CAPÍTULO 4: DOBLE SECUESTRO
Mientras tanto, los caballeros de bronce hacían una guardia al pie de las escaleras que daban a la casa de Aries.
-Que bien que decidimos quedarnos- dijo Seiya- porque están ocurriendo cosas extrañas de nuevo-
-Y espero que podamos hacer algo...- dijo Hyoga.
-Pobre Cassandra- dijo Shun- pareciera que está destinada a sufrir...-
-No digas eso, Shun- dijo Hyoga- esperemos que ya no vuelva a suceder algo así...-
-Fue un error que los caballeros dorados hayan dejado a Circe con vida- dijo Shiryu- porque ella no respeta siquiera sus propias reglas...-
-Tienes razón- dijo Seiya- ¡maldita bruja del demonio! Deberíamos...- pero no acabó la frase, porque una mujer iba pasando por ahí. Los caballeros se sorprendieron
-¡Espera!- dijo Hyoga. La mujer, sin embargo, se echó a correr al ver que la habían descubierto. Shiryu la alcanzó y la tomó por el brazo. Era Iridia.
-¿Iridia?- dijo Shun- ¿qué haces aquí?-
-Ya me debo ir- dijo Iridia- denle las gracias a Atena de mi parte...-
-Pero, ¿porqué?- preguntó Hyoga.
-Porque... no lo soporto...- dijo ella. Todos miraron a Hyoga de reojo, porque sabían a quien se refería.
-Esa no es razón para irte- dijo Shun- hay más caballeros dorados que te recibirían con gusto...-
-No importa- dijo ella- será mejor que me vaya, no se preocupen...-
Con un gesto se despidió de ellos y se fue. Los cuatro caballeros de bronce se miraron entre ellos, confundidos.
-Mujeres...- dijo Seiya- ni quien las entienda...-
-No dirías eso si Miho estuviera aquí, Seiya- dijo Shiryu.
Shun y Hyoga rieron, haciendo que Seiya se ruborice.
-A lo que me refiero- dijo Seiya- es que a las mujeres no hay que entenderlas. Solo hay que quererlas...- (n/a: lo siento, pero eso es lo que siempre dicen los chicos...)
En ese momento, escucharon varios pasos en dirección a ellos, y se prepararon para recibir al extraño.
-Muy lindos sentimientos, caballeros- dijo una voz masculina- y hablando de mujeres, tengo un trato que proponerles...-
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Cassandra ya no dormía tranquilamente. Parecía tener una pesadilla de nuevo. Con gentileza, Mu la despertó. Ella abrió los ojos asustada, respirando agitadamente, y se aferró a los brazos de Mu.
-¡Mu!- dijo- ¡Iridia!-
-¿Ahora ella?- dijo Mu- no es posible, ella está con Camus en la casa de Acuario...-
-Ya no- dijo Cassandra- Mu, algo malo sucedió...-
En ese momento, Mu sintió el cosmo de los caballeros de bronce en la base de la escalera que subía hacia su casa, donde los caballeros de bronce hacían su guardia esa noche.
-Espera aquí, Cassandra- dijo Mu- iré a ver que sucede...-
-Viene por mí- dijo ella, sorprendiendo a Mu. El no dijo nada, solo la besó en la mejilla y se teletransportó.
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-¿Qué demonios...?- dijo Seiya-¿qué pretendes hacer?-
Los cuatro caballeros de bronce miraron al hombre frente a ellos. Era un hombre entre cuarenta y cincuenta años, de cabello gris canoso que lo hacía verse mucho mayor. Tenía los ojos verdes, y a los caballeros les parecían conocidos. Dos hombres altos lo acompañaban, uno blanco y uno moreno. El blanco sostenía a Iridia con una mano y en la otra tenía una daga contra el cuello de la chica. El hombre moreno llevaba los amuletos de la hechicera. Los tres parecían estar tristes.
-¡Déjala!- dijo Shun.
-Lo haré-dijo el hombre canoso- cuando traigan lo que exijo...-
En ese momento, Mu apareció tras los caballeros y miró la escena, asombrado.
