Ranma ½ no me pertenece.

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Fantasy Fiction Estudios

presenta

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Tarde de otoño

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Akane guardó el cuaderno en la mochila, el estuche y la agenda de la que colgaba las puntas de una decena de papeles de colores. La cerró y miró hacia la ventana. Estaba abierta y la brisa fría de otoño entraba con fuerza en el aula. Se ajustó el cuello del suéter y tomó el abrigo que había dejado antes doblado en el respaldo de la silla. Lo extendió y se lo puso lentamente. Ese día no tenía prisa por salir.

En la puerta del aula se encontró con un grupo de sus amigas.

—Vamos al karaoke —dijo una—, ¿te nos unes, Akane?

—Van a haber chicos lindos —dijo otra—, como Takeda de tercer año.

—¿El capitán del equipo de natación?, ¿de verdad? —preguntó la primera.

—Bueno, sí, casi —explicó la otra—, pero si Akane viene de seguro que acepta.

Akane escuchó con paciencia y esperó a que las chicas acabaran con su número de risas y cotilleos, sobre qué chico era más el apuesto, especialmente de los que eran miembros de algún club deportivo, o a qué cantante se parecía alguno de ellos. Suspiró suavemente, distraída, tiró del borde de su faldita ajustada y se miró las medias oscuras por si no se le había pegado alguna hoja o pelusa. Meció los pies, le gustaban sus botines nuevos, eran muy cómodos y pequeños, no como esos de suela enorme que estaban de moda últimamente.

—Akane, ¿estás escuchando?

—¿Qué? Ah, lo siento, estaba… —Akane dio una rápida mirada a su delicado reloj de pulsera. Torció los labios pintados de un coqueto tono rojo—. Me encantaría ir en otra ocasión, pero hoy tengo un compromiso.

—¿Y qué puede ser mejor que Takeda?

Akane sonrió y le guiñó un ojo a la chica.

—Mi novio —respondió.

El camino que cruzaba el jardín de la universidad estaba cubierto por un manto de hojas amarillentas y el cielo por un techo formado por las ramas de los árboles, entre dos edificios de ladrillos rojizos. Akane caminaba sin distracciones directo al gimnasio. A esa hora deberían estar saliendo los practicantes del equipo de kenpo.

Vio a uno de los chicos salir del edificio, de chaqueta y jeans, con mochila y un bolso deportivo al hombro. Pero se detuvo al ser alcanzado por un par de chicas que corrieron a su encuentro. Eran muy bonitas.

Akane paró en seco y antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, se ocultó detrás de un arbusto. Se asomó por el borde. Afiló la mirada y empuñó una mano con fuerza.

A esa distancia no podía saber de lo que estaban hablando.

Las dos chicas se apartaron de él y caminando con prisa, pasaron por el lado de Akane, la que nerviosa giró fingiendo estar esperando a alguien.

—Qué desperdicio que ya tenga novia —dijo una chasqueando la lengua.

—Pero no tenía que ser tan brusco —habló la otra y lanzó un resoplido.

Akane alzó una ceja.

—¿Te vas a quedar ahí escondida toda la tarde o qué? —preguntó Ranma que, sin avisar, ya estaba a su lado.

Akane dio un brinco.

—¡Ranma!

—¿Me estabas espiando?

—No sé de lo que estás hablando —se defendió la chica, haciéndose la ofendida—, acabo de llegar.

—Sí, lo que tú digas, celosa.

—¡Es verdad! ¡Y no estoy celosa!

Ranma estiró la mano y sacó una hoja seca que había caído sobre la cabeza de Akane.

Ella no pudo mantener su gesto de enojo por mucho tiempo, más después de notar que Ranma estaba usando su bufanda favorita. Era muy vieja, deshilachada y mal tejida, pero a él le encantaba.

La risa burlesca de Ranma se interrumpió cuando un fuerte gruñido se escuchó entre ambos. Los dos bajaron la vista hacia el vientre del muchacho.

—Si quieres pasamos a comer algo antes de ir al cine —dijo Akane.

Ranma alzó los ojos, en un gesto casi infantil, lleno de emoción y gratitud.

—¿Podemos?

—Sí, podemos.

Akane se colgó del brazo de Ranma y juntos caminaron por el sendero entre los árboles.

—Hoy me invitaron al karaoke —mencionó Akane.

Ranma se tensó.

—¿Quién…?

Ella lo hizo callar poniéndole un dedo en los labios.

—No te preocupes, tonto, fueron mis amigas. No te pongas celoso.

—¡No estoy celoso!

Akane estalló en una cantarina risa.

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Fin

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La palabra que mi amada esposa me dio hoy fue «bufanda». Y en este fandom ya sabemos que bufanda hay una sola. Espero les haya gustado este corto más romántico y cotidiano, algo sencillo para descansar la mente y satisfacer al corazón.

Nos vemos en la siguiente historia.