[Campamento militar Lehigh
Año 1942]
Steve Rogers solo era un chico con una única aspiración en la vida: enlistarse en el ejército. La suerte parecía no ser lo suyo. Apenas medía alrededor de unos 1.60 cm y pesaba unos 49 kg. Su débil físico le dió cómo resultado cinco intentos fallidos, teniendo que mentir en todos ellos. Después persistir por tanto tiempo, su oportunidad se presentó y finalmente se convirtió en soldado. Uno de cuerpo débil pero de corazón e ideales fuertes.
Esa noche, luego de concluir su rutina diaria de entrenamiento cómo todos los días, Steve se preparaba para dormir. Quería estar listo para el día siguiente, porque sabía que hoy podría ser la última noche en que durmiera tranquilo. Mañana sería intervenido por algo conocido cómo el suero del "Super Soldado" y ese recordatorio se lo encargó de traerlo el hombre a quién le debía su entrada al ejército.
El Doctor Abraham Erskine, ingresó a su dormitorio y se sentó delante de la cama de Steve con una botella de alcohol en mano, le ofreció un poco en un vaso. El muchacho, ante la calma del hombre, no desaprovechó la oportunidad para preguntarle porque lo había escogido a él. Realmente, muy en el fondo, sabía la respuesta a eso. Pero necesitaba oírlo de alguien más. De verdad quería sentirse suficiente para lo que estaba por venir. Necesitaba aliviar su alma.
—Pase lo que pase mañana —le decía el Dr. Erskine muy cuidadosamente, Steve lo veía atento—. Prometame que seguirá siendo usted, no un soldado perfecto, sino un buen hombre —con el dedo índice apuntó hacia su pecho.
Pasó un minuto de silencio, la mirada de Steve se había perdido en el dedo que lo señalaba. Por su mente pasaba todo y nada a la vez.
—Por los frágiles —finalmente brindó, alzando su vaso en el aire.
—Oh, usted no —Erskine le quitó su vaso—. Nada de alcohol hasta la intervención —dicho eso, él bebió de ambos vasos y lo que quedaba en la botella. El joven solo rió.
Fue el sonido de varias pisadas y voces en conjunto, lo que interrumpió su pacífica convivencia. Tanto el Dr. Erskine cómo Steve, abandonaron el dormitorio de este último para ir a ver que es lo que sucedía. Ya afuera, otros cadetes también se reunieron en el campo y en cuestión de minutos se formó una multitud que tuvo que ser contenida.
Gracias a su físico, Steve no tuvo problemas para deslizarse y llegar hasta el frente en donde los soldados habían formado una larga hilera que cerraba el paso hacia el bosque.
—¿Qué está sucediendo? —Steve arroja la pregunta para nadie en específico.
—Dicen que algo se estrelló en el bosque —comenta uno de los cadetes que estaba a su lado.
—Yo lo vi por mi ventana —asegura otro—. Era una estrella envuelta en fuego.
—Debió ser un meteorito, esas cosas siempre caen —el primero le resta importancia.
Todos los jóvenes aguardan hasta el regreso del convoy encargado de ir a inspeccionar. Un desfile de cuatro vehículos militares modelos Jeeps Willys MB color verde olivo, se estaciona detrás de la barrera de contención. Los soldados comienzan a bajar de uno en uno, portando sus armas con las municiones completas. No habían dado ni un solo disparo.
—Vayan a sus dormitorios, no hay nada que ver —les ordena el Sargento.
—Les dije que sería un meteorito.
Los reclutas se dan la vuelta y se encaminan de regreso, Steve se tarda en seguirlos, ya que observa con detenimiento todos y cada uno de los Jeeps. Cuando cree que no hay nada fuera de lo normal, también decide darse la vuelta para regresar, es ahí que un motor suena y una luz blanca lo ilumina.
Los ojos de Steve se abren, sus pies se detienen en automático y su cuerpo se gira de golpe. La luz que antes lo envolvió se había apagado y el sonido del motor que creyó oír ahora era inexistente. Estaba por creer que fue su imaginación debido al cansancio que comúnmente le dejaba el entrenamiento pero, tan solo con repasar el número de vehículos una vez, le fue suficiente para apuntar al último en la fila.
