Capítulo 40
Nuray abrió los ojos al fin. Había tratado de hacerlo durante la mañana, tras pasar un extraño periodo de letargo en el cual no sabía si dormía o no, y sólo sentía mareo y confusión, pero por fin aquello se había alejado. Estaba segura de que debía ser por tónicos que le habrían dado.
Muy pronto el dolor en su cuerpo se hizo protagonista, sobre todo en la zona donde había sido herida, pero se sorprendió ante la dureza del generalizado en todas partes. Poco a poco empezó a recordar todo.
-¡Nuray! Al fin despiertas, gracias al cielo. -Habló Claudia con ánimo, dejando de lado los objetos que manipulaba ante la estantería, acercándose a la cama para sentarse. -¿Cómo te sientes?
-He estado mejor, desde luego. Me duele todo. ¿Por qué estoy mojada? -Preguntó al darse cuenta de la humedad de su piel y cabello.
-He estado lavándote hace un rato. Has estado inconsciente un día entero, y la puñalada fue en un lugar complejo. Es normal que te sientas así, pero el médico cambió tus vendas y observó la evolución. Dice que pintaba bien.
-Gracias, Claudia. Cuéntame qué ha pasado, por favor.
-Al parecer ese hombre que se te escapó en Saltino te estuvo vigilando y avisó a Mendoza de que venías. Por eso te atacaron y sabían dónde estabas. Los asesinos de Génova lo encontraron después de todo, e intentaron saber si tenía alguna información más, ya que Mendoza se ha largado de nuevo. Lo han matado porque trató de huir.
Nuray inspiró mientras trataba de calmar su fuero interno. Aquello había sido su culpa. Ese bastardo había huido de nuevo por su impaciencia. Cambió de tema para tratar de no llorar de rabia.
-¿Dónde está Ezio? Saldríais de Florencia en cuanto se diera cuenta de que me marché.
-Sí, así fue. Los niños se han quedado en casa con Laura, Flavia y Antonio. Ezio ha ido con Maquiavelo a ver a Alba y su gente; se alojan en otro refugio de la ciudad, son bastantes. Él no quería moverse de tu lado, pero yo le he obligado a ir para despejarse. Quedarse aquí sentado mientras se castiga mentalmente a cada instante va a acabar con él.
La turca se mordió el labio con discreción, aumentando su desazón interna. Con voz trémula, volvió a cambiar de tema.
-He perdido al bebé, ¿verdad? Y Ezio también lo sabe.
Claudia volvió a asentir con tristeza tras la segunda parte de la frase. Cogió aire discretamente, preparada para ser totalmente franca con su cuñada. Aquello no podía continuar así. Fijando sus ojos en ella, habló.
-Nuray, tienes que parar con esto. Sé que es muy difícil de asimilar para ti; Yusuf era tu familia, prácticamente tu hermano, te crió y era la última parte que te unía a tus raíces. Yo también me siento perdida sin él, pero debemos pensar en nuestros hijos. -La castaña hizo una pausa, sorbiendo antes de seguir. -Cada mañana cuando me despierto siento que me han arrancado el corazón, ¿sabes? Y entonces de repente siento una inmensa furia, y sólo quiero arrancarle la cabeza a ese hijo de puta que ha matado a mi marido. Me siento como tú, Nuray, a veces sólo puedo llorar encerrada en mi habitación, o gritar contra los cojines para no correr en busca de los culpables. Pero sé que si quiero vengar a Yusuf, tengo que ser paciente para no darles la satisfacción a esos cabrones de apuntarse otro tanto. Cuando me siento al límite pienso en Livia. No puedo fallarle a ella. Tus hijos te necesitan a ti también, y mi hermano. Ezio está al borde del precipicio, no puede más del miedo que tiene. No le hagas esto, Nuray, por favor. No queremos perder a nadie más.
La turca tuvo que desviar sus ojos vidriosos de Claudia, quien lloraba con la tristeza impresa en el rostro, suplicándole todo aquello. Tenía razón en todo, lo sabía, y la vergüenza pisaba su garganta al ver a aquella mujer, que desde luego lo había pasado peor que ella.
-Lo siento mucho, Claudia. -Terminó susurrando tras unos instantes, mirándola al fin. Me avergüenza mi actitud. He ignorado todo vuestro dolor por ser incapaz de gestionar el mío, y mientras tú te mantenías entera y te ocupabas de mi marido y mis hijos, yo sólo he estado destrozándolo todo. Perdóname.
La morena no aguantó su monólogo sin romper a llorar, arroyada por la culpa y la tristeza, pero Claudia agarró su mano más cercana mientras murmuraba con una leve sonrisa.
-Claro que te perdono, todos lo hacemos; somos familia. A partir de ahora haremos las cosas bien, juntos.
Nuray asintió derramando lágrimas, haciendo que su cuñada la abrazara con delicadeza. Ambas se sintieron mucho mejor al instante.
Ezio entró a bocajarro en el cuarto donde Nuray se encontraba, al haber recibido la noticia de que estaba despierta al fin, a su regreso.
La mujer no pudo decir nada cuando él se acercó rápidamente, susurrando su nombre, para después sentarse a su lado y besarla con ímpetu.
-Me haces daño, Ezio. -Logró murmurar después de unos segundos, haciendo que él dejara de estar inclinado sobre ella.
-Lo siento. Por fin despiertas. ¿Cómo te encuentras?
-Justo como merezco. Lo siento, Ezio.
-Amor…
-No -Le interrumpió la mujer, incorporándose levemente para no estar tumbada del todo, hablando con arrepentimiento. -He sido una idiota. Tienes razón, lo de Yusuf me ha hecho perder el control y he descuidado cosas imperdonables por buscar venganza. Os he puesto a todos en peligro y he jodido el plan. Hasta he hecho que mataran a nuestro hijo.
Cuando no pudo retener sus lágrimas y calló ante los sollozos, el italiano acarició su rostro mientras hablaba con dulzura.
-Mi amor, lo que importa es que te has dado cuenta y vuelves a ser la misma. Estás bien, y lucharemos por hacer justicia. No pasa nada.
-Claro que pasa, Ezio. He descuidado a mis propios hijos, y a ti. Sé que te he hecho mucho daño últimamente, y te he dejado solo, soportando toda esta mierda con la pobre Claudia, como si no sufrierais igual que yo su pérdida… Perdóname, Ezio.
-Por supuesto que te perdono, amor. No te preocupes por los niños, ellos están bien y entienden lo que ha pasado. Tranquila, ¿vale?
Nuray asintió sin mirarlo, a pesar de que él sostenía su rostro. La turca no pudo más que romper a llorar entre aquella terrible sensación interior de culpa y tristeza, dejando que él la abrazara mientras susurraba que todo estaría bien.
Cuando la mujer pudo calmarse un poco, se separó para mirar a su marido a los ojos.
-Siempre voy a quererte, Ezio, da igual lo estúpida que pueda llegar a ser, o lo que haga. Eres un hombre increíble.
-Y yo a ti también. Tú me lo has dado todo.
Nuray sonrió levemente, haciendo que el florentino la imitara con rapidez, para después besarla con ternura.
