CAPÍTULO 5: UN POCO DE AYUDA

A la mañana siguiente, Arilla se enteró de lo que había sucedido con sus dos amigas por medio de Tamara.

Esa mañana, Camus estaba muy serio (n/a: mucho más que de costumbre), y Shura le lanzaba miradas que querían decir 'te lo dije'. Seiya y los otros no habían mencionado nada de lo que Iridia les había dicho sobre Camus: solo informaron que la habían visto salir por su propia voluntad antes de que fuera capturada.

La mayoría de los caballeros lucían preocupados, porque ya se habían acostumbrado a la presencia de las chicas. También Saori mostró su preocupación.

-¿Cuándo piensan irse?- preguntó Saori a Mu y Saga.

-Esta tarde- respondió Mu.

-¿No vas a tomar en cuenta su advertencia?-

-La he tomado en cuenta- dijo Mu- pero no tengo otra alternativa. Su vida está en peligro, y la de Cristaly también...-

-Está bien- dijo Saori- pero tengan cuidado...-

Los dos caballeros asintieron.

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En la cubierta del barco donde Iridia y Cassandra iban, un marino sonó un silbato. Habían llegado a tierra. En la cubierta del barco, el hombre canoso dio la orden de bajar el ancla y prepararse para bajar. Yazmín lo vigilaba desde una esquina, como un felino preparándose para atacar. Una chica rubia de ojos verdes se acercó al hombre canoso.

-Todo está listo ya- dijo la chica. El hombre sonrió levemente.

-Baja y ordena a dos hombres que saquen a las chicas y las conduzcan a su destino. Aten primero sus manos...-

-De acuerdo- dijo ella, retirándose. Una vez que el hombre quedó solo, Yazmín encendió su cosmo.

-Puño del diablo-

Los ojos del hombre cambiaron de verdes a rojos. Yazmín sonrió complacida.

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La joven rubia estaba ejecutando las órdenes del hombre canoso. Con ayuda de dos hombres, ató las manos de Cassandra a su espalda. Iba a hacer lo mismo con Iridia, cuando el hombre canoso entró.

-Déjala- dijo el hombre de cabello gris- ella se queda...-

-Pero...- dijo la chica, pero el hombre la interrumpió.

-Ella se queda- repitió- solo la trajimos para que no nos siguieran...-

La chica rubia asintió. Los dos hombres se llevaron a Cassandra, seguidos por la chica y el hombre canoso, quien cerró la puerta detrás de él.

Toda la tripulación desembarcó. Mientras era llevada por los dos hombres, Cassandra vio a Yazmín, quien le lanzó una mirada astuta y desapareció. A Cassandra no le gustó nada esa mirada.

-¿Qué hacemos ahora?- preguntó la chica rubia al hombre canoso, quienes estaban cerca de la joven hechicera.

-Préndanle fuego al barco-

-¿Qué dice?- dijo Cassandra al escuchar lo que dijo. Y al parecer, tampoco la chica rubia creía lo que había escuchado.

-Que le prendan fuego al barco- dijo el hombre canoso en voz alta, para que los marinos lo escuchen.

-¿Qué? ¡No!- gritó Cassandra, tratando en vano de zafarse de los dos hombres que la sostenían. El hombre canoso la miró sin inmutarse.

-Llévensela- ordenó. Los dos hombres se la llevaron del muelle, seguidos por la chica rubia. Cassandra se desesperó al ver a los marinos acercándose al barco con antorchas, y seguía forcejeando para liberarse.

-Iridia- pensó, concentrándose para que su cosmo llegue al de su amiga- ¡ponte el anillo! Tratan de matarte... ¡póntelo rápido!-

Dentro del barco, Iridia captó el mensaje y se puso el anillo.

Cassandra ya estaba lejos cuando escuchó una explosión proveniente del muelle.