—¿Qué no eran cuatro? —le exclama al quinto de ellos. Lógicamente nadie le responde.
Decidido a investigar, Steve da un paso hacia el quinto vehículo pero una mano cae de sorpresa en su hombro.
—Dije que todos a la cama —repite el sargento entre dientes.
Steve lo mira a los ojos, parecía que el hombre no notó lo mismo que él. Es por eso que prefiere no mencionarlo pues, a decir verdad, no estaba tan seguro. Quizá su mente le jugó una mala pasada.
—Sí, señor —asiente obediente. Le da último vistazo al auto y luego regresa con los demás. Esa noche se fue a dormir tranquilamente, sin embargo, ese suceso tan peculiar no lo olvidaría tan fácil.
Por la mañana del día siguiente, Steve se levantó muy temprano y se preparó para salir. Iba bien vestido y peinado abordo de uno de los Jeeps junto a la agente Carter, su destino era la ciudad. Hoy era el día en que sería sometido al Suero del Súper Soldado.
El joven Rogers iba callado, contemplando el paisaje urbano a través del cristal. De repente la radio se encendió, How High The Moon empezó a sonar.
Until I fell in love, my life was very easy
The moon just made it moonlight
The breeze just made it breezy
And then I fell in love
And think that one was clear
Now I scare to see or hear~
La canción se detuvo abruptamente solo para dejarles escuchar un sonido de estática y seguidamente ser cambiada por Night And Day.
Night and day you are the one
Only you beneath the Moon and under the Sun
Whether near to me or far
It's no matter darling
Where you are
I think of you
Night and day~
El hombre tras el volante gruñó mientras le daba algunos golpes al radio, esto fue notado inmediatamente por los dos pasajeros.
—¿Todo en orden? —cuestiona Peggy.
—Sí, es solo que... Es esta maldita radio, se volvió loca. No deja de cambiar de estación sola —contesta todavía algo confundido. Tras un par de golpes logró que la música aleatoria se detuviera.
—¿Insinúa qué el auto tiene vida propia? —Steve bromeó, pero su tono fue bastante serio.
—Claro —el hombre se suelta riendo. Steve hace lo mismo aunque realmente no le haya causado gracia.
El chico vuelve a mirar por la ventana, buscando distraer su mente. Estaba nervioso.
—Conozco este vecindario —comenta Rogers—. Me golpeaban en ese callejón y en ese estacionamiento y detrás del café... —después de señalar dichas calles, su cabeza se agacha. No era algo de lo que estuviera orgulloso.
—¿No le gustaba la idea de huir? —la agente Carter lo mira con pesar. Conoció a Steve en el campamento, sabía cómo se expresaban de él lo demás reclutas, eso la dejaba preguntándose que más habría soportado este chico.
—Una vez que huyes jamás se detienen —contesta—. Te levantas, te defiendes... No puedes huir para siempre, ¿O sí?
B-127 iba escuchando toda la conversación, era justamente el Jeep que abordaban. Todavía le estaba costando adaptarse a dejar que los humanos lo conduzcan. Había aprendido el lenguaje terrestre a través de la red y múltiples estaciones de radio, es gracias a eso que pudo entender las palabras de Steve. Era un hombre interesante, su forma de hablar de hecho le recordaba a alguien.
Finalmente, completaron su destino llegando a una tienda de antigüedades que estaba arriba de un laboratorio subterráneo. Peggy y Steve ingresaron al lugar, el soldado que conducía se quedó a vigilar afuera dejando a B-127 solo. Fue ese tiempo el que usó para seguir experimentando con el radio, era un objeto bastante útil a su parecer.
Mientras tanto, en el laboratorio una audiencia esperaba por Steve, entre los presentes más importantes destacaban el Senador Brandt y el Coronel Phillips. Con todas las preparaciones listas, Steve es recostado dentro de una cápsula y sometido al tratamiento con aquél Suero, dosificandolo con Vita-Rayos. Al salir de la cápsula, su increíble cambio en musculatura y altura revelan que la intervención fue todo un éxito. Las personas del público estaban totalmente anonadados de ver cómo él escuálido chico que entró ahora era todo un hombre modelo.
