-Señor Malfoy, si sigue adelante con esa disolución de pirita, me temo que vamos a tener que sacarle de la probeta a usted.

Todos los alumnos de pociones se regocijaron interiormente. Malfoy estaba blanco de ira y de asombro. No dijo nada, pero tiró la mezcla con saña.

El profesor Snape recorría mesa por mesa. Neville, un poco tembloroso, se preparó para el reproche inevitable. Pero Snape pasó por su lado sin hacer ningún comentario. Sin embargo, hizo con la cabeza un signo de aprobación. Neville se quedó petrificado.

-¿Qué pasa aquí?- Le susurró Ron a Hermione.

-¿Cómo quieres que lo sepa?

-Es todo muuuuy raro, Hermy. Yo ya no entiendo nada de lo que pasa. Harry va a ser nuestro vigilante, Neville hace bien las pociones y está enamorado de la hermana de Snape... y lo más raro de todo: ella parece hacerle caso...

-Es verdad que están pasando cosas poco usuales, Rony, sobre todo lo de Harry. Tenemos que descubrir lo que hay en el fondo de esta situación. Y ya sabes cómo podemos hacerlo...

Ron asintió. El día anterior, en la biblioteca, habían descubierto un procedimiento revelador para el "ardentus": un procedimiento para saber quién había lanzado alguna vez este complicado hechizo. Pero no podían obtener resultados hasta la noche del equinoccio de primavera, y mientras tanto tenían que elaborar dos dificilísimas pociones, para las que necesitaban ciertas hierbas raras que sólo Neville podía conseguir.

-Hermy, ¿crees que deberíamos pedirle a Neville que nos ayude con las pociones? A lo mejor nosotros solos no sabemos.

-Bueno, me imagino que él está libre de sospecha... está bien. Otra cosita, Ron...

-¿Sí, amor?

-¡No me llames Hermy!

---oooOOOooo---

Harry paseaba por los pasillos de la cuarta planta. No es que le hiciera falta: teniendo el mapa del merodeador, podía saber exactamente dónde estaba todo el mundo sin moverse de su nueva habitación. Pero le gustaba sentir el vapor frío de los grandes bloques de piedra. Pasaba tanto tiempo pensando que más que recorrer el castillo, se estaba recorriendo a sí mismo.

A veces miraba el mapa. Había detectado un movimiento sospechoso entre la habitación de Luna Lovejoy, y la de la estudiante de intercambio española, Marta. La mayor parte de las noches, los nombres de las dos chicas estaban tan juntos en el mapa que parecían ocupar el mismo lugar.

Ya era tarde cuando, tras contener varios impulsos, cedió a su tentación de pasar por el ala del castillo que correspondía verticalmente con la casa de Slytherin. Qué irónico, pensó, si Draco pudiera imaginarse... ¿y si el también...? por un momento, vio a Draco con otros ojos. Pero no. Los Malfoy se caracterizaban, entre otras cosas, por su raquítica y avara imaginación.

Miró el mapa y vio que Snape no estaba en su habitación, lo que significaba que podría volver en cualquier momento. Un hormigueo de placer al imaginarse cómo podrían encontrarse a solas en un pasillo muy estrecho y oscuro recorrió la espina dorsal de Harry. La que sí estaba en la habitación era la hermana. Harry cerró el mapa del merodeador, y justo en ese momento la puerta de Snape se abrió, y apareció Sione.

-Hola. Tú debes de ser el nuevo vigilante nocturno.

¿Cómo demonios había sabido ella que Harry estaba allí? Debía de tener algún tipo de poder para detectar gente.

-Sí, bueno... me llamo Harry.

-Ya lo sé, Harry... mi hermano me ha hablado mucho de ti. ¿quieres pasar a tomar un té o tienes trabajo?

-Eh... me imagino que puedo tomarme un descanso...

Harry sentía que podía confiar en Sione. Tenía una mirada directa a los ojos, del mismo color negro profundo que la de su hermano, y una actitud de calma y serenidad. Entraron en la habitación.