-Vaya...un caballero dorado- dijo el hombre canoso- uno de ustedes la tiene...- Mu miró al hombre a los ojos. Los ojos verdes del hombre se parecían a los de alguien más.
-¿La tiene?- preguntó Hyoga- ¿a quién?-
-A una hechicera- dijo el hombre- a Cassandra, la hija de Circe. Quiero que me la entreguen...-
Mu se sorprendió. Recordó las palabras de Cassandra: 'viene por mí'.
-¿Qué dices?- dijo Shun.
-Eso es imposible- dijo Seiya.
-¿Y porqué?- dijo Mu con serenidad- ¿qué derecho tienes sobre ella?-
-El derecho de la sangre- dijo el hombre, y sacó una espada- ahora, si no quieren que la chica muera...- acercó la espada a Iridia- ¡tráiganla!-
Mu no entendió lo que dijo, pero no tenía más opción que entregarle a Cassandra.
-Iré por ella- dijo Mu.
-¡Aprisa!-dijo el hombre canoso. Mu asintió y se teletransportó.
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Cassandra esperaba a Mu dando vueltas por su habitación. El caballero apareció frente a ella con una expresión grave.
-¿Qué sucedió?- le preguntó.
-Cassandra- dijo Mu- un hombre tiene a Iridia, y quiere que te entreguemos, pero...-
-Mu- interrumpió Cassandra- no te preocupes por mí, yo estaré bien. Escucha- continuó- cuando te llegue la carta azul, no hagas lo que dice...-
-¿Carta azul?- preguntó Mu sin entender.
-No me interrumpas- dijo ella, tomando las manos de Mu entre las suyas- cuando te llegue esa carta azul, no hagas lo que te dice, porque es una trampa. No vayas-
-¿De qué me hablas?- preguntó Mu, alarmado.
-Prométeme que no irás, no importa lo que diga esa carta azul- dijo la chica, abrazando a Mu- por favor...-
-No te preocupes- dijo Mu, aunque no entendía lo que ella le trataba de decir.
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-¿Por qué tarda tanto?- dijo el hombre canoso- me estoy impacientando...-
-Vendrá- dijo Seiya. Shun bajó la vista, dudoso. ¿Acaso Mu la entregaría?
-Aquí estoy- dijo Cassandra. Mu estaba detrás de ella. Algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas.
-Entonces ven acá, muchacha- dijo el hombre, envainando la espada. Cassandra asintió. Se volvió hacia Mu y vio sus lágrimas.
-No llores, mi amor- le susurró con cariño, secando sus lágrimas con la mano- yo estaré bien. No temas por mí, y recuerda lo que te dije-
Mu asintió, tratando de contener las lágrimas.
-Cuídate, mi amor- le dijo Mu en voz baja. La besó en la frente y luego en la mejilla. Cassandra también sentía que las lágrimas se le escapaban. Se acercó a los intrusos. El hombre canoso no dijo nada. Con un gesto de él, el hombre moreno le quitó también los amuletos.
-No pensarán llevarse a las dos...- dijo Shun. El hombre canoso tomó a Cassandra de la muñeca. Dejó caer un pedazo de papel blanco al suelo.
-Claro que sí- dijo el hombre- pero tienen mi palabra de que no serán lastimadas...-
Con estas palabras, los tres hombres desaparecieron, llevándose consigo a las dos hechiceras.
Shun dejó correr sus lágrimas, Seiya y Hyoga agacharon la mirada, y Shiryu suspiró de tristeza. Mu se llevó la mano a la mejilla y levantó la vista al cielo, rogando a los dioses que la protegieran.
-¿Qué ha sucedido?- preguntó Shaka, quien llegó corriendo. Tamara y Saga venían tras él. Con la mirada de Mu, Shaka no necesitó más explicaciones. Sin embargo, Hyoga les explicó a los recién llegados lo que había sucedido.
-¿Qué es eso?- dijo Shun, señalando un sobre blanco que estaba en el suelo. Mu lo levantó y lo abrió. Una nueva sorpresa le esperaba dentro. Una carta escrita en papel azul. Por la impresión, las manos le temblaron tanto que dejó caer el sobre y la carta.
