ADVERTENCIA: CONTENIDO EXPLICITO +18

Capítulo 7

KAGOME

Tiemblo mientras desabrocho mis botas de combate. Ya no soy virgen. ¿Y qué tengo para demostrarlo? ¿Un par de pistolas? La tristeza y la ira me invaden. Peor aún, estoy más sola que antes.

¿Cómo se atreve a hacerme esto? ¿Quién diablos se cree que es? Cuanto más pienso en él y su cuerpo caliente y bien alimentado, su piel clara, su cabello perfecto, sus enormes y corpulentos hombros, más vergüenza siento. Si alguna vez renunciaba a mi cereza, se suponía que iba a ser con uno de mi propia clase. No uno de los opresores ¿Qué carajo está mal conmigo?

Bo me mira desde el sofá. Apenas está despierto, pero todavía me está vigilando. Caminamos mucho y estaba agradecida de que sea un soldado de caballería. Él nunca pide comida, pero está agradecido por los restos ocasionales que recibe. Como yo, como solía ser.

Me levanto y jugueteo con mi estéreo para encontrar algo de música que me aclare la cabeza. No puedo escuchar nada punk en este momento. Es solo un recordatorio de lo que hice, golpearle la cara, y como terminé en su polla.

Me estoy enamorando de uno de ellos. Esto no podría ser peor, pero de alguna manera cuando cierro los ojos y me imagino su cara, mi corazón se calma. Odio que me haga eso, me hace desear algo que no debería.

Hay un golpe en mi puerta y mis ojos se abren.

—Abran. Asuntos oficiales— ladra Inuyasha. Mi corazón comienza a latir.

Joder ¿Cómo me encontró? Jesús, ¿Soy tan fácil de rastrear? Voy a la puerta y me paro frente a ella, sosteniendo mi mano contra ella como si realmente pudiera hacer algo para evitar que él entre. Tiene el doble de mi tamaño, si quiere entrar, entrara.

—Vete —le grito, pero el esfuerzo es débil.

—No.

¿No? Nadie me dice que no. Espero un segundo, pero puedo escucharlo respirando pesadamente al otro lado de la puerta.

—¿Cómo me has encontrado? —Pregunto, buscando tiempo.

—Las cámaras de circuito cerrado están en todas partes. Todo lo que tengo que hacer es ingresar a ellas.

—Eso no tiene sentido. Hemos desactivado todas las cámaras en esta calle —digo maldiciéndome a mí misma. Debo haberme perdido una.

Él rió.

—Oh ¿lo hicieron de verdad? Déjame entrar, Kagome. Quiero hablar contigo.

Sé que tengo que dejarlo entrar antes de que alguien nos oiga hablar. Desbloqueo el candado y abro la puerta.

¿Por qué la visión de él hace que toda mi tensión desaparezca? ¿Por qué su presencia calmó cada loco pensamiento en mi cabeza? La soledad se está desvaneciendo de nuevo.

—¿Dónde está tu tarjeta de acceso? —Pregunta, genuinamente curioso mientras sus agudos ojos escanean mi puerta.

—No tengo ese tipo de tecnología—le dije encogiéndome de hombros.

—Deberías tener un mejor sistema de seguridad—dice, empujándome y entrando.

Él cierra la puerta y da vuelta las cerraduras antes de darse vuelta para acechar hacia mí. La intensidad en sus ojos y la forma en que me mira de arriba abajo...Sé para qué está aquí. Él va a matarme o tirarme y follarme. Estoy bien con cualquiera de las opciones. Si él me mata, al menos no tendré que vivir con la vergüenza de querer a alguien que no debería.

—¿Qué quieres? —Pregunto tratando de sonar más fuerte de lo que siento.

—Mis armas.

No me gusta que se haga cargo de mí, pero la chispa que encienden sus manos en mi cuerpo es innegable.

—¿Por qué te importa? Tienes a todo el gobierno de tu lado. Pídeles que hagan otras nuevas. —Le escupí las palabras, ignorando el creciente pulso entre mis piernas. Mi cuerpo se está derritiendo en el suyo y no sé por cuánto tiempo puedo seguir con este acto de tipa dura.

—Tienes razón —dice después de un momento de mirarme. —No vine aquí por mis armas.

—¿Entonces a qué viniste? —Grito.

—Para reclamarte.

Antes de saber qué está pasando, me tira por encima del hombro y camina hacia mi cama. Me arroja al colchón y me quita los shorts antes de que pueda protestar.

—La razón por la que estás tan enojada conmigo en este momento es porque necesito comer tu coño—dice, separando mis piernas.

—¿Qué? —Pregunto en estado de shock mientras se arrodilla, acercándose a mi sexo.

—Tienes que correrte. Estás frustrada como la mierda en este momento y voy a comer tu coño hasta que no estés tan enojada.

Sé por la expresión de su cara, la mirada oscura en sus ojos de hombre de las cavernas, que él lo dice en serio.