Harry se había imaginado mil veces cómo podía ser la habitación de su oscuro profesor, pero evidentemente nunca había estado allí. Era un espacio doble, comunicado por una escalera de caracol, con las paredes recubiertas de madera sobre la piedra: daba una sensación de calidez y orden. Había un antiguo escritorio de madera oscura, una gran estantería con muchísimos libros, y un sillón convertido en cama, donde Harry supuso que dormiría Sione. Imaginó que en el piso de arriba estaría el dormitorio de Snape.

-¿Qué horario tienes?- preguntó Sione mientras calentaba el agua en una pequeña cocina de fuego malva.

-Tengo que estar alerta desde las once hasta las cinco. A partir de esa hora, ya hay gente que puede levantarse a hacer tai-chi.

Sione se rió de la ironía. Los estudiantes de Hogwarths eran conocidos por su poca afición a madrugar.

-O eso dice mi hermano, que se levanta con los cuervos.

Hubo un silencio. Harry no sabía si podía sonreír ante esta comparación, pero empezó ella. La sensación de simpatía y confianza hacia Sione iba creciendo en él.

-¿Puedes guardarme un secreto?- preguntó tímidamente Harry.

Ella lo miró con detenimiento, y asintió con la cabeza. Harry desplegó el mapa con su varita.

-Mira, gracias a este mapa puedo saber siempre dónde está cualquiera, así que es fácil vigilar los pasillos y adelantarme a los acontecimientos. ¿Ves? Por ejemplo, aquí está Dumbledore, en su despacho; y Mac Gonagall, en la sala del té con Sprout y Koreander...

-Y Severus en su clase- dijo Sione, en voz baja..- Trabaja demasiado...

Harry no dijo nada, pero ella le buscó los ojos.

-Mi hermano no es muy fácil, ¿verdad?

-Bueno... digamos que no le han puesto de mote "el de las gafas color de rosa".

Sione sonrió.

-Pero tú le aprecias, ¿verdad, Harry? Lo noto. Soy muy perceptiva para estas cosas

Harry no supo qué contestar. Le había pillado por sorpresa la pregunta.

-Hay que saber mirar más allá de las apariencias. Ya sé que mi hermano parece siempre malhumorado y negativo y que a veces parece que la ira lo domina, pero...

Harry la miró, como preguntando, ¿y no es así?

-Sí, bueno, él es así, pero hay una razón para todo ello, y además, lo más importante, es que él no quiere ser así, sólo que ya no sabe cómo cambiar... pero hay que ayudarle...

Sione pareció divagar con la mirada durante un momento. El agua para el té estaba lista. Sione se levantó.

-¿Te gusta el Earl Green?

-Sí, es mi té favorito.

-También el de Severus... Pero basta ya de hablar de él. Cuéntame por qué decidiste dejar la escuela pero seguir en la escuela.

Harry no sabía hasta qué punto Severus se había dado cuenta del motivo, ni si se lo había contado a su hermana, así que tanteó un poco el terreno. Al volver a pensar en él, y darse cuenta de que estaba en su cuarto, y de que él podía volver en cualquier momento...

-Bueno, estaba realmente harto de estudiar, pero aún no quería dejar de ver a mis amigos.

-Esa es una respuesta muy infantil. Y tú ya no eres un niño- contestó Sione mientras servía el té en dos tazas de loza verde.- ¿pastas?

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Hermione, Ron y Neville estaban utilizando uno de los laboratorios de la quinta planta con la excusa de tener que hacer prácticas de pociones. En vez de eso, se estaban dedicando a oscuros manejos.

-Mirad, según el Grimorion Osculeus, para saber quién ha realizado alguna vez un hechizo "ardentus" tenemos que elaborar la poción "revelatrix", que tiene el poder de formar una gran nube sobre un grupo de gente, y de dejar caer una fina lluvia que cambia de color al tocar a los que han llevado a cabo determinado hechizo, y que también señala a quienes han sido sus víctimas. Tenemos que soltarlo en la fiesta del equinoccio, porque estará todo el mundo reunido.

-¿Pero cómo sabrá la nube cual es exactamente el hechizo que andamos buscando?- Preguntó Neville, temeroso.

