¿Se descargaron la banda sonora señalada en el cap. 7? Quienes lo hayan
hecho, tendrán una dimensión más en su lectura. La fiesta va a empezar.
Amazona verde, Olgaxtomfelton: la curiosidad es el peor de todos los vicios... pero todos los vicios tienen recompensa si se llevan hasta el final, o casi...
Un besito afilado a Nevichii y Anna Potter.
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Severus Snape dormía pesadamente. Había tomado una fuerte poción. Ya estaba entrada la mañana cuando, por fin, los aleteos insistentes de una lechuza que llevaba toda la noche golpeando los cristales consiguieron despertarlo. De mala gana, fue a abrir la ventana. La lechuza, agotada, se dejó caer en el suelo. Severus le desprendió el mensaje sin ninguna delicadeza: estaba de un humor pésimo.
"Severus, tengo un problema muy grave, no puedo ir a verte.
Te lo contaré mañana.
Mil besos,
Harry"
Maldito, venenoso griffyndor. Severus sentía fluir la ira por su interior como un líquido hirviente, corrosivo, que no iba a dejar ni una sola gota de sangre por convertir en bilis. La primera vez en su vida que le abría su corazón a alguien, la primera vez que decidía confiar, la primera que se dejaba llevar hasta la locura en la sensación de querer, de darse... y este era el resultado. Excusas, juegos, mentiras. Ausencia. Una ausencia que hacía parecer el mundo vacío y ridículo.
Llamaron a la puerta en el piso de abajo del duplex. Supo que era su hermana Sione.
-Pasa-, gritó.
-¡Severus! Me alegro muchísimo de verte, ¿cómo estás?
A pesar de su mañana negra, Snape no pudo evitar alegrarse un poco ante los abrazos y la preocupación de Sione.
-Ya pasó todo-, dijo Snape, dándose cuenta de que no se refería sólo al peligro.
-He hablado con Pomfrey. Me ha dicho que un pie se te volvió gelatina...
Snape ni se acordaba. Miró su entablillado, y lo deshizo con la varita. Movió el pie en todas las direcciones.
-Esto ya está bien.
Sin embargo, por la manera en que lo había dicho, cualquiera diría que había perdido la pierna. Sione le miró, preocupada.
-Sev, ¿qué te pasa?
Un gruñido de molestia fue toda la respuesta de Snape, que empezó a vestirse.
-Tengo clase dentro de veinte minutos.
-Pero Dumbledore dijo que no tenías que trabajar hoy, que era mejor que descan...
-Ya he descansado bastante- dijo Snape.
Pero lo que no dijo era que necesitaba vengarse, en cualquiera, en el primero de los alumnos que se le cruzaran por delante, puesto que Potter ya no era alumno suyo.
Sione no necesitó leerle la mente para entender el estado de ánimo vengativo de su hermano, que tan bien conocía. En esos momentos era casi igual que su padre, Así que Sione, aunque no entendía exactamente lo que pasaba, quiso advertir a Severus:
-No le hagas más daño a Neville, porque es muy posible que algún día sea tu cuñado. Lo sabe todo, y no le importa. Nos queremos, Severus, y todo el daño que le hagas a él me lo estarás haciendo a mí.
Snape se quedó paralizado por el asombro. Después, una nueva fuente de ira se sumó a la principal. Fabuloso. El dato perfecto para completar una mañana redonda. Es cierto que había empezado a valorar levemente a Neville tras los comentarios favorables de su hermana, pero en ese momento sólo importaba el rencor.
-No te preocupes. Tendré mucho cuidado.
Pero nada daba más miedo que la sonrisa de Snape en ese momento.
...oooOOOooo...
Harry se despertó al lado de... Cho. Por un instante se sintió pánico, no comprendía nada, ¿dónde estaba Severus? pero de repente recordó todo lo sucedido la noche anterior. Comprobó que estaban durmiendo en camas contiguas, en la enfermería de la señora Pomfrey.
Ella aún dormía, con el descanso inquieto y revuelto de los que tienen mala conciencia. Harry se despertó silenciosamente para no sacarla del sueño, y fue a buscar a Pomfrey.
-Poppy, ¿crees que puedo irme ahora?
-Sí, Harry. Tardará bastante en despertar. Y cuando lo haga, tomaré las medidas oportunas.
-De acuerdo... muchas gracias.
-Muchas gracias a ti, Harry- dijo con ternura la señora Pomfrey-. Hoy has vuelto a ser un héroe, ¿sabes?
Harry sacudió tristemente la cabeza de un lado a otro.
-¿Y por qué me siento tan culpable, entonces?
...oooOOOooo...
En uno de los laboratorios, Hermione llevaba muchas horas preparando de nuevo una poción. Había utilizado el giratiempo para que la mañana se convirtiera en muchas más horas. Gruesas gotas de sudor perlaban su frente, ya que la poción tenía que estar lista para la cena, y sólo había dormido un par de horas en el último día.
Pero ya no sólo quería saber quién había podido embrujar a Harry de semejante manera, sino que de también adivinaría quién le había robado el frasco anterior. Tenía una horrible sospecha, pero necesitaba comprobarlo objetivamente.
Hermione removía el caldero con infinito cuidado. Parecía una bruja de las clásicas, recién salida de Macbeth. Sí, esta noche se sabrían muchas cosas. Pero más valía que le diera tiempo a vestirse y a peinarse antes.
...oooOOOooo...
Severus ya estaba en clase cuando llegaron los alumnos, con su habitual torpeza, haciendo ruido con las sillas y arrastrando los pies. Todos estaban visiblemente nerviosos ante la perspectiva del baile. Adolescentes con sobredosis de hormonas, pensó con desprecio Snape. Claro, que él no estaba mucho más equilibrado. Maldito, maldito Potter. Se la iban a pagar. Ese día pasaría a la historia por la crueldad de sus comentarios y de sus castigos.
Escribió en la pizarra el enunciado: poción Inrictus.
La clase entera enmudeció de pavor. Esa poción tenía fama de ser la más difícil de preparar que había en el programa, y además era lenta. Nadie terminaría a tiempo de arreglarse para el baile. Se oyeron algunos sollozos ahogados en las filas de las chicas Slytheryn.
Snape se regocijó en su interior ante el temblor de la clase. Miró a Neville, que le sostuvo tranquilamente la mirada: parecía realmente otro desde que frecuentaba a Sione, caminaba erguido, había adelgazado un poco, y en su mirada brillaban la autoestima y la sensación de felicidad. De repente, Snape, se dio cuenta de que vengarse no le haría sentir mejor. ¿Qué derecho tenía él, un viejo y resentido y amargo profesor, a quitarle esa felicidad de la mirada a nadie, a destruir la ilusión por la fiesta de esas niñas?
Entonces cambió la pizarra: poción Asfódelus.
-Sólo era una broma- murmuró quedamente Snape, con algo parecido a una sonrisa.
Los alumnos se quedaron paralizados. ¿Una broma? ¿Snape? ¿Un profesor que ni siquiera tenía mote, a pesar de merecerse nueve o diez, porque quienes se habían arriesgado a hacer circular alguno habían contraído inexplicablemente sarna mágica incurable o ladillas de la variedad piraña?
