CAPÍTULO 14
Las palabras del Almirante Gloval seguían revoloteando en la mente de Lisa. «Almirante electa… De aceptar el cargo, seré la Almirante de todas las fuerzas… Robotech…» pensaba Lisa, que a su vez, tenía sentimientos encontrados. Por una parte, se sentía muy feliz por el cargo asignado, le recordaba a su padre, quien también había sido el Almirante supremo de las fuerzas Robotech y, haber sido propuesta por el Almirante Gloval para tal cargo, la llenaba de orgullo. Sin embargo, era un nombramiento que no se lo esperaba y sabía la responsabilidad que traía consigo. Si bien, ella tenía mucha experiencia y capacidad tal que había realizado la misión expedicionaria con éxito, al ser la Almirante tendría más responsabilidad que liderar una sola nave espacial. Además, estaban sus actividades como madre, pues Elizabeth era lo más importante para ella, pero desempeñar el Almirantazgo significaba invertir más horas de trabajo, tiempo que se le restaría a la convivencia con su hija.
Lisa estaba de frente al Almirante y daba la espalda a los asistentes a la reunión. Cuando ella se dio vuelta, vio que todos estaban de pie y le brindaron un aplauso. Ella hizo un ademán con su cabeza, agradeciendo este gesto. Por inercia, volteó a ver a Rick, quien le aplaudía orgulloso. El Almirante le dijo a Lisa que ultimara detalles con la Mayor Grant. Asimismo, el Almirante volvió a tomar la palabra.
–Ahora, la Almirante electa Hayes y el Mayor Archer nos expondrán un resumen de su misión expedicionaria a los planetas Hydon y Tirol, misma que fue concretada con éxito. Se programarán reuniones posteriores para explicar los detalles de la misión– mencionó el Almirante Gloval.
–Gracias, Almirante –respondió Lisa. –Pueden acceder a los archivos de la presentación a través de la carpeta compartida cuyo acceso está disponible desde sus computadoras portátiles.
Así, la exposición se llevó a cabo. Lisa dio cátedra con la experiencia obtenida de esta misión, así como también el Mayor Archer. Mencionaron a grosso modo lo que fue la misión expedicionaria, el establecimiento en Hydon y especialmente en Tirol, planeta en el que la colonia humana logró establecerse, además de construir una fortaleza espacial como medida de seguridad. También hablaron de las razas alienígenas que habían conocido y a las fuerzas hostiles con las que se habían enfrentado.
Los militares estaban sorprendidos de que la misión se hubiese concretado con éxito y sobre todo, que la fortaleza espacial hubiera regresado. Lo anterior, demostraba la capacidad de la ahora Almirante electa Lisa Hayes, así como el personal militar con el que realizó la expedición.
Una vez que la reunión finalizó, Lisa y Jack recibieron felicitaciones por sus nuevos rangos y por la misión exitosa y posteriormente, los asistentes se fueron retirando de la sala de juntas. Lisa recibió unas últimas instrucciones por parte del Almirante quien le indicó que tenía dos horas para comer y que regresara esa tarde a la base, para tener una reunión extraordinaria con él y con Claudia, para acordar ciertos detalles.
Una vez que la plática con el Almirante había terminado, Jack esperaba a Lisa para regresar juntos al SDF-2. Cuando ambos abandonaron el recinto oficial de reuniones, Rick estaba afuera de él, esperando en el pasillo para poder hablar con Lisa, pues no había tenido otra oportunidad de entablar conversación con ella. La vio salir de la sala de juntas y enseguida la llamó.
–¡Lisa! –la llamó Rick.
Lisa se detuvo y volteó a ver a Rick, mientras Jack salía también de la sala, pero siguió caminando para dar un poco de espacio a Lisa y que ella pudiera platicar con Rick, quien se encontraba enfadado de ver que Lisa y Jack siempre estaban juntos. «¿Y ese tipo arrogante por qué siempre está con ella? No he averiguado si son pareja… Bueno, más bien, no quiero saberlo» pensaba Rick mientras la revolución de sus pensamientos fue interrumpida por la voz de Lisa.
–¿Sí, Rick? –contestó Lisa, mirándolo fijamente.
