Bueno, en primer lugar y antes de leer este capitulo he de avisar que no he
podido evitar poner algún spoiler. Bueno en realidad hay más de los que yo
habría querido, pero después de revisarlo creo que es la mejor manera de
explicar mucho de lo ocurrido. Eso es todo, por que en segundo lugar solo
he de decir, que lean el capítulo y dejen un review.
4- Tras la tempestad, la calma nunca es la misma
Tras acabar de hablar con su amigo se fue de camino, como cada mañana, al trabajo. Harry Potter era uno de los aurores más cualificados y más temidos de toda Gran Bretaña. Esa fama se la había ganado al capturar a un importante número de mortífagos. Entre ellos a renombrados magos como, McNair, Zabini... pero para él aun quedaba mucho trabajo que hacer.
Al salir a la calle y mirar al cielo tuvo que llevarse una mano a los ojos. El sol brillaba; como no lo había hecho en lo que llevaban de semana, en un cielo azul, despejado. Y una suave y fresca brisa mecía las hojas de los árboles, lo que sumado al cantar de las aves, hacía que caminar por la calle fuese muy relajante.
Podía aparecerse en su trabajo como había hecho estos días de lluvia, pero al ver semejante paisaje decidió ir dando un paseo; entraría por la puerta de las visitas del ministerio. Y poco a poco, mientras su pausado pero firme paso se dirigía al trabajo su mente volvía dentro de su casa.
Desde que esa mañana habían hablado a través de la chimenea, Harry estaba preocupado. Sabía que Ron lo pasaba mal, pero no conocía la manera de cómo podría ayudarlo. Toda su vida, lo único que había querido es ayudar a sus amigos y a todos aquellos a los que quería. Pero al final, solo conseguía hacerlos sufrir.
Aunque de todos él era el que más sufría. El peso de la culpabilidad, la añoranza de lo perdido y el miedo a perder lo único que le queda. Todo lo que la gente normal tiene, él tuvo que renunciar a todo. Hacía tiempo que había perdido toda esperanza de ser igual a los demás.
El joven moreno no pudo reprimir un suspiro cuando al pasar por la puerta de una casa vio como una mujer abrazaba a un niño de unos 10 años, esa escena él nunca la había vivido. Y por un momento recordó su infancia, cuando vivía en el número 4 de Privet Drive y sus tíos no intentaban ocultar el rechazo que sentían hacia él.
Estos pensamientos acudían a la mente del auror cuando de pronto se encontró con que su trayecto había terminado y entró por la puerta de la cabina muggle que lo transportó al ministerio de magia. Así que, mientras su mirada se posaba en aquella gran fuente dorada, en la que se encontraban de nuevo aquellas figuras; que en su día le salvaron la vida; sus pensamientos volvieron a fluir.
Tras terminar el quinto año tomó una decisión; jamás dejaría que nadie muriera por su culpa. Era por ello, por lo que intentaba mantenerse al margen y no permitía que nadie se acercara a él. No podría soportar perder a nadie más. La muerte de Sirius le había hecho ver el peligro que traía su cercanía y el riesgo al que se exponían sus amigos. Ron, Hermione, Ginny...
-¡Ginny!-un suspiro se escapó de sus labios, hacía tanto que no la veía. A veces había querido olvidarse de todo y buscarla. Pero eso era una locura, tenía que mantener la cabeza fría para no dañar a más gente de la necesaria, pero sobretodo, para no dañarla a ella.
Cuando se quiso dar cuenta se encontraba en su destino, así que se dirigió al despacho de Ron. El moreno decidió dejarle un mensaje para que fueran a comer a las tres escobas a las dos, como hacían cada día. No tenía muy claro que su amigo se acordara que comían juntos. El despacho del pelirrojo estaba vacío. Potter eso ya lo suponía, aunque hace unos momentos le dijo que tenía que ir pronto al trabajo, él sabía que lo que realmente le ocurría era que necesitaba estar sólo, no podía culparlo. Así que tras dejar la nota encima de su mesa se dirigió a su despacho.
El cuartel general de aurores estaba vacío, tan solo se podían observar las paredes llenas de fotografías mágicas, en las que aparecían las caras de los mortífagos y los asesinos más buscados. Entre ellas destacaba la de "colagusano", al verlo Harry sintió como si alguien le hubiera tirado una jarra de agua fría. Esa era la sensación del chico cada vez que veía al antiguo "amigo" de su padre.
Tenía tanto que agradecerle a Peter; pensó el moreno con amargura; gracias a él, Harry lo había perdido todo. Gracias a él y a su señor Lord Voldemort el chico perdió a sus padres y con ellos, toda posible felicidad. Y cuando una nueva oportunidad de tener una familia normal apareció, de nuevo Voldemort y sus seguidores, la destrozaron. Para el joven aquellos no eran más que vulgares asesinos.
Poco a poco el cuartel general de aurores se fue llenando de gente y con esta, la actividad de un nuevo día comenzaba. Las obligaciones propias de su cargo hicieron al joven olvidar o más bien, dejar apartado por un momento su pasado y sus sentimientos. Ya cuando se encontrara a Ron hablarían de todo. La vuelta de Hermione Granger obligaba a los dos muchachos a sincerarse y a recordar el pasado, aquel que nunca podrían olvidar.
-¿Harry estás bien?- la voz de Tonks lo sacó de su ensimismamiento.
-Eh... sí no te preocupes Tonks, solo recordaba, pero estoy bien, oye, ¿has visto el bonito día que hace? Quien lo iba a decir, con la lluvia que ha caído estos días.
-Sí, no apetece estar dentro de la oficina, ojalá hoy ocurra algo que nos permita salir- esa era Ninphadora Tonks, tan práctica como siempre.
En la boca de Harry se dibujó una ligera sonrisa, Tonks siempre lo animaba y hacía que por un momento se olvidara de los problemas. La filosofía de la aurora era simple; si tienes problemas y estos no tienen solución, ¿qué sentido tiene el preocuparse por ellos, si no se van a solucionar? Y si es que tienen solución, no te preocupes que ya se apañarán.
Cuando ya se marchaba a su cita con Ron, sus recuerdos volvieron a él. Esta vez eran alegres. Recordó el verano que fue a la madriguera cuando se encontró con la familia Weasley y cuando por primera vez... habló con ella. ¿Quién le iba a decir entonces que acabaría enamorado de aquella pequeña y pecosa pelirroja?
Poco a poco se dirigió al bar con un montó de recuerdos y pensamientos revoloteando por su mente, sólo que ahora en su rostro se podía observar una sonrisa. Sus recuerdos, esta vez, eran alegres.
**************************************************************
En Hogwarts, en las mazmorras, dentro de un frío y espartano despacho, sentado en un cómodo sillón, un joven rubio de unos 20 años reflexionaba sobre los acontecimientos de aquella mañana. ¿Quién le iba a decir a él que hoy sería el día? Después de dos años, hoy había vuelto a ver a su antigua compañera de colegio. Hoy, había comprobado que todo seguía igual.
Una amplia sonrisa se dibujó en su afilado y pálido rostro. Llevaba mucho esperando el momento de ver, al fin, su cara de sorpresa. Draco Malfoy había cambiado mucho en estos dos años. Aunque mantenía muchos de sus ideales, sus preferencias habían variado.
Ya no era aquel arrogante y creído niño que idolatraba a su padre. Ahora él sabía que su progenitor no era más que un asesino. Aunque no se sentía orgulloso de ello. Cuando en quinto curso llevaron a su padre a Azkaban, el juró que Harry Potter se las pagaría. No debería de haber hecho ese juramento.
Siguió los pasos de su padre, se convirtió en mortífago y luchó en el bando del señor oscuro. Como era de esperar. Pero un día las cosas cambiaron. No sabía cómo, el caso es que la venda que, con mucho cuidado y esmero sus padres se habían encargado de colocar en sus ojos, se desvaneció.