-¡Mu!- dijo Shaka- ¿qué sucede?-
-Una carta azul- dijo Mu- ella me lo dijo...-
-¿De que hablas?- preguntó Shiryu.
-Ella me lo dijo- repitió Mu- ella me dijo que recibiría una carta azul...-
-¿Una carta azul?- dijo Tamara- esa es la firma de Circe... ella no escribe en ningún papel que no sea de color azul-
-¿Pero quién te dijo eso?- preguntó Shiryu.
-Cassandra- dijo Mu, recogiendo lo que había dejado caer- y me dijo que no hiciera lo que me indicara la carta, que es una trampa...-
-¿Y que dice esa carta?- preguntó Shaka. Mu abrió la carta y la leyó.
El escrito decía que fuera a la isla Ogigia y mostrara ese papel a Calipso, la ninfa que reinaba, para que liberara Cristaly. Si desobedecía, Circe mandaría matar a Cristaly y a Cassandra. Debajo de la firma de Circe, había unos caracteres extraños que Mu no pudo descifrar.
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Iridia y Cassandra estaban encerradas en la cabina de un barco. Iridia tenía su cabeza apoyada en el regazo de su compañera, y vertía lágrimas silenciosas.
-¿Quiénes son ellos, Cassandra?- dijo- ¿qué quieren?-
-No lo sé- dijo ella en voz baja.
-Seguro están del lado de tu madre- dijo Iridia, dejando correr sus lágrimas- de seguro nos matarán... o peor, nos llevarán con ella...-
-Calma, Iridia- dijo Cassandra, acariciando los cabellos de su amiga para tranquilizarla- no nos sucederá nada malo... ¿te sientes bien?-
-Cassandra, yo...-
-¿Qué sucedió?-
-Yo...lo siento- dijo Iridia- tuve una pelea con Camus... por eso me escapé del Santuario...-
-Pero, ¿porqué?-
-Porque Camus es un témpano- dijo Iridia, levantándose- estaba preocupada por Cristaly y por ti, y se lo dije, pero él... ¿porqué sonríes?-
-Por nada- dijo Cassandra- pero no te preocupes, puedes ir a decírselo. Toma- le dijo, sacando de sus ropas un anillo con una joya color verde y entregándoselo.
-¿Qué...? ¿De dónde sacaste esto?-
-Era de la madre de Mu- dijo Cassandra- yo había prometido nunca usarlo, pero él insistió en que yo lo guardara. Úsalo para escapar una vez que estemos en tierra...-
-Pero- dijo Iridia- es algo muy valioso para ti y para Mu... además, no puedo abandonarte...-
-Por mí no te preocupes- dijo Cassandra- además, ya me lo regresarás después. Confío en ti...-
-Gracias- dijo Iridia, sonriendo.
-¿Qué hacen?- una voz femenina dijo, proveniente de la entrada.
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-¿Y qué haremos?- preguntó Saga.
-No lo sé- dijo Shun- si ella te advirtió que no fueras, Mu...-
-Seguramente fue para que no te arriesgues- dijo Hyoga- recuerda que hace poco se sacrificó ella misma por Tamara...-
-Debo ir- dijo Mu- no puedo arriesgarme a que le suceda algo malo...-
-Yo iré contigo, Mu- dijo Saga.
-¿Saga?- exclamó Shaka sorprendido.
-Será mejor que vayamos dos, no solo uno- dijo Saga- en caso...-
Mu asintió, pues conocía los sentimientos de Saga hacia Cristaly. El caballero de Aries recordó las palabras de Cassandra, y su desesperación por que no fuera al sitio que le indicaba la carta. Pero sabía que no tenía opción.
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-¿Yazmín?- exclamó Iridia- ¿qué demonios haces aquí?-
-¿No lo adivinan? Vine a ayudarlas...- dijo la joven. Las dos hechiceras la miraron.
-¡Mientes!- dijo Cassandra- se ve en tus ojos. Tú siempre has estado del lado de mi madre...-
-Muy lista- dijo Yazmín- lástima que no te servirá de nada...- miró a Cassandra con astucia- según creo, recibiste la visita de un dios, y lo rechazaste...-
-¿Qué dices?- dijo Cassandra.