-Ahora sí que no entiendo ni cáscara-, susurró levemente el Weasley que Seamus Finnigan tenía más cerca.
-Pues anda que yo-, contestó el irlandés
Sacaron los calderos en completo silencio y empezaron a preparar la sencilla poción asfódelus. No pasó nada. La clase transcurrió sin incidentes, cosa inaudita. Nadie resultó castigado, y no se le restaron puntos a ninguna casa. No hubo comentarios irónicos, ni risitas de desprecio, ni miradas desaprobadoras. Además, Neville terminó el primero, hizo una poción perfecta, y fue felicitado.
-Estoy alucinando- le dijo Seamos Ron -. Por cierto, ¿dónde está Hermione?
Ron lo fulminó con una celosa mirada de sospecha.
...oooOOOooo...
La hora de la comida fue un caos. Casi ninguna chica acudió al comedor, prefiriendo tomarse un sándwich mientras se hacían las uñas unas a otras.
Severus estaba sentado al lado de Dumbledore. De vez en cuando echaba una mirada furtiva hacia la mesa de los leones, por si veía aparecer a Harry. Pero el chico no llegaba: en la mesa había muy poca gente, entre ellos su hermana, al lado de Logbottom.
-Severus, no te preocupes por el chico. Ya es adulto y tienes que confiar en él.
-¿C-c-cómo?
-Que confíes en él- repitió Dumbledore, fijando en Severus su mirada transparente.- Ya sé que no siempre os habéis llevado a la perfección, pero no dejes que el peso de ese rencor, que ya pertenece al pasado, te influya ahora.
Severus no dijo nada. Como siempre, las palabras de Albus le hurgaban donde más le dolía, y a pesar de eso le hacían un extraño bien.
-Yo respondo por él, Severus. Conozco la pureza de sus sentimientos. Si dice que ama, es que ama, y no te dejes corroer por las dudas que los humanos siempre necesitamos inventar. Son una muestra de nuestra propia inseguridad.
Severus asintió levemente, inclinando un poco la cabeza.
-Ya tiene casi dieciocho años, ¿recuerdas? En muchas culturas esa es la edad de formar una familia.
¿Formar una familia? Este viejo estaba de atar. ¿Cómo iba a formar una familia con Harry? ¿Qué insinuaba el director?
-Míralos, Severus, Sólo míralos, ¿no hacen una pareja preciosa?
Dumbledore señaló hacia la mesa de Griffyndor, donde Sione y Neville reían juntos. "De modo que se refería a ellos. Qué susto," pensó Severus, "por un momento creí que me estaba hablando de Harry."
Pero Dumbledore volvió a fijar en él sus ojos de luna.
-Y confía también en Neville.
...oooOOOooo...
El momento del baile, tan largamente esperado, por fin llegó. Eran las ocho de la tarde del día del equinoccio de primavera. La fiesta consistía en un gran baile de disfraces. El gran comedor había sido vaciado, el suelo se había convertido en una pista blanca de mármol, y el cielo del techo mostraba unas maravillosas y alucinantes auroras boreales por toda decoración. Era más que suficiente.
Hermione y Ron entraron de la mano, admirando la belleza de ese cielo nocturno. Sonaba una melodía de fiesta," Underground". Ella llevaba un magnífico disfraz de hada, de tela irisada, con dos graciosas alitas. Ron iba disfrazado del dios Pan, pero se había negado a ponerse los cuernecitos.
-Oh, Ron, qué precioso es todo. Me da pena pensar que lo vamos a arruinar con nuestra nube.
-Pero lo hacemos por Harry, Hermy. Yo ya casi ni le conozco. Le sacaremos de ese horrible hechizo y volverá a ser el que era. Pero antes...
-¿Qué?
-¿Bailas?
Como eran unas de las primeras parejas, la pista de baile estaba casi vacía. El vestido blanco y vaporoso de Hermione recorría el espacio como una flor llevada por el viento, en este caso un viento pelirrojo.
Severus vigilaba. Empezaron a sonar los acordes iniciales de "Within you", en la voz de su antiguo conocido (y, por supuesto, mago) David, cambiando la atmósfera de la sala. Había llegado hacía un rato, pero no se divertía lo más mínimo: Dumbledore le había encargado vigilar el baile, tarea que detestaba sobre todas las cosas, y además sospechaba que el director tenía alguna intención "secundaria". La letra de la canción se le clavaba:
"I've moved the stars for no one..."
Todo le hablaba de Harry. Buscaba entre la sala, con su mirada de pájaro negro sobrevolando rápidamente el gran comedor, pero Harry no aparecía, no lo había visto en todo el día, y la última vez él estaba en su cama, con esa sonrisa resplandeciente, "I, I can't live whithin you...", pero ahora todo podía haber cambiado, qué frágiles son las cosas maravillosas... Snape se corroía de impaciencia.
La gente iba llegando. Neville Longbottom estaba impresionante con su traje gris perla y su chaleco de terciopelo negro, pero su acompañante, que vestía un vestido corto que parecía estar hecho de pequeñas y brillantes piedrecillas de río, iluminadas a la luz de la luna. Sione se había peinado con flequillo y llevaba un largo collar de perlas grises: iban disfrazados de gangster y su novia cantante en le época de la ley seca. A su paso, se oían piropos y susurros de admiración. Neville había estado acudiendo en secreto a clases intensivas de baile con algunos otros chicos de Hufflepuff, impartidas por la profesora de adivinación Sibyll Trelawney. La cosa prometía. Sione se dejó abrazar por Neville y se dejaron llevar por la corriente de las demás parejas.
Entonces Harry entró en la sala, y como siempre, le divirtió la gran cantidad de Harrys que había en ella. Era el disfraz más popular entre los estudiantes de primero y segundo, que se habían estado esforzando muchísimo en la clase de transformaciones. También había un montón de Dumbledores y de Hagrids. Y bastantes Snapes: el ex estudiante se estremecía al imaginarse cierta escenita con tres fibrosos profesores de pociones a su alrededor... Pero no era el momento de pensar en eso.
Harry iba sin disfraz. Era la mejor manera de pasar desapercibido. Se acercó a la ponchera y se sirvió un vaso de néctar. Se dio cuenta de que estaba rodeado de otros doce Potters, al menos. Entonces oyó una voz a su espalda.
-Vengo a recoger mi explicación.
Todos los estudiantes se sobresaltaron: parecía realmente Snape. Un Hagrid a escala le felicitó por si disfraz. Pero ese Snape en concreto miraba fijamente al verdadero Harry, esperando una respuesta.
"¿Cómo ha podido reconocerme a la primera?" Se preguntaba Harry. "Había tres o cuatro idénticos a mí, y ni siquiera me ha oído hablar". Harry se acercó a Severus.
-¿Puedo contártelo mientras bailamos?- preguntó el vigilante nocturno con sus ojos color musgo.
Severus aceptó con un leve movimiento de cabeza, y dejó entrar a Harry entre sus brazos. Este suspiró de alivio. Severus notó que estaba agotado, y una punzada de preocupación y de duda dolorosa recorrió su espalda, aunque el simple hecho de tener a Harry entre sus brazos hacía que todo fuera mejor, mucho mejor.