Ahora se había ganado la confianza de Dumbledore, para él, Draco Malfoy sólo había sido víctima de la situación. Pero el rubio sabía que no fue así exactamente. Sus padres tuvieron parte del merito de que él fuera mortífago, pero no todo. Ellos nunca lo obligaron a hacer lo que no quisiera.
De repente, un golpe seco lo sacó de sus recuerdos. Se extrañó al no recibir respuesta, tras preguntar quién era. Así que a regañadientes, abandonó el sillón y se dirigió hacía su mesa, donde tenía la varita. Con un ligero y gracioso movimiento la puerta se abrió, dejando patente que no había nadie detrás de ella.
Decidió que era suficiente por un día, aun le quedaban tres días de vacaciones y quería aprovecharlos, antes de volverse loco. Por lo que recogió sus cosas y fue hasta la chimenea, donde lanzó una pequeña cantidad de polvos flu y pronunció su dirección.
******************************************************************
Las tres escobas estaba abarrotada de gente, los jóvenes estaban aprovechando sus últimos momentos de vacaciones antes del regreso al colegio. En una de las esquinas, dos jóvenes de unos veinte años se encuentran en plena discusión. Hacía mucho que no se veía a aquellos dos Gryffindor juntos, sus peleas comenzaban a echarse en falta.
-Bueno, te escucho- intentaba sonar lo más fría posible. Quería mostrarle a Ron que le habían hecho daño y que con un simple "lo siento" no ganarían nada.
-Hermione... verás... yo... digo... nosotros... lamentamos mucho lo ocurrido, pero... pero creo que si volviera atrás... yo... yo haría lo mismo.- Tenía la boca seca, llevaba años planeando y ensayando esta conversación y ahora lo pillaba desprevenido.
Quería contarle todo a su amiga, decirle que lo único que pretendían era el salvarla, ayudarla... pero no había empezado con buen pie. ¿Qué clase de disculpa comienza con un "si volviera atrás haría lo mismo?" Mientras que la cabeza del pelirrojo era todo un torbellino de pensamientos y sentimientos, la castaña no pudo evitar el perder los estribos.
-¿QUÉ HARÍAS LO MISMO? ¿ESO ES UNA DISCULPA?¿Y LUEGO PRETENDES QUE HAGA COMO SI NADA?- había perdido el control. Sin darse cuenta pegó un salto de la silla y se puso en pie. Pero el oír que aunque lo sentía, su mejor amigo estaría dispuesto a desgraciarle la vida de nuevo, era superior a ella.
-Antes de chillar y de imaginarte cosas que no son, quiero explicarte lo que ocurrió, pero no me interrumpas por favor, no sé si podré continuar en caso de que lo hicieras y por favor... toma asiento, necesito contarte algo importante- Estaba perdiendo su aplomo inicial. El chico no podía mantener mucho más tiempo aquel secreto, sabía que eso hacía daño a su amiga.
-Está bien, te escucho, pero... - ¿pero no voy a cree nada de lo que me estas diciendo? ¿No te perdonaré? Estaba hecha un lío, por un lado le estaba diciendo que lo sentía y por otro que estaría dispuesto ha hacer lo mismo. Poco a poco se fue calmando y volvió a su asiento.
-Verás... -Comenzó el chico-yo... nosotros... - estaba nervioso, no sabía como explicarle a su amiga el por qué lo hicieron.
-¿Qué desean los señores para tomar?- ahora no era la chica quien lo interrumpía, sino Rosmerta; la siempre animada y simpática camarera de las tres escobas se había acercado a la pareja para tomarles nota.
-Yo quiero una tacita de alhelí.-dijo la castaña con tono duro, aquella mujer había interrumpido un momento importante.
-Y yo, hidromiel caliente con especias, por favor- dijo el pelirrojo con un intento de sonrisa en los labios.
El pelirrojo por un momento permaneció callado, estaba intentando aclarar sus ideas, no sabía ni como empezar a explicarle a su amiga.
-¡¡Vamos Ron que no tengo todo el día!!- su paciencia tenía un limite y este se estaba terminando.
-Mira, un día y por casualidad, -Se apresuró a decir el Weasley ante la cara de la chica- Harry y yo escuchamos, pero accidentalmente- por un momento tuvo la sensación de que volvía a la escuela y tenía que disculparse delante de la profesora McGonagall, pero no era ella sino Hermione Granger, su mejor amiga- una de las reuniones secretas de la Orden del Fénix. Lo que allí escuchamos fue lo que nos hizo actuar de aquella manera. Hermione, nosotros tan solo pretendíamos ayudar, - un movimiento con la mano de la chica lo instó a continuar- La conversación era entre Dumbledore, Snape y McGonagall. Los tres estaban habando de que había alguien en el colegio que pretendía hacerte daño.
-¡Vaya, que novedad!-dijo la castaña con sarcasmo- Ron, desde que entramos a Hogwarts han intentado matarnos y dañarnos, ¿cómo puedes decir que eso te llamó la atención? ¿O es que acaso no recuerdas los acontecimientos de todos los años? La piedra, la cámara... y un largo etcétera. Así que dime ¿qué o quién quería matarme?
En ese momento ambos callaron, Rosmerta se había acercado para servirles sus bebidas. Tras eso, un nuevo e incomodo silencio, se volvió a apoderar de los jóvenes. Con un carraspeo de garganta el pelirrojo intentó llamar la atención de su acompañante.
-Por eso, porque nadie sabía quien era, fue eso lo que nos asustó y por lo que decidimos hacer lo que hicimos- intentaba explicarse- solo quisimos que no sufrieras... -
No pudo terminar la frase, la joven directora de nuevo volvió a perder los nervios y de un salto se puso en pie, ya no podía soportar más aquella sarta de mentiras. Así que hizo el amago de ir a marcharse, cuando su interlocutor alargó la mano para retenerla. Pero antes de que este pudiera decir nada, ella comenzó a gritar.
-¿QUÉ NO SUFRIERA?- sus esfuerzos por no exteriorizar sus sentimientos, por no permitir que nadie supiera lo mal que lo había pasado. Ya no pudo aguantar más y unas lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas sin ella percatarse - ¿Y cómo pretendíais hacerlo? Dime Ron ¿Qué entiendes tú por sufrir?
-Verás Herms, nosotros...
-No me llames Herms, para ti yo soy Hermione Granger. –En el tono de su voz se podía notar la decepción, la angustia, pero sobre todo se notaba el dolor de la antigua Gryffindor.
-Hermione, por favor, déjame que te explique. Snape dijo que tu estabas dentro de los planes de... bueno, del- que- tu- ya - sabes
-¿qué aun no te atreves a llamarlo por su nombre? Se llama Vol- de- mort - le dijo con ironía, al principio quería ser comprensiva pero hacía mucho que su paciencia se estaba agotando.
Hermione notó como un escalofrío recorrió el cuerpo de su amigo, pero no podía creer que después de tanto tiempo aun temiera a un nombre. Después de haber apresado a tantos de sus discípulos, después incluso de haber visto como ese ser, no era más que un vulgar asesino.
-¿Y a qué te refieres con eso de que yo entraba dentro de sus planes?- Ahora se había dado cuenta de lo que el pelirrojo le decía.
-Sí Hermione, según Snape, el...Señor...oscuro...había conseguido que uno de sus fieles pasara desapercibido. Aquel estúpido de Snape no había descubierto quien era, pero sabíamos que estaba dentro de Hogwarts, pensaban que era algún Slytherin. -tras decir esto el chico se quedó en silencio por unos instantes para que su amiga pudiera asimilar la historia.
Unas de las cualidades de Hermione Granger es su capacidad de razonamiento. Después de lo que su amigo le acababa de decir, en su mente se formó rápidamente una imagen, la de Draco Malfoy. Por todos era sabido que en el bando de Lord Voldemort los Malfoy gozaban de uno de los puestos más privilegiados, eran las manos y los pies del señor tenebroso. ¿Quién la había amenazado en esos siete años?