-Lo que oíste- dijo Yazmín. En ese momento, Cassandra lo recordó todo: el incidente en el bosque y el don y la maldición que le había dado el dios Apolo. En ese momento, sintió una enorme angustia.
-¿Así que eso lo provocó mi querida madre?- dijo Cassandra. Con una terrible sonrisa, Yazmín asintió.
-Claro- dijo Yazmín- ¿has olvidado el templo de Afrodita que está oculto en el Circeo? La diosa envió a su hijo Eros a clavar un dardo en el corazón del dios, para que se enamore de ti...-
-No es prudente burlarse así de los dioses- dijo Cassandra.
-¿Y qué más da?- dijo Yazmín- Afrodita ya obtuvo su venganza, y tu madre está a punto de hacerlo...-
-¿Y a que has venido?- preguntó Iridia.
-Fácil- dijo Yazmín, sacando su vara- vine a acabarlas. Bueno, solo a ti, Iridia- se corrigió- porque Circe y la diosa necesitan con vida a esa tonta...-
-No lo permitiré- dijo Cassandra, colocándose entre Iridia y Yazmín.
-Eres muy valiente ahora- dijo Yazmín- cuando sabes que no te puedo matar...-
-Y tú eres muy valiente ahora que estás armada y nosotras no...-
Cassandra frunció el entrecejo y, con un movimiento rápido, le arrancó la vara de las manos y la partió en dos, para evitar que ataque a su amiga.
-Pues a ver si te atreves a morder ahora que te arranqué los dientes- dijo Cassandra.
-Aún tengo otro medio para deshacerme de ella- dijo Yazmín- y mucha suerte con tu remedo de Cassandra de Troya... no importa que puedas adivinar el futuro, nadie te creerá, así como a tu predecesora...- y salió, dejándolas encerradas de nuevo.
-No se que pretende- dijo Iridia- pero no me gusta...-
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CONTINUARA...
Mientras tanto, los caballeros de bronce hacían una guardia al pie de las escaleras que daban a la casa de Aries.
-Que bien que decidimos quedarnos- dijo Seiya- porque están ocurriendo cosas extrañas de nuevo-
-Y espero que podamos hacer algo...- dijo Hyoga.
-Pobre Cassandra- dijo Shun- pareciera que está destinada a sufrir...-
-No digas eso, Shun- dijo Hyoga- esperemos que ya no vuelva a suceder algo así...-
-Fue un error que los caballeros dorados hayan dejado a Circe con vida- dijo Shiryu- porque ella no respeta siquiera sus propias reglas...-
-Tienes razón- dijo Seiya- ¡maldita bruja del demonio! Deberíamos...- pero no acabó la frase, porque una mujer iba pasando por ahí. Los caballeros se sorprendieron
-¡Espera!- dijo Hyoga. La mujer, sin embargo, se echó a correr al ver que la habían descubierto. Shiryu la alcanzó y la tomó por el brazo. Era Iridia.
-¿Iridia?- dijo Shun- ¿qué haces aquí?-
-Ya me debo ir- dijo Iridia- denle las gracias a Atena de mi parte...-
-Pero, ¿porqué?- preguntó Hyoga.
-Porque... no lo soporto...- dijo ella. Todos miraron a Hyoga de reojo, porque sabían a quien se refería.
-Esa no es razón para irte- dijo Shun- hay más caballeros dorados que te recibirían con gusto...-
-No importa- dijo ella- será mejor que me vaya, no se preocupen...-
Con un gesto se despidió de ellos y se fue. Los cuatro caballeros de bronce se miraron entre ellos, confundidos.
-Mujeres...- dijo Seiya- ni quien las entienda...-
-No dirías eso si Miho estuviera aquí, Seiya- dijo Shiryu.
Shun y Hyoga rieron, haciendo que Seiya se ruborice.
-A lo que me refiero- dijo Seiya- es que a las mujeres no hay que entenderlas. Solo hay que quererlas...- (n/a: lo siento, pero eso es lo que siempre dicen los chicos...)
