Deseo de una Campeona

parte VII

(Ash y Cynthia)


—La historia detrás de la campeona de Sinnoh no es algo que se escuche muy seguido...

La Profesora Carolina tomó asiento en la mesa donde horas antes se había dado un desayuno sin igual de la mano de familia Ketchum. El aroma de los panqueques recién hechos seguía en el ambiente y un sentimiento cálido se transmitía a través de cada una de las personas que la acompañaban para escuchar más sobre el pasado de su nieta.

—Normalmente manejo la información sobre nuestra familia con total discreción—dijo ella mientras tomaba un poco del café que Diantha le sirvió—. Pero ustedes sólo nos conocen a ella y a mí, eso dice mucho sobre nosotras.

—Eso dice mucho de Cynthia—comentó la actriz dándole una mirada a la puerta de la habitación donde descansaba su mejor amiga—. Ella nunca nos habló de nadie salvo de usted.

—Es porque sólo quedo yo—respondió la profesora con una gran pesadez—. Yo soy el único familiar que le queda... Soy su única familia.

Tal revelación tomó por sorpresa a todos los presentes. Nunca esperaron escuchar algo así, pero por la mirada que mantenía la profesora sabían que no se trataba de algún juego de parte de ella. En verdad sólo eran ellas dos en el mundo, no tenían a nadie más.

Finalmente Delia unió los cabos. Ahora todo tenía sentido, aquel abrazo fue un reflejo de su alma que buscaba el amor de una madre y que muy en el fondo ella reconoció como tal.

No podía evitar sentir pena por la ex campeona. Era amiga de su hijo y por su forma de ser parecía que algo como esto era imposible, sin embargo ahora que lo conocía, un sentimiento de cariño surgía con más fuerza.

—De entre todas las cosas que esperé presenciar, ver a mi niña en ese cuerpo no era una de ellas—confesó la profesora mientras daba otro sorbo a su bebida—. Por años he pensado que mi forma de ser con Cynthia afectó su viaje; en un inicio era esa niña tan alegre que buscaba vivir la aventura, pero después se volvió cada vez más fría en sus combates analizando la situación y buscando perfeccionar la victoria rápida con la cual cimentó su fama.

Tanto Ash como Diantha reconocían esto. En más de una ocasión vieron a la ex campeona acabar el combate de forma rápida casi sin mostrar alguna expresión de pasión. Parecía raro, pero nunca le tomaron mayor importancia.

—Ella es el reflejo de su madre, es la viva imagen de ella—la voz de la profesora se quebró un poco tras confesar aquello recordando así a su hija—. Ella no nació en el seno de una familia amorosa como muchos de ustedes, Cynthia fue el producto de un error como muchos dirían; pero aún así, ella fue un milagro para mi hija quien siempre agradeció por ser su madre.

—¿Y el padre? —preguntó Delia—. ¿Acaso él...?

—Él no quería cuidar a una niña, prefirió seguir viajando antes de ver por su hija—las palabras de la profesora denotaban cierto rencor hacia quien debía ser su hijo en ley.

Nadie podía culparla por guardar ese sentimiento tras todos esos años en que Cynthia jamás tuvo una figura paterna que la guiara de la misma manera en que su abuela y su madre hicieron tiempo después. De alguna manera esto golpeó la mente del azabache quien hasta ese punto jamás se llegó a imaginar la similitud que guardaba con la antigua campeona.

—De todas formas mi niña jamás lo necesitó para sobresalir—aclaró la científica antes de tomar otro sorbo a su bebida—. Cynthia creció siendo una niña muy lista, desde pequeña buscó siempre darle una solución a cada problema que se le presentaba. Siempre fue muy curiosa y hasta la fecha lo sigue siendo.

Aquello último lo dijo entre risas mientras el recuerdo de su nieta alegraba su día.

—Bueno, aunque no todo fue perfecto.

—¿Cómo? ¿Acaso Cynthia fue una niña traviesa? —dicha pregunta la hizo Diantha ya que no creía que su amiga tuviera la misma actitud por siempre.

—Al contrario, siempre fue muy dulce y obediente; pero eso no quita que durase muchos años olvidando cambiarse de ropa interior—confesó la mayor logrando que el actual Maestro Campeón cayera de espaldas—. ¿Dije algo malo?

—No, usted no ha dicho nada malo—respondió Delia mientras reía un poco ante la actitud de su hijo ante tal información—. Sólo que nuestro Maestro Pokémon aquí presente también sufre de eso. A veces me pregunto si era buena idea dejarlo salir a recorrer el mundo cuando en muchas ocasiones olvidaba cambiarse lo calzoncillos.

—¡Mamá!

—¿Qué? No tienes nada de que avergonzarte, hasta Cynthia olvidaba cambiarse.

—Olvida—corrigió la profesora Carolina—. Siempre que podemos hablar le recuerdo la importancia de cambiarse de ropa interior cada cierto tiempo.

Tanto el campeón de Alola como la campeona de Kalos guardaron silencio ante esto. Jamás imaginaron que la imagen perfecta que tenían de la ex campeona de Sinnoh fuera derribada por un comentario proveniente de su propia sangre con respecto a su higiene personal.

—Ahora entiendo porque ella y mi hijo se llevan muy bien—dijo Delia rompiendo el curioso silencio que se había formado—. Parece ser que ustedes dos nacieron para conocerse.

—Cuando dos vidas se conozcan algo nacerá—comentó la profesora logrando traer en Ash un recuerdo de su pasado—. Ya antes mi niña dijo esa frase, una que para ella tiene un gran significado.

