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Hamburguesas y patatas fritas.
Ukyô está en juego.
El desafío doble de Ranma.
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3. Ayúdame a ser yo.
"¡Mierda! ¿Y ahora qué hago".
Ranma y Akane volvían hacia casa después de clase, él haciendo equilibrios sobre la valla que bordeaba el canal, con los brazos cruzados detrás de la cabeza, y ella como una persona civilizada.
"Y encima Akane no me dirige la palabra. Está muy rara. No parece enfadada, pero no dice ni pío".
Era verdad, Akane apenas había cambiado una palabra con Ranma desde que éste abrazara a Ukyô delante de toda la clase, sin embargo Ranma no recordaba ni remotamente ese detalle. La receta de amor de Ukyô no tenía efectos permanentes. Éso era algo que Akane sabía, pero Ranma ni siquiera se imaginaba que estuviera siendo presa de un hechizo. Tan solo sabía que por, algún motivo, Burguer le había desafiado a esa ridícula carrera.
"No pienso dejar que ese tragaldabas devorador de hamburguesas me gane y... ¡oh!"
De pronto Ranma recordó algo. Burguer había amenazado con llevarse a Ukyô si ganaba. Éso no le preocupaba mucho; seguro que Ukyô era capaz de librarse de ese tipo a la primera de cambio, pero...
"...está claro que a Akane no le va a hacer ninguna gracia. Va a pensar que quiero ganar por Ukyô... ¡Bah! ¡Es igual! Yo conozco el verdadero motivo".
En ese momento, una voz familiar llegó desde atrás:
—¡Ranmaaaa!
Éste se giró, viendo que un objeto plano y redondo se dirigía hacia él. Ranma levantó el brazo para atraparlo al vuelo, pero algo le impidió hacerlo. Rápida como el rayo, Akane se subió a la valla, interponiéndose entre Ranma y el okonomiyaki lanzado por Ukyô y cazándolo en el aire. Ukyô, sorprendida en un primer momento, frunció el ceño lanzando una feroz mirada a Akane, que respondió con otra mirada de similares características.
—¿Qué pretendes, Akane? —espetó Ukyô—. ¡Devuélveme ese okonomiyaki! ¡Es para Ranma!
—De ninguna manera. —Akane alargó el brazo y dejó caer el okonomiyaki al canal. Ranma las miraba asombrado, sin comprender lo que pasaba.
—¡Mi okonomiyaki! —chilló cerrando los puños delante de la cara. Alrededor de Ukyô comenzó a formarse un aura rojiza—. Maldiiiiitaaaaaa... —Entonces, con un rápido movimiento, Ukyô alcanzó su pala y dio un golpe al aire con ella. El sol, situado a su espalda, tan solo permitió distinguir una silueta a contraluz que lanzaba con furia otro objeto redondo y plano. Otro okonomiyaki voló en dirección a Ranma, y esta vez Akane no tuvo tiempo de interceptarlo. Ranma, alargando el brazo sin esfuerzo, atrapó el segundo okonomiyaki.
En la cara de Ukyô se dibujó una sonrisa de malévola satisfacción. Akane la miraba fijamente con cara de pocos amigos. Se notaba en el aire cómo la tensión crecía por momentos. En pocos segundos se levantó una brisa que mecía los cabellos y las ropas de ambas al tiempo que el cielo se oscurecía.
-Mmmiiaaammmm - Munch munch munch-
—"¿Gué es go gue os paha, shicas?" —preguntó Ranma con la boca llena mientras devoraba el okonomiyaki cómodamente apoyado en un muro.
