Capítulo VIII: Sin vuelta atrás

- ¡Black!..... ¡BLACK! – Ana parecía fuera de sí, el jardín que alguna vez había sido alegre y luminoso, ahora era un lugar lúgubre, y estaba vacío. Sirius se había ido.

- …Ana… - Remus llegó a su lado casi sin aliento – Todo…. Será explicado…

- Remus, ¿Te has vuelto loco? ¡Ese hombre es la razón por la cual Lily y James ya no están aquí!

- ¡Tienes que entender Anabell! Como Harry… entendió.

- ¿Harry? ¡Harry no tiene nada que ver con esto!

- Escucha… estoy seguro de que Sirius ya no está aquí, por lo que será mejor que vayas a recostarte. Habrá tiempo para hablar de eso luego, ¿Ok?

- No puedo creer… lo que estoy escuchando… estás defendiendo a Black, Remus, tú querías a James como un hermano – Los ojos le comenzaban a brillar – Aunque lo mismo creía de Black y…

- Puedo asegurarte que nunca nadie quiso a un hermano tanto como yo a James – La voz de Sirius llegó desde la oscuridad, haciendo que Ana se sobresaltara.

- Bueno, amigos… - dijo Remus mirando a Sirius, que había salido de un hueco detrás de las escaleras – llegó la hora de que los deje solos. Tienen mucho de qué hablar.

- Creo que los problemas amorosos entre la señorita Patch y su novio deberían arreglase en otro lado.

Se dieron vuelta. El frío rostro de Snape los miraba desde la puerta de entrada.

- Hey, Snape. ¿Te sigues escondiendo para mirar a Anabell, como lo hacías a los 16 años? – Preguntó Sirius en tono de burla.

- Idiota – murmuró Snape. Por un momento pareció dispuesto a sacar su varita. Luego, tal vez ante la mirada de Anabell, se dio media vuelta y se perdió escaleras arriba.

– Bien… - continuó Sirius volviéndose a Anabell – Vamos a mi habitación.

Miró a Remus, quien le dirigió un guiño y una sonrisa, pero apartó la mirada rápidamente.

Recorrieron el largo pasillo. Una vez que estuvieron frente al cuarto, Sirius abrió la puerta para cederle el paso a Anabell. Ella sintió que sus piernas no le respondían. Ese lugar le traía horribles, y a la vez hermosos recuerdos.

- ¿Vas a entrar? – le preguntó Sirius

- Eh… sí – Ana sintió cómo la voz le temblaba. Entró y se sentó en una silla cercana a la cama. Miró a su alrededor. Sorprendida, encontró una foto suya sobre la mesa de luz:

- ¿Qué es…?

- Nada – Respondió cortante Sirius mientras la tomaba y la guardaba rápidamente dentro de uno de los cajones – Limpieza de armario. Uno no sabe lo que puede llegar a encontrar… - Añadió sin mirarla a los ojos.

- Ya veo… - Ana tampoco lo miraba. Por un momento, sintió estar nuevamente con el hombre al que había querido tanto. Luego, pareció recordar el motivo por el que estaban allí. Se levantó bruscamente y dijo:

- Bueno… no voy a estar durante mucho tiempo encerrada con un criminal – No se animó a fijarse en el impacto de esa palabra sobre el rostro de Sirius – Así que lo único que quiero saber es porqué La Orden del Fénix está viviendo en la casa de quien nos traicionó… y con él.

- No sabes cuanto hace que espero este momento – Dijo Sirius

- Oh ya lo creo que si.

- ¿Por qué te fuiste Ana? ¿Por qué no me ayudaste?

- Entregaste a Lily y a James a Lord Voldemort. Los traicionaste... ¡Me traicionaste!

- ¡¿Como puedes tu creer esa mentira?! ¡De todas las personas que conozco tú eras la única de la que no me lo esperaba!

El rostro de Anabell ardía de ira.

- ¡Tu me lo dijiste! – gritó – Lo recuerdo todavía en sueños... "El guardián del secreto los ha traicionado" ¡Tu eras el guardián del secreto!

- ¡No lo era y lo sabes! ¡Pettigrew era el guardián!

- ¡No me mientas más! ¡James te nombro a ti! Eras su hermano... y lo traicionaste.

Sirius se sentó sobre la cama cubriéndose la cara con las manos. Luego de una pausa, dijo en voz muy baja:

- Tú sabias del cambio de planes

- ¿Qué cambio de planes? ¡No hubo ningún cambio de planes! ¡Cualquier cambio, o Lily o tú me lo habrían dicho!

- ¡No si creíamos que ya lo sabías! ¡Fue algo de último momento!

- No sé de que me hablas...

- Me decepcionaste Ana... Se decidió que Colagusano fuese el guardián del secreto justo una hora antes de llevar a cabo el encantamiento Fidelio. Aunque no lo supieras, no puedo creer que todavía hayas dudado de mí.

- Que... que... ¿entonces...? – Balbuceó Anabell sin poder terminar la frase. Fue como si se le cayera el mundo abajo... durante 14 años había vivido odiando a la persona equivocada.

- Entonces no eras tú el guardián... ¿entonces Peter los traicionó y tu lo mataste por venganza?

- Peor. Intenté matarlo, pero el pequeño Peter me venció. Esta vivo. Volvimos a verlo el año anterior. Remus y yo... y Harry.

- ¿Harry sabe la verdad?

- Por supuesto

- No está aquí, ¿verdad?

- No, pasa el verano con sus tíos. Aunque al parecer la orden irá a buscarlo en pocos días.

Ana bajó la mirada. Nunca hubiera esperado algo como eso. Sin embargo, ahora que lo pensaba, no entendía cómo podría haberlo creído culpable. Lo había decepcionado hasta el punto de dejarlo pasar 13 años encerrado en prisión.

Sirius pareció leer sus pensamientos, le puso una mano sobre el hombro y le dijo:

- Fuiste, junto a Harry, la razón por la que sobreviví a Azkaban

- Yo…

Pero en ese momento, alguien abrió la puerta de la habitación.

- Discúlpenme la interrupción pero, Sirius… - Dijo Remus – Hay algo que tienes que ver…