XXXX - EREN

DOS SEMANAS ANTES

Después de haber desechado hoja por hoja, y reescrito cantidad de veces las mismas palabras en diferente orden, Eren se conformó finalmente con el producto final que había quedado en sus manos.

Por insistencia de Historia, había accedido a escribir unas últimas palabras dedicadas a sus compañeros. Algo que les ayudara, aunque sea mínimamente, a comprender y resignarse del camino que iba a emprender. Y al que los iba a arrastrar.

Eren se levantó del escritorio de la oficina privada y exclusiva que la reina tenía a su disposición en uno de sus orfanatos y salió en su búsqueda.

Llevaba ya dos semanas con ella. Cada día explicando poco a poco, lo que iba a hacer, lo que necesitaba de ella y cómo iban a cambiar las cosas a partir de ahora. Más que todo, su larga estadía allí se debía a que tenía que sacar cada tema con cuidado para que ella lo comprendiera y tuviera el tiempo de asimilarlo.

En un principio, Historia intentó convencerlo con diversos medios de renunciar. Hizo sugerencias, observaciones, lo aconsejó, se enojó, hizo de todo para apartarlo de ese camino que él ya había abrazado. La renuencia y negativas de parte de él solo hizo que esos primeros días se fuera furiosa o con lágrimas de frustración brillando en los ojos. Hasta que regresaba, con gesto severo y resignado a seguir escuchándolo. En el fondo, ella comprendía, que si no era ella, Eren no tenía a nadie más en quien confiar voluntariamente sus últimas y radicales voluntades. Pero sí llegó el condenado punto en que ella se cansó de su actitud de mártir y le exigió que redactara esa carta, casi bajo amenaza. Eren decidió cumplirle ese insignificante pedido. Sin embargo, no fue tan sencillo y fácil como pensó. La tarea que se imaginó iba a ser cosa de unos minutos se alargó por días y noches.

Finalmente de largo rato buscándola, encontró a Historia en las cocinas, ocupaba dirigiendo la preparación del almuerzo a varios de los empleados del lugar. Eren esperó pacientemente a que dejara de dar instrucciones para acercarse a ella.

- Aquí tienes - le extendió el sobre a ella.

Ella lo miró con una ceja arqueada, se limpió las manos en el delantal y le arrebató el sobre para sacar las hojas y darles una rápida inspección. Eren suspiró anticipándose a lo que venía. Mientras, se adueñó de una manzana del cesto que tenía al alcance a la espera de que ella terminara de leer y evaluar el contenido de su carta.

- ¡Ugh, Eren! Esto es tan sobrio y seco de tu parte que solo me dan ganas de darte un puntapié - lo regaño Historia con tono reprobatorio al bajar las hojas. Eren para ese momento ya iba por la mitad de la manzana.

- Es lo que hay - encogió los hombros con indiferencia.

- ¿Y qué hay de Armin y Mikasa? - preguntó ella revisando rápidamente las hojas por ambos lados - Creo que ellos se merecen algo más personal.

- Eso es todo lo que hay - volvió a remarcar Eren deshaciendose del corazón de la manzana en el basurero.

Historia resopló ante su desenfadada actitud. Después, meneó la cabeza de un lado a otro mientras volvía a meter las hojas dentro del sobre.

- Verás, tengo algo que hacer el día de hoy y quiero que me acompañes. - Eren hizo una mueca de disgusto y quiso protestar para decirle que no debía y mucho menos le apetecía acompañarla en sus tareas reales arriesgándose a exponerse más de lo debido, pero ella le chistó rápidamente - Sin discusiones. - Se estiró para alzar la funda protectora de un traje del respaldo de una silla que al momento no había llamado la atención de él y se lo extendió - Toma. Vístete adecuadamente. Te veo en diez minutos en la entrada.

Eren suspiró con cansancio. Había pasado las últimas noches en vela pensando en la redacción de esa carta, por lo que, a esas alturas, pocos eran los ánimos de iniciar un debate verbal con Historia en público.

