Disclaimer: Los personajes de la caricatura no nos pertenecen pero podemos usarlos a nuestro antojo de manera gratis y por mera diversión. Los que sí son de nuestra propiedad son los OCs que en la narración se puedan llegar a mencionar.

Advertencia: HEADCANON conjunto. Especial corto en honor a la pareja ButchXButtercup. Leve lenguaje vulgar. Erratas por ahí si son muy quisquillosos.


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Green Grape

II

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La alarma sonó creo por quinta o sexta vez, aunque la verdad no estaba tan seguro con la cuenta luego de posponerla por costumbre, por hastío y por mis deseos de seguir durmiendo. Desgraciadamente, el ruido que logré escuchar en la planta baja fue más efectivo que la repetición aguda del despertador. Mi sentido de alerta hizo que me levantara en cuestión de segundos y apenas me incorporé de la cama me fui desperezando camino a las escaleras para encontrarme con la escena que seguía martillando mis oídos.

Frente a mí estaba mi cotidianidad: Mi par de bestias comenzaban otra de sus peleas matutinas. No era tan grave como hubiera parecido, pero cuando Carter gritaba de esa manera es porque su tolerancia al dolor había sido sobrepasada por su hermano mayor hacía mucho tiempo. Habiendo analizado el panorama y encontrarme con la caja del cereal vacía y sólo un tazón lleno, di fácilmente con la causa de todo. Sin equivocarme, puedo decir que el afortunado dueño de ese plato era mi hijo el más grande, cosa que no pareció gustarle al menor y bueno, ya conociendo la costumbre de éste por ser un ladrón de comida, parece que empezaron un enfrentamiento por él.

Allan solía ir muy en serio con sus advertencias, en el pasado había sido testigo de cómo sentenciaba a su hermano y éste no queriendo hacerle caso, lo retaba. Sí, era verdad que el mayor muchas veces era abusivo con el pequeño y que disfrutaba atormentarlo con lo que su imaginación le permitiera, pero Carter no era precisamente una víctima todo el tiempo y menos un niño tranquilo. En ocasiones como esta, sabía lo malcriado que podía portarse, que sus groserías eran a propósito y que al igual que Allan, él gustaba de molestar al otro hasta el punto de hacerse llorar.

—Nadie come cereal—sentencié tranquilo y captando así la atención de ambos niños. Allan quiso replicar en seguida pero mi humor no estaba para soportar quejas. Por fortuna no tuve que repetirle nada cuando vio mi expresión seria, aunque eso no significaba que lo aceptara tan fácil pues noté su frustración una vez retiré el plato mi mi lo de la mesa—. Se hizo tarde, desayunamos en el camino.

Miré la hora en el reloj de la cocina y capté enseguida que me quedaba poco tiempo para arreglarme y llevar a estos mocosos a ese evento escolar porque en eso había quedado con mi esposa. Por los pendientes de estas últimas semanas, Buttercup iba a estar ocupada viendo algunos detalles de la boda y justo hoy tuvo que salir temprano para atenderlos, aún así, se llevó consigo a Desirée, lo que implicaba que hoy me tocaba lidiar sólo con mis varones.

Me costó menos de diez minutos tomar una ducha rápida y arreglarme con la súper velocidad que en momentos como este era una gran ventaja. Agradecí haber tenido todo listo desde la noche anterior, previendo que por la mañana andaría a las prisas porque me conocía muy bien. No obstante, si me comparaba con mi yo del pasado, el simple hecho de haberme organizado un poco ya era un avance. Durante los últimos meses me había obligado a seguir una rutina; mejorar mis ciclos de sueño para desaparecer un poco -al menos un poco- las ojeras de mi cara era una de las tantas metas a cumplir, de igual modo, tenía que trabajar en mi mal hábito de llegar tarde a todo lugar que asistiera, eso incluía mis asuntos personales como los del resto, ya que en palabras de mi odioso padrino: "Tú no eres la novia, tú no llegas tarde al altar para crear tensión". Sí, éramos conscientes que se trataba más de una ceremonia para renovar votos y que hacíamos todo esto por el anhelo de consentirnos con una fiesta de salón, pero Boomer tenía un punto y ese era hacer feliz a mi mujer demostrándole que yo me estaba tomando en serio todo este proceso como si nos estuviéramos casando por primera vez.

Al bajar de nueva cuenta y encontrarme con los niños esperando, cada uno tomando distancia entre sí porque ya se habían hartado del otro, tomé las llaves de mi auto de donde colgaban y sin esperar mis indicaciones me siguieron en silencio hasta el porche. Como es costumbre, Allan tomó lugar en el copiloto dejando al otro en la parte de atŕas. De todas las cosas que mi hijo menor le pelea al mayor, al menos en esta no había lío y eso se debía a la manipulación que Allan ejerció sobre Carter, ¿cómo?, sencillo, sólo bastó con decirle que si se sentaba en la parte de enfrente, el duende que vivía en la guantera se lo comería.

