CAPITULO 7: MARPESA
Dos días después, en el Santuario de Atena, Tamara y Arilla vigilaban a Tai y Kiki, quienes jugaban en el patio. Cristaly dormía en la casa de Géminis, y Saga la vigilaba, preocupado. Llevaba dos días durmiendo mucho, y tenía muchas pesadillas, muy parecidas a las de Cassandra.
-Despierta, Cristaly- dijo Saga, moviéndola un poco. La joven abrió los ojos, recuperada de su pesadilla- ¿estás bien?- la joven asintió- ¿estás preocupada por ellas?-
-Por Iridia más que nada- dijo Cristaly- porque Circe la quería matar... a Cassandra la necesitaba con vida... Saga, Circe planea algo muy malo...-
-Lo sé- dijo Saga, abrazándola- pero no tengas miedo... estoy seguro de que todo va a salir bien...-
-Eso espero- dijo Cristaly tristemente, bajando la vista.
-Te lo prometo, Cristaly- dijo Saga- no te preocupes...-
Mientras tanto, Tamara hablaba con Arilla.
-Es extraño- dijo Tamara- ¿porqué Calipso está haciendo eso?-
-No lo sé- dijo Arilla- pero es seguro que Circe está detrás de ello... tal vez la amenazó...-
En ese momento, ambas sintieron el cosmo conocido de otra hechicera. Se miraron entre ellas.
-No lo puede ser...- murmuró Tamara- creí que ella estaba...-
-Si Circe la había...- dijo Arilla.
Vieron acercarse a una joven conocida de cabellos castaños. Tenía un vestido blanco algo desgarrado, del cual la manga derecha estaba totalmente rota y su brazo tenía una herida. Caminaba con la cabeza abajo.
-¡Marpesa!- dijeron Tamara y Arilla al mismo tiempo. La recién llegada levantó la vista y sonrió. Arilla estuvo a punto de dar un paso adelante, cuando sintió que el brazo de Tamara la detuvo y se lo impidió.
-¿Qué te pasa?- preguntó Arilla.
-No lo hagas- dijo Tamara- mira sus ojos...-
Arilla los miró. Eran rojos.
-¡Está siendo controlada por Circe!- dijo Arilla- Tamara, corre y llévate a Tai, yo la detendré...-
-¿Tu sola? No podrás...- dijo Tamara- recuerda que ella es muy poderosa...-
Marpesa encendió su cosmo, e hizo aparecer una vara en su mano derecha, con la cual les apuntó a las otras chicas.
-¿Qué haces?- dijo Tamara.
-¡Calla!- dijo Marpesa- tengo órdenes de destruirlas y eso haré...-
-¡Detente!- dijo Arilla. Marpesa la ignoró. Estaba a punto de atacarlas, cuando algo la hizo caer. Mejor dicho, alguien. Una chica rubia, vestida de negro. Le arrancó la vara de las manos y la rompió. También le quitó el brazalete antes de ser lanzada lejos por el poder de Marpesa.
-¡Iridia!- exclamó Arilla, sorprendida- ¿estás bien?-
-Sí- dijo ella- escuchen: tenemos que quitarle ese collar...-
-Vaya, vaya...- dijo una voz- ¿así que sigues con vida?-
Arilla y Tamara voltearon sorprendidas. Iridia no lo hizo, porque ya sabía quien era.
-¿Y qué haces aquí, Yazmín?- preguntó Iridia- ¿asegurarte de que Marpesa haga su trabajo?-
-Algo así- dijo Yazmín- y mira lo que me encontré...- tenía a un pequeño niño rubio con ella.
-¡Tai!- exclamó Tamara.
-No te preocupes por él, Tamara- dijo Yazmín- pronto irá a hacerte compañía. Marpesa, mátalas a las tres...- y, diciendo esto, desapareció llevándose al niño.
-No...- murmuró Tamara.
-Espera, Tamara- dijo Arilla- para salvar a Tai, necesitamos sobrevivir primero...-
Tras unos minutos de pelea, las tres hechiceras estaban muy heridas, pues el poder de Marpesa era muy grande, y no lograban acercarse a ella para quitarle su amuleto y romper el hechizo de Circe.