-Ni siquiera Dumbledore sabía quien pudiera ser. Y lo que intentaba era... era utilizarte, para poder conseguir alzarse con el poder. - Continuó Weasley al ver que el semblante se la chica volvía a serenarse. - Él sabía que tanto Harry como yo haríamos cualquier cosa por que tu estuvieras a salvo. Y que ninguno de los dos pondríamos tu vida en peligro. Tú eres nuestro punto débil.
Las últimas palabras las dijo rápidamente, como si no quisiera que ella se enterara. La cabeza de Granger estaba que casi echaba humo, se esforzaba por serenarse y por entender lo que le estaba contando, pero... un momento, ¿cómo pensaba utilizarla?, ¿por qué la enviaron lejos, si por todos es sabido que mientras más cerca de aquel viejo director más segura se estaba? Muchas preguntas acudían a su mente y no sabía de cuantas de ellas recibiría la respuesta que buscaba.
-Bueno, pero... aun no me has dicho que es lo que intentaba Voldemort- el estremecimiento de su amigo esta vez no la pilló desprevenida, pero no le hizo caso.
-Él quería usarte como escudo. Se ve que había planeado secuestrarte en la cena de fin de curso. Con el alboroto de las celebración, el caos del último día...- lo había dicho, aunque Harry y él prometieron no decir nada a Hermione, no cumplió su promesa.- Por eso era tan importante que salieras cuanto antes del castillo, sin que nadie, solo los necesarios supieran a donde y por eso, no podías volver, no hasta que se cumpliera la profecía.
-Para así Harry poder enfrentarse sin riesgos de herirme, contra él.- ahora lo entendía, en ese momento la embargó una sensación un poco extraña, como de desolación. Ella había intentado odiar a sus amigos cuando ellos sólo querían salvarla.
Los ojos de la chica volvieron a inundarse en lágrimas, ahora no intentaría ni podía detenerlas. Todo este tiempo culpándolos, cuando ellos eran culpables, únicamente, de querer salvarla.
Mientras ella estaba perdida en sus pensamientos, su acompañante tenía la sensación de que le debía una disculpa. Ahora que lo pensaba, eso no parecía un motivo suficiente para provocar el que ella se tuviera que ir tan lejos y que pensara que había matado a alguien.
-Hermione, tú... tú tienes todo el derecho del mundo de guardarnos rencor y de no querer saber nada de nosotros. Pero has de saber, que para nosotros tú eras, eres y seguirás siendo, lo más importante y por nada del mundo permitiría que te pasara algo- Tras unos diez años lo había conseguido, le había dicho a su vieja amiga lo importante que era para el.
Ella se quedó de piedra, en ese momento se dio cuenta de que él chico ya no era aquel con el que ella discutía, ni del que ella estando en el colegio se enamoró. Había perdido ese toque de ingenuidad y en su mirada se podía observar que él había cambiado mucho. Al igual que ella.
-¡¡Gracias!! Mira Ron, me dolió. Cuando me enteré de que tanto Harry como tú continuabais con vuestras vidas, con vuestras familias y amigos. Y que no queríais saber nada de mí, ni siquiera una carta, en dos años. Eso fue lo más duro. El darte cuenta de que has abierto tu corazón y que estarías dispuesta a dar tu vida, por unas personas para las que no eres nada.-
El semblante de la nueva directora fue cambiando y de mostrar sorpresa pasó a mostrar dolor y añoranza. El pelirrojo hizo el amago de ir a decir algo, de excusarse, pero la chica no lo dejó.
-Sí, se que lo hacíais por mi bien. También que ambos me queríais, que jamás me dañaríais. Pero entiéndeme tú ahora, eso yo entonces, no lo sabía. En esos momento, yo solo sabía que yo había matado a alguien y que mis amigos me habían olvidado. – ya había derramado muchas lágrimas, tantas, que ahora ya no le quedaban.
-¿Cómo puedes creer que para nosotros no eres nada? Para mí lo has sido todo. Te he escrito cartas, muchas, prácticamente todos los días. Pero me sentía tan culpable, que no conseguí mandártelas. Usé la chimenea y la red flu para ver como estabas, jamás podría olvidarme de ti.
¡Oh no! lo había dicho, le había impresionado tanto la cara y la voz de tristeza que tenía su amiga que no se paró a pensar en lo que decía. Ahora ella se habría dado cuenta. Estaba perdido, no tenía marcha atrás.
Pero los pensamientos del chico fueron apartados de golpe de su mente. Hermione, se había levantado de su asiento y se abalanzó sobre él. Ambos se fundieron en un tierno abrazo.
¿Ese era el momento más oportuno?, ¿Debería de decírselo? El pelirrojo estaba más rojo de lo normal, su cara parecía que iba a estallar del color que tenía, -Hermione.... yo .... quisiera... bueno... tengo...- ahora o nunca, no es tan difícil ¿no?
-¡Hola! ¿parece que las cosas no han cambiado no?- con una sonrisa en los labios Harry Potter se aproximó a sus amigos.
-¡Harry!- Más que la bienvenida Ron daba a su amigo las gracias, había estado a punto de confesar sus sentimientos a Hermione.
-¡Harry!- La castaña soltó al joven Weasley y fue a abrazar al moreno, hacía tanto que no lo veía...
Había notado la indecisión en las palabras del pelirrojo, incluso tenía una ligera idea de lo que intentaba contarle, pero no era el momento, aun no. Ron había cambiado en este tiempo, al igual que ella. Aunque físicamente no había gran diferencia con la Granger de hacía dos años.
Ya no llevaba el pelo enmarañado; con el tiempo se acostumbró a manejarlo y ahora su castaño cabello formaba unas ondas casi perfectas. El resto de ella seguía igual, sus ojos color miel continuaban embelesando a todo aquel que los miraba, esa era la parte de su cuerpo que a ella más le gustaba.
Pero su forma de ser ya no era la misma. No había perdido su valentía y su forma de pensar tan práctica. Solo que ahora estaba dañada y aunque sus amigos sólo querían ayudarla, ella no podía confiar plenamente en ellos. La confianza es aquello que al principio das sin reservas, como ella se la dio a sus amigos. Pero una vez se pierde, es difícil recuperarla. Y aunque tanto a ella como a ellos les pesara, esos dos años no se podían borrar de una estocada.
-Hermione, yo... lo siento.- El niño que vivió no pudo evitar que el sentimiento de culpa que lo embargaba estallara.
Harry parecía adivinar los pensamientos de la chica, él mismo se había preguntado un millón de veces, cual sería la reacción de los tres cuando se volvieran a ver. Ahora la sabía. Eran amigos, eso no podría cambiar, pero ya no eran el trío maravilla, aquel que siempre estaba junto y que vivía aventuras en el colegio. Ahora eran Harry, Ron y Hermione, simplemente, amigos. Ahora lo más importante era, recuperar la confianza los unos en lo otros.
-No te disculpes Harry, creo que los tres nos hemos dejado llevar, ese ha sido nuestro fallo No puedo, ni quiero continuar enfadada con vosotros. Hagamos como que esto no ha pasado.- Ella sabía que eso era pedir un imposible, pero tenía que hacerles ver, que ella pondría todo de su parte.
-Entonces, ¿Comemos?- Ron no lo podía evitar, en los momentos más difíciles, en los más importantes, siempre se las arreglaba para suavizar el ambiente.
-Venga, ¿Para eso habíamos quedado no?
-Bueno, si no os importa, ¿podría comer con vosotros?- A pesar de que quería que todo fuera como antes, le era difícil, dos años es mucho tiempo, para una amistad.
-¡¡Claro, Hermione!! Tu siempre serás bienvenida con nosotros.- Entendía perfectamente lo que había pasado por la mente de su amiga. Él sentía lo mismo, parecía como si en ese tiempo hubiesen perdido todo lo que habían construido en siete años.
-Gracias,- dijo la castaña con una débil sonrisa.
-¿Qué desean?- De nuevo Rosmerta se acercó a ellos para tomarles nota.
El resto del día lo pasaron juntos. Aunque ninguno era el mismo, intentaron volver a conocerse, para en un futuro, recuperar esa confianza que ahora veían dañada.