Las dos mujeres desviaron sus miradas hacia donde estaba Ranma, con lo ojos muy abiertos. De pronto, la brisa cesó, el cielo dejó de oscurecerse y las auras combativas desaparecieron. Ahora la expresión de Ukyô era de alegría y felicidad, mientras que Akane mostraba su consternación, previendo qué era lo que iba a pasar a continuación. Ukyô, también segura de lo que estaba a punto de suceder, no quiso esperar ni un segundo de más. De un salto bajó de la valla y, con los brazos abiertos, se abalanzó contra Ranma dispuesta a abrazarlo. Ranma levantó los brazos, en parte por la sorpresa y en parte para salvar al okonomiyaki de quedar aplastado entre su cuerpo y el de Ukyô. Ésta lo rodeó fuertemente y visiblemente feliz, pero la cara de Ranma seguía mostrando desconcierto.
—Pero... ¿¡Pero qué pasa!?
-PONK-
En la cabeza de Ranma apareció un chichón a causa del mazazo que Akane acababa de propinarle.
—¿¡Sé puede saber qué he hecho ahora!?
Ukyô se dio cuenta entonces de que la receta no estaba funcionando. Su okonomiyaki no había surtido el efecto esperado. En ese momento un rayo atravesó su cabeza, haciéndole recordar su error.
"¡Oh no!" pensaba. "¡Me he equivocado de harina! ¡Tengo que hacer algo!"
Mientras Ukyô sacaba su plancha y los ingredientes necesarios para preparar otro okonomiyaki "in situ" con la harina correcta Ranma y Akane discutían sobre la finura de ésta y el poco tacto del otro.
—¡Eres la chica con más animal que conozco!
—¡Y tu eres un gigoló desvergonzado y hortera!
—¡Por lo menos tengo más encanto!
—¡Sí, claro! ¡"Encanto" es el nombre de la colonia que utilizas!
-FSSSSSS-
Entre ataque y contraataque verbal, Ukyô seguía manos a la obra para intentar subsanar su error culinario.
—¡Siempre vas por ahí abrazando a la gente!
—¡Te digo que yo no la he abrazado, y...! ¡Aaaahhhh! ¡JAJAJA! ¡Estás celosa, estás celosa!
—¿Celosa? ¿¿YOOOO??
—¡Ya está! —dijo Ukyô levantándose con otro okonomiyaki en la mano. Sin embargo, había estado tan concentrada en preparar este último okonomiyaki que no se había dado cuenta de que Ranma y Akane se había ido. Poco a poco su discusión se había ido atenuando en la distancia mientras se alejaban insultándose el uno al otro, pero Ukyô no se había enterado de nada. Allí se quedó, de pie, con un okonomiyaki de amor en la mano.
-DOJO TENDÔ – Estilo Musabetsu Kakutô-
—¡...no eres más que un mujeriego!
—¡Al menos yo puedo estar seguro de conseguir pareja!
—¿Por qué no te quedas con Ukyô, si tanto te gusta?
—¡Je! Al menos ella sabe cocinar —dijo Ranma por lo bajini.
-WHAP-
—¡Lo he oído! —y dicho ésto, Akane se fue escaleras arriba haciendo bastante ruido y cerrando la puerta de su cuarto de un portazo.
Sin embargo, ese último comentario le había llegado hondo a Akane. Ella era un verdadero desastre para la cocina. Por mucho que se esforzara, ni siquiera era capaz de freír bien un huevo. Pasó mucho rato pensando en ello y repasando sus auténticos sentimientos hacia aquella relación pactada. Ella intentaba esforzarse por llevar bien la relación, pero Ranma siempre acababa estropeándolo. Tras pasar algún buen rato juntos aquel zángano siempre acababa haciendo o diciendo algo que rompía cualquier atisbo de romanticismo "¡Idiota!". Si; ella era poco delicada, pero Ranma tenía la delicadeza de una alpargata. Parecía que todos sus esfuerzos por agradarle eran inútiles. Ella quería quererlo querer, y él...
