Various Storms and Saints
By: viridianatnight
Capítulo 25 - 1997
Advertencia: Salto temporal.
El tren estaba completamente en silencio, ningún sonido o chispa de conversación provenía del interior. Incluso la bruja del carrito de comida sabía que ahora no era el momento adecuado para ofrecer dulces a los niños que habían presenciado la muerte de su querido director. Albus Dumbledore murió a manos de un estudiante. Por supuesto, Hermione sabía la verdad. Harry les había dicho a ella y a Ron lo que había sucedido tan pronto en que los volvió a ver. Les contó todo… y de repente, fue el comienzo del final.
Esto comenzó con los Horrocruxes y terminaría con ellos. No dijeron en voz alta que no volverían a Hogwarts el próximo año. ¿Cómo podrían hacerlo cuando todo se estaba derrumbando a sus pies? Necesitaban terminar con esto de una vez por todas. Continuar fue imprudente, demasiadas personas ya habían muerto y más iban a morir. En algún lugar en el fondo de su mente, Hermione sabía que nunca sería capaz de contárselo a sus padres. Ni siquiera entendían completamente la magia como tal y ella ni una sola vez había mencionado algo acerca de Riddle. Si lo hubiese hecho, inmediatamente la habrían sacado de Hogwarts y Harry junto con Ron se habrían quedado solos.
Thomas y Roxanne Granger eran buenas y sencillas personas. Eran dentistas, amaban la Navidad con moderación y adoraban a su hija en cantidades anormales. Hermione también los amaba tanto, sino es que más. Por supuesto, todos amaban a sus padres y entendían cuánto se sacrifican los padres por el bienestar de sus hijos. Para Hermione, todo fue diferente. Todos los sacrificios que hizo por ellos y ni siquiera lo supieron. Todas las noches de verano que se encerró en su habitación y lloró porque no podía dejar que ellos soportasen la carga del absurdo mundo mágico
Sus padres lo eran todo para Hermione. Al crecer, incluso desde una edad temprana, fue acosada por su cabello rebelde y dientes ligeramente protuberantes. Además de su vecino, Daniel Peckherdst, Hermione no tenía amigos. Incluso a medida que crecía, las chicas se volvían más crueles y los chicos cada vez más inquietos, continuaron burlándose de ella. Pero cuando llegó a casa después de un día insoportablemente largo en la escuela primaria, la recibieron con panecillos de nuez con plátano y un juego de sudoku con su padre.
Thomas siempre animó a su hija a pensar más allá de lo que todos los demás cuestionaban y sabían. Creó una niña librepensadora que se encerró en una caja de normas y estándares sociales. Hermione era la niña más inteligente que había conocido y siempre le preguntaba a cuántos más niños brillantes conocía su padre, y por supuesto, ella fue la única. Animó su entusiasmo e infantil alegría de la misma manera para alentarla a leer La Odisea a los diez años. Ella corría por el patio cubierta de barro mientras su padre la interrogaba sobre las tablas de multiplicar, La cual ella dominÓ a la edad de cuatro años. Él la cargaba sobre sus hombros, haciéndola sentir que volaba como un avión a través del Museo Británico mientras ella memorizaba los nombres de cada escultura y pintura. Aunque sus mejores recuerdos con su padre eran los más simples, los adoraba con locura.
Y un recuerdo en particular; un incidente recurrente, también era uno que alimentaba su Patronus. Por las noches heladas, entre noviembre y diciembre, su padre encendía la chimenea; sentado en un gran sillón de cuero marrón con una manta tejida con retazos viejos, apoyaba los pies frente al fuego y sacaba un libro que tenía la intención de leer. No fue hasta que Hermione cumplió los tres años que hurtó un par de calcetines del armario de su padre y los colocó en sus pequeños pies. Se colocaba debajo de su brazo y miraba las páginas de un libro que no entendía, Sólo para poder acurrucarse junto a él. Estos momentos no se detuvieron hasta que cumplió once años y decidió que era lo suficientemente mayor para leer junto a él en lugar de en su regazo. Sin embargo, los días junto al fuego de la chimenea y vistiendo calcetines demasiado grandes para su edad, revivieron sus recuerdos más felices.
