Tenemos que hablar de Ingrid
No conseguía mover los músculos de la cara mientras miraba sorprendida a Daniel. No sabía cuál era la razón exacta para estar temblando del cuello para abajo y para que el pecho le doliera como si estuviera siendo estrangulada. La Ingrid que conocía no podía ser la misma Ingrid citada por el ex marido, de ninguna manera. Su primer pensamiento fue que se trataban de personas diferentes, solo era una coincidencia el nombre. Pero la ciudad era muy pequeña para tanta coincidencia, ¿y si de verdad era Ingrid Swan? ¿Cómo es posible que esto estuviera pasando? ¿La madre de Emma y Daniel? Regina veía cómo la cara de él daba vueltas frente a ella, pero él no parecía de ninguna manera perturbado.
Belle entró en el despacho trayendo agua fría para despertar a Regina, y Daniel aún estaba ahí, sentado en la silla de ruedas, mirando a la ex mujer. No dijo nada después de que la empleada ayudara a la escritoria y la agarrara por el brazo para no notar más la sensación de vértigo que tenía.
‒ Beba, señora‒ le pasó el vaso a la mujer
Regina asintió de manera confusa, como quien acabara de despertar de una pesadilla en mitad de la madrugada.
‒ Estoy bien‒ se enderezó y se bebió el agua en tres sorbos. Le devolvió el vaso vacío a Belle y se acercó a Daniel ferozmente, agarró los brazos de la silla, y pegó su rostro al de él, a la altura de los ojos ‒ Ingrid…¿Estás seguro de que esa mujer se llama Ingrid?
‒ Absoluta‒ respondió él con la voz de un anciano
‒ ¿Ingrid, qué más? ¿Cuál es su apellido?‒ Regina no se contentaba con agarrar los brazos de la silla, clavó las uñas en los brazos de Daniel, sacudiendo al hombre ‒ ¿Eh? ¡Tienes que saberlo, Daniel! ¡Tienes que saberlo!
‒ No lo sé…No lo recuerdo…‒ Daniel respondió, pero sonó demasiado bajo para que Regina lo escuchara y se sentía torturado igual que un prisionero en una silla eléctrica.
‒ ¡Señora, no haga eso!‒ Belle agarró a Regina por los hombros, pero era muy débil para la fuerza que necesitaba en aquel momento. Graham agarró a la señora Mills antes de que matase a Daniel.
El pintor comenzó a toser, echando hacia afuera las fuerzas que le quedaban.
‒ ¿Cómo se llama, Daniel? ¿Cuál es su apellido?‒ insistía Regina, contenida por el enfermero.
‒ ¡Sácala de aquí, Graham, rápido!‒ Belle los empujó fuera del despacho. Regina se revolvía, quería volver a cualquier costo para sacarle la verdad a Daniel.
‒ ¡Suéltame! ¡Tiene que hablar!‒ repetía Regina, pero Graham ya la había puesto fuera e intentaba calmarla.
‒ Calma, señora. El señor Colter no va a poder hablar, cuando comienza con la crisis de tos se ve limitado para hablar. Creo que sería mejor que volviera en otro momento.
‒ ¿Quiere apartarse de mi vista, por favor? No he terminado mi conversación con él. Qué le den si ha tenido una crisis.
Belle condujo la silla de ruedas con su jefe sentado en ella hacia los pies de las escaleras y Graham lo subió lo más rápido que pudo, apoyándolo en su brazo izquierdo. Regina lo observaba todo, a Daniel levantándose de la silla como un moribundo, entonces recordó la delgadez de sus brazos cuando lo apretó, pudo sentir sus huesos. La dolencia nunca se había mostrado tan devastadora como en estos momentos. Subió ayudado por el enfermero, mientras Regina pensaba en correr detrás, pero solo lo pensó, pues Belle la contuvo antes de dar el primer paso.
‒ Cálmese, Regina‒ Belle habló con las manos abiertas y los brazos extendidos para bloquear el paso de la jefa.
‒ Tiene que responderme a la pregunta que le he hecho, no voy a salir de esta casa sin saberlo.
