Prompt inspirado en el Juego del Calamar~
Fans del Otayurio, favor de no leer xD
Viktor miró silenciosamente la pantalla tras su máscara.
Sus invitados, los adinerados hombres de negocios que tan gentilmente donaban dinero a la causa para poder llevar a cabo los eventos, habían apostado todo a un único sobreviviente.
El número 218: Yuri Plisetsky.
Era lo esperado. Plisetsky era el jugador más interesante de los últimos años. Un chico que acababa de cumplir la mayoría de edad pero que aún así no tuvo los escrúpulos de eliminar a todos los oponentes que podía en cada oportunidad que se le presentaba incluso si tenía que mancharse las manos él mismo, aún así se trataban de sus temporales compañeros de equipo o su pareja. Era un prodigio y un ganador nato.
No obstante, sus invitados fallaron en notar que la única razón por la que Plisetsky seguía con vida era gracias a que se había aliado con Katsuki Yuuri, el segundo sobreviviente.
Katsuki, para sorpresa de muchos, había pasado cada juego sin muchos problemas luego del comprensible ataque de pánico inicial. Él era un adulto, aunque no lo pareciera; un deportista de gran habilidad física y habilidad mental, aunque no lo pareciera, que tenía un buen encaminado sentido de la justicia y hermandad, por lo que su reto personal fue ayudar a todos los jugadores que pudiera a concluir las rondas, por lo que no era de extrañarse verlo llorar por las noches cada vez que fallaba, con Plisetsky en la litera de arriba diciéndole que se callara.
Y curiosamente, el día que su equipo y él acabaron con la vida de diez personas durante el Juego de la cuerda, Katsuki no derramó ni una sola lágrima. Sólo se sentó en su cama, abrazado a sus piernas y mirando a la oscuridad en un estado casi catatónico. Viktor sintió su corazón quebrarse en dos y temió que el Jugador 456 fuese a ser eliminado en la siguiente ronda.
Evidentemente Katsuki sobrevivió junto con Plisetsky, y ahora se enfrentaría a un último reto para decidir quién se llevaría el premio.
"¡Bien! ¡Sacó el cuchillo!" Exclamó uno de los invitados mientras aplaudía, el de la máscara de gato. Había apostado mucho dinero a que el Jugador 218 ganaría usando el cuchillo que les fue entregado en la cena de gala.
Viktor se preocupó un momento. Sabía que Katsuki no tendría las agallas para acabar con la vida del chico y que Plisetsky no se detendría por clemencia. Su única opción era defenderse o luchar por su vida.
No era el trabajo del Líder reclutar jugadores, pero a Katsuki lo reclutó él mismo una tarde que tuvo que usar el metro (porque su cadillac rosa se averió) y lo escuchó hablar por teléfono con alguien y decirle cuán triste estaba porque su perro sufrió un accidente y estaba retenido en la veterinaria porque no pudo pagar por la operación. Viktor sintió empatía, y otras emociones, por primera vez en años. Y por supuesto, usó su encanto natural y palabras bañadas de miel para convencer a Katsuki de que existía una forma 'fácil' de conseguir dinero y asegurarle que no se trataba de sexo, pues el hombre japonés no era el usual jugador endeudado dispuesto a todo.
Y Viktor, como el Líder, podía favorecer a cualquier jugador…
"Uh. No esperaba eso." Comentó con cierta decepción el inversionista de la máscara de conejo mientras se llevaba una copa de champagne a los labios. "Pero fue un juego justo. Lástima que aposté todo al Jugador 218, no creí que el 456 lo lograría."
Viktor sonrió, complacido y satisfecho por el resultado, sintiéndose más enamorado porque Yuuri no sólo había llenado sus expectativas, también las había superado.