A lo largo de la tarde, entre conversaciones tribales y algún que otro chiste Hermione lo tuvo claro. Adoraba a Ron, lo quería muchísimo, pero de la misma manera que quería a Harry. Ya no estaba enamorada de él.
Harry, en ese momento sintió como si un gran peso pesado, hubiese caído, la angustia anterior se perdió y de nuevo volvió a sentir, que siempre hay un rayo de esperanza, aunque uno no lo crea. Era como si volvieran a su primer año en Hogwarts, cuando ellos se conocieron.
Ron, sin embargo, no podía dejar de pensar en lo cerca que había estado de decirle la verdad a Hermione, decirle lo mucho que la quería. Por un momento pensó que ella había cambiado, que ya no era la misma, pero se agarró a la idea de que eso era imposible, Hermione Granger nunca cambiaría para él.
Llegó el momento de decirse adiós, Hermione a la mañana siguiente tendría que comenzar a prepararse para su nuevo cargo. Así que la chica decidió que marcharse a su hogar, dejando a los dos chicos solos dentro del bar.
-Bueno, ahora que nos hemos quedado solos, Harry, quisiera hablar contigo.- Ron había perdido todo deje humorístico y ahora se había puesto serio. El que el pelirrojo estuviese serio solo podía significar que estaba preocupado, algo que alertó al moreno.
-Por supuesto Ron, ¿dónde quieres que hablemos?
-Vayamos a mi casa. Harry quiero que comprendas que para mí es importante lo que tenemos que hablar, por favor, se sincero.-No podía dejar de pensar en que no había contado toda la verdad a su amiga y eso lo estaba atormentando.
Ambos chicos decidieron aparecerse en la madriguera; donde Ron esperaba recibir todas las respuestas a algunas de las preguntas que era hora de ser formuladas.
Parecía que los años no pasaban por aquella destartalada casa. Harry hacía mucho que procuraba no ir, aunque siempre tenía una excusa. Pero esta vez, no había podido llevarle la contraria a su amigo, pues su semblante era el de una persona preocupada.
Al llegar pensaron que no había nadie, que la casa estaba bacía, lo que hizo que los dos chicos decidieran hablar cómodamente en el salón, para poder escuchar si alguien llegaba o no. Pero de repente se escucharon unas pisadas bajar por las escaleras.
-¡Harry!- Ginny Weasley apareció por el hueco de las escaleras con una radiante sonrisa en su rostro.
-¿¡Ginny!? – No cabía en sí, una guapísima joven de pelo rojizo le estaba sonriendo a él.
Harry se había quedado de piedra, en su cara una gran sonrisa se había dibujado al ver a la chica. Parecía que en todo este tiempo que hacía que no la veía no había cambiado nada. Su cara, su pelo, sus ojos... todo era tal y como él los recordaba. Ella, al ver que el moreno no dejaba de mirarla con una extraña expresión en el rostro se sintió un poco incomoda, pero aun así no podía apartar la vista del muchacho, hasta que...
-EJEM, EJEM,- Ron lamentaba estropear el momento pero necesitaba que Harry le aclarara algo extremadamente importante.-Harry si no es mucha molestia.
-Eh... si, si Ron ¿qué querías?- Se le había ido el santo al cielo, o mejor, un ángel había bajado del cielo.
-Quiero saber, ¿quién nos ayudó?
Bueno y hasta aquí este cuarto capitulo. Espero que haya gustado, aunque no se me da la impresión de que le estoy dando muchos rodeos a la cosa. Supongo que poco a poco la historia comenzará a tomar su rumbo.
Bueno y ahora la contestación a esos reviews que tanto se agradecen. Muchas gracias a todas por haberos tomado vuestro tiempo en leer el fic y también por haber dejado vuestras impresiones.
Shiro2: GUAAAAAAAAAAAAAAAA!!! Se murió, y nadie puedo ayudarlo, y... y snif snif que penaaaaaaaaaa. Nunca había llegado a llorar por un libro, he leído unos cuanto y muchos me han resultado tristes y me he quedado muy emocionada, pero nunca había llegado a llorar, hasta ahora. Cuando llegué a la parte en la que muere, estuve a punto de ir al congelador y meter allí el quinto libro, pero me retuve, las ganas por saber que pasaba al final eran aun mayores. Es triste, con lo buena persona que es Sirius y lo mal que se lo hacen pasar. Yo intento actualizar más a menudo, pero tengo un problema, tardo mucho en hacer que esto se asemeje a un capitulo de un tamaño decente, por eso en clases de historia y política me dedico a escribir los bocetos de los capítulos. Gracias por el consejo, sabes que siempre espero que me digáis los fallos, son la mejor forma de aprender y mejorar, el aceptar las críticas. En este cap he intentado explicar más cada momento y el contar lo que pasa entre una acción y otra, espero que fuera a eso a lo que te refieres. Bueno como habrás notado Hermione no se toma demasiado bien lo que Ron le tiene que decir, es que son dos años pensando una cosa y culpándose, por nada. Espero que este capitulo te guste y que me digas de nuevo las criticas, ya sabes, debes de ser cruel. Y no te puedes quejar, tienes las exclusivas, jjaja. Aunque gracias por los consejos.
BB: Corazón muchas gracias por haber soportado mis indecisiones, creo que estas siendo tú la que más veces está teniendo la exclusiva. Me alegra que te guste. Lo de los sentimientos de culpabilidad, la verdad es que me costó lo suyo, pero al final acabé sintiendo pena por los dos chicos. En este cap se ve mejor que lo que siente Harry, es un poco triste el pobre lo ha perdido todo y ahora llega Hermione y le echa en cara que haya querido ayudarla. Pero bueno así son las cosas. Y espero que a lo largo del fic tenga momentos de felicidad, eso espero, aunque no tengo muy claro como ni cuando llegarán. Tus criticas al igual que las de todo el mundo son muy bien recibidas, gracias por darlas, de verdad. Sabes, tengo unas ganas increíbles de que llegue Junio, nos lo vamos a pasar... bueno besos guapísima.
Viajera: La verdad es que me gustó tu fic, espero seguir leyéndolo pero es que cada vez que me siento en el ordenador intento escribir este, pero la verdad es que merece la pena el tuyo y mucho. Muchos besos y continúalo escribiendo. Sí la verdad es que lo de Hermione y Malfoy siempre será igual, pero en el fondo las cosas han cambiado. Es solo que eso lo pueden demostrar a simple vista, sería muy raro. Muchas gracias por tus ánimos y has de aplicarte el cuento, ya verás como todo al final sale bien y no te desanimes. Muchos besos.
Koré: Vaya, guapa eso es un review y lo demás son tonterías, siempre me sorprende la capacidad que tienes pa dejar semejantes reviews, que por supuesto siempre animan un montón. Me alegra el haberte dejado con la intriga, es que es difícil dejaros a Shiro y a ti con la intriga, ya que os he contado más o menos todas mis ideas. La verdad es que nunca he sido muy buena a la hora de estructurar un texto, así que el mejor halago que me has hecho ha sido ese, que al fin la división de los párrafos no ha estado tan mal, auque te tengo que agradecer que me hayas ayudado un poco con la puntuación, es que no suelo revisarla. Espero que con este capítulo se te hayan aclarado muchas de las dudas, he tardado en decidir el verdadero motivo pero... no sé, espero ver tu opinión al respecto. Supongo que el personaje que te imaginas es el acertado, es algo obvio, pero no sé, sabes que soy indecisa, puede variar. Jajá jajá Lo del párrafo ese enorme, bueno es que cada vez que subo algo a fanfiction suelo revisar como queda pero esta vez con las prisas no me fijé y claro, el último párrafo ha quedado todo junto, pero en realidad va separado. Me alegra lo de las críticas, como he dicho a Shiro he intentado mejorar en este capítulo, a ver si lo he conseguido. Lo del pelo, jajá jajá, de verdad que estas guapísima, el pelo ondulado te queda muy bien, de verdad. Un beso.
