A Harry, últimamente, le gustaba mucho encontrar lugares solitarios dentro
de la escuela, que se había convertido en un paraíso desde la jubilación de
Filch. Los pasillos le permitían vagar por su propio mundo. Había
descubierto muchos lugares secretos e interesantes: una fuente de los
deseos, que sin embargo sólo funcionaba el día de tu 25 cumpleaños, un
laberinto de espejos mágicos, un pasillo en el que las piedras hablaban,
una torre desde la cual a veces se oía una complicada música de violín, y
una sala donde se exhibía, debidamente catalogada, la colección de
minerales del colegio. Había grandes cristales verdes, púrpura, azul
cobalto; agujas blancas como el hielo, estructuras frágiles que parecía
flores quebradizas, algo parecido a hongos que brillaban en la oscuridad...
En un cofre muy protegido había una pequeña pepita, como de oro, pero con
reflejos rosados y verdes. Harry leyó la etiqueta, intrigado.
TAUMATITA (Minas de Buarque, Brasil) Se trata del único mineral del mundo con una carga natural de magia, además de su baja radioactividad. Es un mineral poco estudiado debido a su extrema escasez (es un millón de veces más raro que el oro), aunque se piensa que en las capas inferiores de la geosfera puede ser más abundante. Aplicaciones: No ha podido estudiarse adecuadamente, pero se conoce su capacidad de generar un campo estático mágico.
Alguien carraspeó detrás de Harry.
-¡Ron! ¿Qué haces aquí?
-Eh... te he traído el mapa del merodeador. Te lo habías dejado abierto entre los cuadernos, y me ha parecido que debía... eh... venir a traértelo, antes de que alguien lo encuentre.
-Pues... gracias, Ron. Vaya despiste.- (Si Ron supiera que lo había estado usando para seguir la pista de cierta persona, e imaginarse su trayectoria por las diferentes aulas, estancias y salones...)
-Sí, la verdad... es que andas un poco en las nubes últimamente, ¿no?
-¿Por qué lo dices?
-Pues... no sé, muchas veces te buscamos y nadie sabe por dónde andas... hoy mismo, si no fuera por el mapa, no habría podido encontrarte. ¿Te preocupa algo? A lo mejor aún recuerdas cosas de aquello...
Ron sabía que desde la última batalla, en la que Harry y varios miembros de la órden del fénix, se habían enfrentado con Voldemort y once mortífagos, su amigo tenía algunas secuelas. En el transcurso de la lucha, dos de los aurores murieron, y Dumbledore corrió un grave peligro. A veces se había despertado por las noches, envuelto en un sudor frío. Pero ya hacía meses que esto no ocurría.
-No, no es eso, Ron. Es que...
-Harry, ¿si no me lo cuentas a mí, a quién se lo vas a decir? ¿A esa española?
Harry sonrió.
-Ron, hay cosas que ni siquiera el mejor amigo puede entender. Ni siquiera yo sé muy bien lo que me está pasando, ¿sabes? Es como si estuviera cambiando, pero no hacia fuera; como si estuviera descubriendo pasillos y salas dentro de mí en las que nunca había entrado.
Ron no sabía qué decir. Esperaba una respuesta tangible, como "he descubierto una nueva droga", o "sí, por fin he practicado el sexo, no como tú". Pero si la conversación iba a llevarse por esos derroteros, debería haber venido Hermione.
-¿No encuentras a veces en tu cabeza, cuando te dejas llevar, o en tus sueños, cosas que no sabías que estaban allí, pero que han estado siempre?
-Harry, si te hubieran hechizado, alguien se daría cuenta, ¿verdad?
-¿Eso que tiene que ver? Pues me imagino que sí, algún profesor, o vosotros, pero ya sabes que el colegio es un lugar muy seguro... Ron, nadie me ha hechizado. Es sólo que necesito conocerme a mí mismo.
Ya estaba ahí. Una frase de muggles. ¿Qué mago podría decir eso nunca? Demasiado tiempo con los Dursley.
-Ya... Oye, harry, ¿por qué no vamos a hacer unos pases con la snitch? Hace un montón que no nos movemos un poco.
-Prefiero seguir mirando estas rocas tan fascinantes...¿alguna vez habías visto cristales de esta forma?- Harry señaló una inflorescencia pentagonal de color azul verdoso.
Ron suspiró.
