hubiera alcohol de por medio y siendo plenamente consciente de sus acciones.

"¿Quieres que pidamos habitaciones separadas?" Preguntó tratando de ocultar su nerviosismo lo mejor posible.

Jordan tuvo que esforzarse por contener la risa ante su propuesta mientras se subía al coche y se sentaba sobre su regazo.

"¿Quieres pedir habitaciones separadas después de lo del otro día?" Preguntó acariciando su pecho. "Pensé que te había gustado." Ante la cara de terror del mayor, esta vez no pudo evitar reírse. "¡Tranquilo, grandullón, es una broma! No pasó nada aquella noche."

Sam se tapó el rostro con las manos avergonzado. "Lo siento. Bebí demasiado ese día, no recuerdo gran cosa."

"Puedo hacerte un resumen rápido si quieres." Propuso el rubio acariciando uno de sus brazos. "Tampoco es que pasara nada demasiado relevante."

"¿De verdad no te molestaría?" Preguntó el mayor destapándose el rostro y abrazándole por la cintura.

El chico le sonrió y negó con la cabeza. "Empecemos por cómo acabamos saliendo juntos del bar, ¿vale?"

El castaño asintió no muy seguro.

"Para empezar, te metiste en una pelea con un tipo enorme. Ni siquiera sé muy bien como ocurrió, te dejé solo un momento para ir al baño y cuando volví ya os estabais pegando." Comenzó a explicar. "Intenté meterme para separaros y nos terminaron echando de allí. Como no sabía dónde te estabas alojando, te lleve a mi habitación. El plan original era que durmieras en el sofá, pero cuando te ayudé a cambiarte de ropa me besaste y al final acabamos los dos durmiendo en la cama."

"Pero no pasó nada, ¿verdad?" Preguntó Sam no muy seguro.

"No, ibas tan borracho que te quedaste dormido mientras me besabas." Respondió Jordan dejando escapar una suave risa. "Además no parabas de repetir un nombre... Greg, George, Gordon, ¿Gadiel? No lo sé, era algo con g."

El rostro del castaño se volvió rojo de la verguenza. ¿Realmente había nombrado a Gabriel mientras besaba a Jordan? Esperaba que eso no contara como rezarle. Ya era una situación suficientemente vergonzosa, no quería que el arcángel se enterara de aquello.

El rubio le miró preocupado. "¿Es tu novio o algo de eso?" Preguntó haciendo intención de quitarse de encima de él para pasarse al asiento de al lado. "Yo no me quiero meter en líos, Sam. Si tienes novio es mejor que..."

"No es mi novio." Aseguró el mayor cortando sus palabras.

Era la verdad. Gabriel y él no eran nada. Como mucho, eran amigos, si es que a eso que tenían se le podía llamar amistad.

Jordan le miró en silencio por un par de segundos completamente serio, pero terminó asintiendo. "Bien." Dijo bajándose del coche finalmente. "¿Necesitas algo del equipaje o lo dejamos en el maletero?"

Sam negó con la cabeza bajándose también. "Lo podemos dejar en el coche por mi parte."

El rubio asintió cerrando la puerta y poniéndole el seguro al coche. Ambos echaron a andar después hacia la entrada del motel.

··· ··· ···

Viajar en avión era más complicado que viajar en coche. Para empezar, no dependías solamente de tu voluntad de volar, si no también de cuando había vuelos disponibles. Dean odiaba los aviones. Le producían un pánico que ni siquiera sabía explicar bien de dónde salía.

Tal vez era el hecho de estar a muchos metros de distancia del suelo y no tener ningún tipo de control sobre la situación. O tal vez era la angustiosa sensación de saber que tu vida no solo estaba en las manos de otra persona, si no que también dependía de criterios tan aleatorios como el clima. A lo mejor era el hecho de que un pájaro era suficiente para hacer que un avión sufriera un avería que le llevara a estrellarse sin ningún remedio.

"Dean." Castiel le envolvió en sus brazos para obligarle a que permaneciera quieto. "Descansa un poco, por favor. Mañana nos espera un día muy largo."

Había ido a su habitación para pasar la noche juntos pese a las peticiones del rubio de que se quedara en la suya. Entendía que no quisiera que John entrara de repente y les encontrara juntos, pero no iba a dejarle solo esa noche.

El cazador no solía ponerse nervioso con los viajes, pero los aviones eran otro tema completamente distinto.

Dean resopló nervioso. No podía dormir, su mente seguía dándole vueltas al vuelo que tomarían al día siguiente por la mañana y creando los peores escenarios posibles. ¿Por qué había tenido que aceptar esa apuesta con Gabriel?

"Sé que estás nervioso, pero no va a pasar nada malo. Voy a estar contigo todo el vuelo." Susurró el ángel dejando besos por su hombro desnudo y por su nuca.