-¿A quien acabaré primero?- murmuró Marpesa- tal vez a ti...- dijo acercándose a Iridia. Ésta se defendió del ataque activando el anillo que Cassandra le había dado en el barco. Aún así, fue herida de nuevo.
-Ese anillito de nada te servirá- dijo Marpesa- si aumento mi poder un poco más, morirás...-
-¡Detente!- ordenó una voz fría. Era Camus. Y no venía solo: también Shaka, Milo y Aioros habían salido, al escuchar que algo estaba sucediendo.
-No serán ustedes quienes me detengan, caballero- dijo Marpesa- ya es muy tarde...- y se volvió para atacar a Iridia, pero Camus la congeló hasta la cintura. Por atrás, Aioros la tomó de las muñecas con fuerza para que no ataque.
Camus se acercó a Iridia y le ofreció su mano.
-¿Estás bien?- dijo Camus.
-Sí...- dijo ella, asombrada del ligero tono de preocupación en la voz de Camus.
-Shaka- dijo Tamara, llorando- se han llevado a Tai...-
-¿Qué dices? ¿qué sucedió?- dijo Shaka, pero Tamara no pudo responder, porque Marpesa gritaba y forcejeaba para librarse de Aioros.
-¡Sueltame!-
-Aioros, quítale el amuleto- dijo Milo. Aioros obedeció. Al serle retirado el amuleto, Marpesa tembló y cerró los ojos, herida por la luz. Se sintió débil. Aioros la sacó del hielo. Una vez libre, Marpesa cayó de rodillas y comenzó a llorar con amargura.
-Lo siento, lo siento...- dijo- no quería hacerlo... pero caí en la trampa de Circe... ella...-
-No te preocupes- dijo Aioros, arrodillándose junto a ella para tranquilizarla- no fue tu culpa...-
-Tamara, escucha- dijo Marpesa, aún entre sollozos- se que Tai estará bien... lo quieren para amenazar a Cassandra-
-¿Y tu sabes porqué la quiere con vida?- preguntó Tamara.
-Sí- dijo Marpesa con tristeza- y lo siento por ella, porque le espera un destino mucho peor que la muerte...-
-¿Qué dices?- preguntó Iridia.
-Sí- continuó Marpesa- Circe hizo un pacto con la diosa Afrodita para que la ayude a vengarse de ustedes... y a cambio, la diosa quiere a Cassandra con vida...-
-Pero, ¿para qué?- preguntó Arilla.
-¿No lo adivinas?- preguntó Marpesa.
-¡Imposible!- dijo Arilla, comprendiéndolo todo- no podemos permitirlo-
-Yo sé donde está- dijo Iridia- está en la isla de Argos...pero para esta hora debe estar camino a Ea...-
-No fue así- dijo Marpesa- Circe estaba furiosa porque Cassandra se escapó...-
-Está bien- dijo Shaka- ustedes- dijo a las chicas- vuelvan a la casa donde estaban, y traten de no salir de ellas...-
-De acuerdo- dijeron ellas.
-Aioros, ¿puedes hacerte cargo de ella?- dijo Shaka, señalando a Marpesa. Aioros asintió y ayudó a la chica a levantarse. Al abrir los ojos, Marpesa fue forzada a cerrarlos de nuevo.
-¿Qué pasa?- preguntó Aioros.
-No puedo ver- dijo Marpesa- la luz me molesta mucho...-
-No importa- le dijo Aioros- dame tu mano y yo le guiaré...-
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Cassandra llevaba dos días escondida en el templo. Electra le llevaba algunas cosas. Orestes, el hermano de Electra, vigilaba los alrededores. Mientras se daba una vuelta por el templo, Cassandra encontró el altar y una estatua de Apolo. Recordó la noche en la que había sido raptada por el dios. Suspiró. Parecía que la estatua la seguía con la vista.
