Julio de 2022, París.

-¿Cuándo vas a decirme lo qué te pasa?- preguntó Víctor mientras abrazaba a Alain desde la espalda.

Alain permaneció en silencio y con los antebrazos apoyados en la baranda de la terraza del departamento, con vista al jardín que era parte de la propiedad y donde destacaban un par de tumbonas a juego con un comedor para seis personas. Más allá, la parrilla a gas que planeaba estrenar pronto, en un almuerzo con sus amigos más cercanos y la familia.

Ese almuerzo era un evento en el que llevaba tiempo pensando, pues, terminada la pandemia y con las medidas sanitarias mucho más flexibles, los contagios cada vez más bajos y las vacunas ayudando a la población, ya no sentía ese miedo irracional de llevar gente a su hogar. De abrir su intimidad y espacio seguro.

Esa mañana, muy temprano a fin de evitar el calor, junto a Víctor armaron el comedor de exterior, ambos riendo y bromeando. Pues cada vez que Alain mencionaba el menú que prepararía en la tardía inauguración de su hogar, su marido contestaba que eso le untaría en los abdominales, u otra parte del cuerpo, para luego quitárselo a lametazos. En medio de bromas cada vez más candentes, ambos dejaron tiradas las herramientas mientras los besos se volvieron furiosos y las manos comenzaron a tironear la ropa. Hasta que el teléfono sonó.

Alain, acostumbrado a que lo llamaran a cualquier hora para alguna operación de asalto, gruñó antes de alejarse de su marido y contestar. Escuchó a André que no paraba de hablar. Preocupado entró al departamento por el ventanal que daba al jardín y en un acto reflejo agarró las llaves del automóvil, pues aunque sabía que él estaba en otra ciudad, se ofreció a ir a donde estuviera. Cuando cortó, aun seguía procesando todo lo escuchado. André pidió que se alejaran de él y confesó que Oscar le había disparado.

Sintiéndose incapaz de entender todo, fue a la habitación y tras tirar el celular sobre la cama junto a las llaves, entró al baño y dejando la ropa tirada en cualquier parte, se metió a la ducha. Con la cabeza bajo el agua, escuchó a lo lejos que Víctor lo llamaba. Abrió el shower door y agarró a su marido de la camiseta. En segundos, ambos se besaban bajo el chorro de la ducha y la ropa de Víctor, quedaba en el piso junto a la de él.

El encuentro fue rápido e intenso. Víctor cedió sin cuestionar y, apoyado sobre el mármol del amplio baño, esperó que Alain lo preparara para luego, recibir la contundencia con la que lo acometió. Percibió algo de rabia y frustración en cada envite, pero no le importó, así era él: intenso y emocional; arrebatado. Y así lo amaba.

El resto del día transcurrió en silencio por parte de Alain; y Víctor, pensando en darle espacio, salió de compras. Al llegar, lo encontró en la terracita.

-André no vendrá a la inauguración- murmuró Alain como una respuesta tardía a la pregunta que Víctor dejó en el aire.

-Bueno, quizás podríamos invitar a Oscar entonces…- sugirió soltando su abrazo.

-No- fue la respuesta seca y tajante, que dio antes de entrar al departamento y encender la televisión.

Tardó dos días en contarle a Víctor lo hablado con André. Su marido, como acostumbraba, calló. Le dio espacio para que procesara todo lo que sentía, pues lo conocía; sabía que era mucho para su siempre idealista espíritu.

Un día, al desayuno y mientras Víctor bebía un sorbo de su café con leche de almendras, Alain habló al tiempo que untada miel en la tostada de centeno que habitualmente su marido comía a esa hora:

-Por fin entiendo tu afán en no implicarte en nada externo a nosotros.

Víctor alzó una ceja, en un gesto interrogante.

-Y tienes razón- continuó Alain –Si bien mi primera reacción fue agarrar un tren, e ir a increpar a Oscar por lo que hizo. Pienso en la imagen total y me he involucrado demasiado en la relación de esos dos. Jamás los entenderé.