—Cuando dos vidas se conozcan, algo nacerá...

Para Ash tal frase no tenía otro significado que conocer a muchas personas durante sus viajes. Por un momento llegó a pensar que dicha frase sólo era otra forma de llamar a la aventura que uno construía día a día.

No obstante, con lo que ha ido aprendiendo desde que entró como campeón de Alola, tales palabras obtenían otro significado más allá del que su joven mente pudo ver. Las memorias de su viaje salían a flote recordando los lazos que lo unen con sus amigos; sin embargo, existía un lazo especial que apenas lograba notar en medio de todo esto.

Sólo hasta ahora podía ver lo mucho que la amistad de Cynthia significaba para él. Aquella rabia que nació en el preciso momento en que todos le dieron la espalda a su campeona fue lo que detonó su visión nueva del mundo que lo rodea.

—Aquello que puede nacer... ¿Qué es?

—Eso deben averiguarlo ustedes dos—respondió la mayor con un tono suave—. ¿Crees que Cynthia pueda cambiar lo que ya es? ¿Puedes recuperar aquella sonrisa que el tiempo le ha arrebatado?

Por un instante Ash dudó, pero aquel sentimiento pronto se desvaneció al recordar su baile en compañía de la ex campeona—. Lo haré. Prometo que esa sonrisa jamás se va a desvanecer.

Su declaración no sólo sorprendió a la profesora, sino también a su madre como a Diantha. La expresión sería en su rostro sumado a la confianza que se transmitía a través de su palabra lograron calmar aquella duda que iba naciendo en la oriunda de Sinnoh.

—Sé que lo harás, estoy segura de eso—declaró con confianza la abuela de Cynthia antes de sacar una libreta que llamó mucho la atención de las otras dos mujeres—. Este diario no es mío, mucho menos le pertenece a Cynthia; sin embargo, esta libreta contiene todos los pensamientos de mi hija durante el último año de vida.

—¿Último año de su vida? —repitió Ash apenas logrando entender las palabras de la científica—. ¿Acaso ella...?

—Mi hija partió hace ya tantos años de este mundo, Cynthia sólo era una niña de cuatro años cuando su madre durmió con ella una última vez... El cáncer es cruel, llevarse a su madre un día antes de Navidad.

Aquella revelación fue un duro golpe para todos, especialmente para Ash. Esperaban cualquier cosa menos eso, pero las lágrimas que bajaban por los ojos de la profesora Carolina conformaban aquel dato que desconocían sobre la ex campeona, y que en el fondo, hubiera preferido no conocer.

—Quiero que tomes esa libreta—dijo Carolina mientras alzaba aquel diario para que Ash lo tomara—. Por años he guardado esto esperando que Cynthia tuviera la madurez necesaria para entender los pensamientos de su madre. Después de lo que sucedió en la conferencia de prensa y sumado al deseo que Jirachi le concedió, esta nueva oportunidad la ayudara a reinvertarse como aquella niña que siempre buscó ser y no la que intentó llenar un sueño que murió junto a su madre.

—Acaso ella...

—Su madre...

—Mi hija siempre deseó ser la campeona de Sinnoh, pero antes de cumplir su meta nació Cynthia—confesó finalmente la abuela—. Ella siempre buscó ser una campeona regional; viajó desde Sinnoh hasta Kanto buscando pulir sus habilidades hasta que conoció a ese hombre que la abandonaría tiempo después.

Ash finalmente pudo entenderlo todo. Esa era la razón por la que Cynthia siempre mostraba un aire maduro que no encajaba con aquella personalidad tan alegre que muy pocas veces logró ver y que tras el deseo de Jirachi renació dentro del corazón de la ex Campeona.

Tantos años en el mismo puesto, con una infancia que finalizó aquel trágico día sin entender del todo lo que su madre llegó a sentir en aquel último año que compartió a su lado. Esto era lo que aquel Pokémon Legendario logró ver en su alma, un deseo tan puro como la nieve de su ciudad natal.

Esto era lo que Cynthia muy en el fondo sentía y que por su imagen siempre intentó enterrar esperando inspirar a las siguientes generaciones a ser tan fuertes como lo aperentara ella. Una breve memoria golpeó su mente recordando aquel momento en que el profesor Kukui lo acompaño tras buscar a Litten logrando entender por fin lo que su Pokémon llegó a sentir en dicho momento.

De no ser por él y sus amigos, muy posiblemente Litten hubiera resentido la perdida del Pokémon que lo acogió todo ese tiempo.

—Ya lo has experimentado, ¿No es así?

—Uno de mis Pokémon lo experimentó... Perdió al Pokémon que le dio un lugar donde dormir y que lo cuidó por tanto tiempo—Ash sabía que no había punto de comparación, pero otra memoria se activó viajando por toda su red neuronal regresando así un viejo recuerdo que por mucho tiempo fue encapsulado—. Mew-Two...

—¿Eh?

—Perdón, es sólo que otra memoria surgió en mi mente—se disculpó antes de tomar la libreta con sus manos—. Llorar está bien... Las lágrimas son vida, ¿No es así?

—Ash...

—Hijo...

—Parece ser que Jirachi no sólo cumplió un único deseo—comentó él antes de revivir aquella memoria que aquel amigo suyo selló dentro de él para que su vida continuara por el mismo camino que ya llevaba—. Cynthia... Merece ser libre.




—¡Mamá! ¡No te canses aún! ¡Aún falta poner la estrella de navidad!

—Perdón, solo quería guardar mis energías para cuando Santa venga aquí.