===========================
Hamburguesas y patatas fritas.
Ukyô está en juego.
El desafío doble de Ranma.
===========================
2. La harina del sentimiento. Una carrera para tres.
UTCHAN –okonomiyaki-
—¿Karts de cojinetes? ¿Una carrera colina abajo?
—Sí —contestó Ranma con tono despreocupado.
El establecimiento estaba casi vacío, de modo que nada impedía a Ukyô apartarse del trabajo unos instantes para contemplar a su apuesto prometido mientras devoraba con ansia un okonomiyaki preparado con la "receta especial". "Sigue comiendo, cariño" pensaba. "Mientras sigas degustando mi receta del amor incondicional nada podrá separarnos".
—Es pan comido —continuó Ranma.
—¿Y en qué consiste?
—No lo sé, pero no puede ser difícil
-TLONK-
—¡¡Pues infórmate!! —El mango de la pala de Ukyô se dobló sobre la cabeza de Ranma. —¡Qué te estás jugando a tu prometida!
DOJO TENDO –Estilo Musabetsu Kakutô-
—Kasumi, hija, ¿qué es ese ruido?
—No lo sé, papá. Creí que era el calentador del agua, pero parece que viene de otro lado.
—Suena como un rechinar de dientes —apuntó Nabiki. —Y parece que viene del cuarto de Akane.
-ÑiiiIIIC ÑiiiIIIC ÑiiiIIIC-
Los tres se detuvieron ante la puerta de Akane y pegaron la oreja para tratar de averiguar qué pasaba.
—MAL-DI-TO RAN-MAAAAA —decía Akane entre dientes. Estaba sola en la habitación, sentada en su escritorio frente al cuaderno de inglés. En su mano sujetaba los restos de un lápiz hecho pedazos de tanto apretarlo. —¿Cómo te has atrevido ha hacerme ésto? Delante de toda la clase. Todo el mundo la ha visto. Solo te ha faltado el beso. ¡IMBÉCIL, IMBÉCIL, IMBÉCIL!
Nabiki, Kasumi y el señor Tendô respiraron con alivio al oír las palabras de Akane.
—¡Éso significa…! —dijo Sôun.
—¡Sssshhhh! ¡Que te va a oír, papá! —le espetó Nabiki.
—Éso significa que… ¡Ranma por fin le ha confesado su amor en público! —Alrededor del señor Tendô apareció un ejército de ángeles de mirada traviesa que anunciaban la buena nueva al toque de corneta, mientras una manada de adorables conejitos, ovejitas y pajaritos pasaba dando brincos frente a él. Sus ojos se pusieron brillantes, comenzando a verter cataratas de lágrimas de auténtica felicidad. —¡Aaaaahh! ¡Soy tan feliz!
En ese momento se abrió la puerta y apareció Akane, muy seria y con el gesto torcido.
—¡¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí?! —gruñó.
—¡A mis brazos mi pequeña Akane! ¡Cuánto he esperado que llegara este momento!
—¿Pero de qué habla? —preguntó mirando a sus hermanas.
—Pues creo que está claro —contestó Nabiki.
—Los tres nos alegramos de que Ranma y tú por fin tengáis las cosas más claras —continuó Kasumi, son su eterno semblante risueño.
La cabeza de Akane crecía por momentos y su mirada se hacía cada vez más sombría mientras su padre la abrazaba, aún derramando lágrimas alegría.
—¡¡¡¿Pero cómo podéis decir éso??!!! —y gritando, con los ojos inundados por las lágrimas, Akane corrió escaleras abajo y salió a la calle.
—¡Akane…! —dijo Kasumi echando a andar para seguirla, pero el tacto de la mano de su padre sobre su hombro la hizo detenerse.
—Kasumi, déjala. Debe haber sido un día duro. Demasiadas emociones... Seguramente irá a buscar a Ranma para refugiarse en sus brazos.
Nabiki se quedó cruzada de brazos contemplando la escena sin decir palabra. "En esta casa nadie tiene remedio", pensaba. "Nadie menos yo, claro".