De la multitud, se alzó un hombre que sacó un arma y de un disparó limpio le dió al Dr. Erskine. Seguido a eso, el silencio que había en la sala fue remplazado por el estallido de una bomba que dejó a todos aturdidos, dándole la oportunidad de huir al asesino. Mientras que Peggy fue la primera en ir tras él, Rogers primero sostuvo a Erskine en sus últimos momentos, el hombre le apuntó al corazón con sus últimas fuerzas, recordándole lo que le dijo la noche anterior, después su mano cayó y sus ojos se cerraron.
En la calle principal, la agente Carter le había dado varios disparos al vehículo en el que huyó el asesino pero no consiguió detenerlo. Steve apareció oportunamente, empezando a correr furioso detrás del vehículo poniendo a prueba sus nuevas habilidades que, por cierto, todavía no controlaba.
—¡No lo alcanzaras! —le grita Peggy. Al ver que es ignorada, la mujer guarda su arma y se apresura en ir al auto en el que llegaron, apenas pretendía abrir la puerta pero este se encendió solo y arrancó—. ¡Oye!
Peggy persiguió por un tramo de la avenida al vehículo, entendiendo que su intento sería inútil, la agente se detuvo dejando que se fueran. Ni siquiera tuvo tiempo de ver quién es el que conducía, sin saber, que realmente se trataba de B-127 que había decidido ir tras Steve. Manejó en sentido contrario esquivando a los demás vehículos haciendo un recorrido en forma de zig zag. El Autobot se detuvo frente a una boutique en la que Rogers había caído por accidente al atravesar el cristal. Era notable que todavía era un inexperto controlando su nuevo cuerpo.
Steve se quitó los vidrios rotos de encima y salió debajo de los escombros que ocasionó. Antes de volver afuera, le ofreció una disculpa a los dueños, después se preparó para continuar su persecusión pero notó que ya había un auto esperándolo con la puerta abierta. Era el mismo que los trajo. Su gesto de duda no se hizo esperar al repasar el asiento del conductor, cuyo lugar estaba vacío.
—Sube —le dijo la voz de B-127 a través del radio.
Los párpados de Steve se despegaron y sus cejas se dispararon hacia arriba. Le gustaba pensar que el golpe le dejó secuelas antes que creer que escuchó hablar al auto. Pero siendo realista, sabía que estaba viendo bien, en el vehículo no había nadie más. Recordar que un posible espía y el asesino del Dr. Erskine se le estaba escapando, fue lo que le hizo mandar a callar sus pensamientos y entrar en el asiento del copiloto. Ya tendría tiempo de averiguar lo que era este auto, por ahora, parecía estar de su lado o eso suponía.
B-127 cerró la puerta detrás de él y salió disparado de inmediato, aumentó la velocidad hasta posicionarse detrás del auto del hombre que perseguían. Steve se levantó de su asiento y se arrojó al otro vehículo en movimiento, aterrizó sobre el techo. B-127 frenó y giró las llantas, tomando un desvío por un callejón, dejando a Rogers que seguía aferrado de las ventanas para no caer. El hombre dentro del taxi abrió fuego, disparó al azar apuntando hacia arriba sin soltar el volante con la otra mano. Por suerte ninguna bala logró darle ya que fue más hábil para esquivar.
El Autobot reapareció frente a ellos a toda velocidad embistiendo de frente al taxi, para entonces Steve se dejó caer y rodó por el suelo, al levantarse agarró una de las puertas que se desprendió en el choque y la usó cómo escudo para acercarse. Aquél hombre, llamado más bien Heinz Kruger, no tardó en arrastrarse por una de las ventanas para salir y dispararle. Steve se protegió interponiendo el trozo de puerta, dándole a Kruger la oportunidad de correr hacia el muelle, al darse cuenta de esto no tardaría en arrojar lejos su protección e ir tras él. Para B-127 no fue tan sencillo seguirlos, pues a partir de ahí los caminos eran muy angostos, buscar una ruta alterna le quitó tiempo.
