Ingestión Accidental
Diario de Snape
5 de junio, 1993:
Por fin he tenido ocasión de sentarme y volver a registrar mis pensamientos tras cuidar de mi hijo durante tres días, pilló mi resfriado también y prácticamente tuve que atarlo a la cama para conseguir que descansara. ¡Lo juro, el muchacho se cree invencible o algo así! Y se pelea conmigo cada vez que lo medico con pociones, hasta el punto en que amenazo con sentarme sobre él, taparle la nariz, y vertérselas por la garganta como lo haría con un cachorro enfermo. Bien eso o traer una gran jeringa de mi laboratorio e inyectárselas en el trasero. Realmente hice eso una vez, cuando estaba enfermo con un virus estomacal y no podía dejar de vomitar, no podía retener la poción Anti-Náuseas el tiempo suficiente para que hiciera efecto, así que tuve que tomar la ruta de la inyección. Dos veces. Me dijo que me odió durante un día después y que nunca lo ha olvidado. Así que cuando comenzó con su actitud, le dirigí una mirada fulminante patentada y dije, "Podemos hacerlo del modo fácil o del modo difícil. El modo fácil es que tomes las pociones que estoy dándote y descanses, o el modo difícil, voy a buscar mi jeringa y te doy un pinchazo. ¿Qué va a ser?"
"Eres un sádico, Papá." Se enfurruñó. "Dame las condenadas pociones."
"Vigila tu boca," ordené, y le di las pociones.
"¡Puaj! Sabe a calcetines viejos." Hizo una mueca.
"¿Preferirías el pinchazo?"
"¡De ninguna manera!" Palideció. "¿Tienes idea de cuánto duele eso? ¡No pude sentarme durante horas!"
"Estás exagerando. Te abracé en mi regazo durante veinte minutos y luego te quedaste dormido."
"Sí, y mi culo tuvo moratones durante una semana," acusó.
"Todavía sigues vivo, ¿no?" señalé. "Así que mereció la pena. Ahora deja de utilizar la boca, hijo, y sólo cierra los ojos."
Esperé hasta que se hubo quedado dormido antes de retirarme al santuario de mi habitación y sacar mi libro y mi pluma.
Había aprendido mucho sobre cuidar a animales enfermos y elaborar pociones Sanadoras en el colegio, pero no en clase de pociones. No, esas habilidades las aprendí de Hagrid, que sabía tratar a casi cualquier animal, y Madame Pomfrey, que a menudo necesitaba pociones extra elaboradas que Slughorn no tenía tiempo de preparar.
Pero la primera vez que había tenido que elaborar una poción curativa fue para Gabriel, durante mi segundo año, cuando los Merodeadores lo encerraron durante horas en el cobertizo de las escobas…
Abril, 1973
Hogwarts:
Herbología era mi última clase del día los miércoles, y siempre era doble, lo que significaba que la teníamos durante dos horas, práctica en el invernadero y apuntes en el aula después. Había dejado a Gabriel con Hagrid, como lo había hecho el año pasado, y pensaba que todo iba bien. Poco sabía que mis torturadores, los Merodeadores, estaban a ello de nuevo. Ahora habían ampliado su número a cuatro, aunque su último miembro, el Gryffindor Remus Lupin, no parecía tan alegremente bromista como los otros tres. Pero bueno, quizá era la mente pensante, porque los otros tres tenían medio cerebro entre todos, o eso me parecía.
Siempre estaban actuando en clase, haciendo el tonto, haciendo fracasar los experimentos y conjuros de hechizos de los demás estudiantes. Incluso gastaban bromas a algunos de los profesores, como Flitwick, que compartía su molesto sentido del humor. Aunque no a McGonagall. La única vez que Potter puso una bomba fétida en su aula fue la última. Los tuvo a él y Black, ya que los dos habían colaborado, en detención tan rápido que sus cabezas todavía estaban girando. Y tampoco fue una detención sólo escribiendo líneas. Lily dijo que los oyó gimiendo que habían tenido que palear estiércol de los corrales de animales de Hagrid y luego extenderlo en el jardín de la Profesora Sprout. Para el momento que terminaron apestaban a estiércol y el hedor duró más de un día. Les estuvo bastante bien.