En ese momento, escucharon varios pasos en dirección a ellos, y se prepararon para recibir al extraño.
-Muy lindos sentimientos, caballeros- dijo una voz masculina- y hablando de mujeres, tengo un trato que proponerles...-
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Cassandra ya no dormía tranquilamente. Parecía tener una pesadilla de nuevo. Con gentileza, Mu la despertó. Ella abrió los ojos asustada, respirando agitadamente, y se aferró a los brazos de Mu.
-¡Mu!- dijo- ¡Iridia!-
-¿Ahora ella?- dijo Mu- no es posible, ella está con Camus en la casa de Acuario...-
-Ya no- dijo Cassandra- Mu, algo malo sucedió...-
En ese momento, Mu sintió el cosmo de los caballeros de bronce en la base de la escalera que subía hacia su casa, donde los caballeros de bronce hacían su guardia esa noche.
-Espera aquí, Cassandra- dijo Mu- iré a ver que sucede...-
-Viene por mí- dijo ella, sorprendiendo a Mu. El no dijo nada, solo la besó en la mejilla y se teletransportó.
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-¿Qué demonios...?- dijo Seiya-¿qué pretendes hacer?-
Los cuatro caballeros de bronce miraron al hombre frente a ellos. Era un hombre entre cuarenta y cincuenta años, de cabello gris canoso que lo hacía verse mucho mayor. Tenía los ojos verdes, y a los caballeros les parecían conocidos. Dos hombres altos lo acompañaban, uno blanco y uno moreno. El blanco sostenía a Iridia con una mano y en la otra tenía una daga contra el cuello de la chica. El hombre moreno llevaba los amuletos de la hechicera. Los tres parecían estar tristes.
-¡Déjala!- dijo Shun.
-Lo haré-dijo el hombre canoso- cuando traigan lo que exijo...-
En ese momento, Mu apareció tras los caballeros y miró la escena, asombrado.
-Vaya...un caballero dorado- dijo el hombre canoso- uno de ustedes la tiene...- Mu miró al hombre a los ojos. Los ojos verdes del hombre se parecían a los de alguien más.
-¿La tiene?- preguntó Hyoga- ¿a quién?-
-A una hechicera- dijo el hombre- a Cassandra, la hija de Circe. Quiero que me la entreguen...-
Mu se sorprendió. Recordó las palabras de Cassandra: 'viene por mí'.
-¿Qué dices?- dijo Shun.
-Eso es imposible- dijo Seiya.
-¿Y porqué?- dijo Mu con serenidad- ¿qué derecho tienes sobre ella?-
-El derecho de la sangre- dijo el hombre, y sacó una espada- ahora, si no quieren que la chica muera...- acercó la espada a Iridia- ¡tráiganla!-
Mu no entendió lo que dijo, pero no tenía más opción que entregarle a Cassandra.
-Iré por ella- dijo Mu.
-¡Aprisa!-dijo el hombre canoso. Mu asintió y se teletransportó.
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Cassandra esperaba a Mu dando vueltas por su habitación. El caballero apareció frente a ella con una expresión grave.
-¿Qué sucedió?- le preguntó.
-Cassandra- dijo Mu- un hombre tiene a Iridia, y quiere que te entreguemos, pero...-
-Mu- interrumpió Cassandra- no te preocupes por mí, yo estaré bien. Escucha- continuó- cuando te llegue la carta azul, no hagas lo que dice...-
-¿Carta azul?- preguntó Mu sin entender.
-No me interrumpas- dijo ella, tomando las manos de Mu entre las suyas- cuando te llegue esa carta azul, no hagas lo que te dice, porque es una trampa. No vayas-
-¿De qué me hablas?- preguntó Mu, alarmado.
-Prométeme que no irás, no importa lo que diga esa carta azul- dijo la chica, abrazando a Mu- por favor...-
-No te preocupes- dijo Mu, aunque no entendía lo que ella le trataba de decir.