La incesante mirada de esos ojos verdes que Rick tanto amaba, hizo que empezara a ponerse inquieto y regresara a su muy conocido comportamiento adolescente cuando las palabras se negaban a salir y el pasaba su mano por su nariz y luego por su nuca, en señal de nerviosismo. Lisa lo seguía observando «A pesar de los años, hay cosas que nunca cambian… Con esas actitudes, me recuerdas cuando eras el chiquillo desobediente que me sacaba de mis casillas…» pensaba ella. Finalmente, Rick habló.
–Yo… bueno… quería invitarte a comer –comentó Rick.
–¿Ahora? –respondió Lisa.
–Sí, si puedes.
–Me encantaría, Rick, pero tengo que regresar al SDF-2 –respondió Lisa, mientras veía la mirada de desilusión del General.
–¿Y mañana? –preguntó Rick.
–Mañana tenemos reunión con el Almirante y los gobernadores y recuerda que después vamos a ir a comer con ellos. ¿Qué te parece pasado mañana? –respondió Lisa.
–No puedo, debo ir a Ciudad Granite. –dijo Rick con desgano–. Bueno, parece que la vida se empeña en que no compaginemos horarios, como en los viejos tiempos.
–No tan viejos, Rick, ¡eh! –dijo Lisa, tratando de bromear y alegrar al piloto–. Lo que podemos hacer es que el día en que coincidamos en algún receso, tomemos el almuerzo juntos o vayamos a la cafetería, o bien, acordar una fecha en que nuestras agendas nos lo permitan.
–Sí, Lisa, me parece bien –respondió él.
–Bueno, Rick, me retiro. ¡Quedamos pendientes de comer juntos! –se despidió Lisa.
Lisa se retiraba cuando Rick la detuvo tomándola de su mano y la abrazó, con urgencia y ternura, entrelazando sus dedos en los largos cabellos de ella que caían por su espalda.
–Lisa… Felicidades por tu nombramiento… –dijo Rick, con voz como un susurro.
Ese abrazo intempestivo, lleno de sentimientos, tomó por sorpresa a Lisa, quien solo acertó a agradecer, sin poder decir más.
–Gracias… Rick.
–Tengo tanto que contarte, por favor, haz el esfuerzo para que podamos vernos –dijo él.
–Sí, Rick, hagamos el esfuerzo porque yo… Yo también tengo algo muy importante que decirte –respondió Lisa mientras correspondía al abrazo de Rick.
El abrazo se prolongó unos segundos. Terminando, ambos se miraron a los ojos y se despidieron. De los aún enormes ojos azules de Rick emanaba amor, mientras que los bellos ojos color esmeralda de Lisa lucían serenos, llenos de paz.
Desde lejos, Jack presenció la escena. Vio que Rick abrazaba a Lisa con extrema delicadeza y también notó que permaneció con los ojos cerrados mientras rozaba su cabeza en la cabellera de ella. «Hunter la ama. Es imposible no notarlo» pensaba Jack mientras veía que Lisa caminaba hacia él.
Cuando se dirigían hacia el SDF-2, Jack notó que Lisa iba muy callada y meditabunda, por lo que intentó iniciar una conversación.
–¿Y? –preguntó Jack.
–¿Y qué? –cuestionó Lisa.
–¿Qué fue lo que pasó con Hunter a la salida de la reunión?
–Nada, ¿por qué?
–¿Ese abrazo tan cálido y cargado de sentimientos, es nada?
–Solo me felicitó por el nombramiento.
–Él te ama, Lisa.
–Jack, por favor… Ese tema ya lo hemos hablado antes.
–Lo sé, Lisa. Sin embargo, sabes qué es lo que pienso de Hunter y tú... –dijo Jack. –Por ejemplo, ¿por qué no aceptaste salir a comer con él? ¿Temes reconocer que, quizá remotamente, aún sientes algo por él? –preguntó Jack sin miramientos.
–Rick siempre tendrá un lugar especial en mi corazón, eso lo tengo muy claro –dijo Lisa haciendo una pausa–. No acepté comer con él porque le prometí a Elizabeth que comería con ella.
Abordaron el jeep que los llevaría de regreso a la nave. Mientras Jack conducía, seguía cuestionando a Lisa.
–Lo podrías haber invitado. Así conviven en familia –afirmó Jack, remarcando las palabras "en familia".
–¿Sigues con lo mismo?
–Lisa, son temas que necesitas aclarar y en todos estos años, siempre te he escuchado.