Por supuesto, simplemente redirigieron su necesidad de humillar a otros a diferentes objetivos, y yo era uno de sus más frecuentes. ¿Por qué? Probablemente porque era Slytherin y además era el mejor amigo de una chica Gryffindor, una por la que ese estúpido Potter también tenía algo. No paraba de seguirla por ahí, intentando hablar con ella, pero Lily no le daría ni la hora. Ella lo ignoraba totalmente. Y por alguna razón él no captaba el mensaje y seguía tras ella. ¡Lerdo!
Los Merodeadores, como eran conocidos extraoficialmente, trataban el colegio como su propio terreno privado de bromas. Generalmente escogían estudiantes que eran impopulares y se veían o actuaban de modo extraño y casi no tenían amigos, y en consecuencia nadie los defendía. Macy Underwood era un objetivo frecuente, era un año menor y tenía dientes de conejo y cabello rubio ensortijado. Black la llamaba Macy Woodchuck y conjuraba maleficios de tropiezo sobre ella y maldiciones de acné y una vez le pegó la túnica a la silla y ella la desgarró intentando levantarse. Era Hufflepuff, y le hicieron ese truco mientras estaba saliendo de clase de pociones.
Yo tenía clase a continuación y oí a alguien riendo y vi a los cuatro riendo con disimulo y supe que algo había pasado. Cuando miré dentro del aula, vi a la niña en lágrimas, luchando por levantarse. Todos los demás estaban disfrutando del espectáculo, ¡los idiotas! Así que agité mi varita y cancelé el hechizo, Mamá me había enseñado un encantamiento Disipador sencillo durante el verano. Ella levantó la mirada, lloriqueando, y me vio. Yo me llevé un dedo a los labios y ella asintió, luego se levantó, recogió su túnica desgarrada a su alrededor y corrió pasillo abajo.
"¡Hey, Macy!" rebuznó Potter. "¿Por qué no masticas tu salida? ¡Tus dientes podrían haberse encargado de la pata de esa silla!"
Anhelé estrellar la silla en su cara arrogante. Pero sabía que era mejor no comenzar nada, porque si un Slytherin y un Gryffindor se metían en una pelea, sin importar la razón, siempre era culpa del Slytherin. Porque éramos la Casa Oscura, el legado de Voldemort, y los Gryffindor soplaban luz de sol por el culo y tenían halos porque eran tan honorables. Ah, y se rumoreaba que Merlín fue Gryffindor, a pesar del hecho de que Merlín había vivido y muerto mucho antes de que Hogwarts fuera fundado.
"Eres un imbécil, Potter," dije con frialdad, entonces me deslicé dentro para tomar mi asiento. Lily me siguió pronto, sacudiendo la cabeza disgustada.
"Vigila, Snape. O alguna noche entraremos en tu mazmorra y os arrojaremos a ti y a tu cama al lago," provocó Sirius.
"¡Y también a tu perrito!" añadió Peter.
Me volví contra la pequeña rata. "Escucha, babosa. Tocas a mi perro y te maldeciré tan mal que tu propia madre no te reconocerá. ¿Me comprendes?"
El cobarde de Pettigrew se encogió para esconderse detrás de Remus, que me miró y dijo, "Snape, cálmate. Sabes que Peter tiene miedo de los perros."
Le fulminé con la mirada. "Mantén a tu mascota rata en una correa, Lupin. O verás."
Entonces entró Slughorn, y deseé que hubiera llegado más temprano para que pillara a los Merodeadores maldiciendo a la pobre Macy, y tuvimos que prestar atención a la lección.
El día siguiente fue miércoles, y salí del invernadero y silbé a Gabriel, como siempre.
Habitualmente acudía a mí de inmediato, o estaba esperándome fuera del invernadero, no me preguntes cómo sabía siempre dónde estaba yo. Pero ese día, no estaba allí. Y no acudió a mi silbido. Había tenido clase con los Ravenclaw ese día, no los Gryffindor, así que no supe que los Merodeadores le habían hecho algo a mi perro hasta que oí a Potter y Black mientras regresaban del campo de Quidditch.