"Debo admitirlo, querido Líder, tuviste un excelente ojo con el Jugador 456." Habló el de la máscara de Zorro, quien sabía que era su querido amigo y compañero de negocios Chris. "Ahora entiendo por qué lo elegiste. De hecho, me sorprende que no le hayas dado ningún trato preferencial."
"Sabía que el Jugador 456 ganaría sin mi intervención." Contestó con una gran sonrisa escondida por su máscara. No era del todo una mentira.
Viktor siempre confió en que Katsuki tenía muchas posibilidades de ganar, pues los juego estaban diseñados para favorecer a los que seguían las reglas. Sin embargo, no estuvo demás advertirle a los guardias en que debían dejarlo vivir en caso de que fuera eliminado, o discretamente darle ventajas en caso de que las necesitara. Y obviamente tampoco iba a permitir que el Jugador 218 lo asesinara.
Pero todo aquello fue, al parecer, innecesario. Yuuri superó cada juego sin ayuda externa, valiéndose de su propio ingenio, fuerza e instinto de supervivencia, así que fue fácil para él esquivar la navaja dirigida múltiples veces hacia su cuerpo, protegiéndose a veces con sus brazos, y entonces, en un movimiento desesperado, usó su propio cuchillo para atizar un único golpe directo al pecho de su oponente en defensa propia.
El jugador 218 entonces se desplomó en el suelo, boca arriba y ojos abiertos. Katsuki, cansado, herido y horrorizado, cayó de rodillas a su lado y gritó antes de desmayarse.
‐-
Cuando Yuuri abrió los ojos y sintió dolor en todo su cuerpo, no pensó en nada más allá en que había despertado un día más dentro de aquel terrible juego. No obstante, el colchón era más cómodo de lo normal, y el olor a sudor y sangre ajena había desaparecido por completo. Además, hacía más de una semana que no se sentía tan limpio.
Al sentarse de golpe y mirar a su alrededor vio, además de que era de noche, que no se encontraba en su litera sino acostado en una cama grande, rodeado de las prístinas paredes de una habitación lujosa con una gran ventana con vista al mar, y que sus brazos y otras heridas estaban cubiertas de vendas o apósitos. Su uniforme verde había sido cambiado por un fresco pijama azul.
Y mientras el japonés intentaba descifrar cómo había llegado allí, lo sucedido horas atrás regresó a su mente, haciéndolo abrir mucho los párpados.
"Están muertos… Todos están... muertos…" Murmuró para sí mismo, con la voz ahogada por sus propias manos. Michele, Sarah, Seung-Gil, Leo, Otabek y... "Yuri… Yo… fui yo quien…"
Un ladrido hizo que Yuuri se sobresaltara y se percatara del perrito miniatura que estuvo durmiendo a su lado todo el tiempo.
"¿Vi-Vicchan?" Inquirió incrédulo, levantando al poodle para mirarlo, notando las vendas en sus patitas delanteras. Vicchan movía la cola alegre, encantado de recibir atención de su humano.
¿Cómo era posible que Vicchan estuviera allí, a su lado? El poodle debería estar todavía en la veterinaria, descansando tras la operación que no pudo pagar.
"Veo que ya estás despierto, Jugador 456." Habló un hombre de cabello plateado tras entrar a la habitación, quien usó el interruptor para encender una luz tenue. El japonés reconoció de inmediato su cara y acento ruso. "¿Puedo llamarte Yuuri, cierto?"
"Tú… Tú eres ese hombre." Yuuri abrazó a su perro tras reconocerlo. Aquel hombre fue quien le había hablado sobre los Juegos, no obstante, jamás explicó la naturaleza sombría tras ellos, pues los había hecho sonar tan indefensos como un torneo de ajedrez. "¡Tú me engañaste!" Gritó, sintiendo sus heridas doler, pero no le importó, pues el miedo y el estrés momentáneamente se convirtieron en rabia. "Por tú culpa yo…yo..." Giró su cabeza y lágrimas resbalaron por sus mejillas. El poodle intentó animarlo con lamidas.
