Dean miró pensativo la fotografía que tenía entre sus manos. De fondo, además de la tormenta que seguía ejerciendo de banda sonora, podía escuchar el ruido del agua corriendo en la ducha.

Castiel llevaba toda la semana muy raro. Comía, dormía y en general había comenzado a comportarse como un humano; a excepción, claro, de sus alas, que seguían allí y las mantenía a la vista cuando estaban en la habitación.

Había algo de todo aquello que no le olía bien al cazador. Por supuesto, comprendía que la pelea con aquellos demonios el la Casa Blanca una semana atrás le habría dejado debilitado, pero no sabía hasta qué punto y toda aquella situación comenzaba a mosquearle.

Devolviendo su atención a la fotografía, la examinó concienzudamente. Era del apartamento de Kelly. No podía ir allí físicamente, así que, en cuanto la luz había vuelto un par de días atrás, había contactado con la comisaría que estaba llevando el caso para hacerse con todo el material que tuvieran.

Tampoco es que la vuelta de la electricidad hubiera durado mucho, pero había sido suficiente. Había coincidido con un intento de la tormenta de amainar, lástima que al día siguiente no solo hubiera continuado si no que la lluvia hubiera pasado a ser nieve y granizo de un tamaño considerable.

En aquel momento, estaba agradecido de que su nena estuviera a salvo en el garaje del búnker.

Volviendo al tema del trabajo, a falta de una pizarra sobre la que trabajar o de una de las cómodas mesas de la biblioteca del búnker, había tenido que recurrir a la improvisación sobre la marcha.

Solo le había hecho falta un par de sonrisas y palabras bonitas para ganarse el favor de la ayudante del gerente del hotel, una joven muy simpática que había estado encantada de ayudar en un caso del FBI facilitándole un paquete de folios, varios bolígrafos y rotuladores de colores y un rollo grande de celo. Además, para poder trabajar mejor, ya que con la cantidad de velas que habían repartido por habitación no le daba para mucho, había conseguido hacerse con una cantidad extra intercambiándolas con otros huéspedes por otras cosas, como, por ejemplo, cajas de cerillas o bebidas del minibar.

Le puso un trozo de celo en la parte de arriba a la foto y la pegó en la pared, cogiendo otra después. Esta era del interior del coche de la desaparecida.

El rumor del agua cesó y supo que Castiel no tardaría mucho más de un par de minutos en salir del baño.

Dejando escapar un suspiro, el rubio siguió analizando la foto. No había nada fuera de lo común, nada fuera de su sitio. Todo estaba perfecto, como el set de una película.

La puerta del baño se abrió a su espalda y el ángel salió con sus grandes alas negras plegadas a la espalda. En una mano llevaba un bote de champú y con la otra sujetaba bien la toalla que llevaba envuelta alrededor de la cadera.

"Cariño, ¿estás muy ocupado?" Preguntó con algo de duda.

Dean se giró con una pequeña sonrisa en el rostro, dejando la foto donde la había cogido, y negó con la cabeza. "¿Necesitas algo, amor?"

"Que me ayudes con..." El pelinegro se aclaro la garganta bajando la mirada al suelo. "Bueno, con mis alas." Un leve sonrojo cubría sus mejillas mientras le tendía el bote de champú. "No puedo enjabonarlas yo solo."

El cazador sonrió enternecido y camino hacia él. Tomando el bote, dejó un beso en su mejilla. "Por supuesto, cielo, pero sería mejor que hiciéramos esto en el baño."

Asintiendo con la cabeza, el ser celestial echó a andar hacia el cuarto de baño, siendo seguido por el rubio.

Entraron en el lugar. Castiel se quitó la toalla de espaldas al humano y extendiendo sus alas.

Dean se quedó boquiabierto ante tal imagen. No era como si no hubiera visto a su novio desnudo con anterioridad, pero siempre había mucha acción de por medio y no tenía tiempo para apreciar las vistas como era debido.

"¿Vienes?" Preguntó el ángel dejando la toalla colgada del perchero que había al lado de la ducha y entrando en esta.

El rubio tragó saliva asintiendo y se quitó la bata rápidamente, no importándole dónde caía. Después, se metió en la ducha también y se posicionó detrás de su pareja.