-Para eso tenemos que elaborar también un poco de poción "ardentus", que es la parte difícil. En el momento exacto de terminar la "revelatrix", dejaremos caer unas gotas de la otra, para que la nube reveladora sepa qué señalar.- respondió Ron.

-Por eso necesitamos las plantas que te pedimos, ¿las has traído?

Neville sacó del bolsillo dos probetas y una pequeña jaula. En la primera probeta había una raíz fluorescente, en la segunda una flores que parecían de metal, y en la jaula había una pequeña planta que abría y cerraba las hojas como bocas furiosas y enroscaba sus zarcillos como brazos en los barrotes.

Hermione también sacó un frasco donde había un pequeño tritón bicéfalo, y una cajita de cerillas llena de unos pequeños huevos grises que se movían.

-Estupendo- dijo Ron. -¿Por dónde empezamos, chicos?

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Harry acudía cada vez más a la habitación de Snape cuando este no estaba, para hablar con Sione. Hablaban de muchas cosas: del colegio, de las plantas, del pasado, de planes de futuro, de Neville. Harry se alegraba mucho del interés de Sione por su amigo, que cada día se esforzaba por hacer más deporte y parecía resplandecer.

Aquella tarde, la conversación iba más bien por otros derroteros.

-Harry, el primer día que nos conocimos, tú me revelaste el secreto de tu mapa. Y creo que ahora ha llegado el momento de que yo te corresponda con un secreto mío.

Harry la miró, admirando su parecido con Snape.

-Cuando yo nací era un chico, Harry, y durante muchos años fui el hermano de Severus. Nuestra madre non supo mostrarnos cariño, y vivió toda la vida con miedo de nuestro padre, que era cruel y vengativo, y que no podía soportar que hubiera magos más brillantes que él. Quería que nosotros fuéramos los hombres que él nunca pudo ser.

Sione siguió contándole detalles de su desafortunada infancia como un niño. Harry estaba al borde de las lágrimas, así que apartó el rostro, fingiendo mirar el mapa.

-Pero al fin lo conseguí, me fui de casa y encontré un buen mago que me ayudó a transformarme completamente. Tuve más suerte que Severus, que tuvo que ingresar en las filas del ejército de aquel payaso...

Aquel payaso. Era la primera vez en su vida que alguien hablaba con ese desprecio del difunto Lord Voldemort. Harry rompió a reír. Sione siguió explicándole.

-Ese ridículo Tom estaba todo el día persiguiéndome. No sé que hubiera pasado sin la protección de Severus.

En ese momento, Harry levantó la cabeza y vio muy cerca a Snape, que había entrado en la habitación con su silencio característico.

-Hola, Harry. Sione me ha dicho que la visitas a menudo.

El tono de Snape, a pesar de ser tan gélido como siempre, traslucía un esfuerzo evidente por ser amable. Harry no daba crédito. Tragó saliva.

-Bu-bu-buenas noches, profesor.

Snape se deshizo de su capa, tan tranquilo. No parecía importarle la presencia de su antiguo alumno. Harry se dio cuenta de que la habitación se estaba llenando de un delicioso olor a carne asada.

-La cena casi está lista, chicos- informó Sione- Harry, ¿te quedarás, verdad?

Harry no sabía qué contestar. Severus también estaba en silencio. Pero, inesperadamente, habló.

-Tengo entendido que dispones de una hora libre para cenar.

-Bueno... pues... muchas gracias...

Sione sonrió, y fue hacia la pequeña cocina. Severus hizo aparecer una mesa redonda de madera en medio de la sala. Sione, sobre ella, puso un mantel blanco y tres platos.

-¿Qué queréis beber?

-El chianti de siempre estará bien.

Harry estaba inmovilizado. Se acercó a Sione para ayudarla con los vasos, y ella le sonrió, como para darle ánimos, como si se diera cuenta de su timidez.

Por fin se sentaron a cenar, alrededor de una pierna de cordero humeante, que Snape trinchó con delicadeza y precisión. Cenaron mientras hablaban de varias cosas del colegio y de algunos chismes del periódico. Era la primera vez en su vida que Harry escuchaba la risa de su "antiguo" profesor, y eso le llenaba de una alegría desconocida. Cuando Snape se reía, su voz cambiaba, y cobraba tonalidades musicales.

