.

.

TONTERÍAS A DOS

Fecha: 9/10/22

Pareja: Sorato

Tiempo: 21m y 6s

Territorio—

Lo entendió al ver al fin a dónde dirigía aquellas miradas soslayadas. Entendió por qué había decidido terminar su copa de un trago y arrastrarlo a la zona de baile. Lo entendió, pero no dejó de causarle gracia. Más porque la conocía y sabía que nunca lo reconocería.

—Sé lo que estás haciendo. —Ella arrugó la nariz haciéndose la desentendida. Su mano deambuló tras su oreja acabando en su hombro, mientras pegaba más su cuerpo al suyo. Dejándose hacer, Yamato tan solo se limitaba a sujetarla de la cintura. Y a provocarla, por supuesto—. Estás marcando territorio —dijo, rozando con sus labios su lóbulo, para luego despegarse y mostrar una socarrona sonrisa.

Ella bufó, aprovechando para voltearse. Dejó que su novio la abrazara desde atrás, mientras seguía con el baile.

—Menuda tontería, ¿acaso tengo quince años?

Yamato no pudo reprimir una risa, pellizcando sutilmente su trasero.

—A los quince no eras tan descarada.

Conteniendo el rubor, Sora se mordió la lengua. No pudo evitar que su mirada regresara hacia aquellas muchachas que, a su juicio —un juicio ya con un par de copas, cabía recalcar—, ya se pasaban de descaradas con las miradas a su novio.

Volvió a reír Yamato, para luego tomarla del mentón y dirigir su rostro hacia otro lado.

—¿Te cuento un secreto? Ese tipo de ahí no ha dejado de mirarte el culo en toda la noche, por supuesto más desde que decidiste contonear tu cuerpo contra mí —siguió dirigiendo su rostro hasta enfocar a otro joven—, y ese de ahí acabará resbalándose con las babas que derrama por ver tu escote —finalizó señalando a un par de chicos que bailaban con unas chicas—, y en cuanto a esos, estaban a punto de abordarte cuando regresé del baño, pero les espantó mi presencia.

Sora quedó sorprendida por no haber sido consciente de nada de aquello. En realidad, aunque no lo admitiera, aquellas chicas habían acaparado su atención casi desde el primer instante. Le causó cierta gracia el hecho de que Yamato se hubiera percatado de los chicos que mostraban interés en ella. En cierta forma, les equiparaba.

Lo enfrentó, y echando los brazos alrededor de su cuello, siguió bailando, pero esta vez la burlona sonrisa venía de su parte.

—¿Y eso no es marcar territorio?

Él pestañeó incrédulo. No permitiría que le diera la vuelta.

—Yo no he hecho nada al respecto —defendió, pero ella indicó con la mirada al par de chicos.

—Acabas de admitir que los espantaste.

—Que mi presencia los espantó —corrigió Yamato—. No hice nada raro.

Sora se mordió el labio, juguetona, al igual que sus manos perdiéndose por su corto cabello de la nuca.

—Yo tampoco estoy haciendo nada raro. Solo bailo... con mi novio… pegaditos… y quizá lo bese también —susurró en sus labios.

—Y marcar territorio —provocó Yamato, lo que hizo que Sora detuviera su acercamiento.

Frunció el entrecejo, en un una repentina seriedad que le daba un aspecto todavía más cómico.

—Hay pocas cosas que tengo claras en este momento de mi vida, Ishida Yamato, pero una de ellas, sin duda, es que estás loco por mí.

Sus palabras provocaron en Yamato una tierna sonrisa que no pudo mantener a causa de la risa. Estaba disfrutando demasiado de este momento. De esta inusual faceta de Sora. Acarició su rostro y la miró con fanfarronería.

—Y otra, sin duda, es que estás marcando te…

Solo había una forma de callarlo, obvio, son sus labios marcando su territorio.

.

.