Se dirigió a la salida de la cocina para volver a la oficina. Antes de irse le dio una última mirada a Historia. Ella estaba de espaldas inclinada sobre las ollas en cocción, dándole algunas últimas instrucciones a alguien. Solo entonces, Eren pudo darse cuenta del conjunto negro que llevaba y que habia pasado por alto por el mandil floreado que llevaba puesto en ese momento. Con cierta duda, espió su traje por una rendija de la cremallera y se dio cuenta que también era de tintes negros. El color del luto y los funerales.


- Deja de mirarme así.

Eren iba un poco enfurruñado en lo que llevaba de viaje en ese renqueante carruaje. Se sentía incómodo y asfixiado por las finas y estilizadas costuras del traje. Lo único que podía agradecer era que Historia hubiera tenido el detalle de contratar un carruaje forrado sencillo, tirado por un par de caballos nada llamativos; y no una carroza llena de incrustaciones en oro con media docena de imponentes corceles de sedosa melena.

Todos los detalles le habían dado la noción al lugar al que se dirigían. Solo fue que el carruaje los condujera fuera de la capital, traspasara las calles de Hermina y virara en dirección sur para confirmarle que Historia pretendía agriar su humor aún más al llevarlo a un lugar donde solo descansaban los restos putrefactos de cantidad de personas que alguna vez conoció.

Si la intención de ella era levantarle el ánimo y tener un último detalle gentil con él, se había equivocado desastrosamente. Asi que se había sumido en un silencio huraño a la espera de terminar ese estúpido juego con Historia, y decidido a partir derecho hacia Shinganshina a ultimar los preparativos para su partida de todo lo conocido.

Sus pensamientos estaban oscilando de Floch, los Jaegeristas a Zeke, cuando Historia se aclaró la garganta para atraer su atención nuevamente.

- Desde que llegaste a mi hace unas semanas para revelarme todo este plan… trágico, - 'desquiciado' era un mejor término a opinión de Eren. Aunque también el de 'obra maestra' aplicaba perfectamente - me la he pasado pensando sin descanso, robándome el sueño, el apetito, incluso el ánimo. - Historia desvió la mirada hacia la ventana - Me he devanado los sesos buscando una lógica ante esta imposibilidad. Pero acabe resignandome a que no hay razón lógica o solución inmediata que pueda hallar en unos días cuando tú has estado considerándolo por meses. - encogió los hombros - Solo me queda confiar en ti. - sus miradas se encontraron nuevamente - Pero mis infructuosos esfuerzos me hicieron caer en cuenta de un hecho innegable desde el primer momento y es que esto será muy difícil. El mundo entero te condenará. Y tú solo pretendes como si nada de eso te afectara. - ella cuadró los hombros y levantó el mentón - Así que, como soy la persona que elegiste para descargar un poco de tu conciencia, me asegurare de salvaguardar un poco de tu humanidad y tu verdadera persona.

- Yo no te he pedido…

- ¡Silencio! - lo chistó ella sin consideración - No interfieras con mis planes hoy.

Ambos se enfrascaron en una contienda de miradas. Eren con la intención de protestar y ella con la intención de rebatir a cualquier oportunidad que le diera, sumiéndolos a ambos en una tensión demasiado pesada. Eren terminó por suspirar y se desparramó en el asiento, bajandose el ala del sombrero para que le tapara los ojos.

- Haz lo que quieras - dijo antes de cerrar los ojos y huir de la incómoda atmósfera hacia sus sueños.


Varias horas después, cuando el sol ya se ocultaba en el horizonte y habían pasado unos veinte largos minutos de muda contemplación, la mirada de Eren se había limitado a vagar de un lado a otro. Primero, al rocío que cubría a la naturaleza alrededor permitiéndole respirar un aroma a tierra húmeda, después siguiéndole el rastro a pequeñas aves que saltaban de una rama a otra hasta que levantaban vuelo, a los insectos zumbando perezosamente en circulos, hasta que irremediablemente bajó su mirada hasta la vasta explanada de lápidas alineadas en centenares de filas. Podía señalar el lugar donde descansaban los restos de algunos de los cadetes de su promoción que no se alcanzaron a graduar, por obvias razones; el de sus antiguos compañeros y mentores de escuadrón: Petra, Auruo, Erd, Gin; Hannes, su antiguo guardián; hasta la de su fallecido comandante, Erwin Smith. Tan solo esas personas eran una minoría entre todas las almas de los soldados caídos que allí descansaban.