Bueno y ahora sí, esto ha sido todo por esta semana, como estoy de vacaciones intentaré subir el siguiente capítulo a finales de semana. Un beso a los lectores y nos vemos pronto.
4- Tras la tempestad, la calma nunca es la misma
Tras acabar de hablar con su amigo se fue de camino, como cada mañana, al trabajo. Harry Potter era uno de los aurores más cualificados y más temidos de toda Gran Bretaña. Esa fama se la había ganado al capturar a un importante número de mortífagos. Entre ellos a renombrados magos como, McNair, Zabini... pero para él aun quedaba mucho trabajo que hacer.
Al salir a la calle y mirar al cielo tuvo que llevarse una mano a los ojos. El sol brillaba; como no lo había hecho en lo que llevaban de semana, en un cielo azul, despejado. Y una suave y fresca brisa mecía las hojas de los árboles, lo que sumado al cantar de las aves, hacía que caminar por la calle fuese muy relajante.
Podía aparecerse en su trabajo como había hecho estos días de lluvia, pero al ver semejante paisaje decidió ir dando un paseo; entraría por la puerta de las visitas del ministerio. Y poco a poco, mientras su pausado pero firme paso se dirigía al trabajo su mente volvía dentro de su casa.
Desde que esa mañana habían hablado a través de la chimenea, Harry estaba preocupado. Sabía que Ron lo pasaba mal, pero no conocía la manera de cómo podría ayudarlo. Toda su vida, lo único que había querido es ayudar a sus amigos y a todos aquellos a los que quería. Pero al final, solo conseguía hacerlos sufrir.
Aunque de todos él era el que más sufría. El peso de la culpabilidad, la añoranza de lo perdido y el miedo a perder lo único que le queda. Todo lo que la gente normal tiene, él tuvo que renunciar a todo. Hacía tiempo que había perdido toda esperanza de ser igual a los demás.
El joven moreno no pudo reprimir un suspiro cuando al pasar por la puerta de una casa vio como una mujer abrazaba a un niño de unos 10 años, esa escena él nunca la había vivido. Y por un momento recordó su infancia, cuando vivía en el número 4 de Privet Drive y sus tíos no intentaban ocultar el rechazo que sentían hacia él.
Estos pensamientos acudían a la mente del auror cuando de pronto se encontró con que su trayecto había terminado y entró por la puerta de la cabina muggle que lo transportó al ministerio de magia. Así que, mientras su mirada se posaba en aquella gran fuente dorada, en la que se encontraban de nuevo aquellas figuras; que en su día le salvaron la vida; sus pensamientos volvieron a fluir.
Tras terminar el quinto año tomó una decisión; jamás dejaría que nadie muriera por su culpa. Era por ello, por lo que intentaba mantenerse al margen y no permitía que nadie se acercara a él. No podría soportar perder a nadie más. La muerte de Sirius le había hecho ver el peligro que traía su cercanía y el riesgo al que se exponían sus amigos. Ron, Hermione, Ginny...
-¡Ginny!-un suspiro se escapó de sus labios, hacía tanto que no la veía. A veces había querido olvidarse de todo y buscarla. Pero eso era una locura, tenía que mantener la cabeza fría para no dañar a más gente de la necesaria, pero sobretodo, para no dañarla a ella.
Cuando se quiso dar cuenta se encontraba en su destino, así que se dirigió al despacho de Ron. El moreno decidió dejarle un mensaje para que fueran a comer a las tres escobas a las dos, como hacían cada día. No tenía muy claro que su amigo se acordara que comían juntos. El despacho del pelirrojo estaba vacío. Potter eso ya lo suponía, aunque hace unos momentos le dijo que tenía que ir pronto al trabajo, él sabía que lo que realmente le ocurría era que necesitaba estar sólo, no podía culparlo. Así que tras dejar la nota encima de su mesa se dirigió a su despacho.
El cuartel general de aurores estaba vacío, tan solo se podían observar las paredes llenas de fotografías mágicas, en las que aparecían las caras de los mortífagos y los asesinos más buscados. Entre ellas destacaba la de "colagusano", al verlo Harry sintió como si alguien le hubiera tirado una jarra de agua fría. Esa era la sensación del chico cada vez que veía al antiguo "amigo" de su padre.
Tenía tanto que agradecerle a Peter; pensó el moreno con amargura; gracias a él, Harry lo había perdido todo. Gracias a él y a su señor Lord Voldemort el chico perdió a sus padres y con ellos, toda posible felicidad. Y cuando una nueva oportunidad de tener una familia normal apareció, de nuevo Voldemort y sus seguidores, la destrozaron. Para el joven aquellos no eran más que vulgares asesinos.
Poco a poco el cuartel general de aurores se fue llenando de gente y con esta, la actividad de un nuevo día comenzaba. Las obligaciones propias de su cargo hicieron al joven olvidar o más bien, dejar apartado por un momento su pasado y sus sentimientos. Ya cuando se encontrara a Ron hablarían de todo. La vuelta de Hermione Granger obligaba a los dos muchachos a sincerarse y a recordar el pasado, aquel que nunca podrían olvidar.
-¿Harry estás bien?- la voz de Tonks lo sacó de su ensimismamiento.
-Eh... sí no te preocupes Tonks, solo recordaba, pero estoy bien, oye, ¿has visto el bonito día que hace? Quien lo iba a decir, con la lluvia que ha caído estos días.
-Sí, no apetece estar dentro de la oficina, ojalá hoy ocurra algo que nos permita salir- esa era Ninphadora Tonks, tan práctica como siempre.
En la boca de Harry se dibujó una ligera sonrisa, Tonks siempre lo animaba y hacía que por un momento se olvidara de los problemas. La filosofía de la aurora era simple; si tienes problemas y estos no tienen solución, ¿qué sentido tiene el preocuparse por ellos, si no se van a solucionar? Y si es que tienen solución, no te preocupes que ya se apañarán.
Cuando ya se marchaba a su cita con Ron, sus recuerdos volvieron a él. Esta vez eran alegres. Recordó el verano que fue a la madriguera cuando se encontró con la familia Weasley y cuando por primera vez... habló con ella. ¿Quién le iba a decir entonces que acabaría enamorado de aquella pequeña y pecosa pelirroja?
Poco a poco se dirigió al bar con un montó de recuerdos y pensamientos revoloteando por su mente, sólo que ahora en su rostro se podía observar una sonrisa. Sus recuerdos, esta vez, eran alegres.
**************************************************************
En Hogwarts, en las mazmorras, dentro de un frío y espartano despacho, sentado en un cómodo sillón, un joven rubio de unos 20 años reflexionaba sobre los acontecimientos de aquella mañana. ¿Quién le iba a decir a él que hoy sería el día? Después de dos años, hoy había vuelto a ver a su antigua compañera de colegio. Hoy, había comprobado que todo seguía igual.
Una amplia sonrisa se dibujó en su afilado y pálido rostro. Llevaba mucho esperando el momento de ver, al fin, su cara de sorpresa. Draco Malfoy había cambiado mucho en estos dos años. Aunque mantenía muchos de sus ideales, sus preferencias habían variado.
Ya no era aquel arrogante y creído niño que idolatraba a su padre. Ahora él sabía que su progenitor no era más que un asesino. Aunque no se sentía orgulloso de ello. Cuando en quinto curso llevaron a su padre a Azkaban, el juró que Harry Potter se las pagaría. No debería de haber hecho ese juramento.
Siguió los pasos de su padre, se convirtió en mortífago y luchó en el bando del señor oscuro. Como era de esperar. Pero un día las cosas cambiaron. No sabía cómo, el caso es que la venda que, con mucho cuidado y esmero sus padres se habían encargado de colocar en sus ojos, se desvaneció.
Ahora se había ganado la confianza de Dumbledore, para él, Draco Malfoy sólo había sido víctima de la situación. Pero el rubio sabía que no fue así exactamente. Sus padres tuvieron parte del merito de que él fuera mortífago, pero no todo. Ellos nunca lo obligaron a hacer lo que no quisiera.