"No quiero hacerte daño, avísame si soy muy brusco." Pidió el cazador abriendo el bote y echando un poco del espeso líquido en su mano libre.

"Bien."

Los labios del pelinegro se curvaron en una sonrisa al sentir poco después las manos de su novio comenzar a masajear sus alas esparciendo el champú con cuidado. Le gustaba tener esa cercanía y confianza con él.

El humano, que había comenzado a enjabonar por el álula, fue bajando hacia las coberteras, masajeando las alas suavemente tratando de hacerlo lo mejor posible. Era la primera vez que se veía en una situación así, aunque, con un ángel como novio, tendría que acostumbrarse.

Varias dudas surcaron su mente. ¿Cómo habría hecho para limpiarlas durante todos aquellos años que había pasado con ellos en la tierra? ¿Los ángeles se acicalarían como hacían los pájaros? ¿Lo harían solos por parejas?

Apoyándose en la pared con sus manos, el ser celestial dejó escapar un leve suspiró que cortó el hilo de pensamientos de su novio.

Tal vez no hubiera sido tan buena idea pedirle ayuda a Dean para aquello al fin y al cabo.

"Cas, ¿va todo bien?" Preguntó al notar su reacción. Como toda respuesta recibió un asentimiento de cabeza. "¿Quiéres que siga?"

"Sí, por favor." Pidió Castiel mordiéndose el labio después. Sus coberteras mayores eran demasiado sensibles y las manos del hombre tras él, demasiado buenas.

Alzando las cejas sorprendido, el cazador dejó que una sonrisa se formara en sus labios al notar lo que realmente ocurría. Terminó de enjabonarle las alas lo más deprisa que pudo, pero asegurándose de que lo hacía bien. Después, volvió a subir sus manos hacia la zona de antes, esta vez centrándose simplemente en acariciar y masajear en busca de más reacciones.

El ángel temblaba bajo cada una de las caricias del rubio, estremeciéndose cuando pasaba las manos por ciertos puntos específicos.

"Pensé que ya habías pasado por ahí." Indicó en un susurro el pelinegro con la respiración entrecortada por la excitación.

No le molestaba en lo más mínimo, más bien le gustaba mucho. Las caricias estaban empezando a hacer que otra parte de su cuerpo despertara.

La sonrisa del humano se ensanchó. "¿No te gusta, cariño?"

"Sabes que sí." Murmuró cerrando los ojos. "Pero creí que no te gustaba el sexo en la ducha."

Dean rió suavemente. "Bueno, nunca lo he intentado con un ángel."

Sin decir nada más, el ser celestial se dió la vuelta, con sus alas chocando contra la mampara y las paredes, y tomó de la nuca a su novio con una mano para besarle.

El cazador sonrió contra los labios de Castiel tomándole de la cintura para acercarle más a su cuerpo mientras le seguía el beso.

Llevando su mano libre a la cadera del hombre, el ángel acorraló al rubio contra la pared, disfrutando de cada instante.

Al romper el beso, el humano acarició el abdomen de su novio mientras este le besaba el cuello. Una pequeña sonrisa decoraba su bonito y pecoso rostro.

"Me alegro de que se haya desatado esta tormenta." Susurró el pelinegro contra su pálida piel entre beso y beso. "Nos está dando unas buenas vacaciones."

Dean le hizo separarse un poco para poder mirarle y le sonrió. "Las mejores vacaciones."

Su vista cayó en el abdomen del ser celestial, haciendo que su ceño se frunciera levemente. "Aún lo tienes..." Murmuró acariciando su tatuaje.

Castiel asintió con una sonrisa ladeada. "Cariño, no es la primera vez que me ves desnudo. Lleva años ahí."

Ante aquella contestación, el cazador volvió a mirarle a los ojos, esta vez con un gesto pensativo.

"Lo siento, amor, tengo que comprobar una cosa." Se excusó antes de salir de la ducha.

No se molestó en calzarse o en volver a ponerse la bata. Caminó de vuelta a la habitación en ropa interior y con las manos llenas de jabón, dirigiéndose directamente hacia el mueble donde tenía las pruebas que le habían enviado de comisaría.