"—¿Y por qué no te ha comido a ti?" Recuerdo haber escuchado que le preguntó con su usual ingenuidad y temor mezclados.

"—Porque yo ya soy mayor y a los duendes les gustan los niños pequeños. Son más dulces y sus huesos crujen más fácil."

Problema resuelto, Carter odiaba viajar en frente. Supongo que le tomará un par de años más descubrir que nada de eso era cierto, cuando la inocencia infantil lo abandone y se sienta estúpido por creerle ciegamente a su hermano. Tal vez hasta ese instante una nueva lucha inicie entre estos dos, sin embargo, admito que permití que Allan usara esa sucia táctica para ahorrarme dolores de cabeza. ¿Soy un mal padre por no ser yo el que buscara una mejor solución? Seguramente, ¿me siento fatal por lo que otros catalogarían de crianza mediocre? Para nada.

—¿A dónde iremos a desayunar?—Preguntó mi acompañante en lo que el de atrás se ponía el cinturón luego de sentir mi mirada por el espejo retrovisor.

—McDonald's—respondí y puse en marcha el motor para calentarlo. Automáticamente la expresión desganada de mis hijos, en especial la del mayor quien había sido el más afectado por perder el último plato de cereal, cambió a una de emoción ante la idea de ir a ese lugar—, pero pediremos por el autoservicio, si la prefecta los ve llegar tarde de nuevo voy a tener problemas con su madre.

—Es que mamá da miedo enojada—comentó Carter mientras movía sus pies consecutivamente, columpiándolos en su asiento.

—Y hablando de ella, no le diremos que hoy comimos en McDonald's—les indiqué sonriendo ladinamente.

—Pero ella también nos ha llevado antes, ¿por qué se molestaría?—Cuestionó Allan con una confusión genuina.

—No es que se moleste, ¿pero quieres decirle que no le compramos y guardamos nada?—Entonces asintió entendiendo todo. Buttercup era como una niña consentida en ese aspecto, aunque respetaba el tiempo y espacio que yo compartía con nuestros hijos en salidas donde ella no estuviera, descubrir que no la procurábamos al menos con llevarle algo y hacerle saber así que la teníamos presente, es cuando disimuladamente hacía pucheros fingiendo decepción. No es que reclamara en serio, pero, ¿a quién no le gustaba que le llevaran comida?

—¿Por qué no le compramos algo entonces?—Esta vez fue el pequeño quien preguntó.

—¿Tienes dinero?—Repliqué con gracia—, ¿entonces tú invitas?

—Pero los papás son los que pagan siempre—respondió seguro de su argumento inquebrantable—, tú tienes mucho dinero.

—Este enano…—susurré y reí en lo que volteaba para verlo directamente—, yo no tengo tanto dinero, ¿por qué dices que tengo mucho?

—Escuché que ibas a pagar la boda que vas a tener con mi mamá—dijo Allan, metiéndose a la conversación—, y por lo que oí de la tía Bubbles, las bodas son muy costosas.

Puse en marcha el auto una vez abrí la puerta del garaje con el control, volví a mirar la hora en el estéreo y me tranquilicé cuando comprobé que íbamos a buen tiempo. Ya en camino, continué con la plática.

—Lo son—le doy la razón a mi hijo—, pero es un esfuerzo que estoy haciendo por su madre y por mí.

—Yo también quiero una fiesta—comentó Carter—, hay pastel en las fiestas. ¿Van a tener pastel en esta?

—Sí, uno grande.

—¿Y dulces?, ¿darán dulces y refresco?

—Oh sí—respondí siguiéndole la corriente—, sobre todo… refrescos para adultos.

—Van a tomar cerveza y esas cosas—me descubrió Allan—, no refresco.

Pude apreciar en un semáforo en rojo la expresión del menor, una cara de asco lo invadió apenas escuchó de qué se trataba.

—¡Iuck, no, eso sabe bien feo!

Eso dice ahora…

—Por eso no pueden ir—expliqué—, será una fiesta para los mayores nada más.

—¿Por qué Allan entonces no va? Si él puede sentarse ahí enfrente contigo es porque ya es mayor y el duende por eso no se lo come, porque también sabe bien feo como la cerveza.

—Más mayor—aclaré aguantando la risa mientras Allan sólo se giró para verlo muy serio—. Y no, por más que nos quieras convencer a tu mamá y a mí, Carter, ya lo hemos decidido así.

—No es justo, yo quiero comer pastel…

—Te guardaremos—le guiñé un ojo una vez me encontré con su mirada en el retrovisor.