Había estado llamando y silbando frenéticamente durante la mayor parte de media hora, asustado porque se hubiera metido en el Bosque Prohibido y se hubiera perdido, cuando oí a Potter y Black riendo con disimulo mientras regresaban del entrenamiento de Quidditch. James era Cazador y Black Golpeador, les encantaba la fama que les proporcionaba estar en el equipo de Quidditch. Todas las chicas Gryffindor e incluso algunas chicas de mi propia Casa, tengo que admitir, les ponían ojos de cachorro. Tenían este indefinible encanto que hacía que la gente les perdonara incluso las peores fechorías, excepto yo, que no estaba cegado por su buen aspecto y popularidad. Los conocía por lo que eran, malcriados, arrogantes, aburridos, pequeños niños ricos con nada mejor que hacer que causar problemas.
Me había acercado por detrás de ellos y vi a Black codear a Potter en las costillas, "¡Ese truco fue puro genio, James! ¡Puro genio! Esa bola babosa de Quejicus estará llorando en su postre esta noche cuando no pueda encontrar a su estúpido collie. Y nunca pensará en mirar en el cobertizo de las escobas, porque el pequeño gilipollas no puede volar en una escoba para salvar su vida."
"Está bien que el condenado chucho dejara de ladrar al fin," dijo James. "De lo contrario alguien más, como Hagrid, podría haberlo oído y dejarlo salir." Chocaron los cinco. "¡Apunta una por jugársela a Quejicus!"
No esperé a oír más. Corrí lo más rápido que pude al cobertizo de las escobas y tiré del picaporte. Estaba cerrado. "¡Gabriel!" grité. "¡Gabe!"
Pude oírlo, débilmente, lloriqueando dentro.
"¡Espera, te sacaré!" grité. ¿Cuánto tiempo había estado ahí dentro? ¿Una hora? ¿Dos? ¿Más?
Saqué mi varita de la vaina en mi brazo y la apunté a la puerta. "¡Alohomora!" gruñí, y tal fue la fuerza de mi voluntad que la cerradura voló de la puerta y aterrizó a unos pies de distancia en la hierba.
Abrí la puerta de golpe.
Allí, yaciendo en el suelo en medio de más de cincuenta escobas colgando de soportes, estaba Gabe. Estaba tan débil por falta de agua que apenas podía levantar la cabeza. Golpeó la cola una o dos veces cuando me vio, pero aparte de eso no hizo intento de levantarse.
"¿Gabe? ¡Soy yo, Sev!" Me arrodillé y le abracé alrededor del cuello. "¡Oh Dios, Gabe!"
Trató débilmente de lamerme la mano.
Sus ojos estaban vidriosos y apagados y la lengua le colgaba de la boca. "Espera aquí, chico. Traeré ayuda."
Arranqué a través del prado, tomando el atajo a través de un grupo de pequeños abedules y pinos hasta que llegué a casa de Hagrid. Aporreé la puerta con todas mis fuerzas. "¡Hagrid! ¡Abre! ¡Soy Severus! ¡Te necesito!"
Fueron pocos segundos antes de que oyera el ladrido de bienvenida de Fang y luego los pasos de Hagrid. La puerta se abrió. "¿Severus? ¿Qué es todo el alboroto?"
"¡Tienes que ayudarme, Hagrid, por favor! ¡Es Gabriel! Potter y Black lo encerraron en el cobertizo de las escobas durante horas y está casi medio muerto."
"Cálmate, Sev. Vayamos a buscarlo."
Le conduje de regreso al cobertizo, lo que realmente no era necesario, ya que Hagrid conocía cada pulgada de los terrenos. Se arrodilló y cogió a mi perro en dos segundos.
"¿Va a ponerse bien?" pregunté ansioso, medio corriendo para mantenerme a su paso.