-Severus, no sabes la necesidad que tenía de estar así, metido dentro de tí...
El chico se apretaba fuertemente contra el tronco de su amado. Pero Severus estaba inquieto. Con voz seria, le preguntó al chico:
-Harry, ¿Qué pasó anoche?
-Cho me buscó en el pasillo cuando volvía de tu cuarto. Llevaba una poción en la mano. Yo le dije que no tenía tiempo para hablar con ella, y entonces ella sacó la poción del frasco con la varita y la arrojó sobre mí en forma de una fina tela.
-¿De qué color era?- preguntó Snape, preocupado.
-Azul verdoso muy claro.
-¡Ardentus!
En la cabina, DJ Salamander aprovechó para cambiar el tema musical, y pinchó "As the world falls down".
Harry asintió.
-Eso lo supe luego. Pero en ese momento, Cho se abalanzó sobre mí e intentó besarme. Y pareció extrañarse mucho de que yo no la correspondiera.
Severus pensaba. Sólo había una manera de que una poción ardentus no cumpliera con su función, y él sabía cual era. Con el cuerpo lleno de una nueva y cálida sensación de felicidad y confianza, abrazó aún más fuerte a Harry, que se arrebujó en la capa negra como si fueran las sábanas bordadas con dragones.
-Fue horrible, Severus. Cuando Cho se dio cuenta de que no quería nada con ella, se volvió completamente loca y se fue directa a una ventana. Dijo que iba a saltar, y creo que en ese momento habría sido capaz, estaba desesperada, y las lágrimas se mezclaban con su maquillaje blanco haciéndola parecer un fantasma... Se parecía mucho a Myrtle la llorona en ese momento- Harry sonrió por un instante, y se volvió a frotar cariñosamente contra el cuerpo de Severus, pero luego volvió a ponerse serio- Severus, estaba deshecha, y yo no podía evitar sentirme culpable, aunque hace mucho tiempo que corté con ella. Creo que, de alguna forma, intuyó que yo estaba enamorado de otra persona, y eso era más de lo que podía soportar. No tuve más remedio que inmovilizarla con la varita y llevármela con Poppy, pero incluso bajo parálisis no dejaba de hipar y de llorar desesperadamente. Intenté irme y fue peor: se tiró de la cama. Así que Poppy me dijo que tenía que quedarme allí toda la noche, hasta que las pociones calmantes hicieran efecto.
Severus acarició tiernamente el rostro de Harry.
-Pero ya pasó. Poppy va a mandarla a un centro de ayuda psicológica. Siento tanto no haber podido ir contigo anoche... fue como perder un tesoro.
-Harry, tendremos mucho más tiempo... muchísimo- susurró Severus con emoción, mientras atraía hacia sí a su amado.- Te eché mucho de menos, pero esta noche vamos a recuperar ese tiempo, y a inventar otro...
Harry y Severus se dejaban llevar por la melodía hipnótica, se acoplaban el uno al otro en una caricia de movimiento, se comunicaban sin necesidad de lenguaje ni de telepatía. Estaban viviendo su cielo particular, privado e inaccesible para cualquiera... bailaban, y ese baile era todo el universo para ellos, un cosmos de luces maravillosas, de auroras boreales, de los ojos del uno reflejados en los ojos del otro.
-Severus, no me puedo creer la suerte que tengo...- Los grandes ojos de Harry le estaban pidiendo un beso, y el profesor se lo dio. A su alrededor, las más variadas y heterogéneas parejas bailaban la canción lenta.
-Esta sí que es buena. Un Potter dándose el palo con un Snape. Tened cuidado de que no os vean los de verdad, chavales.- dijo Ron, que acababa de aparecer por allí, mirándoles fascinado- La simple idea me hace estremecer, ¡es asqueroso!
Hermione, que había llegado con él, se quedó muy pensativa, observando fijamente a la pareja.
-¿Sois de primero?- preguntó Ron.- He de reconocer que las transformaciones están bastante bien. Pero no deberíais hacer esto en público, podríais molestar bastante al verdadero Harry... y Snape puede ponerse como una hidra, ya le conocéis...- Ron imitó la voz de Snape"- "se quedará usted castigado a fregar toda la clase con su sucia y maleducada lengua".
Una terrible sospecha cobraba forma en la mente de Hermione al observar la socarrona sonrisa del supuestamente "falso" Snape. Tenía que librarse de Ron si quería descubrir algo.
-Ron, creo que he visto a Ginny hablar con Draco, y estaba pestañeando mucho.
-¿Qué? – gritó Ron, iracundo en su papel de hermano mayor.- Se va a enterar- Y se alejó dando grandes zancadas.
-Chicos, perdonad... mi amigo es un poco... bocazas- Hermione tenía su cara de estar pensando a doscientos por hora. Harry y Severus estaban disfrutando como en la vida.
-No se preocupe usted, señorita Granger- dijo Snape con su inconfundible voz- conocemos bien al señor Weasley.
Hermione se asustó un poco. Ningún hechizo podía imitar una voz con semejante precisión. Sus sospechas de que ese era el verdadero Snape quedaron confirmadas.
-Perdone, profesor. Ya sabe que la perspicacia no es su fuerte.
Hermione miró a su amigo.
-¿H-harry? ¿Eres tú?
-Sí, Hermy. Soy el genuino Potter, marca registrada. Desconfía de las imitaciones.
Ron volvió, furioso:
-Oye, Hermy, que Ginny no estaba con Draco... debes de estar muy cansada con tanta poción.
Hermione puso los ojos en blanco.
-Bueno, Ron, vamos a comer algo, ¿vale?
Eso era algo que nunca fallaba. La parejita de prefectos fue hacia el buffet, que estaba lleno de suculentos canapés y tartaletas.
Entonces se detuvo la música y salió al escenario un mago bajito que llevaba una túnica plateada de lamé "muggle" y un peinado en forma de planeta saturno. Harry lo reconoció. Se trataba de Gladiolus, el amigo de Sione. Por lo visto era artista también.
-Holaholahóla, chicos y chicas de Hogwarths, ¿Qué tal todo por aquí? Vengo a cantaros unos temas...
Mientras Gladiolus seguía parloteando, Severus murmuró:
-Qué extraño que Dumbledore haya contratado a un cantante gay para este baile.
-Severus... me temo que es una manera de decirnos que todo está bien.
-...así que un aplauso muy fuerte a mi compañera de hoy, ¡Sione!
Severus enarcó las cejas: su hermana estaba entrando en el escenario, con su vestido de los años 20. Mac Gonagall se sentó en la banqueta del piano, y entonces Gladiolus y Sione empezaron a entonar "You and me"
-Esto es increíble- dijo Severus con una amplia sonrisa, que pronto se fue convirtiendo en una risa franca y abierta. Harry estaba tan contento de verle feliz... Sione y Gladiolus ejecutaban unos divertidos pasos de baile, y toda la sala parecía encantada con el espectáculo, especialmente Neville, cuyos ojos resplandecían. Al terminar, el gran comedor se llenó de aplausos atronadores. Pero a la noche aún le quedaban más sorpresas... En las sombras, dos prefectos conspiraban.