-Y no tienes por qué entenderlos- apuntó Víctor con calma.

-Lo sé- Alain bebió su café negro, antes de agregar –Y pienso que André también tiene razón en alejarse un rato. Lleva dando tumbos y tratando de retornar a quién era demasiado tiempo.

Víctor asintió.

-Y yo…- Alain tragó fuerte –Creo que es tiempo de preocuparnos de nosotros, de qué familia queremos ser.

El analista sonrió enternecido. Ese hombre le robaba el aire con su candidez y dulzura, cualidades que guardaba muy bien y que muy pocos conocían.

-¿Te gustaría que comenzáramos a evaluar qué opciones de adopción tenemos?- soltó finalmente Alain.

Víctor se levantó del taburete de la cocina y de un par de zancadas se acercó a Alain, tomándolo del rostro lo besó con fuerza. Sí, así era Alain, sus tiempos eran lentos y meditabundos. Tener tanto corazón a veces le pesaba, pues siempre ponía a los demás antes que a sí mismo, pero él no podía criticarlo. Eso lo había conquistado cuando lo conoció, más allá de su obvio atractivo físico.

Con los meses, y cada vez que coincidían, Alain se acostumbró a saludar a André con el afecto de siempre, pero respetando sus espacios. Y no fue tan difícil como pensó. Desde la distancia lo vio transitar por distintos estados de ánimo. A veces ojeroso y pálido, mas muy comprometido con su trabajo y lejos del comportamiento errático de antaño. Otras veces tranquilo y con mejor semblante, como si se estuviera sacando un peso de encima. Incluso lo vio después de un par de meses, aportar de manera asertiva en las misiones, retomando quien era en un inicio, cuando hacían buena pareja investigando. En lo profundo, se alegró por él. Los procesos que estaba viviendo aportaban en su beneficio y eso le bastaba.

En cuanto a Oscar, fue más difícil, ya que, a pesar de que dijo que no intentaría entenderla, pasó varias noches pensando en qué la llevó a dispararle a quien, en ese entonces, aún era su pareja. No entendía ese tipo de traición. Menos cuando con él, ella había sido leal en más de una forma. Llegando a poner su carrera en peligro a fin de salvarle la vida. Con cierta tristeza concluyó que, la presión que todos ponían en ella, no se comparaba con la que ella ejercía sobre sí misma. Siempre ocultando sus tristezas y conflictos, tras una capa de autosuficiencia cada vez más frágil.

Con esa conclusión en mente, por fin pudo conciliar un sueño tranquilo y, abrazando a Víctor que nada sabía de sus pensamientos y dormía como niño en misa, se prometió a sí mismo no abandonarla. Era su amiga, incluso en sus momentos más oscuros.

De André volvió a saber en mayo del 2023, cuando, al terminar una ronda de entrenamientos de asalto en la central de la BRI, se le acercó antes de que llegaran a los camarines.

-¿Podemos hablar un momento?

Alain se detuvo y, quitándose el casco de asalto, sonrió mientras asentía.

-Yo…- André afirmó su casco bajo el brazo –Quiero agradecerte por el tiempo, por la voluntad…

-Hombre, que no éramos novios- bromeó Alain dándole una palmada en la espalda a fin de distender la conversación –Así que no me trates como si estuviera despechado- se carcajeó.

André sonrió amplio y eso alegró a Alain, pues, como años atrás, la sonrisa le iluminó el rostro.

-Te invito una cerveza a la salida- dijo André palmoteando de regreso a Alain de la espalda –Es tiempo de ponernos al día.

-o-

-¡¿Qué te vas a casar?!- preguntó Alain medio atragantado con un sorbo de cerveza que estuvo a punto de salir por su nariz. Tosió un par de veces.

-En septiembre- contestó André riendo.

-¿La dejaste embarazada?

André se carcajeó antes de contestar:

-No- bebió un trago de su cerveza –Pero estamos bien, somos felices. No queremos esperar más. Ambos queremos ser padres pronto y bueno, no me hago más joven- sonrió con ternura –No quiero que me perjudique la ventaja que le llevo en años, siempre he querido tener mi propia familia.

