Culpa, arrepentimiento... y amor.
Por Lena Hiyasaki.
Capítulo 2.-
Era una mañana hermosa, el sol brillaba en lo alto del cielo y él caminaba en silencio, bordeando el lago, sus mechones negros cubrían sus mejillas y sus ojos negros veían el suelo mientras avanzaba lentamente, casi como si no quisiera apartarse de la tranquilidad de los jardines.
Los árboles, verdes y tan llenos de vida, se mecían con la suave brisa veraniega y su túnica ondeaba a cada paso que daba, produciendo un sonido parecido a un extraño fru-fru a cada paso que daba.
No era una persona muy amable, ni mucho menos agradable, ninguno en su casa podría decir que lo era. Los Slytherin eran unos bichos raros según palabras de los demás estudiantes, que encontraban placentero el molestarlos, frunció el entrecejo, y eso que él era uno de los pocos estudiantes en todo el colegio que conocía las maldiciones suficientes como para asustarlos.
Siempre había sido así.
Es más, él poseía una inmensa fascinación por las Artes Oscuras, era un tema que le fascinaba, un tema que, podría decirse, él dominaba.
Por eso, muchas veces, ciertos estudiantes, como los archi-conocidos "Marauders" se mofaban de él a cada movimiento que hacía, a cada paso que daba, a cada palabra que pronunciaba.
Eran personas que no tenían más que hacer que perder el tiempo, haciendo más interesantes sus vidas con las desgracias de otros. En vez de sentir algo parecido a la lástima por ellos, les deseó una muerte dolorosa y lenta, quizá un día pudiera deshacerse de ellos, que lo molestaban hasta por cosas que no eran culpa suya.
Pero, de entre aquel grupo, estaba él: Remus Lupin, la única persona de todo Gryffindor que prefería mantenerse al margen del asunto, y algunas veces ayudaba a Snape, sintió un vuelco en el estómago, como un nerviosismo concentrado dentro de su organismo, no manifestado de las formas más comunes, el tartamudeo, el sudor frío, la mudez momentánea.
Le molestaba saber que estaba interesado en alguien de otra casa.
Para ser más exactos y no cometer el error de ofender a quienes no tenían vela en el entierro... ¡estaba molesto por estarse enamorando de uno de los amigos de James Potter y Sirius Black!
Y si eso lo llegaba a saber Lucius, sería otra cosa, el final de él, como un Slytherin, había llegado.
Hasta la vista todo el respeto que se había ganado por los de su casa, las maldiciones ya no le servirían de mucho; al menos que lanzara maldiciones a diestra y siniestra a todos los que hicieran un comentario acerca de sus sentimientos hacia Lupin. El joven de ojos claros no debía enterarse, porque aunque era el único, aparte de los mismos Slytherin, que lo llamaba.
Hizo un gesto de disgusto y frunció el entrecejo.
Lupin era una carga para él, mantener el secreto de que le atraía su hermosura, aquel maravilloso sentimiento que vibraba dentro de él al estar en el mismo aula que el otro joven... el mismo sentimiento que despertó en él cuando trabajó con él en la clase de Pociones.
"Si es la serpiente de Slytherin." Dijo una voz sonriente, vio que Sirius Black caminaba a donde estaba él, lo seguía de cerca Remus Lupin, que no dijo palabra alguna, sólo miró fijamente a Snape, sabiendo que sucedería a continuación. "Y está robándonos el aire."
"Padfoot, por favor." Intentó Remus, él tenía ciertas cosas por hacer, como por ejemplo estudiar... tenía que estar al día, porque el hecho de ser amigo de James y Sirius no le aseguraba buenas notas, además no quería perder el tiempo mientras su amigo molestaba a Snape.
Pero Sirius pasó por alto la voz de Remus y dio un paso más, sus ojos azules vieron fijamente a Severus, la mueca de odio que deformaba aquel rostro carente de atractivo y sus mechones negros que cubrían parte de su rostro... Estaba seguro que Snape lo odiaba más que nunca.
Y le sorprendió descubrir la mirada de su peor enemigo en el rostro de su mejor amigo, que le sonrió cálidamente, y avanzó dos pasos.
"Padfoot, por favor." Repitió, esta vez más seriamente, sujetó a Sirius de la manga y tiró de ésta, sus ojos le regalaron una sonrisa tranquilizadora al joven de Slytherin, que, sin poder ocultarlo, se sonrojó furiosamente.
Aquella fue la gota que derramó el vaso para Sirius, los labios de su amigo le susurraron un suave 'Tranquilo', pero él no podía estar calmado, había notado que la mirada de Snape no era tan casta y pura dirigida hacia el hombre lobo y sintió un intenso sentimiento de celos al ver como su amigo se preocupaba.
El brillo en las pupilas de Lupin era anormal, se dijo, y no se había dado cuenta si lo llevaba antes, antes de ver a Snape, o si aquella alegría tan pintada en sus iris doradas ya había estado desde que habían salido de la sala común.