-Cada vez lo tengo menos claro... imaginate que simplemente está enamorado de alguien.- Dijo Hermione- Ni siquiera se nos había ocurrido pensarlo.
-Oh, sí, claro. Hermy, para ser tan lista, a veces no lo eres tanto, eh. A ver, ¿Quiénes son los mejores amigos de Harry?
-Tú y yo, Ron, pero...
-Déjame terminar, déjame terminar. Por tanto, si Harry estuviera legítimamente enamorado de alguna chica, ¿Quiénes serían los primeros en saberlo?
-Vale, sí, pero... vamos a introducir una variable... imagínate que...- Sione no sabía cómo introducir "esa" variable en concreto.
-No, Hermy, no me líes. Nos ha costado mucho elaborar la nube reveladora como para desperdiciarla.
Hermione asintió, de mala gana. Salieron, pero volverían pronto.
Gladiolus y Sione terminaron de recibir todos sus aplausos, haciendo graciosas reverencias. Pero lo mejor aún estaba por llegar. Gladiolus se aclaró la garganta para hablar.
-Bueno, chicas y chicos y no tan chicos- dijo, guiñando un ojo en dirección de Snape, sólo que nadie se dio cuenta- aquí viene la verdadera sorpresa de esta noche... con todos ustedes... (redoble de tambores mágicos...) ¡Renato Zero!
Un hombre de pelo y ojos negros, vestido con una llamativa levita oscura pero brillante, entró en el escenario. Los aplausos se multiplicaron y algunas chicas chillaban.
-¡Rennie¡- dijo Snape, muy sorprendido. Harry se dio cuenta de que en su voz había una fuerte emoción.
-¿Lo conoces?
-¡Es mi hermano!
Efectivamente, Harry vio cómo Renato abrazaba a Sione sobre el escenario. No podía ser otra cosa que un reencuentro entre hermanos que hace tiempo que no se ven.
-Huyó muy joven a Italia, porque no soportaba a nuestros padres. Por eso se puso de apellido "Zero", precisamente para significar que el no tenía apellido, que no tenía familia. No poseía los dones mágicos habituales, y le hacían la vida imposible. Sin embargo, tenía otros talentos que son igual de mágicos... la capacidad de componer, de crear, de inventar mundos y sensaciones...
En el escenario, Renato cogió el micrófono:
-He venido hoy, día del solsticio de primavera, para celebrar con vosotros los amores que nacen. Aprovechad vuestra juventud, que no es otra cosa que vuestros sueños: hay viejos que son más jóvenes que los adolescentes que no son capaces de desear con toda su alma. Imaginad, desead, desead con todas vuestras fuerzas, porque la época de los deseos son "los mejores años de vuestra vida".
A Severus le brillaban los ojos. Se sentía tranquilo, en paz con el mundo, tenía a su lado a un chico que lo amaba con locura, y además, veía a sus dos hermanos reunidos. El mundo podía ser muy maravilloso, a veces. Estrechó a Harry contra sí, ganándose un beso tierno y ardiente.
Una gran orquesta, salida de no se sabe dónde, empezó con los acordes de la canción. Pero en ese preciso momento, una nube negra empezó a apoderarse del cielo boreal.
Dumbledore sacudía la cabeza, con gesto de fastidio, pero ya era tarde: una lluvia de color azul verdoso empezó a caer suavemente sobre todos los sorprendidos asistentes.
-Hermione, ¿qué se supone que tiene que pasar con quien haya lanzado el hechizo ardentus?
-Debería ponerse de color verde. Y su piel se quedará así mucho tiempo...
Nada parecía ocurrir. Los estudiantes tomaban la fina lluvia como parte de la organización del evento, y jugaban con ella. Pero de pronto se oyó un grito desgarrador.
-AAARRRGH!!!
La gente se apartó de quien estaba gritando. Cho, disfrazada de reina de las amazonas, se estaba volviendo verde por segundos.
-¿Qué PASA? ¿QUIEN HA SIDO?- chillaba histéricamente, a la vez que lloraba.
Hermione se adelantó hasta ella.
-De modo que fuiste tú quien robó la poción. ¿Así me agradeces que confiara en ti, Cho?
-No me importa nada lo que tú pienses, Granger. Lo único que quería era que Harry volviera a quererme, fuera como fuera, pero no funcionó...- Cho se deshizo en llanto. Sus amigas, sin querer tocarla no fuera a ser que el color de su piel fuera contagioso, la consolaban a distancia.
Dumbledore se adelantó.
-Ay, Cho, pequeña... te queda mucho por aprender, pero esas cosas no las enseñamos en Hogwarths... La poción no funcionó porque no afecta a las personas que ya están verdaderamente enamoradas de las personas con las que compartirán su vida.
Harry abrió mucho los ojos. "¿Es eso cierto?", le prenguntó mentalmente a Severus. Este le miró con cariño, y le respondió con un beso.
-Y Harrry está exactamente en esa situación, Cho... así que creo que lo mejor es que vayas a ver a Poppy... te dará algo.
Cho, derrotada, salió de la gran sala. Pero Ron no iba a darse por vencido tan fácilmente.
-Harry, ¿Cuál es el de verdad? Sal, no seas cobarde- su voz jugaba con la broma, pero había en ella un deje de rencor. Harry se adelantó un paso, junto con Severus.
-¿Es esta tu pareja?- preguntó gravemente Ron. -Sí, Ron.
-Bueno, ¡pues que se quite ya el disfraz! Quiero saber de una vez quien es, y porqué se lo habías ocultado a tu mejor amigo, porque desde luego...
-Ron...
-...desde luego, si no puedes confiar en mí, a ver en quien vas a confiar, digo yo...
-...¡RON!
-...si no te he demostrado que podías confiar en...
-¡RON, NO LLEVA DISFRAZ¡
Las palabras de Harry tardaron eras geológicas en penetrar el duro intelecto de Weasley. Todas las maquinarias y engranajes de su cerebro estaban funcionando al 150 %.
-¿Qu-qui-quieres decir que... que este... que tu...- Ron no lo podía asimilar.
-Sí, Ron, el hombre al que amo es Severus, y esa es la razón por la que no te lo dije. Sabía que te iba a costar aceptarlo.
-¡Pero entonces porqué no está verde? Hicimos la poción para descubrir quién te había lanzado el ardentus, y es él, ¿no? ¿Qué pasa?
Ron estaba al borde del colapso, casi peor que Cho. Dumbledore se vio obligado a intervenir.
-Ron, Severus no ha reverdecido porque no ha practicado ningún hechizo sobre Harry. Simplemente, es así.
A Ron le dio un ataque de risa histérica, y Hermione se lo llevó. Iba a tener que explicarle muchas cosas sobre las abejitas y las otras abejitas.
En el escenario, la orquesta aprovechó esta última huida para volver a empezar la melodía, y Renato se puso a cantar "I migliori anni della nostra vita".
En la pista, cientos de parejas se abrazaban de nuevo al mismo compás.
-¿Quieres pasar conmigo los mejores años de mi vida, Harry?
