Personajes: Scorpius, Albus y Harry


Los hermanos Potter se parecían mucho más de lo que podía parecer. Mientras James charlaba en el sofá con Teddy, Albus estaba en el salón de los Malfoy, sentado en el sofá muy pegado a Scorpius con las manos unidas y los dedos entrelazados.

— Al, tienes que hablar con tu padre. —Trataba de razonar Scorpius con suavidad— Estoy seguro de que va a estar muy orgulloso de ti.

— ¿Tú crees? Ni siquiera es capaz de decir en voz alta que quede en Slytherin después de cuatro años —contestó Albus con un bufido.

— Vale, de acuerdo, tu padre es un dementor. —Zanjó el rubio un poco divertido— ¿Y tu madre?

— Mi madre tiene un hijo capitán de quidditch.

— Eres...

— ¿Qué soy? —preguntó Albus, apartándose un poco, con un puchero en la cara.

— Muy terco y muy negativo, Albus. Tienes a tus padres, a los dos, y estás aquí lloriqueando porque no van a estar a la altura de tus expectativas, sin haberles dicho nada todavía. ¿Ves que no es lógico? enfádate con ellos cuando lo hagan mal, no antes de que lo hagan.

Albus se mordió el labio. La lógica de Scorpius era, como siempre, imbatible.

— ¿Me estás echando?

Scorpius rio con suavidad y giró un poco la cara para besarle en la mejilla.

— Sabes que no, que mi hombro siempre está disponible para ti. Solo quiero que estés bien —le dijo, acariciando la cara morena con los nudillos.

— De acuerdo, —Tomó aire y lo soltó de golpe para coger fuerzas para levantarse, sin soltarle todavía— iré a hablar con mi padre. Y prometo tener paciencia con él.

— Es una buena idea —respondió el rubio con calor, estirándose para besarle.

— Claro que es buena, en realidad es idea tuya, Malfoy —bromeó entre dos besos—. Gracias.

— ¿Por?

— Por tu paciencia, que por suerte es mayor que la mía.

Una carcajada brillante salió de la garganta de Scorpius, haciendo sonreír a Albus en respuesta. Le dio un último beso, más largo, y luego se soltó para caminar hacia la chimenea.

— Al —lo llamó cuando ya ponía un pie dentro—. Pase lo que pase, yo sí estoy orgulloso de ti. No lo olvides.

Albus volvió a sonreír y metió la mano en el frasco de los polvos flu. Lo que no esperaba al salir de la chimenea de su casa era encontrarse a su padre esperándolo, apoyado en la pared de enfrente .

— Hola, papá —saludó, tratando de ganar tiempo para medir su estado de ánimo.

— Hola, Albus. ¿Scorpius bien?

— Muy bien.

— ¿A él también lo han nombrado prefecto?

Eso sí que pilló por sorpresa a Albus.

— No —contestó despacio.

Su padre dio un paso adelante y luego otro, hasta quedar a la distancia de un abrazo, que Albus recibió desconcertado.

— Enhorabuena hijo. Te lo mereces.

— Yo no... no entiendo nada.

Harry lo soltó lentamente.

— ¿Qué no entiendes?

El chico entrecerró los ojos y lo miró desconfiado.

— Ted, no es gracioso. Papá odia cuando te haces pasar por él.

— Anda, ven.

Sin esperar respuesta, Harry lo cogió del brazo y lo llevó hasta la cocina. Allí, sentados a la mesa con una taza de té, Teddy charlaba con Lily y James.

— Tienes un concepto muy pobre de mí, me parece —le dijo, dándose la vuelta para ir hacia su despacho.

Sin saber muy bien porqué, Albus sintió el impulso de seguirle y entró a la pequeña habitación, cerrando la puerta tras él.

— Papá... ¿qué ocurre? estás actuando de un modo muy extraño.

— Lo he hecho muy mal estos años si te parece que alegrarme por ti es actuar extraño.

El silencio del chico fue terriblemente afirmativo.

— Albus, yo...

— ¿Me odias, papá? por ser Slytherin —soltó de golpe, interrumpiéndolo.