Alain se volvió a atorar, esta vez, André le palmoteó la espalda debido que no lograba sacar el aire y estaba cada vez más rojo.

-Nueces de mierda- murmuró Alain apenas pudo hablar y alejando el plato de frutos secos que estaba sobre la mesa.

-Pero si no las has probado…

-Las veo y me ahogo- se justificó.

Después de pasarse las manos por el rostro, intentando retomar la calma, volvió a hablar:

-Supongo que me estás contando porque nos vas a invitar a la boda, ¿o me equivoco?

-Te cuento, porque Catalina me pidió que los invitara a cenar la próxima semana. Ella sabe cuán amigos éramos y espera que podamos retomar la cercanía, sin que el pasado se interponga- lo dijo con la mirada un tanto cargada de dudas.

Alain respiró profundo y recordó, por una parte, las conversaciones con Víctor; él tenía razón, cada uno tenía su vida y no había que inmiscuirse. Luego, pensó en Oscar, en que ella estaba tranquila e incluso al parecer veía a alguien, pues Camille le había contado que a veces Katia la cuidaba cuando su mamá salía.

-Claro, iremos. Fijen una fecha y celebraremos su compromiso- contestó intentando dejar de lado las dudas que lo asaltaban, cada vez que se veía envuelto en ese huracán que André y Oscar formaban aunque estuvieran en distintos extremos.


Agosto de 2023, Le Tréport.

Oscar nunca se dio cuenta de que el secreto que más la avergonzaba, ya era de conocimiento de Alain y Víctor. Ambos continuaron actuando con ella como si nada. Enfocados en cuidar y mimar a Camille cada vez que la visitaban, el tiempo pasaba rápido y Alain, la única vez que rompió la promesa hecha años atrás de no volver a inmiscuirse, fue para decirle que André se casaría en la última visita de Junio.

La noticia la hizo reaccionar como si le hablaran de alguien más, imbuida en las actividades de ese día, sólo se sentó a pensar en la noche. Mientras Alain y Víctor hacían dormir a Camille, ella se atrevió a mirar el contacto que desde temprano estaba en su teléfono. Verlo feliz en esa fotografía la remeció. Fue observarlo años atrás, cuando era igual de feliz, pero con ella.

El mensaje que redactó nunca lo envió. ¿Cómo decirle por teléfono que eran padres? Cada vez era más difícil todo y pese a que Camille aceptó de buena forma que su padre estaba lejos y que algún día lo conocería, se sentía en un callejón sin salida. La presión en el pecho no disminuía y se sentía tan culpable, que ese mismo sentimiento la acobardaba. ¿Cómo remediar algo que ella misma había provocado? La respuesta era peor que la pregunta; no sabía cómo.

Hasta que Alain la llamó para avisarle que el padre de André, había muerto de una afección cardiaca. Consciente de que no era la instancia propicia para hablar de Camille, decidió que sí era una buena oportunidad de restablecer el contacto. Fue con esa idea en mente que llamó a su madre y le pidió ayuda. Georgette, no dudó y tomó el primer tren que encontró. Tras solicitar unos días de asueto y dejar a Dagout a cargo, salió de su casa con una pequeña maleta. Desde la ventana de su jeep vio como Camille se despedía de ella sonriendo y alzando las manos.

Tardó pocas horas en llegar y gracias a Alain, tenía los datos del funeral. Se registró en una posada discreta y esperó en la habitación, el momento adecuado para ir al cementerio. Las palmas le sudaban y sentía que cada vez le costaba más respirar. Vestida de negro impoluto, con un traje de paño y blusa a juego, llegó minutos antes de que el servicio comenzara. Se sentó en uno de los últimos escaños de la pequeña y fría iglesia y esperó.

Mientras chateaba con su madre, preguntando por cómo estaba Camille, notó una presencia a su lado. Alzó la vista temerosa, Alain la observaba con cariño; junto a él, Víctor le sonrió intentando darle ánimo. El corazón de Oscar comenzó a latir un poco más pausado. Un par de mujeronas se acercaron a la pareja de oficiales, invitándolos a sentarse con ellas. Antes de negarse, Alain les presentó a Oscar, como la ex oficial a cargo de la unidad que durante años compartieron con André.