Estar en ese lugar, en medio de tanta quietud y de alguna irrazonable manera sintiendose un poco intimidado al estar en la cercanía de tantas personas que muy probablemente desde el más allá estarían juzgando sus próximas acciones, le generaba un poco de malestar. Eren consideró como una fortuna que su madre no tuviera un sepulcro al que Historia pudiera arrastrarlo. Si lo hubiera, y estuviera en ese momento delante de su tumba, probablemente no hubiera podido mantener el temple estoico como lo llevaba haciendo desde el primer momento en que entró a ese cementerio de héroes caídos. De muertos.

Ausentemente, advirtió de refilón a Historia arrodillada terminando sus labores de limpieza para colocar el arreglo de flores que había llevado consigo y encendiendo el incienso a lavanda que inundó sus fosas nasales inmediatamente al pie de una lápida que Eren no veía.

- ¿Sabes uno de los significados de las flores amarillas? - preguntó Historia de improviso rompiendo por primera vez el silencio. Eren solo se limitó a aflojarse el cuello de la camisa, sin contestarle. Poco le importaba el color de las flores, mucho menos, su significado - Es un color que simboliza la alegría, el optimismo y la energía - siguió hablando Historia - ¿No crees que se adecua mucho a la personalidad que tenía ella? Además, también es una flor perfecta para celebrar la amistad. Al menos, la que una vez se tuvo.

Eren suspiró larga y sonoramente metiéndose las manos en el bolsillo del pantalón.

- Qué conmovedor.

- Eres un idiota - le recriminó ella - Mejor no digas nada si vas a hablar con ese tono soso.

Eren resopló por lo bajo. Sacó su reloj de bolsillo para comprobar la hora.

- Ya va siendo tiempo de partir. Y de ti para regresar. Ambos tenemos un largo camino por delante.

- Si, tú lo tienes - Historia se incorporó del suelo, sacudiendose la hierba adherida a la falda - Pero tienes que darme algo antes de eso. Ya lo sabes.

- Realmente, qué fastidiosa - rodó los ojos Eren y empezó a dar media vuelta - Andando. Te escribiré esa condenada carta llena de sentimentalismos como quieres.

Historia lo agarró del brazo con fuerza, deteniendo su avance.

- No es como quieras, tú, necio. No te vas a sentar a redactar esa carta conmigo, sino que lo harás aquí, con Sasha.

- ¡Cielos, Historia! - no pudo por menos que gemir ante tal ridiculez. - No puedes estar hablando en serio.

- Lo estoy - exclamó ella con seriedad - ¿Qué? Crees que no me he dado cuenta que has estado esquivando ver su tumba directamente. Ni siquiera le has dirigido una palabra.

- Joder, Historia. ¿Quieres que le hable a un pedazo de losa?

- Pues sí. - Historia inhaló profundamente, serenandose antes de hablar - Tómalo de la siguiente manera, Eren. Estás a punto de reventar tus lazos con tus amigos. Dale al menos una explicación honesta a Sasha, del motivo del que vayas a lastimar al preciado escuadrón al que perteneció y con el que tanto luchó.

Las palabras, acompañadas con la severidad de la mirada de ella, fueron irrebatibles para Eren. Había una certeza en lo que había dicho anteriormente Historia y era que, adrede, había estado evitando ver la lápida de Sasha porque, siendo sincero, a la fecha no había tenido el coraje de despedirse con sinceridad de ella desde que se enteró de su muerte. ¿Estaría ella molesta, al igual que Connie y Jean, por reírse impulsivamente al enterarse de su fallecimiento?

- Vale, está bien… Suéltame ya.

Historia lo liberó de su agarre. Enseguida, Eren apartó la mirada y escrutó la hierba en el suelo, con sus anchos hombros caídos.

- Tengo la sensación de que no debo estar aquí - dijo con el ceño fruncido - Mirar su tumba es recordarme que, a pesar de mis esfuerzos, alguien siempre termina muriendo.