Antes de coger nada, buscó una toalla con la mirada o alguna prenda de ropa con la que secarse las manos.

"Toma." El ángel, de pie tras él, le tendió una toalla. "El caso, ¿verdad? ¿Has descubierto algo nuevo?"

El rubio asintió secándose las manos con la toalla que su novio le había llevado. Después, se abalanzó sobre las pruebas comenzando a rebuscar.

"¿Qué es?" Preguntó con curiosidad el pelinegro dejándole hacer.

"Un recibo." Respondió brevemente. "Me enviaron el historial de la tarjeta de crédito de Kelly."

"¿Y era muy importante?" El ser celestial le miraba sin entender muy bien que ocurría.

"Al principio pensé que no lo era." Dijo el humano todavía rebuscando entre todos los papeles. "Pensé que le habrían robado la tarjeta y no le di más importancia, pero ahora todo cobra sentido. Necesitaría ver el diseño, pero en el recibo pone: tatuaje letras/símbolos; así que creo que ya sé de qué puede tratarse."

··· ··· ···

Lucifer veía complacido a través del gran ventanal, que ocupaba casi toda la pared, como la tormenta hacia imposible distinguir nada tres palmos más allá del cristal.

A su espalda, tres príncipes del infierno aguardaban en silencio. Dagon, apoyada contra una columna, giraba una daga pequeña entre sus dedos atenta a todos y cada uno de los movimientos del arcángel; Asmodeus miraba alrededor con curiosidad, sentado en un sofá; por último, Ramiel se movía nervioso, pasando su peso de una pierna a otra y mirando sus pies con las manos en los bolsillos.

"¿Falta mucho para que lleguen?" Preguntó el ser celestial sin molestarse en darse la vuelta.

El ruido de una puerta abriéndose llenó la habitación antes de que nadie pudiera contestar.

"Ya estamos aquí."

Una pequeña sonrisa tiró de la comisura de los labios de Lucifer. Ahora por fin podía dar comienzo la reunión.

··· ··· ···

Mary tarareaba una vieja canción bastante famosa en sus tiempos jóvenes mientras caminaba hacia la biblioteca cepillándose su largo pelo rubio. Sobre el pijama llevaba una bata que había cogido prestada de la habitación de su hijo mayor, en un intento de mantener el frío a ralla.

La luz había vuelto, pero, por lo que Gabriel había dicho, solo en el búnker, así que no podían usar la radio, ni la televisión y el internet no funcionaba. Pese a eso, había sido una vuelta tan reciente que la calefacción aún no funcionaba demasiado bien.

"Buenos días, señora Winchester. Veo que lleva bien la resurrección."

La cazadora se sobresaltó al oír la desconocida voz, poniéndose en alerta y lista para lanzarle el cepillo al intruso. Un hombre de su misma altura estaba de pie en el medio de la biblioteca con un libro en las manos. Tenía los ojos azules y el pelo rizado y canoso.

"¿Quién eres tú?" Preguntó con el ceño fruncido.

"¿Sus hijos no la han hablado de mí?" Respondió él cerrando el libro.

"¿Mary? ¿Va todo bien?" Gabriel entró en la biblioteca daga de arcángel en mano. Vestía un pijama con estampado de canguros y llevaba la parte superior del pelo recogida con un pequeño moño. "Te he oído hablar con alguien y he..."

Sus palabras se cortaron de golpe al ver al hombre frente a ellos.

"Hola, hijo. ¿Cómo va tu estancia en la Tierra?" Preguntó despreocupado.

El arcángel apretó la mandíbula y se fue por donde había venido sin responder a la pregunta, dejando a la cazadora aún más confundida.

Carraspeando para llamar su atención, el hombre dejó el libro sobre la mesa más cercana. "¿Están Sam y Dean? Tengo que hablar con ellos, es de carácter bastante urgente."

Mientras tanto, Rowena trasteaba con un par de cacerolas en la cocina. Necesitaba contactar con Sam para consultarle un par de cosas, pero, con los teléfonos fuera de la ecuación, tenía que improvisar una forma alternativa de comunicación.