Cuando terminaron de cenar, Sione y Harry estaban sentados en el sofá.

-Severus, ¿porqué no nos tocas una canción?

Snape, obedientemente, cogió la funda de un violín de la parte superior de un armario, y sacó el instrumento, que tenía un color dorado oscuro. Lo afinó con cuidado. Y empezó a tocar.

La sala se llenó de un sonido inexplicable, como si una orquesta de flautas de plata estuviera escondida en la pequeña caja del violín. El sonido ordenó el aire en columnas y ondas casi visibles, reverberando y repercutiendo en cada mueble. Era una música dulce y extraña, de acordes mantenidos mágicamente en equilibrio, de modulaciones que acariciaban el oído como unos labios que dicen un secreto contradictorio desde muy cerca. Harry sentía cómo su piel se iba estremeciendo al compás de los acordes disonantes que Snape domaba y utilizaba para que hablaran partes secretas de su alma. Cuando la música se acabó, aún hizo falta un buen rato de silencio para que se terminaran de agotar los armónicos que seguían vibrando.

-Ha sido maravilloso, Severus...- los ojos de Harry temblaban de sinceridad.

Pero Snape no le miraba. Estaba muy ocupado guardando el violín dentro de la funda.

-Bueno, creo que ahora debería volver al trabajo...

-Sí, es buena idea. Ya es muy tarde, y mañana...

-Mañana es sábado, Severus, no hay clases; y muchos de los chicos están en Hogsmeade, así que no creo que precisamente hoy Harry tenga que vigilar demasiado, ¿no?

Mientras decía esto, Sione había empujado discretamente a Harry hasta situarlo, muy cerca de Snape, sobre una gran alfombra de dibujos indios.

-¡caelis navogatio!

La alfombra se movió bajo sus pies, y Harry se tambaleó. Pero Snape lo sujetó a tiempo. Mientras se elevaban en el aire, Sione y Snape se sentaros en la alfombra, así que harry hizo lo mismo. Salieros de la habitación por el balcón.

-¡Esto es fantástico! Gritó Harry, ya en el exterior, mientras sobrevolaban lentamente las torres del castillo.- ¿cómo la manejas?- Le preguntó a Sione, que tenía los ojos etrecerrados.

-Ahora no puede responderte. Toda su mente está concentrada en llevar la alfombra- le dijo Snape, hablándole muy cerca del oído para que el viento de la noche no se llevara el sonido.

Harry se estremeció. Snape interpretó equivocadamente su temblor, y lo envolvió en su capa.

-Está muy mal que los magos jóvenes hayais perdido la tradición de la capa. A veces resulta muy útil.

El calor que aún conservaba la capa había pertenecido al cuerpo de Severus. Sólo de pensarlo, Harry tenía la sensación de estar viviendo un sueño, uno en el que surcaba la noche a lomos de una alfombra mágica, que cada vez iba más rápido.

---oooOOOooo---

No todos los estudiantes habían ido a Hogsmeade. En un oscuro laboratorio de la planta quinta, Neville Longbottom, Ron Weaasley y Hermione Granger daban los últimos toques a un par de dífícules pociones, entre estallidos de fuego blanco y vapores alucinógenos muy peligrosos.

No todos los estudiantes habían ido a Hogsmeade: Luna Lovejoy y Marta Iuso habían preferido quedarse en la habitación.

---oooOOOooo---

-¿Dónde estamos¿- Le preguntó Harry a Snape, muy sorprendido.-¿Hemos llegado a londres?

-Esto va más rápido de lo que parece. Y suele aprovechar los atajos- le contestó Snape, haciendo que los tonos graves de su voz resonaran muy cerca del joven.

Aterrizaron en un oscuro callejón de un barrio que Harry reconoció en seguida: Knockturn.

-Tengo un par de cosas que hacer-dijo Sione. –Quedamos en el "alfil"dentro de media hora.

Parecía llevar prisa. Harry sólo tuvo tiempo de musitar un saludo, antes de quedarse a solas con Snape en medio del lóbrego callejón.

-Quédate ahí- dijo el profesor.