De repente, un golpe seco lo sacó de sus recuerdos. Se extrañó al no recibir respuesta, tras preguntar quién era. Así que a regañadientes, abandonó el sillón y se dirigió hacía su mesa, donde tenía la varita. Con un ligero y gracioso movimiento la puerta se abrió, dejando patente que no había nadie detrás de ella.
Decidió que era suficiente por un día, aun le quedaban tres días de vacaciones y quería aprovecharlos, antes de volverse loco. Por lo que recogió sus cosas y fue hasta la chimenea, donde lanzó una pequeña cantidad de polvos flu y pronunció su dirección.
******************************************************************
Las tres escobas estaba abarrotada de gente, los jóvenes estaban aprovechando sus últimos momentos de vacaciones antes del regreso al colegio. En una de las esquinas, dos jóvenes de unos veinte años se encuentran en plena discusión. Hacía mucho que no se veía a aquellos dos Gryffindor juntos, sus peleas comenzaban a echarse en falta.
-Bueno, te escucho- intentaba sonar lo más fría posible. Quería mostrarle a Ron que le habían hecho daño y que con un simple "lo siento" no ganarían nada.
-Hermione... verás... yo... digo... nosotros... lamentamos mucho lo ocurrido, pero... pero creo que si volviera atrás... yo... yo haría lo mismo.- Tenía la boca seca, llevaba años planeando y ensayando esta conversación y ahora lo pillaba desprevenido.
Quería contarle todo a su amiga, decirle que lo único que pretendían era el salvarla, ayudarla... pero no había empezado con buen pie. ¿Qué clase de disculpa comienza con un "si volviera atrás haría lo mismo?" Mientras que la cabeza del pelirrojo era todo un torbellino de pensamientos y sentimientos, la castaña no pudo evitar el perder los estribos.
-¿QUÉ HARÍAS LO MISMO? ¿ESO ES UNA DISCULPA?¿Y LUEGO PRETENDES QUE HAGA COMO SI NADA?- había perdido el control. Sin darse cuenta pegó un salto de la silla y se puso en pie. Pero el oír que aunque lo sentía, su mejor amigo estaría dispuesto a desgraciarle la vida de nuevo, era superior a ella.
-Antes de chillar y de imaginarte cosas que no son, quiero explicarte lo que ocurrió, pero no me interrumpas por favor, no sé si podré continuar en caso de que lo hicieras y por favor... toma asiento, necesito contarte algo importante- Estaba perdiendo su aplomo inicial. El chico no podía mantener mucho más tiempo aquel secreto, sabía que eso hacía daño a su amiga.
-Está bien, te escucho, pero... - ¿pero no voy a cree nada de lo que me estas diciendo? ¿No te perdonaré? Estaba hecha un lío, por un lado le estaba diciendo que lo sentía y por otro que estaría dispuesto ha hacer lo mismo. Poco a poco se fue calmando y volvió a su asiento.
-Verás... -Comenzó el chico-yo... nosotros... - estaba nervioso, no sabía como explicarle a su amiga el por qué lo hicieron.
-¿Qué desean los señores para tomar?- ahora no era la chica quien lo interrumpía, sino Rosmerta; la siempre animada y simpática camarera de las tres escobas se había acercado a la pareja para tomarles nota.
-Yo quiero una tacita de alhelí.-dijo la castaña con tono duro, aquella mujer había interrumpido un momento importante.
-Y yo, hidromiel caliente con especias, por favor- dijo el pelirrojo con un intento de sonrisa en los labios.
El pelirrojo por un momento permaneció callado, estaba intentando aclarar sus ideas, no sabía ni como empezar a explicarle a su amiga.
-¡¡Vamos Ron que no tengo todo el día!!- su paciencia tenía un limite y este se estaba terminando.
-Mira, un día y por casualidad, -Se apresuró a decir el Weasley ante la cara de la chica- Harry y yo escuchamos, pero accidentalmente- por un momento tuvo la sensación de que volvía a la escuela y tenía que disculparse delante de la profesora McGonagall, pero no era ella sino Hermione Granger, su mejor amiga- una de las reuniones secretas de la Orden del Fénix. Lo que allí escuchamos fue lo que nos hizo actuar de aquella manera. Hermione, nosotros tan solo pretendíamos ayudar, - un movimiento con la mano de la chica lo instó a continuar- La conversación era entre Dumbledore, Snape y McGonagall. Los tres estaban habando de que había alguien en el colegio que pretendía hacerte daño.
-¡Vaya, que novedad!-dijo la castaña con sarcasmo- Ron, desde que entramos a Hogwarts han intentado matarnos y dañarnos, ¿cómo puedes decir que eso te llamó la atención? ¿O es que acaso no recuerdas los acontecimientos de todos los años? La piedra, la cámara... y un largo etcétera. Así que dime ¿qué o quién quería matarme?
En ese momento ambos callaron, Rosmerta se había acercado para servirles sus bebidas. Tras eso, un nuevo e incomodo silencio, se volvió a apoderar de los jóvenes. Con un carraspeo de garganta el pelirrojo intentó llamar la atención de su acompañante.
-Por eso, porque nadie sabía quien era, fue eso lo que nos asustó y por lo que decidimos hacer lo que hicimos- intentaba explicarse- solo quisimos que no sufrieras... -
No pudo terminar la frase, la joven directora de nuevo volvió a perder los nervios y de un salto se puso en pie, ya no podía soportar más aquella sarta de mentiras. Así que hizo el amago de ir a marcharse, cuando su interlocutor alargó la mano para retenerla. Pero antes de que este pudiera decir nada, ella comenzó a gritar.
-¿QUÉ NO SUFRIERA?- sus esfuerzos por no exteriorizar sus sentimientos, por no permitir que nadie supiera lo mal que lo había pasado. Ya no pudo aguantar más y unas lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas sin ella percatarse - ¿Y cómo pretendíais hacerlo? Dime Ron ¿Qué entiendes tú por sufrir?
-Verás Herms, nosotros...
-No me llames Herms, para ti yo soy Hermione Granger. –En el tono de su voz se podía notar la decepción, la angustia, pero sobre todo se notaba el dolor de la antigua Gryffindor.
-Hermione, por favor, déjame que te explique. Snape dijo que tu estabas dentro de los planes de... bueno, del- que- tu- ya - sabes
-¿qué aun no te atreves a llamarlo por su nombre? Se llama Vol- de- mort - le dijo con ironía, al principio quería ser comprensiva pero hacía mucho que su paciencia se estaba agotando.
Hermione notó como un escalofrío recorrió el cuerpo de su amigo, pero no podía creer que después de tanto tiempo aun temiera a un nombre. Después de haber apresado a tantos de sus discípulos, después incluso de haber visto como ese ser, no era más que un vulgar asesino.
-¿Y a qué te refieres con eso de que yo entraba dentro de sus planes?- Ahora se había dado cuenta de lo que el pelirrojo le decía.
-Sí Hermione, según Snape, el...Señor...oscuro...había conseguido que uno de sus fieles pasara desapercibido. Aquel estúpido de Snape no había descubierto quien era, pero sabíamos que estaba dentro de Hogwarts, pensaban que era algún Slytherin. -tras decir esto el chico se quedó en silencio por unos instantes para que su amiga pudiera asimilar la historia.
Unas de las cualidades de Hermione Granger es su capacidad de razonamiento. Después de lo que su amigo le acababa de decir, en su mente se formó rápidamente una imagen, la de Draco Malfoy. Por todos era sabido que en el bando de Lord Voldemort los Malfoy gozaban de uno de los puestos más privilegiados, eran las manos y los pies del señor tenebroso. ¿Quién la había amenazado en esos siete años?
-Ni siquiera Dumbledore sabía quien pudiera ser. Y lo que intentaba era... era utilizarte, para poder conseguir alzarse con el poder. - Continuó Weasley al ver que el semblante se la chica volvía a serenarse. - Él sabía que tanto Harry como yo haríamos cualquier cosa por que tu estuvieras a salvo. Y que ninguno de los dos pondríamos tu vida en peligro. Tú eres nuestro punto débil.