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-¿Por qué tarda tanto?- dijo el hombre canoso- me estoy impacientando...-
-Vendrá- dijo Seiya. Shun bajó la vista, dudoso. ¿Acaso Mu la entregaría?
-Aquí estoy- dijo Cassandra. Mu estaba detrás de ella. Algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas.
-Entonces ven acá, muchacha- dijo el hombre, envainando la espada. Cassandra asintió. Se volvió hacia Mu y vio sus lágrimas.
-No llores, mi amor- le susurró con cariño, secando sus lágrimas con la mano- yo estaré bien. No temas por mí, y recuerda lo que te dije-
Mu asintió, tratando de contener las lágrimas.
-Cuídate, mi amor- le dijo Mu en voz baja. La besó en la frente y luego en la mejilla. Cassandra también sentía que las lágrimas se le escapaban. Se acercó a los intrusos. El hombre canoso no dijo nada. Con un gesto de él, el hombre moreno le quitó también los amuletos.
-No pensarán llevarse a las dos...- dijo Shun. El hombre canoso tomó a Cassandra de la muñeca. Dejó caer un pedazo de papel blanco al suelo.
-Claro que sí- dijo el hombre- pero tienen mi palabra de que no serán lastimadas...-
Con estas palabras, los tres hombres desaparecieron, llevándose consigo a las dos hechiceras.
Shun dejó correr sus lágrimas, Seiya y Hyoga agacharon la mirada, y Shiryu suspiró de tristeza. Mu se llevó la mano a la mejilla y levantó la vista al cielo, rogando a los dioses que la protegieran.
-¿Qué ha sucedido?- preguntó Shaka, quien llegó corriendo. Tamara y Saga venían tras él. Con la mirada de Mu, Shaka no necesitó más explicaciones. Sin embargo, Hyoga les explicó a los recién llegados lo que había sucedido.
-¿Qué es eso?- dijo Shun, señalando un sobre blanco que estaba en el suelo. Mu lo levantó y lo abrió. Una nueva sorpresa le esperaba dentro. Una carta escrita en papel azul. Por la impresión, las manos le temblaron tanto que dejó caer el sobre y la carta.
-¡Mu!- dijo Shaka- ¿qué sucede?-
-Una carta azul- dijo Mu- ella me lo dijo...-
-¿De que hablas?- preguntó Shiryu.
-Ella me lo dijo- repitió Mu- ella me dijo que recibiría una carta azul...-
-¿Una carta azul?- dijo Tamara- esa es la firma de Circe... ella no escribe en ningún papel que no sea de color azul-
-¿Pero quién te dijo eso?- preguntó Shiryu.
-Cassandra- dijo Mu, recogiendo lo que había dejado caer- y me dijo que no hiciera lo que me indicara la carta, que es una trampa...-
-¿Y que dice esa carta?- preguntó Shaka. Mu abrió la carta y la leyó.
El escrito decía que fuera a la isla Ogigia y mostrara ese papel a Calipso, la ninfa que reinaba, para que liberara Cristaly. Si desobedecía, Circe mandaría matar a Cristaly y a Cassandra. Debajo de la firma de Circe, había unos caracteres extraños que Mu no pudo descifrar.
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Iridia y Cassandra estaban encerradas en la cabina de un barco. Iridia tenía su cabeza apoyada en el regazo de su compañera, y vertía lágrimas silenciosas.
-¿Quiénes son ellos, Cassandra?- dijo- ¿qué quieren?-
-No lo sé- dijo ella en voz baja.
-Seguro están del lado de tu madre- dijo Iridia, dejando correr sus lágrimas- de seguro nos matarán... o peor, nos llevarán con ella...-
-Calma, Iridia- dijo Cassandra, acariciando los cabellos de su amiga para tranquilizarla- no nos sucederá nada malo... ¿te sientes bien?-
-Cassandra, yo...-
-¿Qué sucedió?-
-Yo...lo siento- dijo Iridia- tuve una pelea con Camus... por eso me escapé del Santuario...-
-Pero, ¿porqué?-
-Porque Camus es un témpano- dijo Iridia, levantándose- estaba preocupada por Cristaly y por ti, y se lo dije, pero él... ¿porqué sonríes?-
-Por nada- dijo Cassandra- pero no te preocupes, puedes ir a decírselo. Toma- le dijo, sacando de sus ropas un anillo con una joya color verde y entregándoselo.