-¿Porqué haces esto?- dijo Cassandra- ¿qué no te das cuenta que Afrodita y mi madre están jugando contigo?-
-¿Qué dices?- dijo Apolo, no a través de la estatua, sino materializándose frente a ella. La chica se asustó al ver la expresión del dios- ¿jugando dices? ¿acaso Afrodita y Eros han...?- pero lo comprendió- ahora entiendo todo...-
-Lo siento- dijo Cassandra, cabizbaja. Apolo cambió su rostro indignado por una sonrisa benévola.
-No lo sientas-dijo el dios, haciendo que la chica levante su rostro- no es tu culpa... ahora entiendo. Escucha- continuó- desde ahora, te prometo que todo será diferente. Yo te ayudaré a librarte de Circe de una vez por todas-
-No es Circe quien me preocupa...-
-No te preocupes por Mu- dijo Apolo- él también ha llorado mucho por ti. Está atrapado en la isla de la ninfa Calipso. Ahí, tu caballero sufre, porque Calipso se ha enamorado de él, y las palabras de amor de la ninfa son más dolorosas que si fueran cadenas. Aún te es fiel, y no ha olvidado el peligro en el que estás...-
-Mu...- dijo ella tristemente.
-No te entristezcas- dijo Apolo- dentro de un rato, unas hechiceras vendrán con tu padre para llevarte ante Circe...-
-¿Mi padre?- exclamó ella- ¿quién...?-
-Luego lo sabrás- dijo Apolo- escúchame. Entrégate, para que no lastimen a Electra y Orestes. Mu irá a salvarte, porque le diré a Calipso que lo deje ir. Cuidado- agregó el dios- tu madre tiene malvados planes para ti, así que resiste hasta que Mu llegue...-
Cassandra asintió, y el dios desapareció.
En ese momento, la joven escuchó disparos y gritos fuera. Algunos pertenecían a Electra y a su hermano. Otros, a Yaria, la bruja más cercana a Circe. Cassandra corrió hacia la entrada, donde Electra y Orestes impedían la entrada a los hombres que llegaron. El padre de ambos no parecía dispuesto a detener el ataque. Junto a él, estaban Yaria y varias hechiceras.
-¡Padre!- gritó Orestes- ¡detente!-
-¡Ya basta!- dijo el hombre- si no se hacen a un lado, los mataré también-
-¿Qué sucede contigo?- dijo Electra.
-Está siendo controlado por ellas- dijo Cassandra, saliendo.
-¡Cassandra, entra!- dijo Electra- no podemos permitir que te lleven...-
-Apolo me lo ha ordenado, Electra- dijo ella- no quiere que ustedes sean lastimados...-
-Cassandra...- murmuró Orestes. Ella sonrió.
-No te preocupes por mí...- dijo, y se entregó a las hechiceras, quienes la sujetaron.
Electra y Orestes los miraron partir.
-Electra- dijo Orestes- ¿es cierto lo que nos dijo nuestra madre?-
-Sí- dijo Electra- y me sorprende que no lo hayas notado antes: tiene los mismos ojos que nuestro padre... y que nosotros dos- suspiró- no quisiera perder a nuestra hermana-
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Mientras, Calipso contemplaba el horizonte, entristecida. La hermosa ninfa se sentía desdichada.
-¿Porqué no me ama?- murmuró para sí misma.
-Los dos sufrimos de lo mismo, según veo- dijo Apolo, apareciendo.
-¡Apolo!- exclamó la ninfa- ¿a qué has venido?-
-Pero si ya te lo imaginas- dijo el dios- vengo a ordenarte que dejes ir al caballero de Atena-
-¡Pero Apolo!- protestó Calipso- si hago eso, sufriré para siempre...-
-Tu sufrimiento es una ilusión, Calipso- dijo Apolo- tú, al igual que yo, has caído en la trampa de Afrodita y Circe...-
-¿Qué dices?-
-Sí, digo que Eros nos ha hecho enamorarnos de quien no debemos...-
Con esas palabras, Calipso lo comprendió.
-Está bien- dijo Calipso- lo dejaré ir-
Apolo sonrió y le entregó un pequeño anillo dorado.
-Sabía que comprenderías- dijo Apolo, desapareciendo.