Durante un rato Akane se encerró en un espiral de pensamiento negativos concernientes a su relación con Ranma hasta que sintió la necesidad de desfogarse entrenando en el dojo. Se puso su gi ajustándose el cinturón y su cinta roja y amarilla para la cabeza y comenzó a descargar una lluvia de patadas y puñetazos contra los sacos de entrenamiento. Habría preferido destrozar ladrillos, pero el consumo de ladrillos había aumentado de tal manera en lo últimos meses que Sôun había tenido que establecer un cupo de "ladrillos para romper" cada un mes.
—¡¡Kyaaaaa!! ¡Zazazazazazazaah!
Mientras tanto, Ranma, en el cuarto de invitados...
"Pero ¿por qué se tiene que poner así? Si no he hecho nada... Ha sido Ukyô la que... y encima ¡me echa a mí las culpas!" pensaba Ranma. "Lo que no entiendo es el rollo ese del okonomiyaki. ¿Por qué Ukyô estaba tan interesada en que me comiera su okonomiyaki? ¿Y por qué Akane quería evitarlo a toda costa? Yo creo que tiene celos, unos celos que se muere. ¿Por qué no es capaz de admitirlo? ¡Es un marimacho! Y por si esto fuera poco, encima estoy metido en un buen lío. Cuando me enfrenté a Mousse sin la Píldora Fénix no me fue difícil hacerle pensar que podía transformarme en mujer, pero ahora no basta con transformase en mujer. ¡Necesito desdoblarme! ¡Sin contar que tengo apenas cuatro días para construir dos carricoches que sean más manejables que un carrito de supermercado!"
Pues sí, era un buen lío. Ranma iba a necesitar a alguien que lo sustituyera.
"No puedo pedírselo a Ryôga. Es capaz de perder solo para joderme y de hacerme perder para conseguir que me vaya a Estados Unidos y quitarme de en medio. Shampoo... Podría convenirle que yo perdiera como chico. Tendría que renunciar a Ukyô y eso le facilitaría las cosas. Además, necesito a alguien que pese. ¿Mousse? ¡Nah! Es un cegato. Se saldría en la primera curva. Hiroshi o Daisuke... prefiero no meterlos en esto... Seguro que ese Burguer tiene sus trucos. Por peso... mi padre podría servir, pero está calvo como una bombilla. No habría manera de disfrazarlo de mí. Además, tiene arrugas :S , y lo mismo el señor Tendô. Nabiki... ¡ni de coña! ¡Me haría deberle dinero de por vida! Mmmmhhh... A este paso... Ya solo me queda..."
—Akane...
—¿Uh? —dijo esta secándose el sudor de la frente con el antebrazo. —¿Qué es lo que quieres? —dijo con tono poco amistoso. Ranma la miraba con la cabeza gacha y juntando las puntas de sus dedos índices.
—Pues...
—No me hagas perder el tiempo.
—Mmmhhh... ¿Quieres que... entrenemos juntos?
—¿Para qué? Tú y tu kenpo... Siempre que entrenas conmigo te limitas esquivarme.
—Esta vez prometo atacar.
—Grmph —gruñó Akane dándole la espalda—. ¡Paso!
—¡Venga! ¡Si estás muy guapa cuando peleas! —dijo Ranma socarronamente, sacando la lengua.
Akane se giró rápidamente y dirigió una patada al pecho de Ranma, pero éste, con su habilidad innata, apoyó las manos sobre la pierna de Akane para darse impulso y pasar por encima de ella con una elegante voltereta. Una vez en el suelo, se agachó y lanzó un barrido al tobillo de Akane, desestabilizándola de tal manera que ésta fue a caer en los brazos de Ranma, que estaba tras ella.
Ambos se quedaron así unos instantes, mirándose fijamente al tiempo que enrojecían, mientras Ranma rodeaba con un brazo la espalda de Akane sobre su regazo. Durante esos breves segundos, antes de ambos se apartaran el uno del otro avergonzados, sus miradas pudieron haber significado muchas cosas, pero dada la mezquindad de la pareja, ninguno de los dos quiso intentar averiguar los verdaderos sentimientos del otro.