-No se me ocurre nada mejor a lo que dedicar la mía, Severus.
Amazona verde, Olgaxtomfelton: la curiosidad es el peor de todos los vicios... pero todos los vicios tienen recompensa si se llevan hasta el final, o casi...
Un besito afilado a Nevichii y Anna Potter.
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Severus Snape dormía pesadamente. Había tomado una fuerte poción. Ya estaba entrada la mañana cuando, por fin, los aleteos insistentes de una lechuza que llevaba toda la noche golpeando los cristales consiguieron despertarlo. De mala gana, fue a abrir la ventana. La lechuza, agotada, se dejó caer en el suelo. Severus le desprendió el mensaje sin ninguna delicadeza: estaba de un humor pésimo.
"Severus, tengo un problema muy grave, no puedo ir a verte.
Te lo contaré mañana.
Mil besos,
Harry"
Maldito, venenoso griffyndor. Severus sentía fluir la ira por su interior como un líquido hirviente, corrosivo, que no iba a dejar ni una sola gota de sangre por convertir en bilis. La primera vez en su vida que le abría su corazón a alguien, la primera vez que decidía confiar, la primera que se dejaba llevar hasta la locura en la sensación de querer, de darse... y este era el resultado. Excusas, juegos, mentiras. Ausencia. Una ausencia que hacía parecer el mundo vacío y ridículo.
Llamaron a la puerta en el piso de abajo del duplex. Supo que era su hermana Sione.
-Pasa-, gritó.
-¡Severus! Me alegro muchísimo de verte, ¿cómo estás?
A pesar de su mañana negra, Snape no pudo evitar alegrarse un poco ante los abrazos y la preocupación de Sione.
-Ya pasó todo-, dijo Snape, dándose cuenta de que no se refería sólo al peligro.
-He hablado con Pomfrey. Me ha dicho que un pie se te volvió gelatina...
Snape ni se acordaba. Miró su entablillado, y lo deshizo con la varita. Movió el pie en todas las direcciones.
-Esto ya está bien.
Sin embargo, por la manera en que lo había dicho, cualquiera diría que había perdido la pierna. Sione le miró, preocupada.
-Sev, ¿qué te pasa?
Un gruñido de molestia fue toda la respuesta de Snape, que empezó a vestirse.
-Tengo clase dentro de veinte minutos.
-Pero Dumbledore dijo que no tenías que trabajar hoy, que era mejor que descan...
-Ya he descansado bastante- dijo Snape.
Pero lo que no dijo era que necesitaba vengarse, en cualquiera, en el primero de los alumnos que se le cruzaran por delante, puesto que Potter ya no era alumno suyo.
Sione no necesitó leerle la mente para entender el estado de ánimo vengativo de su hermano, que tan bien conocía. En esos momentos era casi igual que su padre, Así que Sione, aunque no entendía exactamente lo que pasaba, quiso advertir a Severus:
-No le hagas más daño a Neville, porque es muy posible que algún día sea tu cuñado. Lo sabe todo, y no le importa. Nos queremos, Severus, y todo el daño que le hagas a él me lo estarás haciendo a mí.
Snape se quedó paralizado por el asombro. Después, una nueva fuente de ira se sumó a la principal. Fabuloso. El dato perfecto para completar una mañana redonda. Es cierto que había empezado a valorar levemente a Neville tras los comentarios favorables de su hermana, pero en ese momento sólo importaba el rencor.
-No te preocupes. Tendré mucho cuidado.
Pero nada daba más miedo que la sonrisa de Snape en ese momento.
...oooOOOooo...
Harry se despertó al lado de... Cho. Por un instante se sintió pánico, no comprendía nada, ¿dónde estaba Severus? pero de repente recordó todo lo sucedido la noche anterior. Comprobó que estaban durmiendo en camas contiguas, en la enfermería de la señora Pomfrey.
Ella aún dormía, con el descanso inquieto y revuelto de los que tienen mala conciencia. Harry se despertó silenciosamente para no sacarla del sueño, y fue a buscar a Pomfrey.
-Poppy, ¿crees que puedo irme ahora?
-Sí, Harry. Tardará bastante en despertar. Y cuando lo haga, tomaré las medidas oportunas.
-De acuerdo... muchas gracias.
-Muchas gracias a ti, Harry- dijo con ternura la señora Pomfrey-. Hoy has vuelto a ser un héroe, ¿sabes?
Harry sacudió tristemente la cabeza de un lado a otro.
-¿Y por qué me siento tan culpable, entonces?
...oooOOOooo...
En uno de los laboratorios, Hermione llevaba muchas horas preparando de nuevo una poción. Había utilizado el giratiempo para que la mañana se convirtiera en muchas más horas. Gruesas gotas de sudor perlaban su frente, ya que la poción tenía que estar lista para la cena, y sólo había dormido un par de horas en el último día.
Pero ya no sólo quería saber quién había podido embrujar a Harry de semejante manera, sino que de también adivinaría quién le había robado el frasco anterior. Tenía una horrible sospecha, pero necesitaba comprobarlo objetivamente.
Hermione removía el caldero con infinito cuidado. Parecía una bruja de las clásicas, recién salida de Macbeth. Sí, esta noche se sabrían muchas cosas. Pero más valía que le diera tiempo a vestirse y a peinarse antes.
...oooOOOooo...
Severus ya estaba en clase cuando llegaron los alumnos, con su habitual torpeza, haciendo ruido con las sillas y arrastrando los pies. Todos estaban visiblemente nerviosos ante la perspectiva del baile. Adolescentes con sobredosis de hormonas, pensó con desprecio Snape. Claro, que él no estaba mucho más equilibrado. Maldito, maldito Potter. Se la iban a pagar. Ese día pasaría a la historia por la crueldad de sus comentarios y de sus castigos.
Escribió en la pizarra el enunciado: poción Inrictus.
La clase entera enmudeció de pavor. Esa poción tenía fama de ser la más difícil de preparar que había en el programa, y además era lenta. Nadie terminaría a tiempo de arreglarse para el baile. Se oyeron algunos sollozos ahogados en las filas de las chicas Slytheryn.
Snape se regocijó en su interior ante el temblor de la clase. Miró a Neville, que le sostuvo tranquilamente la mirada: parecía realmente otro desde que frecuentaba a Sione, caminaba erguido, había adelgazado un poco, y en su mirada brillaban la autoestima y la sensación de felicidad. De repente, Snape, se dio cuenta de que vengarse no le haría sentir mejor. ¿Qué derecho tenía él, un viejo y resentido y amargo profesor, a quitarle esa felicidad de la mirada a nadie, a destruir la ilusión por la fiesta de esas niñas?
Entonces cambió la pizarra: poción Asfódelus.
-Sólo era una broma- murmuró quedamente Snape, con algo parecido a una sonrisa.
Los alumnos se quedaron paralizados. ¿Una broma? ¿Snape? ¿Un profesor que ni siquiera tenía mote, a pesar de merecerse nueve o diez, porque quienes se habían arriesgado a hacer circular alguno habían contraído inexplicablemente sarna mágica incurable o ladillas de la variedad piraña?