Historia se acercó a él y puso la mano en su hombro. Ambos estaban de espaldas al pedazo de losa con el nombre de Sasha grabado. Ella no podía verle bien la cara, pero Eren estaba casi seguro de que ella era consciente de que se le habían enrojecido los ojos porque un sentimiento negativo y melancólico se había apoderado de él.

- No digas tonterías - replicó ella - Tu plan funcionará. Nos salvarás a todos.

- Eso díselo a Sasha.

- Vamos, Eren… - sin escucharla, él hundió las manos en sus enredados cabellos marrones, como si quisiera arrancarlos y deshacerse a su vez del sentimiento de culpa. Luego se llevó las palmas a la cara y se las frotó con fuerza. Dejó caer los brazos a ambos lados del cuerpo, tratando de recuperar la calma - También fue culpa mía - prosiguió ella - Hice que la mataran.

- Eso no es cierto.

- Si que lo es. Había una maldita expedición que no se debió pausar. Nos enfocamos en agasajar a los Tybur. Había cantidad de soldados que podían haber hecho lo que ustedes hicieron. ¡Tendría que haberles ordenado que continuarán con la expedición! ¡O tendría que haberlos hecho volver y replantear todo! Mi poder como reina no me sirve de nada si no puedo proteger a los que me importan.

Historia retiró la mano de su hombro, repentinamente frustrada, y le dió un buen puñetazo en la espalda.

- ¿A qué viene eso? - masculló Eren, trastabillando hacia delante.

- Es eso lo que quieres, ¿no? - preguntó ella, acercándose a él con los puños apretados - ¿Que te castigue por lo que le ocurrió a Sasha? - Eren solo levantó las manos inofensivamente. Ella aflojó los puños y tomó sus manos con las suyas, gentilmente, para bajarlas - No fue culpa tuya - dijo, ecuánime. Luego, plantando con fuerza un dedo en su pecho, añadió: - Fue la reacción inconsciente de una niña marleyana impelida por el miedo y el odio quién mató a Sasha, no tú. La culpa es del absurdo sistema con el que el resto del mundo creció para despreciarnos y temernos, ¿lo captas?

- Sí, lo capto - respondió Eren, dándole la razón para que dejara de hurgar con el tema.

- Vale. Entonces, ya basta de la actitud de tipo rudo e insensible. - Historia apuntó un dedo firme hacia la lápida de Sasha - Vas a mirar esa losa, que representa el lugar donde descansa nuestra compañera, y le vas a decir, con sinceridad, cómo te sientes. - terminó de decir ella con tono autoritario, sus ojos azules brillando con pura determinación. Enseguida y sin esperar confirmación, dio media vuelta y lo dejó allí solo.

Eren observó la espalda de Historia por largo rato hasta que desapareció de su vista. Después con vaguedad, trazó de vuelta el camino por el suelo con sus ojos. Primero, solo mirando hierba hasta encontrar las flores amarillas que tanto se había esmerado Historia en acomodar en las vasijas, entre ellas estaba el platón con el incienso quemándose y más arriba… Eren estaba teniendo dificultades para alzar la mirada más allá de ese punto.

Cuando estaba tratando de darse valor, un repentino y conocido dolor invadió su pecho haciéndole hincar una rodilla en el suelo. Era el dolor de la pérdida. Desde su nueva posición, sus ojos por fin estuvieron a nivel de leer: 'Sasha Blouse 834 - 855'.

La visión se le empezó a nublar casi que inmediatamente. Dejó caer la cabeza sobre el pecho.

- Lo siento - dijo Eren con voz ronca.

Lo sentia por tanto. Por no haberle dado el mundo libre de amenazas que había prometido. Por creer que una realidad libre de titanes era una realidad libre de peligros. Por dejarse engañar por su ingenuidad y su cobardía. Por no haber prevenido su muerte. Por dejarse arrastrar a la senda que el destino tenía preparado para él. Y por todo el daño que iba a causar a sus amigos.

Eren esperaba que sí existía ese otro plano astral en el que Sasha se encontrara ahora, pudiera leer sus pensamientos o entender al menos sus sentimientos ya que a él lo habían acometido los sollozos impidiéndole hablar. Sabía que, quizás, esa era la última oportunidad que tenía para descargar todo lo que cargaba en el pecho antes de adquirir el papel al que se había encomendado.