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-Bien hecho, Yazmín- dijo Circe- una menos, y faltan cuatro, aunque Cristaly será la siguiente y Calipso ya se encargará de ella... tú lealtad será recompensada...-

-Gracias, señora-

-Ahora- dijo Circe- solo hay que esperar a que Calipso haga su trabajo... con un poco de ayuda...-

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Los dos hombres condujeron a Cassandra a una habitación pequeña, y la dejaron con la chica rubia. Esta comenzó a desatar sus manos, mientras la hechicera lloraba en silencio por lo que acababa de suceder. No sabía si Iridia estaba con vida o no.

-No llores- le dijo la chica rubia en voz baja- tu amiga sobrevivió...-

-¿Qué dices?-

-Yo la vi- dijo la chica- alcancé a ver una esfera de energía color blanco...-

Cassandra dejó de llorar: la chica no mentía. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

-Gracias- susurró Cassandra, una vez que la chica terminó de desatarla, y la miró a los ojos. Eran verdes como los de...

-¡Tus ojos!- exclamaron ambas al mismo tiempo. La otra chica estaba tan sorprendida como Cassandra.

-¿Quién eres?- preguntó la chica con interés.

-Me llamo Cassandra- dijo- soy hija de Circe-

La chica frunció el entrecejo.

-¿Y porqué te está haciendo esto?- pregunto la chica rubia- si eres su hija...-

-Porque la traicioné- dijo Cassandra, encogiéndose de hombros- larga historia...-

-Ya veo- dijo la chica.

-¿Y tú quien eres?- preguntó Cassandra.

-Soy la hija del hombre que te trajo- dijo- me llamo Electra-

-Gracias por todo, Electra- dijo Cassandra.

-Si necesitas algo, no dudes en decírmelo- dijo Electra- tengo algo que hacer, pero volveré en un rato...-

La joven salió, y Cassandra miró por la ventana. Deseaba que fuera cierto eso que Iridia estaba con vida, y esperaba que Mu la haya escuchado.

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-Tengan cuidado- dijo Aldebarán en voz baja.

-No te preocupes- dijo Mu- lo tendremos...-

-Calipso es una buena persona, Mu- dijo Tamara- estoy segura de que si retiene a Cristaly, es por miedo a Circe-

-Tamara tiene razón- dijo Arilla- pero aún así, tengan cuidado...-

-No se preocupen-dijo Saga. Mu asintió. Ambos se teletransportaron.

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Iridia alcanzó a llegar a tierra. Se había salvado de la explosión del barco gracias al anillo que Cassandra le había dado, conjurando una esfera de energía que la protegió. No lograba entender como su compañera había previsto que lo necesitaría.

-Tengo que volver al Santuario- se dijo- tengo que ir con Mu y avisarle donde está Cassandra...-

Pero una chica rubia la estaba observando. Era la misma chica del barco.

-Tú...- murmuró Iridia.

-Cálmate- dijo la chica- me llamo Electra. Vengo a avisarte que tu amiga está bien...por ahora. Escucha- agregó- se que mañana la llevarán a la isla de Circe....-

-¿Qué dices?-

-Sé que esa bruja malvada la quiere con vida- continuó Electra- y escuché que está preparando una trampa para un caballero dorado...-

-¡Mu!- dijo Iridia en voz baja.

-Vuelve a Atenas- dijo Electra- toma: con este pase ese barco te llevará. Yo ayudaré a evitar que se lleven a Cassandra...-

-Gracias- dijo Iridia- pero, ¿porqué nos ayudas?-

-Yo tengo mis razones- dijo Electra- ahora vete...-

Electra la observó partir.

-No hay duda de que Circe es una mujer malvada- murmuró Electra para sí- y no sé porqué mi padre la obedece...-

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Mu y Saga aparecieron en una isla. Miraron a su alrededor.

-Yo opino que es ese palacio, ¿no?- dijo Saga, señalando una estructura color blanco.