Harry obedeció. Snape levantó su capa, la golpeó con su varita y dijo "doppel": el resultado fue que apareció una capa idéntica en el aire, que fue recogida al vuelo por Harry.

-Aquí es mejor pasar inadvertido- le aconsejo con su voz más grave, mientras se embozaba hasta la barbilla y empezaba a caminar. Harry hizo lo mismo. Se dio cuenta de que Snape evitaba su mirada.

Llegaron ante una puerta de hierro ennegrecido al fuego, con grandes remaches en forma de rombos y una diminuta ventana en el centro. Snape golpeó con la varita, arrancándole a la puerta una sonoridad vibrante, como un gong. La ventanita se abrió, y apareció un gran ojo de lagarto.

-Pietra torturata- susurró Snape, a modo de contraseña.

La puerta se abrió, mostrando al gigantesco portero y su armadura de escamas. El aire era un espeso caldo de olores humanos, animales y sulfúricos. Harry siguió a Snape hasta una mesa un poco separada de la barra. Cuando se sentaron, fingió fijarse en cada pequeño detalle del bar para no tener que enfrentarse a una conversación. Una oleada de realidad le hacía preguntarse qué demonios hacía en una oscura y maloliente taberna londinense con Snape en lugar de estar trabajando.

-¿Has probado alguna vez la "sangre de hada"?

-Suena bien.

Snape sonrió con su sarcasmo habitual.

-Harry, puede que suene bien a tus inexpertos oídos, pero no se trata de un combinado. Es sangre de hada de verdad, cruda, rebajada con un poco de aguardiente. Sus efectos sobre el organismo humano son muy curiosos. Pero no te lo recomiendo aún. Imagino que quizá tengan algo parecido a la cerveza de mantequilla, de tipo tostado.

Harry no estaba en una edad en la que se puedan declinar desafíos desproporcionados.

-Creo que puedo intentar tomar una. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Snape le señaló a una bruja terriblemente desfigurada.

-Se emborrachó tanto que intentó salir volando desde lo alto de la torre del relojero. Pero no había nadie para cuidar de ella.

-Es decir, que puedo confiar en tí.

-Puedes experimentar por esta noche- contestó Snape, con una sonrisa equívoca que trastornó a Harry. De repente, tuvo la impresión de que todo no era más que un juego preparado por Snape, que gracias a sus habilidades de legeremancia había conseguido leerle el pensamiento, y quería divertirse un poco a su costa con su crueldad habitual. Se sorprendió pensando que le daba igual, con tal de estar cerca de él. Su orgullo quedaba en un plano muy lejano al lado de las sensaciones magnéticasque experimentaba cerca del profesor.

Snape llamó a la camarera, una enana que parecía plegada sobre sí misma, y pidió dos "sangre de hadas", y también una ración de algo que Hary no oyó. En una esquina opuesta de la taberna, una pelea empezó a ponerse muy fea.

Las bebidas llegaron enseguida. Eran dos jarras altas y alargadas en las cuales un líquido color granadina parecía evolucionar hacia un rosa azulado. En cuanto la camarera lo trajo todo, Snape creó una pantalla protectora invisible alrededor de la mesa. Harry se dio cuenta de que desaparecía el olor fétido, y empezó a sentirse mejor. Los finos labios de Snape estaban al borde de la sonrisa.

-Hay que beberlo antes de que se vuelva azul oscuro- advirtió Snape, que agarró una jarra con sus largos dedos.- Salud.

Esa palabra sonó demasiado irónica en el contexto. Pero Harry, con decisión, levantó la hermosa bebida y se la llevó a los labios.

-Salud- respondió, y los dos bebieron un largo trago.

Al principio, el sabor era casi delicioso, más dulce que ácido con un trasfondo aromático y levemente amargo. Pero en cuanto la lengua se iba acostumbrando al calor, descubría matices realmente electrizantes y nada usuales. Era como si la bebida tuviera una energía propia., y buscara su propio camino dentro del cuerpo. Volvieron a posar las jarras en la mesa. Snape se había bebido la suya entera, mientras que Harry había podido apenas con un tercio.

-El queso de murtlap- le mostró Snape, acercándole el plato- puede hacer que te sientas mejor.