"Lo sé, y lo siento mucho." El hombre de cabello plateado hizo una reverencia inclinando el torso hacia adelante, ojos cerrados, manteniendo una expresión seria al regresar a su postura inicial. "Pero tuve que hacerlo para probarte." Abrió los párpados y miró a Yuuri con sus intensos ojos azules, haciéndolo estremecer. El traje gris y la corbata roja no hacían sino que acentuar más su figura y atractivo.
"¿Pro-probarme?" Repitió al tiempo que retrocedía sobre la cama, pues el hombre caminó un paso adelante. "¿A qué te refieres?" Espetó con el ceño fruncido, intentando mantener la distancia entre ellos.
"¿Recuerdas mi nombre, Yuuri?" Preguntó con una pequeña sonrisa, la cual parecía en verdad amistosa y gentil.
"No." Respondió de inmediato. Era una mentira. Era difícil olvidar el nombre de alguien que tenía el mismo nombre que su perro.
Viktor, en lugar de molestarse, rió divertido y ladeó la cabeza para negar.
"A eso me refiero, quería probar si serías capaz de sorprenderme de nuevo. La primera vez fue cuando te escuché hablar sobre tu pequeño Vicchan y el cómo necesitabas del dinero para la operación de sus patitas porque un auto lo arrolló. Me sorprendió sentir compasión." Respondió como si fuese algo obvio.
"¿Q-qué?" Yuuri tragó saliva, no estando seguro si quería escuchar lo demás.
"Yuuri." Otro paso adelante. "Mi instinto me dijo que tú serías el vencedor, y la única manera de comprobarlo era hacerte jugar." Alargó una mano hacia el japonés. "No obstante, soy humano y dudé, temí que fueras a perecer en cualquier momento junto a esos criminales, por lo que quize darte ventajas." Pasó gentilmente las yemas de sus dedos por su barbilla. Yuuri lo miró sin parpadear. "Sin embargo, no las necesitaste, y gracias a eso pude mantener mi integridad como Líder. Tienes mi respeto y admiración por eso."
"¿Lí-líder?" Repitió, sintiéndose débil de pronto, preguntándose a sí mismo por qué permitía que Viktor siguiera tocando su cara y por qué no podía desviar la mirada de su rostro angelical. "Entonces fuiste tú… Nos hiciste jugar, nos hiciste matarnos entre nosotros. Yo… maté..." Cerró los ojos y no pudo continuar.
"Sí, yo soy el encargado de elegir los juegos." Admitió sin problemas. "Pero yo no los obligué a nada. Los jugadores fueron los que decidieron que acabar con la vida de otros jugadores les daría ventajas. Matar nunca fue parte de las reglas." Apoyó su mano abierta sobre el mentón de Yuuri y usó el pulgar para tocar su labio inferior de manera exploratoria, casi tímida. "Plisetsky decidió por sí mismo atacarte cuando lo único que tenía que hacer era pisar la línea de meta. Tú sólo te protegiste de él." El peliplateado lo racionalizó con tanta frialdad que Yuuri lo miró con horror.
"Pero el juego de jalar la cuerda…"
"Defensa propia." Repitió. "Eras tú o ellos. Y ellos no dudaron en tratar de acabar contigo y tu equipo." Se sentó en la cama, deslizando su mano ahora hacia su mejilla. Yuuri se apoyó sobre ella sin darse cuenta. "Deja de culparte, Yuuri." Suavizó su voz y su mirada. "Ellos iban a morir por sus propios vicios tarde o temprano. ¿Recuerdas cuando el Jugador 001 pidió cancelar el juego y al final votó por continuarlo tras enterarse del monto acumulado?"
Yuuri apretó los dientes.