Su padre dio tres pasos hacia él, con la mandíbula rígida y los ojos brillates de enfado.

— Nunca, Albus, nunca ¿me oyes? nunca te plantees siquiera que yo no te quiero —enfatizó sus palabras sacudiéndole por los hombros—. Es más, te admiro.

— ¿A mí? —preguntó, perplejo.

— A ti. Fuiste sincero contigo mismo y dijiste sí a Slytherin. Yo dije no, tuve miedo.

— Miedo de qué.

— De que la gente me diera de lado —le respondió, soltándole—. He sido un bicho raro toda mi vida, hijo, y eso me ha hecho tomar muy malas decisiones.

— Yo... no creo que sea más valiente que tú, papá.

Harry le miró un buen rato y luego se dejó caer en el sofá, haciéndole una seña para que se sentara junto a él.

— Dime una cosa —le dijo, colocando la mano sobre una de sus rodillas—, y sé sincero conmigo, yo te prometo serlo también.

— ¿De verdad? —quiso asegurarse Albus, con las cejas alzadas.

— Sí.

Albus asintió finalmente, después de unos segundos de duda.

— ¿Qué es lo último que has hecho antes de salir de casa de los Malfoy?

Su hijo apretó los labios y desvió la mirada hacia la ventana.

— Besar a Scorpius —contestó bajito.

— ¿Has encubierto a tu hermano y a Teddy por ellos o por ti?

— Creía que era mi turno de preguntar —protestó Albus, cruzando los brazos sobre el pecho, mientras digería que su padre ni siquiera se había inmutado por lo del beso—. Es mi hermano, aunque creáis que soy una persona distante, haría lo que fuera por James y Lily. Y francamente papá, ¿que gano ocultándolos? Si ellos salen me abren camino.

Practicidad Slytherin, pensó Harry. Y se aventuró a hacer la siguiente afirmación, con tono cómplice.

— Le quieres entonces. A Scorpius.

Sorprendentemente, Albus no lo negó, solo sonrió, una de esas raras sonrisas que afloraban al pensar en Scorpius.

— Es imposible no querer a Scorpius. Mi turno, papá. ¿De qué te arrepientes por cobardía?

Albus pensó que su padre no contestaría, que se acogería a su posición de padre para saltarse la promesa hecha unos minutos antes, pero finalmente lo hizo, mirándole directamente a los ojos. La expresión que mostraba le transmitió a Albus que iba a escuchar algo que su padre nunca había puesto en palabras.

— De muchas cosas, hijo.

— La más gorda —insistió, inclinándose un poco hacia delante..

— Hubo una vez en la que pensé que había encontrado a mi persona. Pero cuando me tendió la mano, la rechacé.

— ¿Cuántos años tenías?

— ¿La primera vez? Once. Pero volvió a ocurrir, tuve más oportunidades de elegirle y no lo hice, por miedo. Así que sí, eres valiente, Albus, y te admiro por ello. Serás un buen prefecto.

Harry se puso de pie y caminó hasta las bebidas que tenía sobre una mesita. Se sirvió un vaso de agua, consciente de repente de que le temblaban las manos.

— Entonces... ¿estamos bien? ¿no estás molesto?

— Lo único que me molesta es haberlo hecho tan mal como para que no confiéis en mí para hablarme de vuestras parejas. Os quiero, Albus, y os apoyaré siempre, en cualquier circunstancia.

Albus se levantó también y se acercó a su padre. Lo abrazó, con fuerza, ocultando la cara en el hombro fuerte.

— Gracias, papá.

— No me las des, hijo.

El muchacho se apartó, frotándose los ojos. Ya en la puerta, con la mano en el pomo, se giró un poco y lo miró con intensidad.

— Nunca es tarde para ser valiente, papá.

Harry sonrió un poco y se limitó a asentir, mientras su hijo abandonaba el despacho.


Estoy aquí, delante del teclado, pensando que deciros. No voy a prometer lo que sé que me vais a pedir, porque esto está en creación y no sé si habrá espacio. Por lo demás, me encanta cuando Harry y Albus se entienden.