Para cuando B-127 encontró una forma de llegar hasta ellos, tuvo que embestir por segunda vez al sujeto que, de no ser por escasos segundos, estuvo a punto de escaparse de Steve luego de distraerlo con un niño que arrojó al agua. B-127 se echó para atrás después de derribarlo con la defensa delantera, Steve entonces caminó hasta él y lo alzó usando únicamente un brazo.
—¿Quién eres? —lo interrogó poniéndole una mirada filosa.
—El primero de muchos —responde, mordiendo una cápsula que llevaba oculta en su dentadura—. Corta una cabeza y otras dos la sustituirán. Hail Hydra... —la boca del hombre se llenó de espuma, seguido a eso murió instantáneamente.
Steve respiró agitado, dejando el cuerpo inerte en el suelo. Retrocedió unos pasos, asustado. Era la primera vez que alguien moría en sus manos de esa forma. Su espalda chocó con la defensa del Jeep, dió un salto al recordar que estaba ahí, sus talones giraron y retrocedió otro poco. Sentía cómo si de la nada sus problemas lo acorralaban.
—¿Y tú qué eres? —le pregunta seriamente al auto, naturalmente no recibe una respuesta—. ¿Nos están espiando con algún tipo de tecnología alemana? —Steve se acercó para examinarlo pero el auto se fue de reversa.
Antes de presentarse cómo se debía, B-127 se aseguró de que no hubiera nadie alrededor. Steve Rogers parecía un humano en el que podía confiar. Es por eso que las piezas metálicas de B-127 salieron de su sitio para comenzar a encajar y desencajar a la vez que se iba alzando, los ojos del chico tuvieron que seguirlo hacia arriba conforme iba recobrando su tamaño. Al completar su transformación, el joven Rogers se quedó callado de la impresión y marcó una distancia segura.
—¿Eres un robot avanzado y te están controlando? —fue la opción más lógica que se le ocurrió. Tal vez estaban desarrollando robots para combatir en la guerra.
—Nadie me controla, Steve.
Sus labios se mueven pero ninguna palabra sale de ellos. Le costaba asimilarlo.
—¿Sa-sabes mi nombre?
—Te escuché hablando —explica.
Los recuerdos de su viaje de hace unos minutos y lo sucedido ayer por la noche, hacen que todo finalmente embone donde debe ir. Su presentimiento, al final nunca no estuvo tan errado. Realmente hubo algo diferente en ese auto todo el tiempo.
—Okey —asiente, tratando de calmarse—. ¿Tú tienes un nombre? —pregunta, poniendo una de sus manos al frente. De esa manera sentía que ponía una barrera entre ambos hasta averiguar si era enemigo o no.
—Mi designación es B-127 —contesta—. Tranquilo, no quiero hacerte daño.
Con un rápido escaneo visual a su respiración agitada y la sudoración excesiva, puede notar que está muy alterado. Steve respira hondo, consiguiendo estabilizarse. Quería creerle porque hace unos momentos atraparon juntos al espía de Hydra.
Antes de que pudiera atacarlo con mas preguntas, un grupo de personas llegan debido a lo sucedido, no tardan en reconocer a Steve cómo un héroe del pequeño que salvó del agua. Pronto sería una noticia nacional. Él busca a B-127 entre la multitud, percatandose de que este volvió a transformarse en un simple Jeep. Entendió que quizá quería pasar desapercibido, es por eso que no comentó nada y regresaron al laboratorio.
Al volver, ya habían un montón de agentes en la escena, limpiando y etiquetando todo. Steve se acercó a Peggy para contarle de la captura de Kruger, exceptuando a B-127, por supuesto. Era un secreto que por ahora debía mantener y pensar que haría con el. No era un tema fácil y menos por lo tensa que estaba la situación. Un problema menos del cual ocuparse, cómo un auto que se convierte en robot, les haría bien.
—Hydra es la división científica Nazi —le contaba Peggy—. Su jefe es Johann Schmidt, él tiene ambiciones más grandes.
El par caminó por el lugar, llegando hasta el Coronel Philips que se encontraba discutiendo con el Senador.