Las últimas palabras las dijo rápidamente, como si no quisiera que ella se enterara. La cabeza de Granger estaba que casi echaba humo, se esforzaba por serenarse y por entender lo que le estaba contando, pero... un momento, ¿cómo pensaba utilizarla?, ¿por qué la enviaron lejos, si por todos es sabido que mientras más cerca de aquel viejo director más segura se estaba? Muchas preguntas acudían a su mente y no sabía de cuantas de ellas recibiría la respuesta que buscaba.
-Bueno, pero... aun no me has dicho que es lo que intentaba Voldemort- el estremecimiento de su amigo esta vez no la pilló desprevenida, pero no le hizo caso.
-Él quería usarte como escudo. Se ve que había planeado secuestrarte en la cena de fin de curso. Con el alboroto de las celebración, el caos del último día...- lo había dicho, aunque Harry y él prometieron no decir nada a Hermione, no cumplió su promesa.- Por eso era tan importante que salieras cuanto antes del castillo, sin que nadie, solo los necesarios supieran a donde y por eso, no podías volver, no hasta que se cumpliera la profecía.
-Para así Harry poder enfrentarse sin riesgos de herirme, contra él.- ahora lo entendía, en ese momento la embargó una sensación un poco extraña, como de desolación. Ella había intentado odiar a sus amigos cuando ellos sólo querían salvarla.
Los ojos de la chica volvieron a inundarse en lágrimas, ahora no intentaría ni podía detenerlas. Todo este tiempo culpándolos, cuando ellos eran culpables, únicamente, de querer salvarla.
Mientras ella estaba perdida en sus pensamientos, su acompañante tenía la sensación de que le debía una disculpa. Ahora que lo pensaba, eso no parecía un motivo suficiente para provocar el que ella se tuviera que ir tan lejos y que pensara que había matado a alguien.
-Hermione, tú... tú tienes todo el derecho del mundo de guardarnos rencor y de no querer saber nada de nosotros. Pero has de saber, que para nosotros tú eras, eres y seguirás siendo, lo más importante y por nada del mundo permitiría que te pasara algo- Tras unos diez años lo había conseguido, le había dicho a su vieja amiga lo importante que era para el.
Ella se quedó de piedra, en ese momento se dio cuenta de que él chico ya no era aquel con el que ella discutía, ni del que ella estando en el colegio se enamoró. Había perdido ese toque de ingenuidad y en su mirada se podía observar que él había cambiado mucho. Al igual que ella.
-¡¡Gracias!! Mira Ron, me dolió. Cuando me enteré de que tanto Harry como tú continuabais con vuestras vidas, con vuestras familias y amigos. Y que no queríais saber nada de mí, ni siquiera una carta, en dos años. Eso fue lo más duro. El darte cuenta de que has abierto tu corazón y que estarías dispuesta a dar tu vida, por unas personas para las que no eres nada.-
El semblante de la nueva directora fue cambiando y de mostrar sorpresa pasó a mostrar dolor y añoranza. El pelirrojo hizo el amago de ir a decir algo, de excusarse, pero la chica no lo dejó.
-Sí, se que lo hacíais por mi bien. También que ambos me queríais, que jamás me dañaríais. Pero entiéndeme tú ahora, eso yo entonces, no lo sabía. En esos momento, yo solo sabía que yo había matado a alguien y que mis amigos me habían olvidado. – ya había derramado muchas lágrimas, tantas, que ahora ya no le quedaban.
-¿Cómo puedes creer que para nosotros no eres nada? Para mí lo has sido todo. Te he escrito cartas, muchas, prácticamente todos los días. Pero me sentía tan culpable, que no conseguí mandártelas. Usé la chimenea y la red flu para ver como estabas, jamás podría olvidarme de ti.
¡Oh no! lo había dicho, le había impresionado tanto la cara y la voz de tristeza que tenía su amiga que no se paró a pensar en lo que decía. Ahora ella se habría dado cuenta. Estaba perdido, no tenía marcha atrás.
Pero los pensamientos del chico fueron apartados de golpe de su mente. Hermione, se había levantado de su asiento y se abalanzó sobre él. Ambos se fundieron en un tierno abrazo.
¿Ese era el momento más oportuno?, ¿Debería de decírselo? El pelirrojo estaba más rojo de lo normal, su cara parecía que iba a estallar del color que tenía, -Hermione.... yo .... quisiera... bueno... tengo...- ahora o nunca, no es tan difícil ¿no?
-¡Hola! ¿parece que las cosas no han cambiado no?- con una sonrisa en los labios Harry Potter se aproximó a sus amigos.
-¡Harry!- Más que la bienvenida Ron daba a su amigo las gracias, había estado a punto de confesar sus sentimientos a Hermione.
-¡Harry!- La castaña soltó al joven Weasley y fue a abrazar al moreno, hacía tanto que no lo veía...
Había notado la indecisión en las palabras del pelirrojo, incluso tenía una ligera idea de lo que intentaba contarle, pero no era el momento, aun no. Ron había cambiado en este tiempo, al igual que ella. Aunque físicamente no había gran diferencia con la Granger de hacía dos años.
Ya no llevaba el pelo enmarañado; con el tiempo se acostumbró a manejarlo y ahora su castaño cabello formaba unas ondas casi perfectas. El resto de ella seguía igual, sus ojos color miel continuaban embelesando a todo aquel que los miraba, esa era la parte de su cuerpo que a ella más le gustaba.
Pero su forma de ser ya no era la misma. No había perdido su valentía y su forma de pensar tan práctica. Solo que ahora estaba dañada y aunque sus amigos sólo querían ayudarla, ella no podía confiar plenamente en ellos. La confianza es aquello que al principio das sin reservas, como ella se la dio a sus amigos. Pero una vez se pierde, es difícil recuperarla. Y aunque tanto a ella como a ellos les pesara, esos dos años no se podían borrar de una estocada.
-Hermione, yo... lo siento.- El niño que vivió no pudo evitar que el sentimiento de culpa que lo embargaba estallara.
Harry parecía adivinar los pensamientos de la chica, él mismo se había preguntado un millón de veces, cual sería la reacción de los tres cuando se volvieran a ver. Ahora la sabía. Eran amigos, eso no podría cambiar, pero ya no eran el trío maravilla, aquel que siempre estaba junto y que vivía aventuras en el colegio. Ahora eran Harry, Ron y Hermione, simplemente, amigos. Ahora lo más importante era, recuperar la confianza los unos en lo otros.
-No te disculpes Harry, creo que los tres nos hemos dejado llevar, ese ha sido nuestro fallo No puedo, ni quiero continuar enfadada con vosotros. Hagamos como que esto no ha pasado.- Ella sabía que eso era pedir un imposible, pero tenía que hacerles ver, que ella pondría todo de su parte.
-Entonces, ¿Comemos?- Ron no lo podía evitar, en los momentos más difíciles, en los más importantes, siempre se las arreglaba para suavizar el ambiente.
-Venga, ¿Para eso habíamos quedado no?
-Bueno, si no os importa, ¿podría comer con vosotros?- A pesar de que quería que todo fuera como antes, le era difícil, dos años es mucho tiempo, para una amistad.
-¡¡Claro, Hermione!! Tu siempre serás bienvenida con nosotros.- Entendía perfectamente lo que había pasado por la mente de su amiga. Él sentía lo mismo, parecía como si en ese tiempo hubiesen perdido todo lo que habían construido en siete años.
-Gracias,- dijo la castaña con una débil sonrisa.
-¿Qué desean?- De nuevo Rosmerta se acercó a ellos para tomarles nota.
El resto del día lo pasaron juntos. Aunque ninguno era el mismo, intentaron volver a conocerse, para en un futuro, recuperar esa confianza que ahora veían dañada.
A lo largo de la tarde, entre conversaciones tribales y algún que otro chiste Hermione lo tuvo claro. Adoraba a Ron, lo quería muchísimo, pero de la misma manera que quería a Harry. Ya no estaba enamorada de él.