La mirada que Oscar sintió la recorría de pies a cabeza, fue suficiente para darse cuenta de que no sería bien recibida. El par de señoras se alejó tras saludarla con una venia de cabeza. Alain se sentó junto a ella y le susurró que ese par de "cacatúas", eran las mejores amigas de la madre de André y que las habían conocido en el velatorio de la noche anterior. Dejaron de hablar cuando ingresó el féretro a la iglesia, tras el carro que lo transportaba, André, vistiendo un traje a la medida de riguroso luto, acompañaba a su madre, quien apenas se sostenía en pie y se aferraba con fuerza al brazo de su hijo.

Oscar se perdió en el semblante de André. Lo vio sereno pese a las ojeras, con hombros firmes y pasos pausados. Como si una nueva madurez hubiese aterrizado en él. No tuvo ojos para nadie más.

Guardando distancia siguió al cortejo fúnebre, acompañada de sus amigos cuando el servicio religioso terminó. Con pasos lentos recorrieron el camino de adoquines que se adentraba en el cementerio. Desde la distancia escuchó la firme voz de André agradecer a quienes los acompañaban, junto con dedicar unas escuetas aunque emotivas palabras a su padre. Cuando terminó de hablar, sus ojos se encontraron a la distancia. Fue como un rayo.

Nerviosa desvió la vista, notando que, junto a André, la madre de este también la observaba. Pestañeo rápido, sintiendo que empequeñecía. Buscando donde más depositar la mirada, notó a la figura que estaba tomada del brazo de la señora Grandier. Catalina la miró serena y con el mentón firme. Oscar permaneció impávida.

Esperó a un lado, mientras los más cercanos se aproximaban a los deudos. Momento en el cual escuchó palabras que si bien intuía, no pensó que la herirían tanto:

-Es tal como nos la describió Gabrielle, bonita pero una víbora…

-Qué desfachatez presentarse aquí. André está bien con la preciosa novia que tiene.

-Rastreras, así se les llama a mujeres como esta.

-Y venir en un momento tan íntimo, tan de familia.

-Desvergonzada.

-Gabrielle tenía razón, gracias a Dios no tuvieron hijos. Estaría atado a alguien así de por vida... Y era su superior. Abuso de poder se llama eso.

Sin querer escuchar más retrocedió. Levantó la vista de tanto en tanto, a medida que los murmullos de la gente se alejaban. Los oídos comenzaron a zumbarle con el pasar de los minutos. Esas mujeres no la conocían. Y probablemente tampoco conocían a André como pensaban. Pegó la vista en el piso mientras respiraba profundo.

-Hola…

Levantó la vista de golpe. André estaba frente a ella, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y mirándola con tranquilidad.

-Gracias por venir, ha sido una bonita sorpresa- continuó hablando.

Oscar se perdió en sus ojos. Las motas color miel que decoraban el brillante verde del iris, destacaban por el sol que le llegaba casi de frente. Las yemas de los dedos le escocieron de las ganas que sintió, de acariciarle el apuesto rostro tan pulcramente afeitado.

Espabiló al notar que él la miraba interrogante.

-No tienes nada que agradecer…- murmuró y tragó fuerte –Me acompañaste cuando mi padre partió. Es lo mínimo que podía hacer.

André miró hacia su espalda, su madre y novia esperaban junto a la tumba. Volteó hacia ella nuevamente.

-Me gustaría hablar contigo… ¿Nos acompañas a casa? Habrá una pequeña recepción.

-No creo que sea apropiado- contestó Oscar con una sonrisa –Pero agradezco la invitación… Sólo quería presentar mis respetos.

André la miró a los ojos y dijo:

-Yo… Necesito disculparme contigo.

Oscar abrió los ojos impactada, pues de todo lo que esperó oír, eso no estaba en sus planes.