—Hydra en casi cómo un culto, veneran a Schimidt. Lo creen invencible —asegura Philips en cuanto la conversación llega a sus oídos.
—¿Qué hará al respecto? —inquiere el Senador, exigiendo una respuesta. Para él, no había más culpables que ellos por no aumentar la seguridad.
—Hablé con el Presidente temprano. Desde hoy, La Reserva Científica fue reasignada.
—¿Coronel? —Peggy lo mira sin comprender.
—Llevaremos la lucha a Hydra, prepárese agente Carter. Nos vamos a Londres hoy —anuncia el Coronel.
—Señor —se apresura a hablar Steve—. Si va a ir por Schmidt, quiero ir.
—Los experimentos van a Álamo gordo —declina su petición con una mirada despectiva hacia él.
—Pero... el suero funcionó —Rogers aún no comprendía porque es que no podía acompañarlos. Él se sentía diferente, se sentía capaz de todo ahora.
—Pedí un ejército y solo te tengo a ti. Y tú... No eres suficiente.
Steve cierra la mandíbula con fuerza y baja la mirada. Admite que, aunque estaba acostumbrado, eso había dolido. La mujer a su lado leyó su gesto cómo un libro abierto, pero solo pudo hacer eso, observarlo.
Sin más por hacer, Steve fue enviado de regreso al campamento. Al poner los pies en la tierra, lo único que sabía es que quería era estar solo por un momento para procesar todo. Sin comentárselo a nadie, emprendió su rumbo hacia el interior del bosque, no paró de caminar hasta encontrarse con un basto cuerpo de agua. Era su lugar secreto, en el que podía estar en paz cuando las cosas le salían mal. Lo descubrió durante esos días en los que no era suficiente para el ejército, justo cómo hoy.
Sin dejar de enfocar la cristalina superficie, agachó su cuerpo para recoger tres rocas, arrojó con fuerza la primera de ellas. Sintió una satisfactoria relajación de ver cómo rebotaba sobre la traslúcida superficie, formando ondas en cada choque hasta terminar su largo recorrido y hundirse. Es entonces que el sonido de un motor a sus espaldas lo detuvo, Steve ni siquiera volteó, con tan solo escucharlo transformarse sabía que B-127 había llegado.
—No deberías estar aquí —le menciona, arrojando una segunda roca —. Es peligroso si te descubren, ¿No?
—Creo que tú tampoco deberías estar aquí —B-127 camina hacia uno de sus costados, flexiona sus piernas poniéndose en cuclillas y contempla asombrado su reflejo en el agua. Por las conversaciones que oía mientras estaba en su modo alterno, el Autobot sabía que Steve tenía una situación complicada con sus superiores, era alguien poco respetado por los demás humanos.
Rogers lo mira de reojo, atrapandolo en su momento de asombro por su reflejo. Para ser una máquina, cómo él lo consideraba, su actitud le recordaba a la de un niño. Tierno y noble. Realmente podría atacarlo si quisiera, era casi tres veces más grande y estaba cubierto de metal, probablemente también estuviera armado. Tenía las cualidades necesarias para aniquilarlo si así lo deseaba pero no lo hacía.
Entonces entendió, que B-127 no tenía intenciones de matarlo a él ni a nadie. Le dijo la verdad antes y Steve apreciaba eso.
—A propósito, B-127 —lo llama—. ¿Qué eres? Digo, si dices que no eres un robot alemán...
—Soy un organismo robótico autónomo del planeta Cybertron.
Su ceño se frunce y sus labios se aplanan, voltea hacia el Autobot en busca de respuestas.
—¿Planeta?
Antes de que pudiera obtener alguna clase de explicación, ambos perciben el sonido del viento rompiéndose, escuchandose más y más cerca. Los dos miran hacia arriba al mismo tiempo, es ahí, que un avión interceptor aparece sobrevolando la zona.
—Ay, no... —murmura B-127.
—¿La fuerza aérea? —supone Steve—. ¿Para qué los habrá llamado el Coronel?
—No es la fuerza aérea —se lamenta al reconocer la identidad del Decepticon que se acercaba—. Corre.
