Dean abrió los ojos sintiéndose desorientado. Todo lo que pudo ver a su alrededor fue oscuridad total. Su cuerpo seguía tremendamente adolorido por la paliza que había recibido y, por el olor a sangre que le llegaba, estaba bastante seguro de que tenía alguna que otra herida abierta.
Imágenes de lo que había ocurrido cuando había aparcado el Impala iban y venían por su mente.
Se habían metido en la maldita boca del lobo y cuando habían tratado de escapar ya era demasiado tarde. Aquellos demonios se habían avalanzado sobre ellos cual jauría de perros hambrientos sobre un hueso.
El cazador trató de moverse, pero su intentó fue en vano. Le habían atado con lo que, por el tacto, parecían cuerdas guresas. Podía sentir el suelo y el metal de la silla en contacto directo con su piel desnuda, heciéndole temblar levemente por el frío. ¡Genial! Le habían quitado la ropa y, con ella, los cuchillos que llevaba escondidos.
"¿Cas?" La garganta le ardió de dolor al pronunciar aquellas tres letras, provocándole la tos. Aún así, volvió a intentar llamarle. "¿Cas? ¿Estás ahí?"
Necesitaba saber que su ángel estaba bien. No podía quedarse allí sentado pensando que podía estar en peligro, siendo torturado o encerrado en otro lugar alejado de él y malherido. Su propio estado podía pasar a un segundo plano, lo importante era el ojiazul y no tener respuesta empezaba a preocuparle.
Oyó como una puerta se abría a su espalda y la luz del lugar se encendió de pronto, dejándole ver dónde se encontraba. Estaba en una especie de almacén. Unos pasos se oyeron acercándose a él, haciendo que se tensara un poco. Debía de ser uno de los demonios que les habían dado la bienvenida.
"No gastes fuerzas en llamarle." Dijo una voz de hombre algo aguda. "Tu querido angelito no está aquí."
Un hombre alto y delgado pasó a su lado sin siquiera mirarle. Su piel era muy morena y llevaba el pelo negro corto y peinado hacia un lado. Para completar, vestía un traje que parecía ser bastante caro.
"Lamento lo de tu ropa." Volvió a hablar. "Teníamos que asegurarnos de que no llevaras ningún arma encima. Bonitas bragas, por cierto."
"¿Dónde está Castiel?" Preguntó Dean ignorando sus palabras, sin un ápice de vergüenza por estar en ropa interior frente a aquel ser. No le importaba nada más en aquel momento que el ángel.
Su interlocutor se encogió de hombros parándose frente a él. "Tuvimos que deshacernos de él, habría acabado con todos nosotros si no. Ya ha causado un notable número de bajas, no se tomó muy bien tu secuestro." Explicó cruzándose de brazos. "Ahora, si quieres volver a verle, deberías empezar a hablar."
El rubio apretó la mandíbula. "¿Qué es lo que queréis de nosotros?"
"De vosotros, nada. La queremos a ella y sabemos que habéis tenido algo que ver con que se haya ido. ¿Dónde está?"
El humano frunció el ceño confundido. "No sé de qué me hablas."
"Tal vez esto te refresque la memoria." Dijo el demonio frente a él abriéndose la chaqueta y sacando una pequeña daga de un bolsillo interior.
Dean tragó saliva al verla, parecía bastante afilada. No tenía escapatoria posible y ni siquiera sabía a que se refería aquel demonio con lo que le había dicho.
"Te lo preguntaré de nuevo y más vale que me contestes, porque si no vendrá mi jefe a hacerte el interrogatorio en persona y te aseguro que él será mucho menos amable." El pelinegro se acercó hacia él comenzando a rozarle la piel del pecho con la punta de la daga. "¿Dónde tenéis escondida a Kelly Kline?"
··· ··· ···
Gabriel se levantó de inmediato de su silla al oír un gran estruendo en la cocina. Charlie y Mary le miraron para después hacerse una seña entre ellas con la cabeza y levantarse también empuñando sus pistolas, listas para cualquier cosa que pudiera pasar.
