Deseo de una Campeona

parte VI

(Ash y Cynthia)


De entre todas las cosas que Ash esperó presenciar en la ceremonia de clausura del Torneo de Maestros, reencontrarse con la abuela de Cynthia no era una de ellas.

—Veo que al fin alguien más aparte de Lionel pudo derrotar a mi nieta—comentó la arqueóloga con un tono divertido mientras tomaba asiento en la cafetería del Centro Pokémon—. ¿Qué se siente ser el entrenador número uno del mundo?

—A decir verdad, jamás esperé llegar tan lejos—respondió Ash con alegría—, pero sé que todo lo que he logrado no es más que otro peldaño más en mi meta de ser un Maestro Pokémon. Todavía me falta mucho por aprender para llegar a ser tan bueno como su nieta.

—Sin duda eres alguien muy humilde—declaró la profesora—, sin embargo, aún debes ser un poco más acertivo o de lo contrario Cynthia te sacará de tu puesto.

La risa de la profesora era algo contagiosa y el azabache no pudo reír tras imaginarse a Cynthia reclamar su puesto como campeón de Alola. Ya se imaginaba el regaño que Mallow le daría en caso de no mantener su puesto y a eso también debía sumarle el otro rostro de la ex campeona cuyo temperamento podía explotar por cosas tan absurdas como no decirle que sabe cómo cocinar.

—El discurso de anoche fue muy bueno, muy en encantador.

—Lo sé, pero no es del discurso de lo que desea hablar, ¿No es así?

—En efecto—respondió ella—. Vine aquí en secreto para ver los combates de mi niña. Los dos ya sabemos lo que sucedió después de tu victoria.

Ash no podía sentirse más molesto. El recordar como la gente comenzó a insultar a su campeona por seguir sus sueños lo hacía enojar casi llegando a querer ir por Cynthia para llevarla de una vez a Alola para que pudiera vivir su deseo.

—Sé cómo te sientes, pero no sirve de nada enojarte a estas alturas.

—Ella no se merecía eso, no después de todo lo que ha hecho por ellos—expresó molesto mientras apretaba sus puños por encima de la mesa llamando así la atención de la profesora.

—Sé que mi nieta debe estar dolida por la reacción del público, pero eso no quiere decir que ella se deje caer por simples palabras.

Ash estaba a punto de decir algo, pero el recuerdo de ayer cuando la encontró llorando en su balcón es algo que nunca olvidaría.

Sabía de antemano que la profesora Carolina tenía en alta estima a su nieta. Desde que la conoció en Sinnoh pudo ver una relación parecida al de una madre con su hija lo cual llamó la atención de su viejo amigo Brock en su momento. Debido a lo tonto e inmaduro que era en ese entonces no logró percatarse hasta ahora que tenía la oportunidad de hablar nuevamente con la arqueóloga.

—A ella le afectó mucho, más de lo que llegué a imaginar—soltó él esperando ver la reacción de la mujer mayor.

—Ya veo... Entonces Cynthia terminó por hacerle caso a la crítica de personas que no conocen las responsabilidades que llevaba sobre sus hombros—dijo sin más la doctora mientras entrelazaba sus dedos analizando la situación—. ¿Acaso ella...?

—Estaba decaída, la encontré llorando en el balcón de su habitación a pocos minutos de la fiesta de clausura—confesó él mientras recordaba como amargura aquel encuentro—. Ella en verdad esperaba ser apoyada por el público, pero todo el mundo comenzó a insultarla en vez de apoyarla.

—Eso pasa cuando no separas los deseos de la realidad misma, al menos así sucede con sus fanáticos.

—Yo la apoyé en su decisión, incluso cuando yo no estaba de acuerdo. Jamás la dejaría sola, siempre estaré ahí para ella.

Aquellas palabras fueron como una especie de martillo que golpeó la mente de la doctora. Sólo conocía a otra persona que admiraba a su hija de la misma manera en que lo hacía Ash, pero aquel joven la admiraba más por un sentimiento nacido de la atracción que por la misma amistad.

Esta era la primera ocasión en que lograba ver aquella mirada llena de auténtico cariño en una persona cercana a su nieta. Se preguntaba desde cuándo eran tan cercanos para haber desarrollado dicha relación, puesto que recordaba como su pequeña solía contarle sobre sus encuentros con él.

—La admiras mucho, ¿No es así?

—La admiro, pero también la aprecio. Ella es mi amiga y no me encanta verla sufrir.

—Eres la primera persona que logró hacer feliz a mi hija de forma auténtica—confesó Carolina con alegría—. ¿Sabes que ella siempre hablaba de ti con mucho estima?

—¿De verdad?

—Así es—respondió ella—. Para mi nieta siempre has sido alguien de admirar, hasta creo que tiene una colección tuya en mi casa.

Aquel dato tomó por sorpresa al chico—. Me cuesta creer eso último.