Steve vuelve a mirar a B-127 sin entender sus palabras ni el porque de que estuviera asustado. Solo pudo pensar que no era nada bueno.
Aquél avión deja caer un misil sobre ellos, el proyectil se estrella en un rango cercano generando una explosión inmediata en su choque contra la superficie. B-127 y Steve salieron volando en direcciones opuestas a causa de la fuerza de la honda expansiva que también arrasa con los árboles. El primero de ellos que se repuso fue B-127 pero al hacerlo el Decepticon Blitzwing lo sorprende ya transformado y listo para pelear. De un golpe, logra regresar al Autobot al piso, colocándole un pie encima se asegura de que no se levante.
—¿Creíste que te esconderías? —Blitzwing se burla.
B-127 le da una patada en la otra pierna, logrando derribarlo, el Autobot se levanta y una mascara se despliega sobre su rostro, una cuchilla sale de su brazo y con ella apuñala a su enemigo en múltiples ocasiones, haciéndole tantos cortes como puede. Blitzwing logra quitárselo de encima para volver a tomarlo y emprender vuelo hacia el cielo, B-127 le arranca parte de las alas antes de que tomen demasiada altura y los dos caen en picada.
El Decepticon se impacta en el terreno mientras que el Autobot aterriza ileso sobre sus rodillas. Blitzwing se repone de inmediato y le apunta con su Rifle Bláster, B-127 sube sus brazos para cubrirse de las balas, tapando accidentalmente su campo de visión. Blitzwing detiene el fuego y se acerca con un golpe sorpresa que logra desorientarlo, luego lo toma fuerza del cuello y lo levanta. B-127 aprieta su brazo tratando de soltarse.
—¿Dónde se esconden tus amigos?
—Jamás hablaré.
—¿Lo dices en serio? —Blitzwing prepara una filosa punta metálica en su mano—. Pues hagámoslo oficial —sin pensarlo dos veces, le clava el filo en el cuello y luego lo retira con violencia, extrayendo la caja de voz de B-127.
Chispas brotaron de sus circuitos en el gran hueco que dejó la herida.
La siguiente apuñalada de Blitzwing iba directo a su pecho con tal de darle fin a su vida pero, de pronto, algo saltó hacia el por detrás y lo sujetó con fuerza del cuello. Era Steve. Trataba de separarle la cabeza del cuerpo, tirando de ella con sus dos manos a la vez, el intento estaba resultando complicado. No obstante, le hizo saber de su gran fuerza cuando activó las alertas en su sistema.
—Miserable humano —se deshizo de B-127, desechandolo como a un costal para poder tomar a Steve y aventarlo contra un árbol. Normalmente una persona común no se levantaría después de recibir ese daño pero no pasó mucho para que él se repusiera casi al instante—. ¿Te atreves a ponerte de pie?
—Seguiría todo el día —se limpió la sangre de la nariz y luego puso los puños frente su rostro para indicar que estaba listo.
—Con que eres valiente y estúpido. Desperdicias tu vida por la de un traidor como B-127 —Blitzwing le apuntó con su rifle—. Morirás con él.
Steve corrió de la lluvia de balas, refugiándose en los árboles, ahí se agachó para cargar una gran roca y con todas sus fuerzas, dió un par de vueltas ganando impulso y finalmente se la lanzó al Decepticon. Blitzwing no se esperaba tal ataque, por lo tanto fue golpeado por la roca, lo que único que le ocasionó fue un giro involuntario de la cabeza en sentido contrario al impacto, teniendo que detener los disparos. Steve aprovechó para salir de su escondite y abalanzarse sobre el, se sostuvo firme de su brazo derecho mientras que recibía un golpe del otro.
Un largo corte se abrió en su ceja cuando el puño metálico le pasó por encima. Ignoró sus heridas y usó las fuerzas que le quedaban para tratar de arrancarle el brazo. Blitzwing soltó una risa burlona, era divertido que un ser tan pequeño creyera que podía hacerle algo. De su mano sacó el mismo pincho que usó contra B-127. Comenzó a acercar la afilada punta hacia el cuello de Steve quién resistió el forcejeo empujando la gigantesca mano que duplicaba el tamaño de las suyas juntas. Sus dientes rechinaron entre sí, subió la mirada confrontando la del Decepticon. Podía percibir el instinto asesino por medio de su brillante óptica roja, sin duda, era muy diferente de B-127.
