Voyeur
Teddy Lupin/James Sirius Potter
La Madriguera en verano era el lugar favorito de James en todo el mundo. Le encantaba estar con sus primos, le encantaba estar con sus abuelos, pero lo que no le encantaba era estar deseando tocarse y no encontrar ningún lugar tranquilo, era desesperante.
Y ese verano aunque debería estar en un viaje por Europa con todos sus compañeros de Séptimo, había decidido quedarse y estudiar para el ingreso en la academia de aurores.
Su madre le había tomado la temperatura, pensaba que estaba febril e incubando alguna enfermedad mortal.
Su padre directamente le lanzó cuanto hechizo conocía para detectar maldiciones sobre su hijo.
Sus primos solo pensaron que James estaba perdiendo la chispa.
Pero en realidad tenía todo que ver con que Teddy había vuelto de Estados Unidos donde se había ido a unas prácticas en zoomagia, hacía demasiados meses que no le veía, y amenazaba con volverse a ir.
Ese era uno de los motivos por los que James necesitaba un lugar tranquilo donde cascársela a gusto mientras tenía sus típicas fantasías en donde Teddy se daba cuenta de que James era el amor de su vida y sellaban su amor dándose como cajón que no cerraba.
Pero ni tenía sitio ni Teddy veía la luz del amor.
James sabía que sus posibilidades eran -17 pero allí estaba en un idílico paisaje con pajaritos cantando, la hierba acariciada por los rayos del sol y él cascándosela pensando en su primo.
Aunque Teddy no era su primo, no eran familia, no tanto como uno no podía ser familia en el mundo mágico inglés claro, pero hacer eso pensando en Fred por ejemplo era sencillamente asqueroso.
—Ugh —dijo para sí mismo.
Se bajó más los pantalones y jugueteó con su trasero, le encantaba introducir un dedo cuando estaba a punto de correrse y estaba llegando al punto sin retorno, ese en el que imaginaba que Teddy lo ponía a cuatro patas y le decía cosas sucísimas, que James en el fondo sabía que jamás escucharía de sus labios.
—Teddy, Teddy —gimió mientras se corría— sí, así, asíííí.
Ese era otro de los motivos por los que tenía que buscar lugares tranquilos como aquel, necesitaba decirlo en voz alta, era mil veces mejor. Mil millones de veces mejor.
Se limpió lo poco que se había ensuciado, y se marchó, ¿encontraría a Teddy jugando con los más pequeños?
Pero Teddy no estaba jugando con los más pequeños para nada, Teddy estaba limpiando su propio desastre.
Tenía que dejar de hacer eso, tenía que dejar de espiar a James, fue a principios de verano cuando lo descubrió queriendo darle una sorpresa. Pero la sorpresa se la llevó él cuando lo encontró sobre esa misma roca que había dejado hacía segundos gimiendo su nombre y toqueteándose.
Teddy se quedó en shock, ¿cuántos malditos años tenía ese crío? Se sorprendió al darse cuenta que ya era mayor de edad, pero era James, James siempre sería "pequeño" para él.
Se fue de allí como el que ha visto cometer un crimen, ¿qué demonio había visto?¿Y porque era incapaz de dejar de recordarlo?
James era joven, debía estar confundido, era su primo, si hasta recordaba haberle leído cuentos.
Asco, asco, eso era lo que debería haber sentido, pero no sentía asco ninguno.
Las plumas del Abley de Madagascar daban una especie de camuflaje a cualquiera que lo usara. Teddy lo había conseguido en uno de sus viajes a los mercados secretos de Boston.
No debería haberlo usado, no debería haber seguido a Teddy. Ni mirarlo sacar su miembro y menearlo en aquel bonito paisaje, pero mucho menos cascársela sin su consentimiento.
Todo mal, todo tremendamente mal. Merecía que se lo comiera un kelpie del lago a donde seguía a James.
Y luego la pantomima de no demostrar que lo sabía, de no ver como James le miraba después de ir a toquetearse pensando en él.
Era un pervertido, un completo pervertido e iba a ser descubierto.
Se dejó caer en la piedra de James, nunca mejor dicho, casi arrepintiéndose de haber vuelto ese verano.
Pero se descubrió espiando a James mucho más que en su lugar secreto, lo espiaba, lo miraba, lo deseaba e imaginaba cómo decía su nombre mirándole a los ojos, mientras que todo lo que deseaba se hacía realidad.
Pero ¿qué es lo que deseaba?
A James, claramente.
Cuando James lo miraba entendía un poco más las cosas, quizás fueran solo las fantasías de un jovencito en su despertar sexual, pero sus ojos brillaban llenos de un amor que Teddy siempre había pensado que era fraternal.