Roxanne Granger nunca fue la madre perfecta, para consternación de la abuela de Hermione. Nunca organizó elaboradas fiestas navideñas, no obligó a Hermione a usar vestidos los domingos e ir a la iglesia con la familia, porque sabía que no todos eran creyentes. No preparó almuerzos caseros ni hornearía para su hija como la madre cariñosa que debió ser. No, Roxanne era un desastre y eso era lo que más amaba Hermione de ella. Era sincera, amable e increíblemente divertida. Empacaba almuerzos listos para ingerir en la lonchera de su hija y le compraba todos los panecillos de nuez y plátano que había en la panadería. Hermione era como su madre en muchos aspectos. Siendo igual de amable e inteligente, heredó algunas de sus características: su cepillo de dientes tenía que estar del lado derecho de la taza, las blusas siempre debían estar dobladas horizontalmente y los pantalones en vertical. Thomas siempre se reía de ellas por ser un poco neuróticas.
Su madre, a pesar de todo, era su mejor amiga. Incluso después de conocer a Harry y Ron, cada vez que alguien le preguntaba quién era su mejor amiga, Hermione respondía que era ella. Roxanne: con el mismo cabello rizado y letra descuidada. Su madre, quien la empujaba en el carrito del supermercado, tirando como en el baloncesto las bolsas de papas fritas, como un juego, para Hermione. Su madre, quien despertaba en medio de la noche cuando Hermione era una bebé, temerosa de que su niña hubiera dejado de respirar, acostándose al lado de la cuna, dejando que su pequeña hijita le sostuviera el dedo con toda su mano. Roxanne amaba la poesía tanto como a Madonna. Hermione adoraba a su madre, y se esforzaba por ser la mitad de la mujer que ella era. Si tan sólo tuviera la mitad de su humor, la confianza y el aprecio por el mundo que tenía, entonces Hermione podría considerarse afortunada.
Incluso entonces, Hermione nunca había conocido a dos personas que se amaran más que Thomas y Roxanne. Atrapaba a su padre mirando a su madre con amor mientras hervía agua para preparar pasta. Cuando el cabello de su madre estaba tan desordenado que no se podía domesticar, él se tomaría el tiempo para trenzarlo, algo que más adelante haría con Hermione. Cuando Roxanne se dedicó a la pintura o a la cerámica, Thomas estaba allí con ella. Cuando la abuela Jean murió, Roxanne no pudo levantarse de la cama durante una semana y él se quedó con ella, acompañándola en su momento de dolor. Por supuesto, su madre siempre decía que lo amaba más, como lo haría cualquier pareja cursi. Se puso nerviosa con su esposo incluso muchos años después de su matrimonio; ella siempre se sonrojaba. Nunca olvidaba comprar el pastel de red velvet con glaseado de queso crema para su aniversario, no porque a él le gustara tanto, sino porque no podía olvidar el momento en el que se conocieron. Cuando Thomas cruzó la calle mientras estudiaba en la universidad, hacia la pastelería donde ella trabajaba, lo compraría una y otra vez sin pedirle nada a cambio. Porque, eso haces cuando amas a alguien tanto como Roxanne Miner amaba a Thomas Granger; nunca lo cuestionas.
Entonces, mientras Hermione viajaba en el Expreso de Hogwarts, de regreso a la estación de King's Cross, consideró la mejor manera de proteger a sus padres del mundo en el que vivía, decidiendo alterar su memoria para que se olvidaran de ella y se fueran a Australia. Este plan era tan bueno como cualquier otro, todo estaba decidido y estaba preparada para hacerlo. Estaba lista a la edad de diecisiete años para hacer que sus padres la olvidaran para mantenerlos a salvo. Nunca debería haber sido forzada a hacer algo así. Era una locura, algo completamente injusto, pero no tenía otra opción.
Sus padres no la recibieron en la estación, por lo que tuvo que tomar varios autobuses a casa. No vivía lo suficientemente lejos como para preocupar a Harry o Ron. Tan pronto como el último autobús se detuvo exactamente a las 6:19 p. m. del primero de julio de 1997, en la estación a cinco minutos a pie de su casa, se preparó mentalmente para el hechizo. Dobló la esquina, respirando el cálido aroma del pan recién horneado de una panadería cercana y Hermione se detuvo frente a la casa, entre la tienda y la casa de la ahora anciana señora Kittering, con Crookshanks a su lado y su varita apretada en la mano. Decidió hacerlo de inmediato, cuanto más tiempo pasara con ellos, más difícil sería para ella.
Dejando su baúl y su bolso en el pórtico, subió los escalones con Crookshanks a su lado, mientras él maullaba escandalosamente, obligando a Hermione a hacerlo callar. Se escapó esa noche y ella nunca lo volvió a ver. Él la abandono y la dejó abrir la puerta sola.
—¿Mamá? ¿Papá? —llamó entre la penumbra de su hogar.