"¿Lo prometes?" Preguntó el hombre de ojos verdes con un hilo de voz.

"Lo prometo." Respondió el pelinegro sonriendo levemente contra la piel de su cuello. "Voy a estar ahí todo el tiempo, justo a tu lado. No voy a dejar que te pase nada."

El rubio asintió dándose la vuelta en los brazos de su novio para quedar cara a cara con él, abrazándose después a su pecho. "¿Reservaste la habitación de hotel?"

"Venía en una oferta todo junto, vuelo y habitación." Respondió el ser celestial acariciando el pelo rubio del humano. "Además, he mirado la ubicación y no queda muy lejos de la Casa Blanca. ¿Metiste los trajes en la maleta?"

Dean asintió de nuevo cerrando los ojos, permitiéndose disfrutar las caricias de Castiel. "¿De verdad no me vas a dejar ver cómo te queda hasta mañana?"

"¿Por qué insistes tanto en que me lo pruebe? ¿A caso tienes algo con los curas, amor?" Preguntó el ángel tratando de no echarse a reír.

"¡Claro que no! Es solo interés profesional." Respondió rápidamente el cazador.

El pelinegro asintió acariciando la cintura de su novio con su otra mano. "Claro, meramente profesional."

"Solo quiero saber si te queda bien." Dijo el rubio rodando los ojos. "No pienso ir de compras una vez estemos allí. Los precios estarán inflados en Washington DC."

"Fingiremos que te creo y que no tienes ningún fetiche con los curas." Susurró el ser celestial con una media sonrisa burlona. "Solo para que te quedes tranquilo."

El humano rodó los ojos de nuevo. "Cállate."

"Cállame."

Sin pensarlo si quiera, Dean tomó a Castiel de las mejillas y unió sus labios con los suyos. Llevaban todo el día manteniendo las apariencias delante de su padre para que no sospechara, pero ahora solo estaban ellos dos solos en aquella habitación y podían simplemente ser ellos mismos.

Las manos del ángel fueron a la cadera del rubio, pegándole más a él mientras le seguía el beso. Lo había echado tanto de menos.

Aquella tarde había sido como volver a estar atascados en el pasado, cuando no se atrevían a confesarse sus sentimientos amigos por miedo a joder las cosas o a que el otro no sintiera lo mismo. Había sido una vuelta a las miradas largas, al deseo contenido, a callarlo todo.

Solo que ahora el motivo de ese distanciamiento y las circunstancias en las que se hallaban eran totalmente distintos. Porque ahora sabían que se querían mutuamente y que su amor era posible. Ahora las fantasías en sus cabezas sobre una vida juntos se habían convertido en planes a futuro.

El cazador se separó del beso con una pequeña sonrisa en los labios.

"Te amo, Cas. Lo sabes, ¿verdad?" Susurró mirando los ojos azules de su novio.

"Yo también te amo, Dean." Respondió el pelinegro sonriéndole de vuelta.

Se miraron sonriéndose por unos breves segundos antes de que el rubio se inclinara para volver a unir sus labios en otro beso lento y lleno de cariño.

Cuando se separaron, el ser celestial dejó un beso en su frente. "Ahora duérmete, por favor."

Un viaje, solo es un viaje. Se repitió el humano mentalmente acomodándose mejor en los fuertes brazos del contrario.

··· ··· ···

"¡Qué interesante!"

Gabriel levantó la vista de inmediato para mirar a la bruja al oírla murmurar. Ambos estaban en la biblioteca del búnker. Ella tratando de traducir el conjuro y él revisando otros libros.

"¿Qué has encontrado?" Preguntó el arcángel con curiosidad.

Rowena alzó la mirada esbozando una media sonrisa. "Con este hechizo, querido, solo puedo encerrarle temporalmente."

El rubio volvió a mirar hacia el libro que tenía en sus manos. Eso no era suficiente.

"Pero puedo hacerle alguna que otra modificación... e invertir su efecto." Volvió a hablar la pelirroja. "Miguel sigue en la jaula, ¿verdad?"

"¿Qué estás insinuando?" Interrogó el ser celestial dejando el libro sobre la mesa para mirarla.

"Castiel y tú estáis demasiado débiles para enfrentaros a Lucifer. Incluso en el estado en el que se encuentra ahora mismo, acabaría con vosotros con solo chasquear los dedos." Comenzó a explicar ella. "Sin embargo, Miguel puede hacerlo. Tiene las pilas celestiales totalmente cargadas y una batería extra gracias al alma con la que comparte cuerpo."

Gabriel se recostó en la silla valorando la opción. Era cierto que ellos dos no podían enfrentarse solos al arcángel caído, pero sacar a Miguel de la jaula era algo precipitado.

Había oído muchas cosas en aquellos años y la mayoría de gente aseguraba que el arcángel de la guerra había perdido la poca cordura que le quedaba estando encerrado en el infierno.