---oooOOOooo---
Durante la cena, Hermione pasó más de veinte minutos explicando sus técnicas de estudio de geomancia, mientras Ron hacía un verdadero esfuerzo por prestar atención, cosa que daba a Harry la oportunidad perfecta para divagar en privado. No tenía apetito, y de vez en cuando se atrevía a lanzar una mirada rápida al sitio vacío donde debería estar Snape. Le pareció que Dumbledore, en un momento dado, interceptaba su mirada y le sonreía, pero era difícil estar seguro. Cogió una naranja del cuenco dorado y se dedicó a recortar su piel en forma de pequeños rombos y pentágonos.
-¡Harry!
La voz de Hermione era inconfundible, más que por su tono agudo, por la claridad perfecta con que vocalizaba. Se oían todas las letras cuando hablaba.
-¿Es que no vas a comer nada?
Harry se imaginaba claramente a Hermione, dentro de unos años, hablándole así a dos o tres chiquillos pelirrojos. Sonrió, pero no dijo nada.
-Oye, tienes que tener energía para el partido, Harry. Y hoy te has saltado la comida...
-¡Mirad eso!
Neville señaló en dirección a la gran puerta del comedor, y todos volvieron la cabeza, intrigados por su tono. Quienes llegaban eran el profesor Severus Snape y una hermosa mujer, delgada y fibrosa, con los ojos violeta y una larguísima melena negra.
-¡Es la mujer más guapa que he visto en mi vida!- consiguió decir Longbottom, cuyo rostro se había detenido en una expresión de asombro total.
Ron no habló, pero su cara lo hacía por él con elocuencia. Hermione le propinó un agudo codazo.
-Vaya- dijo Ginny- Parece que a Snape le ha ido bien.
Todos se giraron hacia ella.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Harry.
-¿No salta a la vista? El año pasado, un día que me quedé barriendo la clase y no se dieron cuenta de que estaba allí, oí a Mac Gonagall contarle a la profesora Koreander lo preocupada que estaba por la soledad de Snape. Creo que se pusieron de acuerdo para buscarle una novia.
-Pobrecita- dijo Neville, compungido.
-Me imagino que Snape no la tratará tan mal como a ti, Neville- le recordó Ginny.
Snape y la bella desconocida llegaron hasta la mesa de profesores, donde fueron saludados por Dumbledore y los demás profesores.
Harry sentía un vacío en el estómago que no tenía nada que ver con la falta de alimento.
Desde la mesa de Ravenclaw, unos ojos rasgados no dejaban de observarle, sin que nadie lo advirtiera.
---oooOOOooo---
-Ah, Minerva, pasa, pasa...
-Lamento el retraso, Albus. Uno de mis alumnos se ha transformado por error en mí, y hemos tenido un poco de confusión.
-No importa. Minerva, he querido que vengas para mostrarte esto.
Dumbledore levantó el paño plateado que cubría una pequeña pirámide de cristal. En su interior, se veía una pequeña isla, en medio de un mar en calma y azul como el cielo. Tendió a la profesora Mac Gonagall unas pequeñas gafas con cristales trapezoidales.
-Ya conoces las gafas de Geomancia. Mira con ellas. ¿Ves las ráfagas debajo de la tierra?
-Albus, esto no es posible. Semejante movimiento subterráneo tendría que haber provocado ya alguna erupción. No es posible que se acumule tanta...
-Está ocurriendo. La taumatita se está agrupando hacia algo o hacia alguien... como si la controlaran.
-¿Has hablado con Koreander? -Sí, está investigando el fenómeno...- Dumbledore se puso pálido, y se agarró al respaldo de una butaca para no caerse. Mac Gonagall corrió a ayudarle.
-Albus, ¿te encuentras bien?
-Sí, sí, es sólo... sólo un mareo.- Dumbledore sonrió de nuevo-. Creo que voy a tomar un poco de ese chocolate, Minerva.
---oooOOOooo---
-¡Harry! ¡Ron! No os vais a creer lo que me ha pasado.
Neville estaba alborotado, con las mejillas rojas como sandías, una sonrisa de oreja a oreja, y el pelo desordenado por la carrera. Harry y Ron estaban en la sala común de Gryffindor, intentando empezar un trabajo de Transformaciones. Pero Harry estaba en las nubes.
-Creo que nunca te había visto tan contento- dijo Ron, que aún estaba un poco deprimido por haber perdido el partido de quidditch.