-No actué bien cuando terminamos… Ni después- André soltó el aire con fuerza –Fui un patán, te traté de una forma que no merecías. Lo lamento mucho.

Oscar asintió con un nudo en la garganta.

-Supe que estas pronto a recibirte de fiscal- cambió de tema –Me alegro por ti.

-Y yo supe que estás desempeñándote muy bien en tu nuevo puesto. Te felicito.

-Sí… La vida ha cambiado para ambos- contestó con un dejo de tristeza, y dejando que su mirada viajara hasta donde estaba Catalina y la recién viuda.

André notó el gesto. Respiró profundo y tras ordenarse el cabello con la diestra, comentó:

-Dame un segundo, quiero hacer las cosas bien. Ya la conoces, pero…

-Ve…- le dijo Oscar sintiendo que el corazón se le rompía.

Después de dejar a su madre acompañada por algunas amigas, André tomó la mano de Catalina y regresó con ella donde Oscar aún lo esperaba.

Decir que las presentaciones fueron incómodas era quedarse corto. Oscar no pudo evitar fijar la vista en el anillo de compromiso que decoraba el dedo anular de Catalina, cuando esta se arregló la correa de la cartera que le colgaba de un hombro. Sonrió nerviosa al verse sorprendida por André.

Catalina, por su parte, se esforzó en sonreír y parecer despreocupada. Pensando en que después hablaría con André, pues no le gustó verse sometida a esa situación, dio un pequeño brinco cuando su novio le puso una mano en la espalda.

-Felicitaciones por el compromiso- dijo Oscar tras unos segundos.

Ambos asintieron con la cabeza a modo de agradecimiento.

-Creo que es hora de que me vaya- miró a lo lejos a la madre de André, que estaba pendiente de ellos –Dale mi pésame a tu madre, por favor- dijo con cortesía.

-Sí, claro. En tu nombre.

-Françoise, fue un gusto verte- interrumpió Catalina extendiendo una mano hacia la aludida. El apretón fue suave por parte de ambas –Iré donde Gabrielle- le dijo a André antes de dar media vuelta y marcharse.

-Yo…- André la miró fijo apenas se quedaron solos nuevamente –Espero que estés bien.

-Lo estoy- contestó ella con la mirada húmeda y sintiéndose tan fuera de sí, que sólo atinó a abrazarse a sí misma –Me tengo que ir…

André la tomó de un brazo para retenerla. Ella, sobresaltada, intentó retroceder.

-Llevo años preguntándome qué era lo que insististe tanto en decirme cuando terminamos.

Oscar, sintiendo que si no salía pronto de ahí se desarmaría frente a todos, intentó sonreír antes de contestar.

-No te preocupes. No es el momento de hablar de cosas pasadas.

-Si vas a París, llámame- André insistió –Quizás ahí sea el momento.

-Sí… lo haré. Cuídate.

Fue lo último que Oscar dijo antes de dar media vuelta y alejarse.

Con los ojos cargados de lágrimas, caminó lo más rápido que pudo hasta la salida del cementerio. Apenas se subió al automóvil, las rebeldes lágrimas escaparon. Secándoselas con el dorso de la mano, puso en marcha el vehículo.

Alain, observó a la distancia como su amiga prácticamente huía del lugar. Víctor le colocó una mano en el hombro a modo de tranquilizarlo.

Mientras Oscar retiraba las cosas del hotel, se maldijo a sí misma por su cobardía. Pues enfrentada al fantasma que tanto temía, se dio cuenta de que nada estaba superado, de que si bien él ya había avanzado y se veía feliz, ella continuaba en una especie de limbo emocional. Pensó en su hija y en cómo nuevamente le había fallado. Recogió sus artículos de tocador sin poder mirarse al espejo.

¿Es que acaso nunca dejaría de fallarle a quienes confiaban en ella?

Realizó el check-out lo más rápido que pudo e ignoró la llamada de Alain que entró a su teléfono. No quería hablar con nadie. Había desperdiciado una oportunidad y no sabía cómo retroceder. André estaba bien, se le veía tranquilo pese al difícil momento que atravesaba y Catalina parecía una buena muchacha. Era ella quien sobraba en la ecuación. Ella y su hija.