Calipso se levantó y se encaminó hacia la playa, donde Mu miraba el mar con tristeza.
-Seca tus lágrimas, Mu- dijo la ninfa- puedes irte...-
-¿Lo dices enserio?-
Calipso asintió.
-Circe jugó conmigo igual que con Apolo- dijo- ve rápido al Circeo, a salvar a Cassandra, porque te queda poco tiempo...-
-Iré- dijo Mu- y muchas gracias...-
-Toma- dijo Calipso, entregándole el anillo de oro- es para ella...-
Mu sonrió y desapareció.
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Ya estaba oscureciendo en el Santuario. En la casa de Sagitario, Marpesa ya había tomado un baño y se había cambiado el vestido roto. Luego, Aioros le había administrado unas gotas en los ojos. Después de un rato, Marpesa ya pudo abrir los ojos y contemplar al caballero.
-¿Te sientes mejor?- preguntó Aioros.
-Sí- dijo ella- gracias-
-No fue nada- dijo Aioros con un suspiro- bueno, supongo que te sientes mejor ahora que eres libre...-
-Supongo que sí- dijo ella- aunque...quisiera ayudar a Cassandra de algún modo...-
Aioros sonrió.
-No te preocupes- dijo- de seguro encontrarás una manera...-
Marpesa levantó la vista y sonrió. Al caballero le pareció mucho más hermosa que nunca. Sus cabellos castaños formaban caireles junto a su rostro, a manera de marco, y sus hermosos ojos azules se resaltaban por el rojo de sus mejillas. Parecía una muñeca.
-¿Qué...?- preguntó ella, algo nerviosa de que el caballero la observara así.
-Nada...- respondió Aioros, también sonrojado- yo... solo... err... tienes unos ojos muy lindos...-
-Gracias- dijo ella, aún nerviosa.
-Eh, bueno- dijo Aioros- te dejaré que descanses... esta es tu habitación... siéntete en libertad de pedirme lo que necesites...-
-Te lo agradezco- dijo ella. Aioros salió, y Marpesa sonrió. Ya no se sentía sola y, por primera vez en varios meses, dormiría en una cama.
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CONTINUARA...
Dos días después, en el Santuario de Atena, Tamara y Arilla vigilaban a Tai y Kiki, quienes jugaban en el patio. Cristaly dormía en la casa de Géminis, y Saga la vigilaba, preocupado. Llevaba dos días durmiendo mucho, y tenía muchas pesadillas, muy parecidas a las de Cassandra.
-Despierta, Cristaly- dijo Saga, moviéndola un poco. La joven abrió los ojos, recuperada de su pesadilla- ¿estás bien?- la joven asintió- ¿estás preocupada por ellas?-
-Por Iridia más que nada- dijo Cristaly- porque Circe la quería matar... a Cassandra la necesitaba con vida... Saga, Circe planea algo muy malo...-
-Lo sé- dijo Saga, abrazándola- pero no tengas miedo... estoy seguro de que todo va a salir bien...-
-Eso espero- dijo Cristaly tristemente, bajando la vista.
-Te lo prometo, Cristaly- dijo Saga- no te preocupes...-
Mientras tanto, Tamara hablaba con Arilla.
-Es extraño- dijo Tamara- ¿porqué Calipso está haciendo eso?-
-No lo sé- dijo Arilla- pero es seguro que Circe está detrás de ello... tal vez la amenazó...-
En ese momento, ambas sintieron el cosmo conocido de otra hechicera. Se miraron entre ellas.
-No lo puede ser...- murmuró Tamara- creí que ella estaba...-
-Si Circe la había...- dijo Arilla.
Vieron acercarse a una joven conocida de cabellos castaños. Tenía un vestido blanco algo desgarrado, del cual la manga derecha estaba totalmente rota y su brazo tenía una herida. Caminaba con la cabeza abajo.
-¡Marpesa!- dijeron Tamara y Arilla al mismo tiempo. La recién llegada levantó la vista y sonrió. Arilla estuvo a punto de dar un paso adelante, cuando sintió que el brazo de Tamara la detuvo y se lo impidió.
