Residencia Uchiha

Sasuke había despertado tarde algo que preocupo a Sakura porque su esposo era de levantarse muy temprano pero ahora ¡Ya era medio día! Había intentado despertarlo pero él no se inmutaba, dormía como un tronco.

Ahora lo ve sentado en el sofá, desalineado y leyendo un periódico, era tan raro verlo en casa. Tenía que hablar con él sobre su relación que últimamente estaba yendo fatal: Suelta un suspiro y se pone en frente de su esposo, estaba algo nerviosa pero tenía que hablar con él, decírselo.

– Sasuke-kun. – Dice seria pero amable llamando la atención del azabache que no apartado la mirada en el periódico haciendo que, tenga un tic molesto en su ojo.

– ¿Si? – Dice indiferente viendo el periódico la imagen resiente pero no nuevo de Boruto pintando los rostros Hokage. El niño ha heredado las travesuras de su padre además de su apariencia y su forma de hablar. Aunque la inteligencia afortunadamente lo herrero un poco de la Hyuga.

– Necesitamos hablar. – Dice molesta por la ignorancia desinteresada del Uchiha hacía ella.

Sasuke resopla y baja el periódico e lo coloca sobre la mesita de al lado suyo mientras veía con atención a la pelirosada, su mirada jade mostraba sus emociones como agua cristalina. O es lo que le paresia.

– ¿De qué quieres que hablemos? Sakura. – Dice serio viendo como ella se sentaba en frente en el sofá mirándolo a los ojos.

–Sobre nuestro matrimonio. Lo nuestro ya no funciona debidamente, antes sentía cariño y amor a ti, pero eso se desvaneció antes de que hayas regresado, no lo tomes tan mal ¿Si? En esos momentos cuándo estuve contigo fue un sueño echo realidad y te agradezco por hacerme feliz dándome una hermosa hija que amo con toda mí alma. – Dice sonriendo triste bajando un poco su mirada.

–Sakura…– Dice sin saber como consolarla viendo como su esposa lo miraba con tristeza levantándose del sofá y abrazándolo con cariño.

Él responde su abrazo sabiendo que significaba, ahora esperando aquellas palabras tan conocidas cuándo una relación de casados no funcionaba.

– Sasuke-kun, quiero el divor…–Iba a decir pero justo se escucha a Sarada entrando en casa.

– ¡Mamá… Ya llegue!– Dice Sarada en la otra sala.

Sasuke ve que Sakura se separaba de él y se iba sin mirarlo dejándolo mudo por unos segundos, se levanta del sofá y va dónde están las dos mujeres.

Al llegar, Sarada le sonríe mientras extendía una carta de invitación de los Kages de una conmemoración a los caídos en la cuarta guerra shinobi. Odiaba recordar esos momentos desastrosos en el momento que él, segado por la ira y venganza a lastimados a sus compañeros, más a Naruto y a Sakura.

–Será mañana, comenzara a las seis de la tarde. –Dice emocionada la Uchiha imaginando estar en el mismo lugar que los kages, eso seria un gran honor.

–Eso es muy bueno. – Dice Sakura sonriéndole con cariño a su hija.

–Vayan ustedes, no me gustan estar en esos lugares. – Dijo el azabache indiferente, hasta que recibe una mirada fulminante de Sakura.

– ¡Pero Papá! Nos invitaron a los tres además mis amigos también van a estar y los sensei, sus padres y…. Mirai Sarutobi. –Dice lo último a propósito tratando de incitarlo, algo que Sakura no noto y tampoco Sasuke pero fue lo suficiente como hacer que viniera a esa fiesta importante que ella anhelaba estar con solo mencionar a la Sarutobi.

Sabia que estaba haciendo mal, pero eso ya no importaba, ya que sabe y estaba consciente de que sus padres iban a separarse además de que ellos discutían todo el tiempo. Era fácil saberlo ya que no eran los mismos, aunque de su padre no hay mucho de que pensar, ya que no lo conoce del todo.

–Bien, iré. –Dice resignado haciendo que Sakura se sorprendiera y Sarada sonriera victoriosa.

Eres un mal padre, solo prefieres ir por ella y no por mí, tu hija. – Pensó triste Sarada pero luego sonríe que por lo menos él si va a estar.

Con solo escuchar el nombre de la Sarutobi, hablo sin pensar aceptando ir. Voltea y se marcha a la sala a leer su periódico con disimuló tratando vergonzosamente de no mostrar su sonrojo, se sentía tan estúpido pero no lo podía evitar, pero a la vez se sentía relajado y ansioso.

Soy un tonto. –Piensa sonriendo molesto.