Después de salir del restaurante de Ukyô, Ranma se dedicó a vagar por el barrio, pensando en alguna manera de averiguar en qué consistía el desafío de que le había lanzado Burguer.
—Carrera de karts de cojinetes colina abajo —se decía, pensativo. "Mmmhhh... Lo de carrera colina abajo lo tengo claro, pero lo del kart de cojinetes..." Estaba claro que quien mejor podía aclararle sus dudas era el mismo Burguer Jonhson, pero por supuesto no tenía la más mínima intención de rebajarse hasta el punto de tener que preguntar a su adversario. Habría sido una vergüenza para él. Necesitaba saber cuanto antes en qué consistía esa carrera; su prometida estaba en juego.
Tras dos horas recorriendo librerías y bibliotecas buscando información que le diera algún tipo de pista sobre lo que estaba buscando, Ranma golpeó la palma de su mano con su puño. "¡Ya lo tengo! ¡Ryôga debe de saber de qué se trata! Ha viajado tanto a base de perderse que alguna vez ha tenido que oír hablar de estas competiciones". Sin pensarlo dos veces, echó a correr en dirección a casa de Ryôga. "Empiezo a tener hambre, pero antes de volver a casa para cenar necesito que Ryôga me aclare en qué consisten esas carreras". Dos horas pensando en la manera de afrontar este nuevo reto le habían ha abierto el apetito. Ranma seguía corriendo, repitiéndose una y otra vez que iba a vencer a ese idiota de Burguer. "Voy a vencerlo sea como sea. No pienso entregarle a mi prometida. ¡No pienso hacerlo! ¡¡NO PIENSO ENTREGARLE A AKANEEEEE!!".
Pero...
-HiiiiiiIIIIIIIIIISSSSSsssss-
...Ranma dejó de correr en seco, dándose en la boca con la palma de la mano. "¡Ahí va! ¿Mi prometida? ¿Akane? Pero si lo de esta mañana ha sido con Ukyô...". Ranma notaba cierto nerviosismo creciendo en su interior. "¿Y ahora qué hago?" Empezó a saltar por aquí y por allá tratando de despejar las incógnitas; se subía a una verja, se encaramaba a un poste, saltaba sobre un contenedor... "Un momento... Tampoco pasa nada grave, ¿no? Solo se trata de evitar que Ukyô caiga en las manos de ese devorador de hamburguesas. Para nada tengo intención de irme con Ukyô, así que Akane no tiene porqué enfadarse; solo es un favor a una amiga. Pero entonces... ¿Por qué se ha enfadado esta mañana cuando ha aparecido Ukyô en clase?"
Diez minutos más tarde, Ranma llegaba a la puerta de la residencia Hibiki.
—¿Ryô-chan? Hace cinco días que no lo veo. Supongo que no tardará mucho en venir —dijo la señora Hibiki. —Si lo esperas un poco, puede que venga en uno o dos días.
—Pero ¡no puedo esperar tanto!
En ese momento, una voz conocida sonó a unos pocos metros de allí:
—¡Ranma! ¡¿Es cierto eso que dicen?! —Ryôga venía cargado con todo tipo de recuerdos de varios rincones de Japón.
—¡Ryôga! —dijo Ranma, dirigiéndose hacia él dando saltitos y con los brazos abiertos, pero...
-POK- Justo en la punta de la nariz -
...la sombrilla plegada de Ryôga lo detuvo en su avance.
—Dime, Ranma: ¿es verdad que has apostado a tu prometida?
Las palabras de Ryôga resonaron en su cabeza. "...tu prometida, prometida, prometida..." Resonaban una y otra vez en la cabeza de Ranma."...tu prometida, tu prometida, tu prometida..."
—¿A mi prometida?
—¡No tienes perdón! —dijo Ryôga, colérico, lanzando un ataque contra Ranma. —¡¡KHYYAAAAAA!! ¡¡¿Cómo te atreves a apostar a Akane?!! ¡¡Maldito!!
—¿A Akane? ¡AAAH! ¡No! ¡Esperaaaaa!