—Pero sigo sin entender bien—habló Allan—, ¿no estaban casados ya?, ¿por qué apenas quieren hacer la fiesta?, ¿y por qué hasta octubre? Aún falta mucho.

Seis meses, siendo exactos, y no, por experiencia sé que en un pestañear el tiempo se nos vendrá encima.

—Sí estamos casados, te hemos contado muchas veces esa historia, y si apenas estamos organizando la fiesta, es porque las cosas no se habían arreglado antes. Como bien dijiste y lo dijo tu tía, no es cualquier cosa.

—¿Pero hasta octubre?

—¿Querías que siguiera siendo en tu cumpleaños?

—¿Tú y mamá se casaron en el cumpleaños de Allan?—La duda de Carter era genuina, con seis años entendía a grandes rasgos la función de los aniversarios en los padres, pero nuestro caso había sido especial porque, bueno, Buttercup y yo nunca lo hemos celebrado en forma. El día que firmamos las actas matrimoniales fue el día que ella dio a luz. Vaya San Valentín…

—Mejor dicho, a Allan se le ocurrió venir justo en ese día—aclaré.

—Bueno pero ya sabíamos que Allan arruina las cosas siempre—justificó y reprimí la carcajada en cuanto el susodicho se volvió a girar y a amenazarlo.

—¿Quieres que te pegue, estúpido mocoso?

—¡Shh, a ver, ya!—Los silencié antes de que todo se saliera de control. Durante los próximos 15 minutos, en los que llegábamos y pedía las órdenes de siempre, me dediqué a distraerlos con otros temas. Lo último que quería es que ese momento agradable se volviera insoportable.

En el transcurso del viaje hacía el colegio, una vez comimos y nos acercabamos al destino, me percaté que Allan había traído consigo su mochila la cual había mantenido oculta en sus pies. Arqueé una ceja en el acto, pues hasta donde sabía, no tendrían clases sino un evento deportivo que la escuela tenía como tradición y por ese motivo todos los grados, hasta los de preescolar, participaban en él.

—¿Qué te trajiste?—Ya era muy tarde cuando quiso esconder su cámara de vídeo, la misma que le había regalado el año pasado por cumplir nueve y la misma que le había castigado hace una semana por haberse pasado de listo con su madre luego de no hacerle caso de sacar la basura—, ¿de dónde diablos la sacaste?

Y yo que creía la había escondido bien…

—¡Papá, por favor, la necesito!—se apresuró a excusarse, como si su tono suplicante le fuera de mucha ayuda—, le prometí a Virginia que la apoyaría con su proyecto de historia y hay tomas que debemos aprovechar hoy…

—Si ya sabías que tenías que hacer eso debiste portarte mejor en su momento—sostuve—. Dame la cámara.

—No quiero quedar mal con ella… ¡Por favor, por favor, por favor!, sólo por hoy, ¿sí?, por favor—siguió con su ruego y con su cara de congoja.

—Ni modo, a ver cómo te disculpas pero tú no me bajas con esa cámara, ¿entendiste?

—Papá…

—¿Vas a hacer que te lo repita? Me jode tener que repetirte las cosas, cabrón.

—¡Prometo que voy a sacar la basura toda la semana!, ¡no, mejor todo el mes!—Juntó sus manos para evidenciar aún más su imploro.

No voy a mentir, por un segundo casi cedo ante el pequeño desgraciado, pero la autoridad que debía mantener como padre era más importante que sus intentos de congraciarse, además, lo conocía y por más labores que hiciera para ganarse su videocámara, al final volvería a hacer de las suyas con otra cosa y regresaríamos al mismo ciclo de siempre. Si lo acostumbramos a esto, a la larga de nada serviría prohibirle cosas si de todos modos obtiene lo que quiere. Yo en lo personal no sabía a veces cómo debía comportarme ante mis hijos, eso de prohibir y restringir seguiría siendo algo muy raro, de hecho, siendo todavía más honesto, lo hacía únicamente por Buttercup, porque para ella era algo importante educar a estos niños para que no se volvieran unas parias… y esa parte sí que la entendía, pero los métodos seguían siendo muy confusos para mí.

—Última oportunidad—la gravedad en mi voz ensombreció mi gesto que hasta hace unos minutos mantenía afable, Allan intentó sostenerme la mirada pero su vista acuosa no lo dejaba hacerlo por mucho rato—. Dame la maldita cámara, Allan.

Él quería llorar, aunque sabía que las lágrimas no funcionaran conmigo, entendía que la personalidad de mi hijo mayor era así, muy emocional y muy expresivo cuando la frustración lo albergaba. Suspiré fastidiado, no por su reacción sino por lo cansado que era lidiar estos casos con una firmeza que sencillamente yo no quería tener. Con los hijos es más complicado tomar el papel de… villano, vaya.