Belle no vio un momento mejor para contarle lo que sabía, al menos para darle respuesta a la aflicción de Regina.
‒ Sí, es ella, la madre de Emma y los dos se han estado viendo. Ya se conocen desde hace mucho tiempo‒ Belle parpadeó ‒ Por lo que ha comentado, en breve ella vivirá aquí.
Regina se llevó las manos a la cabeza, dio media vuelta, intentaba pensar.
‒ Entonces ella es la mujer de las cartas‒ decía para sí misma, intentando meterse en la cabeza aquella extraña información.
Belle miró hacia las escaleras, después se giró hacia Regina y habló en voz baja.
‒ Se acostaron juntos antes de que Daniel se cayera por las escaleras. La trajo una noche y a la mañana siguiente, cuando entré en la habitación, ella estaba acostada en la cama como Dios la trajo al mundo.
A Regina no le gustó imaginarse la escena de Ingrid acostada en la cama que había sido suya.
‒ Dios mío, todo este tiempo…
‒ Ya había sucedido cuando Emma y tú estuvisteis aquí, pero no tuve valor para contarlo, ella quedaría destrozada, ya se quedó de esa manera solo por contarle que Ingrid le había escondido quién de verdad es su padre.
Regina se detuvo con las manos en la cintura.
‒ ¿Por qué Emma quedaría destrozada? La aventura de los dos es una coincidencia.
La empleada se había precipitado, pensaba que Regina había hecho sus propias conclusiones. De repente, estaba blanca como el papel. Era hora de hablar sobre su teoría o Regina no confiaría más en ella cuando descubriese la verdad sobre Emma. Pero Belle no sabía por dónde comenzar. Se quedó mirando, afligida, a la sra. Mills a los ojos.
Graham bajó las escaleras, trayendo un vaso vacío en un platillo. Dejó todo sobre un mueble del hall y vio a la empleada y a la señora sin reacción. Se acercó.
‒ Le he dado la medicación que el doctor Whale le recetó para las crisis, está descansando, en breve se quedará dormido. ¿Ya le has dicho, Belle?‒ el enfermero se puso al lado de la muchacha y ella lo miró
‒ Pensé que ella ya lo sabía
‒ ¿De qué estáis hablando?‒ Regina preguntó antes de comenzar a sudar frío.
Emma llegó a Anita's alrededor de media tarde. No había mucho movimiento debido a la época del año, la muchacha vio en eso la oportunidad perfecta para conversar sin prisa con la señora Lucas. En cuanto cruzó la puerta, vio a Ruby acercarse a ella con cara de sorpresa.
‒ Hola, Emma, ¿todo bien?
Emma asintió
‒ Bien, Ruby. He venido a hablar con tu madre, ¿puede ella atenderme?
La camarera mascaba chicle, analizó a Emma de cabeza a los pies, y se encogió de hombros.
‒ Si has venido a pedir trabajo, creo que será difícil que la convenzas para que te vuelva a contratar.
‒ No es de eso que he venido a hablar con tu madre.
‒ Bien, si no es sobre eso, puedes pasar. Está dentro, pero vas a tener que esperar, está con su abogada y están resolviendo un problema. Hace dos horas que mi madre se encerró con ella en el despacho.
Emma no se imaginó que la señora Lucas estuviera tan ocupada, pero aún así asintió y entró en el pasillo que la llevaría al despacho de administración. Había un sofá de dos plazas, y se sentó para esperar, quieta, paciente y determinada. No esperó mucho hasta escuchar la voz de Anita al fondo, ahogada, pero de una manera algo extraña.
‒ Own…Eso…Así…Por favor…Con más fuerza…
Ella miró hacia la puerta de donde venían los sonidos de súplica de la señora Lucas, porque estaba segura de que eran súplicas. La voz de la mujer pedía por más, Dios sabe de qué. Emma se levantó y apoyó la oreja en la madera para escuchar, entonces lo entendió todo.
