Rou-Ao: muchas gracias por tu gentil comentario; Nevichii: muchas gracias
por tu impaciencia. Me animan para escribir más rápido...
Anita Puelma, todo quedará desvelado a su debido tiempo. Y respecto a Voldemorty, nadie puede estar nunca seguro de su muerte...
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Snape se incorporó precipitadamente, tomó su varita y e hizo levitar a Harry hasta el piso superior de su dúplex para que nadie lo viera. Aunque sabía que el que estaba llamando era Dumbledore, y que todo era inútil. Harry se encontró de pronto en una gran cama cuadrada con sábanas de seda negra que tenían dragones chinos bordados.
Snape abrió la puerta a Dumbledore completamente desnudo, pero el director no pareció sorprenderse.
-¿Puedo pasar, Severus? Nos encontramos ante una complicada situación- expuso con su sencillez habitual.
-Por supuesto, Albus. Sientate -. Snape se puso una especie de kimono negro ligero. Dumbledore se sentó en el sofá verde esmeralda.
-Hace tiempo que debería haberte advertido de esta situación, pero la verdad es que no he encontrado el momento. Eres el mejor mago de la escuela, sin duda. Los poderes que recibiste en la batalla final...
-Sí, sí, ya sé- Severus empezaba a impacientarse. Sabía que Dumbledore podía tomar medidas para castigarle por haber cometido la locura de acercarse a Harry. Aunque no lo pareciera, él sabía que el viejo era bastante celoso, y ya sabía lo que su protegido significaba para Dumbledore...
-Bueno, veo que tienes prisa. Sólo quería pedirte un favor de amigo.
Snape lo miró con ojos inquisitivos.
-Necesito que vaya a una isla del pacífico sur, para investigar los extraños sucesos que están teniendo lugar allí. El equipo será liderado por la profesora Koreander. Sólo constará de tres o cuatro personas.
Snape suspiró, aliviado. Harry, en el piso de arriba, aunque no perdía detalle de la conversación, se dio cuenta de lo bien que olían las sábanas a Severus.
-Como quieras, Albus- le contestó.
-Saldréis mañana por la mañana, aún tienes tiempo de dormir tres o cuatro horas.
En ese momento, Severus cayó en la cuenta de que al lado mismo de Dumbledore estaba, desplegado, el mapa del merodeador que Harry había dejado allí. Si al director se le ocurría desplegarlo...
Pero Dumbledore se levantó y caminó lentamente hacia la puerta. Sin embargo, no era del tipo de personas que se quedaban con frases finales por decir. Así que, antes de desaparecer, apostilló:
-Severus, la magia oscura no es lo único que puede destrozar el corazón de la gente.
Snape lo sabía muy bien. De repente se sintió muy viejo, y muy cansado.
Y se fue. Harry, desde el piso de arriba, intuyó lo que podrían significar esas palabras, y tuvo un estremecimiento. No podía soportar la idea de que su encuentro con Severus fuera a limitarse a aquella noche.
...oooOOOooo...
Cho estaba sentada en un escalón de la taberna "Ojo de puerco" en Hogsmeade, fundiéndose en lagrimas. Su espalda se contraía con cada sollozo. A lo lejos, se oían ruidos de juerga y de celebración, de vez en cuando un petardo estallaba en chispas multicolores. Pero había escogido un lugar muy poco frecuentado, y hacía ya un rato largo que nadie la molestaba. Hasta que pasó por allí Hermione Granger, que no podía soportar ver sufrir a nadie. Se agachó cerca de ella y la abrazó.
-Vamos, Cho, venga, intenta respirar, eso es. Mirame.
Cho, lentamente, fue volviendo en sí. Hermione, que se controlaba mucho con el alcohol, se dio cuenta de que sus ojos rasgados contenían algo más que lágrimas.
-No lo entiendo, Hermione... no me cabe en la cabeza porqué me ha dejado. Fue horrible perder a Cedric, pero al menos sé que él me quería. Sin embargo es muy duro que Harry se me vaya sin motivo...- Cho dijo estas palabras muy entrecortadamente, hipando y arrastrando la voz.
-Ojalá pudieramos entenderlo todo, y controlarlo todo, Cho. Pero no puedes refugiarte en la autocompasión. Tienes que salir de ahí...
Sin embargo, las palabras de Hermione no calmaban a la chica, sino que intensificaban el volumen de su llanto.
-Está bien, Cho, te voy a contar algo. Todo el mundo piensa que a Harry le pasa algo extraño, y tenemos un plan...
Mientras Hermione fue explicándole sus ideas, Cho iba dejando de llorar. Sus ojos se iluminaron...