—S-sólo se-rá por hoy…

Carter, ajeno al drama que su hermano me hacía, se terminaba lo último de su pay y con torpeza se limpiaba con una cantidad exagerada de servilletas. Apenas me estacioné cerca de la entrada del colegio para descubrir que habíamos llegado justo a tiempo, me dediqué a estudiar a mi hijo.

—No llores—le pedí—. Debes aprender que tus travesuras tienen consecuencias. Pues esto no es sólo porque no hayas sacado la basura esa vez. Tu mamá me dijo que te encontró molestando a la anciana de la esquina con tu primo. ¿Debo meter a tu tío Brick en esto también?

Negó lentamente con la cabeza.

—¡La bruja de la esquina!—Gritó Carter, asustado por inercia al recordar a la vieja que ciertamente tenía un problema con ellos… con nosotros en general—, papá, Allan y Aidan sólo me estaban defendiendo de la bruja…

—Contigo no estoy hablando—le advertí y enseguida guardó silencio cuando me escuchó alzar la voz, luego me volví con el otro—. Sé que a tu modo quieres a esta pequeña bestia y no te gusta cuando se meten con él. Créeme, a tu madre y a mí tampoco nos agrada esa horrenda vieja… pero no por eso iniciamos una guerra con ella. Tendríamos más problemas que soluciones, y descuida, que si esa mujer fuera un verdadero riesgo, desde hace mucho nos habríamos ocupado nosotros, no ustedes. Por eso sólo te castigamos la cámara, fuimos blandos si me preguntas.

Se quedó en silencio, mirando su mochila sin querer seguir dialogando hasta que en un tono débil, casi dudoso, se disculpó.

—Perdón…

Qué jodido era ser padre…

—No te metas en problemas—le indiqué mientras lo despeinaba un poco—, y si lo haces, insisto, procura que no nos demos cuenta. Enoja más que no sepan ocultar sus cagadas.

—¿Le dirás al tío Brick que Aidan también hizo que la vieja casi quemara su propio jardín?

—No soy un jodido soplón, no fue mi jardín el que casi se arruina… Pero no cuentes con que sigamos encubriéndolos por siempre. Ahora, vayan antes de que cierren la reja y los dejen afuera.

Sí, qué desastre era esto de la paternidad, pero más complicado se volvía conforme esos monstruos ganaban más experiencia. Maldición, esos niños eran un potencial peligro para los vecinos que no les agradaran y, aunque en el fondo me daba cierto orgullo, no me convenía tener a la comunidad encima de mí o mi familia. Era esa una desventaja desde que a los ojos de los ciudadanos, Los RowdyRuff Boys ya no atormentaban a la población civil… Porque sí, para el resto del mundo, mis hermanos y yo estábamos… "retirados" del caos. Ja. Desde luego, había un pequeño sector que tenían sus reservas y que incluso aseguraban que sólo teníamos vidas familiares para mantener nuestras fachadas.

No estaban del todo errados, pero como siempre decía, el que aún fuésemos criminales no nos impedía tener un poco de estabilidad con niños y esposas. Sí, era cierto que nos ayudaba demasiado que el resto de la gente creyera que Las Chicas Superpoderosas pudieron "aplacarnos" con el compromiso… pero la cruda realidad era otra la cual no muchos lo comprenderían.

¿Cómo es que las morales de ambos bandos no han sido impedimento en esos matrimonios? Seguro es lo que se preguntan bastante los que intuyen que seguimos en malos pasos, pues bien, era algo complejo, incluso para nosotros. Sólo funcionaba y ya. Quizá por dependencia, porque no conocíamos otras mejores alternativas, por la terquedad, por el orgullo, incluso por una concepción demasiado enfermiza sobre el amor que posiblemente teníamos… lo que sea, todo aquel que opinara sobre relaciones ajenas, podían irse al diablo. ¿Qué derecho tenían?, ¿qué iban a saber ellos?, ¿qué podían enseñarnos para ser mejores personas?, a nosotros, villanos por naturaleza y gusto que por sus mismos deseos egoístas se atrevían a desear vidas estables. Debían darnos mérito, habíamos aprendido a mezclarnos muy bien con los civiles...

El sonido de un mensaje llegando a mi celular me regresó de mis reflexiones. Seguía estacionado cerca del colegio de mis hijos, hace rato habían entrado.

"Oye, necesito que traigas tu culo al departamento. Hay dos pendientes que tenemos que resolver; trabajo y que decidas si quieres contratar un banquete extra además del que ya entra en el paquete que ofrece el salón. Lo primero puede esperar hasta que llegue Brick, lo segundo es urgente. No te atrevas a llegar tarde, inútil."