"Bueno, sigue respirando," respondió Hagrid, pero sus ojos parecían graves bajo sus tupidas cejas negras.
"¿Qué se supone que significa eso? No va a… morir, ¿verdad?" Tuve que forzarme a decir las palabras.
"Nah, Sev. No lo creo. Sólo está realmente sediento y probablemente también hambriento. Unas pocas pociones deberían ponerle bien."
A estas alturas habíamos llegado a la cabaña, y Hagrid me dijo que cogiera la gruesa manta de piel de oveja colgando sobre su sofá y la dejara ante el hogar. Dejó a Gabe gentilmente sobre la manta y dijo, "Severus, tráele un cuenco de agua y un poco del estofado que tengo en esa olla sobre el fogón."
Hice todo lo que pidió, poniendo el agua junto a la cabeza de Gabe. Apenas podía beber, y tuve que ayudarle usando una cuchara.
Hagrid llamó por Flu a Madame Pomfrey en el Ala Hospitalaria, y ella nos dijo que le diéramos a Gabriel una poción Fortalecedora diluida, dos o tres cucharadas cada vez.
Hagrid me ayudó, mostrándome cómo sostenerle la cabeza y acariciar suavemente su garganta para hacerle tragar. Una vez la poción estuvo en él, comenzó a recuperarse, su cola golpeando el suelo con más vigor y sus ojos se iluminaron. Bebió toda el agua en el cuenco y lo rellené. Bebió otro cuenco y luego otro. Entonces se comió el estofado de ternera.
"¿Ves, Sev? Va a ponerse bien." Hagrid me palmeó el hombro gentilmente, y me entregó un pañuelo que era del tamaño de un chal.
Ni siquiera me percaté de que había estado llorando hasta entonces. Tomé el pañuelo y usé una esquina para secarme los ojos y sonarme la nariz. "Gracias, Hagrid. Si no me hubieras ayudado, podría haberle… perdido."
"No hay necesidad de agradecérmelo. Siempre me alegro de ayudar a un animal o un estudiante si me lo piden."
Me arrodillé y abracé a mi collie, que continuaba comiendo, sin importarle mis brazos alrededor de su gorguera. Cuando terminó, se tumbó con la cabeza en mi regazo, y le acaricié las orejas. "Nunca pensé que harían daño a mi perro," murmuré, medio para mí mismo. Sentí una acometida de cólera tal como jamás la había conocido. "¡Van a pagar!"
"Sev, ¿estás seguro de que eso es sensato? Ellos son cuatro y tú eres uno."
"Dos si cuentas a Lily. Tres si cuentas a Gabriel," dije. "¡Hagrid, casi mataron a mi perro!"
"Lo que hicieron está mal, sí, pero, ¿sabían que encerrar al perro sería malo para él?"
"¿Por qué estás disculpándoles?" escupí. "¡No me importa si sabían que lo mataría o no, lo prepararon deliberadamente para hacer daño a mi perro y esta vez voy a ir a informar al Director! ¡Deberían ser expulsados! ¡Después de que les dé una paliza!"
"Sev, sé que estás furioso y puedo comprender eso, pero has de tener pruebas antes de acudir ante Dumbledore…"
"¡Tengo pruebas! Les oí hablando cuando regresaban del entrenamiento de Quidditch," espeté. "¿Qué más pruebas necesito?" Hice un gesto hacia Gabriel. "Viste cómo estaba cuando viniste a buscarlo. ¡Podría haber muerto! Y lo hicieron sólo porque podían, porque querían jugármela. ¡Bueno, nadie hace daño a mi perro y se sale con la suya! ¡Nadie!"
Tazas y platillos comenzaron a traquetear sobre los estantes del armario.
"Sev, cálmate."
Inhalé un profundo aliento, luchando por controlar mi genio. Por fin lo tuve lo suficientemente dominado como para no romper nada de la vajilla de Hagrid. "Lo siento."
"Está bien, Sev."
Gabe comenzó a lamerme, y enterré las manos en su espesa gorguera. "Hagrid, ¿te importa si lo dejo aquí contigo mientras voy a hablar con el Director?"