–Mi familia eres tú, Jack… y mi hermosa Elizabeth –dijo Lisa mientras le sonreía–. además no he hablado al respecto con ella. Desconozco si le molestaría que invitara a Rick o si ella tenga la intención de conocerlo. Le preguntaré ahora que comamos.
–Estoy seguro que ella quisiera conocerlo. Es su papá.
–Tiempo al tiempo, Jack. Y por favor, cambiemos de tema.
–¿Te incomoda hablar de Hunter?
–Me incomoda que hemos tenido esta conversación en ocasiones anteriores y tú sigues insistiendo en que hay algo más.
–Está bien, está bien, preciosa, no hablemos más de ello… Por ahora… –dijo Jack con una sonrisa coqueta que Lisa conocía muy bien.
–¡Jack! ¡Eres imposible! –reclamó ella.
–Soy irresistible, mi querida Almirante…
–Aún no lo soy…
–Pero lo serás…
–Todavía no acepto el cargo.
–Estoy seguro que aceptarás. Quien mejor que tú para sustituir al Almirante.
–Gracias, Jack. Tengo tantas cosas en qué pensar.
–Llegamos… –dijo Jack.
–¡Al fin! Por lo menos, terminará tu interrogatorio. Eres mejor militar, que detective.
–¡Hey! No soy detective.
–Pues lo pareces con tantas preguntas –dijo Lisa.
–¿Vas a comer con nosotras, Jack?
–No esta vez, tengo algunas cosas pendientes por hacer.
–Oh, está bien.
Los dos bajaron del auto entre risas. Jack acompañó a Lisa al apartamento, saludó a Elizabeth y a la teniente Nancy y se retiró casi de inmediato.
Lisa, Elizabeth y Nancy procedieron a comer. Lisa aprovechó para preguntarle a Elizabeth cómo se sentía con respecto a conocer a Rick.
–¿Te molestaría si invito a Rick a comer con nosotras? –preguntó Lisa.
–No, no me molestaría, mamita… Al contrario, me agradaría conocerlo –respondió Elizabeth–. ¿Cuándo vendrá?
–Bueno, no hemos logrado compaginar horarios, pero en cuanto coincidamos, lo invitaré a casa, para que coma o cene con nosotras.
–O simplemente, dile que venga. ¡Invítalo a conocer la fortaleza! –dijo la niña con euforia–. ¿El no la conoce, verdad?
–Él visitó el SDF-2 cuando todavía estaba en construcción. No conoce la nave terminada.
–Invitalo, mamá. Tengo muchas ganas de conocerlo –dijo la jovencita.
–Claro, mi amor. Eso haré –dijo Lisa.
–Mami, también te quería pedir permiso para salir a pasear con Nancy… –preguntó Elizabeth. ¡Es que quiero conocer la Tierra! Son tantos años que he escuchado tus historias y las de mis tíos, que quiero ver con mis propios ojos el cielo natural, las puestas de sol, escuchar el canto de las aves, sentir el viento… Aunque tenemos todo eso dentro del SDF-2, es artificial.
–Sí, mi amor –contestó Lisa con dulzura, acariciando la carita de su hija–. Discúlpame, cielo, he estado tan ocupada que no he tenido tiempo para salir a pasear contigo… Pero qué te parece si nos apuramos a comer, así podemos irnos juntas y te doy un breve recorrido por las calles de la zona militar de Macross, que es el lugar donde viví. De ahí, Nanci y tú, se pueden ir a pasear. Hay un parque, está el lago Gloval y puedes sentarte a contemplar el paisaje.
–¡Me parece perfecto! –respondió Elizabeth.
–¿Sabes cómo regresar, Nancy? –preguntó Lisa.
–Sí, Lisa. Aún recuerdo. Dependiendo de dónde estemos, nos regresamos caminando o pediré un taxi.
–Está bien, Nan. Gracias.
Terminando de comer, las tres chicas se arreglaron para salir. Lisa condujo el Jeep militar y dio un recorrido a Elizabeth por algunas calles de Macross. Elizabeth observaba todo, estaba muy entusiasmada y se sentía contenta al salir por primera vez de la fortaleza espacial. También era la primera vez que la niña observaba el cielo natural, como le decía ella. Ver las nubes y sentir cómo el aire tocaba su cara y hacía volar su cabello la hacía sonreír a más no poder.