‒ Con fuerza…Así…Usa la lengua ahora…Awn, querida, ¿quieres matarme? ¿Ham? ¿Hum? Así…
Las mejillas de Emma se pusieron rojas como un tomate, aunque eso le recordara a lo que había hecho con Regina en la madrugada. Sonrió maliciosamente. Y para empeorar, Anita gritó con la voz desgañitada. Emma se imaginó que alguien podría aparecer corriendo por el pasillo para socorrer a la sra. Lucas, pero aparentemente solo ella lo había escuchado. Después se escuchó un ruido de silla siendo arrastrada, un roce de telas y pasos. Emma se sentó deprisa en el sofá y la puerta se abrió.
‒ ¿Mañana a la misma hora?‒ dijo una mujer rubia, mientras salía lamiéndose los labios.
‒ Sí. Por favor, no faltes‒ Anita se estiró y agarró el rostro de la mujer entre sus manos, robándole un beso lleno de astucia. En el momento en que la soltó, vio a Emma sentada al lado ‒ ¿Emma?
La muchacha sonrió amable a las dos y se puso de pie.
‒ ¿Todo bien, señora Lucas?‒ Anita quedó avergonzada, no sabía que Emma estaba allí. No iba a portarse desagradable solo porque hubiera escuchado el final de la "conversación" que estaba teniendo con la abogada. Hizo lo primero que se le vino a la mente ‒ Cristina, ¿ya conoces a Emma?
La mujer rubia miró hacia un lado, sacudió la cabeza.
‒ No. ¿Cómo está?‒ enseguida extendió la mano. Emma vio sus ojos desorbitados, brillantes ante la sorpresa, como si hubieran sido pilladas con las manos en la masa.
‒ Bien, gracias‒ respondió Emma que dudó en apretar la mano de la abogada, pensando realmente si era necesario que lo hiciera. Retiró los dedos deprisa cuando terminó el saludo.
‒ Emma fue mi empleada unos meses atrás‒ dijo Anita, pasándose la mano por la frente, ligeramente sudada.
‒ Oh, sí. Ya escuché hablar de usted, joven, es pariente de los dueños de la floristería, ¿no?‒ la abogada estrechó los ojos
‒ Sí, señora
‒ Soy Cristina De Vil, quédese con esto por si necesita una abogada. Ha sido un placer‒ De Vil no perdió la oportunidad de hacerse propaganda dándole una tarjeta a Emma que había sacado del bolsillo. Se giró hacia Anita y arregló el cuello de su blusa que parecía haber sido violada con brusquedad ‒ Tengo que regresar al despacho. Queda fijada la hora de nuestra reunión de mañana, Anita. Hasta luego.
‒ Muchas gracias, Cristina. Hasta luego‒ se despidieron con un asentimiento de cabeza y la abogada dejó el pasillo con prisa.
Emma observaba la tensión que había causado sin querer en las dos, ¿serían pareja? No iba a preguntar, no era asunto suyo por más divertido que le pareciera.
‒ Perdóneme, si la he molestado
‒ No, Emma, para nada. ¿Quieres hablar conmigo?‒ Anita se apoyó en la pared con el brazo extendido.
‒ Sí, y no se preocupe, no voy a pedirle que me contrate de nuevo.
‒ ¿Cómo puedo ayudarte entonces?
‒ Tengo que hablar sobre Ingrid.
Anita frunció el ceño, no supo qué pensar, solo aceptó recibir a Emma y le señaló el despacho para que entrara.
‒ Puedes sentarte donde quieras, Emma‒ dijo eso y cerró de nuevo la puerta.
‒ Gracias‒ Emma escogió un sofá que había en el interior, esperó a que Anita se acercara a ella, ofreciéndole algo.
‒ ¿Quieres agua, un jugo, té?
‒ No, sra. Lucas, no necesito nada, solo he venido para conversar sobre mi madre.
‒ Está bien, entonces ‒ Anita se acomodó en una silla frente a la muchacha y a una mesita de centro. Pocos metros las separaban ‒¿Hay algún problema con Ingrid?
‒ Ingrid está bien, pero sí hay un problema y no es actual.
La seriedad en la voz de la joven asustó a la dueña del restaurante.
‒ ¿Cuál sería?