-¿Qué te pasa?- preguntó Arilla.
-No lo hagas- dijo Tamara- mira sus ojos...-
Arilla los miró. Eran rojos.
-¡Está siendo controlada por Circe!- dijo Arilla- Tamara, corre y llévate a Tai, yo la detendré...-
-¿Tu sola? No podrás...- dijo Tamara- recuerda que ella es muy poderosa...-
Marpesa encendió su cosmo, e hizo aparecer una vara en su mano derecha, con la cual les apuntó a las otras chicas.
-¿Qué haces?- dijo Tamara.
-¡Calla!- dijo Marpesa- tengo órdenes de destruirlas y eso haré...-
-¡Detente!- dijo Arilla. Marpesa la ignoró. Estaba a punto de atacarlas, cuando algo la hizo caer. Mejor dicho, alguien. Una chica rubia, vestida de negro. Le arrancó la vara de las manos y la rompió. También le quitó el brazalete antes de ser lanzada lejos por el poder de Marpesa.
-¡Iridia!- exclamó Arilla, sorprendida- ¿estás bien?-
-Sí- dijo ella- escuchen: tenemos que quitarle ese collar...-
-Vaya, vaya...- dijo una voz- ¿así que sigues con vida?-
Arilla y Tamara voltearon sorprendidas. Iridia no lo hizo, porque ya sabía quien era.
-¿Y qué haces aquí, Yazmín?- preguntó Iridia- ¿asegurarte de que Marpesa haga su trabajo?-
-Algo así- dijo Yazmín- y mira lo que me encontré...- tenía a un pequeño niño rubio con ella.
-¡Tai!- exclamó Tamara.
-No te preocupes por él, Tamara- dijo Yazmín- pronto irá a hacerte compañía. Marpesa, mátalas a las tres...- y, diciendo esto, desapareció llevándose al niño.
-No...- murmuró Tamara.
-Espera, Tamara- dijo Arilla- para salvar a Tai, necesitamos sobrevivir primero...-
Tras unos minutos de pelea, las tres hechiceras estaban muy heridas, pues el poder de Marpesa era muy grande, y no lograban acercarse a ella para quitarle su amuleto y romper el hechizo de Circe.
-¿A quien acabaré primero?- murmuró Marpesa- tal vez a ti...- dijo acercándose a Iridia. Ésta se defendió del ataque activando el anillo que Cassandra le había dado en el barco. Aún así, fue herida de nuevo.
-Ese anillito de nada te servirá- dijo Marpesa- si aumento mi poder un poco más, morirás...-
-¡Detente!- ordenó una voz fría. Era Camus. Y no venía solo: también Shaka, Milo y Aioros habían salido, al escuchar que algo estaba sucediendo.
-No serán ustedes quienes me detengan, caballero- dijo Marpesa- ya es muy tarde...- y se volvió para atacar a Iridia, pero Camus la congeló hasta la cintura. Por atrás, Aioros la tomó de las muñecas con fuerza para que no ataque.
Camus se acercó a Iridia y le ofreció su mano.
-¿Estás bien?- dijo Camus.
-Sí...- dijo ella, asombrada del ligero tono de preocupación en la voz de Camus.
-Shaka- dijo Tamara, llorando- se han llevado a Tai...-
-¿Qué dices? ¿qué sucedió?- dijo Shaka, pero Tamara no pudo responder, porque Marpesa gritaba y forcejeaba para librarse de Aioros.
-¡Sueltame!-
-Aioros, quítale el amuleto- dijo Milo. Aioros obedeció. Al serle retirado el amuleto, Marpesa tembló y cerró los ojos, herida por la luz. Se sintió débil. Aioros la sacó del hielo. Una vez libre, Marpesa cayó de rodillas y comenzó a llorar con amargura.
-Lo siento, lo siento...- dijo- no quería hacerlo... pero caí en la trampa de Circe... ella...-
-No te preocupes- dijo Aioros, arrodillándose junto a ella para tranquilizarla- no fue tu culpa...-
-Tamara, escucha- dijo Marpesa, aún entre sollozos- se que Tai estará bien... lo quieren para amenazar a Cassandra-
-¿Y tu sabes porqué la quiere con vida?- preguntó Tamara.