-Ahora sí que no entiendo ni cáscara-, susurró levemente el Weasley que Seamus Finnigan tenía más cerca.
-Pues anda que yo-, contestó el irlandés
Sacaron los calderos en completo silencio y empezaron a preparar la sencilla poción asfódelus. No pasó nada. La clase transcurrió sin incidentes, cosa inaudita. Nadie resultó castigado, y no se le restaron puntos a ninguna casa. No hubo comentarios irónicos, ni risitas de desprecio, ni miradas desaprobadoras. Además, Neville terminó el primero, hizo una poción perfecta, y fue felicitado.
-Estoy alucinando- le dijo Seamos Ron -. Por cierto, ¿dónde está Hermione?
Ron lo fulminó con una celosa mirada de sospecha.
...oooOOOooo...
La hora de la comida fue un caos. Casi ninguna chica acudió al comedor, prefiriendo tomarse un sándwich mientras se hacían las uñas unas a otras.
Severus estaba sentado al lado de Dumbledore. De vez en cuando echaba una mirada furtiva hacia la mesa de los leones, por si veía aparecer a Harry. Pero el chico no llegaba: en la mesa había muy poca gente, entre ellos su hermana, al lado de Logbottom.
-Severus, no te preocupes por el chico. Ya es adulto y tienes que confiar en él.
-¿C-c-cómo?
-Que confíes en él- repitió Dumbledore, fijando en Severus su mirada transparente.- Ya sé que no siempre os habéis llevado a la perfección, pero no dejes que el peso de ese rencor, que ya pertenece al pasado, te influya ahora.
Severus no dijo nada. Como siempre, las palabras de Albus le hurgaban donde más le dolía, y a pesar de eso le hacían un extraño bien.
-Yo respondo por él, Severus. Conozco la pureza de sus sentimientos. Si dice que ama, es que ama, y no te dejes corroer por las dudas que los humanos siempre necesitamos inventar. Son una muestra de nuestra propia inseguridad.
Severus asintió levemente, inclinando un poco la cabeza.
-Ya tiene casi dieciocho años, ¿recuerdas? En muchas culturas esa es la edad de formar una familia.
¿Formar una familia? Este viejo estaba de atar. ¿Cómo iba a formar una familia con Harry? ¿Qué insinuaba el director?
-Míralos, Severus, Sólo míralos, ¿no hacen una pareja preciosa?
Dumbledore señaló hacia la mesa de Griffyndor, donde Sione y Neville reían juntos. "De modo que se refería a ellos. Qué susto," pensó Severus, "por un momento creí que me estaba hablando de Harry."
Pero Dumbledore volvió a fijar en él sus ojos de luna.
-Y confía también en Neville.
...oooOOOooo...
El momento del baile, tan largamente esperado, por fin llegó. Eran las ocho de la tarde del día del equinoccio de primavera. La fiesta consistía en un gran baile de disfraces. El gran comedor había sido vaciado, el suelo se había convertido en una pista blanca de mármol, y el cielo del techo mostraba unas maravillosas y alucinantes auroras boreales por toda decoración. Era más que suficiente.
Hermione y Ron entraron de la mano, admirando la belleza de ese cielo nocturno. Sonaba una melodía de fiesta," Underground". Ella llevaba un magnífico disfraz de hada, de tela irisada, con dos graciosas alitas. Ron iba disfrazado del dios Pan, pero se había negado a ponerse los cuernecitos.
-Oh, Ron, qué precioso es todo. Me da pena pensar que lo vamos a arruinar con nuestra nube.
-Pero lo hacemos por Harry, Hermy. Yo ya casi ni le conozco. Le sacaremos de ese horrible hechizo y volverá a ser el que era. Pero antes...
-¿Qué?
-¿Bailas?
Como eran unas de las primeras parejas, la pista de baile estaba casi vacía. El vestido blanco y vaporoso de Hermione recorría el espacio como una flor llevada por el viento, en este caso un viento pelirrojo.
Severus vigilaba. Empezaron a sonar los acordes iniciales de "Within you", en la voz de su antiguo conocido (y, por supuesto, mago) David, cambiando la atmósfera de la sala. Había llegado hacía un rato, pero no se divertía lo más mínimo: Dumbledore le había encargado vigilar el baile, tarea que detestaba sobre todas las cosas, y además sospechaba que el director tenía alguna intención "secundaria". La letra de la canción se le clavaba:
"I've moved the stars for no one..."
Todo le hablaba de Harry. Buscaba entre la sala, con su mirada de pájaro negro sobrevolando rápidamente el gran comedor, pero Harry no aparecía, no lo había visto en todo el día, y la última vez él estaba en su cama, con esa sonrisa resplandeciente, "I, I can't live whithin you...", pero ahora todo podía haber cambiado, qué frágiles son las cosas maravillosas... Snape se corroía de impaciencia.
La gente iba llegando. Neville Longbottom estaba impresionante con su traje gris perla y su chaleco de terciopelo negro, pero su acompañante, que vestía un vestido corto que parecía estar hecho de pequeñas y brillantes piedrecillas de río, iluminadas a la luz de la luna. Sione se había peinado con flequillo y llevaba un largo collar de perlas grises: iban disfrazados de gangster y su novia cantante en le época de la ley seca. A su paso, se oían piropos y susurros de admiración. Neville había estado acudiendo en secreto a clases intensivas de baile con algunos otros chicos de Hufflepuff, impartidas por la profesora de adivinación Sibyll Trelawney. La cosa prometía. Sione se dejó abrazar por Neville y se dejaron llevar por la corriente de las demás parejas.
Entonces Harry entró en la sala, y como siempre, le divirtió la gran cantidad de Harrys que había en ella. Era el disfraz más popular entre los estudiantes de primero y segundo, que se habían estado esforzando muchísimo en la clase de transformaciones. También había un montón de Dumbledores y de Hagrids. Y bastantes Snapes: el ex estudiante se estremecía al imaginarse cierta escenita con tres fibrosos profesores de pociones a su alrededor... Pero no era el momento de pensar en eso.
Harry iba sin disfraz. Era la mejor manera de pasar desapercibido. Se acercó a la ponchera y se sirvió un vaso de néctar. Se dio cuenta de que estaba rodeado de otros doce Potters, al menos. Entonces oyó una voz a su espalda.
-Vengo a recoger mi explicación.
Todos los estudiantes se sobresaltaron: parecía realmente Snape. Un Hagrid a escala le felicitó por si disfraz. Pero ese Snape en concreto miraba fijamente al verdadero Harry, esperando una respuesta.
"¿Cómo ha podido reconocerme a la primera?" Se preguntaba Harry. "Había tres o cuatro idénticos a mí, y ni siquiera me ha oído hablar". Harry se acercó a Severus.
-¿Puedo contártelo mientras bailamos?- preguntó el vigilante nocturno con sus ojos color musgo.
Severus aceptó con un leve movimiento de cabeza, y dejó entrar a Harry entre sus brazos. Este suspiró de alivio. Severus notó que estaba agotado, y una punzada de preocupación y de duda dolorosa recorrió su espalda, aunque el simple hecho de tener a Harry entre sus brazos hacía que todo fuera mejor, mucho mejor.