En unos minutos, llegaron a la zona militar. Lisa se identificó a la entrada para tener acceso a la zona habitacional y empezaron a recorrer las calles. Muchos recuerdos inundaron la mente de Lisa. Inconscientemente manejó por la calle donde estaba la casa de Rick y después manejó hacia donde estaba su casa. Le dijo a Elizabeth que esa había sido su casa, antes de partir al espacio. La niña miraba todo con detenimiento, como si quisiera grabar las imágenes en su mente.
Como ya se acercaba la hora en que Lisa debía regresar a la base, ella le preguntó a Elizabeth si le gustaría ir a un parque que estaba cerca de ahí. La niña asintió. Lisa dejó a Elizabeth y a Nancy en la entrada.
–¡Cuídense mucho! –dijo Lisa–. Nanci, si necesitan algo, llámame a mi número persona –añadió.
–Vete sin cuidado, mami. No haremos locuras y Nancy sabe cuidarme muy bien –respondió Elizabeth.
–Lo sé, mi amor. Regresen antes de que oscurezca, por favor –añadió Lisa con preocupación.
–Quiero ver el atardecer, mami. Solo eso y nos regresamos a casa.
–Lisa, yo cuido a la niña. Regresa a la base sin pendiente.
–¡Gracias, Nancy! ¡Te amo, Elizabeth! –dijo Lisa, mientras se despedía de ella con un gran beso y un abrazo.
Mientras conducía a la base, Lisa recordó que en ese parque había empezado el tormento amoroso con Rick, cuando la dejó esperando horas y horas para ir al fallido picnic, pues el piloto había ido en búsqueda de Minmei y después intentó cubrirla con la bufanda que la cantante le había regalado. «No debo pensar en esas cosas, ya es pasado. Rick tiene su vida y yo la mía. Mi corazón está cerrado para Rick, pero… aún hay cosas que me intranquilizan».
Justo en el momento en que Lisa llegaba a la base, Rick salía y alcanzó a verla a lo lejos. Inmediatamente comenzó a pensar en los días en que Lisa y él trabajaban juntos. Añoraba el tiempo en que ella estuvo incondicionalmente para él y recordó una vez más el día en que maravillosamente compartieron todo y fueron un solo ser. Una nostalgia infinita lo invadió. «Lisa… ¿Qué he hecho? Parecía increíble que algún día regresaras a la Tierra, sin embargo, estás aquí, tan cerca de mí y tan lejos e inalcanzable a la vez… Yo…no quiero regresar a casa, se siente tan vacía como mi vida. Y ahora tú estás aquí, ya no puedo ir a tu casa, que se había convertido en mi refugio. Solamente ahí me sentía arropado entre tu ambiente y tus pertenencias… Creo que caminaré un poco para despejar mi mente» pensaba Rick con melancolía.
Lentamente, el atractivo General fue caminando sin rumbo. Meditabundo, metió sus manos a sus bolsillos y el viento hacía volar su gabardina militar. Inconscientemente, sus pasos lo llevaron al lugar donde comenzó el declive de su relación con Lisa: el parque al que la invitó después de haberla dejado plantada el día del picnic. «¿Por qué estoy aquí? Este lugar me deprime pues me recuerda a mi inmadurez… Me siento tan decaído y todavía caminé a este sitio sin pensar… Bueno, he hecho muchas cosas en mi vida, sin pensar lo suficiente, ¡qué más da! Prosigamos con el recorrido…» dijo Rick para sí, mientras seguía caminando, como autómata, hasta que a lo lejos, algo captó su atención.
El militar vio una larga e inconfundible cabellera color miel. «¡Lisa!» Apresuró el paso y entre más se acercaba, su corazón latía con más fuerza y sentía que de la emoción, éste se iba a salir de su pecho. Rick comenzó a distinguir una figura femenina, solitaria, sentada en una banca, que daba la espalda al pasillo principal. «Mi mente me está traicionando. Estoy tan enamorado de Lisa que la veo en cualquier lugar. Pero… ¿cómo puede ser ella si la vi llegar a la base cuando yo salía de mi jornada de trabajo? Quizá cancelaron sus actividades y vino al parque, igual que yo. Creo que los recuerdos en este parque nos están dominando» pensaba Rick mientras se dirigía a la fina figura de la mujer dueña de su corazón y sus pensamientos.