"En absoluto, Sev. Fang y yo le haremos compañía."
"Gracias." Entonces susurré en una oreja en forma de tulipán, "Volveré, Gabe."
Entonces salí de la cabaña y hacia el castillo. Estaba furioso, y determinado a que los Merodeadores–o al menos Potter y Black–no se salieran con la suya esta vez.
5 de junio, 1993:
Era muy ingenuo entonces, teniendo sólo doce años. Hagrid había tenido razón, ya que Potter y Black mantuvieron que no tuvieron nada que ver con encerrar al perro allí, y se tenían el uno al otro para respaldar su historia, y yo sólo tenía el hecho de que había oído a escondidas una discusión privada, además de no haberles visto realmente encerrar a Gabriel allí, hizo mi caso nulo y vacío. Dumbledore dijo que no podía castigarles sin pruebas definitivas, así que se libraron. De nuevo.
La injusticia de todo ello me hacía querer llorar. Una vez más, Gryffindor había triunfado sobre Slytherin. Ahí fue cuando comencé a odiar de verdad a los Merodeadores. Antes me habían parecido una molestia detestable, pero ahora… ahora sólo quería hacer que les expulsaran y salieran de mi vida. Amargado y furioso, salí del despacho a largas zancadas y regresé a casa de Hagrid para recoger a Gabriel. La única profesora que tuvo alguna justicia en sí durante aquella falsa audiencia fue McGonagall. "Mientras que estoy dispuesta a concederles el beneficio de la duda por ahora, ya que, según dicen, estaban en su sala común después del Quidditch, sepan esto: si alguna vez descubro que realmente tuvieron mano en meter a un animal indefenso en un cobertizo cerrado y abandonarlo, procuraré que sean expulsados – ¡después de darles de palos por hacer algo tan terrible! ¡Ahora a la cama, pareja!"
Se marcharon y ella expresó su preocupación por Gabriel, y dijo que esperaba que se pusiera mejor pronto.
Cuando se lo conté a Lily a la mañana siguiente, se sulfuró. Esperó hasta que estuvimos en el corredor después de Encantamientos y entonces fue directamente a Potter y gritó, "¡Estúpido tonto del culo! ¡Cómo te atreves a hacerle eso a Gabriel!"
"¿Qué? ¿Qué hice?"
"¡No te hagas el inocente conmigo, Potter! Ambos sabemos que fuisteis tú y Black quienes encerrasteis a Gabe en el cobertizo de las escobas."
"Incluso si lo fuera, ¿qué pasa?"
"¡Que casi murió de deshidratación, tonto del culo!" Entonces le dio una patada. Con fuerza. Justo en las joyas de la familia.
Él cayó de rodillas al suelo, gimiendo.
"¡Maldita sea, Evans!" gritó su mejor amigo. "¿Cómo pudiste–?"
Ella se volvió contra él, fuego en los ojos. "¿Quieres ser el siguiente, Black? Sigue hablando.
Él se encogió. Saqué mi varita y conjuré un maleficio de Forúnculos, no realmente hiriente, pero en realidad no conocía ningún buen maleficio por aquel entonces, y ése era el más doloroso que sabía. Black gritó como el chucho callejero que era cuando comenzaron a aparecer por toda su cara. Conjuré el mismo sobre Potter y en Pettigrew también. Habría conjurado lo mismo también sobre Lupin, pero justo entonces apareció Flitwick y aproveché la oportunidad mientras estaba ayudando a los Merodeadores para abandonar la escena del crimen. También lo hizo Lily.
"Supongo que les dimos una lección, ¿eh?" dijo mi mejor amiga.
"Lo hicimos," concordé, entonces choqué los cinco con ella.
Comprobé mi reloj, eran casi las once PM y fui a chequear a mi hijo.
Seguía despierto, con aspecto muy malhumorado y aburrido. "¿No duermes todavía?"
"No," dijo, con la palabra no pronunciada "obviamente" añadida allí.
"¿Te gustaría un Filtro de Sueño?"
