Hola!
Seguimos con esta historia... a ver dónde nos lleva.
Gracias por los comentarios y por leer ^^
AJ
Helado
Esa vez, siguiendo las instrucciones de Granger, lo había hecho de forma perfecta.
Era el momento y el lugar indicados. Estaba a punto de hacer historia, romper una maldición de sangre y salvar a su esposa.
Sonrió desde su escondite cercano a la heladería de Florean Fortesque viendo como su yo del pasado recibía una lechuza y hablaba con Astoria. Se levantó y se marchó mientras ella y Scorpius seguían tomándose un helado. El niño, que no tenía más de un año y medio, estaba sentado en una carriola de bebés, parloteando en un lenguaje que solo él y su madre comprendían mientras jugaba con una serpiente de peluche y unas piezas de conexión mágica. Astoria le daba de vez en cuando una cucharadita de su helado y el niño hacía gestos gracioso por el frío que la hacían reír.
Tragó saliva. Hacía tanto que no escuchaba la risa de Tori que durante unos segundos se quedó paralizado antes de recordar a qué había ido hasta allí.
Ni bien dio un paso para salir de su escondrijo un sollozo le hizo mirar hacia atrás y frunció el ceño al ver a Granger apoyada en el muro de piedra, escondida tras unas cajas vacías con el logo de la tienda de animales, llorando en silencio con el rostro hundido entre las manos.
Pocas veces había visto llorar a esa bruja y nunca, desde la guerra, con esa tristeza tan absoluta. Sus sollozos, apenas audibles, le hicieron sentir incómodo y, a la vez, completamente empático ante el dolor que parecía emanar de su pequeño cuerpo.
Posiblemente unas semanas antes hubiera sido capaz de marcharse de allí sin volver la vista atrás, pero ahora él la conocía, no solo había hablado con ella ese mismo día, en su tiempo, mucho más que durante todos los años que compartieron en Hogwarts si no que, además, la conocía completamente, íntimamente hablando.
Tal vez el sexo creaba alguna especie de nexo desconocido.
Draco no tenía un amplío conocimiento de las mujeres en realidad. Durante sus años de escuela había habido algún escarceo con Pansy Parkinson, su mejor amiga, con quien había perdido la virginidad. Más tarde, durante la guerra, lo único que había tenido en mente había sido sobrevivir y, al terminar los juicios su apellido había espantado a las mujeres como si Draco hubiese sido un troll. Únicamente Astoria le había dado una oportunidad y él le había regalado fidelidad por el resto de su existencia porque nunca podría recompensarla lo bastante por no haberle dejado solo.
Hasta que apareció Hermione Granger y, alcoholizado hasta las orejas, se la había llevado a la cama y compartido con ella la noche más caliente y tórrida de toda su vida.
Ahora la conocía íntimamente, más de lo que quizás conociera a nadie porque había sido desinhibida y salvaje, agresiva a ratos, sumisa en ocasiones y completamente desvergonzada.
Su relación con Tori había sido dulce, suave y maravillosa. El sexo era la demostración física de su amor y era algo cálido, un placer que se derramaba sobre ellos con lentitud, con sensualidad y cariño.
Con Granger no había habido amor, así que el sexo fue un tsunami que lo barrio absolutamente todo. Fue devastador, lujurioso e indómito. Se poseyeron el uno al otro con un deseo febril que le dejó absolutamente drenado. A sus treinta y ocho años Draco había descubierto por primera vez que follar era, como más de una vez había oído decir a Blaise Zabini, sucio, sudoroso y arrollador y, aunque una parte de él se sentía desleal hacia Tori, otra parte no se arrepentía de nada.
Además, aunque jamás admitiría esto delante de nadie, en alguna ocasión, cuando era un adolescente al que le salían las hormonas por las orejas, se había preguntado cómo sería el cuerpo de la sabelotodo Granger y había fantaseado con ella de rodillas, sumisa y a su disposición, preparada a satisfacerle sin una sola protesta. Nunca creyó que aquella fantasía estúpida pudiera hacerse realidad, pero finalmente la tuvo en su cama y ahora sí sabía como era su cuerpo, como se arqueaba, como se mojaba y como se abría al recibir el miembro de un hombre. También sabía cómo sonaba su nombre entre gemidos y cómo llevarla hasta el orgasmo.
Con todo aquello sobre su conciencia ¿Cómo podía ignorar a esa mujer mientras sufría?
Una parte de él era consciente de que no era la misma bruja, esta Granger era mucho más joven y no sabía lo que ocurriría entre ellos en el futuro pero él sí. Así que antes de seguir dando más vueltas al asunto, olvidándose de las advertencias de la Ministra sobre no cambiar el pasado, se acercó a ella despacio, para no asustarla.
—¿Estás bien?
La mujer dio un respingo al escucharle y jadeó con sorpresa levantando su rostro humedecido hacia él.
—¿Malfoy?