...oooOOOooo...
Snape subió las escaleras hasta la cama donde estaba Harry, que le esperaba tapándose con las sábanas y con los ojos muy abiertos. Lo miró durante un largo rato, con una expresión de duda y de culpabilidad. Definitivamente, se sentía más viejo que nunca.
-Bueno, creo que ahora sí que deberías volver a tu habitación. Supongo que has oído lo que el director ha venido a anunciarme.
Harry asintió con la cabeza. En sus ojos había un gesto de pesar. No quería separase tan pronto de Severus, pero no era su estilo suplicar. Se levantó de la cama, exhibiendo toda su desnudez ante la mirada firme de Snape.
-Me temo que Dumbledore se ha dado cuenta de todo, ¿verdad?
-No le hacían ninguna falta sus poderes mágicos. Tiene muy buen olfato.
Harry lo miró, pero no había ni rastro de ironía en el blanco rostro de Severus.
-Severus, quiero que sepas que esta noche...
Pero Snape lo interrumpió, como asustado de lo que Harry pudiera querer decir.
-Potter, no vayas a creer que por un desliz cometido en una noche tonta voy a comprometer mi reputación.
Qué duda cabe de que Snape sabía ser cruel. Practicaba muchísimo en sus clases, y además llevaba años perfeccionando su sistema de detección de aquello que más daño podía hacerle a un interlocutor desprevenido."Desliz". "Noche tonta". Por Merlín, cómo había podido escoger esas palabras.
Harry bajó las escaleras y se vistió; recogió su mapa, lo cerró, salió de la habitación de Severus y comenzó a caminar por las oscuras losas de piedra. Toda la alegría que había sentido un rato antes, toda esa maravillosa sensación de plenitud, habían sido aplastadas por la realidad como por un martillo gigante. Tenía un peso en el pecho, como una obstrucción en el sistema respiratorio; un nudo en las venas principales del cuerpo. Y sospechaba que le iba a costar mucho tiempo quitarse esa sensación...
...oooOOOooo...
Snape se revolvía en la cama. Negras pesadillas le seguían dominando cada vez que intentaba dormir. Su rostro estaba lívido y sudoroso: el Señor Tenebroso estaba muerto en todas partes menos en su cabeza.
Se despertó, sobresaltado. Aún no se había acostumbrado a que esos ojos como rendijas ya no fueran reales, a no tener que estar constantemente en guardia. Se incorporó en su cama de sábanas de seda negra, y de pronto recordó un sueño anterior, un sueño tan agradable que Severus prefirió refugiarse en él, en los suaves contornos de la piel blanca de Harry, en su cabello revuelto, en sus ojos enormes, tan verdes...
Lentamente, Severus consiguió sumergirse en un sueño plácido, creyendo que los sucesos de aquella noche sólo estaban en su imaginación.
...oooOOOooo...
Estaba a punto de llegar a su habitación cuando se encontró con Dumbledore, que estaba mirando con mucho interés un cuadro de la pared.
-¡Harry! Qué alegría verte. Iba a ir a buscarte a tu cuarto. Pero ya veo que cumples rigurosamente con tu nuevo trabajo de vigilante. Y eso que casi no hay estudiantes en Hogwarths.
Harry no supo qué contestar. Se sentía tan mal por su torpeza con Severus que el resto del mundo le daba igual.
-Bueno, le verdad es que ya iba a acostarme. Estoy bastante cansado, profesor.
Dumbledore rió.
-Ya no tienes que llamarme profesor, Harry. Soy tu amigo Albus.
Los ojos de Dumbledore destellaban. Era evidente lo orgulloso que se sentía de su pupilo.
-Harry, necesitamos tu ayuda para una emergencia que ha surgido en una isla lejana. ¿Te gustaría formar parte del equipo de investigación?
Harry no se lo pensó. Si eso iba a darle una oportunidad de estar a solas con Severus, a lo mejor las cosas se arreglaban. Aceptó en seguida. Dumbledore se lo agradeció, y además le prestó un giratiempo para que pudiera dormir algunas horas más. Se despidieron, ya en la puerta de la habitación del chico.
-Por cierto, Harry – le recordó el anciano, sonriente pero con un deje de tristeza- ya sabes que puedes pedirme consejo siempre que lo necesites. Hasta mañana.
Harry estaba tan cansado que, simplemente, se dejó caer sobre su cama. No tenía ganas de pensar en nada. Pero los sueños son traicioneros, y en cuanto la mente del chico se durmió, se dedicaron a reconstruir en su subconsciente el tacto de unos dedos alargados y precisos, el sonido de una voz profunda y susurrante, el aleteo de un olor cercano...