Cuando estuvo a una corta distancia, quiso sorprender a Lisa y abrazarla por la espalda. Se armó de valor, sentía que su corazón se aceleraba. Escuchaba sus latidos en sus propios oídos y la emoción era tal, que difícilmente podía acertar qué decir. Hablar para expresar sus sentimientos nunca había sido una de sus fortalezas. Sin embargo, recordó que no sabía si Lisa estaba casada y si esta acción de abrazarla podía causarle algún problema en su vida personal o bien, simplemente molestarla.
Además, él sí estaba casado… aún. Su divorcio le estaba tomando años porque Minmei solo ponía trabas. Antes, al militar no le importaba que su divorcio durara tanto, pero ahora, con Lisa en la Tierra, lo que él más quería era ser un hombre libre otra vez. Libre, para luchar por el amor que dejó ir y que ahora, Dios, la vida y el universo se confabularon para volver a poner a su alcance a la mujer que amaba con todo su corazón.
Con tantas cavilaciones, el General Hunter optó por tranquilizarse y únicamente hacer un saludo normal. Rodeó la banca y justo cuando iba a hablar, se quedó inmóvil y muy sorprendido. Sus ojos se abrieron a más no poder pues casi no podía creer lo que veía. La sorpresa de lo que estaba viendo, también hizo que ligeramente abriera su boca y no pudo articular palabra en ese momento.
Lo que vio y a quien vio, no era Lisa, su Lisa, sino una hermosa jovencita, con los rasgos iguales a los de la futura Almirante y también tenía una larga y frondosa cabellera color miel. La niña parecía muy concentrada en el paisaje pues no dejaba de mirar al horizonte y su vista estaba dirigida principalmente al cielo.
Rick observó a la jovencita. Vestía un suéter holgado color azul rey, pantalón stretch azul marino y unos zapatos cerrados. De cierto modo, su mundo se vino abajo. «Lisa… ella debe ser tu hija… Es igual a ti» pensó Rick. Sí, él dedujo que esa jovencita era hija de Lisa y, por consiguiente, concluyó que la mujer que amaba, ya no estaba libre. Rick notó que la pequeña no había reparado en su presencia pues ni siquiera había volteado a verlo, por lo que prefirió retirarse, con un corazón dolido por las conjeturas que él acababa de hacer y por "la verdad" que comenzaba a imaginarse en su mente.
Justo cuando intentó darse media vuelta, la jovencita levantó su cara y dirigió su mirada hacia él. Rick quedó impactado con los grandes, hermosos y expresivos ojos azul océano de ella. «¡Es Lisa, con ojos azules!» pensó. «Tiene una piel de porcelana, blanca y tersa, como la de su madre. Solo que esos ojos azules, me… recuerdan… a… los ojos de mi madre y ¡a mis ojos!» pensaba el militar, quien no salía de su sopresa.
La jovencita lo seguía observando, sin perder ningún detalle de él. Lo miraba de arriba a abajo, como si estuviera analizándolo centímetro a centímetro. La mirada de ella era impasible, tan serena que por unos segundos, le transmitió paz a la mente revolucionada del General, sin embargo, él continuó con sus pensamientos que venían en cascada y aprovechó los instantes en que la jovencita lo miraba, para grabarse esos hermosos ojos azules.
«¿Será posible? ¿Será posible que… ella sea… mi… hija? No, no, ¿pero cómo? Sería muy remoto… Lisa y yo solo estuvimos juntos aquella noche lluviosa y… ¡Hunter! no te hagas ilusiones ni tengas esos sueños, regresa a la realidad… ¡no podría ser verdad!» cavilaba Rick mientras sus propios temores le hicieron pensar que quizá esa niña era hija de Lisa y Jack. Aunque Jack no tenía ojos azules, ese color de ojos probablemente provenía como herencia del Almirante Hayes.