No pudo evitar fijarse en que esta Granger se veía algo distinta a la de su tiempo aunque no demasiado. Los años no habían dibujado aún arrugas en su piel y se dio cuenta de lo bien que llevaba la edad acercándose a los cuarenta. Las diferencias eran casi inexistentes. Salvo que esta Granger tenía un embarazo bastante notorio. Otra vez.
Miró su tripa y rezó por no repetir la experiencia del viaje anterior.
—Aún me queda más de un mes para salir de cuentas —dijo ella con una pequeña sonrisa, como si también estuviese pensando en el último embarazo.
Draco asintió y volvió a mirarle a los enormes ojos castaños.
—¿Qué te pasa? —preguntó con algo más de aspereza de la que habría deseado.
Ella se limpió las lágrimas con el borde de la mano y el meñique y se encogió de hombros.
—Nada… yo… todo está bien —su respiración se aceleró —estoy bien… todo va bien
Parecía a punto de tener un ataque de pánico así que Draco la tocó.
Sintiendo algo desconocido en la boca del estómago que lo llenó de angustia, la atrajo hacia su pecho y la estrechó entre sus brazos con brusquedad.
La impresión hizo que la chica contuviera la respiración y el ataque de pánico pareció remitir, para dar paso a otra cosa.
Su corazón se aceleró de nerviosismo y la sintió temblar. Se preguntó si quizás se había pasado de la raya. Puede que para la Hermione Granger de esa época él ya no fuera un completo gilipollas, pero distaba mucho de ser algo más que un ex mortífago redimido que había dejado de ser racista, elitista y estúpido.
—No parece que esté todo bien. A veces es más fácil desahogarse con un desconocido que con un amigo —le susurró al oído.
—No…eres… un desconocido —murmuró ella en respuesta.
—Pero tampoco soy tu amigo.
—No, no lo eres.
—¿Enemigo?
—No lo creo
—Bien —le acarició la espalda con suavidad, porque después de tantos años de matrimonio había aprendido a consolar a una mujer — llora si no quieres hablar.
Ella soltó una pequeña risita y se sorbió la nariz en un gesto nada elegante que le hizo sonreír por su naturalidad.
—No sé cómo he llegado a este punto de mi vida —empezó a decir ella aún en el abrigo de sus brazos —quiero a Ronald. De verdad que lo quiero, pero veo a Ginny y a Harry o a Luna y Rolf… y me doy cuenta de que no lo quiero de la misma forma —sollozó de nuevo — ¿Cómo no nos dimos cuenta antes? Tenemos una hija y estamos a punto de tener un hijo y yo…. —se sorbió de nuevo la nariz y volvió a llorar —él es tan bueno y tan buen amigo… no sé en qué clase de persona me he convertido. Creía que me enamoraría y todo sería maravilloso, pero nuestra vida no es maravillosa. Discutimos mucho, no tenemos demasiado en común, solo a Harry y no sé, nuestro pasado y ahora nuestros hijos pero no podemos hablar de libros, ni política, ni economía o de transfiguración. No podemos hablar de pociones o hechizos… porque no le gusta nada de eso. Y yo no puedo seguir una conversación sobre quidditch aunque me fuera la vida en ello, ni tengo paciencia para oírle hablar sobre los inversionistas de la tienda o para que me cuente una y otra vez los experimentos de él y George para los próximos inventos de Sortilegios Weasley. Es todo una rutina tediosa y siento que me voy a volver loca en cualquier momento.
Draco no supo que decir. Era consciente de que Granger se había divorciado de la comadreja un año atrás y de que, tal y como le había dicho ella mientras arrasaban con el tequila de aquel antro muggle, que hacía casi once años que ni quiera follaba con él, aunque no la había creído porque ¿Quién se pasa once años casada en celibato? Porque si de algo estaba seguro era de que estos Gryffindor no habrían cometido una sola infidelidad mientras el matrimonio hubiera sido legal.
—Sois los mejores amigos —se escuchó decir —Potter, Weasley y tú. El trío de oro, los héroes de la guerra. Creo que no deberíais vivir una vida que no queréis tener, os merecéis encontrar la felicidad —dijo poniendo los ojos en blanco por su propia cursilería —tanto tú como la com… tu marido. ¿No crees que deberías hablar con él? Ser sincera y todo eso ¿No? Eso es algo muy Gryffindor si no recuerdo mal.
Ella se soltó de su abrazo y le miró con los ojos repentinamente secos y decididos.
—Gracias, Malfoy —dijo con sinceridad y, antes de que Draco pudiera ver qué pretendía, se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla antes de salir del callejón y dejarle allí solo.
Él se llevó la mano al punto exacto en el que aún hormigueaba su piel por el contacto con sus labios y se quedó allí, mirando el muro de ladrillos un par de minutos más, incapaz de comprender qué había pasado.
Cuando por fin pudo reaccionar y volvió hacia Florean Flortesque, Tori y Scorpius ya no estaban allí y, en la mesa en la que se habían sentado, únicamente quedaban dos copas vacías de helado.
