Corría lo más rápido que podía alejándose del bosque, sentía su corazón palpitar fuerte, corre hacía su casa, la tormenta de nieve se estaba poniendo más espesa además de que estaba anocheciendo, no podía ver bien, al parecer los faroles estaban funcionando mal en está parte de la zona hasta que de repente choca con alguien estaba apunto de caer al suelo, pero el sujeto la atrapa antes de que tocase el piso. Levanta la vista y ve que era el Hokage.
– ¡Wow! Mirai-chan, lo siento. Con tanta nieve no pude verte. – Se disculpaba apenado Naruto, hasta que ve lo agitada que estaba la Sarutobi además de lo roja que se veía su rostro.
– Yo…–Se aleja del Hokage retrocediendo, quería contarle sobre el Uchiha, pero, estaba segura de que él no le creyera. Y no era su incumbencia meter al Hokage sobre esté asunto aunque él sea el amigo del Uchiha.
– ¿Estás bien Mirai-chan? ¿Te duele algo? –Pregunto preocupado acercándose, pero la Sarutobi lo esquiva y sale corriendo dejándolo atrás sin decirle nada.
– ¡Mirai-chan! – La llama preocupado siguiéndola pero torpemente choca con un póster de luz hasta caer sentado en la nieve.
– ¡Maldición! Dattebayo. – Dice sobándose la nariz adolorido mientras se levantaba y veía confundido en la dirección dónde fue la kunoichi.
Mirai al fin llega a su casa, se quita las votas mientras soltaba un suspiro pesado, entra en la sala y ve que había una nota en la mesada, se acerca y agarra el papel y lo lee.
Su madre fue a una misión urgente en Suna: Deja la nota en la mesada y se va a su habitación cansada mientras se quitaba el chaleco y lo lanza sobre la cama con pereza mientras ella se acostaba viendo al techo recordando al Uchiha.
No comprendía ¿Qué tenía ella cómo para atraer la atención de él? Además que el Uchiha estaba dejando en claro que estaba siendo infiel a su esposa.
Aunque no tenía mucho que ver, se sentía como si también estuviera traicionando a Sakura, ella que es tan hermosa con su cabellera rosada e inusual, elegante y era tan amable con ella.
– ¿Por qué me está pasando esto a mí? –Dice angustiada colocando la almohada sobre la mitad de su cabeza mientras se sonrojaba y mordía el labio inferior.
–Si no lo hubiera ayudado en ese entonces. – Pensaba molesta soltando un bostezo: Se quita la almohada y se levanta lento hacía la ducha mientras se quitaba el uniforme shinobi dejándolo en el canasto, abre la llave del la ducha, entra sintiendo como el agua caliente y agradable envolvía su cuerpo despejando un poco su mente y el frió que sentía.
–En serio ¿Qué abra visto en mí para ponerse de esa forma? –Piensa sonrojada sintiendo el agua mojar su piel causándole cosquilleo mientras tocaba sus labios recordando el beso y luego ese ultimo abrazo cariñoso que le a dado. Él no estaba ebrio, no había percibido olor alcohol en él, estaba sobrio. Lo hizo por voluntad propia.
– ¿Por qué siento esté sentimiento? –Dice en susurro poniéndose el champú de esencia dulce sobando su cabellera ahora con espuma, el olor a dulce era muy agradable olvidándose del azabache por el momento.
–Que placer. – Piensa gustosa sintiendo el aroma mientras agarraba el jabón de crema y lo pasaba en todo su cuerpo.
Pasaron horas estando en la ducha, al terminar se envuelve un toallon blanco alrededor de su cuerpo y luego seca su cabello con el secador de pelo, después de eso se pone su ropa interior negro de encaje y su camisón celeste que le llegaba hasta sus muslos.
–Tendré que comprarme un camisón nuevo. – Piensa viendo que esté ya no le quedaba como antes, ya que es un camisón algo chico que usaba desdé que tenía doce años.
Se mira en el espejo viendo su peinado desordenado, lo había peinado pero no funciono, odiaba tener tan despeinado su cabellera, suelta un suspiro y mira en su mesita de noche una cajita envuelta de papel azul con un moño rojo con una pequeña nota rosada en el, se acerca viendo que era la nota de su madre, estaba tan distraída que no lo había notado hasta ahora.
Al terminar de leerlo suspira para luego darse un pequeño golpe de palma en su frente. ¿Cómo a podido ser tan despistada?
– ¿Mí cumpleaños? ¿Era hoy? Me había olvidado. – Dice saliendo de su habitación y yendo a la sala prendiendo las luces y viendo el calendario. Cuándo había despertado su madre no estaba en casa, de vio haber salido a la misión con urgencias antes de que pudiera saludarla.
–Si, es mí cumpleaños. Ya cumplí dieciséis. – Dice rascándose la nuca avergonzada, luego recordando que sus conocidos estaban de misión también, mira la hora, que eran ya media noche. Algo tarde pero tenía que prepararse algo de comer por no desayunar o comer a medio día, pero aún no tenía hambre.
Apaga las luces y va a su habitación: Agarra la cajita y la desenvuelve viendo que era un precioso brillo labial rosado y un brazalete de plata. Mira el labial abriéndolo y sintiendo un suave aroma de fresas, coloca el labial en la cajita y agarra el lindo brazalete, de muy buena marca, uno carísimo en realidad. Recuerda haberlos visto una vez en un comerció con su madre.
–No tenías que haber gastado en esto por mí, Mamá. – Dice con algo de culpa viendo el precioso brazalete de plata y el brillo labial dando una pequeña sonrisa.