Boomer no andaba con rodeos, sabía que mis prioridades estaban en esta boda y no precisamente con mis obligaciones delictivas. Por desgracia, eso me había provocado más deudas de las necesarias, pues al postergar los negocios, no había podido ganar lo suficiente y la AIRI no me había asignado misión en los últimos tres meses. Capital me faltaba para cubrir los gastos básicos en casa, había tuberías que arreglar, servicios que tener al día, y sustentar como alimentar a mis enfadosas crías. En resumen, estoy endeudado hasta las pelotas, sin embargo, no podía desistir de esta ceremonia. Amaba demasiado a Buttercup como para fallar en algo que nos debíamos desde hace diez años. Ella se merecía todo. Y yo le daría todo.

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Organizar una boda es una mierda.

Había estado en ceremonias, de familia, amistades, conocidos y por qué no, también me había colado en algunas; era alcohol gratis bajo mi lógica y no podía perder la oportunidad. Pero de antemano sabía que planear una, era fastidioso. Fui partícipe de las bodas de mis hermanas; una como dama regular y la otra como dama de honor, y aun con la supuesta experiencia de haber colaborado en ambas, no me era suficiente para poder organizar la mía. Ah, son muchas las opciones y gastos que se necesitan, lo indispensable, lo que no, y lo que es para presumir. Mi lista de objetos crecía conforme la lista de invitados también lo hacía, ¿en qué momento conocimos a tanta gente y por qué los teníamos en cuenta para dicho momento? Claro, cómo olvidarlo: los regalos.

La ayuda de mis damas ha sido sustancial, pues sin su recorrido en estos temas, y sin sus contactos, no hubiera avanzado tanto. Bubbles era mi organizadora, lo cual la ponía al frente de los detalles, Blossom mi dama de honor, dama que se perdía de vez en cuando debido a su demandante trabajo, siendo reemplazada por su esposo, cuya compañía era grata cuando el estrés me superaba. Las ocurrencias de Brick sirvieron como lenitivo ante la tensión, y no sólo eso, también lo era su buen juicio y la relación de confianza que llevábamos los dos. La Señorita Keane es quien me ha ayudado a escoger la utilería referente al tema, ya que, fue ella quien aportó la idea de un baile de máscaras. Y claro, cómo no tener en cuenta a Melissa, mi loca compañera de bromas desde hace varios años, quien, además, ha estado en mis peores temporadas. Gracias a la ayuda de ellos, de mi esposo, padrino, padre y el resto de la familia; la boda se organizaba con éxito.

Pero… ¿Por qué demonios me sentía estresada?

El vestido no fue problema, tampoco lo han sido el resto de preparativos, al ser una boda hecha en Halloween, aunque costosa, era sencillo conseguir dichos arreglos. La música ya estaba contratada y el hermoso salón, enorme y gigante salón con jardín incluido, fue lo primero que separamos meses atrás. El banquete estaba en proceso, y ayer estuvimos en una degustación de pasteles que iban de la mano junto a la decoración de éste, hasta los lindos novios de esqueleto para la cima del manjar ya fueron tachados de la lista. Como decía, las cosas con tiempo salían mejor de lo que esperaba. A pesar de tener ayuda de mis seres queridos, ¡era una jodida mierda estar escogiendo cuando te gusta todo lo que te proponen!

¿Rosas negras? ¡Bueno!, oh oh, ¿y por qué no mejor rojas? ¡Esas también! ¿Cuántos pasteles quieren? ¡Uno, no, no, dos, no no, TRES! ¿Quieren un camino de velas? Vale ¿y Candelabros? Claro. Así en cada decisión. Un devenir de opciones que me estresan al quererlos todos. Hasta me sentía idiota por ponerme de malas por estupideces, y no es como que se me fueran negados, mas, ¿cómo no sentirme mal si en su mayoría era Butch quién contribuía en cada aspecto de este evento y yo, al no tener un trabajo estable, aportaba con mis ahorros que en parte, no eran suficientes? Agregándole a ello, los gastos de nuestro hogar, las necesidades de nuestros hijos, los servicios e impuestos. No, esto representaba mucho despilfarre y me sentía como una niña caprichosa queriendo más y más. De allí viene esta frustración.

—¿En qué piensas?—La repentina voz hizo que volviera a la realidad. Parpadeé, mostrándole con ese gesto mi confusión al oír su pregunta y enfoqué de nuevo mis ojos en la mujer que había interrumpido mis pensamientos minutos atrás. No quedándome en ello, le sonreí trasmitiendo seguridad.