Durante esos segundos que los pensamientos invadieron a Rick, la jovencita seguía observándolo, ni siquiera parpadeaba «¡Es él! ¡Es mi papá! ¡Oh, es tan guapo! Se ve mejor que en las fotos que tiene mamá. ¡Ahora sé por qué mamá se enamoró de él! Es tan… tan… apuesto, atractivo, varonil, tiene una piel bronceada hermosa, una nariz pequeña y afilada y… unos bellísimos ojos azules… ¡iguales a los míos!» pensaba Elizabeth, quien tantas veces soñó con conocer a su papá e incluso, imaginó los diálogos que tendrían. Sin embargo, en ese justo momento en que por fin lo tenía frente a ella, no sabía exactamente qué decirle. Quería decirle que era su papá, abrazarlo y darle miles de besos, pero decidió esperar pues entre ella y su madre habían acordado que Lisa le diría a Rick que Elizabeth era su hija. «¡Papá! ¡Papá! ¡Cómo quisiera poder decirte que eres mi papá! Pero es a mamá a quien le corresponde decírtelo» pensaba Elizabeth, mientras seguía mirando a su papá, pues era la primera vez que lo veía físicamente.
Rick no podía apartar su mirada de la jovencita quien permanecía impávida ante él. Quería retirarse con su corazón aún más destrozado, pensando que Lisa tenía una hija, que tenía una vida totalmente hecha y que para él, las esperanzas por acercarse a ella en un plano sentimental, eran casi nulas. A pesar de esos sentimientos negativos y de tristeza infinita, algo lo hacía permanecer ahí, junto a esa niña. Así que por impulso, por inercia o por azares de la vida, se decidió a hablarle.
–Hola… –dijo Rick.
Al escuchar la voz de su padre, el corazón de Elizabeth comenzó a latir aceleradamente. La emoción de la pequeña iba en aumento cada segundo que pasaba mirando al guapo militar. «¡Oh! ¡Tiene una voz hermosa! ¡Podría pasarme horas escuchándolo! Tiene unos labios delgados, una boca definida, ¡qué guapo es!» seguía pensando Elizabeth, cuando Rick volvió a hablar.
–¿Me… podría sentar? –dijo Rick con voz suave.
Elizabeth despertó de su ensimismamiento y solo acertó a asentir con su cabeza, por lo que el general procedió a sentarse. A lo lejos, Nancy veía la escena. Ella estaba sentada en otra banca, pues Elizabeth le había pedido, por un momento, que quería estar sola con la naturaleza y disfrutar del aire, de los árboles, del pasto y del paisaje. No sabía si intervenir o dejar que las cosas siguieran su curso. Sabía bien cómo era Lisa de estricta, pero también lo decidida que era Elizabeth, así que optó por seguir observando, guardando una distancia prudente, pues prefería explicarle a Lisa en casa, que desencadenar una escena incómoda ahí mismo con Elizabeth. Además, la pequeña no corría ningún peligro, pues se encontraba su padre, el General Hunter, condecorado héroe de la RDF.
–Me llamo Richard… –dijo Rick, haciendo una pausa–. Richard Hunter.
Le dijo Rick, mientras extendía su mano a manera de saludo, hacia Elizabeth, quien permanecía mirándolo fijamente, sin decir ninguna palabra. Finalmente, la jovencita extendió su mano, para responder el saludo, solo que lo hizo como si fuera un saludo de la realeza y posó su delicada mano sobre la varonil mano del general. Ambos sintieron como si la electricidad los recorriera. Elizabeth bien sabía que él era su padre, pero Rick, aún desconociendo el parentesco, se sintió reconfortado con el contacto de esa mano tan suave y de dedos finos, como los de Lisa.
–Me llamo Elizabeth… –dijo ella.
Continuará…
Nota de autor:
¡Hola a todos! Comparto este capítulo de "La inmensidad de las estrellas". Me he tardado en actualizar pero sigo pendiente con ésta y mis demás historias. Las responsabilidades de la vida adulta me están dejando poco tiempo para escribir.
Bien, en este capítulo, Elizabeth conoce a Rick. ¿Qué piensan que sucederá? Lisa y Rick aún no hablan. ¿Qué será de la vida privada de Lisa? ¿Qué habrá pasado con la vida de los protagonistas mientras el SDF-2 seguía en su misión? Este fic es algo complejo pues tiene historias que aún no se han contado y algunas situaciones que poco a poco van a saberse o se irán resolviendo. Me agradaría saber sus ideas.
Agradecimientos especiales a Mao Nome (I'm glad you're feeling better!), Fabiola Collao, Maru-k, Triny10, ZayMel, Anita, Ime y demás guests.
Saludos y éxito.