-Sí- dijo Marpesa con tristeza- y lo siento por ella, porque le espera un destino mucho peor que la muerte...-
-¿Qué dices?- preguntó Iridia.
-Sí- continuó Marpesa- Circe hizo un pacto con la diosa Afrodita para que la ayude a vengarse de ustedes... y a cambio, la diosa quiere a Cassandra con vida...-
-Pero, ¿para qué?- preguntó Arilla.
-¿No lo adivinas?- preguntó Marpesa.
-¡Imposible!- dijo Arilla, comprendiéndolo todo- no podemos permitirlo-
-Yo sé donde está- dijo Iridia- está en la isla de Argos...pero para esta hora debe estar camino a Ea...-
-No fue así- dijo Marpesa- Circe estaba furiosa porque Cassandra se escapó...-
-Está bien- dijo Shaka- ustedes- dijo a las chicas- vuelvan a la casa donde estaban, y traten de no salir de ellas...-
-De acuerdo- dijeron ellas.
-Aioros, ¿puedes hacerte cargo de ella?- dijo Shaka, señalando a Marpesa. Aioros asintió y ayudó a la chica a levantarse. Al abrir los ojos, Marpesa fue forzada a cerrarlos de nuevo.
-¿Qué pasa?- preguntó Aioros.
-No puedo ver- dijo Marpesa- la luz me molesta mucho...-
-No importa- le dijo Aioros- dame tu mano y yo le guiaré...-
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Cassandra llevaba dos días escondida en el templo. Electra le llevaba algunas cosas. Orestes, el hermano de Electra, vigilaba los alrededores. Mientras se daba una vuelta por el templo, Cassandra encontró el altar y una estatua de Apolo. Recordó la noche en la que había sido raptada por el dios. Suspiró. Parecía que la estatua la seguía con la vista.
-¿Porqué haces esto?- dijo Cassandra- ¿qué no te das cuenta que Afrodita y mi madre están jugando contigo?-
-¿Qué dices?- dijo Apolo, no a través de la estatua, sino materializándose frente a ella. La chica se asustó al ver la expresión del dios- ¿jugando dices? ¿acaso Afrodita y Eros han...?- pero lo comprendió- ahora entiendo todo...-
-Lo siento- dijo Cassandra, cabizbaja. Apolo cambió su rostro indignado por una sonrisa benévola.
-No lo sientas-dijo el dios, haciendo que la chica levante su rostro- no es tu culpa... ahora entiendo. Escucha- continuó- desde ahora, te prometo que todo será diferente. Yo te ayudaré a librarte de Circe de una vez por todas-
-No es Circe quien me preocupa...-
-No te preocupes por Mu- dijo Apolo- él también ha llorado mucho por ti. Está atrapado en la isla de la ninfa Calipso. Ahí, tu caballero sufre, porque Calipso se ha enamorado de él, y las palabras de amor de la ninfa son más dolorosas que si fueran cadenas. Aún te es fiel, y no ha olvidado el peligro en el que estás...-
-Mu...- dijo ella tristemente.
-No te entristezcas- dijo Apolo- dentro de un rato, unas hechiceras vendrán con tu padre para llevarte ante Circe...-
-¿Mi padre?- exclamó ella- ¿quién...?-
-Luego lo sabrás- dijo Apolo- escúchame. Entrégate, para que no lastimen a Electra y Orestes. Mu irá a salvarte, porque le diré a Calipso que lo deje ir. Cuidado- agregó el dios- tu madre tiene malvados planes para ti, así que resiste hasta que Mu llegue...-
Cassandra asintió, y el dios desapareció.
En ese momento, la joven escuchó disparos y gritos fuera. Algunos pertenecían a Electra y a su hermano. Otros, a Yaria, la bruja más cercana a Circe. Cassandra corrió hacia la entrada, donde Electra y Orestes impedían la entrada a los hombres que llegaron. El padre de ambos no parecía dispuesto a detener el ataque. Junto a él, estaban Yaria y varias hechiceras.