—Nada importante—respondo despreocupada, a sabiendas que el interrogatorio no terminaría ahí, pues Melissa, siendo la persona a quien he llamado durante años mi mejor amiga, me conocía lo suficiente para entrever que en mis cavilaciones no solo yacían pensamientos sin relevancia. Ella, comprendiendo mi evasiva, enarca una ceja retadoramente, la cual es imitada por mí, empezando así una inofensiva guerra silenciosa sobre quién logra engañar a quién.

—Los años pasan y tú sigues igual de altanera y mentirosa—afirma segura, mostrando sus blanquecinos dientes en una sonrisa cómplice.

—Y tú tan perspicaz y metiche como siempre—Muestro mi dedo de en medio, soltando una carcajada la cual es acompañada por ella, a la par mueve su cabello castaño con la mano derecha en un aire coqueto, cuyo ademán me demostraba que lejos estaba de sentirse ofendida.

—Y por eso soy tu mejor amiga—sentenció. Yo, levantando la cerveza que descansaba en la mesa, le di la razón. Sin embargo, no conforme con mis replicas, prosiguió—Además, te repito, como soy TU MEJOR AMIGA—enfatizó en dicha frase cada sílaba para remarcar su significado de manera cómica como si de una amiga posesiva se tratara—, es que sé cuando estás pensativa porque se te va la olla y cuando estás pensativa porque algo de acongoja. Vamos, idiota, dime qué es lo que te tiene así—finalizó comprensiva.

—Lo dices como si llevara toda la mañana de esa forma.

—Justamente por eso lo digo—carcajeándose volvió a contestar—, con el tiempo te pareces más a tu hermana… Recalcando siempre lo obvio. —No pude evitar reír ante su afirmativa, puesto que, otra vez Melissa tenía la razón. Blossom podría definirse de múltiples maneras en cada etapa de su vida, pero sí hay una característica que la acompaña hasta el son de hoy, es su malsano vicio de remarcar lo evidente.

—Bien, me atrapaste—dictaminé nada avergonzada, quitando mis pupilas de las suyas y dirigiéndolas a la pequeña infante que come apaciblemente su combo infantil de comida. Suspiro, enterneciéndome con el simple movimiento de sus regordetas manos tomando un papa y llevándola hacia su boca. Mi dulce niña ha sido mi lazarilla desde que inició esta planeación.

—No fuiste atrapada, si nunca te escondiste—enuncia cómplice, ya que entiende mi intención de no evitar del todo el tema.

—Calla. —Continué observando atentamente a mi bebé. Por momentos despegaba la vista de su aperitivo y la enfocaba en mí para sonreírme en el acto, mostrándome esos perlados dientes de leche que tiempo atrás le causaron mucha inquietud cuando recién salían. Tan dulce como era, me ofrece un pedazo de su presa de pollo y en cuanto me acerco para tomarlo, lo aleja sonriendo sagazmente por su travesura—. ¡Oh oh! ¡Juegas con mamá, picara!—. La dinámica se repite un par de veces en donde la risa de Desirée inunda la mesa hasta que el hambre le gana y sigue comiendo.

—Sabes, no me cansaré de recordártelo, pero tu imagen en la actualidad es la mejor imagen que podría tener de ti—dice mi compañera, a quien devuelvo mi vista para demostrarle que volvía a prestarle atención. Sin sonreír, pero asintiendo un poco, le respondo en una invitación a que prosiguiera—. No me malentiendas, tú como heroína destacaste mucho en tus años de oro y tú yo de casi 20 años, a quien conocí en aquel bar clandestino, fue quién se convirtió en mi compañera de aventuras ya hace bastante tiempo. Sin embargo, tú yo de ahora, es mi favorita.

—¿A qué debo tus halagos?—pregunté, dispuesta a escuchar las conclusiones que había llegado después de tan ajetreado día. Con los preparativos de la boda y una cotidianidad de la cual encargarse, no me sorprendía para nada que Melissa me analizará luego de tanto estrés. Era uno de sus dotes, el leer con ahínco el ambiente que la rodea como a las personas para poder desenvolverse mejor. Ese fue uno de los motivos por el que nos convertimos en amigas tan cercanas.

—A que estabas pensando más allá de los preparativos. Te preguntarás cómo lo sé, sencillo. Te conozco lo suficiente como para entender que cuando desvías la mirada al saberte sorprendida, sin dudarlo, la diriges al motivo de tus reflexiones. Desireé solo fue la clave para atar los cabos. —Allí estaba, mi querida y perra amiga que me entendía mucho más de lo que alguien pensaría—. Me recuerda a cuando recién salías con Butch, para los demás no fue muy claro, pero siempre supe que pensabas en él de otra forma, ni siquiera tú te diste cuenta. No era sorpresa para mí analizarte pensativa en nuestras salidas nocturnas y al tratar de disipar mis preguntas con gestos o restándole relevancia al asunto, disimuladamente posabas tus ojos en donde él se hallaba... Has cambiado con los años, pero tu forma de expresarte sigue siendo la misma, se necesita información extra para no malinterpretar, pero en mi caso, no es algo de lo que carezca.