-¿Os acordáis de la mujer de anoche? ¿De esa que vino con Snape? Pues es la nueva ayudante de herbología. Creo que la están preparando para ser la siguiente profesora. Bueno, ha llegado hoy, y mientras estábamos transplantando unas ortiphloris naxensis, se pudo a saludarnos uno por uno, y a hacernos preguntas sobre nosotros...- Neville se ruborizó- Yo me puse un poco nervioso, pero con las plantas no es como en pociones, porque son seres vivos y eso me hace poner mucho ciudado, así que no rompí nada ni tiré nada, y me felicitó por mi manera de recubrir las raíces de suero nutritivo.
Ron pensó que la cosa terminaba allí, e iba a abrir la boca para felicitar a Neville, sin embargo este continuaba.
-Y entonces se fue a hablar con Sprout, y por como me miraban de vez en cuando creo que estaban hablando de mí, y sonreían... es que me gustan mucho las plantas, ya lo sabes, y por eso se me da muy bien herbología, y ahora resulta que esa mujer maravillosa es una herbóloga conocida, nada menos que Sione Snape, incluso aparece en algunos libros...
-Perdona, ¿has dicho Sione Snape?
-¿¿Su hermana?? ¿Ese bombón es la hermana del viejo?
-Sí, es su hermana- se ensombreció Neville. –Pero no se parece nada a él.
-Pues vaya nombre más raro, Si-o-ne, nunca lo había oído.
-Es judío- aclaró Neville- Nos ha explicado que su familia es de origen sefardita.
-¿Alguien sabía que Snape era judío?- Preguntó Harry.- Ese hombre está lleno de secretos.
Un silencio sobrevoló a los tres chicos, dos de ellos en su mundo privado de ensoñaciones, y Ron en medio, sin entender casi nada, así que rompió el silencio con lo primero que se le pasó por la cabeza.
-Neville, y ¿a qué se dedica esa hermana de Snape?
-Mira, yo lo sé todo del invernadero. Conozco cada planta y cada raíz, y sé que algunos de los ingredientes raros que utilizamos en Pociones no proceden del colegio. Yo no sabía de dónde los sacaba Snape: pues ahora ya lo sé. Se los mandaba ella.
-Vaya con los hermanitos. Si me hubieran preguntado, habría apostado bastante a que Snape había surgido directamente del caldo primordial. No le puedo imaginar familia.
-Sí. –Neville ensombreció su mirada- Supongo que en cuanto él le hable de mí, ella dejará de encontrarme tan estupendo.
-No seas tonto. Ya te digo yo que nadie hace caso de lo que digan sus hermanos mayores- le consoló Ron.
-Por cierto, ¿dónde se ha ido Harry?-preguntó Neville. –Ni siquiera me he dado cuenta de que se largaba.
-Estupendo- se felicitó Ron, y salió corriendo a buscarle.
TAUMATITA (Minas de Buarque, Brasil) Se trata del único mineral del mundo con una carga natural de magia, además de su baja radioactividad. Es un mineral poco estudiado debido a su extrema escasez (es un millón de veces más raro que el oro), aunque se piensa que en las capas inferiores de la geosfera puede ser más abundante. Aplicaciones: No ha podido estudiarse adecuadamente, pero se conoce su capacidad de generar un campo estático mágico.
Alguien carraspeó detrás de Harry.
-¡Ron! ¿Qué haces aquí?
-Eh... te he traído el mapa del merodeador. Te lo habías dejado abierto entre los cuadernos, y me ha parecido que debía... eh... venir a traértelo, antes de que alguien lo encuentre.
-Pues... gracias, Ron. Vaya despiste.- (Si Ron supiera que lo había estado usando para seguir la pista de cierta persona, e imaginarse su trayectoria por las diferentes aulas, estancias y salones...)
-Sí, la verdad... es que andas un poco en las nubes últimamente, ¿no?
-¿Por qué lo dices?
-Pues... no sé, muchas veces te buscamos y nadie sabe por dónde andas... hoy mismo, si no fuera por el mapa, no habría podido encontrarte. ¿Te preocupa algo? A lo mejor aún recuerdas cosas de aquello...
Ron sabía que desde la última batalla, en la que Harry y varios miembros de la órden del fénix, se habían enfrentado con Voldemort y once mortífagos, su amigo tenía algunas secuelas. En el transcurso de la lucha, dos de los aurores murieron, y Dumbledore corrió un grave peligro. A veces se había despertado por las noches, envuelto en un sudor frío. Pero ya hacía meses que esto no ocurría.
-No, no es eso, Ron. Es que...
