Los truenos rugían en el exterior, acompañando a la lluvia y al viento que golpeaban con fiereza los cristales de la habitación del motel. En apenas unas horas se había levantado de golpe una tormenta terrible, de las que era mejor que te pillara resguardado.

Sam levantó la vista de los papeles que estaba leyendo y vio un rayo surcar el cielo. Una mueca se abrió camino por su rostro mientras se estiraba para coger su teléfono. Debería llamar a su hermano.

A Dean nunca le habían gustado las tormentas, mucho menos las eléctricas. Les había tenido miedo desde que el castaño podía recordar.

En las noches de tormenta, cuando John estaba de caza y los dos hermanos eran pequeños, solían hacer un fuerte improvisado con las mantas, almohadas y cojines que lograran encontrar por la habitación de motel en la que les hubiera dejado su padre esa vez. Se refugiaban en el interior y esperaban a que amainara.

Otras veces, no tenían tanta suerte. John se quedaba en el motel con ellos. Él detestaba que mostraran la más mínima muestra de debilidad y, bajo su criterio, el miedo era una muestra enorme de esta.

¡Comportaos como hombres! Solía decirles a gritos al verles temblar con el bramido de los truenos. ¡Malditos mocosos! ¡Solo sabéis lloriquear!

No hace falta decir que la mayoría de veces estaba borracho. Su padre tenía serios problemas con el alcohol que no creía que se hubieran resuelto durante su estancia en el infierno, seguramente no habían hecho más que empeorar. Muchas veces, sobre todo cuando eran más pequeños, esos problemas habían derivado en palizas.

"¿Sam?"

El nombrado parpadeo varias veces seguidas saliendo de la burbuja de pensamientos en al que se había envuelto. Jordan le miraba con un libro en las manos y la preocupación claramente pintada por todo el rostro.

"¿Va todo bien? Te has quedado algo pensativo." Preguntó el rubio cerrando el libro y acercándose a él.

El mayor asintió rápidamente dejando los papeles que había estado leyendo sobre sus piernas para poderse centrar en su teléfono.

"¿Has encontrado algo interesante?" Inquirió el canadiense sentándose en el suelo junto a la silla en la que estaba el mayor y cogiendo los papeles que él acababa de dejar.

Sam negó desbloqueando su teléfono y abriendo la agenda de contactos. "Solo notas de la caza sobre los lugares que había revisado y los testimonios de los testigos y víctimas."

Jordan asintió dejando los papeles a un lado. Aún les quedaba mucho por revisar de todo lo que habían encontrado en la habitación de Vicky.

"Voy a llamar a mi hermano, espero que no te importe." Anunció el mayor buscando el contacto. "Puedo salirme fuera para hablar si te molesto."

"No, no te preocupes, quédate aquí." Dijo su compañero. A continuación miró su reloj de muñeca. "Pero no sé si te lo cogerá ahora. Misuri va una hora por delante, será ya la una de la madrugada allí."

El estadounidense alzó la vista para mirarle y luego la volvió a bajar para ver la hora en el móvil. Era cierto, ya era muy tarde. Dean probablemente estaría durmiendo y él no quería despertarle.

Además, pensándolo bien, solo había sido una estupidez. Probablemente ni siquiera haría el mismo tiempo en Kansas City y dentro del búnker la diferencia entre un día lluvioso o un día soleado era mínima.

"Tienes razón." Dijo Sam dejando su móvil sobre la mesa y cogiendo otro montón de papeles para revisarlos. "Mejor le llamo mañana por la mañana."

El rubio sonrió débilmente, sabiendo que había algo más rondando la mente de su compañero. No se conocían desde hacía mucho, pero el castaño era como un libro abierto para quien se supiera fijar en los detalles.

"Creo que por hoy hemos hecho ya más que suficiente." Aseguró quitándole los papeles con cuidado y levantándose del suelo. "Vámonos a dormir, Sam."

El castaño asintió levantándose también y siguiéndole hacia la cama. Habían dejado las cajas con las cosas de Vicky apiladas a un lado de la habitación e imporvisando sobre la marcha se habían hecho con un transportín para el conejo, al que habían dejado libre por la habitación al llegar.

Jordan comenzó a desabrocharse la camisa. Tenía un pijama en la bolsa de ropa que había traído. "No te importa que me cambie aquí mismo, ¿verdad?"

El mayor alzó la mirada mientras cogía su propia bolsa, que había dejado previamente debajo de la cama, encontrándose con la mirada del canadiense. Tragó saliva cuando sus ojos se fueron inevitablemente hacia su pecho descubierto. Llevaba demasiado tiempo sin tener acción.

"Y-yo..." Sam se levantó bolsa en mano y carraspeó. "Iré a cambiarme al baño."

"Está bien." Aceptó el rubio terminándose de quitar la camisa y comenzando a desabrocharse los pantalones. "Ya que vas para allá, aprovecha y date una ducha fría." Bromeó haciendo un gesto con la cabeza hacia la entrepierna del castaño.

El estadounidense se apresuró a entrar en el baño sintiéndose abochornado. Efectivamente, necesitaba una ducha. Y también necesitaba una buena dosis de alcohol para calmar sus nervios.

Ya en el baño, dejó la bolsa sobre la tapa del retrete y abrió el grifo del lavabo para echarse un poco de agua en la cara. Solo iba a ser una noche. A la mañana siguiente, cuando la tormenta hubiera cesado, buscarían otro sitio. Esta vez uno con dos camas a ser posible.