‒ Bueno, antes de preguntar cualquier cosa, creo que debo explicar lo que está sucediendo‒ Emma juntó las manos sobre los muslos y comenzó ‒ Usted, más que nadie, debe saber que mi madre nunca fue trigo limpio, siempre estuvo ausente de mi vida, causó muchos problemas en esta ciudad y ahora ha vuelto como si nadie recordarse lo que ha hecho. Yo no sé mucho, algunas aventuras con hombres, bebidas y personas a las que engañó inventando historias. Nunca dudé de lo que era capaz, me decepcioné tanto como cualquier otra persona que la haya amado un día y no estoy segura de una información que ella insiste en esconderme. Tengo plena convicción de que Ingrid no quiere a nadie, ni a mí. Está siempre interesada en lo que va a ganar a cambio, es cobarde y manipula a todo el mundo. Sé que ella y usted fueron amigas en la adolescencia, hay fotos de las dos juntas en mi casa. Lo que me gustaría saber es si, por casualidad, mi madre le contó algo sobre el hombre que dice que es mi padre.
Anita escuchó todo con atención. A medida que Emma iba hablando de la madre con ese tono quejoso y amargado, ella sintió más pena de la muchacha. Apoyó con calma el rostro en su propia mano, no sabía nada del hombre que decían que era el padre de Emma. Como todo el mundo en Mary Way Village, ella sabía lo que Ingrid hizo en frente de toda la ciudad el día de la elección. Era la misma historia que todos estaban hartos de oír, sin embargo le parecía más otra trampa de la mujer que había hecho un infierno de la vida de los hombres de aquel sitio, y eso Anita nunca se lo había contado a nadie. Lo dejó pasar, dejó que Ingrid desapareciera de la ciudad, de su vida, de su corazón.
‒ Mira, Emma, lo que yo sé es que tu madre tuvo una relación con un político, se quedó embarazada de ti y quiso exigir derechos. Él era un hombre casado, sería un escándalo si salía a la luz.
‒ Y le contó a toda la ciudad que era mi padre. El resto lo sabemos. Pero de un tiempo para acá, tengo la impresión de que me esconde quién fue ese hombre. No creo que mi padre sea ese político.
‒ Cuando tu madre estuvo aquí, me dijo que había vuelto por ti. Creí, como mujer enamorada de ella que fui, que se había arrepentido. Sí, Emma, me gustaba tu madre más de lo que me gustaría. No solo fue mi mejor amiga, fue el primer amor de mi vida‒ Cuando Anita dijo eso, Emma vio, por un breve instante, cómo sus ojos sonreían. Después, la sinceridad volvió a envolverla ‒ No sé por qué te cuento esto, solo es un mero detalle que me sucedió y se acabó cuando ella se marchó de aquí por primera vez.
‒ Imagino cómo se sintió. ¿Ella lo sabía?
‒ Siempre. No era necesario decirlo, Ingrid era buena en conquistar lo que quería, e incluso lo que no deseaba. Le gustaba también ser adorada, admirada, siempre quiso más de lo que merecía.
‒ Tengo la misma sensación. Mi madre siempre fue ambiciosa, nunca estuvo satisfecha con la vida sencilla que teníamos. Mi abuelo sacrificó mucho para comprar aquella casa cuando regresó a la ciudad, todo por su culpa.
‒ Correcto. Tu madre fue la persona más adorable que conocí, así como la más peligrosa. No comprendo cómo nunca valoró el esfuerzo que todos los Swan hacían por ella‒ Anita nunca había sido tan abierta con alguien al hablar de Ingrid. Sintió que la muchacha necesitaba desahogarse y que podía hablar de sus sentimientos con ella en igualdad de condición. Ya se había olvidado de que Emma había visto a la srta. De Vil y a ella en la puerta del despacho.
‒ Ella nunca dio valor a nadie que no fuera ella misma, sra. Lucas. Ingrid solo se ama a sí misma y nunca va a poner a nadie por delante de ella. Mis sospechas me han llevado a pensar que fui fruto de un plan que salió mal. Ingrid se quedó embarazada a propósito porque quería sacar beneficio de algún hombre con suficiente dinero para todo lo que ella quería hacer.
‒ Que yo sepa, el político era hombre adinerado, su familia era muy influyente.