-¿Qué...? ¿De dónde sacaste esto?-
-Era de la madre de Mu- dijo Cassandra- yo había prometido nunca usarlo, pero él insistió en que yo lo guardara. Úsalo para escapar una vez que estemos en tierra...-
-Pero- dijo Iridia- es algo muy valioso para ti y para Mu... además, no puedo abandonarte...-
-Por mí no te preocupes- dijo Cassandra- además, ya me lo regresarás después. Confío en ti...-
-Gracias- dijo Iridia, sonriendo.
-¿Qué hacen?- una voz femenina dijo, proveniente de la entrada.
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-¿Y qué haremos?- preguntó Saga.
-No lo sé- dijo Shun- si ella te advirtió que no fueras, Mu...-
-Seguramente fue para que no te arriesgues- dijo Hyoga- recuerda que hace poco se sacrificó ella misma por Tamara...-
-Debo ir- dijo Mu- no puedo arriesgarme a que le suceda algo malo...-
-Yo iré contigo, Mu- dijo Saga.
-¿Saga?- exclamó Shaka sorprendido.
-Será mejor que vayamos dos, no solo uno- dijo Saga- en caso...-
Mu asintió, pues conocía los sentimientos de Saga hacia Cristaly. El caballero de Aries recordó las palabras de Cassandra, y su desesperación por que no fuera al sitio que le indicaba la carta. Pero sabía que no tenía opción.
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-¿Yazmín?- exclamó Iridia- ¿qué demonios haces aquí?-
-¿No lo adivinan? Vine a ayudarlas...- dijo la joven. Las dos hechiceras la miraron.
-¡Mientes!- dijo Cassandra- se ve en tus ojos. Tú siempre has estado del lado de mi madre...-
-Muy lista- dijo Yazmín- lástima que no te servirá de nada...- miró a Cassandra con astucia- según creo, recibiste la visita de un dios, y lo rechazaste...-
-¿Qué dices?- dijo Cassandra.
-Lo que oíste- dijo Yazmín. En ese momento, Cassandra lo recordó todo: el incidente en el bosque y el don y la maldición que le había dado el dios Apolo. En ese momento, sintió una enorme angustia.
-¿Así que eso lo provocó mi querida madre?- dijo Cassandra. Con una terrible sonrisa, Yazmín asintió.
-Claro- dijo Yazmín- ¿has olvidado el templo de Afrodita que está oculto en el Circeo? La diosa envió a su hijo Eros a clavar un dardo en el corazón del dios, para que se enamore de ti...-
-No es prudente burlarse así de los dioses- dijo Cassandra.
-¿Y qué más da?- dijo Yazmín- Afrodita ya obtuvo su venganza, y tu madre está a punto de hacerlo...-
-¿Y a que has venido?- preguntó Iridia.
-Fácil- dijo Yazmín, sacando su vara- vine a acabarlas. Bueno, solo a ti, Iridia- se corrigió- porque Circe y la diosa necesitan con vida a esa tonta...-
-No lo permitiré- dijo Cassandra, colocándose entre Iridia y Yazmín.
-Eres muy valiente ahora- dijo Yazmín- cuando sabes que no te puedo matar...-
-Y tú eres muy valiente ahora que estás armada y nosotras no...-
Cassandra frunció el entrecejo y, con un movimiento rápido, le arrancó la vara de las manos y la partió en dos, para evitar que ataque a su amiga.
-Pues a ver si te atreves a morder ahora que te arranqué los dientes- dijo Cassandra.
-Aún tengo otro medio para deshacerme de ella- dijo Yazmín- y mucha suerte con tu remedo de Cassandra de Troya... no importa que puedas adivinar el futuro, nadie te creerá, así como a tu predecesora...- y salió, dejándolas encerradas de nuevo.
-No se que pretende- dijo Iridia- pero no me gusta...-
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CONTINUARA...