Mientras conducía de regreso a Le Tréport, pensó en lo efímero del tiempo y en las consecuencias de las decisiones. En cómo nunca parecía ser su tiempo con André, en cómo todo parecía ser un mal momento… Tal como Leonid le diría, primero, cuando le contó lo ocurrido y después, cada vez que tuvo oportunidad. Conversación que a los dos los ponía de pésimo humor, pues transgredía los límites trazados. Ella se sentía atacada y él, molesto por algo que sabía no era su asunto, pero que le recordaba su propia infancia.


Julio de 2006, Lyon.

Vera intentó disimular sin mucho éxito, el nerviosismo que la invadía al sentirse sola en medio de tanta gente. Vestida con cómodos jeans, zapatillas y una blusa de tirantes color violeta, se arreglaba el largo cabello negro una y otra vez, mientras aguantaba los empujones que la gente le daba al pasar. De pronto casi cayó al piso de un empujón, afirmó la carterita que tenía cruzada sobre el pecho y dejó caer la entrada que afirmaba en la diestra.

Se agachó de inmediato buscando el ticket que quería vender.

-Toma, creo que esto es tuyo.

Alzó la vista ante la femenina voz que le habló. Una chica de clara ascendencia extranjera la miraba sonriendo. Por su marcado acento, supuso que era rusa, como ella, aunque muy rubia y de enormes ojos azules.

-Sí, gracias- aceptó la entrada la muchacha le extendió.

-¿Esperas a alguien?- le preguntó la chica –Si quieres te acompañamos con Kolia* mientras esperas.

Vera arrugó levemente el entrecejo, al ver al joven que acompañaba a la muchacha. Le llamó la atención que parecía mayor que ella y evitaba establecer contacto visual con la gente. Pensó en su hermano; Leonid no estaría de acuerdo.

-No, no te preocupes. Necesito vender esta entrada y entraré al concierto.

-¡Pero si no la ofreces!- comenzó a reír la joven –Dámela- le dijo arrebatándosela de las manos. –Kolia, álzame- le ordenó a su acompañante que en un santiamén la tenía sentada en sus hombros.

Vera apenas aguantó la risa al ver cómo la desconocida comenzó a vocear la entrada sin una pizca de vergüenza. En minutos, tenía el dinero del ticket que le sobraba en la mano. Fue así como se hicieron amigas.

La muchacha era efectivamente rusa, pero su acompañante francés y conocido apenas la noche anterior. Eso se lo contó mientras entraban al Théâtre Antique de Fourviére. La sensación de familiaridad que la invadió al encontrarse con alguien de su tierra la tranquilizó, más aún cuando aún sentía en el pecho la desazón que le causó visitar la casa de la familia de su madre el día anterior. Lo que pasó, no pudo contárselo a Leonid cuando habló con él por teléfono en la noche, eso sólo lo preocuparía más de lo que ya estaba.

-¡Ven, vamos a tomar un buen lugar!

Volvió en sí al sentir que su nueva amiga la tironeaba de un brazo. Quitando todo pensamiento triste de su cabeza, siguió a esa muchacha que era fresca como el agua. Cantó y gritó con su grupo favorito. Se sintió libre y despreocupada. Todo era fantástico y, en la única canción que le gustaba a su hermano, sacó una pequeña grabadora de su carterita y la alzó. Quería sorprenderlo cuando llegara a reunirse con ella.

Cuando el concierto terminó, estaba con una subida de adrenalina tan alta, que tenía ganas gritar y bailar en la calle. Y eso hicieron con su nueva amiga cuando encontraron una banda callejera. Estaba siendo una de las mejores noches de su vida. Luego, fueron a un bar y bebieron cerveza hasta que sintieron que el piso se les movía bajo los pies. Al acabar la noche, se despidió efusivamente de la pareja que acompañó en la velada, prometiendo encontrarse con ellos en París en los próximos días.