Tenía una beca de tres meses en Kenia, iba a irse, James entraría a la academia. Ellos no podían tener nada, de hecho no tenían nada.
Y si mal le parecía espiar a James, peor era imaginarlo como un acostón puntual.
Lo que tenía que hacer era marcharse cuanto antes y olvidarse de la cara de James al decir su nombre, de sus cejas juntas en una mueca de dolor placentero.
En sus ganas de besarlo, de corresponderle cuando le pedía a ese Teddy de sus sueños más.
Se iba al día siguiente, lo tenía decidido.
Pero no encontró a James para decírselo, para despedirse.
Teddy sabía donde iba a a encontrarlo, donde lo encontraba siempre.
Lo mejor era cortarlo de raíz, lo mejor era que James lo viera.
Pero James tenía sus ojos cerrados, una lágrima rodó por su mejilla, James estaba llorando sobre su piedra.
—James —dijo compungido, sobresaltándolo.
—Teddy, ¿te vas no?
Teddy asintió, quería abrazarlo, consolarlo, quería besarlo.
Y entonces sus mejillas pobladas de pecas oscuras enrojecieron.
—¿Cómo sabías que estaba aquí? —preguntó aún sabiendo cuál era la respuesta.
—Siempre sé que estás aquí.
James se levantó, se acercó hasta él y le miró a los ojos.
—¿Tienes que irte ya?
Teddy dudó, tenía que irse por él.
—Esto no está bien, creo que estás confundido.
—El corazón nunca engaña, ¿cuántas veces nos lo ha dicho la abuela Molly?
Teddy suspiró y se sentó en la fatídica piedra, James le siguió.
—Lo siento —dijo James y Teddy se giró a mirarle.
—No, no tienes nada que sentir … yo … —dijo Teddy, pero ¿yo qué?— Yo soy el adulto.
—Soy mayor de edad —se quejó James— solo dime que no me ves de ese modo, que no me quieres así, pero no digas esas cosas.
—He venido a espiarte todo este verano. —James se le quedó mirando.
—¿Te gustó lo que viste?
—No hagas eso —pidió Teddy
—¿Hacer qué? —preguntó más cerca.
—Coquetear… está mal…
—Sí, está mal —le recriminó James— deberías habérmelo dicho, haberte dejado ver, yo creo que has visto mucho de mí.
—He visto cómo dices mi nombre, James.
Él se encogió de hombros pero se le notaba dolido.
—¿No te gusto ni un poquito? —ese tono le rompió por dentro.
—Me gustas un demasiado.
James le miró radiante, pero mudó al verle la cara de tormento.
—¿Sabe que no somos familia real, verdad? —señaló James.
—Como si lo fuéramos —sentenció Teddy.
—Saliste un año con Victorie y a nadie le pareció mal.
—Peor me lo pones, de primo en primo.
—Ni te creas que vas a hacer gymkana Weasley, soy el único —dijo James posesivo.
Teddy se rio, James siempre había sido el único.
—James … —se rio.
—Eres un pervertido, ¿te tocabas mirándome?
Teddy enrojeció pero James se colocó sobre él, invadiéndolo por completo, James siempre era muy táctil.
—Te tocabas mirando —confirmó victorioso—, eso es que te gustaba lo que veías.
Teddy suspiró, resistirse era durísimo, ¿y si dejaba de hacerlo?
—Mucho.
—¿Quieres volver a verlo? —tanteó James, mientras se frotaba contra Teddy.
Y lo hizo, gimió su nombre mientras le apretaba contra sí. Sobre aquella misma piedra, con el coro de pajaritos, con el lago en calma, con la hierba acariciada por la suave brisa.
Pero la manos de James estaban sobre los hombros de Teddy mientras este le masturbaba.
—Teddy, más —pidió el más joven, iba a ir al infierno, pero se sacó su propia polla dura para unirlas en una caricia íntima.
Notó el semen cálido y espeso de James sobre su carne con solo un par de toques más, sus labios se juntaron, y Teddy se le unió.
El crimen se había cometido finalmente, y debería sentirse culpable, salvo que algo había pasado en ese lapsus de tiempo, porque no encontraba nada mas que pena por tener que marcharse y estar lejos de James.
—Puedo retrasar mi partida —dijo aún abrazándolo.
James le besó, y por lo que quedó del verano ya no fue más la piedra de James, sino la piedra de James y Teddy.
Siempre sería la piedra que ambos visitarían verano tras verano, incluso después de su boda, y cuando escapaban de sus propios hijos para dejarlo con sus abuelos.
Era su lugar y siempre lo sería.
Esta pareja es una de mis habituales de estos recopilatorios, pero me doy cuenta que siempre los pongo en situaciones muy similares.
Sorry, no es de los mejores.
En fin, ¡sábado!
Hasta mañana.
Besos.
Shimi