‒ Pero hay algo raro en esa historia…Ese hombre nunca me buscó. Nadie, nunca más, volvió a hablar sobre ese asunto, ni siquiera se pronunciaba su nombre.
Anita Lucas se quedó callada y pensó en la época en que andaba con Ingrid, precisamente cuando la rubia comenzó a comportarse de manera engañosa. Recordaba a Ingrid, aún joven, relacionándose con hombres mayores, su encuentro prematuro con el alcohol y los cigarros que fumaba a escondidas de sus padres. Anita no quería comentarle a Emma, para no conmocionarla, sin embargo sabía que la muchacha había vivido escuchando los insultos por ser hija de quien era, así que unos detalles más sobre Ingrid no iban a afectarla.
‒ Tu madre tuvo aventuras con muchos hombres antes de marcharse de aquí por primera vez. Salía a escondidas por la noche, se prostituía (claro que en aquella época tenía un nombre bien feo para las mujeres que lo practicaban), bebía, le gustaba ser la diversión y la atracción de la gente, cosas que nosotros intentábamos considerar como una fase. Se fue volviendo más serio, Emma, a tu madre, tras un tiempo, nadie aquí la trataba con respeto. Gran parte de la culpa de su partida la tuvo esa situación. Además de su deseo de ser actriz en Hollywood. Me pregunto si no hubiera salido bien.
‒ Se fue a California a trabajar, me lo dijo mi abuela‒ Emma sintió un escalofrío, una repentina ansiedad ante lo que Anita iba a decir.
‒ Sí, es lo que yo también supe. La eché de menos, a pesar de los pesares. Aunque fuera una joven descontrolada, yo aún nutría un gran amor por ella. Sabía que no resultaría en nada y que un día la iba a olvidar, así que, después de años, volvió con una enorme barriga. Estaba embarazada de ti y eso partió mi corazón. Fue cuando decidí olvidar completamente lo que sentía por ella. Era época de elecciones y la gente se preguntaba dónde estaba el padre del hijo de Ingrid. Un día subió al palco de Town Hall y sencillamente lo dijo: el padre del hijo que estaba esperando era el candidato a alcalde. En la época él competía con el abuelo de Leopold White. Con su dimisión y su desaparición, los White asumieron el mando político de Mary Way Village y están en el poder desde entonces. Nunca más se ha tenido noticias de tu padre por esta región, Emma.
‒ Hay una cosa que no entiendo…¿Cómo Ingrid tuvo una relación con ese político y se quedó embarazada estando en California? Estando en campaña, un futuro alcalde no dejaría la ciudad que quiere gobernar‒ dijo Emma pensativa.
Anita también reflexionó
‒ Tu madre estuvo unos años fuera, puede que se conocieran antes de que él viniera para acá.
‒ No tiene sentido, sra. Lucas, no consigo meterme esa idea en la cabeza. Para mí ese hombre no es mi verdadero padre. Estoy más segura ahora con lo que me acaba de contar.
Anita, al igual que Emma, pensó en ello, y llegó a la conclusión de que realmente no tenía sentido alguno que Ingrid y el tal político se hubieran conocido mientras ella estaba ausente de la ciudad.
‒ Aunque no lo recuerdo mucho, ese hombre vivió con su esposa e hijos aquí toda su vida antes de desaparecer. Todas las familias que han vivido y crecido aquí, incluida la mía, nunca han dejado Mary Way Village. Solo tus abuelos y tíos se apartaron durante algún tiempo, pero eso solo fue después de tu nacer debido a la fama de Ingrid, ellos querían protegerla.
Emma suspiró hondamente, sus manos cerca de sus labios. Ahora estaba convencida de que era hija de otro hombre.
‒ Es eso lo que mi madre no quiere contarme. Soy hija de un hombre al que probablemente conoció mientras viajaba detrás de sus sueños de hacerse famosa.
‒ Creo que sí, Emma, es lo más probable. ¿Pero qué intención hay en esconderte el nombre de tu verdadero padre?
‒ Es lo que estoy intentando descubrir‒ Emma respiró hondo, y suspiró una segunda vez.