No hubo respuesta. Buscó a tientas el interruptor y el largo corredor se iluminó en amarillo, invitándola a seguir adelante. No había ningún sonido en la casa, ningún olor a cena, nada. Fue espeluznante y se preocupó; sostuvo su varita con más fuerza, mientras la extendía frente a ella y caminaba hasta llegar a la puerta de la sala de estar.
Thomas y Roxanne Granger murieron juntos, al menos, eso le gustaría creer. No sabía si había sido indoloro o quién pudo haberlo hecho, aunque tenía una idea: había una Marca Tenebrosa en el ladrillo de la chimenea, quemada contra la pared. Hermione nunca había gritado tan fuerte como lo hizo esa noche. Las lágrimas corrieron por su rostro amenazando con no terminar nunca. Abrazó a sus padres tan fuerte como pudo, meciéndose de un lado a otro en el suelo de la sala de estar. Nada dolió más que tener a sus padres inertes en sus brazos, sin sus cálidas sonrisas y sinceras risas. No hubo un: «¡Bienvenida a casa, señorita Mione!». Nunca volvería a escuchar ese apodo de nuevo.
No fue hasta que escuchó un golpe en la puerta principal que dejó de mecerse.
—¿Hermione?
Corrió hacia la puerta y encontró al niño no tan pequeño ahora con el que creció en su infancia.
—¿Daniel?
—Oh, Dios mío, ¿te encuentras bien? ¿Por qué estás llorando? ¿Qué sucedió? —preguntó mientras ella se arrojaba a sus brazos.
Hermione tomó su rostro entre sus manos, tratando de encontrar consuelo en los ojos azules preocupados, cuando la comprensión la golpeó.
—Daniel, Daniel, necesito… por favor, no puedo… necesito irme.
—Hermione, tranquilízate, por favor. ¿Qué está pasando?
La abrazó con fuerza mientras ella lloraba y esperó a que formara un pensamiento coherente.
—¡Están muertos! Mis padres… están muertos.
Los ojos de Daniel se abrieron de golpe.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Está completamente segura?
—Daniel, necesito que hagas algo por mi —dijo Hermione, conteniendo los sollozos—. Por favor, necesito que me escuches y no cuestiones nada de lo que voy a decir. Sé que sonaré como una desquiciada y puede que lo creas, pero tienes que aceptar que lo que te voy a decir es verdad. No puedes contarle esto a nadie, ni a tus padres ni a tus futuros hijos. A nadie, nunca, ¿lo entiendes?
—Realmente me estas asustando.
—Daniel… —Hermione se aferró a su chaqueta, mirándolo directamente a los ojos—. Por favor, necesito tu ayuda.
—De acuerdo, ¿de qué se trata todo esto?
Ella respiró hondo antes de contarle todo. Le dijo que era una bruja y que su internado estaba lejos de ser normal; sus padres fueron asesinados a causa de una guerra de la que ha sido parte en contra de su voluntad desde que tenía once años.
—Tengo que desaparecer, dile a la policía que me secuestraron, diles que yo también estoy muerta. Diles a todos que morí. A tus padres, a la señora Kittering, todo el mundo tiene que pensar que estoy muerta.
Hablaba tan rápido que él apenas podía captar el significado de sus palabras.
—¿A dónde vas a ir?
—Tengo amigos, estaré bien, en serio. Tengo que estar bien, tengo que salvar a todos los que amo. —Hermione sollozó más—. Por favor, sé que te estoy pidiendo demasiado.
Él la abrazó rápidamente, dejándola sollozar en su ropa.
—Está bien, no creo que estés desquiciada. ¿Te veré de nuevo?
Ella lo abrazó más fuerte.
—No lo sé. Puede que muera o no. Si perdemos, lo sabrás. Si ganamos, nada cambiará para ti.
—No puedes morir, Hermione.
—No quiero —dijo mientras se separaban—. Eres una persona increíble, Daniel Peckherdst, no dejes que nadie te diga lo contrario.
Después lo besó, no demasiado tiempo, sólo para ella.
—Creo que hubieras sido un novio maravilloso para mí si mi vida hubiese resultado diferente. Lo lamento tanto, pero tengo que irme.
Hermione se alejó de él y bajó corriendo los escalones del pórtico, tomó su baúl y su bolso. Sacó su varita y apuntó al cielo.
—¡Espera! —gritó Daniel y Hermione se volvió hacia él—. Siempre has sido mi mejor amiga y la chica más fuerte que he conocido. Te amo, Hermione.
La última lágrima rodó por su mejilla, y justo antes de aparecerse en La Madriguera, agregó:
—Mantente a salvo, por favor.
Nos vemos en un siguiente capítulo amixes 💕