Sacudió la cabeza. "Los odio. Me hacen sentirme todo confuso cuando me despierto. Lo que realmente me gustaría es salir de esta cama."
"Mañana. Si te baja la fiebre y no estás tosiendo tanto," dije.
"¡Pero estoy tan aburrido!"
"¿Aburrido?" Eché un vistazo alrededor a su habitación, que tenía una gran librería del suelo al techo llena con todo tipo de libros, tanto mágicos como Muggles, y había una TV frente a la cama, con un vídeo, y películas, además de material de dibujo y escritura en un cajón en la mesilla de noche. Yo no había tenido nada cercano a esto mientras crecía. "Con todos tus libros y películas, ¿cómo puedes estar aburrido?"
"Simplemente lo estoy. Y no puedo dormir porque estoy aburrido."
Me senté al borde de la cama. "Tengo una cura para eso."
"¿Implica pociones?" preguntó suspicaz.
"No. Implica que te quedes callado mientras te cuento una historia."
"Papá, soy demasiado mayor para historias de la cama."
"Muy bien, entonces puedes aburrirte hasta que te duermas," dije, e hice ademán de marcharme.
"¡Espera!" llamó.
Me volví, una ceja alzada.
"Vale, quizá no sea demasiado mayor. Me callaré y escucharé." Me lanzó una mirada suplicante.
"Para variar," bromeé, y regresé a la cama. "Ahora, túmbate y no hables." Se desplomó sin gracia sobre su almohada. "Érase una vez, había un niño–"
"¡Papá! ¡Vamos!"
Sonreí burlón. "¿No te gusta ese comienzo? Es un clásico."
Él puso los ojos en blanco. "¡No tengo cinco años! ¿Cuál es la historia real?"
"¿Recuerdas que una vez me preguntaste cómo llegó Gabriel a vivir tanto tiempo?"
"¿Sí? Hace mucho tiempo. Me dijiste que algún día me contarías cómo ocurrió. Pero nunca lo hiciste."
"Me distraje. Ahora podrás averiguarlo. ¿Interesado?"
"Sí. Sigue."
Comencé.
Principios de junio, 1973
Hogwarts:
Slughorn quería que tuviéramos pareja para nuestro final de pociones, al menos para la parte de laboratorio. Así que Lily y yo éramos pareja. Había sido de esa manera desde nuestra primera clase, cuando Slughorn deseó que nos emparejáramos con una persona de la Casa opuesta. Cuando descubrió cuán bien trabajábamos y que ambos adorábamos las pociones, estuvo encantado. Nos dio permiso especial para elaborar después de clase y trabajar en nuestros nuevos proyectos en el laboratorio. Prometimos no hacer estallar nada.
Desde aquella vez que Gabe se quedó encerrado en el cobertizo de las escobas, temía dejarlo correr por ahí por su cuenta todo el día. Así que obtuve permiso especial de mi Jefe para permitir a mi collie tumbarse al fondo de la mazmorra mientras Lily y yo elaborábamos nuestra Poción de Juventud. Estábamos entre los últimos por terminar, porque nuestra poción era muy avanzada. Habitualmente era elaborada por los de cuarto año, pero Lily y yo estábamos seguros de poder hacerla.
Gabriel había estado dormitando en el fresco suelo de piedra junto al escritorio del profesor mientras elaborábamos y Slughorn sesteaba con una copia de la Revista del Pocionista. A veces hacía esto por la tarde, y Lily y yo, no siendo alborotadores, empleamos el tiempo de su siesta para terminar nuestro examen final y embotellar nuestra solución. La Poción de Juventud produjo tres viales y los etiquetamos y dejamos encima del escritorio de Slughorn.
"¿Crees que deberíamos despertarle?" me preguntó Lily.
Slughorn estaba roncando, y ambos reímos entre dientes.
"Supongo que deberíamos."
Pero antes de poder hacer eso, llegó el sonido de algo explotando y todo el castillo tembló.
"¿Qué demonios fue eso?" gritó el profesor, saltando de su silla.