Él había estado muy feliz, había despertado en el regazo de Remus, con el cabello desordenado, pero la mano de Moony aún perdida entre sus mechones negros, tan intenso que tenía reflejos azulados.
La sonrisa había permanecido en su rostro durante todo el desayuno, porque había desayunado junto a Remus, quien ya no estaba de mal y humor y sonreía a cuantos le saludaban... algunos intentaban evitarlo, pero cuando veían su sonrisa, la misma de siempre, decidían que era el mismo de siempre. Por eso los chicos le hablaban normalmente y estaban alegres, casi tanto como él mismo.
"No necesito de tu ayuda, Lupin." Susurró con desprecio Snape, sus ojos enviaron una mirada venenosa al amable joven de mirada cálida, que asintió con un movimiento firme, pero siguió empujando a Sirius.
"Y yo necesito hacer ciertas cosas con Sirius, lejos de aquí, y si él insiste en pelear contigo..."
"¡Rictusembra!" Gritó Sirius, fue la maldición más rápida que se le ocurrió, y ver a Snape riendo un momento le hizo gracia, un montón de alumnos se acercó a ver la escena.
Un Slytherin riendo a mandíbula batiente mientras intentaba no perder el agarre de su varita, las risas de los Gryffindor llegaban a su cerebro y quedaban registradas, siendo repetidas por su subconsciente.
"¡Basta, Sirius!" Ordenó Remus, agarró firmemente su varita y la apuntó a Severus. "Finite incantatem." Dijo firmemente y el hechizo de Sirius llegó a su fin, concluyendo abruptamente las risas de los demás jóvenes.
Sirius, muy molesto, jaló a su amigo hacia él y le miró, retándolo, demasiado molesto para entender por qué lo hacía.
Pero Remus lo ignoró y se soltó del agarre del otro muchacho y caminó a donde estaba Snape, se inclinó un poco, porque el otro chico se había arrodillado en el piso, descansando un poco después de haber estado riéndose tan bruscamente.
"¿Estás bien?" Le sonrió y estiró su mano, ayudando a Snape a levantarse.
Pero el joven de Slytherin no respondió al instante, el sonrojo en su rostro se lo impidió, y Sirius no fue el único que lo notó, incluso fue obvio para Remus, pero no le tomó importancia.
"Suéltame." Gruñó Snape, enfadado.
Los ojos azules se entrecerraron furiosos y Padfoot avanzó, completamente furioso hacia Snape, lo vio con odio puro, la mirada que nunca le había dedicado a nadie, por el odio que el grasiento se acababa de ganar.
Pero Snape ignoró esa mirada y dio un leve empujón a Remus, haciendo a éste retroceder unos cuantos pasos y tambalearse peligrosamente, estando a punto de trastabillarse y caer. Su amigo, Sirius, lo sujetó fuertemente y exhaló un suspiro en su cuello, agradecido de haber detenido la caída.
"¿Estás bien, Moony?" Las palabras sonaron suaves en su oído, y el hombre lobo entrecerró los ojos, sintiendo el cosquilleo en su oreja, aquel aire que soplaba su amigo en aquel íntimo susurro.
"Sí." Mintió, estaba nervioso por la cercanía de Sirius y los sentimientos de Snape.
La bola alrededor de ellos empezó a crecer.
Pero cuando Sirius volvió a alzar la varita, Snape ya se iba y la mano de Remus le impidió lanzar cualquier hechizo, porque le arrebató la varita de un brusco jalón, haciendo que sus ojos azules lanzaran una mirada cargada de resentimiento al joven de ojos dorados.
Y Remus volvió a enfadarse.
Por ellos infringía las reglas de Dumbledore y él no se daba cuenta de lo mucho que él los apreciaba por preocuparse por una estúpida rivalidad.
Remus le devolvió la varita, pero lo miró como el día anterior, dándole a entender que no lo quería cerca... en completo silencio, se alejó de él, por el mismo camino que Snape había seguido.
"Maldición..." Murmuró el animago y sólo pudo ver la silueta de su amigo a lo lejos.
Ahora estaría molesto el resto del día y él ya no podría ayudarlo con su mal humor, sólo esperaba que Remus no se tomara eso muy a pecho, porque si eso sucedía, podía empezar a despedirse por tiempo indefinido de uno de sus mejores amigos.
~ * ~
Continuará...
Notas de Lena:
Este capítulo está un poco mejor, y sale Severus... ojalá les haya gustado, con eso de que, a veces, ni a mí misma, me gustan los capítulos que escribo... y algo más... ¡GRACIAS POR LOS REVIEWS! Me sentí muy feliz de ver como hay gente que lee lo que yo escribo... y aquellas fans de Sirius x Remus, no desesperen, pronto les pondré a su pareja junta, sólo esperen un poco más.