-CRONK-
CLÍNICA ONO –traumatología, acupuntura, moxa-
—¿Qué sucede, Akane? —Sus ojos estaban vidriosos y su semblante era claramente triste. No era la primera vez que Akane iba a ver al doctor para desahogarse, y él sabía cual era el motivo de la improvisada visita de Akane.
—Docto-o-o-or —sollozaba ella.
—Vamos, vamos, tranquila.
—No lo aguanto más. ¿Por qué tiene que burlarse de mí de esa manera?
—Espera. Te traeré una taza de té.
Unos minutos más tarde, sentada a la mesa frente a una taza de té, Akane se encontraba más tranquila.
—...de modo —dijo el doctor— que ¿Ukyô y Ranma se abrazaron esta mañana delante de toda la clase?
—Aha —asintió ella, cabizbaja.
—Mmmmhhh... y dices que fue justo después de probar un okonomiyaki de Ukyô. —El doctor Tôfû permaneció en silencio unos segundos, pensativo, y de repente, como un resorte, se levantó de la silla dando un grito ahogado. —¡Ah! ¡¡Qué técnica más temible!!
Akane lo miraba fíjamente, asombrada por el súbito cambio en la expresión normalmente tranquila del doctor.
—Doctor, ¿qué es lo que ocurre?
—Akane ¿alguien más comió de ese okonomiyaki?
—Pues... no sé —dijo encogiéndose de hombros. —¿Eso importa?
—Puede que Ranma haya sido víctima de una temible técnica milenaria. ¡¡LA TÉCNICA DEFINITIVA DEL SENTIMIENTO ALIMENTICIO!!
Desde hace varios siglos —continuó el doctor—, las dinastías chinas se han servido de esta técnica para influir en las personas que los rodeaban. La técnica consistía en preparar los alimentos con una harina especial, cuyo grano había crecido siendo regado por agua traída ex-profeso de los manantiales de Jusenkyo. En el momento de elaborar los platos con esa harina, la persona que cocinaba podía verter sus sentimientos en la comida. De esa manera, quien más tarde se comiera el plato preparado con la Harina del Sentimiento reaccionaría comportándose de la manera en que lo había deseado el cocinero. Esto permitía controlar a las personas a las que las dinastías chinas temían; estrechaban los lazos con los amigos, y mantenía a raya a los enemigos. Por éso es importante saber si alguien más comió de ese okonomiyaki.
—Entonces... "ni Ranma ni el nuevo saltaron a los brazos de Ukyô por voluntad propia" —pensó Akane.
—Mientras siga comiendo okonomiyakis de Ukyô preparados con la Harina del Sentimiento, Ranma hará lo que Ukyô haya deseado que haga Ranma en el momento de cocinarlos...
"...de modo, que si yo consigo esa harina..."
...pero eso puede ser muy peligroso...
"...puedo hacer Ranma haga lo que yo quiera. ¡Puedo hacer que no se acerque a Ukyô ni a Shampoo!"
...si el cocinero no tiene claros sus sentimientos, si no tiene claro lo que de verdad quiere.
"He de conseguir esa harina"
Por suerte los efectos pasan al cabo de pocas horas. Akane, ¿has oído lo que te he dicho?
—¿Eh? ¡Ah! Síííí —dijo con un renovado buen humor. Sin embargo, lo cierto es que no había a tendido a ninguna de las últimas explicaciones. —Muchas gracias, doctor. —La expresión de su cara era ahora risueña y tranquila. —Me ha ayudado mucho. ¡Jejeje!
Mientras tanto, en casa de Ryôga y después de haber recibido una soberana paliza, Ranma, bastante desaliñado, intentaba explicarse.
—De modo, que quien está en juego ¿no es Akane?
—¿Pero cómo he de decírtelo? Es Ukyô.