-Severus, no sabes la necesidad que tenía de estar así, metido dentro de tí...
El chico se apretaba fuertemente contra el tronco de su amado. Pero Severus estaba inquieto. Con voz seria, le preguntó al chico:
-Harry, ¿Qué pasó anoche?
-Cho me buscó en el pasillo cuando volvía de tu cuarto. Llevaba una poción en la mano. Yo le dije que no tenía tiempo para hablar con ella, y entonces ella sacó la poción del frasco con la varita y la arrojó sobre mí en forma de una fina tela.
-¿De qué color era?- preguntó Snape, preocupado.
-Azul verdoso muy claro.
-¡Ardentus!
En la cabina, DJ Salamander aprovechó para cambiar el tema musical, y pinchó "As the world falls down".
Harry asintió.
-Eso lo supe luego. Pero en ese momento, Cho se abalanzó sobre mí e intentó besarme. Y pareció extrañarse mucho de que yo no la correspondiera.
Severus pensaba. Sólo había una manera de que una poción ardentus no cumpliera con su función, y él sabía cual era. Con el cuerpo lleno de una nueva y cálida sensación de felicidad y confianza, abrazó aún más fuerte a Harry, que se arrebujó en la capa negra como si fueran las sábanas bordadas con dragones.
-Fue horrible, Severus. Cuando Cho se dio cuenta de que no quería nada con ella, se volvió completamente loca y se fue directa a una ventana. Dijo que iba a saltar, y creo que en ese momento habría sido capaz, estaba desesperada, y las lágrimas se mezclaban con su maquillaje blanco haciéndola parecer un fantasma... Se parecía mucho a Myrtle la llorona en ese momento- Harry sonrió por un instante, y se volvió a frotar cariñosamente contra el cuerpo de Severus, pero luego volvió a ponerse serio- Severus, estaba deshecha, y yo no podía evitar sentirme culpable, aunque hace mucho tiempo que corté con ella. Creo que, de alguna forma, intuyó que yo estaba enamorado de otra persona, y eso era más de lo que podía soportar. No tuve más remedio que inmovilizarla con la varita y llevármela con Poppy, pero incluso bajo parálisis no dejaba de hipar y de llorar desesperadamente. Intenté irme y fue peor: se tiró de la cama. Así que Poppy me dijo que tenía que quedarme allí toda la noche, hasta que las pociones calmantes hicieran efecto.
Severus acarició tiernamente el rostro de Harry.
-Pero ya pasó. Poppy va a mandarla a un centro de ayuda psicológica. Siento tanto no haber podido ir contigo anoche... fue como perder un tesoro.
-Harry, tendremos mucho más tiempo... muchísimo- susurró Severus con emoción, mientras atraía hacia sí a su amado.- Te eché mucho de menos, pero esta noche vamos a recuperar ese tiempo, y a inventar otro...
Harry y Severus se dejaban llevar por la melodía hipnótica, se acoplaban el uno al otro en una caricia de movimiento, se comunicaban sin necesidad de lenguaje ni de telepatía. Estaban viviendo su cielo particular, privado e inaccesible para cualquiera... bailaban, y ese baile era todo el universo para ellos, un cosmos de luces maravillosas, de auroras boreales, de los ojos del uno reflejados en los ojos del otro.
-Severus, no me puedo creer la suerte que tengo...- Los grandes ojos de Harry le estaban pidiendo un beso, y el profesor se lo dio. A su alrededor, las más variadas y heterogéneas parejas bailaban la canción lenta.
-Esta sí que es buena. Un Potter dándose el palo con un Snape. Tened cuidado de que no os vean los de verdad, chavales.- dijo Ron, que acababa de aparecer por allí, mirándoles fascinado- La simple idea me hace estremecer, ¡es asqueroso!
Hermione, que había llegado con él, se quedó muy pensativa, observando fijamente a la pareja.
-¿Sois de primero?- preguntó Ron.- He de reconocer que las transformaciones están bastante bien. Pero no deberíais hacer esto en público, podríais molestar bastante al verdadero Harry... y Snape puede ponerse como una hidra, ya le conocéis...- Ron imitó la voz de Snape"- "se quedará usted castigado a fregar toda la clase con su sucia y maleducada lengua".
Una terrible sospecha cobraba forma en la mente de Hermione al observar la socarrona sonrisa del supuestamente "falso" Snape. Tenía que librarse de Ron si quería descubrir algo.
-Ron, creo que he visto a Ginny hablar con Draco, y estaba pestañeando mucho.
-¿Qué? – gritó Ron, iracundo en su papel de hermano mayor.- Se va a enterar- Y se alejó dando grandes zancadas.
-Chicos, perdonad... mi amigo es un poco... bocazas- Hermione tenía su cara de estar pensando a doscientos por hora. Harry y Severus estaban disfrutando como en la vida.
-No se preocupe usted, señorita Granger- dijo Snape con su inconfundible voz- conocemos bien al señor Weasley.
Hermione se asustó un poco. Ningún hechizo podía imitar una voz con semejante precisión. Sus sospechas de que ese era el verdadero Snape quedaron confirmadas.
-Perdone, profesor. Ya sabe que la perspicacia no es su fuerte.
Hermione miró a su amigo.
-¿H-harry? ¿Eres tú?
-Sí, Hermy. Soy el genuino Potter, marca registrada. Desconfía de las imitaciones.
Ron volvió, furioso:
-Oye, Hermy, que Ginny no estaba con Draco... debes de estar muy cansada con tanta poción.
Hermione puso los ojos en blanco.
-Bueno, Ron, vamos a comer algo, ¿vale?
Eso era algo que nunca fallaba. La parejita de prefectos fue hacia el buffet, que estaba lleno de suculentos canapés y tartaletas.
Entonces se detuvo la música y salió al escenario un mago bajito que llevaba una túnica plateada de lamé "muggle" y un peinado en forma de planeta saturno. Harry lo reconoció. Se trataba de Gladiolus, el amigo de Sione. Por lo visto era artista también.
-Holaholahóla, chicos y chicas de Hogwarths, ¿Qué tal todo por aquí? Vengo a cantaros unos temas...
Mientras Gladiolus seguía parloteando, Severus murmuró:
-Qué extraño que Dumbledore haya contratado a un cantante gay para este baile.
-Severus... me temo que es una manera de decirnos que todo está bien.
-...así que un aplauso muy fuerte a mi compañera de hoy, ¡Sione!
Severus enarcó las cejas: su hermana estaba entrando en el escenario, con su vestido de los años 20. Mac Gonagall se sentó en la banqueta del piano, y entonces Gladiolus y Sione empezaron a entonar "You and me"
-Esto es increíble- dijo Severus con una amplia sonrisa, que pronto se fue convirtiendo en una risa franca y abierta. Harry estaba tan contento de verle feliz... Sione y Gladiolus ejecutaban unos divertidos pasos de baile, y toda la sala parecía encantada con el espectáculo, especialmente Neville, cuyos ojos resplandecían. Al terminar, el gran comedor se llenó de aplausos atronadores. Pero a la noche aún le quedaban más sorpresas... En las sombras, dos prefectos conspiraban.