Tirada en la cama del hostal, puso la grabación de la canción para Leonid y sonrió. Estaba segura que esas vacaciones serían inolvidables.


Enero de 2025, Le Tréport.

Oscar se distrajo mirando por la ventana de su oficina, el fuerte aguacero que no daba tregua. Llovía hace una semana y la preocupación por el mar agitado la tenía en estado de alerta, pues había recibido un par de reportes de la guardia costera, poniéndola en antecedente de las embarcaciones que pese al mal tiempo, insistían en hacerse a la mar. Todas de la empresa de León de Guèmènè. Definitivamente, ese hombre no escarmentaba. Insistía en querer estar por encima de las leyes.

Gracias a Dios su carrera política no fructiferó, y todo debido al suicidio de su hijo. Después de ese lamentable evento, se retiró de la escena pública, volviendo a aparecer después de casi un año, y más duro que antes. Su mente viajó al momento en que por fin pudo hablar con él, y decirle las últimas palabras de su hijo.

-Usted no nos conoce. Ahora, márchese y respete nuestro duelo.

Fue la fría respuesta que recibió.

Pensar en ese evento, le recordó el caso de la joven encontrada junto a Philippe. La muchacha que atravesaba la veintena, pasó a engrosar la base de datos de mujeres muertas y sin identificar. Sacó la carpeta del cajón de su escritorio y revisó nuevamente todos los antecedentes que pudo reunir. Quizás Leonid tenía razón y era víctima de trata de personas, pues las redes se especializaban en operar con mujeres de Europa del Este, sobre todo, con jóvenes provenientes de países empobrecidos tras la caída de la URSS.

Su mente viajó de inmediato al cuerpo que permanecía en la morgue desde antes de año nuevo. Se levantó de la silla y tomando su chaqueta, avisó a Dagout que volvería después de un par de horas. Necesitaba más antecedentes si quería que el caso lo tomara la Interpol y buscaran a la joven en otros países.

Mientras conducía, la llamó Leonid, habló con él por alta voz acordando verse en un par de semanas, dado que estaba sumergido en una misión que buscaba desarmar una célula terrorista en la frontera. Al cortar, sonrió, la última semana que estuvo en el pueblo le dejó bastantes buenos recuerdos. Salieron a comer un par de veces y otras, a la hora de almuerzo, se encontraron en el hotel para dar rienda suelta a lo que mejor sabían hacer. Él estaba más llano, más libre y menos cínico, la escuchaba con paciencia y ella, a él. Compartiendo conjeturas de sus casos mientras descansaban envueltos en las sábanas de la cama, y riendo cuando alguno de los dos bromeaba por la anormal relación que llevaban.

Llegando a destino estacionó y se colocó el gorro de la chaqueta para no mojarse el cabello. Entró a la carrera al edificio y pidió hablar con el forense en jefe.

Sentada en la oficina del jefe de área, Oscar bebió un café mientras repasaba los hallazgos de la autopsia. A grandes rasgos, la víctima era de sexo femenino, de edad cercana a los veinte años y que nunca había sido madre; además, no evidenciaba rastros de enfermedades degenerativas, lo cual permitía inferir un buen estado de salud previo al fallecimiento, esto ultimo respaldado por las placas dentales, que evidenciaban un buen estado de nutrición.

En cuanto a la causa de muerte, se encontraron rastros de una gran erosión en la parte blanda del cráneo concordante con una herida aunque no fue conclusivo el análisis si fue por un objeto o caída, debido al estado de los tejidos; sumado a una fractura craneal, evidencia de contusión cerebral, hematomas epidurales y hemorragias intraparenquimatosas.

Oscar arrugó el entrecejo mientras seguía leyendo.

Debido al estado de los tejidos, fue imposible determinar si hubo o no algún tipo de abuso sexual, ni obtener alguna muestra de las uñas, máxime cuando el cuerpo estuvo tanto tiempo expuesto a los elementos naturales. La ropa que lo cubría era un conjunto de girones que confirmaban la edad aproximada, pero tampoco entregaba más información.