—Eres un engreída, ¿lo sabes, no?—dije.

—La engreída eres tú, que esperas más halagos de mi parte para así decirme tus inquietudes.

—Perra, me da miedo verme tan expuesta ante ti—manifesté, simultáneamente ojeaba a Desireé jugar con la figura que acompañaba el combo para niños. Lo interesante de salir con ella, es que no causaba tanto alboroto como sí lo hacían mis engendros mayores.

—No te molesta, porque no te traicionaría… Bueno, lo haría si no te decides por el sello de lacre rojizo, que le haga alusión a la sangre, le da ese tétrico pero romántico toque a las invitaciones—aseguró, siendo insistente con aquel pedido, el cual no sabía cómo reprocharle, pues a mí también me encantó aquel detalle, mas el problema radicaba en no saber qué poner exactamente en aquel sello, qué simbología o frase y si este era muy ostentoso.

—¡Sabes que quiero!…

—¡Por lo mismo te insisto! —interrumpió mis dudas—, y si el problema es no saber el qué poner en él, piensa en lo más básico… ¿Qué tal sus iniciales?

—¿Dos "B" ? Eso no es nada bonito, si nos llamáramos diferente tal vez…

—No me refiero a esas iniciales.

Su murmuro, aquel murmuro cargado de tanto misterio, me hace caer en cuenta de lo valioso de su respuesta. Cómo lo había olvidado si ante toda esta peripecia, aquel detalle fue el primero que vino a mi mente cuando Butch me propuso renovar votos. No eran esas iniciales similares de nuestros nombres, sino aquellas iniciales de los apodos que nos atribuimos al volver nuestro vínculo especial mucho antes de ser pareja. Aquellos sobrenombres con el que nos llamábamos repetidas veces entre la amargura y el amor. "Ghost y Engel", aludiendo en otro idioma, al fantasma y ángel que en el correr estaciones, crecieron, aprendieron y se amaron.

—Como dicen por ahí, tú y yo no podemos dejar de ser amigas, sabes mucho—condicioné a Melissa en un tono demandante mientras entrecerraba mis ojos y apuntaba mi dedo índice hacia ella, quien dichosa, subió la comisuras de su boca en una mueca secuaz.

—Si es tu forma de decir gracias, la tomo con gusto. —Envió un beso invisible hacia mí, guiñandome un ojo en el camino—. Bueno, la ventaja es que ya tienes una de tus inquietudes resueltas.

—Ah, el estrés se siente todavía más al ser tú; la novia. Cuando Blossom se casó la juzgue muchas veces por sus gustos extravagantes y la indecisión que tenía para escoger una sola cosa. En ese entonces solo pensaba: "Son una malditas flores, ¡decídete ya!" No terminaba de entender el por qué sufría tanto por un vestido, ¡al diablo, todos sabían que ella era la protagonista!, pero no, ahí estuve en tiempo récord junto a Bubbles, Robin y la Señorita Keane, velando porque cada que cosa que ella demandaba, se hiciera realidad. Luego vino la boda de Bubbles, y creyéndo que la pasaría igual de mal que ella con Blossom, al ser yo la dama de honor, viene la rubia a demostrarme que estaba tan segura de su ceremonía como ninguna otra novia antes. ¿Pasar horas buscando un vestido? ¡Já, no! Mi hermanita menor ya tenía listo su diseño y aunque fue complicado conseguir varios elementos para esa boda, porque de primera mano sé que hacer una ceremonia temática no es nada barato, incluso así, fue ameno. —Me detuve unos segundos para organizar mejor mis ideas—. Allí entendí que mientras Bubbles estaba muy segura de lo que deseaba a futuro, Blossom a raíz de sus decisiones, se estaba privando de alguno. Obviamente no dimensionó que uno de sus anhelos se harían realidad. —El gesto de comprensión de Melissa me incitó a seguir hablando, pues ella entendía que ese desahogo era necesario en toda esa odisea.

—Sin embargo, Blossom fue caprichosa en ciertos aspectos.

