Por favor devolver a…

Pese a que Todoroki había insistido en que se quedara en casa descansando, puesto que tenía la ronda nocturna ese día, Midoriya decidió acompañarlo a hacer las compras en el nuevo supermercado que habían abierto cerca de su casa.

En secreto, a Izuku lo preocupaba que Shouto se perdiera entre la multitud que seguro iría a visitar por la novedad. Se lo imaginaba recorriendo los pasillos, perdiendo cualquier atisbo de dirección en su línea de pensamientos y, probablemente, extraviaría la lista de las compras porque no le gustaban las multitudes y menos cuando podía llegar a ser conflictiva en las secciones de oferta.

Sin embargo, Midoriya no pensó que sería él quien se perdería entre la muchedumbre después de que anunciaran una rebaja en el pan recién salido del horno y todos salieran corriendo en tropel hacia el otro extremo del local.

Y menos que, a los pocos minutos de estar recorriendo las islas, el anuncio por el altoparlante lo pusiera en evidencia de la forma más vergonzosa posible.

—¡Lo encontré, mamá!

Un niño lo apuntó con el índice como si estuviera parodiando a un detective del siglo pasado. Se ajustó los lentes sobre la nariz con aire intelectual y se acercó a Izuku a pasos agigantados mientras su madre le lanzaba miradas de disculpas al joven héroe.

Midoriya maldijo a Uraraka de repente porque ella fue la que tuvo la brillante idea de regalarles por su aniversario de novios un par de camisetas a juego. También se maldijo un poco a sí mismo por no haber lavado la ropa cuando Shouto había estado ocupado en una misión en otra prefectura, de modo que lo único limpio que tenían eran las dos mentadas camisetas.

—¡Wah! ¡Es Deku! —chilló el niño al reconocerlo bajo la gorra que llevaba.

Midoriya se llevó un dedo a los labios, notando de repente el revuelo entre las personas que lo rodeaban ante la perspectiva de conocer al legendario héroe. El niño se cubrió la boca con ambas manos, pero se rio cuando Izuku enrojeció aún más cuando los parlantes escupieron una vez más su mensaje:

«Quien consiga al joven con una camiseta que pone "If lost return to husband", por favor llevarlo a Atención al Cliente»

Midoriya también maldijo a Todoroki por deleitarse en pequeñas bromas como esa. Sin embargo, se dejó tomar la mano por el niño para que lo guiara hasta su destino. A medida que atravesaban los pequeños grupos de personas, algunos se percataban de que era el individuo perdido del anuncio que habían anunciado una tercera vez y no se contuvieron en dedicarle risitas y comentarios pasajeros.

Cuando Shouto divisó el violento sonrojo en las mejillas de su novio mientras se aproximaba por uno de los extensos pasillos de la mano de un enérgico niño, sonrió con satisfacción. Izuku se acercó, raudo, y le reclamó en voz baja, pero con solo escuchar la leve risa entre dientes de Shouto, su enojo se esfumó.

—Muchas gracias por traerlo —dijo Shouto, posando su mano sobre la cabeza del niño con gentileza.

—¡No hay de qué! Quería demostrarle a mamá que mi inglés ha mejorado mucho.

—No lo dudo. —Le sonrió Izuku, despidiendo al pequeño con entusiasmo cuando su madre le dijo que ya debían regresar.

—Cuando Uraraka dijo que confundieron las tallas de las camisetas, supe que era algo destinado a ocurrir tarde o temprano. Me refiero a que serías tú el que se perdería.

—Solo porque no me adelanté yo a venir acá —repuso Izuku, un arrebol ardiendo en sus mejillas de nuevo.

—¿Sí? —Todoroki tiró de su propia camiseta para leer el mensaje de "I'm the husband" con un brillo travieso refulgiendo al fondo de sus pupilas—. Sueles perder la calma en estas situaciones o, peor, terminar de un modo absurdo involucrado en el ataque de un villano.

—¡Eso pasó una sola vez!

—¿Seguro? —Shouto esgrimió una sonrisa, inclinándose hacia él para reducir la distancia—. Está el incidente con Gentle, el de nuestra primera cita, esa vez que…

Izuku se propulsó un poco con los pies para acariciar sus labios, dulce y escueto, apenas un roce para no lastimarlo con la visera de la gorra.

—No lo sigas numerando… —Hizo un puchero, sin despegar la mirada de la magnética de su novio.

—Si me vas a callar con un beso, debes hacerlo apropiadamente —dijo Todoroki, pese a que sus cejas estaban arqueadas, entre sorprendido y embelesado por el efecto que tenía Izuku sobre él.

Izuku dejó caer los párpados cuando Shouto le quitó la gorra con cuidado, usándolo como escudo para los ojos incautos de los transeúntes, para luego atajarlo por la cintura y volver a juntar sus labios.

Era en esa valiosa efimeridad, con la cálida boca de Shouto prodigándole el equilibrio perfecto entre la ternura y la pasión, que Izuku perdía la noción de la realidad porque se sentía afortunado de tener la oportunidad de caminar a su lado, en igualdad de condiciones. Se cuestionó si, en otra vida, de existir, volverían a encontrarse.