Lo recordaba bien. Jean-Jaques había comenzado una votación formal para que terminara el juego, y a pesar de que los números estaban igualados, el japonés confiaba en que, al ser el Jugador 001 el último en tomar una decisión, su voto los llevaría de vuelta a casa. Al final JJ decidió que ese dinero lo gastaría en una mansión con piscina.
Ciertamente fue satisfactorio verlo morir.
"Nosotros queremos darles una segunda oportunidad de vida a cada jugador." Continuó Viktor. "Un escape para pagar sus deudas y enderezar sus vidas, pero en lugar de trabajar en equipo y compartir el premio, su egoísmo los hace eliminarse entre sí. Ellos sabían lo que hacían y no iban a sentirse mal si morías tú en su lugar, Yuuri."
"Pe-pero Yuri…. Él era tan joven, y su abuelo necesitaba un trasplante..." Jaló aire por su nariz congestionada, amenazando con seguir llorando.
"Sí. Una pena, supongo." Concedió asintiendo con la cabeza. "No obstante, si Plisetsky fue capaz de inventarse que su abuelo seguía con vida y además traicionar a su propio amante, entonces no creo que debas sentirte mal de haber vengado la memoria del Jugador 067."
"... ¿Otabek?" Si su memoria no fallaba, el hombre kazajo había fallado una de las pruebas y fue eliminado por los guardias, pero Yuuri no estuvo allí para verlo, pues él ya había sido enviado de regreso a la habitación comunal. Yuri fue el que le dijo lo que había pasado, sin expresión alguna en su cara. "¿Ellos… eran amantes?"
Viktor asintió, alejando la mano de su mejilla para a cambio tomar al pequeño poodle y colocarlo sobre su regazo. Vicchan se relajó mientras recibía caricias del peliplateado.
"Estaban juntos desde que Plisetsky tenía 15 años. Supongo que escondieron su relación de los otros jugadores para no ser usados como la debilidad del otro. Y cuando Altin trató de ayudar a un jugador a subir a la plataforma de cristal, Plisetsky vio su oportunidad y empujó a ambos. Apuesto a que te dijo que se acabó el tiempo y los guardias se hicieron cargo de él." Dijo, sin dejar de sonreír. "Tengo la grabación en caso de que quieras verla."
Yuuri no contestó nada, sus ojos perdidos entre la sábana. Sus puños temblaban de furia y terror. Le costaba creer lo que Viktor decía, pues Yuri y Otabek jamás actuaron como una pareja, y si lo hubiesen sido, ¿por qué Yuri acabaría con él...?
Otabek fue un hombre bueno, el primero en ser amable con Yuuri y tranquilizarlo después de su ataque de pánico, incluso lo invitó a unirse a su equipo. Y Yuri…, él era un muchacho normal, poco amable y arrogante, pero Yuuri creyó que éste sólo se encontraba estresado por la enfermedad mortal de su abuelo ficticio.
Nada tenía sentido ya.
"Por cierto, Yuuri, debo asumir que te gustó mi regalo."
"¿Uh?" Como si no recordara al intruso cerca de su espacio personal, el japonés miró al ruso con sorpresa. "Vicchan… ¿cómo conseguiste sacarlo de la veterinaria sin mi firma…?"
Viktor rio un poco. Adoraba la falta de malicia de Yuuri, aunque esa buena voluntad, por desgracia, casi lo hace caer ante las mentiras de Plisetsky.
"Le dije al recepcionista que yo era tu novio y me dejó pagar por la cirugía y sus medicinas, también le di algo de propina extra por ser tan comprensivo." Contestó encogiéndose de hombros, obviamente acostumbrado a ese tipo de transacciones. "Vicchan y yo estuvimos animándote todo el tiempo."
"Gra-gracias. No sé por qué lo hiciste, pero gracias." Miró al poodle siendo acariciado por el Líder. Era una visión que le provocaba un sentimiento entre alivio, calidez e incomodidad, una extraña yuxtaposición si recordaba que Viktor fue el orquestador del juego donde se derramó tanta sangre horas atrás.