-Harry, ¿si no me lo cuentas a mí, a quién se lo vas a decir? ¿A esa española?
Harry sonrió.
-Ron, hay cosas que ni siquiera el mejor amigo puede entender. Ni siquiera yo sé muy bien lo que me está pasando, ¿sabes? Es como si estuviera cambiando, pero no hacia fuera; como si estuviera descubriendo pasillos y salas dentro de mí en las que nunca había entrado.
Ron no sabía qué decir. Esperaba una respuesta tangible, como "he descubierto una nueva droga", o "sí, por fin he practicado el sexo, no como tú". Pero si la conversación iba a llevarse por esos derroteros, debería haber venido Hermione.
-¿No encuentras a veces en tu cabeza, cuando te dejas llevar, o en tus sueños, cosas que no sabías que estaban allí, pero que han estado siempre?
-Harry, si te hubieran hechizado, alguien se daría cuenta, ¿verdad?
-¿Eso que tiene que ver? Pues me imagino que sí, algún profesor, o vosotros, pero ya sabes que el colegio es un lugar muy seguro... Ron, nadie me ha hechizado. Es sólo que necesito conocerme a mí mismo.
Ya estaba ahí. Una frase de muggles. ¿Qué mago podría decir eso nunca? Demasiado tiempo con los Dursley.
-Ya... Oye, harry, ¿por qué no vamos a hacer unos pases con la snitch? Hace un montón que no nos movemos un poco.
-Prefiero seguir mirando estas rocas tan fascinantes...¿alguna vez habías visto cristales de esta forma?- Harry señaló una inflorescencia pentagonal de color azul verdoso.
Ron suspiró.
---oooOOOooo---
Durante la cena, Hermione pasó más de veinte minutos explicando sus técnicas de estudio de geomancia, mientras Ron hacía un verdadero esfuerzo por prestar atención, cosa que daba a Harry la oportunidad perfecta para divagar en privado. No tenía apetito, y de vez en cuando se atrevía a lanzar una mirada rápida al sitio vacío donde debería estar Snape. Le pareció que Dumbledore, en un momento dado, interceptaba su mirada y le sonreía, pero era difícil estar seguro. Cogió una naranja del cuenco dorado y se dedicó a recortar su piel en forma de pequeños rombos y pentágonos.
-¡Harry!
La voz de Hermione era inconfundible, más que por su tono agudo, por la claridad perfecta con que vocalizaba. Se oían todas las letras cuando hablaba.
-¿Es que no vas a comer nada?
Harry se imaginaba claramente a Hermione, dentro de unos años, hablándole así a dos o tres chiquillos pelirrojos. Sonrió, pero no dijo nada.
-Oye, tienes que tener energía para el partido, Harry. Y hoy te has saltado la comida...
-¡Mirad eso!
Neville señaló en dirección a la gran puerta del comedor, y todos volvieron la cabeza, intrigados por su tono. Quienes llegaban eran el profesor Severus Snape y una hermosa mujer, delgada y fibrosa, con los ojos violeta y una larguísima melena negra.
-¡Es la mujer más guapa que he visto en mi vida!- consiguió decir Longbottom, cuyo rostro se había detenido en una expresión de asombro total.
Ron no habló, pero su cara lo hacía por él con elocuencia. Hermione le propinó un agudo codazo.
-Vaya- dijo Ginny- Parece que a Snape le ha ido bien.
Todos se giraron hacia ella.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Harry.
-¿No salta a la vista? El año pasado, un día que me quedé barriendo la clase y no se dieron cuenta de que estaba allí, oí a Mac Gonagall contarle a la profesora Koreander lo preocupada que estaba por la soledad de Snape. Creo que se pusieron de acuerdo para buscarle una novia.
-Pobrecita- dijo Neville, compungido.
-Me imagino que Snape no la tratará tan mal como a ti, Neville- le recordó Ginny.
Snape y la bella desconocida llegaron hasta la mesa de profesores, donde fueron saludados por Dumbledore y los demás profesores.
Harry sentía un vacío en el estómago que no tenía nada que ver con la falta de alimento.
Desde la mesa de Ravenclaw, unos ojos rasgados no dejaban de observarle, sin que nadie lo advirtiera.
---oooOOOooo---
-Ah, Minerva, pasa, pasa...
-Lamento el retraso, Albus. Uno de mis alumnos se ha transformado por error en mí, y hemos tenido un poco de confusión.
-No importa. Minerva, he querido que vengas para mostrarte esto.