-¡Padre!- gritó Orestes- ¡detente!-
-¡Ya basta!- dijo el hombre- si no se hacen a un lado, los mataré también-
-¿Qué sucede contigo?- dijo Electra.
-Está siendo controlado por ellas- dijo Cassandra, saliendo.
-¡Cassandra, entra!- dijo Electra- no podemos permitir que te lleven...-
-Apolo me lo ha ordenado, Electra- dijo ella- no quiere que ustedes sean lastimados...-
-Cassandra...- murmuró Orestes. Ella sonrió.
-No te preocupes por mí...- dijo, y se entregó a las hechiceras, quienes la sujetaron.
Electra y Orestes los miraron partir.
-Electra- dijo Orestes- ¿es cierto lo que nos dijo nuestra madre?-
-Sí- dijo Electra- y me sorprende que no lo hayas notado antes: tiene los mismos ojos que nuestro padre... y que nosotros dos- suspiró- no quisiera perder a nuestra hermana-
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-¿Porqué no me ama?- murmuró para sí misma.
-Los dos sufrimos de lo mismo, según veo- dijo Apolo, apareciendo.
-¡Apolo!- exclamó la ninfa- ¿a qué has venido?-
-Pero si ya te lo imaginas- dijo el dios- vengo a ordenarte que dejes ir al caballero de Atena-
-¡Pero Apolo!- protestó Calipso- si hago eso, sufriré para siempre...-
-Tu sufrimiento es una ilusión, Calipso- dijo Apolo- tú, al igual que yo, has caído en la trampa de Afrodita y Circe...-
-¿Qué dices?-
-Sí, digo que Eros nos ha hecho enamorarnos de quien no debemos...-
Con esas palabras, Calipso lo comprendió.
-Está bien- dijo Calipso- lo dejaré ir-
Apolo sonrió y le entregó un pequeño anillo dorado.
-Sabía que comprenderías- dijo Apolo, desapareciendo.
Calipso se levantó y se encaminó hacia la playa, donde Mu miraba el mar con tristeza.
-Seca tus lágrimas, Mu- dijo la ninfa- puedes irte...-
-¿Lo dices enserio?-
Calipso asintió.
-Circe jugó conmigo igual que con Apolo- dijo- ve rápido al Circeo, a salvar a Cassandra, porque te queda poco tiempo...-
-Iré- dijo Mu- y muchas gracias...-
-Toma- dijo Calipso, entregándole el anillo de oro- es para ella...-
Mu sonrió y desapareció.
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Ya estaba oscureciendo en el Santuario. En la casa de Sagitario, Marpesa ya había tomado un baño y se había cambiado el vestido roto. Luego, Aioros le había administrado unas gotas en los ojos. Después de un rato, Marpesa ya pudo abrir los ojos y contemplar al caballero.
-¿Te sientes mejor?- preguntó Aioros.
-Sí- dijo ella- gracias-
-No fue nada- dijo Aioros con un suspiro- bueno, supongo que te sientes mejor ahora que eres libre...-
-Supongo que sí- dijo ella- aunque...quisiera ayudar a Cassandra de algún modo...-
Aioros sonrió.
-No te preocupes- dijo- de seguro encontrarás una manera...-
Marpesa levantó la vista y sonrió. Al caballero le pareció mucho más hermosa que nunca. Sus cabellos castaños formaban caireles junto a su rostro, a manera de marco, y sus hermosos ojos azules se resaltaban por el rojo de sus mejillas. Parecía una muñeca.
-¿Qué...?- preguntó ella, algo nerviosa de que el caballero la observara así.
-Nada...- respondió Aioros, también sonrojado- yo... solo... err... tienes unos ojos muy lindos...-
-Gracias- dijo ella, aún nerviosa.
-Eh, bueno- dijo Aioros- te dejaré que descanses... esta es tu habitación... siéntete en libertad de pedirme lo que necesites...-
-Te lo agradezco- dijo ella. Aioros salió, y Marpesa sonrió. Ya no se sentía sola y, por primera vez en varios meses, dormiría en una cama.
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CONTINUARA...