-Cada vez lo tengo menos claro... imaginate que simplemente está enamorado de alguien.- Dijo Hermione- Ni siquiera se nos había ocurrido pensarlo.
-Oh, sí, claro. Hermy, para ser tan lista, a veces no lo eres tanto, eh. A ver, ¿Quiénes son los mejores amigos de Harry?
-Tú y yo, Ron, pero...
-Déjame terminar, déjame terminar. Por tanto, si Harry estuviera legítimamente enamorado de alguna chica, ¿Quiénes serían los primeros en saberlo?
-Vale, sí, pero... vamos a introducir una variable... imagínate que...- Sione no sabía cómo introducir "esa" variable en concreto.
-No, Hermy, no me líes. Nos ha costado mucho elaborar la nube reveladora como para desperdiciarla.
Hermione asintió, de mala gana. Salieron, pero volverían pronto.
Gladiolus y Sione terminaron de recibir todos sus aplausos, haciendo graciosas reverencias. Pero lo mejor aún estaba por llegar. Gladiolus se aclaró la garganta para hablar.
-Bueno, chicas y chicos y no tan chicos- dijo, guiñando un ojo en dirección de Snape, sólo que nadie se dio cuenta- aquí viene la verdadera sorpresa de esta noche... con todos ustedes... (redoble de tambores mágicos...) ¡Renato Zero!
Un hombre de pelo y ojos negros, vestido con una llamativa levita oscura pero brillante, entró en el escenario. Los aplausos se multiplicaron y algunas chicas chillaban.
-¡Rennie¡- dijo Snape, muy sorprendido. Harry se dio cuenta de que en su voz había una fuerte emoción.
-¿Lo conoces?
-¡Es mi hermano!
Efectivamente, Harry vio cómo Renato abrazaba a Sione sobre el escenario. No podía ser otra cosa que un reencuentro entre hermanos que hace tiempo que no se ven.
-Huyó muy joven a Italia, porque no soportaba a nuestros padres. Por eso se puso de apellido "Zero", precisamente para significar que el no tenía apellido, que no tenía familia. No poseía los dones mágicos habituales, y le hacían la vida imposible. Sin embargo, tenía otros talentos que son igual de mágicos... la capacidad de componer, de crear, de inventar mundos y sensaciones...
En el escenario, Renato cogió el micrófono:
-He venido hoy, día del solsticio de primavera, para celebrar con vosotros los amores que nacen. Aprovechad vuestra juventud, que no es otra cosa que vuestros sueños: hay viejos que son más jóvenes que los adolescentes que no son capaces de desear con toda su alma. Imaginad, desead, desead con todas vuestras fuerzas, porque la época de los deseos son "los mejores años de vuestra vida".
A Severus le brillaban los ojos. Se sentía tranquilo, en paz con el mundo, tenía a su lado a un chico que lo amaba con locura, y además, veía a sus dos hermanos reunidos. El mundo podía ser muy maravilloso, a veces. Estrechó a Harry contra sí, ganándose un beso tierno y ardiente.
Una gran orquesta, salida de no se sabe dónde, empezó con los acordes de la canción. Pero en ese preciso momento, una nube negra empezó a apoderarse del cielo boreal.
Dumbledore sacudía la cabeza, con gesto de fastidio, pero ya era tarde: una lluvia de color azul verdoso empezó a caer suavemente sobre todos los sorprendidos asistentes.
-Hermione, ¿qué se supone que tiene que pasar con quien haya lanzado el hechizo ardentus?
-Debería ponerse de color verde. Y su piel se quedará así mucho tiempo...
Nada parecía ocurrir. Los estudiantes tomaban la fina lluvia como parte de la organización del evento, y jugaban con ella. Pero de pronto se oyó un grito desgarrador.
-AAARRRGH!!!
La gente se apartó de quien estaba gritando. Cho, disfrazada de reina de las amazonas, se estaba volviendo verde por segundos.
-¿Qué PASA? ¿QUIEN HA SIDO?- chillaba histéricamente, a la vez que lloraba.
Hermione se adelantó hasta ella.
-De modo que fuiste tú quien robó la poción. ¿Así me agradeces que confiara en ti, Cho?
-No me importa nada lo que tú pienses, Granger. Lo único que quería era que Harry volviera a quererme, fuera como fuera, pero no funcionó...- Cho se deshizo en llanto. Sus amigas, sin querer tocarla no fuera a ser que el color de su piel fuera contagioso, la consolaban a distancia.
Dumbledore se adelantó.
-Ay, Cho, pequeña... te queda mucho por aprender, pero esas cosas no las enseñamos en Hogwarths... La poción no funcionó porque no afecta a las personas que ya están verdaderamente enamoradas de las personas con las que compartirán su vida.
Harry abrió mucho los ojos. "¿Es eso cierto?", le prenguntó mentalmente a Severus. Este le miró con cariño, y le respondió con un beso.
-Y Harrry está exactamente en esa situación, Cho... así que creo que lo mejor es que vayas a ver a Poppy... te dará algo.
Cho, derrotada, salió de la gran sala. Pero Ron no iba a darse por vencido tan fácilmente.
-Harry, ¿Cuál es el de verdad? Sal, no seas cobarde- su voz jugaba con la broma, pero había en ella un deje de rencor. Harry se adelantó un paso, junto con Severus.
-¿Es esta tu pareja?- preguntó gravemente Ron. -Sí, Ron.
-Bueno, ¡pues que se quite ya el disfraz! Quiero saber de una vez quien es, y porqué se lo habías ocultado a tu mejor amigo, porque desde luego...
-Ron...
-...desde luego, si no puedes confiar en mí, a ver en quien vas a confiar, digo yo...
-...¡RON!
-...si no te he demostrado que podías confiar en...
-¡RON, NO LLEVA DISFRAZ¡
Las palabras de Harry tardaron eras geológicas en penetrar el duro intelecto de Weasley. Todas las maquinarias y engranajes de su cerebro estaban funcionando al 150 %.
-¿Qu-qui-quieres decir que... que este... que tu...- Ron no lo podía asimilar.
-Sí, Ron, el hombre al que amo es Severus, y esa es la razón por la que no te lo dije. Sabía que te iba a costar aceptarlo.
-¡Pero entonces porqué no está verde? Hicimos la poción para descubrir quién te había lanzado el ardentus, y es él, ¿no? ¿Qué pasa?
Ron estaba al borde del colapso, casi peor que Cho. Dumbledore se vio obligado a intervenir.
-Ron, Severus no ha reverdecido porque no ha practicado ningún hechizo sobre Harry. Simplemente, es así.
A Ron le dio un ataque de risa histérica, y Hermione se lo llevó. Iba a tener que explicarle muchas cosas sobre las abejitas y las otras abejitas.
En el escenario, la orquesta aprovechó esta última huida para volver a empezar la melodía, y Renato se puso a cantar "I migliori anni della nostra vita".
En la pista, cientos de parejas se abrazaban de nuevo al mismo compás.
-¿Quieres pasar conmigo los mejores años de mi vida, Harry?
-No se me ocurre nada mejor a lo que dedicar la mía, Severus.