Entonces la mente de Ryôga se iluminó. En su cabeza apareció la visión celestial de Akane recostada sobre un manto de flores, solitaria y abandonada por Ranma, necesitada de unos fuertes brazos que la rodearan y la protegieran, unos brazos como los suyos, como los de Ryôga, mientras en una esquina de la imagen aparecía Ranma con Ukyô agarrada a su brazo. ¡Era una oportunidad de oro! Aquella psicópata de los okonomiyakis era también una prometida de Ranma. Sabiendo que Ranma jamás aceptaría ser derrotado, si le ayudaba a ganar a Burguer, Ranma debería quedarse con Ukyô, y él tendría el camino hasta Akane libre de obstáculos.
—Está bien, Ranma. ¡Te ayudaré!
—¿De verdad Ryôga? —dijo Ranma con semblante serio. —Eres mejor tipo de lo que pensaba, aunque a veces te comportes como un cerdo.
-POK- capón –
—¿A-q-u-i-e-n-h-a-s-l-l-a-m-a-d-o-c-e-r-d-o?
Tras un breve intercambio de bofetones, Ryôga le explicó algunos detalles, y lo citó a la mañana siguiente en lo alto de la colina del parque de atracciones.
—Mañana empezaremos el entrenamiento. ¡Ranma, no puedes perder!
—"Perder" no está mi vocabulario —dijo Ranma, levantando el pulgar, adoptando esa postura confiada tan propia de él.
"Prepárate, Ranma" pensaba Ryôga, dejando entrever un colmillo por encima del labio. "Te haré ganar como sea, y tendrás que dejar a Akane en paz ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!"
"¿Y ahora de qué se ríe este?" pensaba Ranma.
A la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol, Ranma se presentó en el lugar que le había indicado Ryôga. Tenía cara de haber dormido mal. En realidad, se había pasado toda la noche pensando. En el dojo Tendô el ambiente estaba muy enrarecido. Sin razón aparente, todos estaban especialmente simpáticos con él y con Akane, como si supieran algo que él no sabía. Akane, en cambio, estaba mucho más rara que de costumbre. No cruzó ni media palabra con él en toda la noche, pero no dejaba de lanzarle miradas... intrigantes. Miradas con un significado parecido a "ya hablaremos tú yo yo". Pero por el momento, tenía algo más importante en lo que pensar. ¡Hoy empezaba el entrenamiento para vencer a Burguer!
—Llegas puntual, Ranma. —Ryôga estaba de pie, apoyado sobre su sombrilla a modo de bastón.
—Dime, Ryôga, ¿en qué consiste el entrenamiento?
—Ju! En realidad es simple, —y señalando hacia un lado dijo: —¡Mira!
-Supermercados Takeshi-
Ranma se puso rígido, con la cara sombría y gesto amenazador:
—Ryôga... ¡¡¿Te estás riendo de mí?!!
Allí había un carrito de supermercado cargado con varios kilos piedras y ladrillos, y de sus laterales aún colgaban carteles con propaganda de los Supermercado Takeshi: "Yogures 39 Y/ud; Batidos Glop de pez fugu 214 Y/ud; Especial oferta: 4 paquetes de algas al precio de 3".
—¡No seas imbécil, Ranma! —respondió Ryôga mientras agarraba a Ranma por la trenza y lo subía al carro. —Las carreras de karts de cojinetes consisten en esto. Solo has de subirte al carro y dejarte llevar por la pendiente. Cuanto más peso lleves, ¡antes llegarás! —y antes de que Ranma pudiera decir nada, Ryôga ya lo había empujado pendiente abajo.
—¡¡AAAaaaaAAAAaaaaAAAAhhhhHHH!! ¡EeSsTtOo VvAa MmUuYy DdEePpRrIiSsAa! —Todo el carrito temblaba con los botes del camino, y la visión de Ranma se hacía cada vez más borrosa por culpa del tembleque. El carrito iba cada vez más y más rápido. Los árboles, los bancos, las farolas que había al borde del camino pasaban como sombras a toda velocidad. —¡¡RrYyÔoGgAa, SsUuBbNnOoRrMmAaLl, NnOo PpUuEeDdOo CcOoNnTtRrOoLlAaRr EeSsTtEe TtRrAaSsTtOoOoOoOo!! ¡¡JYAaAaAaAaAaAaAaAaaaaaaaaaaa!!