Los hermanos Winchester aseguraban que el búnker era el lugar más seguro de la Tierra, pero nadie en esa sala confiaba al cien por cien esa afirmación. Era mejor tener un arma a mano por si acaso era necesario usarla.
"¿Qué ha sido eso?" Preguntó Rowena entrando en la biblioteca. Se la veía bastante nerviosa, casi se podría decir que asustada.
"No lo sabemos." Respondió la madre de los hermanos avanzando hacia la puerta.
"Voy yo a mirar." Anunció Gabriel haciendo un gesto con una mano para que se detuviera y comenzando a caminar despacio hacia el lugar del que había provenido el ruido.
Ambas cazadoras asintieron, pero después de unos segundos le siguieron hacia el pasillo. Si había sido algo grave no podían dejar que fuera solo.
Gran parte de la tensión se disipó en un momento cuando llegaron a la cocina. Castiel estaba allí de rodillas en el suelo con sus alas extendidas y algunos cacharros tirados por el suelo. Su camisa negra estaba rota por varios lados y tenía algunas manchas oscuras que, a decir verdad, tenían toda la pinta de ser sangre.
No tenía buen aspecto en absoluto.
"¡Castiel!" El arcángel corrió hacia él preocupado. "¿Qué ha pasado?"
"Era una trampa." Murmuró a duras penas el pelinegro, ayudándose de su hermano para incorporarse y sentarse en el suelo. "Todo estaba lleno de demonios. Estaban por todas partes."
Mary avanzó un par de pasos guardando su pistola. "Cas, ¿dónde está Dean?"
El ángel dejó escapar un pequeño sollozo negando con la cabeza. "Se le han llevado. Eran demasiados, no pude hacer nada."
Gabriel le miró compadeciéndose de él y comenzó a curarle las alas, que se habían dañado más de lo que ya estaban en al vuelta al búnker.
"Está todo protegido con símbolos, no puedo entrar a por él." Siguió diciendo el recién llegado. Se notaba el dolor en su voz por haber tenido que dejar al humano atrás.
"Vamos a ayudarte a sacarle de allí." Sentenció el rubio. Puede que Dean no fuera santo de su devoción, pero no iba a soportar ver a su hermano pequeño así. "Ve a cambiarte de ropa mientras las chicas y yo preparamos las cosas."
Castiel asintió secándose las lágrimas bruscamente y se levantó del suelo tambaleándose. El vuelo le había dejado agotado, pero no tenía más opciones. Necesitaba ayuda para rescatar a su novio, no podía hacerlo él solo. Ya lo había intentado y había salido bastante mal.
"Ven, querido, te acompaño." Rowena se acercó al ángel y le tomó del brazo, ayudándole a salir de la cocina.
Las dos cazadoras y el arcángel se quedaron allí en silencio viéndoles salir.
"¿Cuál es el plan?" Preguntó Charlie una vez se hubieron alejado un poco mientras se guardaba su pistola. A continuación, le tendió una mano a Gabriel para ayudarle a levantarse del suelo.
"La fuerza bruta no servirá de nada con semejante cantidad de demonios." Reflexionó en voz alta el ser celestial. "¿Crees que podrías colarte en el sistema? Tengo una idea que podría funcionar."
··· ··· ···
"Agente Malik y agente Edwards." Anunció Jordan sacando su placa.
El recepcionista del motel ni siquiera se molestó en apartar la mirada de la revista que estaba leyendo. Su entrada no le había causado gran interés.
Sam, al ver el poco caso que les estaba haciendo, carraspeó forzadamente enseñando también su placa. "FBI, señor. Necesitamenos su colaboración."
Ante aquellas palabras, el hombre levantó la cabeza con desgana y les miró por encima de las gafas todavía sin soltar la revista. "¿Puedo ayudarles con algo?"
"Venimos investigando la desaparición de una joven. Según algunos testigos, se hospedaba aquí." Dijo el rubio guardando su placa. "¿Le importaría facilitarnos el acceso a su habitación?"
El trabajador les miró en silencio por unos breves segundos que parecieron interminables. Finalmente, se levantó de su silla y tomó un manojo de llaves que había colgado a su espalda. Los dos cazadores le observaban en silencio mientras tanto.