—A mí también, pero sólo conozco a un chico con un Pikachu que no está nunca en su Pokebola.

Tal revelación era importante para Ash. Jamás se espero ser aquella persona a la que Cynthia admira.

—Hay una cosa que debo decirle...

—Bien, soy todo oídos.


—Se quedó dormida...

—Nunca antes había llorado de esa forma, tenía una carga emocional dentro de su corazón que necesitaba salir desde anoche.

—Aún cuando tenemos casi la misma edad, ella siempre ha sido una niña por dentro.

Diantha y Delia se quedaron cuidando de Cynthia una vez esta terminó por dormir tras sacar todo ese dolor que cargaba su corazón. No entendían cómo alguien como ella era el objeto de burlas por tomar una decisión como lo era el retiro. Simplemente no había forma de justificar dicho trato.

—Alola es una región algo pequeña, mucho más que Sinnoh—comentó Delia mientras acariciaba la cabeza de la pequeña ex campeona—. Sin embargo el Profesor Kukui ha dicho en muchas ocasiones que existen ruinas de antiguos pueblos que esperan ser descubiertas.

—Todo un sueño para alguien como ella—dijo Diantha mientras sonreía al imaginar lo mucho que su amiga se divertiría explorando dicha región—. Es casi el sueño de Cynthia, sólo falta que su amado entrenador no se quiera ir a otra región.

—Ash no se irá, no después de ver la forma en que ganó el combate.

—Es una victoria, además tú hijo siempre ha sido un trotamundos.

—Algo me dice que esto cambiara su forma de ser.

La campeona de Kalos quería decir algo, pero era más que evidentemente que la madre del azabache tenía razón. Hasta ahora él nunca se había portada de una forma tan atenta como con Cynthia. Existía una especie de lazo que los unía a ambos y que iluminaba sus vidas.

Quería creer que esa persona que impulsaba a Ash era Serena, pero aquello parecía ya distante desde que vio como ambos se divertían en la fiesta. Sentía un poco de pena por la chica de cabellos color miel, pero reconocía que el campeón de Alola no tenía los mismos sentimientos que ella.

—¿Serás tú la que finalmente haga que Ash deje de pensar en los combates Pokémon? —susurró ella mientras tapaba con una manta a su antigua amiga.

Delia quedó sorprendida por esto. Hasta ahora todo fue un mero juego con la rubia, pero por la expresión de su rostro podía darse cuenta de la fe que tenía la campeona en que su hijo y Cynthia formaran algo más que una simple amistad.

En ese momento el sonido de una puerta abriéndose llamó la atención de ambas mujeres. Justo en la entrada del cuarto se encontraba el joven de cabellos azabaches en compañía de una mujer mayor que la campeona de Kalos reconoció en un inicio.

—Profesora Carolina

—Ha pasado un tiempo Diantha. ¿Sigues siendo actriz? —la morena asintió haciendo sonreír a la mayor—. Me alegra que sigas tus sueños.

La actriz no podía salir de su asombro por la recién llegada de la abuela de Cynthia. Hasta donde sabía ella se encontraba en Sinnoh ya que en ningún momento apareció junto a su nieta.

—Así que es verdad todo lo que me has contado—comentó la profesora mientras caminaba hasta estar justo a lado de la castaña—. Veo que ha cuidado de mi niña mientras dormía.

—Perdone la pregunta, ¿Pero usted que es de Cynthia? —dijo Delia de la manera más amable ya que no conocía a la profesora.

—Soy su abuela y bueno, también soy casi su madre—respondió ella, aunque eso último lo dijo en un tono algo melancólico que sólo notó la oriunda de Pueblo Paleta—. En todos mis años como investigadora jamás creí que el Pokémon de los deseos se apareciera frente a mi niña para cumplir lo que su corazón tanto anhelaba.

—Ella en el fondo quiere ser libre—dijo Delia—. Siempre ha sido una niña soñadora.

—Su auténtico sueño no era ser una campeona de renombre... Su verdadero sueño fue vivir un auténtico viaje en compañía de amigos, pero que por azares del destino nunca sucedió.

Una sonrisa triste adornó el rostro del joven campeón y esto no pasó desapercibido por ambas mujeres. Era más que evidentemente que tanto la profesora como él tuvieron una charla antes de venir a la habitación y por las expresiones de ambos, debió ser una conversación larga y pesada.

—Cynthia... Mi pequeña ha pasado por tantas cosas desde que nació. No quiero imaginarme que sería de mi vida de no haberla tenido a mi lado todos esos años.

—Profesora Carolina...

—Este viaje será muy bueno para ella, pero antes de hacerlo necesito que todos conozcan su historia.

Ambas mujeres se observaron por un momento ante de responder—. ¿Nos contará todo? —preguntó Delia casi queriendo no saber lo que venía molestando a la ex campeona desde joven.

—Sí... Les contaré la historia de Cynthia.