-KUNK - CHLOOOOOFFFF-
En una curva el carrito se salió directo por la tangente chocando contra una piedra, lo cual hizo que Ranma saliera catapultado por los aires, aterrizando en una charca que había unos metros más adelante. En ese momento llegó Ryôga corriendo hasta donde Ranma estaba.
—Ranma, eres patético.
—¡¡LlAa MmAaDdRrEe QquEe TtTe...!! —dijo Ranma aún con el tembleque, mostrando los dientes con los ojos inyectados en sangre.
—Tendrás que hacerlo mejor si quieres ganar a ese tipo —contestó Ryôga con mucho donaire. Ranma se acercó a él y lo agarró por la solapa.
—Ryôga... ¡¡Date un baño y refréscate la ideas!! —pero en el momento en que estaba a punto de lanzar a Ryôga por los aires en dirección a la charca, Ranma oyó un ruído bastante fuerte que no sabía reconocer. Sonaba como algo que se arrastraba sobre el cemento del camino con un ruido metálico. Por encima del hombro de Ryôga vio que se acercaba "algo" a toda velocidad pendiente abajo levantando una polvareda considerable, justo hacia donde ellos estaban. Casi sin tiempo para reaccionar, lanzó a Ryôga volando hacia la charca y se preparó para detener de una patada a lo que quiera que fuese aquello.
-TCHRONK-
El cacharro aquel se paró en seco por el golpe que Ranma le propinó mientras que una bola sonrosada salió volando por los aires, aterrizando al cabo de unos metros con un sonoro POOFFFF. Burguer se había dado de morros contra el cemento, clavando los dientes en el suelo y dejando un rodal de patatas fritas a su alrededor. De un salto se levantó, sacudiéndose el polvo. Ranma y Ryôga, que había salido ya del agua con su forma de cerdito, lo miraban asombrados.
—¿Te has hecho daño? —preguntó ella.
Burguer se dio la vuelta y la miró con sus ojillos.
—You, girl!
Ranma mostraba la sorpresa en su cara. —¿Quién? ¿Yo? —dijo, apuntándose a sí misma con su dedo índice.
—Sí, tú, la china comunista. ¿Cómo te atreves a interferir en mi entrenamiento?
"¿Entrenamiento?" pensó Ranma. "Estúpido Ryôga. ¿Qué tendrá que ver un carrito de supermercado con lo que utiliza este tipo? Sabía que no podía fiarme de él".
—Sí, mi entrenamiento para la carrera del próximo sábado. Una carrera por el amor de una joven. ¡Haré que ese presumido de la trenza muerda el polvo! ¡JAJAJAJA!
—¡No me das miedo! ¡Puedo ganarte en cualquier momento con los ojos cerrados!
Burguer se quedó parado, abriendo los ojos y torciendo la cabeza. Ranma se había dejado llevar por el celo, olvidando que ahora era una mujer. —Eeeh... esteeeee... —balbuceó juntando las puntas de sus dedos índices.
—¿De modo que tu también quieres participar, redhaired girl?
Ranma se llevó una mano detrás de la cabeza riendo, tratando de quitar importancia. —No, esteeee... ¡Qué va! Tee hee hee
—Está bien —dijo Burguer. —¡Acepto tu desafío! ¡Nos veremos el sábado en lo alto de la colina! Haremos una carrera con tres participantes. —Burguer levantó su brazo señalando a Ranma. —Si te gano, ¡tendrás que trabajar tres meses en la hamburguesería de mi padre, en Estados Unidos! —y diciendo esto un cúmulo de estrellitas y de barras rojas y blancas se desplegó tras él.
Ranma se quedó paralizada mientras Burguer se montaba de nuevo en su kart de cojinetes. Con un pequeño impulso siguió deslizándose colina abajo levantando una nube de polvo tras él. Ranma, boquiabierta y con los ojos como platos mirando en la dirección en que se había ido Burguer, notó que Ryôga la miraba, y aunque no podía hablar, Ranma sabía exactamente lo que Ryôga quería decirle.
"Ranma, eres idiota".
らんま½
Continuará...
karburator