‒ Piensa en las probabilidades: Puede que esté muerto, que Ingrid sienta vergüenza de la forma en que quedó embarazada, que no sepa quién es en realidad, al haberse acostado con varios hombres.
Emma cerró los ojos y casi dejó que dos lágrimas resbalaran por debajo de sus párpados.
‒ Nunca he querido saber quién era, nunca me ha hecho tanta falta como ahora, no por la figura paterna, sino para entender por qué esa mujer me odia tanto.
‒ No te odia. Por más ruin que sea, sigue siendo tu madre. Estuvo aquí días después de volver. Dijo que se preocupaba por ti, que de alguna forma te echaba de menos. Por más que no merezca tu confianza, no juzgues a tu madre antes de tener todas las certezas‒ aconsejó Anita, preocupada por el conflicto de Emma.
La muchacha ya no tenía nada que hacer allí. Anita y ella llevaban mucho tiempo charlando y no vieron el tiempo pasar. Alzó el rostro hacia la sra. Lucas y con mucho esfuerzo aceptó el consejo de la mujer.
‒ Voy a intentarlo‒ Emma se levantó del sofá y se quedó mirando a la dueña del restaurante en que estuvo unos días trabajando aquel año. Le brindó la sonrisa más calmada que pudo y le dio las gracias ‒ Gracias por ayudarme. Esta conversación puede que no haya significado nada para usted, pero para mí ha significado mucho.
Anita permaneció sentada, sonrió levemente.
‒ En realidad sí lo ha tenido, Emma. Nunca pude decirte lo arrepentida que estoy por haberte despedido. Por sentir rabia hacia tu madre, no me permití ayudarte. Siento mucho todos los problemas que has tenido que soportar por su culpa, me hubiera gustado no llevarme a lo personal que fueras su hija.
‒ Usted no tiene culpa, todo el mundo en esta ciudad ha pensado mal de mí alguna vez. Es el precio que pago por ser su hija. No se preocupe por mí, estaré bien, voy a superar todo lo que me decían y la ausencia de Ingrid en mi vida.
La Sra. Lucas comparó las palabras de Emma con las de alguien muy maduro. Quería decirle otra cosa, pero antes de que tocara el pomo de la puerta, Emma se detuvo en seco.
‒ Ah…Sobre lo que estaba haciendo con aquella abogada…No se preocupe, no se lo contaré a nadie y…Lo entiendo. Cuando uno se enamora de una mujer, eso no pasa tan rápido‒ dijo la muchacha con humor y salió del despacho.
Al tratarse de un asunto tan delicado, y no teniendo la certeza de si era verdad, Belle no quiso contarle nada a Regina si no estaba preparada para escuchar. Los tres se dirigieron al despacho donde estarían al resguardo de los oídos de Daniel. Regina no quiso sentarse, encontró un sitio cerca de la ventana, esperando a que la empleada y el enfermero se pusieran de acuerdo. Los dos tenían más en común que simplemente ser empleados de la mansión.
‒ Habla bajo, Graham, Daniel es un hombre enfermo, pero no es sordo‒ la muchacha cerró la puerta doble de la habitación y comprobó que estaban solos, incluso del lado de fuera mirando por la ventana.
‒ Disculpa, es que te enrollas mucho. Dile ya lo que sabes a la sra. Colter.
‒ Ya no es más la sra. Colter. ¿No viste que Daniel le entregó firmados los papeles del divorcio?‒ Belle le recordó acercándose al muchacho.
‒ Ah, es verdad. Discúlpeme, sra. Mills. ¿Es Mills, ahora, no?‒ miró torpemente hacia ella y Regina lo encontró cómico. Un hombre grandullón y distraído. Menos mal que era un buen enfermero.
‒ Perdone a mi novio, Regina‒ dijo Belle, agarrando el brazo izquierdo del joven ‒ Graham a veces es muy tonto.
Regina, de brazos cruzados, levantó la ceja y miró a los dos por primera vez como una pareja.
‒ Ah, está todo bien, Belle‒ Entonces era él el novio de quien hablaba. Pues forman una bonita pareja, pensó Regina ‒ ¿Qué es lo que debo saber?
La pareja intercambió una mirada, y aparentemente Belle volvió a ponerse nerviosa.