Pero Harry ya no podía oír. En su cabeza había brazos desatando conexiones neuronales, embriagándole a una velocidad excesiva. Veía un torbellino rosa como la bebida en cuyo centro estaba la sonrisa sarcástica de Snape, que no parecía estar acusando el golpe alcohólico.

Entonces, el calor descendió desde su cabeza hasta su garganta. Algo empezó a arder, y se expandía hacia todo el tórax, llenándolo de una vibración incontrolable. Harry sintió algo en sus labios, y se limitó a tragar el pedazo blanco que le estaba dando Snape.

Entonces todo se atenuó. La vista seguía distorsionada, y el cuerpo parecía una bolsa hinchada de agua caliente, pero la cabeza se despejó lo suficiente como para ubicarse. Snape, tranquilísimo, le miraba con los ojos entornados.

-Muy bien. Eso es. Potter, he de reconocer que tienes mucha resistencia. Ni siquiera has gritado.

Harry no sabía si había gritado o no: tenía la mandíbula como anestesiada y un deja-vu insistente y muy intenso. Sin embargo, le parecía detectar que el profesor de pociones empezaba a perder la mirada serena. La bebida que quedaba en la jarra de Harry ya era de color azul celeste, con sólo unas nubes rosáceas.

Entonces llegó Sione. Atravesó dulcemente la pantalla protectora con un vaso verde en la mano. Acarició a Harry.

-¿Estás bien?

Este asintió con la cabeza

-¿Cómo se te ha ocurrido beber esto? Pero no te preocupes, en un instante merecerá la pena.

Sacó de su bolso una hierba que parecía perejil, la puso sobre otro pedazo de queso, y se lo dio a Harry. Mientras tanto una sonrisa de evasión crecía en el rostro de Snape. Sione le dio un pequeño trago a su refresco burbujeante con una pajita, mientras sonreía, divertida.

El calor que estaba removiendo las entrañas de Harry siguió bajando, y tomó su vientre. Su cabeza se había instalado en una placentera nube, donde todos los sentidos estaban mezclados. Tardó cierto tiempo en darse cuenta de lo que le estaba pasando a su miembro, pero no hizo ningún esfuerzo por detenerlo.

-¡Ahí está Gladiolus!- Cantó Sione con alegría-. Voy a saludarle. Sione se levantó y fue hasta la barra, donde dio un abrazo a un mago de túnica púrpura con ribetes malva. Harry creyó ver que tenía los ojos pintados, y le parecía muy natural. Algo le estaba acariciando con ondas de puro calor, manteniendo la tensión más placentera que había sentido en su vida. Desinhibido y blando, se atrevió a mirar a Snape, preguntándose si le estaría pasando lo mismo. Y se encontró con la mirada del profesor, cuyo rostro, tan diferente del habitual, sólo mostraba calma y placer.

-¿Te gusta esta bebida, Potter?

Pero me gustas más tú, le habría contestado Harry, si la hierba de Sione no hubiera hecho su efecto.

-Es interesante- respondió con frialdad. Pero la necesidad de establecer un contacto era más fuerte que Harry.

-Oye, Severus... quería preguntarte algo.

-No tienes más que hacerlo.

-¿Por qué seguiste tratándome con desdén después de todo lo que pasó? Yo siempre sentí que estábamos unidos por cosas que nadie más comprendía, pero tú te empeñabas en resaltar esa diferencia profesor-alumno...

-No quería que nadie nunca pudiera decir que yo te favorecí injustamente. Y además había otra cosa.

Harry esperó su respuesta con toda su atención. La bebida le moldeaba la cabeza como una masa de pizza, y su pantalón estaba a punto de estallar.

-...estaba demasiado celoso.

Harry enmudeció. Era la última respuesta que esperaba. No supo de dónde sacó el valor para mirar fijamente al centro de los ojos negros del hombre que no dejaba de sorprenderle. Snape callaba, sin ser capaz de despegar la mirada de los ojos verdes más intensos que había conocido. Los ruidos y chillidos de la taberna desaparecieron en la intensidad de esa mirada elocuente, que se estaba convirtiendo en la primera conversación de verdad entre ellos.