-¿Dice que la data de muerte es aproximadamente entre quince y veinte años atrás?- preguntó al forense alzando la vista.

El hombre asintió antes de agregar:

-Tendríamos que elevar una solicitud para que se amplíen las pesquisas, puesto que en este laboratorio no puedo hacer más.

-Entiendo- dijo cerrando la carpeta –¿Está seguro de la ausencia de drogas en el sistema?

-Debido al estado de los tejidos, fue imposible pesquisar la presencia de drogas o alcohol.

-Entiendo, gracias por su tiempo- extendió una mano para despedirse –Elevaré la solicitud de ampliar la investigación.

Camino de regreso al cuartel, un terrible presentimiento le llenó la mente. Llamó a Víctor, pidiéndole que preparara una lista de jóvenes desaparecidas que cumplieran con los rangos indicados en las autopsias de las dos víctimas femeninas sin identificar, pero que incluyeran información cruzada con la Interpol. El analista le pidió tiempo para cursar la solicitud, prometiéndole que aceleraría los procesos. Con eso adelantado, llegando a su oficina comenzó el papeleo necesario para ampliar la búsqueda de identidad.

Después de casi tres semanas, recibió noticias un día temprano en la mañana. En un inicio, aunque todo debía ser corroborado con exámenes de ADN, la joven encontrada en el departamento de Philippe Guèmènè, era de origen esloveno y reportada por su familia como extraviada hacía más de dos años atrás: Adrijana Novak, era su nombre y tenía 20 años al momento de morir. En cuanto al último cuerpo encontrado, sus peores miedos se hicieron realidad.

Su teléfono comenzó a sonar casi al instante en que leyó la identificación. No necesitó ver la pantalla del celular para saber quién era, pues supuso de inmediato que apenas se hizo oficial la noticia, él se había enterado.

-Leonid- dijo con calma al descolgar –Lo siento mucho…

Darling, where are you now?

Gonna find you down in the wishing well

Darling, where are you now?

Gonna find you down in the wishing well

Gonna find you down in the wishing well

I gotta find you 'fore the light

There's a creeping doubt run up my spine

I gotta find you 'fore the light

There's a creeping doubt run up my spine

Did I ever leave the light on?

Could you ever find your way back home?

Did I ever leave the light on?

Could you ever find your way back home?

Darling, where are you now?

Gonna find you down in the wishing well

Darling, where are you now?

Gonna find you down in the wishing well

Gonna find you down in the wishing well

[…]

Continuará…


Agradecimientos: Queridas todas, en primer lugar, gracias por haber esperado, gracias por leer y por los saludos que me mandaron. Estuve media complicada pero ya me siento mucho mejor. Aquí les dejo el capitulo 10, esperando les guste y si es así (y si no, también) las espero en el muro de los lamentos/blog de descargo jajajaja me encanta lo que se da ahí.

Intenté contestar preguntas que me había dejado y con motivo del lanzamiento de la línea de lencería de la Rosa de Versalles (Vaya como doña Ikeda está cortando dinerito jejejeje) recordé una pregunta relacionada con las medias de liga. El liguero se coloca primero que la ropa interior, así la tanga, pantaleta o braga, queda por encima, facilitando tareas como ir al baño o, hacer el delicioso sin soltarse las ligas jajajajaja (Siempre es bueno aprender cosas nuevas).

Además agradezco a Cilenita y Krim, que me prestan sus ojos y son igual de catetes que yo con los detalles, porque lo cabeza nada un poco ida, y a veces se me olvidan cosas jejejeje.

Notas del fic

-El nombre Kolia es el diminutivo de Nikolai en ruso, o Nicolás en otro idioma.

-El momento musical estuvo a cargo de Stomper ft. Lucy Tops y la canción se llama "Whishing Well", muy apropiada para el momento. Como siempre, les recomiendo oírla.

-Sé que hay muchas lagunas que quedaron tras este capitulo, hubo harto salto en el tiempo y distintos puntos de vista, pero no teman, todo será contestado como corresponde. Solo sean lectoras gatos, muévanse con la historia.

Un abrazo a cada una,

D.