Blitzwing supo que estaba ante un humano fuerte, uno demasiado para los de su especie. No solo se trataba de fuerza física, también tenía ante él a un hombre con voluntad inquebrantable cómo cierto líder Autobot al no querer dejar morir a B-127. Steve Rogers realmente daría la vida en ese momento por protegerlo, a un ser del que apenas tenía conocimiento y con el que ni siquiera compartía especie. Ese fue el detonante que llevó a Blitzwing a dejarse de rodeos y, con la otra mano hecha puño, derribó a Steve de un golpe directo a la sien. Tirado en el suelo, B-127 lo miró caer inconsciente, al principio no comprendió porque Rogers no había huido cómo hubiera sido lógico.
Recopilando su información hasta el momento, recordó que este humano nunca le huía a una pelea. Irónicamente él mismo lo había dicho. Era un hombre tan noble que no permitiría que alguien muriera en su presencia, fuera otro humano o no, Steve seguía su corazón. Esto lo hacía creer que podía ser la persona indicada para ayudar a los suyos, no podía permitir que muriera. Además, le agradaba.
El Autobot reunió energía para levantarse y saltó hacia su enemigo por la espalda segundos antes de que dejara salir la siguiente bala. Primero le dió unos cuantos golpes atinando a la cabeza, después terminó de arrancar más partes de sus alas para dejarlas inutilizables. Blitzwing estiró los brazos tratando de quitarse a B-127 de encima pero este lo llevó al suelo de una maniobra en la que usó el peso cómo ventaja, en el suelo se colocó sobre él y continuó con los golpes consecutivos a los que el Decepticon se defendió regresando unos cuantos. Fue en el intercambio que B-127 consiguió frenar uno de sus golpes y con la otra mano desprendió el metal del ante brazo de Blitzwing, dejando a la vista una reserva de misiles de los cuales tomó uno y se lo enterró en el pecho.
B-127 dió salto al frente, rodó hasta caer sobre sus rodillas y se detuvo apuntando su Cañón de Plasma hacia el centro del pecho de su enemigo. Su disparo fue certero, sin dejar que el enemigo reaccionara, B-127 lo voló en pedazos y luego él se desplomó debilitado. Steve abrió los ojos en sincronía, capturando el momento. Rápidamente, ignorando sus propias heridas, acudió hasta el Autobot para socorrerlo.
—Esto se ve mal —Steve trató de poner sus manos sobre la herida del cuello cómo si estuviera deteniendo una hemorragia hasta que se dió cuenta de lo absurdo que era eso en un ser robótico—. ¿Qué hago? ¿Cómo te ayudo? —la óptica azul de B-127 lo enfocó, intentaba tranquilizarlo—. ¿Vas a estar bien? Respóndeme, por favor.
B-127 sabía que tenía un daño grave pero afortunadamente no era mortal, solo necesitaba desconectarse un rato. No tenía idea de cuanto exactamente. Antes de perder conocimiento, se transformó de vuelta en su modo alterno.
Steve tuvo que conducir a B-127 de regreso al campamento, se sintió algo extraño al tener que ocupar el asiento del piloto, pues este auto no necesitaba uno si es que podía llamarlo de verdad auto. Al tomar el volante entre sus manos, sus ojos se detuvieron un momento al centro de este, vislumbrando un símbolo grabado. Sus dedos le pasaron por encima, curiosos. No sabía que lo que estaba viendo era el símbolo Autobot.
Dejando sus pensamientos de lado, los llevó a B-127 y él de regreso al campamento, estacionó el Jeep frente una Peggy bastante molesta que esperaba su regreso de brazos cruzados. Soltando un suspiro, de saber lo que muy seguramente le esperaba, Steve descendió moribundo, lleno de rasguños, con un profundo corte que abarcaba toda su ceja izquierda y debilitado dió pasos hasta toparse con la mueca molesta de la mujer.