-Debe ser- dijo Mu- vamos...-

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En la casa de Escorpión, Milo no encontraba a Arilla por ninguna parte. Buscó por todo el Santuario, preocupado. Temía que le haya sucedido algo malo, como a Iridia, Cristaly y Cassandra.

Después de mucho buscar, la encontró bajo un árbol, llorando amargamente.

-¡Arilla!- exclamó Milo al llegar- ¿porqué dejaste las Doce Casas? Sabes que es peligroso que estés tú sola...-

-Yo lo...lo siento- dijo Arilla entre sollozos-yo... yo no...no era mi intención preocuparte...-

-No hay problema- dijo Milo, abrazando a Arilla- ya no llores...-

Arilla apoyó su cabeza en el pecho de Milo y siguió llorando. Asustado, Milo le dio un par de torpes palmaditas en la cabeza, pues nunca había tenido que consolar a alguien antes. La consoló como pudo y luego llevó de regreso a su casa.

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Mu y Saga llegaron a la entrada del palacio de Calipso, y pidieron a los guardias hablar con ella. Los guardias los guiaron a un vestíbulo. A ambos les recordaba mucho el palacio de Circe, salvo que este palacio estaba lleno de luz y colores, mientras que el de la hechicera era oscuro y lleno de trampas. Ahí esperaron hasta que Calipso llegó.

La bella ninfa era la criatura más hermosa que habían visto en su vida. Calipso tenía los ojos color verde azul, y sus cabellos rojos completamente lisos, y su cabeza adornada por delgadas diademas de oro. Llevaba un sencillo vestido blanco, que resaltaba la forma de su cuerpo. Los dos caballeros se quedaron asombrados al verla. Su belleza no era humana, sino sobrenatural.

-Ya se a lo que han venido, caballeros- dijo la bella ninfa. A pesar de su belleza, los dos caballeros dorados pudieron notar un toque de tristeza en su voz.

-Suenas triste- observó Mu.

-Y lo estoy- repuso la ninfa- ustedes deben saber que yo no tengo ningún deseo de oponerme a ustedes, pero Circe amenaza con destruir mi isla, mi palacio y mis súbditos si no obedezco...-

-Lo sabemos- dijo Saga- aún así, te pedimos que nos regreses a Cristaly...-

-Lo haré- dijo Calipso. Hizo una señal a dos de los guardias, y ambos se retiraron. Un par de minutos después volvieron, acompañando a Cristaly.

-¡Mu!¡Saga!- exclamó la joven, y le lanzó a los brazos del segundo. Saga la recibió y la abrazó.

-Ya pasó, Cristaly, todo está bien- dijo Saga- volveremos al Santuario...- y mientras decía eso, volteó a ver a Calipso, quien asintió.

-Váyanse- dijo la ninfa- yo no los detengo...-

Los caballeros sonrieron y se dieron la vuelta para irse.

-Esperen un momento- dijo Calipso- Circe mencionó que uno de ustedes me entregaría una carta...-

-Tienes razón- dijo Mu- aquí está...- y le entregó el papel azul.

Calipso leyó el contenido dirigido a Mu.

-¿Alguno de ustedes leyó la parte de abajo?- preguntó la ninfa. Mu y Saga negaron.

-No entendemos esos signos- dijo Mu. Calipso lo leyó para sí misma.

"Calipso: mata a la chica. El caballero de Aries es la recompensa que te prometí"

Calipso levantó una ceja sin entender. Pero, en ese momento, Eros estaba vigilando la escena atentamente. Apenas captó la momentánea distracción de Calipso, le clavó un dardo dorado en el corazón. La hermosa ninfa levantó la vista y miró a Mu.

Mu, Saga y Cristaly se disponían a marcharse, cuando escucharon a Calipso.

-Esperen...-

Los tres se volvieron, y vieron que la ninfa había encendido su cosmo, lista para atacarlos.

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CONTINUARÁ...