‒ Creo que debería sentarse, señora, ¿sabe?‒ él apuntó hacia la silla tras la mesa.
‒ Estoy bien de pie. Por favor, Belle, me estás preocupando‒ Regina volvió a hablar.
La empleada pensó en cómo podría explicarle todo a Regina de tal manera que no la sorprendiera todavía más. Explicarle su teoría que ponía a Emma como fruto de una aventura entre su patrón e Ingrid Swan. No tenía idea de cómo recibiría la noticia Regina después de ver su reacción solo al enterarse de que la amante de su ex marido era la madre de Emma. Ciertamente Regina era una mujer fuerte mentalmente, sin embargo Belle no quería estar, en esos momentos, tan convencida de su radar de detective. No tenía idea de cómo tal coincidencia había ocurrido con su amiga y una mujer que había aparecido solamente algunos meses atrás en la pequeña ciudad, completamente engañada con respecto a su marido. No había palabras que tradujeran su miedo de hablar del tema, a fin de cuentas era una suposición, muy bien elaborada, pero aún así suposición. Se quedó quieta, apretando entre sus manos el delantal del uniforme, imaginando si podía salir de allí sin decir nada más de lo que ya había dicho.
‒ Di algo, Belle‒ pidió Regina
‒ Márchese, debe marcharse, usted y Emma‒ dijo Belle ‒ Esto aquí no está bien para las dos. Salgan de Mary Way Village de una vez por todas. Les previne sobre Ingrid, que se las apañaría para convertir en un infierno la vida de la hija.
Regina observó sus manos retorcidas en el delantal. Debían estar sudadas y no servirían para agarrar ni un vaso con azúcar que ahora ella necesitaba.
‒ Fue Emma quien quiso regresar cuando tuvimos la oportunidad de marcharnos. Quiso resolver los problemas con la madre. No voy a convencerla de marcharnos antes de que lo resuelva ‒ replicó Regina, aún con los brazos cruzados, esperando a que Belle se decidiera.
Graham puso sus manos sobre los hombros de la muchacha y dijo con calma
‒ Belle, intenta decir lo que sabes como me lo dijiste a mí aquella noche. Si confías en que es verdad vale la pena contárselo a quien se lo merece.
La empleada, finalmente, se calmó. Su suspiro de conformidad fue la señal de conciliación entre ella y su miedo.
‒ Desde que comencé a trabajar en esta casa, yo sabía que Daniel Colter tenía alguna relación con la madre de Emma. Todo se aclaró cuando vi el cuadro del pájaro en el taller y, señora, sé que ese cuadro aún existe. Ese cuadro es idéntico al que vio mi padre siendo entregado en casa de Emma cuando yo era pequeña ‒ Belle comenzó a explicar su teoría ‒ Espero que un día entienda por qué hago esto, pero de momento solo puedo decir que es por justicia, por alguien a quien deseo el bien, y por el bien también de Emma ‒ la muchacha alzó la barbilla, y vio cómo en su cabeza comenzaba una pequeña película, así podía contarlo mejor ‒ Ingrid Swan siempre fue una joven ambiciosa, de esas que nunca están satisfechas con lo que tienen. Antes de decidir viajar para California, Ingrid coleccionó relaciones con muchachos y sobre todo, con hombres mayores que ella, pero eso no viene al caso para esta teoría. Sé que ella decidió marcharse a California antes incluso de terminar los estudios, llegando allá en el auge de su belleza, con la certeza de que conseguiría de forma fácil un trabajo. Pero sus planes salieron mal y tuvo que ir de ciudad en ciudad trabajando como camarera en bares y cafeterías. Un día, en uno de esos trabajos debió haber conocido a Daniel, aún en la época en que ustedes dos estaban prometidos. Pues bien, se enamoraron y tuvieron una aventura y supongo que el cuadro del pájaro fue pintado para Ingrid.
Regina se enderezó en ese momento
– El pájaro…Colibrí…Sí, tiene sentido.