"Oh, creo que es bastante obvio por qué lo hice, ¿no lo crees?" Levantó la mirada, fijando sus ojos azules en los marrones. Yuuri sintió escalofríos. "He estado buscando a mi otra mitad desde hace tiempo. Por eso quise probarte, ¿recuerdas?" Acercó su rostro, bajando cada vez más la voz. "No quise estar en una relación llena de mentiras y secretos en la que tuviese que esconder esta parte de mí, así que necesitaba que mi otra mitad experimentara lo mismo que yo hace 10 años atrás."
"... Tú también jugaste…" Yuuri abrió mucho los párpados tras entenderlo todo, reteniendo la respiración un segundo. "...y ganaste."
"Exacto." Ladeó la cabeza y se inclinó hacia adelante, más cerca. "Y tú y yo, Katsuki Yuuri, somos iguales, somos ganadores, sobrevivientes… y también amamos a los perros." Agregó con humor. "Por eso me he enamorado perdidamente de ti." Apoyó ligeramente sus labios sobre su mejilla derecha, sin llegar a un contacto real, respirando su aroma y continuando en un susurro. "Así que tienes dos opciones: Marcharte con el dinero y olvidarte de todo esto, o quedarte conmigo y ser mi amado esposo y segundo al mando. Prometo cuidar de ti y de Vicchan y darte todo lo que me pidas."
Yuuri se mordió los labios, obviamente dudando de todo y temiendo que aquello fuera parte de otra prueba siniestra.
"¿Cómo sé que… no vas a traicionarme?" Inquirió al fin, también en voz baja, sonando más bien precavido, pero el ruso se sintió orgulloso porque Yuuri por fin estaba aprendiendo a desconfiar.
Viktor besó su mejilla por varios segundos antes de erguirse para sentarse con propiedad.
"Me alegro que lo preguntes, pues debes saber que no tengo ninguna razón para hacerlo. Lo único que necesito de ti es amor y compresión, mientras que tú, a cambio, obtendrás acceso a mis riquezas y herencia. Debería ser yo quien me preocupe por una puñalada en la espalda, ¿no lo crees?" Pestañeó de manera coqueta y Yuuri suspiró, cansado.
El hombre japonés ya no sabía qué pensar. Todo le dolía y comenzaba a sentirse adormilado, pero recordar los horrores vividos los últimos días seguramente lo mantendrían en vela por semanas. Los gritos, las lágrimas, el miedo, el olor y sabor metálico de la sangre. El filo de la navaja...
Sus heridas eran una prueba de que todo había sido real.
Y… tampoco podía negar que se sentía atraído hacia Viktor, posiblemente también enamorado. Lo estuvo desde el momento en que se conocieron en el metro y éste le habló sobre una oportunidad de oro que era tan buena que simplemente no podía ser real.
Y fue real, aunque no de la manera lúdica y no letal que uno esperaría de un concurso de tv.
Viktor lo había engañado, pero fue Yuuri el que decidió creer en sus palabras claramente tergiversadas y aceptar la oferta.
Ahora debía aceptar las consecuencias.
"No tienes que contestarme ahora mismo. Será mejor que descanses." Viktor dejó al poodle de nuevo sobre la cama, y antes de levantarse para salir de la habitación, Yuuri se abalanzó sobre él, tomando su corbata para obligarlo a quedar cara a cara.
"Acepto." Dijo de manera cortante, puños apretados y cejas contraídas, mirando directo a los ojos azules sin parpadear. "Pero si intentas engañarme de nuevo, yo…" Jaló la corbata, consiguiendo que el ruso soltara un pequeño grito de dolor.
Viktor, definitivamente sorprendido y extasiado por el giro de eventos, sonrió como no lo había hecho en años.
"Por supuesto, Yuuri. Mi vida está en tus manos." Tomó sus mejillas y besó gentilmente sus labios.
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