Anita Puelma, todo quedará desvelado a su debido tiempo. Y respecto a Voldemorty, nadie puede estar nunca seguro de su muerte...
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Snape se incorporó precipitadamente, tomó su varita y e hizo levitar a Harry hasta el piso superior de su dúplex para que nadie lo viera. Aunque sabía que el que estaba llamando era Dumbledore, y que todo era inútil. Harry se encontró de pronto en una gran cama cuadrada con sábanas de seda negra que tenían dragones chinos bordados.
Snape abrió la puerta a Dumbledore completamente desnudo, pero el director no pareció sorprenderse.
-¿Puedo pasar, Severus? Nos encontramos ante una complicada situación- expuso con su sencillez habitual.
-Por supuesto, Albus. Sientate -. Snape se puso una especie de kimono negro ligero. Dumbledore se sentó en el sofá verde esmeralda.
-Hace tiempo que debería haberte advertido de esta situación, pero la verdad es que no he encontrado el momento. Eres el mejor mago de la escuela, sin duda. Los poderes que recibiste en la batalla final...
-Sí, sí, ya sé- Severus empezaba a impacientarse. Sabía que Dumbledore podía tomar medidas para castigarle por haber cometido la locura de acercarse a Harry. Aunque no lo pareciera, él sabía que el viejo era bastante celoso, y ya sabía lo que su protegido significaba para Dumbledore...
-Bueno, veo que tienes prisa. Sólo quería pedirte un favor de amigo.
Snape lo miró con ojos inquisitivos.
-Necesito que vaya a una isla del pacífico sur, para investigar los extraños sucesos que están teniendo lugar allí. El equipo será liderado por la profesora Koreander. Sólo constará de tres o cuatro personas.
Snape suspiró, aliviado. Harry, en el piso de arriba, aunque no perdía detalle de la conversación, se dio cuenta de lo bien que olían las sábanas a Severus.
-Como quieras, Albus- le contestó.
-Saldréis mañana por la mañana, aún tienes tiempo de dormir tres o cuatro horas.
En ese momento, Severus cayó en la cuenta de que al lado mismo de Dumbledore estaba, desplegado, el mapa del merodeador que Harry había dejado allí. Si al director se le ocurría desplegarlo...
Pero Dumbledore se levantó y caminó lentamente hacia la puerta. Sin embargo, no era del tipo de personas que se quedaban con frases finales por decir. Así que, antes de desaparecer, apostilló:
-Severus, la magia oscura no es lo único que puede destrozar el corazón de la gente.
Snape lo sabía muy bien. De repente se sintió muy viejo, y muy cansado.
Y se fue. Harry, desde el piso de arriba, intuyó lo que podrían significar esas palabras, y tuvo un estremecimiento. No podía soportar la idea de que su encuentro con Severus fuera a limitarse a aquella noche.
...oooOOOooo...
Cho estaba sentada en un escalón de la taberna "Ojo de puerco" en Hogsmeade, fundiéndose en lagrimas. Su espalda se contraía con cada sollozo. A lo lejos, se oían ruidos de juerga y de celebración, de vez en cuando un petardo estallaba en chispas multicolores. Pero había escogido un lugar muy poco frecuentado, y hacía ya un rato largo que nadie la molestaba. Hasta que pasó por allí Hermione Granger, que no podía soportar ver sufrir a nadie. Se agachó cerca de ella y la abrazó.
-Vamos, Cho, venga, intenta respirar, eso es. Mirame.
Cho, lentamente, fue volviendo en sí. Hermione, que se controlaba mucho con el alcohol, se dio cuenta de que sus ojos rasgados contenían algo más que lágrimas.
-No lo entiendo, Hermione... no me cabe en la cabeza porqué me ha dejado. Fue horrible perder a Cedric, pero al menos sé que él me quería. Sin embargo es muy duro que Harry se me vaya sin motivo...- Cho dijo estas palabras muy entrecortadamente, hipando y arrastrando la voz.
-Ojalá pudieramos entenderlo todo, y controlarlo todo, Cho. Pero no puedes refugiarte en la autocompasión. Tienes que salir de ahí...
Sin embargo, las palabras de Hermione no calmaban a la chica, sino que intensificaban el volumen de su llanto.
-Está bien, Cho, te voy a contar algo. Todo el mundo piensa que a Harry le pasa algo extraño, y tenemos un plan...
Mientras Hermione fue explicándole sus ideas, Cho iba dejando de llorar. Sus ojos se iluminaron...
...oooOOOooo...