—Está bien —dijo Akane, poniéndose en pie—. Sigamos. —Esta actitud confortó a Ranma, que se levantó de un salto y se puso en guardia, preparado para atacar o para defenderse; lo que antes llegara.
Pasaron más de veinte minutos antes de que decidieran parar para tomar un respiro. Se sentaron en el suelo apoyando la espalda contra la pared, recuperando poco a poco el ritmo normal de la respiración. Al contrario que hacía un rato, Akane estaba ahora más animada. Ambos lo estaban, de hecho. Akane hasta sonreía, de modo que Ranma creyó que era el momento oportuno.
—Akane...
—¿Mh?
—Ehmm... No sé qué pensarás de Ukyô... pero yo no la considero más que una amiga...
Akane no dijo nada. Tan solo miraba.
—Aún no sé cómo lo he conseguido, pero me tengo que enfrentar al chico de intercambio, a Burguer.
—¿Y...?
—Y... Ukyô está en juego en esta competición.
La cara de Akane mostró una expresión incómoda.
—¡Pero quiero que sepas que eso no me importa! —se apresuró a decir—. No me preocuparía que ese tipo se quedara con Ukyô; ella no se dejaría, y de un palazo lo mandaría al otro lado del Pacífico, pero no puedo dejar que me gane...
Akane reprimió sus ganas de golpear a Ranma y de decirle de qué mal se tenía que morir. De buena gana le habría dado una patada que lo habría mandado volando hasta la otra punta del distrito de Nerima, pero sabía que Ukyô había estado usando un sucio truco para conseguir que Ranma se enamorase de ella.
—Está bien, Ranma —dijo ella con tono seco, levantándose y dirigiéndose hacia la puerta—. Puedo comprenderlo... "porque sé lo que hay detrás..." —dijo para sus adentros.
—Me alegro de que lo entiendas —dijo él con voz animada. Akane se giró y vio que la expresión de Ranma parecía sincera—. Pero necesito que me hagas un favor.
—¿Un favor?
Ranma comenzó a explicarle en qué consistía el desafío y el problema que tenía para enfrentarse a Burger. Estaba citado a la misma hora y en el mismo lugar por partida doble. Las dos partes de Ranma debían comparecer al mismo tiempo y en la misma carrera, y además Ranma quería ganar tanto siendo chico como siendo chica. Como chico, no estaba dispuesto a dejarse ganar por un tipo que venía de fuera del país, y como chica, si perdía...
—¿Y entonces...? —preguntó Akane.
—Necesito... —casi no se atrevía de decirlo. Sabía que la reacción de Akane podía ser imprevisible—. Necesito que... en esa carrera... hagas... de mí.
Akane se quedó boquiabierta.
—¿YO? ¿Y por qué yo? ¿Por qué no se lo pides a otra?
Ranma se puso colorado. Volvía a juntar sus índices y a agachar la cabeza, mirando al suelo, avergonzado.
—Pues... porque... sí. Porque eres la mejor.
La primera reacción de Akane fue de sorpresa al oír aquellas palabras, pero enseguida su cara se iluminó con una sonrisa. Le gustaba haber oído aquello en boca de Ranma, pero aún le hubiera gustado más si hubiera sabido lo que Ranma en realidad quería decir con ello: "Eres la mejor porque siempre me ayudas a pesar de lo impertinente que soy; siempre te preocupas por mi y nunca juegas sucio conmigo; no intentas engañarme con trucos como hacen las otras; tienes un alma... pura". Cuando Ranma volvió a levantar la vista, Akane ya estaba cerca de la puerta, a punto de salir.
—Akane... —dijo en voz baja.
—Ranma —respondió ella con voz suave, sin volver la vista—, puedes contar conmigo.
Ranma la miraba casi sin creer que lo que oía fuera cierto. Akane se detuvo y giró la cabeza por encima de su hombro, mirando al de la trenza.
—Pero con una condición...
らんま½
Continuará...
karburator