Sasha, si estás en algún lugar, sabes de todas mis penas, por lo que cada vez que esté a punto de desfallecer, dame las fuerzas necesarias en este solitario camino que tengo por delante.

No supo si fue producto de su desconsolada mente, pero Eren quiso creer que no fue imaginación suya cuando un manto de calidez se posó sobre él y la voz de Sasha retumbó en su cabeza diciéndole: "No estoy enojada contigo"

Eren solo se llevó una mano a la boca para tratar de contener la nueva oleada de tristeza que lo invadió.


Eren dio un par de toques a la ventanilla del carruaje. Historia abrió la compuerta un momento después, revelando una lámpara encendida bañando de luz amarilla el interior y un montón de papeleo desperdigado en los asientos. Se había encargado de hacer su espera productiva llevandose su trabajo consigo.

- Toma. Entrégasela a Armin cuando sea el momento - le extendió la carta a Historia - Y por favor, no más. No me hagas más difícil esto.

Historia asintió recibiendo la carta, pero dándole una mirada preocupada. Las pruebas de su llanto seguramente eran evidentes en su rostro. Ni siquiera la noche podía ocultar eso.

- ¿Estás bien?

- En algún momento lo estaré - Eren no tenía ya aliento para siquiera mentir - Es hora de irme. Ten mucho cuidado. - Historia resopló ante lo último.

- Eres tú el que se va a poner en peligro, yo no.

Eren ignoró su comentario y se despidió dispuesto a partir.

- Adiós, Historia.

- ¡Eren! - exclamó ella inclinándose fuera del carruaje - No te lo he contado… Creo que estoy embarazada.

Eren frenó su avance y se volvio arqueando una ceja hacia ella.

- Felicidades… - murmuró sin saber qué decir.

- ¡Ni lo menciones! - lo cortó ella con un movimiento de la mano - Fue… inevitable. Pero bueno, el caso es que voy a ser madre. - le confesó con una emoción genuina. Eren le sonrió ligeramente, comprendiendo. - Quiero que lo conozcas.

La sonrisa de Eren se desvaneció. No quería arruinar el buen ánimo de ella diciendo que probablemente nunca conocería a ese retoño, ni tampoco quería hacer promesas en vano.

Sintiéndose repentinamente decaído, Eren simplemente dio un paso más para seguir su camino.

- ¡Eren! - Historia tomó su mano casi saliendose por completo del carruaje en su esfuerzo - Vuelve cuando quieras, cuando ya no puedas. Acá siempre habrá un hogar para ti. Te lo prometo - Eren advirtió la compostura de Historia empezar a resquebrajarse finalmente.

Y él que no quería despedidas emotivas. Simplemente, le apretó la mano de regreso, como un último gesto de despedida, antes de separar sus manos e irse de allí.

Pudo escuchar a Historia sollozar quedamente a su espalda mientras se alejaba.


"Armin:

Ya sé que vas a ser de las personas que más se desconcierte y decepcioné por mis repentinas acciones. Solo puedo decir que lo intenté. Intenté vivir bajo la sombra de mi reputación, intenté vivir bajo la nueva realidad, intenté ser una persona del común, una persona normal… Lo intenté, lo intenté, lo intenté. No sabes cuanto luché contra esto, pero todo apuntó a ponerme en la posición en la que actualmente me encuentro y...

Quiero parar ya de excusarme.

Simplemente diré que, así es, tuve mis momentos de duda. Quería vivir como un ser humano corriente.

Recuerdo que, constantemente me preguntaban si todo el sacrificio valía la pena. Hace años, no me hubiera importado el precio. Como titán, todo parecía tan surreal: la muerte, las heridas, las batallas. No sabía a qué se refería todo el mundo cuando decían sacrificio. Ahora lo hago.

El precio de la libertad que busco es convertirme en un monstruo. Un monstruo como lo fueron los opresores en Marley. Ahora, seré mucho peor que ellos. Mi solo nombre generará pavor.

¿Es sencillo renunciar a mi humanidad? No lo es. Pero como dudé, murió otra persona muy valiosa para mi. Alguien a quien apreciabamos mucho.