La onda expansiva resultante hizo que el escritorio se sacudiera y algunas pociones se volcaran. El tercer vial de Poción de Juventud cayó del escritorio y al suelo.
Se rompió.
"¡Ah… Merlín, profesor!" gritó Lily
Gabriel se había despertado y comenzó a ladrar fuerte.
"No se preocupe, Srta. Evans. Puedo limpiarlo en un instante," dijo Slughorn. "Veamos si podemos descubrir qué causó esa explosión terriblemente fuerte."
Todos nos desplazamos hacia la entrada del laboratorio y nos asomamos fuera de la puerta.
No había nadie en el corredor y no pudimos ver ningún humo ni escombros, así que lo que fuera que hubiera estallado no fue aquí abajo. Incluso caminamos un poco corredor abajo, comprobando para ver si estaba pasando algo en las mazmorras vacías, pero estaban a oscuras y no había nadie por allí. El despacho de Slughorn también estaba intacto.
"Hmm… debe haber ocurrido en otro piso. Me pregunto qué podría haber sido," ponderó nuestro profesor de Pociones.
"Probablemente fueron los Merodeadores arrojando un petardo encendido por el retrete de nuevo," predije.
"Eso o volver a volar el despacho de Filch," predijo Lily.
Filch siempre estaba en campaña para pillarlos comportándose mal y había habido guerra entre ellos desde el primer día.
Slughorn rio entre dientes. "Podríais tener razón en eso. Esos muchachos adoran provocar problemas."
Regresamos al aula para a buscar nuestros libros y a Gabriel, y el profesor todavía tenía que limpiar la poción derramada.
Volví a entrar para encontrar a mi collie lamiendo los restos de la Poción de Juventud.
Me quedé mirándolo con horror. "¡No! ¡Gabe, no!" grité, acercándome corriendo y apartándolo del charco amarillo. "¡No puedes beberte eso!" Pero era demasiado tarde.
"Oh, querido," murmuró Slughorn.
"¡Profesor! ¿Le hará daño?" grité. "¿Una Poción de Juventud es peligrosa para los perros?"
"No lo creo," respondió el Profesor Slughorn. "Mira, parece perfectamente bien, excepto que su pelaje parece más brillante."
Examiné a mi collie. Era cierto, su pelaje rojo-dorado sí tenía un lustre brillante. "¿Va a volver a convertirse en un cachorro ahora?"
"Oh, no. La Poción de Juventud, a pesar de su nombre, no te devuelve a ser bebé. Simplemente ralentiza tu envejecimiento. Sería necesaria una poción Rejuvenecedora para devolver a tu perro a ser cachorro."
"Entonces… ¿qué le hará la poción?" preguntó Lily.
"Bueno, parece que ingirió la mayor parte del vial, así que diría que extenderá su esperanza de vida unos… oh… quizá diez o quince años. La poción también debería prevenir que contraiga dolencias comunes, como resfriados y gripes. Fue, en conjunto, un accidente bastante afortunado, ¿no os parece?"
Bajé la mirada a mi perro, que todavía tenía copos amarillos en el hocico. "Estúpido collie," dije afectuosamente. "¿Quién quiere vivir para siempre?" Le revolví el pelaje y me lamió el brazo. Dado lo que podría haber ocurrido, supongo que una ingestión accidental de Poción de Juventud no fue el desastre que podría haber sido. Aunque sí me pregunté por qué Gabe habría comenzado a beberla en primer lugar. Hasta que vi las migas en el suelo y un plato vacío balanceándose al borde del escritorio.
Sólo entonces recordé que el profesor había estado comiendo un sándwich de roast beef y queso antes de quedarse traspuesto. La explosión había causado que el sándwich cayera al suelo sobre la poción derramada. Eso habría sido demasiado tentador para que cualquier perro lo resistiera, así que Gabriel se había comido el sándwich empapado de poción primero y luego regresado a lamer cualquier miga.
Tenía suerte de no haber comido ningún fragmento de vidrio, pensé. "Vamos, Gabe. Estoy hambriento y realmente quiero averiguar lo que causó esa explosión."
Me siguió alegre escaleras arriba, y también lo hizo Lily.