Snape subió las escaleras hasta la cama donde estaba Harry, que le esperaba tapándose con las sábanas y con los ojos muy abiertos. Lo miró durante un largo rato, con una expresión de duda y de culpabilidad. Definitivamente, se sentía más viejo que nunca.
-Bueno, creo que ahora sí que deberías volver a tu habitación. Supongo que has oído lo que el director ha venido a anunciarme.
Harry asintió con la cabeza. En sus ojos había un gesto de pesar. No quería separase tan pronto de Severus, pero no era su estilo suplicar. Se levantó de la cama, exhibiendo toda su desnudez ante la mirada firme de Snape.
-Me temo que Dumbledore se ha dado cuenta de todo, ¿verdad?
-No le hacían ninguna falta sus poderes mágicos. Tiene muy buen olfato.
Harry lo miró, pero no había ni rastro de ironía en el blanco rostro de Severus.
-Severus, quiero que sepas que esta noche...
Pero Snape lo interrumpió, como asustado de lo que Harry pudiera querer decir.
-Potter, no vayas a creer que por un desliz cometido en una noche tonta voy a comprometer mi reputación.
Qué duda cabe de que Snape sabía ser cruel. Practicaba muchísimo en sus clases, y además llevaba años perfeccionando su sistema de detección de aquello que más daño podía hacerle a un interlocutor desprevenido."Desliz". "Noche tonta". Por Merlín, cómo había podido escoger esas palabras.
Harry bajó las escaleras y se vistió; recogió su mapa, lo cerró, salió de la habitación de Severus y comenzó a caminar por las oscuras losas de piedra. Toda la alegría que había sentido un rato antes, toda esa maravillosa sensación de plenitud, habían sido aplastadas por la realidad como por un martillo gigante. Tenía un peso en el pecho, como una obstrucción en el sistema respiratorio; un nudo en las venas principales del cuerpo. Y sospechaba que le iba a costar mucho tiempo quitarse esa sensación...
...oooOOOooo...
Snape se revolvía en la cama. Negras pesadillas le seguían dominando cada vez que intentaba dormir. Su rostro estaba lívido y sudoroso: el Señor Tenebroso estaba muerto en todas partes menos en su cabeza.
Se despertó, sobresaltado. Aún no se había acostumbrado a que esos ojos como rendijas ya no fueran reales, a no tener que estar constantemente en guardia. Se incorporó en su cama de sábanas de seda negra, y de pronto recordó un sueño anterior, un sueño tan agradable que Severus prefirió refugiarse en él, en los suaves contornos de la piel blanca de Harry, en su cabello revuelto, en sus ojos enormes, tan verdes...
Lentamente, Severus consiguió sumergirse en un sueño plácido, creyendo que los sucesos de aquella noche sólo estaban en su imaginación.
...oooOOOooo...
Estaba a punto de llegar a su habitación cuando se encontró con Dumbledore, que estaba mirando con mucho interés un cuadro de la pared.
-¡Harry! Qué alegría verte. Iba a ir a buscarte a tu cuarto. Pero ya veo que cumples rigurosamente con tu nuevo trabajo de vigilante. Y eso que casi no hay estudiantes en Hogwarths.
Harry no supo qué contestar. Se sentía tan mal por su torpeza con Severus que el resto del mundo le daba igual.
-Bueno, le verdad es que ya iba a acostarme. Estoy bastante cansado, profesor.
Dumbledore rió.
-Ya no tienes que llamarme profesor, Harry. Soy tu amigo Albus.
Los ojos de Dumbledore destellaban. Era evidente lo orgulloso que se sentía de su pupilo.
-Harry, necesitamos tu ayuda para una emergencia que ha surgido en una isla lejana. ¿Te gustaría formar parte del equipo de investigación?
Harry no se lo pensó. Si eso iba a darle una oportunidad de estar a solas con Severus, a lo mejor las cosas se arreglaban. Aceptó en seguida. Dumbledore se lo agradeció, y además le prestó un giratiempo para que pudiera dormir algunas horas más. Se despidieron, ya en la puerta de la habitación del chico.
-Por cierto, Harry – le recordó el anciano, sonriente pero con un deje de tristeza- ya sabes que puedes pedirme consejo siempre que lo necesites. Hasta mañana.
Harry estaba tan cansado que, simplemente, se dejó caer sobre su cama. No tenía ganas de pensar en nada. Pero los sueños son traicioneros, y en cuanto la mente del chico se durmió, se dedicaron a reconstruir en su subconsciente el tacto de unos dedos alargados y precisos, el sonido de una voz profunda y susurrante, el aleteo de un olor cercano...