Dumbledore levantó el paño plateado que cubría una pequeña pirámide de cristal. En su interior, se veía una pequeña isla, en medio de un mar en calma y azul como el cielo. Tendió a la profesora Mac Gonagall unas pequeñas gafas con cristales trapezoidales.
-Ya conoces las gafas de Geomancia. Mira con ellas. ¿Ves las ráfagas debajo de la tierra?
-Albus, esto no es posible. Semejante movimiento subterráneo tendría que haber provocado ya alguna erupción. No es posible que se acumule tanta...
-Está ocurriendo. La taumatita se está agrupando hacia algo o hacia alguien... como si la controlaran.
-¿Has hablado con Koreander? -Sí, está investigando el fenómeno...- Dumbledore se puso pálido, y se agarró al respaldo de una butaca para no caerse. Mac Gonagall corrió a ayudarle.
-Albus, ¿te encuentras bien?
-Sí, sí, es sólo... sólo un mareo.- Dumbledore sonrió de nuevo-. Creo que voy a tomar un poco de ese chocolate, Minerva.
---oooOOOooo---
-¡Harry! ¡Ron! No os vais a creer lo que me ha pasado.
Neville estaba alborotado, con las mejillas rojas como sandías, una sonrisa de oreja a oreja, y el pelo desordenado por la carrera. Harry y Ron estaban en la sala común de Gryffindor, intentando empezar un trabajo de Transformaciones. Pero Harry estaba en las nubes.
-Creo que nunca te había visto tan contento- dijo Ron, que aún estaba un poco deprimido por haber perdido el partido de quidditch.
-¿Os acordáis de la mujer de anoche? ¿De esa que vino con Snape? Pues es la nueva ayudante de herbología. Creo que la están preparando para ser la siguiente profesora. Bueno, ha llegado hoy, y mientras estábamos transplantando unas ortiphloris naxensis, se pudo a saludarnos uno por uno, y a hacernos preguntas sobre nosotros...- Neville se ruborizó- Yo me puse un poco nervioso, pero con las plantas no es como en pociones, porque son seres vivos y eso me hace poner mucho ciudado, así que no rompí nada ni tiré nada, y me felicitó por mi manera de recubrir las raíces de suero nutritivo.
Ron pensó que la cosa terminaba allí, e iba a abrir la boca para felicitar a Neville, sin embargo este continuaba.
-Y entonces se fue a hablar con Sprout, y por como me miraban de vez en cuando creo que estaban hablando de mí, y sonreían... es que me gustan mucho las plantas, ya lo sabes, y por eso se me da muy bien herbología, y ahora resulta que esa mujer maravillosa es una herbóloga conocida, nada menos que Sione Snape, incluso aparece en algunos libros...
-Perdona, ¿has dicho Sione Snape?
-¿¿Su hermana?? ¿Ese bombón es la hermana del viejo?
-Sí, es su hermana- se ensombreció Neville. –Pero no se parece nada a él.
-Pues vaya nombre más raro, Si-o-ne, nunca lo había oído.
-Es judío- aclaró Neville- Nos ha explicado que su familia es de origen sefardita.
-¿Alguien sabía que Snape era judío?- Preguntó Harry.- Ese hombre está lleno de secretos.
Un silencio sobrevoló a los tres chicos, dos de ellos en su mundo privado de ensoñaciones, y Ron en medio, sin entender casi nada, así que rompió el silencio con lo primero que se le pasó por la cabeza.
-Neville, y ¿a qué se dedica esa hermana de Snape?
-Mira, yo lo sé todo del invernadero. Conozco cada planta y cada raíz, y sé que algunos de los ingredientes raros que utilizamos en Pociones no proceden del colegio. Yo no sabía de dónde los sacaba Snape: pues ahora ya lo sé. Se los mandaba ella.
-Vaya con los hermanitos. Si me hubieran preguntado, habría apostado bastante a que Snape había surgido directamente del caldo primordial. No le puedo imaginar familia.
-Sí. –Neville ensombreció su mirada- Supongo que en cuanto él le hable de mí, ella dejará de encontrarme tan estupendo.
-No seas tonto. Ya te digo yo que nadie hace caso de lo que digan sus hermanos mayores- le consoló Ron.
-Por cierto, ¿dónde se ha ido Harry?-preguntó Neville. –Ni siquiera me he dado cuenta de que se largaba.
-Estupendo- se felicitó Ron, y salió corriendo a buscarle.