Más tarde descubrimos que la explosión fue a causa de ese tontorrón de Pettigrew, intentando asustar a Myrtle la Llorona para que saliera del desagüe lanzando un petardo mágico encendido después de una bomba fétida por el retrete.
Como dije antes… no los hacen más estúpidos que eso.
5 de junio, 1993:
"…y así es como Gabriel vivió para tener veinticinco," concluí.
Mi hijo se quedó callado por un momento. Entonces levantó la mirada hacia mí y dijo ilusionado, "Pero Papá, si Gaby bebió la poción, entonces, ¿cómo murió? Quiero decir, ¿una Poción de Juventud no te da eterna juventud?"
Sacudí la cabeza. "No. Como dijo el Profesor Slughorn, una Poción de Juventud puede prolongar tu vida, pero no para siempre. Eso es una falacia. Eventualmente, la poción que bebió Gabriel dejó de actuar y cuando eso ocurrió… murió de causas naturales."
"Desearía que hubiera bebido más."
Suspiré. "A veces… también yo. Pero tienes que estar agradecido porque lo tuviéramos tanto tiempo como lo tuvimos. De lo contrario, podrías no haberle conocido nunca."
Él pensó en eso por un breve momento. "Tienes razón. Ésa fue una gran historia, Papá."
"Entonces, ¿no te aburrí hasta quedarte dormido?"
"Mis ojos están abiertos, ¿no?" replicó descarado.
"Ve a dormir, jovencito."
"¿Cómo? He estado atrapado en esta cama todo el día. No estoy cansado."
"Cuenta fénix entonces."
"Ya intenté eso."
Suspiré. Iba a ponerse difícil. Siempre había sido más fácil hacer que se durmiera de niño cuando Gabriel estaba tumbado a su lado. Entonces tuve una idea. "Date la vuelta."
"¿Para qué?"
"Ya verás. Date la vuelta."
"No vas a… azotarme o algo así, ¿verdad?"
"¿Desde cuándo te he azotado por no irte a dormir?" exigí.
"Eh… aquella vez que tenía ocho años, dijiste que si no dejaba de molestarte y me iba a la cama me azotarías."
"Y tú seguiste saltando en el sofá y tiraste mi taza de té, y acabaste sobre mi rodilla."
Puso mala cara. "Sí, lo sé."
"Entonces también deberías saber que nunca te castigaría sin justa advertencia. A menos que haya algo que no estés contándome."
"¿Como qué?"
"Como algo por lo que te sientes culpable y no quieres admitir porque sabes que te meterás en líos."
Él sacudió la cabeza rápidamente. "No he hecho nada últimamente para meterme en líos. He estado enfermo y sido forzado a tomar odiosas pociones por mi horrible padre."
"Haz lo que digo."
Obedeció… por fin. Entonces le puse la mano en la espalda y comencé a frotar pequeños círculos en ella y también a cardarle el cabello, que era oscuro como el mío.
"Merlín, si querías frotarme la espalda, Papá, ¿por qué simplemente no lo dijiste?" gruñó en su almohada.
"Era más divertido verte revolverte," dije con una maléfica risa entre dientes.
"Realmente bonito." Entonces bostezó.
Continué frotando y cardando, recordando cuántas veces había hecho esto mismo cuando era bebé. Nunca fallaba en ponerle a dormir.
No lo hizo ahora.
En pocos minutos estaba dormido y yo mismo estaba casi dormido. Lo arropé cuidadosamente con las mantas y susurré. "Duerme bien, hijo mío. Te veré por la mañana."
Entonces me dirigí a mi propia habitación, mis ojos comenzando a cerrarse a mi pesar.
. . . . . . . . .
N/A Espero que a todos os gustara esta parte. Sé que algunos estabais preguntándoos cómo Gaby vivió hasta tan avanzada edad y ahora lo sabéis.
¿Os gustan las conversaciones entre Sev y su hijo… que permanecerá sin nombre por un tiempo más? Por supuesto, sois libres de adivinar su identidad en vuestro comentario.