Belle carraspeó
‒ Lo que intento decir es que esa aventura entre los dos duró, se intercambiaron cartas, que usted descubrió, e Ingrid se quedó embarazada de su marido. Ella no se lo llegó a contar a él, porque cuando iba a hacerlo, Daniel rompió con ella.
Regina sacudió la cabeza, dio un paso hacia atrás, pegando la espalda contra la pared, incapaz, de repente, de articular palabra.
‒ Entonces Ingrid‒ se calló mirando hacia el frente ‒ Quieres decir que Ingrid y Daniel…Embarazada…Quieres decir que Daniel es…El padre de Emma.
‒ Correcto. No es difícil deducir que Daniel es el supuesto padre de Emma.
Mills instantáneamente se cubrió la boca con ambas manos y gritó, cerrando y apretando los ojos.
‒ ¿Y qué sucedió con el político que Ingrid decía que era el verdadero padre de Emma?‒ Graham preguntó como un espectador de un teatro de marionetas. También él conocía a Ingrid, pero al igual que todos los habitantes, solo conocía la historia ficticia del escándalo en Town Hall.
‒ Tuve que imaginar lo que había sucedido con él, sin embargo debe haber sido más o menos así. Algunos meses después de recibir la carta de Daniel, Ingrid optó por regresar a la ciudad y ver si conseguía sacar provecho del embarazo. Ciertamente se acostó con el político, pero solo fue cosa de una noche, vamos a suponer. La barriga ya estaba bien grande, ese hombre nunca sería el padre de Emma, solo que Ingrid estaba en boca de todo el mundo desde su llegada, y todos se preguntaban quién sería el padre de la criatura. Por eso, escogió a ese hombre para dejar que el tema muriera. La gente de la ciudad quedó soliviantada cuando ella lo reveló, y él se marchó con la familia y nunca más ha sido visto. Ingrid tuvo a Emma, los Swan se marcharon de la ciudad temiendo que Ingrid fuera agredida debido a la rabia que le tenía todo el mundo. Hay que recordar que Ingrid había acabado con algunas familias antes de intentar su sueño de ser actriz. Es la mujer más promiscua de quien se tiene noticia por aquí‒ completó Belle
‒ No consigo‒ Regina se lamentaba, estaba destrozada, incrédula ‒ No puede ser verdad.
Belle caminó hacia ella y le tocó el hombro
‒ Lo siento mucho, Regina. Y aún más lo siento por Emma.
‒ Ella no merece…‒ Regina sacudía la cabeza
‒ También pensamos así. Si se corrobora, ella va a sufrir mucho.
‒ El padre de Emma es Daniel‒ Regina balbuceaba a cada palabra de consuelo de la empleada ‒ Dios mío, ¿por qué? Me casé con el padre de Emma– estaba helada, muy avergonzada.
Graham se rascó la cabeza, parecía turbado. Belle no sabía qué hacer mientras miraba cómo Regina sufría con sus conclusiones.
‒ Le aconsejo que se lo diga a Emma con mucha calma. Lo siento mucho por las dos. Creo que en todos estos años usted ha sido la única persona que ha conseguido su confianza‒ Belle habló tranquilamente
Regina alzó su nublada mirada hacia la empleada, solo sacudía de un lado a otro la cabeza. Los labios cerrados temblaban.
‒ No sé si podré ser tan cruel con ella. Va a morir por dentro cuando lo sepa.
‒ Sí, Regina, va a conmocionarse mucho‒ Belle se imaginó a la amiga sufriendo el doble que Regina en esos instantes, era una escena muy triste.
‒ ¿Cómo es que ha pasado esto?‒ Regina dijo con un hilo de voz, los ojos desorbitados y fijos en Belle ‒ Emma, hija de Daniel…Y yo nunca me di cuenta de nada.
Se enderezó, le dio las espaldas a Belle y Graham, estaba casi llegando a la puerta cuando Belle quiso añadir algo.
‒ Las casualidades tienen lugar todos los días, Regina. Que se haya enamorado de la hija de u marido es mucho más que una coincidencia. Es el destino. Quizás debía ser así.
Regina asintió a disgusto, entonces giró su rostro hacia un lado, vio su cuadro en lo alto de la pared y se retiró antes de enloquecer por completo dentro de esa casa.