··· ··· ···

"Una terrible tormenta eléctrica está asolando el país entero y, por lo que nos aseguran nuestras fuentes informadoras, Estados Unidos no parece ser el único que lídia con estas difíciles y extrañas circunstancias climatológicas." Decía el periodista que aparecía en la pantalla. "Las autoridades ruegan a los ciudadanos que permanezcan a resguardo hasta que el temporal haya cesado."

Dean no le estaba prestando atención a la televisión realmente, solo la había puesto de ruido de fondo para tapar la tormenta. Sentado en el borde de la cama con una taza de té entre las manos, que había pedido al servicio de habitaciones, y vestido con una camiseta de pijama y una bata, le daba vueltas al caso de Kelly Kline.

Había muchas cosas que no le cuadraban.

No era posible que simplemente se hubiera fugado. Ahora que sabía que estaba más que relacionada con el mundo sobrenatural, esa opción quedaba totalmente descartada. ¿Cómo iba una civil a desaparecer del mapa por su propia cuenta con más de media plantilla del infierno vigilándola? Ahí tenía que haber algo más. Sentía que se había perdido algo cuando intentaba juntar los datos que tenían y eso no le gustaba.

A todo esto además se le había añadido una nueva incógnita. ¿Por qué Lucifer tenía tanto interés de repente por una humana? Nunca le había importado la humanidad, incluso había tratado de destruirla en varias ocasiones.

Tal vez fuera un recipiente casi tan resistente como Sam. En ese caso, ¿por qué no la había poseído sin más? Aquel arcángel tenía sus maneras de coaccionar a la gente para conseguir lo que quería de ellos.

Pero, si no era eso, ¿qué más podía ser? No había más opciones, que él supiera.

"¿En qué piensas?" Preguntó Castiel desde su lado de la cama.

El ángel estaba tumbado sobre su espalda con las alas completamente extendidas y las manos cruzadas detrás de la nuca mientras veía la televisión, o, al menos, mientras fingía verla, porque se había pasado la última hora mirando al rubio. Para mayor comodidad, cuando habían vuelto a la habitación después de cenar, se había cambiado de ropa, quedando solo vestido con los pantalones de pijama que complementaban la camiseta de su novio.

Aquella imagen, ya de por sí imponente, era realzada por la iluminación intermitente de los relámpagos que se colaba en la habitación a traves de las finas cortinas.

Dean negó con la cabeza levantándose de la cama. "En nada." Contestó con simpleza caminando hacia la mesilla de noche para dejar la taza.

"¿Seguro?"

El cazador asintió y apagó la televisión. No tenía gran interés en las noticias que pudieran dar a aquella hora. Era la una de la madrugada pasadas, si ocurría algo digno de mencionar lo dirían en el telediario de por la mañana, cuando tuvieran más audiencia.

Los truenos seguían rugiendo en el exterior y cada vez sonaban más fuerte y de forma más violenta. Era casi como si alguien estuviera descargando toda su ira en forma de tormenta.

"Parece que Chuck no está muy contento." Bromeó el humano quitándose la bata para meterse en la cama.

El pelinegro le miró con una mueca de confusión y la cabeza ladeada a modo de pregunta silenciosa. Como una respuesta recibió un gesto vago de su novio hacia la ventana.

Alzando las cejas en comprensión a lo que se refería, Castiel negó con la cabeza incorporándose en la cama y doblando las alas para hacerle espacio.

"No gestionamos los fenómenos meteorológicos en el cielo." Dijo el ser celestial con una pequeña sonrisa queriendo formarse en sus labios. "La propia naturaleza se encarga de eso." Rápidamente añadió: "Salvo en casos excepcionales, como el diluvio universal. Ahí si que intervino él personalmente."

El cazador, ya sentado sobre la cama, volvió a mirar hacia la ventana. Si alguien le dijera que estaba ocurriendo el segundo diluvio universal le creería perfectamente.

"¿Crees que esta vez...?" Preguntó no sabiendo muy bien si quería saber la respuesta.

El ángel negó con la cabeza de nuevo. "Si hubiera vuelto a usar sus poderes para algo tan importante, estarían como locos en radio-ángel."

"Bien." Respondió Dean no mucho más tranquilo, tumbándose después en la cama y tapándose con la sábana. Sabía que con la tormenta no iba a dormir demasiado, así que se giró sobre sí mismo para mirar a su novio. "¿Has vuelto a tener noticias de allí arriba?"

"No, los ángeles están muy callados últimamente." Dijo el pelinegro con tranquilidad. Era buena señal. Si no decían nada, era porque no pasaba nada fuera de lo común.

Tras unos segundos de silencio, roto por los truenos y la lluvia, en los que solo se dedicaron a mirarse el uno al otro, Castiel se recostó de lado en la cama y subió una mano para acariciar una de las mejillas de su novio.

"Sé que no quieres hablar de lo de esta mañana." Comenzó a decir, con la mirada clavada en aquellos ojos verdes que le tenían embelesado. "Aún así, deberíamos hablar de ello."

El cazador cerró los ojos disfrutando de la caricia. "Déjalo, por favor. Estamos bien, eso es lo importante."

La mano del ser celestial tembló levemente. No le había contado lo que había ocurrido durante el tiempo que habían estado separados. El humano no sabía que había resultado herido tratando de librarse de los deminios en un primer momento o que se había destrozado las alas volviendo al búnker.

En aquel momento, era prácticamente mortal. Solo le quedaban unas migajas de gracia despues de haber curado al rubio e iba a tardar bastante en reponerse.

Prefería ocultárselo a Dean por el momento. No quería preocuparle más.