Aún así, a veces, aún cuando tengo la resolución firme, me encuentro fantaseando. Mis fantasías son de nosotros cumpliendo nuestro inocente sueño. Visitando las tierras de hielo, explorando el mar de agua salada que poco tuvimos la ocasión de navegar, caminar por dunas de arena bajo un sol ardiente, encontrarnos con animales tan grandes, pero a la vez tan inofensivos del tamaño de una casa, y encontrarnos con otros tan pequeños, pero peligrosos del tamaño de un cordero… Si hubiéramos tenido el tiempo o si hubiéramos sido otras personas, ¿cuántas más cosas hubiéramos conocido juntos?

Es irónico, como todo conspiró para ponernos en la posición en que estamos. Pero, ¿sabes también que es irónico? Que el destino me permitiera conocer a Mikasa, pero no para terminar juntos. Varias veces te acercaste a preguntarme qué había ido mal con ella, pero yo nunca te respondí.

La respuesta es sencilla: Por yo ser la persona insegura que soy, me molestó cuando Mikasa no me pudo entregar su corazón completamente. Por ser ella, la mujer madura en la que se ha convertido, se molestó cuando yo no pude entenderla.

Todo es complicado. Déjame ponerlo de otra manera:

Más bien, si yo no hubiera sido el hijo de mi padre, o si mi padre hubiera sido un campesino cualquiera de trabajo común en un pueblo pobre, o si no hubiera recibido el poder de un portador de titanes, o si solo hubiera tenido el valor suficiente para agarrarla en brazos para alejarnos de todo aquel día, o si tal vez, no hubiera conocido a Mikasa… Sí, tal vez, eso hubiera sido lo mejor. Pero creo que no me hubiera sentido bien conmigo mismo. Ella es y será mi única familia que llegó a comprender profundamente mi ánimo, acarició mi oscuro abismo y lloró de desesperación por mi en cada ocasión.

Pero Mikasa es una mujer, parecida a un espejismo, que nunca podré tener una vez entró a esta realidad. Ella es mi ideal y yo soy real mirando a Mikasa. No puedo hacer nada por esa mujer que empezó a marchitarse frente a mí más que decirme que la amo, la amo, una y otra vez.

Sí, Mikasa es mi esperanza y mi desesperación.

En los pasados meses, sinceramente, anhelaba el momento en el que Mikasa se acercara a suplicarme que no me apartara. Me abrazara fuerte y no me dejara ir. Que me pidiera que huyeramos lejos y me dijera que está bien dejar todo atrás.

Pero era imposible, pues me di cuenta que, tarde o temprano, ninguno de los dos iba a ser capaz de ignorar todo lo que pasaba a su alrededor y las responsabilidades que había dejado atrás. Pero, aún así, si ella lo hubiera dicho, tal vez, solo tal vez, yo lo hubiera hecho.

Sea como sea, ella no lo hizo, por lo que cada uno solo siguió con su camino.

Puedo darme cuenta ahora, de la maravillosa persona en que se ha convertido. En un pasado, cuando me raptaban constantemente y Mikasa corría siempre tras de mi, preguntarle por compasión era una pérdida de esfuerzo. Solo había un límite muy reducido de vidas por el que ella se preocupaba.

Ahora abrió su corazón para albergar a más personas en él... y yo solo puedo sentirme celoso por eso. Era feliz cuando toda su atención solo era para mí, y no lo sabía.

Sueno patético, lo sé. Por eso solo soy capaz de confesarte esto a ti, Armin. Por favor, no le digas nada de lo anterior, pero si quisiera que le expresaras lo siguiente:

'Mi peor castigo no es que no puedas recordarme, sino que me recuerdes con odio. Por eso, incluso si no me perdonas, espero que me recuerdes en los momentos más felices de nuestras vidas. Prometo que nos encontraremos, en el momento en que ya nada me lastime. En esta vida o en la otra.'

Los amo, a los dos.

Eren"


Para los que preguntaban cual era el contenido de ese sobre adicional que había sido entregado a Armin, ahí lo tienen. :( Escribir las partes de Eren siempre me deja con sentimiento... Nos leemos.