Harry, en ese momento sintió como si un gran peso pesado, hubiese caído, la angustia anterior se perdió y de nuevo volvió a sentir, que siempre hay un rayo de esperanza, aunque uno no lo crea. Era como si volvieran a su primer año en Hogwarts, cuando ellos se conocieron.
Ron, sin embargo, no podía dejar de pensar en lo cerca que había estado de decirle la verdad a Hermione, decirle lo mucho que la quería. Por un momento pensó que ella había cambiado, que ya no era la misma, pero se agarró a la idea de que eso era imposible, Hermione Granger nunca cambiaría para él.
Llegó el momento de decirse adiós, Hermione a la mañana siguiente tendría que comenzar a prepararse para su nuevo cargo. Así que la chica decidió que marcharse a su hogar, dejando a los dos chicos solos dentro del bar.
-Bueno, ahora que nos hemos quedado solos, Harry, quisiera hablar contigo.- Ron había perdido todo deje humorístico y ahora se había puesto serio. El que el pelirrojo estuviese serio solo podía significar que estaba preocupado, algo que alertó al moreno.
-Por supuesto Ron, ¿dónde quieres que hablemos?
-Vayamos a mi casa. Harry quiero que comprendas que para mí es importante lo que tenemos que hablar, por favor, se sincero.-No podía dejar de pensar en que no había contado toda la verdad a su amiga y eso lo estaba atormentando.
Ambos chicos decidieron aparecerse en la madriguera; donde Ron esperaba recibir todas las respuestas a algunas de las preguntas que era hora de ser formuladas.
Parecía que los años no pasaban por aquella destartalada casa. Harry hacía mucho que procuraba no ir, aunque siempre tenía una excusa. Pero esta vez, no había podido llevarle la contraria a su amigo, pues su semblante era el de una persona preocupada.
Al llegar pensaron que no había nadie, que la casa estaba bacía, lo que hizo que los dos chicos decidieran hablar cómodamente en el salón, para poder escuchar si alguien llegaba o no. Pero de repente se escucharon unas pisadas bajar por las escaleras.
-¡Harry!- Ginny Weasley apareció por el hueco de las escaleras con una radiante sonrisa en su rostro.
-¿¡Ginny!? – No cabía en sí, una guapísima joven de pelo rojizo le estaba sonriendo a él.
Harry se había quedado de piedra, en su cara una gran sonrisa se había dibujado al ver a la chica. Parecía que en todo este tiempo que hacía que no la veía no había cambiado nada. Su cara, su pelo, sus ojos... todo era tal y como él los recordaba. Ella, al ver que el moreno no dejaba de mirarla con una extraña expresión en el rostro se sintió un poco incomoda, pero aun así no podía apartar la vista del muchacho, hasta que...
-EJEM, EJEM,- Ron lamentaba estropear el momento pero necesitaba que Harry le aclarara algo extremadamente importante.-Harry si no es mucha molestia.
-Eh... si, si Ron ¿qué querías?- Se le había ido el santo al cielo, o mejor, un ángel había bajado del cielo.
-Quiero saber, ¿quién nos ayudó?
Bueno y hasta aquí este cuarto capitulo. Espero que haya gustado, aunque no se me da la impresión de que le estoy dando muchos rodeos a la cosa. Supongo que poco a poco la historia comenzará a tomar su rumbo.
Bueno y ahora la contestación a esos reviews que tanto se agradecen. Muchas gracias a todas por haberos tomado vuestro tiempo en leer el fic y también por haber dejado vuestras impresiones.
Shiro2: GUAAAAAAAAAAAAAAAA!!! Se murió, y nadie puedo ayudarlo, y... y snif snif que penaaaaaaaaaa. Nunca había llegado a llorar por un libro, he leído unos cuanto y muchos me han resultado tristes y me he quedado muy emocionada, pero nunca había llegado a llorar, hasta ahora. Cuando llegué a la parte en la que muere, estuve a punto de ir al congelador y meter allí el quinto libro, pero me retuve, las ganas por saber que pasaba al final eran aun mayores. Es triste, con lo buena persona que es Sirius y lo mal que se lo hacen pasar. Yo intento actualizar más a menudo, pero tengo un problema, tardo mucho en hacer que esto se asemeje a un capitulo de un tamaño decente, por eso en clases de historia y política me dedico a escribir los bocetos de los capítulos. Gracias por el consejo, sabes que siempre espero que me digáis los fallos, son la mejor forma de aprender y mejorar, el aceptar las críticas. En este cap he intentado explicar más cada momento y el contar lo que pasa entre una acción y otra, espero que fuera a eso a lo que te refieres. Bueno como habrás notado Hermione no se toma demasiado bien lo que Ron le tiene que decir, es que son dos años pensando una cosa y culpándose, por nada. Espero que este capitulo te guste y que me digas de nuevo las criticas, ya sabes, debes de ser cruel. Y no te puedes quejar, tienes las exclusivas, jjaja. Aunque gracias por los consejos.
BB: Corazón muchas gracias por haber soportado mis indecisiones, creo que estas siendo tú la que más veces está teniendo la exclusiva. Me alegra que te guste. Lo de los sentimientos de culpabilidad, la verdad es que me costó lo suyo, pero al final acabé sintiendo pena por los dos chicos. En este cap se ve mejor que lo que siente Harry, es un poco triste el pobre lo ha perdido todo y ahora llega Hermione y le echa en cara que haya querido ayudarla. Pero bueno así son las cosas. Y espero que a lo largo del fic tenga momentos de felicidad, eso espero, aunque no tengo muy claro como ni cuando llegarán. Tus criticas al igual que las de todo el mundo son muy bien recibidas, gracias por darlas, de verdad. Sabes, tengo unas ganas increíbles de que llegue Junio, nos lo vamos a pasar... bueno besos guapísima.
Viajera: La verdad es que me gustó tu fic, espero seguir leyéndolo pero es que cada vez que me siento en el ordenador intento escribir este, pero la verdad es que merece la pena el tuyo y mucho. Muchos besos y continúalo escribiendo. Sí la verdad es que lo de Hermione y Malfoy siempre será igual, pero en el fondo las cosas han cambiado. Es solo que eso lo pueden demostrar a simple vista, sería muy raro. Muchas gracias por tus ánimos y has de aplicarte el cuento, ya verás como todo al final sale bien y no te desanimes. Muchos besos.
Koré: Vaya, guapa eso es un review y lo demás son tonterías, siempre me sorprende la capacidad que tienes pa dejar semejantes reviews, que por supuesto siempre animan un montón. Me alegra el haberte dejado con la intriga, es que es difícil dejaros a Shiro y a ti con la intriga, ya que os he contado más o menos todas mis ideas. La verdad es que nunca he sido muy buena a la hora de estructurar un texto, así que el mejor halago que me has hecho ha sido ese, que al fin la división de los párrafos no ha estado tan mal, auque te tengo que agradecer que me hayas ayudado un poco con la puntuación, es que no suelo revisarla. Espero que con este capítulo se te hayan aclarado muchas de las dudas, he tardado en decidir el verdadero motivo pero... no sé, espero ver tu opinión al respecto. Supongo que el personaje que te imaginas es el acertado, es algo obvio, pero no sé, sabes que soy indecisa, puede variar. Jajá jajá Lo del párrafo ese enorme, bueno es que cada vez que subo algo a fanfiction suelo revisar como queda pero esta vez con las prisas no me fijé y claro, el último párrafo ha quedado todo junto, pero en realidad va separado. Me alegra lo de las críticas, como he dicho a Shiro he intentado mejorar en este capítulo, a ver si lo he conseguido. Lo del pelo, jajá jajá, de verdad que estas guapísima, el pelo ondulado te queda muy bien, de verdad. Un beso.
Bueno y ahora sí, esto ha sido todo por esta semana, como estoy de vacaciones intentaré subir el siguiente capítulo a finales de semana. Un beso a los lectores y nos vemos pronto.