"¿Sabéis que habitación era?" Preguntó el recepcionista rodeando el mostrador.
"Sí, la habitación 11 de la tercera planta." Respondió Jordan tratando de mantenerse tranquilo.
El hombre no respondió nada, solo resopló y echó a andar hacia un pasillo que estaba a oscuras. Los dos cazadores guardaron sus placas falsas y le siguieron por el pasillo en completo silencio.
Siendo sinceros, el lugar tenía un aspecto bastante lamentable. La madera del suelo curjía a cada paso que daban. La pintura de las paredes, desnudas de toda decoración, se caía a cachos y las manchas de humedad en el techo hacían compañía a las lámparas viejas, que tenían aspecto de llevar allí instaladas desde la construcción del edificio, y a las telarañas.
Si a alguien se le ocurriese grabar un corto de terror en aquel lugar, podría ahorrarse toda la escenografía, ya venía de serie. Seguro que hasta venía con fantasmas propios, o al menos con leyendas inquietantes.
Una pequeña sonrisa curvó los labios de Sam. Tal vez llamara a los Ghostfacers solo para reírse un rato cuando acabaran con lo de la amiga de Jordan.
"Espero que no os importe tener que subir escaleras. Se nos ha averiado el ascensor."
El menor resopló. "Como si alguna vez hubiera tenido uno." Masculló para sí mismo.
"No se preocupe." Respondió el más alto dándole un suave empujón con el hombro al otro cazador. "No es ningún problema."
Ante sus palabras, el Winchester recibió una mala mirada como contestación, pero el de ojos marrones no dijo nada.
Las escaleras estaban iluminadas por un par de bombillas, de las cuales una parpadeaba como si estuviera a punto de fundirse. Definitivamente era un lugar más que tétrico.
"¿Estás seguro dde que tu amiga se hospedaba aquí?" Susurró el castaño mientras subían el primer tramo de escaleras.
Jordan asintió no muy seguro, mirando bien donde pisaba. La madera de los escalones, al igual que la del resto del suelo, no generaba especial confianza. Daba la sensación de que en cualquier momento las escaleras fueran a caerse si pasabas más de dos segundos sobre ellas.
"Por supuesto, Vicky me envió la ubicación. Era aquí."
"De acuerdo, si tú lo dices..." Respondió el mayor encogiéndose levemente de hombros.
El resto del camino por el interior del motel fue en silencio. Terminaron de subir las escaleras hasta el tercer piso y, una vez allí, el recepcionista les condujo por un pasillo no mucho mejor iluminado que el resto.
No caminaron mucho más. La puerta de la habitación estaba a mitad del pasillo a mano derecha.
Era de madera oscura. Lo único que la diferenciaba con una puerta normal del interior de una casa era el número enorme de metal oxidado atornillado en la mitad superior y la pequeña cerradura bajo el pomo.
Lo que vieron cuando el hombre abrió la puerta les dejó totalmente atónitos.
La habitación entera estaba hecha un desastre. Había papeles, ropa y libros tirados por todas partes. La cama estaba totalmente desecha y volcada sobre un lateral y las cortinas estaban arrancadas.
Para completar la escena, había un conejo negro con la punta de las orejas blancas y grandes ojos verdes encima del escritorio, que, por las marcas en el suelo, estaba movido de su sitio.
Tenía toda la pinta de que había habido una gran pelea en el lugar.
"Bueno..." El trabajador se aclaró la garganta tendiéndole las llaves a Sam. "Yo mejor me voy para dejaros trabajar. Cerrad la puerta al salir."
Mientras el hombre se alejaba por el pasillo, el castaño dio un paso hacia adelante para comenzar a inspeccionar el lugar.
Al ver al conejo bajarse de la mesa de un salto y acercarse a él, el mayor sonrió tomándolo en brazos.
"No me habías dicho que tu amiga tuviera una mascota." Comentó acariciándole la cabeza al animal.
Jordan se había quedado en la puerta y miraba al conejo fijamente como si el probe bicho estuviera en llamas. "Porque no tiene ninguna, Sam."