—¿No deberías estar en el aeropuerto? —consulta Steve en un tono coloquial. Cómo si hace unos minutos no hubiera estado a punto de morir a manos de un robot alienígena.
Los ojos de Peggy lo recorrieron de pies a cabeza, le echó un vistazo al auto y de nuevo él.
—El avión sale en cinco horas —le quita importancia—. ¿Vas a decirme que pasó?
—Yo solo... —la idea de compartir el secreto ocupó su mente por unos instantes pero al final desistió de ella. No era prudente—. Salí a dar un paseo y me caí.
Carter emitió un sonido pretendiendo que creía su historia, después puso su dedo sobre la larga cortada en su rostro, obteniendo una queja de dolor al primer roce.
—Y debo creer que esto lo hizo un árbol, ¿No?
—Así fue, de hecho, era un árbol muy violento —insistió. Continuó su camino, pasando de largo. Puso la mano derecha debajo de sus costillas, cerrando los ojos cada vez que daba un paso, se dirigía hacia su dormitorio.
—Steve —su voz lo detuvo, ella dió un giro rápido y lo miró suplicante—. Vi el humo. Por favor, dime que tu "caída" no tiene nada que ver con eso. Si pasó algo, tienes que decirme.
De nuevo la idea de contarle todo se plantó firme en su mente. Confiaba en Peggy pero no quería involucrarla, era peligroso. Quería callarselo. Algo dentro de él le remordió la consciencia al pensar en las heridas de B-127. Callarse en verdad sería egoísta. Si quería ayudarlo, no podría solo con esto por más que quisiera.
—Peggy, ¿Podrías morir por un secreto?
—¿Disculpa?
Volteó en todas direcciones antes de tomarla de la muñeca y apartarla. Ella se dejó guiar, ahora asustada por su misteriosa actitud, sospechaba que Rogers estaba metido en algo grande y esto no era una buena señal.
—Es cierto, tengo que contarte algo —confesó nervioso—. Pero si lo hago, los dos estaremos en peligro. Tienes que prometerme que podrás guardar el secreto.
—¿Qué secreto? Steve, me estás preocupando —sus ojos analizaban cada facción de su rostro, tratando de descifrar el enigma que lo rodeaba. El silencio de él, la hizo entender que no diría nada más hasta que diera su palabra—. Está bien, no le diré a nadie más. Ya dime, ¿Por qué actúas tan raro?
—No es el lugar, ven —sin soltarle la muñeca, la encaminó en retroceso hacia el Jeep.
—¿Cómo qué no es el lugar? —se quedó de pie junto al auto, desencajado la mandíbula cuando lo vió subir al asiento del conductor—. Estás herido —le recordó bastante obvia.
—No podemos hablar aquí. Tu vuelo sale en cinco horas, ¿No? Tenemos tiempo —dejó medio cuerpo fuera, sosteniendo la puerta con un brazo.
—¿De ir a donde exactamente? —no planeaba moverse sin obtener una contestación.
—Con Stark —pudo notar que decir su nombre la sorprendió—. Ustedes se llevan bien, ¿Crees qué puedas hacer que nos reciba? —no le gustaba nada la idea pero era la mejor opción que tenían.
—Déjame ver si entendí, sabes algo que nadie más puede saber, no me dices qué es, ¿Pero quieres ir con Stark, la persona menos discreta de Norteamérica? —Steve movió la cabeza asintiendo con un gesto dudoso, dejando en evidencia que ni el estaba seguro de lo que iba a hacer—. ¿Qué te hace pensar que Stark va a guardar también tu secreto?
—Créeme, después de lo que va a ver, no querrá decírselo a nadie —le aseguró, aguantando una sonrisa. Sabía cómo era ese hombre, cuándo tuviera a B-127 de frente, querría ser el primero en estudiarlo. Era justo lo que quería, a cambio de su silencio.
—¿Ver? —repite todavía más intrigada. Comprende que no le dirá nada más sino lo acompañaba, así que apostándole toda su fe a que en verdad valiera la pena, accedió a ir—. Bien, pero yo conduzco.
Con una seña le indicó que se moviera de lugar.
—Como digas —obediente, se deslizó hacia el asiento del copiloto.