—E incluso siéndolo, no puedo culparla del todo, se llenó de superficialidad para apantallar un momento más especial. No puedo culparla a estas alturas cuando ahora soy yo la que se encuentra en su posición—sinceramente comenté, entendiendo que en aquellas etapas, fui poco empática con mis seres queridos, o más bien aparentaba para no demostrar lo que en realidad me importaba—. Si para alguien como ella que le encanta la sencillez, la vanidad le pudo; imaginate como estoy yo ahorita, deseando cada cosa que me encanta porque soy una vanidosa de mierda––confesé poco abochornada por mis declaraciones—A lo que voy es que más complicado lidiar con todo esto si eres la principal, pues al final la decisión es tuya y de tu pareja. La fiesta es para nosotros, pero también para los demás. ¡Ser anfitrión es tedioso, ya no quiero pensar en qué más puedo agregar al banquete, qué adornos faltan o qué otra cosa debo tener en cuenta!—. Pasé mis manos por mi rostro con un leve hastío y dramatismo—. ¡No sé cómo Bubbles lidia con esto en cada evento, se necesita vocación!

—¡Vamos, piensa en la hermosa boda que están organizando! ¡No todos tienen un baile de máscaras!

—¡Es que ahí está el problema! ¡Ya no quiero planear más! ¡Quiero que llegué la fecha para poder celebrar con Butch, quiero verlo especialmente de traje para mí y que me vea en el vestido tan bonito que escogí! —me sinceré, sintiendo el calor revolotear a través de mi mejillas.

—Por esto que eres mi versión favorita de ti—extendió sus manos, cubriendo las mías protectoramente y brindándome apacibilidad y apoyo—, porque por fin veo en ti quién en realidad eres. A esa mujer romántica y sincera que por mucho tiempo te negaste a ti misma. Además, ¿qué le importa a la gente si eres superficial o no? ¿No son acaso las bodas un lujo del que muchos se regodean?—afirmó en un aparente interrogante— Tú bien sabes lo qué es un matrimonio, lo que implica uno y si con tu pareja, después de tantas adversidades, quieren darse el mérito de celebrarse, ¡pues háganlo en grande, se lo merecen! —Soltó repentinamente, golpeando la mesa con su mano izquierda y alzando le puño con la derecha en señal de victoria, gesto que era muy común en su esposo, Hammer. Llamó la atención de los comensales del restaurante, los cuales dejaron de examinarla con extrañeza en cuanto ella se disculpó nada azorada. No así mi hija, quien liberó una carcajada estruendosa y le pedía con exclamaciones sueltas que lo hiciera otra vez.

—Más, más, más—repetía Desireé, a lo que mi castaña camarada, sonreía y simulaba la acción ya no tan fuerte, pero sí lo necesario para entretener a Desireé.

Los minutos restantes de la velada, me uní a ellas, jugando y continuando con la charla en donde los preparativos faltantes, nuestras vidas diarias, algunos chismes y quienes amamos, fueron el principal tópico.

En la salida, respirando la brisa primaveral, abracé a Melissa agradeciéndole por su paciencia y confianza.

—Gracias, zorra, eres la mejor—proliferé con cariño.

—Lo sé—respondió ella mirándome fraternalmente—, llámame cuando me necesites. Si te sientes mal o algo, tú sabes que puedes buscarme. Deberíamos darnos una escapada para... —simuló con su mano el estar bebiendo dándome a entender que nos merecíamos unas buenas cervezas—Por cierto, Melanie y Hammer les mandan saludos—finalizó despidiéndose amistosamente, no sin antes enviar de mi parte, buenas energías a su hija y esposo.

—¿Quieres ver a Dadá?—abracé fogosamente a mi niña mientras nos direccionamos hacia el auto.

—¡Dadá!—exclamó entusiasta, agregando el nombre de sus hermanos—¡¿Y Allan y Tater?!—todavía se le dificulta un poco el nombre de mi segundo varón, pero aprendía rápido.

—¡Shí!

—Yeih!—evocó feliz el pronto encuentro.

Al salir del estacionamiento, el atardecer con sus colores vivaces se colaba en el cielo, indicando así el comienzo de la noche y el devenir de un nuevo día.

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Notas:

Mortem aquí…

La ventaja de estar subiendo este especial, es que ya lo hemos terminado y tenemos programadas las fechas de publicación. Gracias a que nos estamos organizando, podemos subir fanfics con la esperanza de que nunca estén incompletos.

Este capítulo fue más que nada para tratar la cotidianidad que tienen estos dos, ya son un matrimonio en regla y desde el lado de Butch, él sigue trabajando en eso de la paternidad. No es un padre perfecto, no todo es bonito en la vida de estos personajes, pero se hace lo que se puede, jaja.

En fin, esperamos que les haya agradado la actualización de hoy. :D

Lenore al mando del spam descarado (?)

No tengo nada que agregar por ahora, voy a las carreras así que esperamos les haya gustado este pequeño panorama diario de la pareja. Aunque puede ser aburrido, siempre es bueno conocer las rutinas de los personajes para entender mejor su contexto. Aunque claro, no es que como que BC planee bodas a cada rato :v

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(Allí publicamos más datos de este mundillo y jodemos de vez en cuando)